Canción del pirata

Canción del pirata es un poema escrito por José de Espronceda y publicado por primera vez en la revista El Artista en 1835,[1]​ apareciendo de nuevo en Poesías (1840), uno de los máximos exponentes de la poesía del Romanticismo español. Exalta a un pirata como ejemplo de personalidad que vive al margen de la sociedad, despreciando las convenciones y los bienes materiales. El protagonista tiene como máximo ideal la libertad.

Está escrito con tres esquemas de rima distintos:

  • Cabeza: Dos estrofas con rima - a a b / - c c b de versos octosílabos con rima consonante, quedando libres 1.º y 5.º. La rima del 4.º y el 8.º es aguda. Es decir, se trata de octavillas agudas o italianas.
  • Estrofas: Compuesta por dos esquemas. El primero: a b a c c b, octosílabos con rima consonante. El segundo verso es tetrasílabo. A esta sextilla se añade otra de ocho versos con esquema idéntico al de la cabeza de versos tetrasílabos. La rima de 4.º y 8.º verso es aguda, repitiendo el esquema de la cabeza.
  • Estribillo: - a - a, copla octosilábica con rima asonante.

Se inspira en Le chant des pirates (1827), un poema del francés Louis Marie Fontan, si bien el hispanista Robert Marrast cree más bien que el modelo es L'ami de la tempête, una imitación del canto inicial de El corsario (1814) de lord Byron, compuesta en 1821 y publicada en 1826 por M. de Lourdoueix. Toda la crítica concuerda sin embargo en que supera a estos textos.

El poemaEditar

Con diez cañones por banda,

viento en popa a toda vela,

no corta el mar, sino vuela

un velero bergantín;


bajel pirata que llaman,

por su bravura, el Temido,

en todo mar conocido

del uno al otro confín.


La luna en el mar riela,

en la lona gime el viento

y alza en blando movimiento

olas de plata y azul;


y ve el capitán pirata,

cantando alegre en la popa,

Asia a un lado, al otro Europa,

y allá a su frente Estambul.


«Navega velero mío,

sin temor,

que ni enemigo navío,

ni tormenta, ni bonanza,

tu rumbo a torcer alcanza,

ni a sujetar tu valor.


Veinte presas

hemos hecho

a despecho,

del inglés,


y han rendido

sus pendones

cien naciones

a mis pies.


Que es mi barco mi tesoro,

que es mi dios la libertad,

mi ley, la fuerza y el viento,

mi única patria la mar.


Allá muevan feroz guerra

ciegos reyes

por un palmo más de tierra,

que yo tengo aquí por mío

cuanto abarca el mar bravío,

a quien nadie impuso leyes.


Y no hay playa,

sea cualquiera,

ni bandera

de esplendor,


que no sienta

mi derecho

y dé pecho

a mi valor.


Que es mi barco mi tesoro,

que es mi dios la libertad,

mi ley, la fuerza y el viento,

mi única patria la mar.


A la voz de ¡barco viene!

es de ver

cómo vira y se previene

a todo trapo a escapar:

que yo soy el rey del mar,

y mi furia es de temer.


En las presas

yo divido

lo cogido

por igual:


sólo quiero

por riqueza

la belleza

sin rival.


Que es mi barco mi tesoro,

que es mi dios la libertad,

mi ley, la fuerza y el viento,

mi única patria la mar.


¡Sentenciado estoy a muerte!;

yo me río;

no me abandone la suerte,

y al mismo que me condena,

colgaré de alguna antena

quizá en su propio navío.


Y si caigo

¿qué es la vida?

Por perdida

ya la di,


cuando el yugo

de un esclavo

como un bravo

sacudí.


Que es mi barco mi tesoro,

que es mi dios la libertad,

mi ley, la fuerza y el viento,

mi única patria la mar.


Son mi música mejor aquilones,

el estrépito y temblor

de los cables sacudidos,

del negro mar los bramidos

y el rugir de mis cañones.


Y del trueno

al son violento,

y del viento

al rebramar,


yo me duermo

sosegado

arrullado

por el mar.


Que es mi barco mi tesoro,

que es mi dios la libertad,

mi ley, la fuerza y el viento,

mi única patria la mar».
José de Espronceda y Delgado

ReferenciasEditar

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