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Literatura y enteógenos

A lo largo de la historia de la humanidad, muchos autores literarios han tenido una relación estrecha con sustancias enteógenas que les ha marcado tanto su vida como su obra artística. Su vida como su obra han sido estudiadas desde la academia como fuera de ella.[1]

Dentro de las sustancias enteógenas que provocan los estados expandidos de consciencia que han utilizado los escritores se encuentran el opio, la mescalina, la ayahuasca y el LSD. Albert Hofmann, que sintetizó por primera vez la molécula del LSD en 1938 a partir del hongo del cornezuelo del centeno, creía en el uso por intelectuales y artistas de estas sustancias por su potencial visionario. A partir de su descubrimiento y el redescubrimiento de la mescalina muchos autores como Huxley, Michaux y Jünger empezaron la utilización de estas sustancias y publicaron libros y ensayos sobre sus experiencias. [2]

Según Marta Herrero Gil (2012):[3]

En Inglaterra y en Francia, los escritores empezaron a tomar drogas en sus exploraciones literarias a principios del siglo XIX, coincidiendo con el inicio de la experimentación química que dio como resultado, en Europa, el aislamiento de los alcaloides de algunas sustancias, y la entrada en contacto, fruto del Imperialismo, con culturas lejanas habituadas a tomar opio o hachís. El resultado fue el nacimiento de un tipo específico de literatura, la literatura drogada, denominada así por el historiador italiano Alberto Castoldi1, para quien esta noción se origina en la experiencia con drogas de un autor y en su voluntad y acción de expresar al mundo exterior las modificaciones que la sustancia ha producido en él. Habría además, otra literatura vinculada a las sustancias, pero provocada por la reflexión consciente del autor sobre ellas y la manifestación de una opinión.
Marta Herrero Gil

Hoy en día se continúan publicando libros inspirados en el uso de sustancias enteógenas al mismo tiempo que se sigue estudiando la relación entre los estados alterados de consciencia y las sustancias que los provocan en las sociedades contemporáneas.

Obras clásicas del géneroEditar

  • De Quincey, Jean (1822). Confesiones de un inglés comedor de opio.[4]
  • Gaultier, Théophile (1846). El club de los hachichinos.[5]
  • Baudelaire, Charles (1860). Los paraísos artificiales.
  • Boissière, Jules (1896). Fumadores de opio - Cómicos ambulantes, Los espíritus del monte Tan-Vien y otros relatos.[6]
  • Jünger, Ernst (1939). Sobre los acantilados de mármol.[7]
  • Artaud, Antonin (1948). Viaje al país de los tarahumaras.[8]
  • Huxley, Aldous (1954). Las puertas de la percepción.[9]
  • Huxley, Aldous (1956). Cielo e infierno.[10]
  • Michaux, Henri (1956). Miserable milagro (La mescalina).[11]
  • Michaux, Henri (1966). Las grandes pruebas del espíritu y las innumerables pequeñas.[12]
  • Burroughs, William (1959). El almuerzo desnudo.
  • Jünger, Ernst (1970). Acercamientos. Drogas y ebriedad.[13]
  • Burroughs, William y Allen Ginsberg (1963). Las cartas de la ayahuasca.
  • Wolfe, Tom (1968). Ponche de ácido lisérgico.
  • Cocteau, Jean (1969). Opio - Diario de una desintoxicación.
  • Calvo, César (1981). Las tres mitades de Ino Moxo y otros brujos de la amazonía.
  • Wasson, Gordon (1983). El hongo maravilloso: Teonanácatl.

FragmentosEditar

Los paraísos artificialesEditar

[…] Los sentidos adquieren una finura y una agudeza extraordinarias. Los ojos alcanzan el infinito. Los oídos perciben los sonidos más tenues en medio de los ruidos más agudos. Comienzan las alucinaciones. […] Los sonidos tienen color, los colores tienen música. […] Un intervalo de lucidez os permite con gran esfuerzo mirar el reloj. La eternidad ha durado un minuto. […] Todos los problemas filosóficos están resueltos. Todas las arduas cuestiones contra las cuales se baten los teólogos, desesperantes para la humanidad que razona, son límpidas y claras. Toda contradicción se hace unidad.
Charles Baudelaire, Los paraísos artificiales, 1860

México y viaje al país de los tarahumarasEditar

El peyotl conduce al ser de vuelta a su verdadera fuente. Cuando alguien ha experimentado tal estado visionario, es imposible para uno confundir la mentira con la verdad como antes.
Antonin Artaud, México y viaje al país de los tarahumaras, 1948

Las grandes pruebas del espíritu y las innumerables pequeñasEditar

Iluminación: contemplación absolutamente no apropiadora, que solamente recibe, absolutamente no conquistadora, absolutamente tranquilizante, desegoizante, que ciega las pequeñas discriminaciones en favor de una clarividencia vasta e insólita.

La inteligencia de las distinciones suplantada de modo sorprendente.

El espíritu de desvalorización totalmente desaparecido. Interés desinteresado. Pero la variedad innumerable del mundo bien debe estar ahí, a pesar de los pesares… Sólo lo está si queremos apropiarnos, clasificar, delimitar, determinar.

Ahora ya nos encontramos más allá.

Sabiduría no profana. No utilizable.

El absoluto: la auténtica no-violencia.
Henri Michaux, Las grandes pruebas del espíritu y las innumerables pequeñas, 1966

Acercamientos: drogas y ebriedadEditar

Hemos empezado a construir la casa por el tejado: Europa, Oriente, México. En primer lugar, el goce puro con sus ventajas y peligros, después la aventura con sus regiones fantásticas, estéticas y espirituales, finalmente acercamientos, por los que, en el pasado, hubiéramos corrido el riesgo de ser quemados o venerados y para los que nos ahorramos los nombres. La palabra cristaliza.

[…] Paseaba arriba y abajo, me acomodaba en el sillón y observaba los libros. Los lomos se alzaban como torres – no era consciente de cuánta energía se ocultaba aquí. Que estuvieran estampados, que exhibieran frontispicios y textos, era irrelevante, era simple reflejo, sombra platónica de un poder espiritual. La autoría era un préstamo mínimo limitado en el tiempo.

No siempre podía ver así el fenómeno, ni siquiera el simple fenómeno. Es bueno que nuestra percepción lo filtre, que nuestros sentidos lo dividan, que la palabra lo fije. Pasé a la otra habitación, donde estaba el hijo sentado a la mesa; habían acabado de comer. La mujer cruzó la puerta con gesto de sacerdotisa, las manos entrecruzadas sobre el pecho. Las mangas colgaban hasta el suelo. Estaba de pie, clara, en un marco oscuro; yo la vi en su menester y en su cargo, vi también el animal totémico del sol, así como había visto los libros.
Ernst Jünger, Acercamientos: drogas y ebriedad, 1970

BibliografíaEditar

Ver tambiénEditar

ReferenciasEditar

  1. Jorge Luis Tercero (10 de octubre de 2016). «Encuentro académico sobre arte, literatura y drogas, en el MUAC». Consultado el 19 de noviembre de 2016. 
  2. Méndez López, Matías (16 de junio de 2013). «Psicofármacos y Espiritualidad: La Investigación con Sustancias Psicodélicas y el Surgimiento del Paradigma Transpersonal». Journal of Transpersonal Research. ISSN 1989-6077. Consultado el 19 de noviembre. 
  3. Herrero Gil, Marta (2012). El imaginario de las drogas en los modernistas hispanoamericanos. Conciencia de separación y búsqueda de la unidad. Madrid (España).: Departamento de Filología Española IV, Facultad de Filología, Universidad Complutense de Madrid. 
  4. De Quincey, Thomas (1822). Confesiones de un inglés comedor de opio [Confessions of an English Opium-Eater] (en inglés). Londrés. 
  5. Gaultier, Théophile (1846). El club de los hachichinos. [Le Club des hachichins] (en francés). Paris. 
  6. Boissière, Jules (2005) [1896]. Fumadores de opio - Cómicos ambulantes, Los espíritus del monte Tan-Vien y otros relatos. [Fumeurs d'opium, comédiens ambulants, les génies du mont Tân-Vien et autres nouvelles] (en francés). Valencia, España: Pre-Textos. ISBN 9788481916744. 
  7. Jünger, Ernst (2008) [1939]. Sobre los acantilados de mármol. [Auf den Marmorklippen] (en alemán). Tusquets Editores. ISBN 9788483830819. 
  8. Artaud, Antonin (1948). Viaje al país de los tarahumaras. [D'un voyage au pays des Tarahumaras] (en francés). Paris: Fontaine, coll. «L'Âge d'or». 
  9. Huxley, Aldous (1954). Las puertas de la percepción. [The Doors of Perception] (en inglés). 
  10. Huxley, Aldous (1956). Cielo e infierno. [Heaven and Hell] (en inglés). 
  11. Michaux, Henri (1956). Miserable milagro (La mescalina). [Misérable miracle (La mescaline).] (en francés). 
  12. Michaux, Henri (1966). Las grandes pruebas del espíritu y las innumerables pequeñas. [Les grandes épreuves de l'esprit et les innombrables petites.] (en francés). 
  13. Jünger, Ernst (2000) [1970]. Acercamientos. Drogas y ebriedad. [Annäherungen. Drogen und Rausch] (en alemán). Tusquets Editores. ISBN 9788483107195.