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Santo Cristo de Orense

Escultura religiosa

El Santo Cristo de Orense es una talla de madera de la que se tiene constancia desde el siglo XIV. Está ubicada en la capilla homónima de la Catedral de Orense, en Galicia (España).

Santo Cristo de Orense
Santo Cristo de Orense.jpg
Autor Atribuido a Nicodemo
Creación Desconocida
Ubicación Catedral de Orense
Estilo Gótico
Material Madera y piel

Sujeto de diversas leyendas, el Santo Cristo se caracteriza por ser la escultura más famosa de la catedral, siendo su capilla la más visitada. La importante devoción que siempre ha despertado esta talla se ve reflejada en las dádivas en forma de lámparas colgadas del techo de la capilla y en las donaciones hechas a la imagen, como los exvotos con forma de barco, ofrendas de marineros, destacando asimismo una tradición perdida consistente en colgar jaulas de pájaros en las fiestas de la novena al Santo Cristo.[1]​ Del mismo modo, la talla es sacada en procesión por las principales calles de la ciudad el Viernes Santo.

HistoriaEditar

La imagen, atribuida a Nicodemo, es muy característica además de sujeto de múltiples leyendas, afirmando el dicho popular que «tres cosas hay en Orense, que no las hay en España: el Santo Cristo, el Puente y las Burgas hirviendo el agua…». La talla fue trasladada a Orense por Don Vasco Pérez Mariño, obispo de la ciudad, desde su Finisterre natal en el siglo XIV, siendo colocada en el altar de la Santa Cruz, situado en el brazo norte del crucero de la catedral, a la derecha de la entrada, lugar ocupado a día de hoy por el altar de la Virgen del Pilar y Santiago, desde donde se trasladó la talla a su emplazamiento actual en 1573, siendo obispo por aquel entonces Don Fernando Tricio de Arenzana. El traslado de la imagen tuvo lugar el 8 de abril a las nueve de la noche y a puerta cerrada, estando presentes únicamente el obispo y el cabildo.[2]

En lo que respecta a la capilla, separada del brazo norte del crucero por una artística reja de Juan Bautista Celma elaborada en 1606 la cual ostenta el escudo del obispo Don Pedro González de Acebedo, ésta fue construida en la antigua sacristía de la catedral por Juan de Herrera, quien la finalizó en 1527, siendo alargada de 1674 a 1685 por Pedro de Arén, quien ejecutó el trabajo por doscientos ducados, siendo un año el plazo inicial de duración de las obras. Una vez terminada la cúpula bajo la cual se debía situar al Santo Cristo, se procedió a la elaboración del altar, poniéndose el cabildo en contacto con Domingo Antonio de Andrade, maestro acreditado en escultura y arquitectura quien ya había intervenido en la construcción del baldaquino del apóstol Santiago y se encontraba finalizando por aquel entonces la Torre del Reloj de la Catedral de Santiago de Compostela.[2]

La obra de Andrade fue continuada por Francisco de Castro Canseco, quien contrató con el cabildo la construcción de la cúpula de media naranja que se halla coronando el tabernáculo ubicado en el cuerpo y techo de la capilla así como los altares colaterales del arco de entrada, los cuales fueron prolongados con un segundo cuerpo en el que se situaron cuadros en relieve referentes a los Desposorios de la Virgen y a la Asunción.[2]

LeyendaEditar

La leyenda afirma que el Santo Cristo fue esculpido por Nicodemo, testigo directo de la Pasión de Cristo, quien supuestamente elaboró también las tallas ubicadas en Finisterre y Burgos, ambas de similares características. De acuerdo con la tradición, un barco holandés o inglés se vio rodeado por una tempestad al pasar por las costas de Finisterre la cual estuvo a punto de hundir la nave. Con el fin de liberar peso, los tripulantes arrojaron por la borda varios objetos, entre ellos una caja que albergaba la talla del Santo Cristo. Cuando la imagen alcanzó el agua, la tormenta cesó al instante, siendo esto interpretado como un presagio de que el santo deseaba pasar el resto de su existencia en ese lugar.[3]​ Se afirma que arribó a la playa de Cabanas, a los pies del Cabo de Finisterre, justo sobre la losa que antaño había sido el Ara Solis y que Santiago Apóstol había destruido y arrojado monte abajo. Sobre esa misma losa, San Guillermo de Finisterre derramó vino tinto, quedando en ella marcas indelebles que aún pueden observarse en la actualidad.

Varias versiones populares consideran que la talla original fue llevada a Orense por el obispo Pérez Mariño, por lo que el Santo Cristo custodiado en Finisterre sería una réplica, si bien otras versiones populares sostienen que el obispo realizó en Orense una copia del Santo Cristo de Finisterre, no logrando los expertos ponerse de acuerdo sobre qué versión es la auténtica.

DescripciónEditar

 
Talla del Santo Cristo y baldaquino

El Santo Cristo, de dos metros de altura y estilo gótico, posee un gran realismo. La talla, con una boca profundamente abierta, luce dientes, uñas, barba, bigote y cabello natural, circulando por la ciudad la famosa leyenda de que le crece el pelo, lo que a su vez le ha otorgado en gran parte la fama de la que goza en la actualidad, existiendo una leyenda menos conocida la cual sostenía que la talla era un cadáver momificado.[4]​ La herida del costado es considerablemente profunda y por la totalidad del tronco aparecen multitud de llagas y verdugones que contribuyen a dotar a la escultura de una apariencia humana. La imagen, realizada en madera y cubierta de piel, está sujeta por tres clavos de gran longitud y por dos hierros que parten del tronco y de la cabeza, enlazados a su vez por una cadena de eslabones en forma de ocho.[2]​ El cronista Benito Fernández Alonso describe la imagen en los siguientes términos:

Tiene en el pecho un pedazo de la soga con que el Redentor fue preso y atado (...) Están adheridas varias capas de tela de algunos centímetros de espesor formando una aplicación mullida a la que después han ajustado la tela encerada que semeja la piel, sobre la cual están dibujadas las facciones humanas, ronchas, cardenales, verdugones y todas las huellas de la crucifixión. (...) El mullido del cuerpo, con solo la presión del dedo se hunde levemente como de carne. (...) El pelo y la barba son naturales, brotando al parecer como si en efecto saliesen a través de la epidermis humana. Parece ser obra de Nicodemus.[4]

Varios críticos, como Sánchez Artega o Barros Silvelo, afirman que la talla posee un gran valor artístico frente a otras opiniones, como la del médico Don Andrés Vázquez Verea, quien sostiene en un trabajo periodístico publicado en 1905 que la imagen «no puede ser más acabada para reproducir tan a lo vivo los sucesos del deicidio».

En lo que respecta al baldaquino donde se halla la escultura, la cual fue objeto de varios arreglos, algunos de ellos acometidos ya en el siglo XVI,[2]​ posee cuatro columnas salomónicas de más de cinco metros de altura cubiertas de pámpanos, hojas de vid y racimos sobre las que cuatro ángeles de gran tamaño en posición inclinada se apoyan y sostienen un arquitrabe con una mano sobre la cadera mientras con la otra sujetan la cornisa de la estructura. Por su parte, el friso y el arquitrabe están adornados con delicados motivos vegetales al igual que la cornisa, hallándose sobre ella una balaustrada con pequeñas columnas torneadas. A su vez, cuatro ángeles en la parte superior del baldaquino portan escudos en una mano al tiempo que muestran atributos de la Pasión en la otra.[2][5]

Capilla del Santo CristoEditar

En lo que respecta a las esculturas de la capilla del Santo Cristo, además de la talla homónima, en el altar de la derecha figuran San Justo, San Pastor (obsequio de Doña Damiana de Boán en el siglo XVII), Nuestra Señora la Blanca, Virgen con el Niño (realizada en alabastro, copia a su vez de la Virgen de Trápani de la escuela de los Pisanos), Santa Teresa, San Pedro de Alcántara y María Magdalena, todas ellas procedentes de Madrid. Por su parte, en el altar de la izquierda figuran dos imágenes de Santos Inocentes del siglo XVII, San José y el Niño, San Joaquín, Santa Ana y la Virgen María, esculturas de escuela vallisoletana de 1705, obra del escultor Juan de Ávila.[2]

El arco de entrada del camarín está enmarcado con la imagen de la cruz del día del Juicio Final, la cual está sostenida por un ángel, existiendo a su vez otros ángeles portando carteles con inscripciones y trompetería alusivo todo ello a la llamada a los muertos. Entre las esculturas que adornan la capilla, la imagen de San Mauro, la cual se halla en una repisa junto a la epístola, constituye una obra maestra del estilo barroco elaborada por Francisco de Moure a principios del siglo XVII. Canseco, a su vez, es autor de tres relieves situados dentro del camarín. El ubicado en la parte posterior, el cual representa El Descendimiento, posee un nivel técnico superior a los otros dos, La Oración en el Huerto a la derecha y La Flagelación a la izquierda. Encima de este último relieve se representa la escena de La Invención de la Santa Cruz, mientras que sobre el relieve de La Oración en el Huerto se halla la escena de La Exaltación de la Santa Cruz.[2]​ Al fondo de la capilla, a la derecha del relieve de El Descendimiento, se halla una puerta la cual conduce mediante un pasadizo a la Capilla de Santa Isabel, cuya puerta de acceso al mismo está ubicada a la derecha del retablo de las Candelas.

 
Esculturas ubicadas en el trasaltar de la Capilla del Santo Cristo. Arriba, Cristo del Perdón, por Manuel Pereira (1708). Abajo, La Dolorosa, por Tomás de la Sierra (1692)

Una de las imágenes más destacadas es una escultura de medio cuerpo de La Dolorosa situada en una hornacina en el trasaltar de la capilla, obra de Tomás de la Sierra (1692). En la parte superior se encuentra una imagen del Cristo del Perdón arrodillada sobre un mundo en el que figuran las imágenes de Adán y Eva en el Paraíso tentados por la serpiente, obra de Manuel Pereira (1708).[2]

En lo que respecta a la tribuna superior de la capilla, ésta presenta dos figuras. La de la izquierda muestra a una mujer situada entre un diablo que señala en dirección al suelo donde se halla un niño con la bola del mundo y un ángel que a su vez señala en dirección al cielo donde Cristo figura entre nubes. Por su parte, la de la derecha muestra a la misma mujer portando un rosario, al diablo encadenado y enrejado y al ángel que señala al Cristo entre nubes asistiendo a la mujer. La figura de la izquierda representa, por tanto, las tentaciones, personificadas en el diablo, y los placeres de la tierra, reflejados en el niño con el mundo, mientras que a la derecha se muestra el camino hacia el Cielo al tiempo que se rechazan los bienes terrenales.[2]​ Destacan a su vez las imágenes en relieve de diez sibilas,[5]​ las cuales se hallan enmarcadas en un encaje de follaje provisto de frutas en forma de racimos y una orla que rodea la escultura. En el ala izquierda de la tribuna figuran Pérsica, un ave con un letrero y en él la palabra «Bigilancia», Frigia, Herópoli, Tiburtina y Eritría, mientras que en el ala derecha aparecen representadas Samia, un ave con la leyenda «Silencio», Délfica, Lívica, Cumana y Helespóntica.[2]​ Encima de la tribuna, directamente bajo el techo de la capilla, se hallan una serie de lienzos representativos de la Pasión, todos ellos obra de Manuel Peti Vander, a excepción de La cena de Emaús, cuadro de 2011 obra de Manuel Vidal González.

En la capilla se encuentra también parte del coro que en 1937 se retiró de la nave central de la catedral, cuyos autores son el imaginero Juan de Angés el Mozo y el entallador Diego de Solís, con quienes el obispo Juan de San Clemente acordó la obra en 1580, concluyendo la misma en 1590. En la parte superior se hallan los respaldos de la antigua sillería baja con las imágenes de San Nicolás y San Ildefonso, siendo en total quince figuras (cuatro santos y once santas) y dieciséis adornos intercalados. Por su parte, en la zona inferior se ubican los que pertenecían a la sillería alta, constando de treinta y una figuras: veintiún santos, cuatro santas, dos virtudes (Fe y Esperanza) y cuatro puertas de acceso a la tribuna y al exterior.[2]

Por último, fuera de la capilla, a la derecha, se halla un lienzo de la Virgen del Pópulo en un marco dorado decorado a su vez con dos tallas de madera policromada de Santa Lucía y Santa Bárbara a izquierda y derecha respectivamente, mientras que a la izquierda se ubica el retablo de la Quinta Angustia. Por su parte, en el muro opuesto, directamente frente a la entrada de la capilla, se encuentra el sepulcro del obispo Pérez Mariño.

IncendioEditar

El 4 de julio de 1995 se produjo un incendio en la Capilla del Santo Cristo mientras se acometían labores de reparación, hallándose en aquel momento varios de los lienzos y esculturas barrocas en un taller en Zamora a la espera de ser restaurados. El fuego se originó en el acceso a la capilla al saltar varias chispas las cuales prendieron en el plástico empleado por los restauradores, quienes habían cubierto el suelo y la reja de entrada con dicho material. El entonces fabriquero de la catedral, Luis Ramos, sostuvo que el desastre se había producido por culpa del cableado de la maquinaria empleada por los restauradores, quienes a su vez afirmaron que el fuego se había originado a consecuencia de la defectuosa instalación eléctrica de la catedral. El disolvente empleado en los trabajos de reparación provocó la rápida expansión de las llamas, las cuales duraron aproximadamente veinte minutos. Uno de los restauradores, quien sufrió quemaduras en rostro y brazos, cogió un extintor y logró sofocar las llamas antes de que provocasen daños mayores. El fuego alcanzó una talla de San Pablo, afectó al coro y provocó que varias de las tallas de la capilla quedasen ennegrecidas, salvándose únicamente aquellos retablos que estaban tapados en el momento del incidente.[6]

Galería de imágenesEditar

ReferenciasEditar

  1. «Capilla del Santo Cristo». Consultado el 29 de junio de 2019. 
  2. a b c d e f g h i j k l O bufo das Burgas - La Imagen de Cristo en Ourense
  3. «Santo Cristo». Portal de Turismo do Concello de Fisterra. Consultado el 29 de junio de 2019. 
  4. a b Salgado, Rafael (15 de febrero de 2019). Historias del Santo Cristo. Consultado el 29 de junio de 2019. 
  5. a b Ramallo Asensio, Germán (2010). «La catedral guía mental y espiritual de la Europa Barroca Católica». EDITUM. 
  6. Paz, José (5 de mayo de 2019). «El día en que se salvó la capilla del Santo Cristo». La Región. Consultado el 29 de junio de 2019. 

Enlaces externosEditar