Diferencia entre revisiones de «Amistad»

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AMIGOS EN EL IDEAL
 
El hombre es un ser social por naturaleza. Y nuestra inserción social se llama “amistad”, de modo que no puede haber vida miliciana, sin amistad.
Como dice Santo Tomás, es un amor benevolente, un mutuo amor concordante con el bien de otro. Sí, en cambio, es concordante con el bien propio, se transforma en un amor de concupiscencia, La amistad supone una comunicación de bienes con el otro. Por eso la amistad, y sólo la amistad puede alcanzar esos grados de heroísmos que suponen la renuncia a los bienes particulares personales, para servir al bien del otro.
En primer lugar decimos que la amistad auxilia nuestra labor de santificación. Nuestro camino de santificación no se puede hacer solo, nadie se va al cielo solo.
El Eclesiástico tienen un texto muy hermoso. “Un amigo fiel es poderoso protector; el que le encuentra, halla un tesoro; nada vale tanto como un amigo fiel, su precio es incalculable”. ¿Por qué? Porque esta amistad es la garantía que nos da un espacio de seguridad y una cierta confianza.
¡Qué importante es saber que no estamos solos! Pero hagamos la experiencia de imaginarnos de repente sin amigos y absolutamente solos, inmediatamente nos invadirá un sentimiento terrible de inseguridad, de riesgo, frente a lo que puede ocurrir. Sin embargo, cuando uno tiene alguna experiencia va a ver al amigo, y me tomo un café, y a lo mejor no charlo nada, pero me voy reconfortado. ¿Por qué? Porque tuve la experiencia de que no estoy solo.
La amistad pone en ejercicio las otras virtudes, por lo tanto debemos cultivarla por excelencia, con seriedad, de modo que pueda manifestarme de manera permanente como un hombre social.
Además, un amigo verdadero es una garantía, un seguro de comprensión y de consuelo para nuestros oídos. Es un refugio saber que hay alguien que nos comprende, que conoce nuestros problemas, que va a tener generosidad para ejercitar con nosotros la paciencia, e inclusive que tendrá a veces la posibilidad de decirnos aquellas cosas crueles y difíciles que no aceptamos que nos diga nadie, salvo el amigo.
La última respuesta formal de la amistad proviene de la caridad y entonces para un buen cristiano, no podrá nunca renunciar al amor de caridad. Hay que “amar al prójimo como a nosotros mismos”.
Pero yo descubro que mis gestos generosos, magnánimos, paradójicamente, de renuncia, son los que me traen al otro.
San Francisco de Sales dice: “Si vuestra mutua y recíproca comunicación se hace de caridad, devoción, perfección cristiana, vuestra amistad será preciosa, será excelente porque viene de Dios, excelente porque su vinculo es Dios, porque durará eternamente en Dios, que bueno es amara en la tierra como se ama en el cielo y aprender a amarse mutuamente como nos amaremos eternamente”.
Este paradigma del amor de amistad, esta excelencia del amor de amistad, se toma del amor de caridad y tiene que tender a incentivarlo más y más.
Entonces los rostros amigos que nos acompañaron serán reencontrados en el cielo.
De manera que cuando cultivamos un sentimiento de amistad debemos tener muy en claro que no se trata de un sentimiento pasajero. Porque en la eternidad no estaremos solos, estaremos acompañados.
Entonces, cuando cultivamos la amistad, estamos cultivando un sentimiento que no se agota acá en la tierra, sino que se transfiere, de modo excelente en la vida eterna.
Y en todo caso si tenemos que corregir debemos hacerlo siempre desde respetando al otro de tal manera que hablaré en privado; si o se me escucha reuniré a otros amigos que sean testigos de o que digo y si no se me escucha, recién iré a la denuncia, en la medida que eso esté interfiriendo el bien común. Pero no debo empezar al revés: hacer la denuncia y después iré a tomar un café.
Al incorporarnos a FASTA, nos ayuda a precisar el ideal de ser hijos de Dios, hermanos de Cristo, herederos del cielo y como príncipes. Precisamos nuestro ideal de hijos de dos reinos, el reino de las cosas pasajera y el reino del cielo. Se nos propone un método para poder caminar en respuesta a esta vocación: además nos integramos con todo un grupo humano que quiere lo mismo que nosotros, desean lo mismo, están identificados con lo mismo que sentimos. Esto precisa el ideal: estamos acompañados. Se nos marca un cierto método, un camino a recorrer y al mismo tiempo, se nos exige un compromiso personal y para cumplir este compromiso personal nos apoyamos en la ayuda de FASTA. Estos son buenos elementos, que bien usados, generan un sentimiento de amistad.
Dice Aristóteles que todo animal busca su semejante.
Al sentimiento de amistad debemos hacerlo crecer, ¡debemos cultivarlo como exigencia de nuestra condición de miliciano!
Todo el mundo anda buscando amor, amistad. Y si se lo dan de FASTA se hace miliciano... esa es nuestra misión.
Afirmémonos mutuamente en nuestras espaldas y tengamos los brazos hacia fuera, sabiendo que cada uno de nosotros podemos darnos la espalda. ¿Saben por qué? Porque como el otro es nuestro amigo, nos cuida la espalda. Por eso podemos dar la espalda, y le damos el rostro al otro que necesitamos rescatar, por el camino de la amistad, de la comprensión. Pero si no estamos seguros de que el otro sea nuestro amigo no le damos la espalda y entonces nos cerramos. En definitiva nos miramos todos con un sentimiento de desconfianza. Y cuando existe la desconfianza, se quiebra la amistad.
Entonces todos y cada uno de nosotros, somos responsables de este amor de amistad, signo de caridad que nos configura como cristianos y como milicianos.
Debemos amar con sus pobrezas y con sus miserias, porque el amor de amistad es un amor que disimula las imperfecciones.
{{otros usos}}
La '''amistad''' (del [[latín]] '''''amicus'''''; amigo, que posiblemente se derivó de ''amore'', amar) es una relación afectiva entre dos o más personas. La amistad es una de las relaciones interpersonales más comunes que la mayoría de las personas tienen en la vida.