Real Expedición Filantrópica de la Vacuna

Expedición para la difusión global de la vacuna de la viruela, 1803-1810

La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, también conocida como Expedición Balmis en referencia al médico español Francisco Javier Balmis, fue una expedición de carácter filantrópico que dio la vuelta al mundo y duró desde 1803 hasta 1806. Su objetivo era en principio que la vacuna de la viruela alcanzase todos los rincones del Imperio español, ya que la alta mortandad del virus estaba ocasionando la muerte de miles de niños.

El rey Carlos IV apoyó y sufragó con fondos públicos al médico de la corte, el doctor Balmis, en su idea de una vacunación masiva de niños a lo largo del imperio, ya que su propia hija, la infanta María Teresa, había fallecido a causa de la enfermedad.

Se considera la primera expedición sanitaria internacional de la historia.[1]​ Se puede entender globalmente como «una caravana infantil con rumbo al Nuevo Mundo para transportar la vacuna y prevenir las epidemias de viruelas. Dando como resultado uno de los viajes más extraños que tiene como protagonista a la medicina y a la ciencia en el siglo XIX».[2]

IniciosEditar

Antes de que se descubriera la vacuna propiamente dicha, gracias a la cual se ha conseguido erradicar la viruela, se utilizaba una técnica conocida como variolación. Consistía en extraer, a una persona que estuviera ya en la última fase de la enfermedad, líquido de sus pústulas e inoculárselo a otra persona, mediante una incisión hecha en el brazo. El receptor se infectaba, pero rara vez moría, al recibir una dosis reducida de virus.

En 1796 durante el momento de mayor extensión del virus de la viruela en Europa, un médico rural inglés, Edward Jenner, observó que las ordeñadoras de vacas lecheras adquirían ocasionalmente una especie de «viruela de vaca» o «viruela vacuna» (cowpox) por el contacto continuado con estos animales, y que era una variante leve de la mortífera viruela «humana», contra la que quedaban así inmunizadas. Adaptó le técnica de la variolación, extrayendo el líquido de las pústulas de la ubre de una vaca enferma para inoculárselo a James Philips, un niño de 8 años. El pequeño mostró síntomas de la infección de viruela vacuna, pero mucho más leve, y no murió. El resto de los niños inoculados respondieron sorprendentemente bien y quedaron inmunizados contra la viruela humana. Pero Jenner hizo otro importante descubrimiento: se dio cuenta de que esta infección podía transmitirse de una persona a otra. En el lugar en el cual se había introducido el líquido, el receptor desarrollaba pústulas; y el líquido que se acumulaba podía extraerse y emplearse para administrar nuevas vacunas.

Lo que resultaba difícil en aquella época era mantener en condiciones el suero de vacunación, que solo surte efecto mientras estén activos los virus que contiene. Hoy tenemos cámaras de refrigeración, pero entonces, para lograr que se conservara tan solo unos diez días, lo que se hacía era empapar algodón en rama con el fluido, situarlo entre dos placas de vidrio y sellarlo con cera. Esto era lo que se hacía en Europa; pero cruzar el Atlántico suponía saltarse, con mucho, la fecha de caducidad. En América no había vacas con las que se pudiera practicar la variolación. Y era justamente a América a donde el rey de España Carlos IV, que había perdido a una de sus hijas , María Teresa (1791-1794), por la viruela, quería llevar la vacuna. Esta había llegado a España en 1800, concretamente a Puigcerdá, de la mano del doctor Francisco Piguillem i Verdacer.[3][4]​ Francisco Javier de Balmis, alicantino y médico de corte, tradujo al español el libro del francés Jacques-Louis Moreau de la Sarthe, en el cual se detallaba el procedimiento para vacunar.

Cinco años después de la publicación de este descubrimiento, en 1803, Carlos IV, aconsejado por Balmis, mandó organizar una expedición para extender la vacuna a todos los dominios de Ultramar (América y Filipinas). La intención no era solamente vacunar a la población local, sino establecer juntas de vacunación en las ciudades visitadas que garantizasen la conservación del fluido y la vacunación a las generaciones futuras. En 1805 se promulgó una real cédula mandando que en todos los hospitales se destinase una sala para conservar el fluido vacuno.

Pues bien, el principal problema que se le planteaba a Balmis, a quien se le confió esta misión, era cómo conseguir que la vacuna resistiese todo el trayecto en perfecto estado.. La solución se le ocurrió al mismo Balmis, y podría denominarse transporte humano en vivo. Iría a bordo un grupo de personas no vacunadas. A dos de estas se les inocularía el virus y se los separaría del resto. Hacia el final del proceso patológico se les extraería líquido de sus pústulas, destinado a las siguientes dos personas, y así sucesivamente hasta llegar a Sudamérica. No se buscaron voluntarios para esta cadena humana de virus; Balmis optó por llevar consigo 22 niños huérfanos (expósitos) de entre tres y nueve años.[5]

DesarrolloEditar

 
Recorrido de la expedición.

La operación comenzó con el flete del navío María Pita que llevaba a los veintidós niños; Balmis, prestigioso cirujano; dos médicos asistentes, dos prácticos, tres enfermeras y la rectora del orfanato Casa de Expósitos de La Coruña Isabel Zendal Gómez.[6]

El 30 de noviembre de 1803 zarpó el navío con 37 personas desde el puerto de La Coruña. Entre los veintidós niños había seis venidos de la Casa de Desamparados de Madrid, otros once del Hospital de la Caridad de La Coruña y cinco de Santiago. La vacuna debió ser llevada por niños que no hubieran pasado la viruela, y se transmitió de uno a otro cada nueve o diez días. Niños entre los que se encontraba el propio hijo de Isabel, Benito Vélez, de nueve años, y Andrés Naya (8 años), Antonio Veredia (7 años), Cándido (7 años), Clemente (6 años), Domingo Naya (6 años), Francisco Antonio (9 años), Francisco Florencio (5 años), Gerónimo María (7 años), Jacinto (6 años), José (3 años), Juan Antonio (5 años), Juan Francisco (9 años), José Jorge Nicolás de los Dolores (3 años), José Manuel María (6 años), Manuel María (3 años), Martín (3 años), Pascual Aniceto (3 años), Tomás Melitón (3 años), Vicente Ferrer (7 años), Vicente María Sale y Bellido (3 años) y un niño más que falleció durante el viaje.[7]

 
El María Pita, navío fletado para la expedición, partiendo del puerto de La Coruña en 1803 (grabado de Francisco Pérez).

Las normas de la expedición indicaban claramente el cuidado que los niños debían recibir. Ninguno de ellos regresó a Galicia.

[...] Serán bien tratados, mantenidos y educados, hasta que tengan ocupación o destino con que vivir, conforme a su clase y devueltos a los pueblos de su naturaleza, los que se hubiesen sacado con esa condición.
Normas que regulaban cuestiones de la Real Expedición

Cada niño recibió un hatillo que contenía dos pares de zapatos, seis camisas, un sombrero, tres pantalones con sus respectivas chaquetas de lienzo y otro pantalón más de paño para los días más fríos. Para el aseo personal: tres pañuelos para el cuello, otros tres para la nariz y un peine; y para comer: un vaso, un plato y un juego completo de cubiertos.[8]

La misión consiguió llevar la vacuna hasta las islas Canarias, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Nueva España, las Filipinas y China.[9]​ El barco llevaba instrumental quirúrgico e instrumentos científicos, así como la traducción del Tratado práctico e histórico de la vacuna, de Moreau de la Sarthe, para ser distribuido por las comisiones de vacunación que se fundaran.

La expedición llegó a Santa Cruz de Tenerife, donde pasó un mes vacunando, y salió de Canarias el 6 de enero de 1804, llegando a Puerto Rico el 9 de febrero de 1804. No se necesitó vacunar a la población de Puerto Rico ya que la vacuna fue llevada a la isla desde la colonia danesa de Santo Tomás. El 26 de mayo de 1804 llegó al puerto de La Habana, quedando sorprendidos al observar que la vacunación contra la viruela ya había sido llevada a cabo gracias a la actividad de Tomás Romay.

Capitanía General de VenezuelaEditar

La expedición se dividió en La Guaira:

Nueva España (1805)Editar

En el territorio del actual México, Balmis recogió veinticinco huérfanos para que mantuvieran la vacuna viva durante la travesía del océano Pacífico, a bordo del navío Magallanes. Partieron el 8 de febrero de 1805 del puerto de Acapulco rumbo a Manila, llegando a dicha ciudad el 15 de abril de 1805.

Capitanía General de FilipinasEditar

 
Recorrido de la expedición en las Filipinas.

En las Filipinas la expedición recibió una importante ayuda de la Iglesia local para organizar las vacunaciones de indígenas. El 14 de agosto de 1809 el grueso de la expedición regresó a Acapulco, mientras Balmis, descartando volver a tierras novohispanas, siguió avanzando hacia la China. Isabel permanecería en Puebla con su hijo; ya no volverían a España. :3

ChinaEditar

Conociendo que la vacuna no había alcanzado China, Balmis solicitó permiso para marchar hacia Macao, permiso que le fue concedido, partiendo de Manila el 3 de septiembre de 1805.

Balmis arribó finalmente, y tras un accidentado viaje a la colonia portuguesa de Macao, el 5 de octubre de ese mismo año se adentró en territorio chino. Vacunó a la población de varias ciudades hasta llegar a la provincia de Cantón.[10]

Regreso a EspañaEditar

En su camino de vuelta a España, Balmis consiguió convencer a las autoridades británicas de la isla Santa Elena (1806) para que accediesen a la vacunación de la población.

El propio descubridor de la vacuna de la viruela Edward Jenner escribió sobre la expedición:

No puedo imaginar que en los anales de la Historia se proporcione un ejemplo de filantropía más noble y más amplio que este.[11]

Sobre el mismo hecho Alexander von Humboldt escribía en 1825:

Este viaje permanecerá como el más memorable en los anales de la historia.[11]
 
Monumento en el puerto de La Coruña en homenaje a los niños de la expedición.

La expedición en la ficciónEditar

  • 2006: La novelista dominicano-estadounidense Julia Álvarez escribió un relato de ficción sobre la expedición desde la perspectiva de la rectora del orfanato, Isabel Zendal Gómez, en Saving the World (2006).
  • 2010: La expedición fue recreada también por la escritora madrileña Almudena de Arteaga en su novela Ángeles custodios, de 2010.[12]
    • 2016: La película de TVE 22 ángeles, de Miguel Bardem, está basada en la novela Ángeles custodios (2010).[13]
  • 2011: Esta expedición es el tema central de la novela de Antonio Villanueva Edo Los héroes olvidados (2011).
  • 2013: El escritor zaragozano Javier Neveo novela la expedición, narrada por uno de los niños, en Los niños de la vacuna (2013).
  • 2015: El ganador del Premio Planeta, Javier Moro, cuenta en clave novelística la historia de estos niños en su libro A flor de piel (2015).
  • 2017: La escritora española María Solar relata en su libro Los niños de la viruela (2017) los momentos previos al embarque desde La Coruña y la historia de Isabel Zendal con los niños.

Véase tambiénEditar

ReferenciasEditar

  1. «La Coruña: A progressive city» Archivado el 9 de diciembre de 2004 en la Wayback Machine., información histórica sobre La Coruña.
  2. Con estas palabras comienza el libro de Díaz de Yraola, Gonzalo: La vuelta al mundo de la expedición de la vacuna. Sevilla. Escuela de Estudios Hispanoamericanos, CSIC, 1948, p. 1.
  3. Balaguer Perigüell, Emilio; Ballester Añon, Rosa (2003). Asociación Española de Pediatría, ed. En el nombre de los niños. Real Expedición Filantrópica de la Vacuna 1803-1806 (capítulo 4: «Viruela y vacuna en España y en los territorios coloniales de ultramar antes de la llegada de la expedición»). Madrid. p. 86. Consultado el 31 de julio de 2015. 
  4. Bruguera Cortada, Miquel. «Francisco Piguillem i Verdacer». Real Academia de la Historia, ed. Diccionario biográfico español. Consultado el 27 de agosto de 2019. 
  5. Messner, Daniel (30.0.2020). «Kleine Geschichte der Pocken, oder wie 22 Waisenkinder die Welt impften (pequeña historia de la viruela; o cómo 22 niños huérfanos vacunaron al mundo)». Die Zeit. 
  6. De Romo, Ana Cecilia Rodríguez (1997). «Inoculation in the 1799 smallpox epidemic in México: Myth or real solution?». Antilia: Spanish Journal of History of Natural Sciences and Technology.
  7. Coruña, La Opinión de A. «La rectora Isabel, al descubierto». Consultado el 14 de enero de 2017. 
  8. «Isabel Cendala y Gómez. Primera enfermera de salud pública de México» • blog.
  9. McIntyre, John W.R. MB BS; and Houston, C. Stuart MD (1999). «Medicine in Canada: Smallpox and its control in Canada». Canadian Medical Association Journal 161 (12), 1543–1547. PMID 10624414.
  10. Balaguer Perigüell, Emilio; Ballester Añon, Rosa (2003). Asociación Española de Pediatría, ed. En el nombre de los Niños. Real Expedición Filantrópica de la Vacuna 1803-1806 (capítulo 5: «La Real Expedición Filantrópica de la vacuna y su significado histórico»). Madrid. pp. 165-170. Consultado el 31 de julio de 2015. 
  11. a b Consorcio para el Parque de las Ciencias, Granada, España. Vacunas Para Todos. Bicentenario de la Real Expedición.
  12. «Los ángeles custodios», en el sitio web de Almudena Arteaga.
  13. «22 ángeles, los niños de ocho años que llevaron la vacuna de la viruela a América», artículo publicado el 12 de diciembre de 2016 en el diario ABC (Madrid).

BibliografíaEditar

  • Bustos, Jorge. Vidas cipotudas: Momentos estelares del empecinamiento español, La Esfera de los Libros, 2018, 256 pp. ISBN 9788491642336
  • Ludert, Juan Ernesto, Pujol, Flor H., Arbiza, Juan. Human Virology in Latin America: From Biology to Control, Springer, 2017, 474 pp. ISBN 9783319545677
  • Santamarta, Javier. Siempre tuvimos héroes: la impagable aportación de España al humanitarismo, EDAF, 2017, 256 pp. ISBN 9788441438101
  • De Arteaga, Almudena. Ángeles custodios, Penguin Random House España, 2012, 320 pp. ISBN 9788415389613
  • Moro, Javier. A flor de piel, Grupo Planeta, 2015, 489 pp. ISBN 9788432224980.

Enlaces externosEditar