Anexo:Retrato romano

Desarrollo histórico del retrato romano.

RepúblicaEditar

Los materiales son el bronce y la piedra. Se usaba la policromía, pero las estatuas eran apolícromas a excepción de los ojos, que se coloreaban inicialmente (en épocas posteriores se distinguían las partes del ojo con líneas talladas).[1]​ Con la expansión de la República por el Mediterráneo, los escultores son griegos, que adaptan su estilo helenístico al gusto romano: estilo realista con facciones acentuadas, que indiquen personalidad grave y serena, energía y decisión; en los retratos oficiales se detecta una mayor idealización que en los retratos privados. El pelo es corto, muy plano; en las mujeres, con raya en medio.[2]

Alto imperioEditar

El prototipo de retrato imperial se fija con Augusto (finales del siglo I a. C.), que procura identificarse con los dioses griegos; aun con tal idealización, se procura la individualización de los rasgos y la expresión del carácter, visible en los retratos de la dinastía Julio-Claudia y la dinastía Flavia. El cabello es estudiadamente desordenado, con mechones que caen sobre la frente. En la época de Tito la moda del peinado femenino impuso un gran volumen de rizos en la parte delantera que se representan esculpidos a trépano. Con la dinastía Antonina (siglo II d. C.) el volumen del cabello aumenta en los retratos masculinos, que se representan con barba, dando efectos de sombra o claroscuro; también se combinan piedras de distintos colores consiguiendo efectos de mayor realismo. Con Adriano, en el ojo se marcan líneas concéntricas para representar el iris y la pupila; los numerosos retratos de Antínoo, el joven amante del emperador, buscan el idealismo clásico.[4]

Periodo de los Julio-Claudios

La producción retratística del periodo imperial incluye la realizada en las provincias, que combina tradiciones locales y greco-romanas. Muy peculiares son los retratos pictóricos en el Egipto romano, como las momias de El Fayum.

Periodo de los Severos y Crisis del siglo III

Bajo ImperioEditar

Desde mediados del siglo III el retrato evoluciona en un sentido anticlásico, hacia la esquematización y el hieratismo, intensificándose la dureza e intensidad de las expresiones y desapareciendo la finura del modelado, obteniéndose una sensación de monumentalidad, arcaísmo y deshumanización.[5]

ColeccionesEditar

ReferenciasEditar

  1. Artehistoria, op. cit.
  2. Iules, op. cit.
  3. Artehistoria
  4. Iules, op. cit.
  5. Iules, op. cit.