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En su filosofía, Platón establece una fuerte diferenciación entre lo que percibimos a través de los sentidos y lo que podemos llegar a conocer por medio del razonamiento sobre lo que llama "formas" o "ideas". Correctamente combinadas en un lenguaje propio (método dialéctico), estas formas deben ser la base del conocimiento científico, y deben permitir explicar también el mundo que muestran los sentidos, sujeto a constante cambio.

Platón organiza las ideas en pares de opuestos y establece una jerarquía entre ellas. En el diálogo Sofista, incluye entre las formas o géneros supremos al movimiento y el reposo, a lo idéntico y lo diferente, y al ser; el no ser lo presenta algo después, no solo como opuesto del ser sino subordinado a él. Es tema de debate el modo en que debe interpretarse ese no ser, particularmente porque en el diálogo citado se considera una condición necesaria para que haya conocimiento (en contra de lo que había defendido el filósofo presocrático Parménides). Algunos intérpretes identifican el no ser con el lenguaje o el pensamiento, y el ser con el objeto que se conoce o piensa.[1][2]

DesarrolloEditar

El estatus ontológico de las formas es objeto de debate. Se admite en general que son entes inteligibles, eternos y singulares. Más interesante es la afirmación de que las formas participan unas de otras, combinándose entre sí según reglas propias (autopredicación, pureza...) que habrían de conformar el "lenguaje" dialéctico; pero no existe acuerdo entre los especialistas acerca de tales reglas y su aplicación a cada forma específica, evitando aporías e inconsistencias.[3]

Para abordar el tópico, sería razonable acudir al diálogo Parmenides, cuyo subtítulo es precisamente Acerca de las formas o ideas. Su dificultad y carácter extremadamente técnico explican que se suela sustituir como fuente por la República, que es un texto más asequible. En esta última obra, en la alegoría de la caverna, se establece de modo mítico la distinción entre dos mundos, el "visible" y el "inteligible":

  • En el "mundo visible" se encuentran en primer lugar las imágenes o huellas producidas por los objetos sensibles en el lenguaje, la imaginación o la memoria. Lo que caracteriza a los objetos sensibles mismos es su constante cambio, por lo que, en lugar de hablar de conocimiento certero y seguro (ciencia o episteme) en relación a ellos, es preferible asociarlos con la "opinión" verdadera.
  • Superando el mundo visible nos encontramos con el "mundo inteligible" o "mundo de las formas o ideas". Las formas son el objeto de estudio de la ciencia suprema, la dialéctica. Tienen su reflejo en los saberes de tipo matemático (aritmética, geometría, esterometría, astronomía y música), que, por ser aplicables a la experiencia sensible, hacen de intermedio entre el mundo visible y el inteligible.

Las formas aparecen jerarquizadas y, según la República, en la cima de todas ellas estaría la forma del bien, fuente de ser y de verdad de todas las demás formas. Esta doctrina del bien no parece coincidir totalmente con el planteamiento de otros diálogos como los citados Sofista y Parménides. En estos últimos se insiste más bien en que las formas se relacionan entre sí de un modo complejo, y no es fácil captar esas relaciones, que son investigadas por la dialéctica.

Véase tambiénEditar

Referencias

  1. Marcos de Pinotti, G. E. (1997). «Discurso y no ser en Platón (Sofista 260a-263d)». Synthesis, vol. 4, pp. 61-83. 
  2. Matía Cubillo, Gerardo Óscar (2019). «Sugerencias sobre el modo de combinar las formas platónicas para superar las dificultades interpretativas del diálogo Parménides. La distinción entre la participación inmediata y la participación relacional». Éndoxa, 43, pp. 41-66. 
  3. Rickless, Samuel C. (2007). Plato’s Forms in Transition. A Reading of the Parmenides (en inglés). Cambridge University Press.