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Programa Cóndor
Características
Funcionalidad Lanzadera espacial; misil balístico (a partir de 1982)
País de origen Argentina

El Programa Cóndor[a]​ fue un proyecto tecnológico de la Fuerza Aérea Argentina desarrollado entre fines de los años setenta y la década de 1980.[3]

Originado como un demostrador tecnológico de un lanzador satelital de la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales (CNIE), fue reconvertido en un proyecto de misil balístico tras la guerra de las Malvinas. Su desarrollo fue llevado a cabo por grupos de investigación de la Fuerza Aérea Argentina con apoyo del Centro Aeroespacial de Alemania Occidental, proveedores privados como Messerschmitt-Bölkow-Blohm y SNIA S.p.A., y con financiamiento de Egipto, quienes a su vez recibían dinero de Irak.[4][5][6]

El desarrollo del proyecto fue polémico desde su reconversión a un proyecto militar, tanto por la naturaleza del proyecto como por presiones internacionales, principalmente de los Estados Unidos y el Reino Unido, quienes temían que un proyecto de semejante envergadura, con potenciales capacidades nucleares y único en el continente, podía desestabilizar la región e iniciar una carrera armamentista entre los países sudamericanos, los cuales en su mayoría todavía se encontraban bajo dictaduras militares y con litigios territoriales. Las presiones llegaron a su máximo con el fin de la guerra del Golfo, donde al descubrirse el rol iraquí en el proyecto, el presidente Carlos Menem ordenó la cancelación del proyecto.[7][4]

La cancelación del proyecto llevó a la disolución de la CNIE y el traslado de las actividades espaciales del país de manos militares a civiles con la creación de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales, y la adhesión de la Argentina al Régimen de Control de Tecnología Misilística.[4]

AntecedentesEditar

 
Preparativos para el lanzamiento del cohete sonda Orión II.

El 4 de octubre de 1957 la Unión Soviética, motivada por las capacidades duales de sus misiles balísticos intercontinentales, lanzó el primer satélite artificial de la historia, el Sputnik 1, desencadenando en la carrera espacial. Dicha carrera llevó al avance e institucionalización de la exploración espacial con la creación de distintas agencias espaciales. La Argentina crearía mediante el decreto presidencial n.º 1164 del 28 de enero de 1960 la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales (CNIE), la primera agencia espacial de América Latina y una de las primeras del mundo.[8][9]​ A pesar de que la agencia era un organismo de funciones pacíficas y civiles, era administrada por la Secretaría de Aeronáutica y su directorio estaba conformado en su mayoría por miembros de las Fuerzas Armadas. Esto se debía a la compleja relación que tenía el presidente Arturo Frondizi con las instituciones militares, que lo destituirían dos años después. Esta estructura, cuyos miembros participaban de manera ad honorem, resultó ser poco efectiva y complicó distintos proyectos espaciales del país.[10]

A pesar de esto, la CNIE obtuvo numerosos logros en el campo de los cohetes sonda, realizando cooperaciones con las agencias espaciales de Alemania Occidental, Estados Unidos y Francia, posicionando a Argentina como referente de la actividad espacial en Latinoamérica. Inclusive, alcanzó a influir y asesorar en la creación de la agencia espacial espacial peruana: la CONIDA.[11]

Las capacidades de los cohetes sondas incrementaron en cada proyecto, esto, sumado a los intereses de incursionar en un proyecto satelital, llevaron naturalmente a que la CNIE considere la idea de desarrollar un lanzador orbital propio, como sus pares extranjeros. La primera documentación de la CNIE realizada sobre este tema, es un informe redactado por el entonces vicepresidente de la institución, comodoro Juan José Tasso, fechado el 30 de julio de 1969 y titulado Posibilidades de colocación de satélites en orbitas cercanas, donde se realizó un estudio sobre la posibilidad de desarrollar un proyecto satelital y orbitador a nivel nacional.[12]​ En dicho reporte, Tasso planteó la posibilidad de realizar un programa incremental con una fuerte base de cooperación internacional, realizando al principio una construcción y diseño del proyecto extranjeros, para marchar paulatinamente reemplazando por componentes nacionales hasta lograr un desarrollo completamente local, y así, poder aumentar la experiencia de los técnicos argentinos mediante transferencia tecnológica, un método ya había sido aplicado de manera exitosa en el desarrollo de los cohetes sonda argentinos.[12][13]​ Tasso recomendó la utilización de combustible sólido ya que era una tecnología dominada por su extenso uso en los cohetes sonda, y planteó la posibilidad de realizar una familia de cohetes gracias a la flexibilidad de los motores cohete argentinos. A su vez, realizó una crítica sobre la estructura orgánica de la CNIE, particularmente sobre el sistema de trabajo ad honorem y la falta de un presupuesto adecuado. De todas maneras, Tasso concluyó que de iniciarse los trabajos de inmediato, se habría podido tener un lanzador y satélite nacional para el año 1977.[12]

Si bien el informe de Tasso no logró influir en lo inmediato hacia el avance del desarrollo de un lanzador orbital, en el desarrollo del Programa Cóndor se tomaron indirectamente en cuenta sus recomendaciones.[14]

IniciosEditar

Tras el reporte de Tasso, la CNIE no realizaría mayores estudios sobre un lanzador orbital por varios años, pero la Fuerza Aérea mantenía en secreto un proyecto de un cohete militar de grandes dimensiones. Los trabajos iniciaron en 1971, y el 10 de octubre de ese año, se inauguraría la Planta Piloto de Propulsantes, lo que permitió el desarrollo de combustible sólidos en el país, ya que hasta entonces el combustible compuesto que utilizaban los cohetes argentinos provenía de Francia.[15][16]​ Se construyó un demostrador tecnológico llamado SS-40, cuyo primer lanzamiento se realizó en junio de 1974. Este lanzamiento fue exitoso y demostró que la Argentina podía producir su propio combustible compuesto para cohetes. Los sucesivos lanzamientos realizados hasta 1975 llevaron a proyectar el desarrollo de un nuevo vehículo, cuyo rango aumentaría de los originales 40 km a 2000.[16]

Tras una disminución del ritmo de trabajo hacia 1975, el comodoro Andrés Francisco Alvarisqueta entregó un reporte sobre el proyecto el 30 de abril de 1979. En él, el militar manifestó la falta de una ejecución total del presupuesto asignado al proyecto y la falta de personal capacitado para resolver problemas de diseño. A su vez, propuso que se completara la Planta de Propulsantes Compuestos y valerse de los conocimientos que la CNIE tenía de guiado y control y sus contactos internacionales. Esta sería la primera vez que se menciona un proyecto con capacidades duales, tanto un proyecto de lanzador satelital como misil balístico.[17]​ El 10 de agosto de 1979, el comandante en jefe de la Fuerza Aérea Omar Graffigna aprobó de manera secreta el llamado Plan de Satelización, cuyo encargado sería el brigadier Edgardo Carlos Augusto Stahl.[18][19]

Selección de los proveedoresEditar

Stahl decidió llevar a cabo el proyecto bajo la modalidad llave en mano, para así poder garantizarse en el corto plazo el apoyo del jefe de la Fuerza Aérea. A partir de allí, Stahl conformó una comisión que realizaría viajes a Alemania Federal, Francia, Israel e Italia.[18][20][21][19]​ Los ofertantes israelíes aseguraban a los miembros de la comisión argentina que podían cumplir con todos sus requerimientos, pero no podían mostrar sus instalaciones ni avances debido a clausulas de confidencialidad, algo que no generó una buena impresión en los argentinos, sumado a la falta de un precio fijo.[22]​ Por ese entonces, Israel se encontraba desarrollando un programa similar de misiles balísticos llamados Jericho, que eventualmente llevaría al lanzador Shavit.[23][24][25]​ Israel terminaría trabajando con Sudáfrica, país que desarrollaría el lanzador RSA-3.[b][26][27]

En Alemania, la comisión inició conversaciones con las empresas Messerschmitt-Bölkow-Blohm (MBB) y Dornier Flugzeugwerke.[28][19][c]​ La primera empresa ofreció sus servicios para el desarrollo de motores, toberas, aerodinámica, electrónica y control térmico.[28]​ En Italia, se inician conversaciones con la empresa SNIA S.p.A., que se especializaba en la fabricación de propulsante sólido.[30]

La comisión finalmente decidió elegir como contratista principal a MBB, con la condición que esta debería subcontratar a SNIA para llevar a cabo el desarrollo del propulsante sólido.[31]

Por ese entonces, la CNIE era la responsable de los convenios de cooperación internacional, el presidente de dicha entidad, Miguel Sánchez Peña había sido el encargado de la dirección de los proyectos de colaboración con el Centro Aeroespacial de Alemania Occidental (DFVLR), una relación de particular interés teniendo en cuenta la relación del contratista principal con el centro.[32][33][34]​ Hacia 1980, con la consolidación del programa, el brigadier Graffigna decidió que la Fuerza Aérea debía ser el único responsable del programa, una decisión que se hizo efectiva el 31 de agosto de ese año, donde la CNIE vio limitada su relación con la DFVLR a sensores remotos, energías alternativas y otros proyectos de menor prioridad.[35]

Transformación en proyecto militarEditar

Punto de inflexión: la guerra de las MalvinasEditar

 
La derrota en la guerra de las Malvinas llevó a la imposición de un embargo de armas en la Argentina,[d]​ y motivó a la Fuerza Aérea a continuar el desarrollo del Cóndor como un programa militar.

En abril de 1982, la Junta Militar integrada por Leopoldo Galtieri, Jorge Anaya y Basilio Lami Dozo ordenó la recuperación de las islas Malvinas y Georgias del Sur, que estaban en poder del Reino Unido. El conflicto armado se volvió inevitable.[36]

La Argentina se vio una situación difícil ante las restricciones de armas impuestas por los países de la OTAN. Las naciones del bloque occidental apoyaron a Margaret Thatcher desde el primer día.[37]​ Por ejemplo, inmediatamente iniciado el conflicto, los técnicos franceses de la Aérospatiale que estaban calibrando al misil Exocet AM 39 de la Armada abandonaron el país bajo presión del Gobierno británico.[38][e]​ La Fuerza Aérea comenzó a carecer de repuestos promediando la guerra.[40][f]

La dependencia tecnológica de los países europeos motivó a los oficiales de la FAA a continuar el desarrollo del Cóndor II para prevenir una situación similar en el siguiente conflicto.[41]​ Terminado el conflicto el 14 de junio de 1982 con la rendición argentina, unos 50 oficiales aeronáuticos comenzaron a concertar reuniones en la Escuela Superior de Guerra Aérea. La Fuerza Aérea planteó el desarrollo de 36 proyectos distintos. Entre ellos estuvo un misil balístico de alcance medio basado en el Cóndor que permitiera alcanzar las Malvinas.[42]

En abril de 1983, la CONSEN confeccionó un informe de estudio de la factibilidad de transformar al cohete Cóndor en un misil balístico. El documento propuso la instalación de un dispositivo de control de empuje vectorial (en inglés, thrust vector control, TVC), un sistema de navegación inercial y una segunda etapa de reentrada con una carga de explosivos de 300 kg. CONSEN nombró al nuevo proyecto Cóndor BM (en inglés: Ballistic Missile). Posteriormente la FAA lo denominó Cóndor II. El alcance estimado superaba los 500 km.[43]

La Fuerza Aérea contrató a la italiana SNIA S.p.A. con la CONSEN como intermediaria para el desarrollo del sistema TVC para el misil y comprar una planta completa de fabricación de TVC.[44]

Gobierno de Raúl AlfonsínEditar

El 10 de diciembre de 1983 Raúl Alfonsín asumió como presidente democráticamente electo. Unos pocos días después, asumió el nuevo jefe de la Fuerza Aérea, brigadier general Teodoro Waldner.[45]​ A principios de 1984, Waldner informó al presidente y un reducido grupo de funcionarios del Ministerio de Defensa de la existencia del Cóndor. El nuevo Gobierno aprobó la continuación del proyecto en vistas de que el país alcanzara el desarrollo, a pesar de la grave crisis económica que aquejaba a la Argentina.[46]

Como resultado de las inclemencias económicas, Alfonsín bajó el presupuesto de defensa y decidió cancelar un gran número de proyectos militares, con excepción del Cóndor II y del avión FMA IA-63 Pampa. Para afianzar la seguridad de la continuación del proyecto, el Gobierno se planteó la exportación del misil a fin de generar fondos para satisfacer las demandas del programa. Para ello el brigadier Enrique Sthal realizó una gira en Oriente Medio, que obtuvo resultados satisfactorios.[47]

La Fuerza Aérea intentó desorientar a las agencias de inteligencia extranjeras presentando al cohete Alacrán como el Cóndor. Para ello promocionó su venta en el 36.ª Feria Internacional de la Aviación en Le Bourget, Francia. El Alacrán era un cohete sin guiado de 100 km de alcance y 400 kg de carga útil.[48]

A mediados de 1985 el gobierno de Alemania Occidental, por pedido de los Estados Unidos, comenzó a presionar a la MBB para discontinuar el proyecto. Sthal compareció a EE. UU. ante un coronel de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, quien le dijo que sabía lo que Argentina estaba haciendo, y que estaban dispuestos a permitirlo bajo ciertas condiciones.[49]​ A principios de los años ochenta los EE. UU. habián iniciado una política de no proliferación de tecnología de misiles. El país norteamericano preveía que la decadente Unión Soviética ofreciera este tipo de conocimientos a cualquier país que tan solo pudieran pagarlo. Esta situación prevista generaba un alto riesgo a las naciones miembros de la OTAN.[44]

El 5 de marzo de 1985 el brigadier Waldner entregó el mando de la Fuerza Aérea al brigadier Ernesto Crespo. El nuevo jefe fue uno de los mayores defensores de la continuidad del proyecto.[49]​ El 9 de abril siguiente, el presidente Alfonsín emitió el Decreto «S» N.º 604 que facultó al Estado Mayor General de la Fuerza Aérea a través del Área Material Córdoba para ejecutar los contratos con las empresas, aprobar nuevos y gestionar los pagos. Se contrataba a las empresas IFAT Corp. Ltd., DESINTEC AG y CONSEN S. A. para proveer la asistencia técnica, material y equipos requeridos. También mencionaba una empresa de la Fuerza Aérea, Tecnología Aeroespacial S. A., como la encargada de ejecutar los contratos con estas empresas extranjeras.[50]

En 1984 y 1985, el Instituto Alemán de Investigación y Pruebas Aeronáutico y Espacial (DFVLR por sus siglas en alemán) proveyó también asistencia técnica. Una agencia del Gobierno de Alemania Occidental conocía y participada del programa militar sudamericano.[51]

A mediados de 1985 y en atención a la búsqueda de inversiones en el programa, el gobierno argentino aprobó la venta de motores del Cóndor a Egipto. A partir de ese momento, ambos países trabajaban en conjunto.[52]​ Egipto buscaba incrementar el poder militar del Cóndor con la instalación de un explosivo aire-combustible en la ojiva.[53]

En ese tiempo el brigadier Sthal cesó en sus funciones y se lo reemplazó con el comodoro Carlos Gross, un egresado del Instituto Balseiro.[54]

Irak, que estaba en guerra con Irán, se sumó al proyecto. El país gobernado por Sadam Husein condicionó su apoyo al incremento del alcance del misil a los 1000 km para alcanzar Teherán o Tel Aviv. Para mantener secreto el contrato, Irak abonaba el dinero, Egipto figuraba en los contratos y ambos recibían tecnología de misiles además de misiles completados. Arabia Saudita por su parte puso 1000 millones de dólares como apoyo. Estos países árabes apoyaban la construcción de un arma capaz de amenazar a Israel e Irán.[55]

En 1985 una delegación egipcia en Buenos Aires firmó un contrato con los argentinos para el desarrollo del Cóndor II por un valor de 3200 millones de dólares.[56]

A finales de los años ochenta el proyecto progresó paulatinamente. Entre 1985 y 1988 Argentina exportó doce motores de combustible sólido del Cóndor a Egipto en seis vuelos de la Fuerza Aérea. En 1986 el Ministerio de Defensa creó la empresa Integradora Aeroespacial S. A. (INTENSA) para el desarrollo, construcción y comercialización del misil. Se hizo cargo de la empresa el brigadier Iribarren, quien tenía una cuenta bancaria mancomunada con el gerente de CONSEN Ekkehard Schrotz y el gerente de Falda del Carmen Norbert Gueckelhorn.[57]

Aunque la Fuerza Aérea había iniciado los trabajos de inmediato en 1986, en el año siguiente Alfonsín aprobó la creación de INTENSA y la continuación del programa. La FAA se desligaba de las erogaciones e INTENSA y sus socios se hicieron del control total de Falda del Carmen. Solo quedó personal militar para la seguridad del complejo. Un número de científicos alemanes, franceses e italianos comenzaron la producción e iniciaron el entrenamiento de los argentinos.[58]

 
Mock-up del Cóndor II.

La intensificación del desarrollo requirió importar los insumos y tecnologías de manufactura de motores cohete. Una de ellas era la técnica metalúrgica necesaria para la construcción del tubo del misil. Se utilizó el acero maraging.[59]​ Al principio la empresa mendocina IMPSA realizó la soldadura de los tubos al principio. Después la cordobesa Bertolina Hermanos continuó el trabajo produciendo 23 tubos y conjuntos de colas.[60]​ La Aerotec S. A. manufacturó contenedores especiales para el transporte en avión de los tubos motores.[61]

A partir del año 1985 el Programa Cóndor II había comenzado a adquirir la atención de los medios de comunicación de los Estados Unidos y Reino Unido que advertían y magnificaban de la peligrosidad del misil argentino.[62]​ Este interés se incrementó en abril de 1987, cuando se creaba el Régimen de Control de Tecnología de Misiles (sigla en inglés MTCR).[63]

Los agentes de inteligencia estadounidenses infirieron que el Cóndor II era una copia del estadounidense Pershing II ya que en ambos participaba la MBB.[64]​ En junio de 1987 un periodista británico publicó un informe sobre las empresas contratadas para el misil argentino. La noticia recalcaba que varias de estas empresas eran las mismas que estaban contratadas por los EE. UU. para el desarrollo del Pershing II.[63]

A instancias de los ingenieros argentinos, se sustituyó el tipo de motor de la segunda etapa, un sistema de combustible líquido por otro de combustible sólido con TVC. De esta manera Argentina se deshizo de una dependencia tecnológica adoptando totalmente el sistema de combustible sólido del que ya disponía.[65]

Decadencia y cancelaciónEditar

En 1987 el Reino Unido inició una campaña de hostigamiento a Argentina advirtiendo de negocios malignos entre este país y China. El ministro de Relaciones Exteriores y Culto Dante Caputo desmintió las acusaciones.[66]

A principios de 1988 el brigadier general Crespo dispuso el lanzamiento del prototipo del misil para agosto de ese año.[67]​ En 1986 la FAA había seleccionado el cabo Raso, en la Patagonia, para el sitio de lanzamiento; las instalaciones estaban listas.[68]​ El jefe de la Fuerza Aérea dispuso el lanzamiento de un Cóndor II y un Alacrán. El primero se dispararía con cabeza inerte en dirección este y el segundo con ojiva militar convencional hacia una zona deshabitada de la Patagonia.[69]​ La prueba habría sido pública con la presencia del presidente Alfonsín y del embajador estadounidense Theodore E. Gildred.[70]

Finalmente Alfonsín canceló los lanzamientos a instancias de Caputo. El Departamento de Estado había actuado; y el Gobierno argentino desistió a fin de evitar cruces con el Reino Unido.[71]

El 27 de mayo de 1988 una bomba destruyó en Mónaco el automóvil del gerente Schrotz. El atentado llamaba a interrumpir el desarrollo del misil inmediatamente. No quedó claro quién había perpetrado esta agresión. Un mes después, una persona entró clandestinamente a las oficinas de CONSEN en Zug en procura de información de los proveedores del programa. Nunca se halló al responsable y posteriormente distintos periódicos europeos recibieron copias de listas de los proveedores.[72]

En la primera reunión del MTCR realizada en Roma el 8 y 9 de septiembre de 1988, los representantes de los siete países miembros[g]​ resolvieron bloquear el desarrollo del Cóndor II mediante control de exportaciones e iniciativas diplomáticas.[74]​ La Fuerza Aérea Argentina intentó desmentir las altas capacidades militares del proyectil.[75]

Paralización del proyectoEditar

En junio de 1988 dos militares egipcios cayeron detenidos en el aeropuerto de Baltimore mientras cargar en un avión de la Fuerza Aérea Egipcia un cargamento de 200 kg de MX-4926, un material especial producido para fabricar toberas de motores de cohetes. Sin licencia, este producto estratégico no podía exportarse.[72]​ A continuación se arrestaron a un doctor en química egipcio —quién era objeto de investigación desde meses atrás— que trabaja en Aerojet y a un empleado de Teledyne. Ambos se declararon culpables y entregaron información que conectó el MX-4926 con el Cóndor II. De inmediato, el Departamento de Estado forzó a Egipto a abandonar el proyecto cesando en la erogación de dinero.[76]

A fines del año, un una bomba estalló delante de una camioneta que transportaba ingenieros alemanes e italianos camino a la fábrica de misiles Factoría 17 en El Cairo. Como consecuencia, el presidente egipcio Hosni Mubarak despidió a su ministro de Defensa, general Abel-Halim Abu Ghazala, máximo defensor del proyecto en el país.[2]

En noviembre de 1988, Ekkehard Schrotz renunció al directorio de IFAT Corp. Ltd. continuando trabajando en CONSEN hasta enero de 1989. Su sucesor solo se encargó de la liquidación final de la empresa, que completó en junio de ese año.[77]

Argentina tenía cada vez menos dinero. El flamante MTCR y la dependencia de insumos formada desde el inicio del Cóndor II impedían a la FAA obtener más insumos para continuar. En suma, el Programa Cóndor II había quedado paralizado a fines de 1988.[78]

CancelaciónEditar

En el seno del Gobierno de Alfonsín existían dos tendencias. El ministro de Defensa Horacio Jaunarena defendía la continuación. En el extremo opuesto se encontraba el ministro de Relaciones Exteriores y Culto Dante Caputo.[79]

Clarín fue el primer periódico argentino que produjo un artículo sobre el Cóndor II. Siguieron La Nación y otros diarios. El Gobierno se vio obligado a enfrentar las distintas interrogaciones que se formulaban. Se suscitó una polémica sobre la participación de Irak.[80]

El 10 de abril de 1989 Panorama de BBC emitió un especial denominado The Condor Conspiracy. El documental relevó las conexiones internacionales creadas para el Programa Cóndor. El programa obtuvo sus frutos inmediatamente y las presiones internacionales sobre el proyecto se intensificaron.[81]

El 13 de junio de 1989 Terence Todman asumió como embajador de los Estados Unidos en Argentina con la misión de eliminar el Cóndor II.[82]

El 9 de julio de 1989 Raúl Alfonsín entregó el mando del país a Carlos Saúl Menem.[83]

Argentina tenía una hiperinflación de 200 % por mes, una deuda 64 000 millones de dólares, además de 4000 millones de dólares impagos.[83]

El nuevo gobernante suscribió al «Consenso de Washington», acatando las directivas de los Estados Unidos y los organismos internacionales de crédito como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.[84]

El Gobierno federal de los Estados Unidos condicionó la ayuda financiera a la Argentina a la cancelación del proyecto.[85]​ En esta situación y condiciones, el presidente Menem decidió descontinuar al Programa Cóndor II.[86]

El 11 de julio de 1989 Menem relevó al brigadier general Ernesto Crespo. Asumió en su lugar el brigadier mayor José Antonio Juliá.[87]

En abril de 1990 el ministro de Defensa Humberto Romero dio el primer anuncio oficial del Gobierno de Argentina de la cancelación del Programa Cóndor II. Estados Unidos continuó presionando pues quería la destrucción de todo elemento e instalación del proyecto.[88]​ La Fuerza Aérea Argentina defendió férreamente al cohete argumentando que su destrucción constituía el delito de traición a la patria según el Código de Justicia Militar. El ministro de Justicia León Arslanian refutó ese punto especificando que la orden de desmantelamiento provenía del comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.[89]

En un gesto de aprobación, el Congreso de los Estados Unidos dejó sin efecto la enmienda Humphrey-Kennedy que prohibía la venta de armas a la Argentina desde 1977.[90]

El 20 de julio de 1990 el presidente argentino emitió el decreto secreto n.º 1373 que disolvió la Integradora Aeroespacial S. A. y rescindió los contratos para comerciar tecnología de misiles. Falda del Carmen pasó a depender del Estado Mayor General de la Fuerza Aérea. La misma norma ordenó a la planta cordobesa de transferir la totalidad del material a la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales.[91]

En noviembre de 1990 se completó la liquidación del conglomerado CONSEN, incluyendo la IFAT Corp. Ltd., Delta Consult, Delta System, TEMA y la propia CONSEN S. A..[91]

En enero de 1990 un agrupamiento de funcionarios estadounidenses realizó una gira por las bases, instalaciones y organismos relacionados con el programa.[92]​ Los EE. UU. continuaban desconfiando de la FAA. En realidad, los ingenieros, técnicos y oficiales argentinos ocultaron partes con el fin de continuar el proyecto en una actitud de resistencia.[93]​ El gobierno norteamericano redobló la presión para obtener la totalidad de los elementos faltantes, que sabían los argentinos ocultaban por información de las empresas europeas y el Gobierno egipcio.[94]

Escándalo políticoEditar

El ministro de Relaciones Exteriores Domingo Cavallo buscaba terminar con el proyecto lo antes posible. El 18 de septiembre de 1990 el Gobierno argentino anunció el envío de fuerzas al golfo Pérsico en apoyo a los EE. UU. en el conflicto armado contra Irak. Ante un requerimiento del diputado Conrado Storani, el ministro afirmó que durante el Gobierno de Alfonsín este país había participado del proyecto. Expuso el decreto secreto n.º 1315 de 1987. La aseveración produjo un escándalo en el parlamento. Los radicales replicaron que Cavallo intentaba distraer la atención del envío de tropas al golfo.[95]

En enero de 1991 Cavallo acusó públicamente al expresidente Raúl Alfonsín y al exministro de Defensa Horacio Jaunarena de vender tecnología de misiles a Irak con cohecho. La denuncia que procuraba mancillar a la Unión Cívica Radical obtuvo la réplica de Jaunarena que señaló que el ministro de Economía intentaba distraer la atención pública del envío de tropas nacionales.[96]

DesmantelamientoEditar

El escándalo del swiftgate forzó la renuncia del ministro de Economía Antonio Erman González y su reemplazo por Cavallo. Guido Di Tella asumió el Ministerio de RR. EE. Ambos condujeron un plan de eliminación total y completa del Programa Cóndor II y sus elementos. Di Tella inició de inmediato las gestiones en los EE. UU.[97]​ Erman González, que asumió como ministro de Defensa, adoptó una posición más cercana a la Fuerza Aérea oponiéndose a Cavallo y Di Tella.[98]

El 28 de mayo de 1991 Menem eliminó la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales creando la Comisión Nacional de Actividades Espaciales mediante decreto secreto n.º 995. La norma puso a las actividades espaciales bajo supervisión de la Presidencia y del Congreso quitándolas del poder la Fuerza Aérea. Se transfirieron todos los bienes de la CNIE a la CONAE incluyendo Falda del Carmen. Respecto al cohete, se ordenaba la desactivación, desmantelación, reconversión y/o inutilización de los elementos según sus posibilidades de uso en aplicaciones pacíficas. «De manera de efectivizar en forma fehaciente y definitiva la cancelación completa e irreversible del proyecto».[99][100]​ Esto se transmitió a la población por cadena nacional, además de la adherencia al Régimen de Control de Tecnología de Misiles.[101]

La cancelación del Cóndor II era un hecho. A continuación, las partes discutieron la eliminación de los elementos e instalaciones —interés estadounidense— o su reconversión para un proyecto pacífico —FAA y MINDEF.[98]

El 7 de julio de 1991 la FAA removió a sus efectivos de Falda del Carmen; la Gendarmería Nacional se encargó de la seguridad.[102]

Los científicos, ingenieros y técnicos se vieron obligados a abandonar el proyecto. Indicaron el maltrato recibido por parte del Gobierno de Menem. Algunos se jubilaron, otros intentaron infructuosamente obtener trabajo en la Fábrica Militar de Aviones y todos quedaron diseminados. El personal intentó también una resistencia gremial a través de la Asociación Trabajadores del Estado, sin obtener resultados satisfactorios.[103]

La CONAE, a cargo del astrónomo Jorge Sahade, se responsabilizó de la disposición final del Cóndor.[102]

LegadoEditar

Véase tambiénEditar

NotasEditar

  1. La Fuerza Aérea Argentina puso los nombres Programa Cóndor I y Programa Cóndor II; en 1985 Messerschmitt-Bölkow-Blohm impuso el nombre DOS;[1]Irak denominó a su versión BADR-2000.[2]
  2. El proyecto RSA-3 sudafricano terminaría siendo suspendido principalmente por presiones extranjeras, al igual que el Cóndor.[26]
  3. Por ese entonces, la Fuerza Aérea Argentina ya tenía conexiones con Dornier, con quienes estaban negociando el desarrollo del IA-63 Pampa.[29]
  4. Existía un embargo de armas desde 1977 impuesto por la enmienda Humphrey-Kennedy.
  5. El comandante de la Aviación Naval, contraalmirante Carlos García Boll, ordenó la continuación de la calibración de los misiles con personal propio asignado 30 días para su cumplimiento;[38]​ Los militares de la 2.ª Escuadrilla Aeronaval de Caza y Ataque, ingenieros y técnicos del Arsenal Aeronaval N.º 2 y del Servicio de Hidrografía Naval, completaron la tarea en 15 días.[39]
  6. No obstante, la fuerza obtuvo repuestos de avión estadounidenses «bajo cuerda». Algunas fábricas del país norteamericano continuaron vendiendo a la Argentina insumos, en especial de avión Douglas A-4 Skyhawk.[40]
  7. Canadá, Francia, Alemania Occidental, Italia, Japón, Reino Unido y Estados Unidos.[73]

ReferenciasEditar

  1. De León, 2017, p. 159.
  2. a b De León, 2017, p. 135.
  3. De León, 2017, p. 7.
  4. a b c De León, 2017, p. 285.
  5. «Egypt's Missile Efforts Succeed with Help from North Korea». Wisconsin Project (en inglés). Consultado el 4 de junio de 2018. 
  6. «Perfil de Argentina en la Nuclear Threat Initiative». Nuclear Threat Initiative (en inglés). Abril de 2015. Consultado el 4 de junio de 2018. 
  7. José Comas (30 de mayo de 1991). «Anulado en Argentina el proyecto de misil Condor II». El País. Consultado el 4 de junio de 2018. 
  8. Arturo Frondizi (28 de enero de 1960). Decreto Presidencial 1164. 
  9. Boletín Aeronáutico Público N.º 1587. 1960. pp. 269-271. 
  10. De León, 2018, p. 145.
  11. De León, 2018, p. 145-327.
  12. a b c Tasso, Juan José (30 de julio de 1969). Posibilidades de colocación de satélites en orbitas cercanas. 
  13. De León, 2017, p. 30.
  14. De León, 2017, p. 31.
  15. De León, 2018, p. 283.
  16. a b De León, 2017, p. 34.
  17. De León, 2017, p. 39.
  18. a b De León, 2017, p. 42.
  19. a b c Barcelona y Villalonga, 1992, p. 20.
  20. «Decreto S 406 / 1982». Boletín Oficial de la República Argentina. 24-02-1982. Consultado el 16 de mayo de 2020. 
  21. «Decreto S 710 / 1981». Boletín Oficial de la República Argentina. 20-07-1981. Consultado el 16 de mayo de 2020. 
  22. De León, 2017, p. 42-45.
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FuentesEditar