Batalla del Portete de Tarqui

La batalla del Portete de Tarqui o batalla de Tarqui se libró el 27 de febrero de 1829 en el denominado Portete de Tarqui, a pocos kilómetros de Cuenca, Colombia (actual Ecuador), entre tropas de la República Peruana (comandadas por José de La Mar) y de la República de Colombia (comandadas por Antonio José de Sucre y Juan José Flores). Si bien las tropas grancolombinas[n. 1]​ lograron la victoria sobre la vanguardia peruana y obligaron al repliegue estratégico del resto de sus fuerzas, sufrieron fuertes pérdidas en su caballería con el contraataque peruano, lo que dificultó la continuación de la campaña y ocasionó la estabilización del frente.

Batalla del Portete de Tarqui
Guerra grancolombo-peruana
Map of the disputed territory by Gran Colombia-Peru.svg
Mapa del territorio en disputa entre la Gran Colombia y el Perú.
Fecha 27 de febrero de 1829
Lugar Portete de Tarqui, cerca de Cuenca, Bandera de la Gran Colombia Gran Colombia.
Resultado Victoria táctica grancolombina
Sin resultados decisivos
Consecuencias Convenio de Girón
Tratado de Guayaquil
Beligerantes
Bandera de la Gran Colombia República de Colombia Bandera del Perú República Peruana
Comandantes
Bandera de la Gran Colombia Antonio José de Sucre
Bandera de la Gran Colombia Juan José Flores
Bandera del Perú José de La Mar
Bandera del Perú Agustín Gamarra
Fuerzas en combate
Estimación antigua:
4.600[1]​-4.700[2]
(probablemente 5.000)[3]
(1.500 infantes y 100 jinetes traídos por Sucre)[4]
Estimación moderna:
5.000[5]
(3.800 infantes y 600 jinetes)[6]
Estimación antigua: 8.400[4]​-8.700[2]
(probablemente 8.000)[3]


Estimación moderna:
4.500[7]​–5.000[6]
Bajas
Fuentes grancolombianas:
54 muertos y 200 heridos[6]


Fuentes peruanas:
800 muertos y heridos[8]
Fuentes grancolombianas:
1.500 muertos, 1.000 heridos (reducidos a 2.500 a causa de las deserciones)[4]
Fuentes peruanas:
1.200 entre muertos y heridos[8]

Por ello, Sucre y La Mar firmaron un armisticio en Girón, preludio para la negociación del fin de las hostilidades y la fijación de los límites entre ambos países. Sin embargo, el incumplimiento del acuerdo y los agravios mutuos empujaron a un reinicio de la guerra, evento que se evitó por la inestabilidad política en el Perú que condujo a la deposición de La Mar por Agustín Gamarra. El nuevo presidente peruano negoció la firma del tratado de paz con Colombia, conocido como tratado de Guayaquil (22 de septiembre de 1829). Al mismo tiempo, sin embargo, se sucedían los eventos que conducirían a la disolución de la Gran Colombia.

La guerra grancolombo-peruana, a la larga, conduciría a los conflictos límitrofes del Perú con los países sucesores de la Gran Colombia, Colombia (1821–1934) y Ecuador (1830–1998).

GeneralidadesEditar

El 28 de julio de 1821, se declaró en Lima la independencia política del Perú, proclamada por José de San Martín en la Plaza de Armas de Lima. Sin embargo en los Andes centrales y el sur peruanos, los realistas mantuvieron su presencia durante tres años más. La liberación definitiva del territorio peruano se consiguió en 1824, tras las batallas de Junín (6 de agosto) y Ayacucho (9 de diciembre). En esta acciones intervino el ejército grancolombino, al mando de Simón Bolívar y Antonio José de Sucre, debido a la necesidad de asegurar la independencia de lo que fue el virreinato de Nueva Granada (constituido en ese momento ya como la República de Colombia) mediante la eliminación de la presencia realista en el Perú.

Tras el triunfo independentista, el Perú continuó siendo gobernado por Simón Bolívar, con el título de «dictador del Perú». Durante ese tiempo, dictó una Constitución Vitalicia, promulgada en el segundo aniversario de la batalla de Ayacucho (9 de diciembre de 1826). En ella, a Bolívar se le concedían amplios poderes, tales como una Presidencia vitalicia (de por vida), la posibilidad de elegir a su sucesor, etc. El fuerte presidencialismo establecido por el Libertador, inicialmente justificado por la guerra, y la posibilidad de imponer su proyecto vitalicio también en Colombia originó una reacción antibolivariana en ese país, lo que lo obligó a dejar Lima para dirigirse a Bogotá a fines de 1826. Tras su salida, los opositores peruanos anularon la Constitución Vitalicia, eliminando el régimen bolivariano, y enviaron a las tropas grancolombinas (que se amotinaron ese mismo día) aún acantonadas en el Perú de regreso a su patria (26–27 de enero de 1827). El 9 de junio, el Congreso peruano proclamó como presidente de la República al Mariscal José de La Mar.

El nuevo gobierno peruano, sin embargo, vio como una amenaza el hecho de verse rodeado por Colombia y Bolivia (en ese momento, gobernado por Sucre, considerado como un títere de Bolívar). Además, las tensiones con ambos países aumentaron, debido al proyecto de reunificar ambos «Perúes» (es decir, el Bajo y el Alto Perú, o sea, Bolivia) bajo la República Peruana, los conflictos sobre la posesión de Tumbes, Jaén y Maynas y la oposición a la anexión colombiana de Guayaquil.[n. 2]

Guerra grancolombo-peruanaEditar

Antecedentes: Intervención peruana en BoliviaEditar

 
Agustín Gamarra dirigió la intervención peruana en el país altiplánico, evento que contribuyó al estallido de la guerra entre Gran Colombia y el Perú.

La caída del régimen bolivariano en el Perú colocó al país en una difícil posición: se encontraba rodeado por la Gran Colombia al norte y por Bolivia al sur. El gobierno de La Mar, en consecuencia, solicitó permanentemente la retirada de las tropas grancolombinas (alrededor de 2.000) del país altiplánico. A inicios de 1827, el general peruano Agustín Gamarra comenzó a reunir tropas en Puno, pero negó que sus intenciones fueran invadir Bolivia. Para diciembre de 1827, Sucre movilizó a su ejército cerca de la frontera con el Perú. Sin embargo, el descontento entre los bolivianos comenzaba a aumentar, principalmente por las políticas bolivarianas, desembocando en el motín de Navidad (24 de diciembre) que, si bien fracasó, ocasionó el compromiso del presidente de Bolivia para convocar elecciones parlamentarias.

La oposición boliviana comenzó a hacer campaña activa a favor de la retirada de Sucre y los grancolombinos del país, que desembocó en el conflicto que estalló en Chuquisaca (18 de abril de 1828). En la sublevación, Sucre resultó herido y tuvo que asumir el poder José María Pérez de Urdininea. La revuelta, inicialmente de tropas grancolombinas del batallón Voltígeros, comprometió a varios generales y políticos bolivianos, entre ellos Casimiro Olañeta, quien solicitó la intervención de Gamarra. El 1 de mayo, el ejército peruano cruzaba el río Desaguadero y, con el apoyo de tropas bolivianas, terminaba con el régimen bolivariano. El 6 de julio, los representantes de Gamarra y Sucre firmaban el tratado de Piquiza, que acordó la retirada de las tropas grancolombinas de regreso a su país. Tras ello, Gamarra retiró a las tropas peruanas (setiembre de 1828).

Preludio: Bolívar le declara la guerra al PerúEditar

 
José de La Mar organizó la movilización de la Marina y el Ejército peruanos durante la guerra con la Gran Colombia, logrando la ocupación de Guayaquil y la invasión del sur de ese país.

El derrumbe de la influencia bolivariana en Bolivia ahondó la rivalidad entre el Perú y Bolívar. Bolívar y Sucre se encontraban resentidos con el proceder de Gamarra y de las fuerzas peruanas; y aún más, consideraban peligrosa la influencia peruana en Bolivia. La Mar, ante las tensiones entre ambos países y en previsión a una declaratoria de guerra de la Gran Colombia, ordenó la movilización del Ejército y la Marina peruanos (20 de mayo de 1828).[n. 3]​ A su vez, tras recibir las noticias procedentes de Bolivia, Bolívar lanzó una proclama contra los peruanos (3 de junio), que señalaba «Armaos colombianos del sur. Volad a las fronteras del Perú y esperad allí la hora de la vindicta. Mi presencia entre vosotros será la señal del combate». El conflicto entre la facción antibolivariana peruana y la facción bolivarista de Colombia se encontraba a punto de estallar.

Ante el agravamiento de la situación, se llevaron a cabo negociaciones diplomáticas entre los representantes peruanos y grancolombinos, las cuales fracasaron porque Bolívar exigió insistentemente al Perú lo siguiente: (1) Pago de los gastos de la independencia por la suma de 3.600.000 pesos; (2) reemplazos peruanos de las bajas colombianas sufridas en las batallas contra los realistas; y (3) entrega de Tumbes, Jaén y Maynas. Dichas exigencias fueron rechazadas por el gobierno peruano, considerándolas completamente exorbitantes e inaceptables. El 15 de julio de 1828 Bolívar, descontento con la actitud peruana, declaró oficialmente la guerra al Perú.

En consecuencia, La Mar (nombrado Director General de las Operaciones de Guerra, como Presidente de la República) movilizó al ejército peruano hacia el norte, organizado en 3 divisiones compuestas por 4.500 soldados. A estos debía unirse Gamarra (nombrado como Comandante en jefe del Ejército) con 3.100 soldados.[n. 4][7]​ Por su parte, Sucre y Juan José Flores desplegaron al ejército grancolombino, compuesto por 4.600 efectivos, en el distrito Sur de Colombia.

La campaña navalEditar

La Mar ordenó a la escuadra peruana, al mando del almirante Martín Guise, dirigirse hacia el norte, para hostilizar las costas grancolombinas. La Marina peruana estaba compuesta por las fragatas Presidente y Monteagudo, la corbeta Libertad, el bergantín Congreso, las goletas Arequipeña, Peruviana y ocho lanchas cañoneras. Más tarde contó también con el bergantín Rápido.[9]​ El primer combate naval de la guerra ocurrió en Punta Malpelo (31 de agosto de 1828). El 18 de setiembre, Guise partió del Callao junto a La Mar y llegó a Paita el 22. El 2 de octubre, la flota peruana realizó desembarcos sobre varios pueblos, especialmente en el de Naranjal, causando en todas partes daños considerables.

El 22 de noviembre, la Marina peruana obtuvo una victoria decisiva en las costas de Guayaquil, estableciendo el bloqueo del puerto, el bombardeo de la ciudad y la destrucción de sus defensas costeras. El 24 de noviembre, las tropas grancolombianas comandadas por Juan Illingworth Hunt comenzaron a evacuar Guayaquil. El 19 de enero de 1829, la ciudad se rindió, siendo ocupada por el ejército peruano el 1 de febrero. Asimismo, la escuadra peruana bloqueó toda la costa pacífica grancolombina.

La batallaEditar

Preludio: campaña terrestreEditar

 
Antonio José de Sucre dirigió la campaña terrestre y organizó al ejército grancolombino para enfrentar a las tropas peruanas.

El avance peruanoEditar

El 28 de noviembre de 1828, La Mar penetró en territorio grancolombino y ocupó Loja y prácticamente todo el departamento de Azuay. Las fuerzas de Gamarra, que venían desde Bolivia, se unieron a él a fines de ese año. Las fuerzas peruanas continuaron avanzando hacia el norte, hasta Oña. Ante la situación Sucre, entonces ya de vuelta a Quito tras renunciar a la presidencia de Bolivia, y Juan José Flores reunieron el ejército grancolombiano del sur en la provincia de Cuenca. Sucre, siguiendo órdenes de Bolívar, inició negociaciones de paz con La Mar (2 de febrero de 1829) que, si bien fracasaron, le dieron un valioso tiempo para concentrar sus fuerzas. El 10 de febrero, el ejército peruano ocupó la ciudad de Cuenca.

Sorpresa de SaraguroEditar

La Mar empezó un movimiento en gran escala sobre Cuenca; pero dejó en su retaguardia, en Saraguro, el parque del ejército. Enterado Sucre, ordenó al general Luis Urdaneta[n. 5]​ realizar un ataque sorpresivo sobre esta retaguardia aislada, mientras dormían, la noche del 13 de febrero. El parque incluía gran parte del material bélico y de los abastecimientos que había llevado el ejército peruano en la incursión. El pueblo de Saraguro fue incendiado por órdenes de Urdaneta, como represalia por la simpatía demostrada al Perú.[10]

...que sospechando por las observaciones en el campo contrario que se hacía algún movimiento, previne al señor General Flores, Comandante en Jefe, de hacer por la noche un reconocimiento; y que ejecutado por veinte soldados de Yaguachi, protegidos de la compañía de Granaderos del Cauca, y 4a de Caracas, lograron aquellos dispersar completamente los dos batallones peruanos 1° de Ayacucho, y No 8 que cerraban la retaguardia de su ejército, el cual marchaba en la dirección de Yunguilla a Girón; y que por resultados de este triunfo, se le tomaron la mitad de sus municiones de repuesto, una porción de sus bagajes, algún armamento, y prisioneros, y destruídole dos piezas de batalla.
Antonio José de Sucre

Preparativos para la batallaEditar

 
El uniforme de los Húsares de Junín, unidad de combate que se distinguió en la batalla del Portete de Tarqui.

El 14 de febrero, el ejército peruano pasó a Yunguilla. El cuartel general fue establecido en Surupali. Las fuerzas peruanas continuaron avanzando hasta la localidad de Lentag, a 4 leguas (20 km) de Girón (15 de febrero), y a San Fernando (16 de febrero). Sucre, mientras tanto, avanzó con sus fuerzas hacia la explanada de Tarqui, ubicando a la infantería en Narancay y a la caballería en Guagua-Tarqui (18 de febrero), manteniéndose en esa posición hasta el día 26. En esos días, Raulet retornó de su incursión en Cuenca. Al mismo tiempo, lograron reunirse 700 de los dispersos de Saraguro, que se unieron al resto del ejército peruano.

Tras concentrarse en San Fernando, una división peruana comandada por José María Plaza (900 hombres pertenecientes a los batallones de infantería Ayacucho 1º de la Guardia Nº 2 y Callao Nº 2) avanzó sobre Girón (24 de febrero). Posteriormente, todo el ejército peruano le siguió, y Gamarra ordenó a Plaza continuar avanzando para ocupar el Portete de Tarqui. Plaza protestó, pues consideraba que sus soldados se encontrarían aislados y más cerca de las tropas grancolombinas que del ejército peruano, a merced de un ataque de Sucre. La Mar y Gamarra le tranquilizaron diciendo que el resto de las tropas pronto se unirían a él.

La tarde del 26 de febrero, el grueso del ejército peruano se concentró en Girón. La noche del mismo día, Plaza ocupó el Portete de Tarqui, y trató de distribuir como mejor pudo a su tropa, carente de suficientes municiones y sin caballería ni artillería.[4]​ Entrada la noche, Raulet se le unió con su contingente.

Sucre, enterado del avance de la división Plaza a Girón, inicialmente pensó que se trataba de tropas de reconocimiento. Sin embargo, el 25 de febrero se enteró de la presencia del ejército peruano en San Fernando, y resolvió atacar a Plaza (ignoraba los movimientos de Plaza hacia el Portete y los de La Mar y Gamarra hacia Girón). El ejército grancolombino avanzó la tarde del 26 de febrero, sin embargo, las fuertes lluvias retrasaron su avance, y recién llegaron a Tarqui durante la noche. Al llegar, Sucre se enteró de la presencia de la división Plaza en el Portete, y preparó a las fuerzas grancolombinas para el ataque.

El 24 supe que una columna de dos batallones, y un escuadrón enemigo al mando del General Plaza estaban en Girón: juzgué que sería un fuerte reconocimiento, porque no me persuadí que se avanzara sola esa división: pero el 25 hallándome con el General Flores, examinando por Tarqui la verdad, me informaron nuestros espías, que aún permanecía en Girón, y su ejército en San Fernando. El 26 resolví atacarla, y nuestros cuerpos todos se pusieron en marcha a las tres de la tarde con tres mil seiscientos hombres de combate. Al comenzar nuestro movimiento sobrevino una fuerte lluvia, que apenas nos permitió llegar a Tarqui a las siete de la noche. Dando un descanso a las tropas, tuve partes que la división del General Plaza estaba en el Pórtete de Tarqui a tres leguas de nosotros, y que el resto del ejército peruano llegaría en aquella tarde a Girón. Determiné dar una acción general, y el señor Comandante en Jefe dispuso que en lugar de las compañías de cazadores, que debían precedernos, lo hiciese un destacamento de ciento cincuenta hombres escogidos de todos los batallones, al mando del Capitán Piedrahita, apoyado del escuadrón Cedeño, para que preparase la función por una sorpresa: en esta forma continuamos la marcha a las doce de la noche.
Antonio José de Sucre

Sucre, en la mañana del día 27 de febrero, situó a la 1.ª División colombiana (1500 infantes y 100 caballos), compuesta por los batallones de infantería Rifles, Caracas y Yaguachi y el escuadrón de caballería Manuel Cedeño, al norte de la llanura de Tarqui en posición ventajosa, mientras esperaba la llegada de la 2.ª División.[4]

Primera fase: el ataque grancolombino y la retirada peruanaEditar

 
Juan José Flores, al mando de los batallones Caracas y Yaguachi, obligó a las fuerzas peruanas a retirarse y ocupó el Portete de Tarqui.

Plaza, aislado del resto del ejército peruano, decidió enviar un grupo de reconocimiento (al mando del capitán Urías) a las primeras horas del 27 de febrero. Estas tropas chocaron con el escuadrón de caballería Cedeño (al mando del coronel José María Camacaro), iniciando así la batalla. Sucre (tras escuchar el fuego de fusilería) envió al batallón Rifles a reemplazar al Cedeño, que se había visto obligado a retroceder. Sin embargo, dada la oscuridad y las dificultades del terreno, el Rifles entró en acción con poco orden y confundió a un grupo comandado por el capitán grancolombino Piedrahíta con las tropas peruanas, trabando con ellos la lucha. Luego comenzó a aclarar y las tropas grancolombinas pudieron reconocerse unas a otras.[11]

Flores, mientras tanto, consiguió atravesar el bosque que le separaba de las fuerzas peruanas, y organizó un ataque conjunto de los batallones Caracas y Yaguachi. Tras el desorden inicial, Plaza resistió durante 3 horas en su posición, a la espera del avance de La Mar y Gamarra. Sin embargo, viéndose superado en número y con las municiones reduciéndose, Plaza ordenó el repliegue en busca del grueso del ejército peruano, encargando cubrir la retirada al coronel Quiroz. Durante todo el trayecto, la división Plaza se vio continuamente acosada por la infantería y caballería grancolombina.

A las 7 de la mañana, el resto del ejército peruano recién se acercaba al campo, pero la división Plaza había sido casi batida e iniciaba su retirada y el ejército grancolombino ocupaba su posición. Viendo la situación en el Portete de Tarqui, La Mar dispuso el repliegue estratégico del ejército hacia Girón para organizar el contraataque.

Tras haber diezmado y dispersado completamente a la avanzada peruana, Sucre ordenó continuar el avance grancolombino para atacar al grueso del ejército peruano, dando inicio a la segunda fase de la batalla.

Según Dellepiane, la victoria grancolombiana sobre la vanguardia peruana se debió en buena parte a la estrechez del lugar, a lo ventajoso de la posición que las tropas de Sucre ocupaban, lo precipitado del combate, que dificultó el despliegue de las tropas peruanas en orden de batalla, y al aislamiento de la división Plaza.

Segunda fase: el contraataque peruano y la estabilización del frenteEditar

 
Domingo Nieto, teniente coronel del regimiento de caballería Glorioso Húsares de Junín Nº 1, aniquiló al escuadrón Cedeño como unidad de combate.

La caballería grancolombina, bajo el mando del coronel Daniel Florencio O'Leary, intenta cortar el repliegue de la infantería peruana. Al ver esto, el general peruano-argentino Mariano Necochea comandó a los Húsares de Junín a una carga de caballería que consiguió desbaratar al escuadrón Cedeño y detener el avance de la infantería grancolombina (compuesta por dos compañías de cazadores), protegiendo el repliegue de los restos de la división Plaza.

Durante el fragor del combate, sucedió el conocido duelo personal a lanza entre Domingo Nieto (teniente coronel del regimiento Húsares de Junín) y José María Camacaro (comandante del escuadrón Cedeño). Camacaro envió un parlamentario con señal blanca para que, a su nombre, haga un desafío, a fin de que «ahorrasen la sangre de sus regimientos y que él se batiría con cualquiera que le conteste el duelo y el que ganara se quedaba con la victoria». Nieto aceptó el desafío y Camacaro terminó muerto de un lanzazo. Tras esto, la caballería grancolombiana atacó a los Húsares de Junín, pero éstos lograron detenerlos y acuchillaron a casi todo el escuadrón Cedeño, reduciéndolo a 6 o 7 hombres.

Tras detener el avance de las fuerzas grancolombinas, el ejército peruano completó su repliegue y formó sus divisiones en la llanura, desplegando su caballería y artillería a la salida del desfiladero. Las tropas grancolombinas, a su vez, prefirieron conservar sus posiciones en espera de los siguientes movimientos y la llegada de refuerzos, pues su caballería había sido prácticamente exterminada.

Editar

El fracaso de esta última ofensiva, por parte del ejército de la Gran Colombia, y el repliegue estratégico peruano sellaron el resultado final de la batalla. Sucre insatisfecho con este resultado no quiso arriesgar de nuevo su suerte en una batalla campal lanzando a los restos de su ejército contra todo el ejército peruano y envía a un oficial de Estado Mayor, con el objeto de negociar con La Mar siendo esto aceptado y el 28 de febrero en el campo de Girón se celebra el Convenio de Girón que es firmado por los generales Flores y O' Leary, por parte de la Gran Colombia y Gamarra y Orbegoso, por parte del Perú.[4]

Por el Convenio de Girón se acordó la desocupación del territorio de la Gran Colombia por las fuerzas peruanas. Las fuerzas peruanas se retiraron a Piura, pero La Mar se negó a que la Guarnición Peruana desocupe el puerto de Guayaquil. Luego debido a ciertos incumplimientos por parte de Sucre, el Mariscal La Mar no aceptó el Convenio de Girón y se preparaba para continuar la guerra.

En efecto Sucre, para conmemorar el triunfo aleatorio del grueso del ejército de la Gran Colombia (3 batallones de 1500 infantes y un escuadrón montado de 100 caballos) sobre la avanzada peruana compuesta de dos batallones de infantería (900 infantes) en el Portete de Tarqui, ordenó la construcción de un obelisco conmemorativo,[12]​ en el sitio donde ocurrió la batalla, con una inscripción que ha magnificado con creces lo ocurrido en la batalla, así como el número de soldados peruanos que intervinieron en esta primera fase de la batalla del Portete de Tarqui, en los términos siguientes:

“El ejército peruano de 8000 soldados que invadieron la tierra de sus libertadores, fue vencido por 4000 bravos de Colombia el 27 de febrero de 1829”

Estas palabras triunfalistas y descontroladas provocaron la enérgica y viril protesta del Mariscal La Mar que envió a Sucre una tremenda y acusadora carta, fechada en Gonzanamá el 17 de mayo de 1829. La Mar en dicha carta, redactada con motivo de todos estos hechos, enrostró a Sucre su discrepancia con las palabras de generosidad y concordia. Defendió allí la contribución peruana en Junín y Ayacucho, como respuesta al reproche de que el Perú se mostraba desagradecido con sus “libertadores”. Sostuvo que solo había sido destruida en Tarqui la vanguardia compuesta de cerca de mil hombres, después de haber resistido vigorosamente a todo el ejército grancolombiano; y agregó que en vano fue esperado el ataque de este en el llano más inmediato después de haber sido rechazada por los Húsares de Junín la carga del escuadrón Cedeño.

Enfáticamente manifestó que todo el ejército peruano no había reunido más de 4.500 hombres y que al mencionar su número elevándolo a 8.000, Sucre había cometido una equivocación voluntaria. Por todo ello declaró en suspenso el convenio de Girón mientras se daban las satisfacciones capaces de indemnizar las injurias recibidas y se destruían los depresivos testimonios mencionados.[13]

La batalla del Portete de Tarqui fue inconclusa y no tuvo efectos decisivos. Luego de esta batalla no hubo cambios estratégicos en el conflicto general habiéndose estabilizado la guerra durante cinco meses. El resultado de esta batalla no impidió que la Marina de Guerra del Perú continué como dueña del mar al no hallarse el ejército grancolombiano en condiciones de intentar recuperar militarmente Guayaquil. Finalmente Bolívar partió al sur a fin de dirigir la campaña para recuperar militarmente el puerto lo cual no ocurrió.

Las bajas fueron considerables, el ejército grancolombiano confesó 400 bajas en combate mientras que el peruano perdió (según la Gran Colombia), 2.500 hombres entre muertos, heridos y 300 prisioneros, cifra considerada actualmente como exagerada; sin embargo el ejército peruano sostiene que las bajas en el ejército grancolombiano fueron 800 mientras que en el ejército peruano llegaron a cerca de 1.200 entre muertos y heridos.[8]

Fin de la guerraEditar

La guerra acabó inesperadamente con un golpe de estado realizado en Lima, encabezado por Agustín Gamarra, que derrocó a La Mar.

Según la Gran Colombia, de la supuesta cifra 8.400 soldados peruanos que ingresaron en el sur de la Gran Colombia, 2.500 regresaron al Perú tras el arresto de La Mar en Piura por parte del mariscal Gamarra.

El nuevo gobierno de Agustín Gamarra celebró con la Gran Colombia el Armisticio de Piura (10 de julio de 1829) que fue ratificado por Simón Bolívar y que se estipulaba la supresión de las hostilidades por 60 días y la entrega de Guayaquil el 20 de julio. El 22 de septiembre de 1829 se firmó un tratado de paz en Guayaquil (Tratado Larrea-Gual) y se preparó una comisión mixta para delimitar definitivamente la frontera entre ambos países.

En mayo de 1830 se disuelve la Gran Colombia desmembrándose en tres países: Ecuador, Colombia y Venezuela. De estos tres países Ecuador y Colombia limitaron con el Perú y en consecuencia Perú tuvo que enfrentar problemas limítrofes con ellos. Debido a que la Real Cédula de 1802 dispuso la reintegración de los obispados de Mainas y Quijos al Virreinato del Perú separándolos de la Real Audiencia de Quito, Ecuador, en 1840 diez años después de la disolución de la Gran Colombia, presentaría un desacuerdo de límites con el Perú, siendo su disconformidad con la Real Cédula de 1802 el motivo pretextado por Ecuador para dar comienzo a un largo conflicto fronterizo con el Perú (véase Conflicto Perú-Ecuador).

ControversiasEditar

Según la historiografía venezolana, colombiana y sobre todo ecuatoriana, la batalla de Portete de Tarqui fue una victoria militar de la Gran Colombia sobre el Perú. Algunos historiadores peruanos, por desidia intelectual, han aceptado pasivamente esta afirmación de la historiografía de los citados países. Un testigo de lo que ocurrió en Tarqui, el que fue más tarde el General del Ejército del Perú José Rufino Echenique, desmiente lo afirmado tanto por la historiografía de los países que integraron la Gran Colombia, así como lo dicho por historiadores peruanos, y cuenta en sus Memorias lo siguiente:

“Nunca he podido comprender que se diera por perdida por nosotros aquella batalla habiendo reveses por una y otra parte, esperada y preparados nosotros para ella, quedando dueños del campo y con un ejército superior al del enemigo, aún después de aquellos reveses, se haya persuadido al mundo que la perdimos y nosotros consentir en ello, sin aclarar las cosas demostrando que no hubo batalla campal ni menos la perdimos. Podría ser que no se llevara a efecto el plan que nos propusimos y por el que se emprendió la campaña y que lo abandonáramos; pero de esto al hecho material de haberse perdido la batalla, hay una gran diferencia. El acto verdadero y que comprenderá cualquiera es que nos retiramos por un tratado, cosa que muy bien pudo suceder sin batalla y aun sin que se hubiera disparado un tiro”.

En un “Diario de oraciones” publicado en el N° 1 del periódico La Patria en Duelo constan estas palabras que ratifican lo afirmado por Echenique:

“Nuestras tropas se han portado con la mayor bravura... No hemos sido vencidos, pues los enemigos nos han respetado de modo que no se han atrevido a pasar sus columnas al llano en que los esperábamos con el más ardiente deseo...”.

El historiador peruano Jorge Basadre en su obra "La iniciación de la República", Tomo Primero, pagina 173, anota lo siguiente:

“La batalla del Portete no fue un desastre para los peruanos que se retiraron solo después de la batalla a un llano inmediato al pueblo de Girón esperando el ataque final que no vino”.

HomenajesEditar

 
El uniforme de los granaderos de Tarqui, actualmente guardia de honor del palacio presidencial de Quito.

En el lugar donde ocurrió la batalla del Portete de Tarqui un obelisco fue construido en 1936, en reemplazo del original, por el gobierno del Ecuador.

El 27 de febrero es el Día del Ejército ecuatoriano, en recuerdo de la batalla del Portete de Tarqui.

Así mismo, la guardia de honor que custodia el Palacio de Carondelet, sede del Gobierno del Ecuador en Quito, se denomina Grupo de Caballería Escolta Presidencial "Granaderos de Tarqui" y usa un uniforme, de colores azul y blanco, inspirado en los uniformes que usaran los soldados del batallón Caracas del ejército de la Gran Colombia en aquella época.

NotasEditar

  1. El nombre «Gran Colombia» es el término historiográfico utilizado para referirse a la unidad geopolítica extinta con nombre oficial «República de Colombia» (1819–1830), con el fin de distinguirla del actual país con el mismo nombre. El artículo, en general, utiliza los términos «Gran Colombia» como el nombre del país y «grancolombino(a)» como gentilicio, salvo casos excepcionales donde se emplea el nombre oficial.
  2. Existe una controversia histórica con respecto a la posterior decisión de La Mar de invadir Guayaquil, tras el inicio de la guerra; por lo general, se ha entendido que él quería anexar el puerto de Guayaquil al Perú, pero Alfonso María Borrero, citado por Efrén Avilés Pino, afirma que La Mar invadía Guayaquil «...no con el fin de anexarla al Perú, sino con el objetivo de crear un nuevo Estado independiente».
  3. El 17 de mayo, el Congreso peruano autorizó a La Mar el inicio de los preparativos militares. El decreto, ratificado por La Mar, señalaba: «Pondrá al Ejército y a la Armada en pie de fuerza, capaz de resistir o atacar las tropas que atentaren a la dignidad nacional; bajo la protesta solemne de que en el caso inevitable de un rompimiento, el Perú no hará la guerra a los pueblos hermanos de Colombia y de Bolivia, sino a sus actuales jefes».
  4. El ejército peruano se organizó inicialmente en tres Divisiones: la 1.ª (Norte), la 2.ª (Sur) y la 3.ª División (Reserva). Esta disposición varió en enero de 1829, cuando se ordenó al ejército en 3 Divisiones de infantería: la 1.ª (Batallones Ayacucho 1º de la Guardia Nº 1 y Nº 8), la 2.ª (Batallones Pichincha Nº 1 y Zepita Nº 2), la 3.ª (Batallones Ayacucho 1.º de la Guardia Nº 2 y Callao Nº 2), junto con la reserva (Batallones Callao Nº 1 y las Compañías de Cazadores de los Batallones: Ayacucho 1º de la Guardia Nº 2, Callao Nº 2, Pichincha Nº 1 y Zepita Nº 2); 1 División de caballería (Regimientos Glorioso Húsares de Junín Nº 1, Lanceros del Callao y Dragones de Arequipa); y una Batería de Artillería de Campaña (4 piezas).
  5. Las tropas al mando de Urdaneta estaban compuestas por una compañía del Cazadores del Cauca (evacuada de Guayaquil), 20 hombres del Yaguachi y la 4.ª. compañía del Caracas.

ReferenciasEditar

  1. «Libro de Fechas Históricas y Hombres Notables del Ecuador y del Mundo.». Archivado desde el original el 11 de febrero de 2011. Consultado el 11 de agosto de 2011. 
  2. a b La Batalla de Tarqui - La guía de Historia
  3. a b Richard Snowden (1832). The history of North and South America: from its discovery to the death of General Washington. Filadelfia: M'Carty & Davis, pp. 188.
  4. a b c d e f Feliciano Montenegro Colón (1834). Geografia general para el uso de la juventud de Venezuela. Tomo III. Caracas: Imprenta de Damiron y Dupouy, pp. 409-410
  5. George Lauderbaugh (2012). The History of Ecuador. Santa Bárbara: ABC-CLIO, pp. 41. ISBN 978-0-31336-250-7.
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  8. a b c Carlos Dellepiane. Historia Militar del Perú. Tomo I. Buenos Aires: Círculo Militar-Biblioteca del Oficial, pp. 299
  9. Jorge Basadre, Historia de la república del Perú, 2005 (tomo 1), p. 216.
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  11. Resumen de la Historia de Venezuela desde el año 1797 hasta el de 1830, por Rafael María Baralt y Ramón Díaz, tomo II, Paris, imprenta de H. Fournier y Compañía, 1841, pp. 238,
  12. Sucre dispuso que en este obelisco este inscrito, de un lado, los nombres de los Cuerpos del Ejército del Sur (batallones: Yaguachi, Caracas, Rifles y el Escuadrón Cedeño); en el opuesto los de sus Generales y Jefes; y en el tercero el de los Oficiales y tropa muertos y heridos en el combate de Tarqui.
  13. Basadre 2005, Historia de la república del Perú (tomo 1), p. 292.

BibliografíaEditar

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