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Discusión:Izquierda nacional

Inexactitudes y errores serios en Postulados de la Izquierda NacionalEditar

Para comenzar, nos detendremos en el postulado 3, porque reúne tres condiciones:

1. Es falso: sólo ingenuamente puede creerse que la burguesía nacional tiene como "aspiraciones y deseos" la "lucha nacional contra el imperialismo" que lleva adelante la clase trabajadora. La burguesía "nacional", si a algo aspira, no es a luchar contra el imperialismo, sino a integrarse a él en calidad de socia (la posibilidad o imposibilidad de conseguirlo es otra cuestión). Pero el punto va más allá de la ingenuidad, rayando en la ceguera, ya que toda la historia de América Latina y de Argentina demuestran lo contrario de lo que dice el autor. Sin ir más lejos: la burguesía "nacional" argentina se opuso al peronismo y estuvo en el campo golpista, tanto en 1955 como en 1976. Más aún: la existencia misma del peronismo, en tanto alianza entre una fracción militar nacionalista y una clase trabajadora regimentada e integrada al estado, se debió en buena medida a la imposibilidad de un proyecto antiimperialista sostenido y comandado por la burguesía.

2. No es patrimonio de la Izquierda Nacional sino del stalinismo: fue el stalinismo, con su teoría de una "revolución democrática" encabezada por una "burguesía progresista", el que sostuvo que la revolución se da por "etapas" y en la primera de las etapas (que en la práctica es la única, puesto que los stalinistas se encargaban de perpetuarla) hay una alianza de la clase obrera con la burguesía. Con esta teoría, versión argentina del frentepopulismo de la III Internacional, reciclada con el "eurocomunismo" de los ochenta, los stalinistas argentinos apoyaron a la unión democrática o al alfonsinismo, por ejemplo. Ramos escribió la historia politica del stalinismo denunciando exactamente lo que el autor de la entrada dice que es la postura de la Izquierda Nacional.

3. Se contradice con otros postulados que se mencionan: el postulado que el autor atribuye a la Izquierda Nacional, es decir, la "coincidencia objetiva" de la lucha de los trabajadores con las "aspiraciones y deseos" de la burguesía, se contradice con la necesidad de "organizar su propio partido" que tendrían los "socialista revolucionarios". A no ser que la misión de ese partido sea la de apoyar a la burguesía nacional aprovechando que -según la entrada- ella es "débil" y necesita del apoyo de "otras clases para realizar sus "tareas históricas" (que aparentemente serían la "lucha antiimperialista" y la "unificación continental").

En el punto 5 la liviandad conque el autor se desplaza desde la "burguesía nacional" y su coincidencia "objetiva" con la lucha de los trabajadores hacia el "frente nacional con conducción burguesa o pequeño burguesa" es francamente increible. Ambas cosas son diferentes, puesto que en el primer caso la referencia a la burguesía nacional es la referencia hacia una clase social que opera en el nivel de la estructura económico-social, y en el segundo, la "conducción burguesa o pequeño burguesa" es la referencia a un agente que opera en el nivel de la superestructura política como entidad subrogante de una clase social cuya "tarea histórica" no es la que se le atribuye en la entrada. La polémica entre Ramos y Milcíades Peña se basaba en que Peña cometía el mismo error que el autor, aunque sacaba conclusiones diferentes.

Sobre Socialismo LatinoamericanoEditar

A pesar de la buena voluntad del redactor, hay algunas apreciaciones que no coinciden exactamente con la realidad. Socialismo Latinoamericano es un grupo militante, editor de la página Izquierda Nacional ([1]) sobre el que se afirma que “ha derivado en posiciones más izquierdistas y debate con otros grupos trotskistas la herencia de León Trotsky”. La segunda parte de la afirmación es una verdadera novedad, y sería bueno conocer cuándo y dónde se ha librado o se libra semejante debate. Socialismo Latinoamericano se nutre de la tradición teórica y de la práctica política cimentada por Trotsky, Rosa Luxemburgo, Gramsci, Lenin, a la luz de las enseñanzas de los fundadores del marxismo en el siglo XIX. En sus posiciones están presentes las tesis centrales formuladas seis décadas atrás por los iniciadores de la izquierda nacional. Desde ya que no tiene nada que disputar a los grupos trotskistas.

El párrafo que discutía este apartado fue borrado por otro usuario sin mediar argumento alguno. Hemos agregado entonces un párrafo sobre Socialismo Latinoamericano, modificando cuestiones formales pero sin tocar el contenido de la entrada.

Socialismo Latinoamericano es calificado de más izquierdista. ¿En relación a quién o a quiénes?Editar

En las distintas notas publicadas en el sitio de Socialismo Latinoamericano se puede comprobar la presencia de los postulados centrales que hacen a una plataforma de izquierda nacional: la oposición antagónica entre naciones opresoras y naciones oprimidas; el carácter históricamente progresivo que revisten en los países organizados en torno a las oligarquías terratenientes y la gran burguesía, aliadas al capital imperialista; el sesgo revolucionario que revisten las consignas nacional-democráticas atrasados y dependientes los frentes nacionales enfrentados a los bloques de clase radicalizadas en sentido socialista; el papel estratégicamente decisivo que adquiere en las crisis la movilización de los trabajadores y las grandes masas de explotados...

¿Qué significa, entonces, el mote de “izquierdistas”? Bien mirada, la propia entrada que discutimos responde a la pregunta. El autor, que pretende explicar qué es la Izquierda Nacional, sostiene en uno de los párrafos: “La lucha nacional contra el imperialismo y por la unificación continental es la tarea inmediata más importante de los socialistas”; y a continuación afirma: “En esta lucha emprendida contra el imperialismo y por la unificación continental, la clase trabajadora coincide objetivamente con las aspiraciones y deseos de la burguesía nacional, la que, por su debilidad orgánica debe buscar el apoyo de otras clases para la realización de sus tareas históricas”. De acuerdo con el texto, la burguesía nacional busca el apoyo de la clase obrera para llevar adelante las tareas que supuestamente la historia le ha encomendado. En este punto la diferencia con las posiciones sostenidas desde siempre por la izquierda nacional es notable.' La historia de los países atrasados y dependientes enseña que la burguesía nativa renunció, una y otra vez, a la realización de tales tareas. Es más, en las épocas en que los intereses nacionales alcanzaron desenvolvimiento a través de un programa de contenido burgués, fue una jefatura externa a esa clase, la que terminó haciéndose cargo de las obligaciones que la burguesía nacional por sus contradicciones, su temor al imperialismo, su desconfianza hacia los trabajadores y, en definitiva, por su incapacidad para elevar su programa a representación del interés general, se negó a emprender.

La experiencia del peronismo es suficientemente ilustrativa al respecto. Fue Perón, afirmándose en la estructura del Estado, con respaldo del ala nacionalista del Ejército y el soporte político de los trabajadores y las grandes masas populares, quien le dio un programa e incluso una organización corporativa a través de la Confederación General Económica. Sin embargo, esa burguesía nunca terminó de asimilar plenamente al peronismo. La particular configuración que otorgaba al movimiento la fuerte presencia obrera, sus concesiones laborales y la acción de los delegados en las empresas, le inspiraban una natural desconfianza de clase.

¿Qué significa, entonces, afirmar que la burguesía nacional, por su debilidad orgánica, busca apoyo en otras clases para la realización de sus tareas históricas, sino asignarle un papel dirigente que esa clase no está dispuesta a asumir? Peor aún, significa confinar a los trabajadores en una posición subordinada. Esto es precisamente lo que sostiene la entrada cuando afirma que “la clase trabajadora coincide objetivamente con las aspiraciones y los deseos de la burguesía nacional”. En realidad, desde un punto de vista socialista, la proposición sólo puede considerarse válida en sentido inverso: la burguesía nacional coincide con las aspiraciones de la clase trabajadora, pero sólo en los momentos en que la presión del imperialismo la precipita en la crisis, siempre y cuando los trabajadores logren establecer una influencia hegemonizante en el conjunto de fuerzas sociales que convergen en el Frente Nacional. Más acá de esta crisis, las capas medias y bajas de la burguesía nativa siguen bajo la gravitación del gran capital que establece la unidad del conjunto de los círculos dominantes.

La inexactitud no es fortuitaEditar

En este punto, la inversión de las posiciones de la izquierda nacional no es fortuita. Por debajo de la singular concurrencia de aspiraciones y deseos, subyace la idea de que el kirchnerismo gobernante en Argentina es la expresión de esta feliz coincidencia. Quienes apoyan desde la “izquierda” a la actual administración le asignan un carácter nacional, aún en sus limitaciones, opuesto a la resurrecta expresión de la Unión Democrática encabezada por Carrió, López Murphy, Lavagna, etc. El descubrimiento de tamaño antagonismo es ciertamente una hazaña teórica. El gobierno de Kirchner se guía, en lo fundamental, según los intereses de la gran burguesía exportadora, que poco o nada tiene de nacional, con fuerte injerencia del capital extranjero en las esferas dirigentes. Cómo explicar, si no, las medidas que consolidaron la política petrolera del menemismo mediante nuevas concesiones a las corporaciones trasnacionales, o la confirmación de la ley minera, otra de las llaves maestras de la expoliación de los recursos naturales heredada de los 90’, o el pago al contado de la deuda al FMI, deuda fraudulenta, originada en el llamado “blindaje”, destinado a financiar la fuga de capitales de 2001, según comprobó una auditoria interna del propio organismo, y que el presidente Kirchner presentó como un acto de soberanía.

Seguramente para quienes consideran que el actual gobierno es la única alternativa esta caracterización debe ser catalogada como “izquierdista”. También deben considerar como “izquierdista” que SL descalificara en su momento al “movimiento nacional y popular” de los hermanos Rodríguez Saá, socios actuales de Carlos Menem, y hasta hace muy poco de Jorge Sobisch, y también su rechazo al Polo Social guiado por el padre Farinello.

Una aclaración final sobre la Teoría de la revolución permanenteEditar

La entrada dice que “la teoría de la revolución permanente, elaborada por León Trotsky, implica, en la interpretación de la izquierda nacional, que los socialistas deben apoyar, de manera independiente y crítica y junto con las grandes masas explotadas, la jefatura burguesa o pequeño burguesa del movimiento nacional enfrentada a las clases tradicionales y al imperialismo, impulsando adelante las aspiraciones de esas masas y superando las limitaciones sociales y programáticas de una burguesía nacional débil que ha llegado tarde a la historia”.

En verdad, la izquierda nacional no tiene ninguna interpretación particular de la teoría de la revolución permanente formulada por Trotsky durante los acontecimientos que rodearon a la Revolución Rusa de 1905. Esta teoría establece que en un país atrasado y dependiente las tareas agrarias, nacionales y democráticas, al ser asumidas por los trabajadores tras su abandono por las burguesías nativas, adquieren un carácter dinámico, superador de los límites del viejo orden social, preanuncio de grandes transformaciones de carácter socialista. En cambio, el apoyo a las jefaturas burguesas o pequeño burguesas de los frentes nacionales, bajo condiciones muy especiales, se desprende de los escritos de Trotsky sobre Revolución Mejicana y, especialmente, de sus análisis sobre la experiencia del gobierno del general Lázaro Cárdenas. Este apoyo, de carácter independiente, sólo es aceptable en presencia de gobiernos, en general de corte bonapartista o semibonapartista, que mantengan un grado cierto de enfrentamiento con el capital imperialista y sus socios locales. Si esta última condición está ausente, ese respaldo se convierte en un simple seguidismo, realizado bajo la cobertura ya habitual del “apoyo crítico”. En definitiva, se trata siempre de lo mismo: la autonomía programática y organizativa de una fuerza de izquierda nacional, más que en la retórica, reside en la práctica política que es la verdadera expresión del programa y de las ideas fundamentales.



BibliografíaEditar

Calello, Osvaldo. "¿Izquierda Nacional o izquierda de la burguesía nacional?". 2007

Calello, Osvaldo. "Trotsky y la revolución en América Latina". Ed. Izquierda Nacional. Buenos Aires. 2002

Cangiano, Gustavo. ¿Qué es la Izquierda Nacional?

Díaz, Honorio. "La cuestión nacional y los orígenes de la Izquierda Nacional".

Para consultar otra bibliografía que respalde esta discusión, ver izquierdanacional.org. En ella escriben actualmente pensadores históricos de la corriente como Osvaldo Calello, Honorio Díaz o Gustavo Cangiano, pero también puede leerse a Jorge Abelardo Ramos, Jorge Enea Spilimbergo, Blas Alberti, Ernesto Ceballos, Enrique Rivera y otros.

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