Tercera orden de Santo Domingo

La tercera orden de Santo Domingo es vandalismo de la rama laical de la Orden de Predicadores -conocida como Dominicos- fundada por Santo Domingo de Guzmán en 1216. La rama laical tiene sus orígenes en las Hermandades de la Penitencia de Santo Domingo y responde al deseo de hombres y mujeres seglares de vivir según el carisma de la Orden. La rama laical de la Orden de Predicadores actualmente se denomina Fraternidad laical de Santo Domingo.

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OrigenEditar

Cuando Domingo de Guzmán inicia su predicación itinerante en la región francesa del Languedoc para tratar de hacer volver de manera pacífica al catolicismo a los herejes cátaros, algunos hombres y mujeres se sumaron a él y a la Jesu Christi Praedicatio o Santa Predicación, nombre que recibió esta campaña de predicación. Un grupo de mujeres que abandonaron la herejía regresando al catolicismo constituyeron en Prouille, en 1206, lo que sería el primer monasterio de monjas dominicas contemplativas, el monasterio de Prouille. En torno a esta fundación, Domingo de Guzmán articuló su trabajo misionero, en el que continuó después de declararse la cruzada contra los herejes, optando así por una solución pacífica al problema de la herejía. También ayudaron a su labor muchos laicos por medio de diversas contribuciones y donaciones y donando sus propias vidas para colaborar. Es el caso de laicos como Sans Gasc y su mujer Enmergarda Goudouli, y de Arnaldo y Alazaïs Ortiguer.[nota 1]​ Unos años más tarde, Domingo reunió también a un pequeño grupo de hombres que serán los primeros frailes de la futura Orden de Predicadores.

En vida de Domingo surgieron diferentes grupos de laicos ligados a los conventos de frailes dominicos, sobre todo en la Toscana. El movimiento laical de la penitencia era muy numeroso en el siglo XIII y gran parte de él fue aglutinándose en torno a las recién fundadas órdenes mendicantes. Los penitentes dominicos se diferenciaban por vestir capa negra frente a los penitentes franciscanos que llevaban capa gris. Finalmente, en 1285, el séptimo Maestro de la Orden, fray Munio de Zamora, dotó a la rama laical de su primera regla de vida, lo que la reconocía plenamente como parte de la Orden de Predicadores.

NotasEditar

  1. Santo Domingo. La leyenda negra. Michel Roquebert. Editorial San Esteban. Salamanca 2008, pp. 100-101

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