Distribución aproximada de los Comechingones

Comechingón es la denominación vulgar con la cual se alude a dos etnias originarias de la República Argentina, los hênîa y los kâmîare, que a la llegada de los conquistadores españoles en el siglo XVI habitaba las Sierras Pampeanas de las actuales provincias de Córdoba y San Luis.Comechingones, peyorativo de "Kaminchingan", voz sanavirona que significa "habitante de cuevas".

Índice

HistoriaEditar

EtnogénesisEditar

Muchos antropólogos tienden a considerar a los hênia-kamiare como un conjunto muy diferenciado del grupo huárpido. Tres rasgos de los comechingones que más han llamado la atención son su aspecto caucasoide (los varones eran barbudos ya en la pubertad), sus tallas relativamente elevadas para su época (aproximadamente 1,71 m en los varones), y la existencia de una frecuencia de quizás el 10% de individuos de ojos verdosos. Los ojos claros eran llamados chuto (más tarde castellanizado en Villa de Soto), esta singularidad más el hecho de ser barbados y las pictografías como las de Cerro Colorado en donde se observan grafismos que en su forma recuerdan a las runas y se reproducen individuos montados sobre caballos y con algo que parecieran ser yelmos hizo que varios antropólogos del siglo XX creyeran en un origen (o al menos un fuerte influjo) vikingo en la etnogénesis de los hênia kamiâre,[1]​ en la actualidad tales teorías están descartadas y el hecho por el cual en algunas pictografías aparecen dibujos muy estilizados que parecen barcos o la presencia de personajes ecuestres se explica por la sencilla razón de que en tales pictografías los hênia kamiâre estaban representando la irrupción de los españoles en el siglo XVI.

Aunque los estudios revelan un predominio huárpido (al parecer el más antiguo), en la etnogénesis de este pueblo, a lo largo de miles de años, influyeron también linajes pámpidos, ándidos e incluso amazónidos, esto se explica por la ubicación geográfica de su territorio, que era la encrucijada de las diversas corrientes poblacionales prehistóricas del territorio que hoy es Argentina.

Quizás los hênia-kamiare remonten sus orígenes a poblaciones de la cultura Ayampitín milenaria (al menos existente desde el 6000 a. C.) cultura arqueológica que ha dejado rastros hasta en Tarija, pero, por el momento (diciembre de 2006) no existen datos que permitan decir con certeza plena que la cultura Ayampitín (nombre de un sitio del noroeste cordobés) sea correspondiente de un modo absoluto a un "momento formativo" de la etnia de los hênia y kamiare o "comechingones".

Casi con certeza la llamada Cultura Ongamira que comprendía Ongamira, Quebrada de Luna (los Terrones); cerro Minas, cerro Colchiqui surgida hacia el 4600 a. C. es precedente directo de la cultura comechingón, aunque recién se puede hablar de una cultura comechingón en el período que va del 500 al 1600 d.C diluyéndose esta cultura con la criolla-española tras el siglo XVI (uno de los últimos asentamientos con una cultura "comechingona" típica se ubicó en la localidad de Nono hasta el 1750, tras 1600 corresponde hablar de una cultura "comechingón"-española). En cuanto a la última comunidad hênia kamiâre de linajes reconocidos fue la de Tulián o Tolian reconocida por los primeros gobiernos patrios argentinos y existente hasta mediados del siglo XIX en la zona de San Marcos Sierra luego tal comunidad se mezcló totalmente con gente de origen europeo.

DenominaciónEditar

Los comechingones se autodenominaban como hênîa -al norte- y kâmîare -al sur-, (los dos grupos principales) subdivididos en aproximadamente una decena de parcialidades.

El apelativo «comechingón» parece ser la deformación de una palabra peyorativa que les daba la etnia salavinón -o sanavirona- que hacia el siglo XV, procedente del interfluvio río Dulce-río Salado (actual Provincia de Santiago del Estero), invadía los territorios ancestrales de los henîa-kamiare. Los sanavirones los llamaban kamichingan, que en idioma salavirón parece haber significado 'vizcacha' o 'habitante de cuevas', esto debido al tipo de vivienda semisubterránea de los henia-kamiare.[cita requerida]

Sin embargo según la crónica del conquistador español Jerónimo de Vivar, escrita en 1558, el apodo les fue dado directamente por los españoles al escuchar el grito de guerra de los henîa: «¡Kom-chingôn!», según Vivar este grito se traduciría por «muerte-a-ellos» (a los invasores). Es probable que los sanavirones "entendieran" y "tradujeran" con mofa tal clamor de guerra de sus enemigos con la palabra «kámichingan».

Desarticulación culturalEditar

A la llegada del español, los sanavirones habían logrado lo que a los incas les había resultado imposible: expandirse en sus territorios.

La conquista de la "provincia de los comechingones" hizo pie en 1573, cuando un grupo de españoles dirigido por Jerónimo Luis de Cabrera, gobernador de Tucumán, fundara la ciudad de Córdoba de la Nueva Andalucía, buscando reemplazar a Santiago del Estero como el núcleo urbano más importante de su gobernación. Los españoles llevaban veinte años de reconocimiento de la región, lo que les permitió conocer sus parcialidades, dominios y propiedad de las tierras. Los límites precisos de cada una de ellas les facilitaba los "reclamos" de encomienda.

Para apropiarse de las tierras -luego de obtener la encomienda, aprovechando el amojonamiento y organización propia de los pueblos originarios-, con el pretexto de evangelizarlos, se los "reducía" en misiones religiosas, las tierras quedaban desiertas y entonces podían ser pedidas en merced (La corona lo aprobaba cuando no estuviera poblada por nativos).

 
representación rupestre de la guerra entre los kámichingan y los españoles en el cerro colorado

Tan pronto como fundaron Córdoba, empezaron a emigrar las tribus vecinas. En la primera etapa, comechingones y sanavirones ofrecieron dura resistencia, haciendo honor a su tradición bélica.

En 1575, en un acto de rebelión, resulta muerto el alcalde Blas Rosales; el gobernador -Suarez de Figueroa- decide arremeter contra los comechingones en el cerro Charalqueta (Ongamira), donde se habían fortificado. Era un lugar de difícil acceso y los nativos pudieron burlarse del asedio por unos días, mientras los atacaban con flechas y bolas; pero los españoles realizaron un rodeo con sus caballos y al llegar los exterminaron. Según la leyenda muchas mujeres que acompañaban a sus hombres se arrojaron desde la cima cargando en sus brazos a sus hijos, prefiriendo la muerte a la esclavitud.

Luego, algunos intentaron acuerdos, pelearon judicialmente, e incluso adoptaron costumbres. Los sanavirones conocedores de quechua oficiaron de intérpretes, los michilingüe (parcialidad de los camiare) se sometieron dócilmente: Arosena hija del cacique Koslay, bautizada como Juana, se casó con un oficial español, a quien se le otorgó la merced de las tierras del río Quinto hasta el límite con Córdoba.

En todos los casos son vencidos e incorporados al sistema colonial. En menos de cien años del ingreso español a la región, los comechingones resultarán diezmados.

CreenciasEditar

 
Piedra Blanca. "Altar de los comechingones" En Merlo, San Luis, al pie de la Sierra de los Comechingones, se encuentra este sitio arqueológico mítico-religioso. Se trata de un conjunto de piedras dispuestas de norte a sudoeste; con un cuadrado que marca la entrada al sitio, seguido de piedras escalonadas sobre el talud -apuntaladas por otras menores-, el altar de forma cúbica, pulido en la parte superior y horadado en uno de sus costados, y una piedra de gran tamaño en la cima del talud. El lugar -punto de encuentro de los hombres entre sí y con lo divino-, era utilizado para desarrollar los ritos ceremoniales.

Las deidades principales eran el Sol y la Luna, creadores de todo lo conocido, generadores de luz, alimento y protección.

Habían adoptado algunas deidades presentes en las culturas del noroeste, como el yastay, el chiqui y el uturuncu.

Hacían la guerra de noche "para que la Luna estuviera con ellos".

Conocían el "cuarto de sudar", pequeñas casas semisubterráneas donde tomaban baños de vapor, para purificarse.

Algunos cerros, manantiales y grutas, eran santuarios donde se congregaban a efectuar sus ritos ceremoniales. Había un cerro en Ongamira, llamado Charalqueta, reverenciando al dios de la alegría y felicidad; al que luego del legendario suicidio masivo de los nativos ante su inminente captura por el conquistador, pasaron a llamar Colchiqui, dios de la tristeza y fatalidad.

Ceremonias

Practicaban la magia y las danzas rituales, como se advierte en las pinturas rupestres de Cerro Colorado, donde el hechicero hacía uso del fruto de cebil como alucinógeno. El cebil pulverizado era aspirado.

Al llegar la primera menstruación en las muchachas, morir una criatura, o para la buena fortuna en el combate, tenían elaborados rituales.

Hay referencias de una ceremonia en la zona de Quilino (noroeste de Córdoba) "...tenían hecho un cerco de ramas y dentro de él por un callejón que tenían hecho de ramas de guacayán, con huronoes y unos papagayos y figuras de lagartos... había una vieja desnuda con pellejos de tiguere... que bailaba y a cuyo alrededor hacían lo mismos los participantes, cantando en invocando al demonio".

Funeraria

Los muertos eran enterrados en posición fetal, generalmente bajo el suelo de las viviendas, aunque hubo cementerios como lo demuestran los hallazgos de Rumipal y Unquillo.

En 1965, seis arqueólogos aficionados, encontraron un esqueleto comechingón en la zona de Laguna Honda, a 20 km de Villa María, Córdoba.

De una antigüedad de 360 años, estaba atado con lianas y tenía un ajuar compuesto por vasijas de barro, collares, hachas, boleadoras y puntas de flechas.

La fotografía es de la época del descubrimiento, hoy se encuentra en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata.

 
Esqueleto kámichingan enterrado en posición fetal.

Parcialidades y principales subparcialidades (ca. el 1600)Editar

Antiguos pueblos y sus respectivos caciquesEditar

  • Pueblo de savanacora (con el cacique sacanacora charava)
  • Pueblo de concho-sacat o concho-auleta (con el cacique concho charava)
  • Pueblo de yana-sacate o yana-auleta (con el cacique yana-charava)
  • Pueblo de Nunsacate o Nun-auleta (con el cacique nun-charava)
  • Pueblo de pu-sacar o pu-auleta (con el cacique pu-charava)
  • Pueblo de chisacat o chauleta (con el cacique chi-charava)
  • Pueblo de cacho-sacat o cacho-auleta (con el cacique cachu charava)
  • Pueblo de biliblascat o biliblas-auleta (con el cacique biliblas-charava)
  • Pueblo de yasili-sacat o yasilis-auleta (con el cacique yachi (s==eh) charava)

Ubicacion. "entre calamuchita (pueblo de) y salsacate, el de dicho valle".

  • Pueblo de calanavira (con el cacique concho y calanachavara)
  • Pueblo de tiqui-navira (con el cacique chicharava y tiquicharava)
  • Pueblo de toltina-navira (con el cacique toltina-chavara)
  • Pueblo de gualapi-navira (con el cacique gualapi-chavara)
  • Pueblo de cantamana (con el cacique cantamana-chavara)
  • Pueblo de molón-navira (con el cacique molón chavara)

Ubicacion "Adelante de Calamuechita).

TecnologíaEditar

ArmasEditar

Al estar situados en un terreno montañoso sus armas estaban fabricadas con piedras.Se han encontrado puntas de flecha, Boleadoras de piedra, y Hachas de piedra.

 
Boleadoras de piedra
 
Hacha de piedra Comechingona

CulturaEditar

La cultura comechingona poseía algunos influjos de procedencia andina, practicando la industria textil con lanas de auquénidos, cestería, metalurgia y cerámica o coroplastia medianamente elaborada. Eran sedentarios, cazadores-recolectores (en especial de bayas de algarrobo criollo y otros frutos: molle, piquillín, chañar y "coco" de una de las palmeras caranday (así como horticultores de papas -patatas-, maíz, zapallo, porotos, quínoa), eran también poseedores de una incipiente ganadería y avicultura al poseer grandes rebaños de llamas y críar gallináceas como las pavas de monte, aunque su dieta en parte provenía de la caza.

Se considera que los comechingones tenían una sistema de creencias e incluso una religión relacionada con los astros, se realizaban ceremonias adorando los astros, los equinoccios y los solsticios, ceremonias de luna llena que parece haber sido (como en muchas otras culturas) considerada una deidad de la fertilidad.

Un rasgo llamativo es de sus viviendas: casas de piedra, colectivas y semisubterráneas para soportar mejor los fríos (hasta las caídas de nieve) del invierno meridional.

Poco se sabe de sus cultos, las crónicas relatan que "adoraban" particularmente a la luna y que quizás por este motivo es que preferían combatir de noche, lo evidente es que poseían varios centros cultuales o santuarios en los cuales se congregaban, de tales centros cultuales los actualmente conocidos son sitios caracterizados de la geografía: cerros elevados, manantiales de aguas limpias, grutas y "quebradas" en las cuales se apreciaban de un modo especial los astros. Entre sus cerámicas llaman la atención las "toscas" estatuillas que representan a mujeres y varones, tales estatuillas tienen un aspecto muy estilizado, sin embargo se descubre su "sexo" al estar destacadas otra característica de muchas de las estatuillas: el resaltado de los glúteos, ha dado lugar a un equívoco: el suponer que la esteatopigia era común entre los henia-kamiare, sin embargo la existencia de esteatopigia ha sido infrecuente o rara en esta población; la explicación es otra, del ámbito simbólico: el resaltado en la representación de genitales y nalgas en las estatuillas muy probablemente se ha debido a una práctica de "magia simpática" relacionada a los cultos de fertilidad.

SociedadEditar

La filiación era patrilienal, la comunidad familiar extensa era la base de la organización social. La autoridad de cada una de ellas estaba subordinada a un cacicazgo hereditario.

Las parcialidades tenían territorios propios -con aguadas y jagüeles- delimitados, la violación de los mismos provocaba frecuentes fricciones entre los grupos.

Organización socialEditar

Como otros pueblos precolombinos del actual territorio argentino, en el siglo XVI los "comechingones" se hallaban organizados en jefaturas y (debido a la acumulación económica y de poder) en señoríos: hacia el 1100 d.C el ámbito "comechingón" se encontraba habitado por comunidades productoras de moderados excedentes alimentarios, estas comunidades se asentaron en las zonas más fértiles y menos frías, es decir, principalmente en el fondo de los valles. Los cultivos solían ubicarse en tales sitios mientras que la cría de llamas implicaba una pastoricia hacia regiones más elevadas. Pese a la constitución de un completo modo de producción agrícola, los "comechingones" mantuvieron siempre paralela y complementariamente un modo de producción cazador-recolector. Esto y los accidentes de terreno significaron que hasta la llegada de los españoles en el siglo XVI los "comechingones" poseyeran una mayor fragmentación política que las etnias de las llanuras, lo cual facilitó la tardía aunque veloz invasión sanavirona. Si tal fragmentación política de señoríos y cacicazgos en pequeños territorios facilitó la expansión invasiva de los sanavirones, mucho más facilitó la conquista española que estableció una "pax hispánica".

Otros rasgos culturales: vestimentas y adornosEditar

Las ropas de los hênîa-kâmîare evidencian el influjo ándido: vestían poncho, chiripá y ojotas, durante los inviernos añadían a su ropaje "chalecos" de lana y prendas de cuero. Los varones solían adornarse con pequeñas placas alargadas y chatas de metal (cobre, plata y oro) llamadas "chákiras" que pendían de sus cabelleras. Las mujeres se perfumaban con el jugo de un fruto al que llamaban suico y se adornaban con caracolas pintadas.

La conquista españolaEditar

Casi sin lugar a dudas, con la llegada de los conquistadores, tal cual les sucediera a casi todas las etnias americanas precolombinas, gran parte de la población pereció a causa de las epidemias contra las cuales aún carecían de inmunidad (especialmente la viruela, el sarampión y ciertos tipos de gripe). Esto facilitó en gran medida la conquista española.

Olayón fue un cacique principal comechingón, famoso por su bravura, que vivió en la zona de Cruz del Eje, Córdoba, por 1590-1620. Murió en combate, luchando contra los españoles, en duelo singular con el capitán Tristán de Allende, a quien logró dar muerte.

GuerraEditar

Como armas usaban especialmente el arco y la flecha, con puntas de piedra y hueso; lanzas cortas, mazas y boleadoras. Usaban flechas incendiarias.

Acostumbraban ir al combate con el rostro pintado "una mitad negra y otra roja". Atacaban de noche -para que la Luna los protegiera-, en escuadrones cerrados, organizándose según fueran flecheros o portadores de fuego.

EconomíaEditar

Su economía se basaba en la agricultura, bien desarrollada, con cultivo de maíz, quinoa, porotos, zapallos, a la vez que a la cría de llamas domésticas; conjuntamente se dedicaban a la caza (guanacos, ciervos, liebres, etc.,) y a la recolección de frutos silvestres (abundaba la algarroba y el chañar, con lo que hacían bebidas fermentadas).

Utilizaban la irrigación en extensos campos de cultivo que impresionaron a los conquistadores, guardaban los excedentes en silos.

ViviendaEditar

Las viviendas eran las casas-pozo, paredes enterradas en el suelo y una techumbre relativamente baja. Eran grandes -según crónicas españolas, un grupo de 10 jinetes con sus caballos, pudieron ocultarse en una-, habitadas por cuatro o cinco familias. Las aldeas cercadas con defensas de espino, agrupaban entre diez y cuarenta.

LeyendasEditar

Uritorco y Calabalumba (Leyenda)

Uritorco era un indio joven, alto y barbado. Cuando conoció a Calabalumba, le pareció tan hermosa como la flor de suico. La vio vestida con su falda de lana y su camisa adornada con laminillas de caracol, y peinada con el cabello recogido en una trenza negrísima con colgantes de metal. La siguió, pero ella se escabulló entre la gente; sólo dejó en el aire el sonido de las medallas de cobre y plata que colgaban de sus pulseras, y su perfume suave. Uritorco se había enamorado y la buscó hasta encontrarla otra vez. Calabalumba también lo amaba. Pero era hija de un hechicero y el padre jamás aprobaría su relación con Uritorco. Ella lo sabía y también sabía que no iba a poder renunciar a su amor.

Una noche, se citaron junto al cerco de espinillos que separaba los maizales de los corrales de llamas y alpacas. Allí decidieron huir juntos. No fue fácil: el hechicero se convirtió en una figura demoníaca que los perseguía siempre, en cualquier lugar donde se ocultaran. Se refugiaron en los matorrales, entre los árboles, en cuevas escondidas, pero todo fue inútil: el negro demonio de la muerte los acosaba.

Un día, se encontraron frente a frente con un jaguar con ojos de hombre: el Uturunco, quien mostraba sus dientes afilados y rugía, amenazante. Entonces, los jóvenes se transformaron: él, en el magnífico cerro Uritorco y ella, en el río Calabalumba, ese torrente de lágrimas que, como un manantial, surge del pecho de piedra de la montaña. Dicen que, por el conjuro de ese amor, todo aquel que se acerca al Uritorco queda extasiado al contemplar sus tonalidades cambiantes, y mareado por una atracción extraña y una sensación de bienestar. Dicen que es muy difícil dejar de admirar su magnética presencia.

Descendientes actualesEditar

La Encuesta Complementaria de Pueblos Indígenas (ECPI) 2004-2005, complementaria del Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2001 de Argentina, dio como resultado que se reconocieron y/o descienden en primera generación del pueblo comechingón 10 863 personas en Argentina (ninguno residiendo en comunidades indígenas), de las cuales 5119 vivían en la provincia de Córdoba y 5744 en el resto del país.[2]

El Censo Nacional de Población de 2010 en Argentina reveló la existencia de 34 546 personas que se autoreconocieron como comechingones en todo el país, 17 313 de los cuales en la provincia de Córdoba, 5564 en el Gran Buenos Aires, 2145 en la provincia de San Luis, 2021 en la Ciudad de Buenos Aires, 1943 en la provincia de Santa Fe, 1491 en la de Mendoza, 399 en la de La Rioja, 315 en la del Chubut y 130 en la de San Juan.[3][4]

Desde 1995 el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI) comenzó a reconocer personería jurídica mediante inscripción en el Registro Nacional de Comunidades Indígenas (Renaci) a comunidades indígenas de Argentina, entre ellas a comunidades comechingonas de la provincia de Córdoba:[5]

Pueblo comechingón
Pueblos comechingón y sanavirón

Otras comunidades comechingonas sin personería jurídica nacional son:[6]

  • Comunidad Comechingona Toco‐Toco, Cruz del Eje.
  • Comunidad Comechingona Casimira
  • Comunidad Comechingona Nueve Lunas
  • Comunidad Comechingona Aravella
  • Comunidad Comechingona Ochonga
  • Comunidad Comechingona Lu‐San
  • Comunidad Comechingona Cata Kuna
  • Comunidad Comechingona Ctalamuchita
  • Comunidad Comechingona Paravachasca

LenguaEditar

Los hênia-kamiare o "comechingones" poseían su propio idioma, que posiblemente fueran varios. En 1594 Barzana[7]​ informó que en la Sierra de Córdoba se hablaban más de ocho o nueve lenguas diferentes, lo que indican que tal vez la "lengua de los comechingones" no constituyera una unidad y fuera en realidad un conjunto de lenguas diferentes relacionadas. Sin embargo, esta lengua o lenguas está virtualmente indocumentada y actualmente en el territorio que habitaban abunda la toponimia en runa simi o quechua; esto debido a que los conquistadores españoles desde el siglo XVI impusieron el runa simi (dialectizado) como lengua general para comunicarse con las muy diversas etnias aborígenes ubicadas en el Cuyo, Córdoba, Santiago el Estero, y Noroeste Argentino. Eso explica que, posteriormente a la llegada de los españoles en el siglo XVI junto a los topónimos españoles proliferaran (olvidándose los nombres originales) en runa simi o quechua, esto también explica el moderno nombre quechua de la zona arqueológica hoy llamada Inti Huasi en las sierras de la provincia de San Luis, zona arqueológica centrada en cuevas y grutas cuyo nombre verdadero y original hênîa-kâmîare se encuentra olvidado desde el siglo XVII.

Algunas palabras seguras:

Comechingón Español
Henen, henin, hen, pitin Pueblo
Naguan, acan nave Cacique
Butos Casa
Tica Mojón
San Río o agua
Chi Pezón
Era Peñasco
Lemín Pescado

Singularidad fonológicaEditar

Un curioso aporte han dejado los "comechingones": la llamada «tonada» cordobesa (de Córdoba, Argentina) o «cantito» que se define como "el alargamiento de la sílaba pretónica", es decir, el alargamiento de la sílaba previa a la acentuada. Esta tonada o acento del castellano hablado en la Córdoba argentina, a inicios de siglo XIX se encuentra principalmente, muy marcado en las zonas montañosas, aunque es frecuente en la mayor parte de las provincias argentinas de Córdoba y San Luis.

Tal tonada o "cantito" o curva tonal se puede ejemplificar fonológicamente del siguiente modo: Si un hablante de Madrid (España) pronuncia la palabra "tráemelo" de modo que se desglosa en 3 sílabas: [tráe-me-lo], un hablante con curva tonal cordobesa (de la Córdoba argentina) pronuncia la misma palabra en cuatro sílabas del siguiente modo: [tra-e-me:-] (los dos puntos tras la segunda "e" significan el alargamiento de dicha vocal previa a la sílaba acentuada).

Antonio Tovar menciona cinco dialectos del idioma "comechingón": main, yuya, mundema (o "indama"), kama y umba aunque en la actualidad no se pueden dar precisiones sobre la distribución de tales dialectos.

  • Nota:* en Cerro Colorado, Ongamira, Quebrada de la Luna (Los Terrones), El Rincón (San Marcos Sierras) y en el sitio santiagueño de Para Yacu se mezclan tardíamente (hacia fines del s XV e inicios del s XVI) los elementos culturales comechingones con los invasores sanavirones.

ReferenciasEditar