Discusión:Sacrificios humanos en la América precolombina

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Fuente idealEditar

El Sacrificio Humano en la Tradición Religiosa Mesoamericana es un tratado académico de 600 páginas escrito por 28 eruditos en el tema: arqueólogos y antropólogos mexicanos, europeos y norteamericanos. Publicado en 2010, es una fuente ideal para este artículo.

Acabo de terminar de leerlo.

Contiene gráficas, fotos e ilustraciones a color. Abarca desde Mesoamérica hasta el mundo Inca. Publicado por la Universidad Nacional Autónoma de México y el Instituto Nacional de Antropología e Historia, El Sacrificio Humano en la Tradición Religiosa Mesoamericana presenta nueva evidencia arqueológica que corrobora las afirmaciones de los españoles decimosextos.

Cesar Tort (discusión) 23:21 23 ene 2014 (UTC)

Mucha la supuesta evidencia es circunstancial y está abierta a conjeturas que se basan en la interpretación de artefactos y cadáveres encontrados en sitios de enterramiento que nadie puede asegurar con certeza que estaba relacionada con asesinatos masivos ritualistas.

Artículo defectuosoEditar

Todo el artículo parece pretender ocultar o "bajarle los decibeles" al hecho que hubieron sacrificios humanos en las culturas amerindias precolombinas, y se empieza diciendo "es que historiadores X modernos lo ponen en duda..." "Otras culturas también lo practicaron"... bla bla bla.

Los números que a menudo se promocionan son poco realistas e insostenibles, por lo que con toda probabilidad fue propaganda diseñada para asustar a los enemigos que se encontraban cerca de su asentamiento. Estos asesinatos se llevaron a cabo principalmente contra enemigos capturados por la élite indigena, no por todos los miembros de la poblacion. No digo que sea correcto, pero al final del día, un enemigo muerto es un enemigo muerto independientemente de cómo se haga.En esos dias se quemaban gente en Europa por herejia.

Cuando en wikipedia en inglés se empieza diciendo que está bien documentado tanto en registros arqueológicos como en escritos. Déjense de pro-indigenismos ridículos, y dediquen el artículo a describir los sacrificios que sucedieron. --190.43.146.106 (discusión) 09:00 18 oct 2016 (UTC)


Estoy de acuerdo con 190.43.146.106 debido a la inclusión de esta frase: “En un artículo publicado en internet, James Jacobs señala que…” en la sección “Objeciones e historicidad”. Lo que se haya publicado en internet no puede compararse a una fuente confiable, como:

El Sacrificio Humano en la Tradición Religiosa Mesoamericana. Ciudad de México: Instituto Nacional de Antropología e Historia & Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas. ISBN 978-607-484-076-6. OCLC 667990552.

El sacrificio humano en la tradición religiosa mesoamericana es un tratado académico escrito por veintiocho eruditos sobre el sacrificio precolombino: arqueólogos, historiadores y antropólogos europeos, mexicanos y americanos. Finalmente publicado en 2010, es una fuente fiable. Además de las fuentes que conocía, El sacrificio humano incluye nueva evidencia arqueológica y tafonómica que corrobora las afirmaciones de los españoles decimosextos sobre el infanticidio, el sacrificio y el canibalismo amerindio. (La tafonomía es el estudio de organismos en descomposición a través del tiempo, incluyendo los huesos fósiles.)

Por supuesto: los mexicanos que coordinaron la publicación de esta importante obra son académicos políticamente correctos. No hay nada remotamente comparable a las exclamaciones de Sahún acerca del sacrificio de infantes en cualquiera de las 598 páginas de su tratado. Las razones dadas se coligen desde los tres prefacios a este trabajo por el director del Instituto Nacional de Antropología e Historia (“Aceptar la realidad de las prácticas sacrificiales en el México antiguo no significa pronunciarse a favor o en contra de ellas”); quienes coordinan el MNA (“el fundamentalismo hispanista que sólo ve los aspectos más bárbaros de esta práctica”), y el director del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México (“entre el público no especialista circulan a menudo ideas reduccionistas y hasta erróneas al respecto”). Tómese en cuenta que tanto estas tres personas, como los antropólogos e historiadores mexicanos y extranjeros que contribuyeron con trabajos académicos a El sacrificio humano, no niegan los hechos acerca de lo que hacían los amerindios prehispánicos. Lo que los académicos contemporáneos se abstienen es elaborar juicios de valor sobre tales prácticas.

En uno de los primeros capítulos de El sacrificio humano después de los mencionados prefacios al libro, el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma presenta las evidencias arqueológicas de los sacrificios rituales: restos esqueléticos de las víctimas, bases de piedra para el sacrificio, los instrumentos utilizados en las inmolaciones, y otros. Sobre todo ello Leonardo López Luján, el coordinador principal del libro, reconoce en el primer capítulo “que tienen sus referentes en las fuentes históricas del siglo XVI”. El erudito está reconociendo de este modo que lo que los cronistas españoles vieron y registraron en ese siglo está siendo corroborado por la arqueología. López Luján, por supuesto, usa la voz pasiva, “fueron muertos” en lugar del natural “los mataron” en ese capítulo introductorio al escribir sobre las víctimas.

En este página de discusión resumiré algunos de los hechos que los estudiosos del tratado sacan a la luz acerca de cómo los nativos se comportaron antes de un contacto sustancial con los europeos.

El sacrificio humano arroja luz sobre los restos fotografiados por Héctor Montaño: una foto de una ofrenda infantil a Huitzilopochtli que hace unos años Montaño amablemente me envió. El artículo “Huitzilopochtli y el sacrificio de niños en el Templo Mayor de Tenochtitlan” por Leonardo López Luján, Ximena Chávez Balderas, Norma Valentín y Aurora Montúfar (páginas 367 a 394) contiene una sección fascinante bajo el título “Huitzilopochtli: ¿una deidad infantil?” En otra parte del mismo artículo, los autores dicen:

Todo indica que este depósito es la expresión material de una ceremonia sacrificial multitudinaria motivada por la devastadora sequía del año 1 Tochti, correspondiente a nuestro 1454 [A.D.] y consignada en un buen número de anales indígenas. La presencia de la Ofrenda 48 en la esquina noroeste del Templo Mayor coincide plenamente con las fuentes documentales del siglo XVI [páginas 367-368].

Luego corrobora lo que ya sabíamos por otras fuentes:

Durante tales ceremonias [a Tláloc], sujetas al calendario o realizadas en momentos de crisis, los niños eran simbólicamente asimilados a los asistentes enanos y deformes del dios de la lluvia, en tanto que las profusas lágrimas que derramaban al ser inmolados servían como un augurio esperanzador de copiosas precipitaciones. El minucioso estudio que Michel Graulich ha publicado recientemente sobre el sacrificio humano entre los mexicas indica que, por lo regular, los niños elegidos eran regalados o vendidos por sus padres, [mis cursivas] pequeños esclavos ofrecidos por señores y gente pudiente, infantes comprados fuera de la ciudad o hijos de prisioneros de guerra. Hay menciones, además, de que los reyes y los señores responsables en cierta medida del buen funcionamiento de los meteoros, destinaban a sus propios retoños a la téhcatl durante sequías o inundaciones, o para lograr ricas cosechas [páginas 368 y 370].

El artículo incluye análisis tafonómicos en numerosas marcas de corte en las costillas de ambos lados de la caja torácica, así como fracturas perimortem producidos por la misma acción de corte en el cuerpo del niño.

A nuestro juicio, este conjunto de evidencias es suficiente para concluir que el niño de la Ofrenda 111 murió durante una ceremonia sacrificial en la que se extrajo su pequeño corazón [página 378]. No todos los sacrificios de niños estaban vinculados con las divinidades de la lluvia y la fertilidad. Algunos documentos históricos nos revelan que las personas que se encontraban en situaciones de adversidad, que habían perdido su libertad o que sufrían una terrible enfermedad prometían entregar a sus hijos a cambio de su salvación. En otros casos, se cobraba la vida de los infantes justo antes de las confrontaciones bélicas [páginas 381-382].

En las siguientes páginas del tratado los autores mencionan a los cronistas españoles como fuentes complementarias de lo que la arqueología reciente ha descubierto, por ejemplo, los textos de Francisco López de Gómara, Antonio Tello, Diego Durán y Bernardino de Sahagún. Y en la página 345 otro erudito nos permite saber que ofrendas sacrificiales con restos de niños han sido recientemente excavadas, además de en lo que queda del Templo Mayor, en otros edificios sagrados e incluso debajo de la Catedral Metropolitana.

En su artículo, “El sacrificio humano en la parte central del área maya”, páginas 169 a 193 de El sacrificio humano, Stephen Houston y Andrew Scherer escriben:

Los dos suplicantes ofrecen a los bultos entronizados un objeto denominado como “su pie”, yook, tal vez en referencia al andamio de madera que sobresale en la estela de Yaxhá. El nexo con los incendios se aclara con la presencia del incensario atrás del andamio. A diferencia de otros niños sacrificados, el infante parece estar vivo.

El libro incluye imágenes.

Como en varias sociedades mesoamericanas, la imagen de un acto sobrenatural puede funcionar como un modelo básico para los ritos dinásticos. Hay un paralelo en la evidencia del sacrificio por fuego, una tortura con fines mortales, aplicado por un dios a la espalda de otro [...]. La presencia de infantes encima de platos, especialmente en contexto de way [palabra maya] o coesencias de gobernantes mayas, indica que se trata de una “comida” especial. Por lo general, la comida de los way era de una naturaleza muy distinta a la de los seres humanos, con énfasis en manos, ojos, huesos y, en este caso, los suaves cuerpos de los niños.

En la página 182 los autores discuten otros sacrificios mayas:

La presencia de mujeres y niños indica que estos individuos no eran enemigos combatientes y sugiere con fortaleza un contexto sacrificial, aunque quizás uno con significado político más amplio. Varios cráneos de Colhá presentan marcas de cortes finos y sin sanar, de manera particular alrededor de las órbitas de los ojos, lo que sugiere que algunos de estos individuos fueron desollados, ya sea poco antes o poco después de la muerte. El desollamiento de la cara es compatible con las imágenes iconográficas de la decapitación que muestra mutilación sustancial, particularmente de los ojos. Aunque es muy probable que gran parte de ésta ocurrió post mórtem, debemos preguntarnos si al menos algunos de estos traumas fueron infligidos antes de la muerte para maximizar el sufrimiento de aquellos a punto de ser ejecutados.

Los mayas no fueron los únicos asesinos seriales de niños en Mesoamérica. En el primer párrafo de “El sacrificio humano en el Michoacán Antiguo” Grégory Pereira dice que Tariácuri, el fundador del imperio de la cultura purépecha que se desarrolló en el período Posclásico mesoamericano, felicita al destino cuando se entera que su propio hijo sería sacrificado (página 247). Por supuesto, esto me recuerda lo que hizo Nezahualcóyotl con su hijo. Pereira cita la Relación de Michoacán como una fuente creíble de cómo los Michoaques se comportaban antes de la llegada de los españoles.

La Relación afirma que parte de los cautivos, como ancianos y niños, fueron sacrificados por extracción del corazón justo en el lugar de la batalla, y que “los cuerpos de estas víctimas eran cocidos y consumidos en el mismo lugar”.

El sacrificio humano es un libro amplio, de 27 x 21 centímetros con el fin de proveer una visión muy confortable de las muchas imágenes que contiene. En la página 254 Pereira incluye un diagrama que muestra un esqueleto con los puntos que muestran el impacto de la nervadura corta para llegar al corazón durante esos sacrificios, y añade que los que realizaron el ritual eran llamados opítiecha, quienes asían las extremidades de la víctima. Luego añade:

Una vez sacrificado y decapitado, el cuerpo era desmembrado en la casa de los sacerdotes y las diversas partes ofrendadas a los dioses y comidas por los sacerdotes y los señores. Ya vimos también que los que eran sacrificados en el lugar eran comidos por los vencedores [...]. Después del banquete caníbal, los huesos de los sacrificados eran aparentemente juntados y conservados en la casa de los sacerdotes.

En la página siguiente se incluye una ilustración de la Relación que representa el consumo de carne humana. Más tarde, en la página 262, el autor revela que Tariácuri también ordenó el asesinato de otro de sus hijos, Tamapucheca, como castigo por haber escapado de ser sacrificado. Pereira relata que el día siguiente al del sacrificio “revestían la piel de los sacrificados para realizar una danza; se embriagaban durante cinco días”. Es decir, los cadáveres fueron desollados para que los sacerdotes usaran piel humana como ropa. Sobre el simbolismo de la institución sacrificial, en la página 466 Guilhelm Oliver corrobora lo que dije muchas páginas atrás:

Al describir estas ceremonias, los informantes de Sahagún (CF, II-54) nos proporcionan un dato de extrema importancia: “Y el que posee un cautivo no comía la carne de su cautivo. Decía ¿acaso me comeré a mí mismo? Cuando capturaba un cautivo decía es mi querido hijo y el cautivo decía es mi querido padre”. Este texto fundamental manifiesta la identidad entre el guerrero y su cautivo.

Como dije arriba, en 2014, este amplio libro, muy ilustrado con el imprimatur de las instituciones históricas más respetadas de México debiera ser la fuente para este artículo de Wikipedia.

Cesar Tort (discusión) 00:33 8 mar 2017 (UTC)

Plantilla de discutidoEditar

El párrafo inicial es ridículo. Lo que dije en marzo (véase arriba): que las más altas autoridades en el asunto en México han dictaminado que el sacrificio fue un hecho histórico indiscutible, debiera reflejarse en una enciclopedia. Ninguno de los 28 expertos en el tema que publicaron el libro El sacrificio humano citado arriba pone en duda la historicidad del sacrificio en Mesoamérica.

Uno de los artículos que el párrafo inicial enlaza (aquí) proviene de un blog. Sólo compárese esa fuente con la mía, publicada por la Universidad Nacional Autónoma de México y el Instituto Nacional de Antropología e Historia.

Todo el tono del artículo debe cambiar para reflejar lo que los expertos dicen.

Cesar Tort (discusión) 02:59 19 may 2017 (UTC)

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Comparación entre los sacrificios humanos en las culturas precolombinas y el cristianismoEditar

Hacia el final del artículo cita al antropólogo Miguel León-Portilla, quien compara los sacrificios humanos con el de Jesús crucificado. No obstante la equiparación es imposible en el sentido de que, tal y como se desarrolla en el artículo, cuando se habla de sacrificios humanos en las culturas precolombinas, se está hablando de ceremonias rituales específicas con un sentido sacrificial, mientras que la crucifixión de Cristo, en su hecho externo es una ejecución legal después de un juicio. Finaliza afirmando (sin dejar claro si sigue citando a Miguel León Portilla o es opinión personal) "que el propio cristianismo «tiene como base un sacrificio humano y a la vez divino, el de Jesús crucificado, y que ello debe ser tenido en cuenta cuando se pretende profundizar un poco en la significación que ese tipo de ritual ha tenido en muchas otras culturas". La interpretación de la crucifixión como sacrificio puede hacerse en base a una interpretación teológica de los acontecimientos que, por sí mismos, están muy lejos de lo que conocemos de los sacrificios precolombinos. Len Lei (discusión) 19:55 13 may 2021 (UTC)

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