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Conversión de San Pablo en el camino de Damasco, de Caravaggio. Pablo de Tarso, un judío romanizado, integrado en el mundo helenístico, pasa de perseguir a los primeros cristianos (judeocristianos) a liderarlos, junto a Pedro, en su expansión inicial. El tópico de la conversión, y su valoración ambivalente, sigue siendo una parte significativa de la cultura judeocristiana.

Civilización judeocristiana o cultura judeocristiana son conceptos polémicos, y relativamente recientes,[1][2]​ con los que se pretenden identificar los rasgos esenciales de la cultura o civilización occidental[3]​ con sus fundamentos en judaísmo y cristianismo,[4]​ más allá de sus elementos religiosos (incluso ignorándolos o de forma opuesta, pero nunca del todo ajena a ellos),[5]​ poniéndolos al menos al mismo nivel que sus fundamentos en la civilización o cultura clásica grecorromana.[6]

En su condición de cultura o civilización, determinaría o al menos conformaría de forma decisiva todo tipo de aspectos de la vida personal y social, las instituciones, costumbres, mentalidades, etc.; de modo que en ese origen se explicarían las notables diferencias que tales rasgos presentan en otras civilizaciones más lejanas, como las de Extremo Oriente,[7]​ e incluso más cercanas, como la islámica (aunque también hay algún uso de expresiones que engloban a las culturas judía, cristiana e islámica, como cultura o civilización abrahámica o monoteísta,[8]​ e incluso quien propone una mayor proximidad entre judaísmo e islam, sugiriendo que sería más pertinente hablar de una «civilización judeo-musulmana» como un eje frente a la cristiandad).[9]

En cuanto a mentalidad, todos somos cristianos, vivimos dentro de una civilización judeocristiana que se formó a partir de una red ideológica que tiene su origen en el cristianismo. Por lo tanto, es perfectamente natural que cualquier ciudadano —ya sea comunista, socialista, liberal o lo que sea— se interese en determinado momento de su vida por ese aspecto de la realidad.

Ética judeocristianaEditar

La existencia de una ética o de valores compartidos por la civilización judeocristiana es un asunto debatido.[11]

A finales del siglo XIX Nietzsche definió la moral judeocristiana como portadora de contravalores opuestos a la verdadera grandeza de la vida y la voluntad, una moral resentida de los esclavos que los amos acaban asumiendo por mala conciencia.[2]

A mediados del siglo XX el concepto se aplicó a los valores familiares y tradicionales del contexto ideológico conservador de Estados Unidos, con un amplio consenso social.

El esquema moral judeocristiano.... se ha convertido en parte de la religión civil americana.

Más de una década antes que este texto de Orwell, grupos de líderes religiosos estadounidenses como la National Conference of Christians and Jews (fundada en 1927) subrayaban el terreno común en los fundamentos de la moral y las leyes; en parte como una forma de contrarrestar la judeofobia o antisemitismo con su contrario (judeofilia o filosemitismo), lo que se acentuó especialmente tras la toma de conciencia del Holocausto y el interés geoestratégico en apoyar al Estado de Israel por parte de Estados Unidos.[13][14]

Más de una década más tarde (diciembre de 1952), el presidente Eisenhower relacionó el «concepto judeocristiano» de la igualdad del hombre a partir de su creación por Dios con la forma de gobierno diseñada por los «padres fundadores» de Estados Unidos y que se expresó en la Declaración de independencia de 1776 («Sostenemos como evidentes estas verdades: que los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad»); lo que le llevó a utilizar una expresión que se hizo famosa: and I don't care what it is (‘y no me importa cuál sea’), refiriéndose a que es indiferente qué fe religiosa se siga, mientras sea una de las que incluyan esos valores.[15]

También han sido objeto de discusión, en cuanto a su adecuación a la tradición judeocristiana, otros aspectos morales, como la dignidad humana y la posibilidad o no del ejercicio legítimo de la violencia;[16]​ o valores como la justicia social y la compasión por los pobres.[17]

Véase tambiénEditar

NotasEditar

  1. Jonathan A. Jacobs, Judaic Sources and Western Thought: Jerusalem's Enduring Presence.

    Still, the notion of a Judeo-Christian culture or tradition is actually rather recent, and its employment is often not very sensitive to whether Jews and Christians in earlier times saw themselves as inheriting, participating in, or upholding such a tradition. There have been periods—the seventeenth century is especially notable in this regard—during which Christians had a heightened interest in Judaic roots and early Jewish history.

    Silver Matthew, Our Exodus: Leon Uris and the Americanization of Israel's Founding Story.

    In many ways, the concept of Judeo-Christian civilization developed in the 1950s as what some scholars have called an invented tradition, an anachronism created by ambitious social circles to serve a particular ideological agenda.

    Se recogen usos en inglés desde finales del siglo XIX y en los años 1930, destacadamente por George Orwell, y ya en los 1950 por el presidente Eisenhower (Mark Silk, Spiritual Politics: Religion and America Since World War II.).

    Entre las críticas al uso del concepto, fuera de las acusaciones políticas, está la de Jean-François Lyotard (glosado por Gustavo Perednik, Lyotard y el peligro de las entelequias, El Catobeplas, 2008):

    A partir de contrastar el pensamiento judaico con el greco-cristiano, Lyotard ve en los judíos un tajante corte con el Occidente pagano-cristiano. Se opuso explícitamente al término «judeocristiano» ya que para él los judíos son inasimilables, y resisten para no olvidar «lo Olvidado». En esa resistencia se distancian de la voluntad de Occidente y su obsesión por el dominio. En efecto, los judíos de Lyotard son los testigos de «lo Olvidado», un concepto similar a un numen que «no es recordado por lo que fue o es... sino por lo que nunca deja de ser olvidado... que es percibido como una obligación ante la Ley». Si bien hay en Lyotard reminiscencias del mentado Cohen y de Emmanuel Levinas, se distingue de ellos en que no fundamenta su aproximación a lo judío en ninguna fuente ni tradición de esta cultura.

  2. a b En alemán, el término Judenchristlich (‘judeocristiano’) fue utilizado en un sentido claramente negativo por Friedrich Nietzsche, para enfatizar lo que veía como aspectos negativos de la continuidad entre judaismo y cristianismo (La genealogía de la moral y El Anticristo, 1895). Nathan y Topolski, op. cit, pg. 8 (se traduce al español):

    El relato europeo de la tradición judeo-cristiana... la atribución de su acuñamiento en 1831 en una publicación de Ferdinand Christian Baur, el fundador de la escuela protestante alemana de Tubinga ... (Die Christuspartei ‘El partido de Cristo’). ... Hay mucho que decir de la traducción de los términos alemanes jüdisch-christliche, judenchristen y judenchristlich. Baur, como Nietzxche en El Anticristo (párrafo 24) y La Genealogía de la Moral, usa el primer término, que puede ser traducido como judío cristiano o judeo-cristiano. David Lincium, un experto en Baur, traduce el término como cristiandad judía. ... [Las conclusiones son] 1. El término judeo-cristiano fue acuñado en Alemania en el siglo XIX por teólogos universitarios protestantes, más específicamente por F. C. Baur, fundador de la escuela de Tubinga. 2. El término, al contrario que con su reaparición en Estados Unidos (concurrente con el auge de los nazis), tiene un uso decididamente negativo, popularizado por Nietzsche, con el significado de la noción de resentimiento o moral del esclavo. 3. El término es antisemita.

    Glosado en Olivier Reboul, Nietzsche, crítico de Kant:

    ... el resentimiento de los débiles termina por contaminar a los fuertes; su moral impide que se manifieste el instinto agresivo de los señores; y la agresividad interiorizada -lo afirma Nietzsche mucho antes que Freud- se transforma en mala conciencia. La mala conciencia de los fuertes, los señores convertidos en esclavos de la moral de los esclavos: ahí está el triunfo de los débiles. La idea de responsabilidad moral no es inocente; es el veneno del instinto de venganza. [nota 100: Cf. GM, I, 13, GM,, II, 16, CI, VI, 7; VP, III, 458; Deleuze, p. 91 ss.; 140, 146 ss.]

    Fernando Savater, La voluntad disculpada. Javier Prado, Fernando Savater: Grandeza y miseria del vitalismo:

    La interpretación savateriana de la «voluntad de poder» en Nietzsche, en tanto que creadora de valores, ... valores vitalistas: alegría de vivir, grandeza y desmesura.... [pero] En el ocaso de los ídolos, Nietzsche profesará: «Yo creo que no nos vamos a desembarazar de Dios porque creemos aún en la gramática» ... «Parece que el lenguaje se ha inventado sólo para las cosas mediocres, medias, comunicables».

  3. Caltron J.H Hayas, Christianity and Western Civilization (1953), Stanford University Press, p. 2: "That certain distinctive features of our Western civilization—the civilization of western Europe and of America—have been shaped chiefly by Judaeo – Graeco – Christianity, Catholic and Protestant." Fuente citada en en:Western culture.
  4. O simplemente ‘Perteneciente o relativo al cristianismo en cuanto que posee raíces judías’. Diccionario Usual RAE.
  5. Por ejemplo, los planteamientos filosóficos de libertinos e ilustrados en la Edad Moderna o los de los positivistas y «maestros de la sospecha» en la Contemporánea. En cuanto a elementos concretos, el mesianismo es un concepto común a judaísmo y cristianismo que está particularmente presente en el pensamiento marxista (Jesús Puerta, El mesianismo tras el materialismo histórico, Universidad de Carabobo, 2012). Otro aspecto importante, y vinculado a éste, es la concepción del tiempo histórico (Horacio Vázquez, El mesianismo materialista - La modernidad no ha dado lugar a concepciones no teleológicas de la historia - Toda la historiografía occidental, desde Vico hasta Marx, apunta a una finalidad, aunque no cierre el devenir en un punto concreto, como pretende Hegel con el advenimiento del Espíritu Universal, 2010.). Otros son la monogamia, el patriarcado, el concepto de familia nuclear y la visión negativa de la sexualidad. (Marcos Fidel Barrera, Familia nuclear en La familia formadora de ciudadanos: VII Jornadas de Educación en Valores, 2008). En cuanto a elementos propiamente religiosos: Jean Meyer, Estrella y Cruz: la conciliación judeo-cristiana, 1926-1965, Penguin Random House Grupo Editorial México, 2016. VV.AA. Huellas Bioeticas en la Tradición Judeocristiana, Publicaciones Cruz O., 2006.
  6. Véase el debate sobre el particular con motivo de la fallida Constitución Europea (en arte y cultura clásicos). Di Camillo,Lomba, citados en Jesús Luis Paradinas Fuentes, «Humanismo y educación en el Dictatum Christianum de Benito Arias Montano»:

    Alfonso de Cartagena [un notable judeoconverso castellano del siglo XV]... aunque admite la idea de que la cultura occidental es el resultado de la convergencia entre la cultura judeocristiana y la cultura clásica, defenderá siempre que la cultura judía es superior a la cultura grecorromana, porque el cristianismo es hijo de la primera, no de la segunda.

  7. Por ejemplo, se opone la «cultura de la vergüenza» japonesa a la «cultura de la culpabilidad» judeocristiana (Ruth Benedict El crisantemo y la espada, citado en Yujiro Nakamura, La cultura de la vergüenza y la intolerancia).
  8. Emmanuel Nathan, Anya Topolski Is there a Judeo-Christian Tradition?: A European Perspective. Josef Meri, Jewish-Muslim Relations in Past and Present. Francisco Javier de la Torre Díaz, Enfermedad, dolor y muerte desde las tradiciones judeocristiana y musulmana, Universidad Pontificia de Comillas, 2011.
  9. Slavoj Zizek, A Glance into the Archives of Islam - The Antinomies of Tolerant Reason.
  10. José Saramago en sus palabras.
  11. George Orwell; Sonia Orwell; Ian Angus (2000). George Orwell: An age like this, 1920-1940. D.R. Godine. p. 401. Mark Silk (1984), Notes on the Judeo-Christian Tradition in America, American Quarterly 36(1), 65-85; y otras fuentes citadas en en:Judeo-Christian ethics.
  12. George Orwell, An age like this, 1920-1940, David R. Godine (editor). ISBN 9781567921335.
  13. Mark Silk (1984), Notes on the Judeo-Christian Tradition in America, American Quarterly 36(1), 65-85
  14. Jonathan Sarna, American Judaism, A History, Yale University Press, 2004. p. 266.
  15. La frase completa: in other words, our form of government has no sense unless it is founded in a deeply felt religious faith, and I don't care what it is Henry, Patrick. "And I Don't Care What It Is: The Tradition-History Of A Civil Religion Proof-Text," Journal of the American Academy of Religion, March 1981, Vol. 49, Issue 1, pp. 35-47; fuente citada en en:And I don't care what it is.
  16. David B. Kopel, The Morality of Self-defense and Military Action: The Judeo-Christian Tradition, ABC Clio, 2017.
  17. Barend A. DeVries, Champions of the Poor: The Economic Consequences of Judeo-Christian Values, Georgetown University Press, 1998.