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La relación entre ambos provocó un escándalo en la sociedad bizantina, pues se consideró profana e incestuosa. Además, el origen normando de la emperatriz y sus favorables relaciones con los mercaderes italianos ([[Pisa|pisanos]] y [[Génova|genoveses]]) le ganaron la animadversión de toda la población, que odiaba a los occidentales. El suyo fue, por lo tanto, un trono tambaleante, amenazado por todos lados, cuyo único apoyo eran las repúblicas italianas y los [[mercenario]]s occidentales y [[Georgia|georgianos]] asentados en la capital.
 
Fue inevitable que durante esta regencia se acentuaran tendencias latinófilas del gobierno y el pueblo bizantino atribuyó a esta circunstancia el rápido deterioro de la situación exterior e interior, desatándose por otro lado la latinofobia. Pronto se organizó un complot dirigido por la princesa María, hija del primer matrimonio de Manuel y su marido, el [[César (título)|césar]] [[Rainiero de Montferrato (Bizancio)|Rainiero de Montferrato]], que al igual que la emperatriz, era de estirpe normanda vinculada al [[Reino de Jerusalén]]. ÉstosEstos consiguieron el apoyo del patriarca [[Teodosio Boradiotes]], y sobre todo el del propio Andrónico Comneno, que sentía reverdecer sus ambiciones imperiales al ver la inestabilidad reinante. En [[febrero]] de [[1182]], los conspiradores se pusieron en marcha: planeaban, al parecer, provocar un motín popular, matar al ''protosebastos'' Alejo y formar su propio consejo de regencia.
 
A pesar de que las provincias se sublevaron según lo acordado, el plan fracasó, ya que el intento de asesinato fue descubierto y los conspiradores de Constantinopla arrestados. El César y su esposa se encerraron en [[Iglesia de Santa Sofía|Santa Sofía]] con el patriarca y muchos simpatizantes (incluso mercenarios), donde resistieron durante dos meses. El favorito de la Emperatriz ofendió al pueblo aún más al intentar profanar el santuario, por lo que finalmente se concedió una amnistía para la pareja a cambio de su rendición. María de Antioquía se vio obligada a perdonar a los conspiradores, pero en su inseguridad pidió a su cuñado, Bela III de Hungría, que viniese en socorro suyo. El Patriarca, pese a ser respetado por todos, fue depuesto, cosa que avivó el descontento contra los regentes.
Fue el administrador más capaz de toda su dinastía. Gracias al aumento de los ingresos del Tesoro, pudo hacer frente a las múltiples dificultades que surgieron durante su breve reinado. Produjo también una gran impresión sobre los contemporáneos la supresión de la costumbre ampliamente difundida de saquear barcos naufragados. A este pésimo hábito -que sus antecesores habían combatido en vano- puso fin Andrónico al dar la orden de que los culpables fueran colgados de los mástiles de los barcos saqueados.<ref>Nicetas Coniates, 423 y ss.</ref> Fue su convicción inquebrantable que ''no hay nada que los emperadores no puedan remediar ni tampoco injusticia alguna que no puedan erradicar con su poder''.<ref>Nicetas Coniates, 424.</ref>
 
El Comneno no sólo estaba en malas relaciones con la nobleza provincial, sino que tampoco soportaba a sus parientes imperiales. ÉstosEstos odiaban su estilo [[Autocracia|autocrático]] y envidiaban su posición. El Emperador sólo podía contar con un círculo de agentes y consejeros, aunque trató de crearse un partido favorable entre el proletariado de la capital practicando la [[demagogia]], el [[populismo]] y las ventajas de su honesta administración. A sus hijos les dijo que:
 
{{cita|Si antes pudimos tratar con [[Titán (mitología)|titanes]], también podremos ahora tratar con [[pigmeo]]s.|}}
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