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Alto Imperio romano

primer período del Imperio romano

Alto Imperio es el nombre con el que usualmente se conoce la primera mitad del periodo histórico que cubre el Imperio romano, y que comprende su auge, en plena expansión del modo de producción esclavista y de todas las expresiones de la civilización clásica, bajo el sistema de gobierno denominado Principado tal como lo estableció Octavio Augusto a finales del siglo I a. C., hasta la dinastía de los Severos. La expansión territorial (que ya era característica del periodo republicano) se continúa de hecho (anexión de zonas fronterizas en directo contacto con los pueblos bárbaros y con el Imperio parto), aunque en teoría expresada bajo conceptos de contención y consolidación más que de agresividad (Pax romana, limes).

Imperio romano en tiempos de Trajano.

La progresiva extensión de la ciudadanía romana por las provincias, a medida que se fueron romanizando, incluyó la promoción de familias provinciales a los máximos honores y rangos sociales, hasta la misma dignidad imperial. La transformación fue sufrida por toda la cuenca del Mediterráneo, pero con notables diferencias en la mitad occidental (más latinizada) y oriental (donde continuó e incluso se profundizó la influencia helenística).

Tras alcanzar el Imperio su máximas dimensiones territoriales en la época de los Antoninos (siglo II), la crisis del siglo III abrió un periodo de [[Caída del Imperio romano de OccideLos romanos construyeron numerosos acueductos (latín aquaeductūs, sing. aquaeductus) para proporcionar agua a las ciudades y lugares industriales en su imperio. Estos acueductos estaban entre los mayores logros de ingeniería del mundo antiguo y establecieron un estándar no igualado durante más de mil años tras la caída de Roma. Hoy en día muchas ciudades mantienen y usan los antiguos acueductos aunque los canales abiertos han sido, normalmente, reemplazados por tuberías.

La misma ciudad de Roma, por ser la ciudad más grande, tenía la mayor concentración de acueductos, con agua proporcionada por once acueductos construidos a lo largo de un período de quinientos años. Los estudiosos han llegado a predecir el tamaño de la ciudad por su abastecimiento de agua.

Proporcionaban agua potable, numerosos baños y fuentes en la ciudad y, finalmente, se vaciaban en serrerías, donde desempeñaban su última función, la de remover los desperdicios. Los métodos para la construcción fueron bien descritos por Vitruvio en su obra De Architectura, escrita en el siglo I a. C. Su libro fue de gran ayuda para Frontino, un general que fue nombrado, a finales del siglo I, para administrar los muchos acueductos de Roma. Descubrió una clara diferencia entre la toma de agua y la suministrada, que era causada por las tuberías ilegales insertadas en los canales para distraer el agua; dio cuenta al emperador Nerva, en su obra De aquae ductu Urbis Romae (que recoge a los nueve acueductos existentes por aquel entonces) de finales del siglo I, de sus esfuerzos para mejorar y regular el sistema.

Un acueducto arrancaba en un sistema de captación del agua. El agua pasaba, de forma controlada, a la conducción desde un depósito de cabecera (caput aquae). La construcción de un acueducto exigía el estudio minucioso del terreno que permitiría escoger el trazado más económico para permitir una pendiente suave y sostenida, sin alargar demasiado el recorrido de la obra. Se usaban canales abiertos (riui) siempre que resultaba posible y únicamente en contadas ocasiones se recurría a la conducción bajo presión.

El canal se acomodaba al terreno por distintos procedimientos. Cuando era posible, transcurría sobre el suelo apoyado en un muro (substructio) en el que se practicaban alcantarillas para facilitar el tránsito normal de las aguas de superficie. Si el terreno se elevaba, el canal quedaba enterrado (riuus subterraneus) y formaba una galería subterránea (specus) excavada directamente en la roca o construida dentro de una zanja. Cuando había que vencer una fuerte depresión, se recurría a la construcción de complicados sistemas de arcos (arcuationes) que sostienían el canal y lo mantenían al nivel adecuado.

En todo caso, siempre que el agua se destinaba al consumo humano, el canal estaba cubierto por bóvedas, falsas bóvedas, placas de piedra o tégulas.

Según Isabel Rodà, catedrática de Arqueología de la Universidad Autónoma de Barcelona, se construyeron 507 kilómetros de acueductos, de los cuales 434 km eran subterráneos, 15 km de superficie y solo 59 km, es decir, el 12 %, discurría por arquerías.1​nte|decadencia]] que permite hablar de Bajo Imperio romano, con otras condiciones económicas y sociales (la transición del esclavismo al feudalismo), e incluso con otro sistema de gobierno (el Dominado).

La distinta valoración que implica la utilización de estos términos proviene de la misma percepción de los antiguos romanos, que ya desde los tiempos de la República tenían como tópico cultural la denuncia de la corrupción del tiempo presente (el O tempora, o mores de las Catilinarias de Cicerón) por contraste de las virtudes del tiempo pasado, en una concepción ajustada a su propia periodización de la historia (idealizada Edad de Oro inicial, Edad de Bronce de los héroes y corrupta Edad de Hierro de su presente, como expresó Virgilio).

La conciencia de la caída de su civilización está presente en los autores del siglo V (Agustín de Hipona, Orosio), que añaden las concepciones pesimistas en todo cuanto tenga que ver con el mundo terrenal propias del providencialismo cristiano (a cuyo éxito, por otra parte, sus contradictores atribuían la propia decadencia de Roma).

La historiografía moderna sobre esa diferencia entre las dos fases del Imperio se desarrolló sobre todo a partir del célebre libro de Edward Gibbon The History of the Decline and Fall of the Roman Empire (Historia de la decadencia y caída del Imperio romano, 1776-1788), y ha sido aplicado como modelo del desarrollo cíclico de todas las civilizaciones. lololo

BibliografíaEditar

  • Le Gall, Joël (1995) El Alto Imperio, desde la batalla de Actium hasta la muerte de Severo Alejandro (31 a. C.-235 d. C.), Akal ISBN 978-84-460-0278-9

Enlaces externosEditar

  • Guglielmo Ferrero: Grandeza y decadencia de Roma (Grandezza e decadenza di Roma, 1901-1907), en 5 volúmenes; texto español en el sitio de la Biblioteca Tercer Milenio.