Abrir menú principal

Cándido Catalán Lasala

Cándido Catalán Lasalas (Corella, 16 de febrero de 1916 - Fernán Caballero, 28 de julio de 1936) fue un religioso y estudiante misionero navarro de la Congregación de los Claretianos (Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María) y mártir religioso perseguido durante la guerra civil española (1936-1939), martirizado bajo el fuego de los fusiles el 28 de julio de 1936 en Fernán Caballero (Ciudad Real).

Beato Cándido Catalán Lasala
Religioso claretiano y mártir
Nacimiento 16 de febrero de 1916
Corella, Navarra, Flag of Spain (1785–1873, 1875–1931).svg España.
Fallecimiento 28 de julio de 1936
Fernán Caballero, Flag of Spain (1931–1939).svg España.
Venerado en Iglesia católica
Beatificación 13 de octubre de 2013 por el papa Francisco
Principal santuario Parroquia San Antonio María Claret de Sevilla
Festividad 6 de noviembre
Atributos Palma del martirio

Índice

BiografíaEditar

Primeros años y sacerdocioEditar

 
Cándido Catalán Lasalas junto su tío el Padre Cándido Catalán Monrreal

Cándido Isaías Catalán Lasalas, nació un 16 de febrero de 1916 en Corella, municipio y ciudad española de la Comunidad Foral de Navarra. Sus padres fueron Feliciano Catalán Monreal y Jacinta Lasalas Santos, su hermana fue Julia Catalán Lasalas, vecinos de Corella. Recibió el sacramento de la Confirmación el 26 de septiembre de 1918. En 1927 a los 11 años, siguiendo las huellas de su tío, el sacerdote Cándido Catalán Monreal, entonces Provincial de la Provincia Bética de los Claretianos, ingresó en los Misioneros Claretianos y cursó las diversas etapas de su formación en Plasencia (Cáceres), Don Benito y Zafra (Provincia de Badajoz), Sigüenza (Provincia de Guadalajara), Salvatierra (Álava).

De Zafra a Ciudad RealEditar

Las dificultades para el Seminarista Claretiano comenzaron tras las elecciones de Febrero de 1936, ganadas en la ciudad de Zafra por las derechas, pero desbaratadas pronto por las izquierdas que se adueñaron de toda la Provincia de Badajoz. En Zafra, tras la huida de la derecha, tomo posesión de la alcaldía José González Barrero "pepe el fresco" del Frente Popular, en sus planes estaba que la comunidad claretiana abandonara la ciudad.

El 12 de marzo, la comunidad claretiana del teologado de Zafra, al tener que acoger al noviciado de la provincia de Jerez de los Caballeros, pasó a estar integrada por sesenta y seis miembros, cosa que pareció al Alcalde de Zafra una provocación.

El 24 de abril de 1936 se celebró en la ciudad de zafra un mitin en el que se decidió echar a los frailes y monjas, los sesenta y seis miembros de la Comunidad corrían serio peligro en sus vidas, los desmanes se preparaban para el primero de Mayo, y se ensayaban expresamente por las turbas delante del Colegio Seminario con himnos, mueras y pedradas. El 28 de abril comenzó el desalojo de la casa teologado quedando Zafra cinco Padres, ocho Estudiantes y cinco Hermanos. El día 1 de mayo el Padre Superior, Saturnino González, envió al hermano José Montoro al hospital a visitar al anciano hermano Juan Parera, durante el trayecto fue apresado, golpeado, y llevado al ayuntamiento donde fue torturado brutalmente por el inspector municipal y tres municipales.

El día 2 de mayo comenzó a reunirse gente alrededor del convento con la idea de echar de la ciudad a los religiosos, el padre superior tuvo que pedir protección a la autoridad del Alcalde y del Gobernador, se desalojó el edificio, que quedó bajo la custodia de la Municipalidad. Los estudiantes de Zafra se dirigieron a Don Benito, donde las autoridades pidieron al Padre superior que se marcharan de la ciudad, viéndose obligados a continuar hasta Ciudad Real.

Su arresto, tortura y muerteEditar

El Teologado de Bética se encontraba ahora en Ciudad Real. El 4 de mayo estaban todos los Seminaristas Teólogos en Ciudad Real, encerrados en un caserón enclavado dentro de la Ciudad, no podían salir para nada, por el ambiente prerrevolucionario que se respiraba. El Padre Máximo Peinador, mando reanudar las clases, el 10 de mayo quedó normalizada relativamente la vida del teologado.

Estallada la Revolución el 18 de julio, en Ciudad Real seguían las cosas con relativa normalidad, pero vista la situación el Padre Estanislao Sanmartín, intento el traslado de los estudiantes a Portugal. Al mediodía del 24, se presentan unos quince hombres armados exigiendo el inmediato abandono de la casa, el Padre Superior exige la orden por escrito del Gobernador. El Padre Superior ordena la marcha ya prevista, pero se adelanta la turba de mineros de Puertollano y Almadén, ferroviarios de Manzanares y campesinos de Almagro. Los asaltantes no sabían que había tanta gente dentro y empezaron las discusiones sobre que hacer con los prisioneros, tirarlos al río, quemarlos vivos o tirotearlos. Hacia las cuatro se presentó Carnicero, delegado del Gobernador Germán Vidal Barreiro, que tras inspeccionar las dependencias les comunica apesadumbrado que todos quedaban detenidos y presos en la anexa Casa de Ejercicios. Aquella autoridad responsable cacheó a los detenidos y registró todas las existencias, no podían salir para nada ni asomarse a la ventana sin previo permiso. El calor era sofocante y estaban deshidratados, al fin consintieron de los milicianos que dos de los detenidos pasaran el botijo de agua de cuarto en cuarto. Por la tarde los milicianos trajeron a sus parientas, amigas o novias, para que contemplaran a los curas en sus cuartos, mientras por los pasillos desfilaban muchachas vistiendo ornamentos sagrados o cubiertas con bonetes de clérigo.

El día 28 el Superior logró ponerse en contacto con el Gobernador y se le extendieron salvoconductos para ir todos a Madrid, se organizaron los grupos, el primero dirigido por el Superior, Padre Máximo Peinador, acompañado por Don Eutiquiano Peinador, padre de tres estudiantes. Subidos a los taxis, custodiados por milicianos, marcharon todos hacia la estación del ferrocarril. Era media tarde, los expedicionarios se distribuyen para subir a los vagones, los milicianos reúnen a los muchachos en una sala de la estación y los guardan allí hasta que llegue el tren, que se presenta a las cuatro y cuarto. En este tren venía un gran contingente de milicianos de Puertollano llamados a filas, y que se dirigían a Madrid, enterados sobre el asunto de los seminaristas, impiden que suban porque los quieren matar allí mismo, se entabla una acalorada discusión entre socialistas de Ciudad Real que quieren llevar a los muchachos hasta Madrid para que determine la Dirección General de Seguridad, y los milicianos comunistas que se empeñan en liquidarlos allí mismo, al fin, los suben en el vagón de atrás, y, para que vayan todos juntos, desalojan de sus puestos a varias personas. En el trayecto les exigen la documentación, al llegar a la primera estación de Fernán Caballero, dos milicianos se adelantan al maquinista y le ordenan no poner en marcha el tren hasta nuevo aviso, hacen bajar a los catorce muchachos, los colocan entre la segunda y la tercera vía, los milicianos se quedan a diez metros en la vía primera, apuntando con los fusiles. La nutrida descarga no logra matar a algunos, que, heridos solamente, se arrastran hacia los vagones para agarrarse a sus plataformas, pero los milicianos van dando a cada uno el tiro de gracia, a la mayoría de ellos metiéndoles la bala por los ojos, los cadáveres quedaron tendidos en suelo durante muchas horas.

Cándido Catalán no estaba muerto, revuelto en su propia sangre permanece durante cuatro horas tirado entre las vías. Según el testimonio del jefe de la estación, el temor que se había apoderado de todos, y los impidió acercarse al herido. El seminarista recelaba de todos, mientras pedía algo de agua, Carmen Herrera Rodero la hija del jefe de la estación, insistía en que se le permitiera proporcionar al herido un poco de agua; más el temor a posibles atropellos hizo que no se lograra su deseo. Fue atendido por los doctores de Fernán Caballero, Pascual Crespo Campesino y Alfonso González Calzada ayudados por la hija del jefe de la estación y Maximiliana Santos la mujer del factor de circulación Ricardo Muñoz López, tras reanimarlo las autoridades reúnen a los sospechosos y se los presentan al moribundo a ver si reconoce a alguno de ellos como asesino, el muchacho los mira y niega con la cabeza, lo montan en una camioneta convertida en improvisada ambulancia, pero no llega vivo a la Ciudad. A mitad de camino, cerca del río Guadiana, a la altura del puente se les averió la camioneta, al bajarse para arreglarla se dieron cuenta que el herido había fallecido. Unas cuatro horas estuvo desangrándose, una de las balas le había explotado el pulmón y roto el pericarpio. Las dos fotografías que se le hicieron muestran la serenidad impresionante de su rostro, aún después de muerto.[1]

Los cadáveres de los trece muchachos fueron tapados con lonas, para que no estuvieran expuestos a merced de los perros y permanecieron en el suelo hasta el día siguiente, cuando algunas mujeres de Fernán Caballero prestaron sábanas para envolverlos dignamente y ser enterrados en el cementerio. A las siete de la mañana los llevaron en dos carros de mulas al cementerio.

En el Juzgado de Instrucción de Ciudad Real se instruyó un sumario referente al Sr. Catalán. Se halla en el L. O. 830, 425 y de él se da cuenta en la Gaceta de Madrid núm. 221, 8 AGOSTO 1936, ANEXO ÚNICO, PÁGINA 73.[2]

TestimoniosEditar

Carmen Herrera Rodero, hija del jefe de Estación: Yo y la mujer del factor, Maximiliana Santos, ayudamos a los médicos a curar al herido. Yo puse agua caliente para lavarle las heridas y la mujer del factor facilitó una sábana para hacer vendas. En la Estación yo le di de beber....[3]

Pascual Crespo Campesino, médico que lo atendió en la Estación: Presentaba aspecto de una resignación asombrosa, no profería queja alguna...[4]

ExhumaciónEditar

Su cadáver estuvo depositado cuatro días, en espera de que alguien lo reconociera. Domingo García realizó la autopsia. Lo enterraron en el cementerio de Ciudad Real, patio quinto, departamento gratuito, fila quinta, número 8, piso primero. Fueron trasladados, al finalizar la Guerra Civil, al panteón de los Claretianos en Madrid.

En 1950 sus restos fueron llevados a la parroquia del Inmaculado Corazón de María, también en Madrid, regentada por los Misioneros Claretianos de la Provincia de Santiago, desde donde llegan a Sevilla tras la petición cursada por el vicepostulador de la Causa de Beatificación y Canonización de estos siervos de Dios, firmada por el arzobispo de Sevilla, monseñor Juan José Asenjo.

El miércoles 13 de febrero en un sencillo y digno acto, quedaron sepultados en la parroquia sevillana de San Antonio María Claret los restos de los catorce jóvenes que sufrieron martirio en 1936 en la estación ferroviaria de Fernán Caballero. En un nicho y bajo un cuadro de la Virgen con los rostros de todos ellos descansan estos siervos de Dios en espera de su beatificación.[5][6]


BeatificaciónEditar

El 19 de diciembre de 2011 el Papa Benedicto XVI aprobó la promulgación de los decretos que le reconocen el martirio. Con motivo del Año de la Fe, tuvo lugar la beatificación de unos 522 mártires del siglo XX. De ese numeroso grupo, 23 son Misioneros Claretianos y uno de ellos Cándido Catalán Lasalas. Dicha beatificación es la más numerosa de la historia de la Iglesia, a la que acudieron más de 25.000 personas.

Al acto asistieron 4.000 parientes de los mártires, participaron 104 obispos (una treintena del extranjero) y unos 1.400 sacerdotes, además de autoridades como el presidente de la Generalidad, Artur Mas; el presidente del Congreso de los Diputados, Jesús Posada; el ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, y el ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz."[7]

Los mártires de Fernán CaballeroEditar

 
Escudo Claretiano

Los nombres de los 14 mártires claretianos que fueron fusilados en Fernán Caballero (Ciudad Real) son éstos:

  • Cándido Catalán Lasala.(16.02.1916 en Corella (Navarra) †28.07.1936 en Ciudad Real)
  • Tomás Cordero Cordero.(08.06.1910 en Robledino de la Valduerna (León) †28.07.1936 en Fernán Caballero)
  • Claudio López Martínez.(18.12.1910 en Mundilla de Valdelucio (Burgos) †28.07.1936 en Fernán Caballero)
  • Angel López Martínez.(02.10.1912 en Mundilla de Valdelucio (Burgos) †28.07.1936 en Fernán Caballero)
  • Primitivo Berrocoso Mailo.(19.02.1913 en Jerte (Cáceres) †28.07.1936 en Fernán Caballero)
  • Antonio Lasa Vidaurreta.(28.06.1913 en Loizu (Navarra) †28.07.1936 en Fernán Caballero)
  • Vicente Robles Gómez.(25.04.1914Villanueva del Conde(Salamanca) †28.07.1936 en Fernán Caballero)
  • Melecio Pardo Lorente.(03.08.1913 en Cháves (Valladolid) †28.07.1936 en Fernán Caballero)
  • Antonio María Orrego Fuentes.(15.01.1915 en Oliva de la Frontera (Badajoz) †28.07.1936 en Fernán Caballero)
  • Otilio del Amo Palomino.(02.04.1913 en Bustillo (Valladolid) †28.07.1936 en Fernán Caballero)
  • Ángel Pérez Murillo.(06.01.1915 en Montánchez (Cáceres) †28.07.1936 en Fernán Caballero)
  • Abelardo García Palacios.(15.10.1913 en Yudego (Burgos) †28.07.1936 en Fernán Caballero)
  • Gabriel Barriopedro Tejedor.(18.03.1915 en Barahona (Soria) †28.07.1936 en Fernán Caballero)
  • Jesús Aníbal Gómez Gómez.(13.06.1914 en Tarso (Antioquia) †28.07.1936 en Fernán Caballero)

Galería de imágenesEditar

ReferenciasEditar

Enlaces externosEditar

Enlaces relacionadosEditar

Anexo:

Nota: El término “mártires de la guerra civil” se presta a manipulación, por lo que se prefiere la expresión “mártires del siglo XX en España”.