Don Pelayo

Rey de Asturias entre 718 y 737

Pelayo, Pelagius en latín y Belai al-Rumi en árabe (f. Cangas de Onís, 737) fue el primer monarca del reino de Asturias, que rigió durante 19 años hasta su muerte. La historiografía moderna no alberga duda sobre su existencia histórica real y aunque su origen aún sigue siendo controvertido la mayor parte se inclina por asignarle un origen astur.[1]

Pelayo
Príncipe de los Astures
Pelayo en la batalla de Covadonga BNE Mss 2805 f 23r (detalle).jpg
Don Pelayo según una miniatura medieval conservada en la Biblioteca Nacional de España.
Información personal
Reinado 718-737
Nacimiento Desconocido
Fallecimiento 737
Cangas de Onís, Asturias
Entierro Santa Cueva de Covadonga
Predecesor Título creado
Sucesor Favila
Familia
Casa real Astur-leonesa
Padre Duque Favila
Consorte Gaudiosa
Descendencia Véase Matrimonio y descendencia
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Frenó la expansión de los musulmanes hacia el norte, comenzó la Reconquista y se le ha considerado tradicionalmente como el fundador del Regnum Asturorum, aunque recientes investigaciones arqueológicas sugieren que podría haberlo hecho sobre una organización política local previa.[2]

Índice

Las CrónicasEditar

 
Monumento a Don Pelayo en Cangas de Onís, Asturias

Son dos las principales fuentes escritas de la monarquía astur que nos hablan de la existencia de Pelayo. La más extensa de estas crónicas es la llamada Albeldense, texto escrito alrededor del 880 en la corte de Alfonso III. Coetánea a la anterior, y nacida en el mismo medio, es la denominada comúnmente como Crónica de Alfonso III, en sus dos versiones, Rotense y Culta. Sin embargo, constituye un gran acuerdo entre los autores que se han ocupado de ellas las contaminaciones introducidas por sus autores mozárabes. El propósito general de estos relatos era asentar una ficción de continuidad entre el Reino Visigodo de Toledo y el primitivo Reino Astur[3][4]​. Las Crónicas declaran que los reyes astures son descendientes de Leovigildo y Recaredo y tratan de crear una falsa continuidad institucional entre ambas realidades políticas. La moderna historiografía coincide en que la causa final de este fenómeno radica en lo que se denominada neogoticismo que respondía a una red de intereses políticos y al reforzamiento del prestigio personal de Alfonso III[5]​.

  • En la versión Rotense de la Crónica de Alfonso III, Pelayo aparece como un antiguo espatario de Witiza y Rodrigo que huye con su hermana de la dominación musulmana. Pese a su huida, Pelayo, ya en Asturias, entra en estrecho contacto con Munuza, el gobernador musulmán de Gijón. Este, enamorado de la hermana de Pelayo, manda al noble godo a Córdoba de donde Pelayo conseguirá escapar en el 717 y tras un dramático regreso logra ponerse a salvo entre los astures, a los que poco más tarde conseguirá sublevar tras hacerse nombrar su príncipe.,
  • En la versión culta de la Crónica de Alfonso III se prescinde del trasfondo novelesco, aunque no se contradice en lo fundamental, y Pelayo, junto con otros godos de sangre real, se refugia en Asturias tras el 711 y es elegido príncipe. Esta crónica le atribuye una filiación: Pelayo es hijo de Fáfila o Favila, duque de sangre real.
  • La Crónica Albeldense propone una versión diferente de los hechos: Pelayo, expulsado de Toledo por Witiza, se refugia en Asturias. Cuando se produce la invasión musulmana subleva a los astures y acaba con las guarniciones islámicas de la región acantonadas en Gijón, incluyendo a su jefe Munuza.

Los tres textos coinciden en dibujar un personaje legendario que responde a los ideales de los miembros de la comunidad mozárabe refugiados en la corte de Alfonso III, a saber: ser godo (no-musulmán), haber emigrado (no-colaboracionista) y practicar un cristianismo sin concesiones (no-renegado) y son en su mayor parte creaciones literarias[6]​. Se trata de la creación de un "arquetipo político neogoticista" que aporta muy poco o nada al estudio del personaje histórico[7]​.

Lo más insólito, sin embargo, se encuentra en la llamada Crónica mozárabe escrita por el obispo Isidoro en el 754, y por tanto muy cercana temporalmente a los hechos y que pretende ser una continuación de la Historia de los Godos (Historia de regibus Gothorum, Vandalorum et Suevorum) de Isidoro de Sevilla. Sería lógico ver detallados en esta Crónica los acontecimientos por los que un noble godo, supuesto hijo de un supuesto dux godo, reinstaura en el norte la monarquía visigoda de Toledo, convirtiéndose en el sucesor lineal de Rodrigo, pero pese a todo ello el nombre de Pelayo no aparece ni siquiera mencionado, lo cual da a entender que para el obispo Isidoro la formación del nuevo reino de los astures y su Prínceps Pelayo tenían muy poca o ninguna importancia para la historia de los reyes godos.

El estado actual de la cuestiónEditar

El origen astur de PelayoEditar

 
La gruta de Covadonga, refugio de don Pelayo

Es la opción seguida por gran parte de la historiografía moderna[8][9][10][11][12][13][14][15][16][17]​.

 
Don Pelayo en la batalla de Covadonga en una imagen del siglo XII, folio 23 recto del manuscrito 2805 de la Biblioteca Nacional de España. Se trata de una de las copias del Corpus pelagianum del obispo Pelayo de Oviedo efectuada a partir de un prototipo (incluso en las miniaturas) probablemente elaborado en el scriptorium de este obispo Pelayo. La insólita corona responde a modelos de fines del siglo XI, del tipo que lleva el monarca en el centro de las tablas lunares del manuscrito 17 del St. John’s College de Oxford (ca. 1080-1100), como las del Liber testametorum.[18]
  • El antropónimo Pelayo no es germánico (como lo son todos los nombres de los reyes visigodos), sino que deriva del latín Pelagius marino, lo que apunta a un origen hispanorromano del personaje. Por lo demás, dicho nombre era usado con profusión por los habitantes del noroeste de Hispania.
  • Las informaciones proporcionadas por la documentación no cronística hablan de un personaje vinculado a Asturias de antiguo que posee propiedades fundiarias en la región, lo que resulta muy difícil de explicar para un refugiado godo recién llegado desde Toledo. En el testamento de Alfonso III, del año 869,[19]​ el rey Magno dona al presbítero Sisnando la iglesia de Sancta María de Tenciana (Tiñana, Siero) que su tío Alfonso II había obtenido de su bisabuelo, lo que vincula territorialmente a Pelayo con el Castiello de Fozana considerada una de las primeras fortalezas construidas por las élites astures en el s. VI[20]​ tras el colapso romano. Cuando la documentación cronística refiere a los primeros momentos de Pelayo, no lo hace como si de un príncipe godo que restaura el reino perdido de Toledo se tratase, sino como al princeps del Asturorum regnum, si entendemos que lo lógico hubiera sido considerarlo rex del Gothorum regnum Asturae. A principios del siglo IX (812) un texto conocido como Testamento de Alfonso II (Testamentum Ecclesiae Sane ti Salvatoris) expresa la misma idea: Pelayo es rey de los cristianos y astures[21]​.
  • Por su lado, las crónicas árabes, poco o nada interesadas en manipular su ascendencia, atribuyen orígenes astures a Pelayo, y se refieren a él como Belay al-Rumi, esto es Pelayo el romano en alusión a su origen no godo. Al Maqqari habla de un infiel llamado Pelayo, natural de Asturias y añade que con él comienza una nueva dinastía que reina sobre un pueblo nuevo[a]​. Ibn Jaldún concluye que Ibn Hayyan dice que que son descendientes de los godos, mas tal opinión es errónea[b]
  • La elección por los astures rebeldes al nuevo poder invasor de un caudillo militar en el concilium del monte Auseva en el 718, marca con un sello indigenista y popular los orígenes del asturorum regnum. Este legitimismo indigenista de base, que apenas sí asoma en los textos cronísticos desplazado por el neogoticismo oficial, ha dado lugar a recientes interpretaciones históricas que hacen de Pelayo un caudillo local astur elegido en asamblea de jefes de linaje para dirigir la insurrección, y que explican con mayor verosimilitud el paso a la ofensiva de unos astures todavía rebeldes al dominio visigótico en la época de Wamba (680), tal y como recordaban las propias crónicas asturianas Astores et Uascones crebo reuelantes plures vices edomuit et suo imperio subiugauit)[22]​.
  • Es de destacar, que los hechos de su vida transcurren en lugares de culto prerromano. Como su enterramiento en el área megalítica de Abamia que data probablemente del periodo 4000–2000 a. C. o la de su hijo Favila en el dolmen de Santa Cruz[23]​. Estos enterramientos parecen seguir pautas rituales ancestrales de los jefes tribales astures y no guardan relación alguna con las tradiciones visigodas. También el refugio en Covadonga muestra un marcado carácter ritual. Así, el lugar presenta restos del culto a la deva (lit. diosa en céltico) y así se llama el río que salta desde la cueva, en un claro proceso de superposición de cristianización ("la Santina") sobre lugares de culto pagano.
  • Por último no puede dejar de resaltarse el hecho de que la transmisión del poder en el seno de la monarquía asturiana se llevaba a cabo siguiendo reglas de origen celta[24]​, residuos de una anterior estructura matriarcal inimaginable en el derecho sucesorio germánico: así, la mujer a menudo transmitía derechos hereditarios al marido, como sucede en los casos de los reyes Alfonso I y Silo, que acceden al poder gracias a sus esposas Ermesinda y Adosinda, ambas de la familia de Pelayo. Sólo en época posterior, a partir de la derrota de Nepociano a manos de Ramiro I de Asturias, se impone definitivamente la sucesión por línea patrilineal[25]​.

Pelayo como hijo de un supuesto dux AsturiensisEditar

 
Estatua de Don Pelayo en Covadonga, Asturias

Esta hipótesis lanzada a principios de los 90 por los profesores Montenegro (Universidad de Valladolid) y Del Castillo (Universitat d'Alacant) afirma básicamente que Pelayo era godo, hijo del dux asturiensis Favila, y que a raíz de las redes de clientela tejidas por su padre habría sido elegido príncipe por los propios astures en el Concilio del monte Auseva. La teoría parte de una premisa que se da por demostrada: Pelayo era godo. La moderna historiografía admite casi unánimemente la idea de que Don Pelayo era un noble visigodo que se refugió en Asturias y logró convertirse en caudillo de las hasta entonces irredentas tribus del norteñas[26]​, lo cual es completamente falso, al menos desde los estudios realizados por Barbero y Vigil.

Para ello los autores no dudan en manipular de las fuentes árabes: Quién podía ser Don Pelayo? Con toda seguridad un visigodo (Ibn Hayyan en cita de Ibn Jaldun). La referencia es cierta Ibn Hayyan dice que son descendientes de los godos… (Ibn Jaldun), pero oculta deliberadamente la segunda parte y más importante, la propia opinión de Ibn Jaldun …mas tal opinión es errónea. Aquellas fuentes que no apoyan la teoría son directamente ocultadas: un infiel llamado Pelayo, natural de Asturias (Al Maqqari), el sonoro silencio que la Cronica Mozárabe guarda en su historia de los reyes godos, etc..

Ahora bien, sentado que Pelayo era godo ¿de qué manera pudo hacerse con el gobierno de la sociedad “irredenta astur”?. Aquí es donde se lanza la hipótesis basada en la creación entre el 653 y 683 de la nueva circunscripción provincial en Asturias[27]​ a cuyo mando se encontraría un ’’dux asturiensis’’ y en la literalidad de un único pasaje de la más neogoticistas de las Crónicas, la versión culta de la Crónica de Alfonso III, según la cual Pelayo era hijo de Fáfila o Favila, duque de sangre real. Como se ve toda la teoría es una mera intuición que descansa sobre bases muy poco fiables: si existió y ducado de Asturia y si Pelayo era hijo de un duque, Pelayo sería hijo del duque de Asturia que habría sido muerto a manos de Witiza en tiempos del rey Égica, lo que desemboca en una conclusión supremacista y paternalista: los astures iniciarían la rebelión acaudillados por las autoridades visigodas. La teoría ha sido fuertemente criticada por incurrir en graves contradicciones (Isla Frez, 1995): es indiscutible la continuidad institucional del reino de Asturias con respecto al reino visigótico de Toledo (Montenegro y Del Castillo, 1992) / para nosotros es evidente que no hubo continuidad entre el reino visigótico de Toledo y el de Asturias (Montenegro y Del Castillo, 1994)[28]​ y por ignorar completamente los resultados arqueológicos que muestran la ausencia de cualquier huella de implantación goda y abogan por una nula o escasa integración de Asturias al reino toledano[29]

La propuesta de Pelayo hijo del dux Asturiensis Favila ya había sido anteriormente realizada por Eloy Benito Ruano[30]

Rebelión y reconquista de Gigia (actual Gijón)Editar

 
El rey Don Pelayo en Covadonga, de Luis de Madrazo. 1855. (Museo del Prado, Madrid).

Tras la llegada en el año 714 de la expedición de Muza a Asturias, el jefe bereber Mnuza o Munuza fue encargado de las tropas y la administración de la mitad norte peninsular, asentándose al frente de una guarnición musulmana en Gijón,[cita requerida] mientras otras aseguraban el territorio, y otras atacaban a los últimos restos de resistencia. Las familias más importantes de la aristocracia astur, entre ellas la de Pelayo, enviaron rehenes a Córdoba para garantizar la capitulación. Sin embargo, en tiempos del valí Al Hurr (717–718) Pelayo retornó a las montañas de Asturias donde fue elegido princeps o líder de los Astures según una de las crónicas.[31]​ Tras unos años de mutuo hostigamiento, durante el gobierno de Anbasa (722), Munuza envió un destacamento de tropas al refugio de Pelayo en Piloña. El líder astur y sus hombres se refugiaron en el monte Auseva, donde esperaron a las tropas musulmanas, mientras que Munuza ordenaba refuerzos desde la meseta para acabar con la resistencia. Allí les tendieron una emboscada al destacamento musulmán, el cual fue aniquilado. Esta acción bélica se conoce como la batalla de Covadonga.

 
Don Pelayo en el escudo de Gijón

Cuentan las crónicas que, tras la derrota de Covadonga, Munuza salió huyendo con sus fuerzas, probablemente por temor a que la gente de Gijón se uniera a la revuelta o por miedo a que las tropas asturianas que habían derrotado a sus propias tropas le dieran alcance en la ciudad. Tras abandonar la ciudad, Munuza intentó salir de Asturias por el puerto de la Mesa, mientras que las tropas victoriosas de Covadonga hacían marchas forzadas para cortarle la huida hacia la meseta, siendo Munuza y sus tropas nuevamente derrotadas y muerto Munuza en Olalíes, actual concejo de Santo Adriano. Pelayo se apoderó de Gijón sin mayor esfuerzo, una vez que las tropas musulmanas y Munuza habían intentado huir y habían sido aniquiladas en el intento. Al divulgarse por tierras musulmanas la noticia de la toma de Gijón, muchos cristianos se unieron al ejército de Pelayo. El reino de Asturias tuvo como primera capital Cangas de Onís y como segunda Pravia, para pasar a ser Oviedo la capital bajo el reinado de Alfonso II. Como reseña de la importancia de la muerte de Munuza según esta versión, cabe destacar que era el general al mando de las tropas al norte de la península Ibérica y que su muerte se podría considerar de trascendencia dentro del organigrama militar musulmán.

Sin embargo otras crónicas posteriores citan que Munuza consiguió escapar con vida y le sitúan con bastante seguridad puesto a cargo de las tropas bereberes en las zonas fronterizas y de igual geografía montañosa en los Pirineos orientales. Tratados y enlace parecidos con el duque aquitano le llevarían a casar con la hija del duque, tras lo cual, y con la alianza del duque como resguardo, se levantaría en rebelión contra sus superiores árabes en alianza con los francos a la búsqueda quizá de crearse un nicho de poder en el estratégico punto de los Pirineos. Fue suprimido por las tropas del emir en campaña de castigo y para deshacer el peligro que esta posición hubiera supuesto para el al-Andalus recién creado.

Hay que resaltar que los musulmanes estaban más interesados en expandirse por Francia, y avanzar hacia el centro de Europa hasta las batalla de Poitiers (Tours) donde Carlos Martel detuvo su carrera hacia el centro de Europa, que de limpiar la retaguardia de pequeños reinos hostiles que quedaron aislados ante el avance musulmán.[cita requerida]

Primitiva extensión territorial del reinoEditar

Sin embargo, el triunfo de la revuelta no llevó a Pelayo a establecer su corte en Gijón, que era la ciudad más importante de la Asturias bajoimperial, sino que se asentó en Cangas de Onís, situada en las estribaciones de los Picos de Europa: lo inseguro de su situación hacía aconsejable refugiarse en un territorio montañoso que fuera poco accesible para las aceifas musulmanas. Pero una vez que décadas más tarde se consolidara el Reino, la sede regia fue trasladada sucesivamente a Pravia por el rey Silo, esposo de Adosinda, nieta de Pelayo, y, posteriormente, a Oviedo.

En principio parece que el reino de Pelayo se extendía por la llamada Asturias nuclear, que comprendía, al menos, los territorios central y oriental de la actual Asturias, de acuerdo al relato de la Crónica albeldense, que acontece entre la civitate Gegione y Covadonga. Fueron sucesores suyos, como Alfonso I de Asturias o Fruela I de Asturias, los que, fagocitando entidades políticas menores (como los condados de Trasmiera o Sopuerta), extendieron los dominios del reino de Asturias hasta Galicia y Vizcaya.

Muerte y sepulturaEditar

 
Tumba del rey don Pelayo en la Santa Cueva de Covadonga.

El rey don Pelayo falleció en Cangas de Onís, donde tenía su corte, en el año 737. Después de su defunción, su cadáver recibió sepultura en la iglesia de Santa Eulalia de Abamia, situada en la localidad asturiana de Abamia, en la que previamente había sido sepultada su esposa, la reina Gaudiosa. En el lado del Evangelio de dicha iglesia, se conserva en la actualidad el sepulcro, vacío, que contuvo los restos del rey y enfrente, colocado en el lado de la Epístola, se encuentra el que contuvo los restos de la esposa de don Pelayo. El cronista Ambrosio de Morales dejó constancia en su obra de que Alfonso X el Sabio, rey de Castilla y de León, ordenó trasladar los restos del rey don Pelayo y los de su esposa a la Santa Cueva de Covadonga.[32]

En una cavidad natural de la Santa Cueva de Covadonga, e introducidos en un túmulo de piedra, reposan en la actualidad los restos del rey don Pelayo, los de su esposa y los de Ermesinda, hermana del rey. En el sepulcro se encuentra esculpida la siguiente inscripción:[33]

"AQVI YACE EL SEÑOR REY DON PELAIO, ELLETO EL AÑO DE 716 QUE EN ESTA MILAGROSA CUEBA COMENZO LA RESTAVRACION DE ESPAÑA BENCIDOS LOS MOROS; FALLECIO AÑO 737 Y ACOMPAÑA SS M/gEr Y ErMANA"

No obstante lo anterior, numerosos historiadores han cuestionado la autenticidad del traslado de los restos del rey don Pelayo y de su esposa a Covadonga.[32]

Matrimonio y descendenciaEditar

Don Pelayo contrajo matrimonio con Gaudiosa y fruto de su matrimonio nacieron dos hijos:


Predecesor:
Título creado
Rey de Asturias
718-737
Sucesor:
Favila

Véase tambiénEditar

NotasEditar

  1. Al Maqqari: «Cuentan algunos historiadores que el primero que reunió a los fugitivos cristianos de España, después de haberse apoderado de ella los árabes, fue un infiel llamado Pelayo, natural de Asturias en Galicia, al cual tuvieron los árabes como rehén para seguridad de la gente de aquel país y huyó de Córdoba en tiempo de Al-Hurr ibn Abd Al-Rahman Al-Thaqafi, segundo de los emires árabes de Hispania, en el año sexto después de la conquista, que fue el 98 de la hégira [716–717]. Sublevó a los cristianos contra el lugarteniente de Al-Hurr, le ahuyentaron "y se hicieron dueños del país, en el que permanecieron reinando, ascendiendo a veintidós el número de los reyes suyos que hubo hasta la muerte de Abd Al-Rahman III».
  2. Ibn Jaldún: «Estos reyes son de una familia de Galaecia; cierto es que Ibn Hayyan dice que que son descendientes de los godos, mas tal opinión es errónea a mi parecer, pues esta nación había perdido ya el poder y rara vez ocurre que una nación que lo ha perdido llegue a recobrarlo. Era una nueva dinastía que reinaba sobre un nuevo pueblo, pero sólo Dios conoce la verdad».

ReferenciasEditar

  1. Su posible origen local parece más lógico interpretado desde la óptica de su relación con Asturias y, en concreto, con la zona oriental. Lo que no parece verosímil es que el protagonismo fuese llevado a cabo por una nobleza visigoda, instalada no sabemos hasta que punto, en Asturias. Menéndez Bueyes, L. Ramón 1995-96 "Algunas notas sobre el posible origen Astur-Romano de la nobleza en el Asturorum Regnum" en Studia historica. Historia antigua nº 13-14 (págs. 437-455)
  2. Noticia en La Voz de Avilés
  3. La intención de las crónicas es la de considerar a los reyes asturianos como inmediatos continuadores de los reyes de Toledo. Menéndez Pidal, Ramón 1962 "Los reinos de la Reconquista I. El Reino de Asturias" en Historia de España, p. X
  4. La idea fundamental fue la de que el reino astur era una continuación del reino visigodo. Barbero, Abilio & Vigil, Marcelo 1978 "La formación del feudalismo en la Península Ibérica". Colección bibliotéca histórica de España. RBA. Pg 233
  5. A la hora de analizar el carácter de la monarquía astur no debemos dejarnos engañar por las parcas, pero interesadas (neogoticismo) informaciones de las Crónicas asturianas, que tratan de ensalzar la figura real. Menéndez Bueyes, L. Ramón 1995 "Transformaciones y evolución en la Asturias transmontana. De la romanización al reino de Asturias". En Férvedes Nº 2 (pgs. 176-179). Museo De Prehistoria e Arqueoloxía de Villalba. Lugo
  6. Dacosta Martínez, Arsenio F. 1997 "¡Pelayo vive! un arquetipo político en el horizonte ideológico del reino astur-leonés". Espacio, tiempo y forma. Serie III, Historia medieval Nº 10 (89-136). UNED
  7. Dacosta Martínez, Arsenio F. 2004 "Relato y discurso en los orígenes del Reino Asturleonés". Studia historica. Historia medieval Nº 22 (pgs. 153-168). Universidad de Salamanca: Es posible concluir que la construcción del personaje de Pelayo (en las Cronicae) se realiza tanto a través su descripción explícita como mediante la definición de escenarios (geografía, palabras) y de opuestos (los Otros).
  8. Barbero, Abilio & Vigil, Marcelo 1978 "La formación del feudalismo en la PenínsulaIbérica". Colección bibliotéca histórica de España. RBA
  9. Menéndez Bueyes, L. Ramón 1995-96 "Algunas notas sobre el posible origen Astur-Romano de la nobleza en el Asturorum Regnum" en Studia historica. Historia antigua nº 13-14 (págs. 437-455) Su posible origen local parece más lógico interpretado desde la óptica de su relación con Asturias y, en concreto, con la zona oriental
  10. Fernández Conde F. Javier & Benito Ruano, Eloy 1979 "Historia de Asturias IV. La alta edadmedia". Ed. Ayalga
  11. Jiménez García, Ana M. 1991 "La cultura visigoda en Asturias", En Historia de Asturias I (pg. 266). Oviedo
  12. Collins, Roger 1991 "Laconquista árabe (710-191)". Ed. Crítica.
  13. Rodríguez Muñóz J. M. 1990 "Los primeros siglos medievales: El Reino de Asturias". Enciclopedia Temática de Asturias. T. 11 (pg. 112). Gijón
  14. Torrente Fernández Mª Isabel 1990 "La Monarquía asturiana. Su realidad y los relatos históricos". En Historia de Asturias V. III (pgs. 309-324). Oviedo
  15. Mínguez Fernández, José Mª. 1991 "Poder político, monarquía y sociedad en el reino astur-leonés en el período de su configuración". En Estructuras y formas del poder en la historia (pgs. 73-88). Universidad de Salamanca
  16. Dacosta Martínez, Arsenio F. 1992 "Notas sobre las crónicas ovetenses del siglo IX: Pelayo y el sistema sucesorio en el caudillaje asturiano". Studia historica. Historia medieval Nº 10, (pgs. 9-46). Universidad de Salamanca
  17. Isla Frez, Amancio 1995 "Consideraciones sobre la monarquía Astur". En Hispania: Revista española de historia Vol. 55, Nº 189 (pgs. 151-168). Ed. CESIC
  18. Raquel Alonso Álvarez, «El obispo Pelayo de Oviedo (1101-1153): historiador y promotor de códices iluminados», Semata. Ciencias Sociais e Humanidades, 2010, vol. 22, págs. 334-335. ISSN 1137-9669
  19. Risco, Fr. Manuel, España Sagrada, tomo XXX-VII, Madrid, 1789
  20. http://www.elcomercio.es/asturias/201604/26/primera-fortaleza-reino-astur-20160426002958-v.html
  21. Floriano Cumbreño, Antonio 1949 "Diplomática española del período astur" nº 1 doc. 24 (pg. 118). Ed. IDEA, Oviedo
  22. Coronas González, Santos M. 2000 “El orden constitutivo del reino de Asturias (718-910)”. En Anuario de historia del derecho español Nº 70 (págs. 9-36). Ed. M.J.: Estos mismos astures dirigiéndose a un concilium tradicional no parecen incardinarse en la estructura militar de ningún “ducado asturicense” (que, en todo caso, se habría creado a fines del siglo VII para sofocar sus continuas rebeliones), sino, a tenor de las propias crónicas oficiales, como protagonistas de un hecho singular, constitutivo de la nueva monarquía de jefatura, al elegir como príncipe a Pelayo en la línea de su persistente indigenismo.
  23. Jordá Cerdá, Francisco 1962 “Notas sobre la Cultura Dolménica en Asturias” en Archivum Vol 12. Universidad de Oviedo
  24. García Quintela, Marco V. 2002 "La organización socio-política de los Populi del Noroeste de la Península Ibérica". En TAPA: traballos de arqueoloxía e patrimonio Nº 28 (pgs. 16-122): en Hispania estaríamos ante variantes de un sistema sucesorio que cabría calificar como céltico.
  25. Rubio Hernansáez, Luis 1997 "Los astures y los inicios de la Monarquía Astur (Una aproximación)". En Antigüedad y cristianismo: Monografías históricas sobre la Antigüedad tardía, Nº 14 (pgs. 299-322). Universidad de Murcia: Nepociano se convierte en rey siguiendo la misma norma empleada por Alfonso I y Silo. Esto explica que Ramiro tuviera que acudir a Galicia para formar un ejército y nada pudiera esperar de los astures contra el que en justicia era su rey. Ramiro 1 representa el triunfo del elemento godo sobre la tradición indígena.
  26. Montenegro, Julia y Del Castillo, Arcadio 1992 "Don Pelayo y los origenes de la reconquista: un nuevo punto de vista". En Hispania. Revista española de historia vol. 52 (pgs. 5-32)
  27. La existencia de una antigua provincia Asturiensis es aceptada por algunos historiadores del reino visigodo (García Moreno, Luis A. 1989 "Historia de la España Visigoda", Madrid) a raíz de de datos indiciarios: San Valerio del Bierzo escribió su autobiografía en la segunda mitad del siglo VII, el Ordo querimonie, y dice que era originario de la provincia «Asturiensis», lugar de «espesísimas malezas, ásperas y fragosas» (Fernández Pérez, ‎Adolfo y Friera, Florencio 2005 "Historia de Asturias" (pg. 165)). El Anónimo de Rávena, anónimo del siglo VII, señala «Asturia» como una de las ocho (antes sólo eran seis) provincias de Hispania. Las actas del XIII Concilio de Toledo registran la presencia de ocho duces provinciae, dos más que en otras épocas. La Crónica de Alfonso III, en su versión Rotense, dice que los árabes colocaron gobernadores al frente de todas las provincias: «Per omnes prouincias Spanie prefectos posuerunt». Munuza fue el prepósito puesto al frente de la «Asturiensis» (aunque la capital de la Provincia sería Astorga y no Gijón).
  28. Montenegro, Julia y Del Castillo, Arcadio 1994 "Análisis crítico sobre algunos aspectos de la historiografía del reino de Asturias". En Hispania. Revista española de historia vol. 54 (pgs. 397-420)
  29. Gutiérrez González, J. Avelino 2007 "La formación del territorio de Asturias en el período de la monarquía asturiana". En Enciclopedia del Prerrománico en Asturias vol I (pgs. 17-56). Fundación Sta. Mª la Real – CER. Aguilar de Campoo: conflictiva es la aceptación de los ducados de Asturia y Cantabria c. 653-683, con capitales respectivas en Astorica y Amaia al frente de un dux (GARCÍA MORENO, 1974), en relación con la dominación de los territorios norteños por la monarquía toledana. Carecemos de testimonios literarios o arqueológicos que confirmen la dominación efectiva de Asturias. La misma imprecisión de los límites de tales ducados así como la ausencia de huella de implantación goda abogan por una nula o escasa integración. Observamos que en amplias áreas del noroeste, incluida Asturias, la ausencia de impronta de dominio visigodo es total. El silencio –o ausencia– de las fuentes emanadas del poder central (tanto las escritas como las arqueológicas: fundación de iglesias, monasterios, enterramientos, etc.) nos sugiere que la población y los poderosos locales disfrutaron de una relativa autonomía. En ausencia del aparato estatal serían los seniores quienes dirigirían los procesos organizativos de la producción y fiscalización a escala local.
  30. Benito Ruano, E. 1979 "Historia de Asturias", vol. IV, Salinas
  31. Crónica Rotense, 8. Fernández Conde, F.J., Las raíces de la Reconquista. Covadonga. — Historia de Asturias. (La Nueva España) y Barrau-Dihigo, L. (1921): Recherches sur l'historie politique du royaume asturien (718–910).
  32. a b c Arco y Garay, 1954, pp. 128-130.
  33. Valle Poo, 2000, p. 168.
  34. García Villada (1918), p. 115

BibliografíaEditar

  • Arco y Garay, Ricardo del (1954). Sepulcros de la Casa Real de Castilla. Madrid: Instituto Jerónimo Zurita. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. OCLC 11366237. 
  • Barrau-Dihigo, L. (1989). Historia política del reino asturiano (718-910). Gijón: Silveiro Cañada. ISBN 84-7286-273-9. 
  • Blazquez y Delgado-Aguilera, Antonio (1925). «La Crónica de Alfonso III». Estudios de Historia y Critica Medio-Evales. Real Monasterio de El Escorial. 
  • Blazquez y Delgado-Aguilera, Antonio (1926). «A propósito de La Crónica de Alfonso III (Contestación a D. Zacarias García Villada)». Estudios de Historia y Critica Medio-Evales. Real Monasterio de El Escorial. 
  • García Villada, S.I., Zacarías (1918). Textos Latinos de la Edad Media Española - Crónica de Alfonso III. Madrid: Junta para Ampliacíon de Estudios e Investigadores Científicas - Centro de Estudios Históricos. 
  • Valle Poo, Francisco (2000). El solar de un Viejo Reino (Cangas de Onís-Covadonga-Picos de Europa) (1ª edición). Ediciones Nobel S.A. ISBN 84-8459-004-6. 

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