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Terror Rojo (España)

término utilizado para hablar de la represión en la zona republicana durante la guerra civil española
Zonas sublevada y republicana en agosto y septiembre de 1936; la zona republicana fue el ámbito de actuación de la represión calificada por el bando sublevado como Terror Rojo.

Terror Rojo es un término utilizado por parte de la historiografía para referirse a la Represión en la zona republicana durante la Guerra Civil Española, y alude a una sucesión de actos criminales por parte de grupos de izquierda que en ocasiones incluyen al gobierno de la república.

Los sublevados atribuyeron a estos crímenes una intencionalidad política o anticlerical.[1][2]​ Aunque el anticlericalismo no era exclusivo de las fuerzas revolucionarias,[cita requerida] la violencia contra la iglesia y sus miembros por parte de integrantes de los grupos radicales de izquierda en las fases inmediatamente posteriores al levantamiento del 18 de julio fueron bautizados como «Terror Rojo» por la maquinaria de propaganda del bando sublevado. Ésta empleó la represión republicana como justificación a posteriori de la necesidad de un levantamiento armado para detener los desmanes de la «horda roja».

Índice

Historia del términoEditar

El término «Terror Rojo» se empleó por primera vez para definir las últimas seis semanas del período conocido como El Terror durante la Revolución francesa, que finalizaron con la ejecución de Maximilien Robespierre. En contraposición, se llamó Terror Blanco al período represivo inmediatamente posterior, en el que las anteriores víctimas se transformaron en verdugos.[3]

Tras la revolución rusa de 1917, se llamó «Terror Rojo» a un período de tiempo entre 1918 y 1922 durante el cual los bolcheviques efectuaron una campaña de arrestos y ejecuciones masivas. Antes de la Guerra Civil el término «Terror Rojo» se empleaba exclusivamente en referencia a dicho período. Tras iniciarse la guerra, las fuentes de propaganda del autodenominado bando nacional reacuñaron el término para referirse a los incidentes de asesinatos organizados que ocurrieron en el bando republicano, hablando de un «nuevo Terror Rojo».[2][4][5]

Revolución de AsturiasEditar

Algunas fuentes han argumentado que el concepto mismo de «Terror Rojo» debe considerarse como iniciado durante la sofocada revolución de Asturias de 1934, que ocasionó la muerte de 37 miembros del clero y la quema de 58 iglesias.[6][7]​ Sin embargo, los brotes de violencia ocasionados por el anticlericalismo venían ocurriendo de forma habitual desde el siglo XIX, es decir, mucho antes del primer uso moderno del término como referencia a violencia política originada por un partido revolucionario. Estos brotes se daban cada vez que se producía una disminución en el control del gobierno por efecto de una revuelta o incidente social similar; incluso la proclamación misma de la Segunda República vino acompañada de la quema de unas 20 iglesias, sin víctimas mortales.[4][8]

Otros autores relacionan directamente varias de las muertes de este periodo con una clara intervención política a favor de las fuerzas de derecha por parte de miembros del clero ejecutados por los revolucionarios.[9]​ Del mismo modo, se citan también casos de miembros del clero (especialmente monjas) tratados de forma decorosa y respetuosa, relatados por los mismos religiosos.[9]

La Guerra CivilEditar

Los crímenes etiquetadas de inmediato por el bando sublevado como Terror Rojo, al igual que las originalmente ocurridas durante la revolución bolchevique, eran cometidas por grupos de revolucionarios contra aquellos a los que percibían como sus enemigos de clase. En España, eso incluía tanto a empresarios, industriales, terratenientes y políticos de la derecha como a miembros y bienes de la iglesia católica, a quien tradicionalmente las fuerzas de izquierda había visto siempre como alineada junto a las clases capitalistas y reaccionarias, y actuando como un factor necesario para la represión psicológica del obrero.[2][4][5]​En su libro el Delegado de Propaganda Antonio Bahamonde Sánchez de Castro sitúa la cifra de victimas en alrededor de 85.000.


Los saqueos y quema de monasterios e iglesias y el asesinato de miembros del clero católico se convirtieron en una característica percibida en las fuerzas leales al Gobierno de la República y opuestas al golpe de estado, gracias a las crónicas sensacionalistas de los corresponsales extranjeros destacados en el país.[2][4]​ A pesar de que el total de incidentes fuera enormemente exagerado en la época,[10]​ de que no fuera ordenada por el gobierno sino ejecutada por grupos incontrolados,[11][12]​ y de que su cantidad fuera proporcionalmente inferior al de otros incidentes,[13]​La persecución al clero fue un punto central en el apoyo incondicional de la iglesia al bando sublevado, que llevaría posteriormente al nacionalcatolicismo. El Terror Rojo pasó así de tener un significado originalmente de violencia política encuadrada en una supuesta lucha de clases, a ser sinónimo de intolerancia y persecución religiosa, se llevó a cabo de muy diferentes formas de tal punto que se habla de un terror de sangre (asesinatos y torturas), (privación de derechos políticos y de libertad de expresión).[cita requerida]

Analogamente Emilio Mola en la instrucción del 30 de junio de 1931 relativa a Marruecos, ordenaba "eliminar los elementos izquierdistas: comunistas, anarquistas, sindicalistas, masones" uno de los jefes de prensa de Franco, el capitán Gonzalo de Aguilera, en la entrevista que le hizo el periodista norteamericano John Whitaker adivirtio que "matar, matar y matar a todos los rojos, exterminar un tercio de la población masculina y limpiar el país de proletarios". Investigaciones recientes cifran en 250 000 personas las víctimas mortales de la represión del bando Nacional durante 1931 y 1934.[14]



Véase tambiénEditar

NotasEditar

  1. Esparza, José Javier, op. cit.
  2. a b c d Beevor, Antony, op. cit.
  3. ten Brink, Jan (1899). Robespierre and the Red Terror. reimpreso en 2004. ISBN 1-4021-3829-6. 
  4. a b c d Thomas, Hugh, op. cit.
  5. a b Payne, Stanley, op. cit.
  6. Redzioch, Wlodzimierz (entrevista a Mons. Vicente Carcel Orti). Catholic Culture, ed. «The Martyrs of Spain's Civil War». 
  7. Del mismo modo, Pío Moa y César Vidal han insistido en el mismo concepto en varios de sus libros.
  8. Véase al respecto el artículo Quema de conventos de 1931 en España.
  9. a b Tuñón de Lara, op. cit.
  10. «[...]; los nacionales afirmaron que había habido medio millón de asesinatos en la zona republicana, aunque después de la guerra redujeron esa cifra a la, también inflada, de 55.000». Beevor, op. cit.
  11. Montero, op. cit.
  12. Mons. Vicente Cárcel. Conferencia Episcopal Española, ed. «El siglo de los mártires y la persecución religiosa en España». Consultado el 26 de mayo de 2010. 
  13. Conferencia Episcopal Española (ed.). «Relación de víctimas y beatificaciones». Archivado desde el original el 1 de abril de 2010. Consultado el 26 de mayo de 2010. 
  14. Gabriel Jackson La Segunda República Española y la Guerra Civil, 1931-1939 (1965), p. 304

BibliografíaEditar