Juan del Águila (trinitario)

Juan del Águila (Ávila, 5 de febrero de 1563 - Argel, 5 de junio de 1613) fue religioso de la Orden de la Santísima Trinidad, en la que tuvo el oficio de redentor general y como tal participó en una redención en Argel junto a Bernardo de Monroy y Juan de Palacios, siendo el primero de los tres en morir en las mazmorras de la ciudad.

Juan del Águila
Martires de Argel.jpg
Mártires de Argel, vidriera
Información personal
Nacimiento 5 de febrero de 1563
Ávila
Fallecimiento 5 de junio de 1613
Argel
Nacionalidad Español
Información profesional
Título Religioso y redentor general de la Orden de la Santísima Trinidad
Orden religiosa Orden Trinitaria Ver y modificar los datos en Wikidata

Notas biográficasEditar

Juan del Águila nació en Ávila el 5 de febrero de 1563. Su familia lo hizo entrar al servicio del Marqués de las Navas, D. Pedro Dávila y Córdoba, pero huyó a Cuenca para hacerse trinitario. Allí tomó el hábito religioso el 25 de marzo de 1583, cuando contaba con 20 años. Estudió Artes y filosofía en Toledo, y teología en Salamanca, enseñando después en ambas facultades hasta obtener el grado de Presentado. Fue especialmente conocido por guardar en grado de perfección los votos religiosos y las reglas de su profesión, llevando una vida austera y rigurosa. Por humildad rehusó los oficios que le ofrecían. Fr. Diego Monzón vio y notó con cuidado que el dicho P. Águila ayunaba continuamente los viernes y sábados de todo el año, y esto con muy moderada comida.[1]

A finales de 1595 pasó a Argel como predicador, junto a fr. Juan Sanz que iba como Vicario, para administrar los sacramentos a los cautivos y redimir niños y niñas, en cumplimiento de la obra pía que había fundado el obispo de Sigüenza D. Lorenzo Suárez de Figueroa y Fernández de Córdoba.[2]​ Acompañaban en su viaje a los religiosos trinitarios Juan de Palacios y Antonio Serrano, que iban a realizar una redención en Argel. Juan del Águila permaneció en Argel siete años, y en ese tiempo sufrió persecuciones y finalmente la expulsión, al considerarlo expía secreto. En el testimonio que en su proceso dio fr. Martín Galindo, que lo tuvo por maestro de novicios, encontramos estas palabras:

No sólo hizo grandes rescates de cautivos cristianos, sino que bautizó a muchos niños de renegados, con peligro de su vida... Y por esta causa le hicieron muchos malos tratamientos y le dieron dos estocadas en las espaldas, cuyas señales vio su Paternidad; y éstas se las dieron llevándole a quemar vivo, aunque no se ejecutó, por haberle sentenciado a hacer de él esta justicia dos veces, porque bautizaba a los hijos de los renegados. Los cuales, con sus padres, firmes en la fe católica por la predicación del dicho bienaventurado P. Águila, se vinieron a esta corte de Madrid, donde su Paternidad los vio; y públicamente confesaban que se habían convertido por la predicación del dicho P. Águila y le invocaban por santo.[3]

De regreso en España estuvo algún tiempo en Toledo, para pasar después a Madrid como Maestro de Novicios. En 1609, tres días antes de partir la nueva redención que se había formado para ir a Argel, fr. Diego de Monzón, que había sido nombrado Redentor por el Capítulo Provincial de Castilla tres años antes, renunció inesperadamente.

Redención de 1609 y martirioEditar

El 28 de diciembre de 1606 el Consejo Provincial de Castilla de la Orden Trinitaria acordó la realización de una redención en Tetuán, para la que designó a los religiosos Bernardo de Monroy, Juan de Palacios y Diego de Monzón como Redentores. Diversos acontecimientos hicieron que el Consejo Real cambiara el lugar de la redención, que se había de realizar finalmente en Argel, ya que en Tetuán había pocos cautivos españoles. Pero el 15 de enero de 1609, tres días antes de partir hacia Valencia, fr. Diego de Monzón renunció al oficio de Redentor. Mucho se rumoreó el caso. Lo cierto es que fr. Juan del Águila, habiéndose enterado de que Diego de Monzón iría finalmente a Argel, le escribió una carta a su convento de Cuenca pidiéndole que desistiese del nombramiento, por la pretensión que tenía (él) de ir al rescate y padecer por Jesucristo. Monzón respondió que lo tratase con el Ministro Provincial, y fr. Juan se dirigió al Provincial que exigió una renuncia formal de fr. Diego de Monzón. Juan del Águila no cuidó en detalles y salió de Madrid a Cuenca, se postró a los pies de Monzón y le pidió con lágrimas que se apartase del nombramiento, porque deseaba mucho padecer por Jesucristo. Así es como tres días antes de partir desde Madrid del Águila formó parte del pequeño grupo de redentores de la Provincia de Castilla.[4]

Cuando llegaron a Valencia fueron recibidos por las autoridades con música y mucha solemnidad. Juan del Águila y Juan de Palacios se quedarían en Argel una vez realizada la redención para asistir a los cautivos, en cumplimiento de la obra pías de D. Lorenzo Suárez de Figueroa y Fernández de Córdoba, obispo de Sigüenza, Bernardo de Monroy regresaría con los cautivos rescatados, ya que era el único sin experiencia de los tres. La travesía hasta Argel fue muy accidentada, además de las tormentas que les obligaron a tomar refugio en el puerto de Ibiza, fueron atacados por piratas, pero finalmente, tras hacer valer los salvoconductos que portaban, desembarcaron en Argel el 1 de abril. Pasada la octava de Pascua comenzaron a vender las mercancías y a tratar los rescates. Hasta mediados de mayo de 1609 rescataron 130 cautivos cristianos, 69 de ellos liberados directamente del fondo de redención del Condestable de Castilla.[5]

Una vez concluida la redención y pagados todos los derechos de embarcación y salida de la ciudad, Monroy se disponía a regresar a España con los cautivos liberados el 13 de mayo, y por su parte Juan del Águila y Juan de Palacios se quedaron en casa de unos mercaderes castellanos. Se presentaron en la casa unos guardias para llevarlos ante el Duán, o Consejo de Gobierno. Allí se reunieron los tres religiosos y les comunicaron su detención como prisioneros. El motivo era que Fátima, una niña de unos 10 años, hija de Mamet Axá, un poderoso turco de la ciudad, había sido tomada cautiva por los genoveses y tras rescatarla en Livorno, llegó noticia de que la habían obligado a bautizarse en Calvi, puerto de Córcega, de manos del obispo de Saona. El Duán había decidido retener a los tres redentores trinitarios, revocando la libertad otorgada a los 103 cautivos, y obligando a que Bernardo de Monroy tramitara la entrega de la niña. No estaba en la mano de los redentores trinitarios esa embajada, y el sábado 16 de mayo fueron encarcelados en el Baño del Rey, donde recibieron malos tratos, estrechas prisiones y mal comer. La presión diplomática fue grande durante el cautiverio de los tres religiosos. Todos los gobiernos cristianos de Europa y el mismo papa, escribieron numerosas cartas a las autoridades musulmanas de Argel y del Imperio Otomano para que se liberara a los religiosos y a los cautivos por los que se había pagado el rescate. Pero todo resultó vano.

En los años de prisión desarrollaron un importante trabajo con los cautivos, ayudándoles a mantener la fe y a resistir las pruebas. Administraban los sacramentos y les curaban de sus heridas. Incluso, con permiso del Bajá, fundaron un hospital en el interior de las mazmorras en 1612, que incluía un pequeño aposento a modo de iglesia con el título de la Santísima Trinidad. Al frente del hospital estaban un médico-barbero natural de Lavaxos y un enfermero, Pedro de Torres Miranda, natural de Madrid que después fue quemado vivo por no renegar de su fe.

Desde la prisión continuaron su labor redentora e hicieron llegar a tierras cristianas a muchos cautivos. En carta de 9 de enero de 1613 Monroy habla de 58 rescatados, y en otra de 29 de abril de 1615 habla de más de 400. El dinero lo recibían de los trinitarios de Madrid, en especial de Simón de Rojas que como Ministro Provincial de Castilla les envió en una ocasión 60.000 reales y en otra 22.000 reales.

Los tres murieron de muerte natural, tras sufrir innumerables penalidades y malos tratos. Juan de Palacios murió el 20 de septiembre de 1616 y Bernardo de Monroy fue el último en morir, el 31 de julio de 1622. El primero en morir fue el más joven de los tres, fr. Juan del Águila, el 5 de junio de 1613. Había mostrado siempre una gran serenidad, no dejaba de animar a otros, con palabras o con el ejemplo. Sufrió vejaciones y palizas por parte de sus carceleros pero nunca le oyeron quejarse. Su débil salud le llevó finalmente a la muerte. El Duán no permitió que lo enterraran hasta pasados dos días, con la intención de hacer que los demás cautivos pidieran que se llevaran el cuerpo, pero no lo consiguió. Durante nueve días celebraron en Argel sus exequias y Bernardo de Monroy pronunció una oración fúnebre que conocemos parcialmente.

Cuán ciertos podemos estar del descanso que goza el celosísimo P.Fr. Juan del Águila, fidelísimo compañero de nuestros trabajos y conmilitón de nuestras cadenas, su religiosa vida y su buena muerte nos lo aseguran. Bien quisiera, cristianos míos, dejar lo que resta del sermón por el temor que tengo de no poderlo concluir, porque, como era tanto el amor que le tenía, me ha sido imposible encubrir del todo la ternura de mi corazón, aunque he hecho mis diligencias para reprimir las lágrimas...

Todos sabéis que, llevado de mucha caridad, celo de la honra de Dios y de su santa fe católica, había estado en esta ciudad de Argel, antes de esta tribulación, siete años, predicando, confesando y alentando en sus penas y trabajos a los cautivos. También es notorio a todos cuántos oprobios e injusticias le hicieron, cuántas bofetadas y heridas le dieron los enemigos de Dios, y cuántas veces lo arrastraron de las barbas; con cuánta paciencia lo toleró todo por el amor de Dios y de sus prójimos...

¡Oh Dios santo! ¡Oh Cristo mío! ¡Oh dulcísimo Jesús! ¿Cómo, dulce Esposo de las almas, nos has privado de tal compañía? ¿Por qué nos habéis dejado tan huérfanos, solos y tristes en medio de tan crueles enemigos? Acordaos, Señor, de la merced que hicísteis a uno de tus profetas, preparándole una frondosa yedra que lo defendía de los rigores del sol y al mismo tiempo era refrigerio en sus trabajos. Y aunque es cierto que un gusanillo hirió aquella frondosa planta y se secó; también lo es que a tan gran profeta no le desamparaste en su necesidad. Pero ahora, Señor, que nos habéis quitado tal padre, tal compañero y amigo, y tan frondosa yedra que nos hacía sombra, ¿qué haremos? ¿Qué será de nosotros? ¿Quién será medianero para que no castigues con mano airada nuestros pecados? ¿Es posible que murió el P. Águila y lo tenemos enterrado en los campos de Argel? Sí, muerto es; voló su purísima alma de su virginal cuerpo. Ya no le vemos decir misa con tanta ternura de corazón como la decía; ya no lo veis en el confesionario, aplicandoos sagradas medicinas. Ya no lo veo, almas cristianas, rezar con nosotros el Oficio Divino y ejercitarse en tantos caritativos empleos. ¿Dónde estás, padre amado? ¿Dónde te desapareciste, religiosísimo Padre mío? ¿Cómo nos dejaste tan presto? Porque placita erat Deo anima illius. Allá está en el cielo, gozando de Dios su purísima alma. Cesen ya las lágrimas, cristianos míos; cesen ya los lamentos y sollozos, porque tenemos en el cielo un fidelísimo abogado que interceda por nosotros. Águila era generosa, que pedía las alturas; no era águila bastarda que tenía su comercio en la tierra, en el cielo tenía su conversación, como dice el Apóstol. Águila era, de la antiquísima y nobilísima familia y linaje de la ciudad de Ávila, tenía que volar a lo alto; y fue tan rápido su vuelo, que la perdimos de vista, e hizo su nido en el empíreo.[6]

Enlaces externosEditar

Fuentes bibliográficasEditar

  • D. Gaspard, Histoire véritable de ce qui s'est passé en Turquie pour la délivrance des chrétiens captifs depuis l'année 1609 (Paris 1613) BNational de Paris 8º LK8 181
  • Juan de Figueras Carpi, Chronicum Ordinis SSmae. Trinitatis (Verona 1645)
  • B. Porres, Testigos de Cristo en Argel (Córdoba 1994)
  • B. Porres, Libertad a los cautivos (Córdoba 1997)

Notas y referenciasEditar

  1. Proceso Informativo para la canonización, testº 11: Archivo Histórico de San Carlo alle Quatto Fontane, Roma, Ms. 52, 37r.
  2. B. Porres, Testigos de Cristo en Argel (Córdoba 1994) 34-35
  3. Proceso Informativo (testº 12) 40v-41r
  4. Proceso Informativo, testº7: Ms 52,29v-30r
  5. AHN, Nobleza, Frías 89/42 a 89/46.
  6. Francisco Vega y Toraya, Crónica de la Provincia de Castilla. León y Navarra del Orden de la Santísima Trinidad... (Madrid 1720-29) Tomo III 19-21


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