Deuda externa

suma de las deudas que tiene un país con entidades extranjeras

La deuda externa es la suma de las deudas que tiene un país con entidades extranjeras. Se compone de deuda pública (la contraída por el Estado) y deuda privada (la contraída por empresas y particulares).

Mapa de países por reservas en moneda extranjera y oro menos la deuda externa sobre la base de datos de 2010 la CIA Factbook.

La deuda externa con respecto a otros países, comúnmente se da a través de organismos como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial.

El principal argumento para que un país contraiga una deuda es que teóricamente permite conservar los recursos propios y recibir recursos ajenos para explotar, procesar o producir nuevos bienes y servicios. Sin embargo, se vuelve un problema cuando dicho dinero no se utiliza en aquello para lo que fue solicitado, cuando se usa de manera ineficiente o cuando las condiciones de devolución se endurecen ya sea por incumplimientos anteriores del deudor o por presiones externas para modificar la política económica.

El origenEditar

En 1973 el precio del petróleo se multiplicó por cuatro. Los países productores ganaban enormes cantidades de dinero, y bancos privados acudieron a estos países con tipos de interés extremadamente bajos. El 60 % de los créditos fueron a países empobrecidos. En el caso de América Latina, varios países de la región se encontraban bajo regímenes dictatoriales, que contrajeron deuda de manera imprudente o deliberada.

A finales de 2000 sucedieron cuatro hechos perjudiciales para estos países:

  1. Subieron los tipos de interés (se multiplicaron por cuatro desde finales del año 1970 hasta principios del año 1980), lo que precipitó la crisis de la deuda del año 1982, que se manifestó con fuerza en los países latinoamericanos. En ese momento, se fomentó la adquisición de nuevos préstamos para hacer frente al pago de deudas impagables, provocando a raíz de esto la catástrofe económica de esa década y la multiplicación de la deuda.[cita requerida]
  2. Se apreciaba fuertemente el dólar.
  3. Cayó el comercio mundial y se despreciaron las exportaciones del Sur que no eran petróleo.
  4. Se iniciaron los planes de ajuste estructural.

Se llegó entonces a una situación, que metafóricamente explicaba el analista Ignacio Ramonet, en la que los países del Tercer Mundo invertían más dinero en devolver los intereses de esa deuda que en su propio desarrollo:[1]

Usted para comprar un piso, pide un crédito de 20 millones con un interés al 5 %, pero a los tres meses el banco le sube el interés al 8 % y uno no puede quejarse. A los 6 meses, se lo sube al 20 %, con lo que el préstamo que pidió podría haberlo pagado pero con este ya no puede […] Esto es lo que ha pasado con la deuda externa. […] Ahora [los países pobres] están obligados a exportar con el objetivo de conseguir divisas para pagar los intereses de su deuda exterior. De esta forma, el país está volcado al comercio exterior y ello le impide ocuparse de su mercado interior.

Entre otras causas, la fuga de capitales privó a estos países de una fuente de ahorro interno imprescindible para el impulso del propio desarrollo.

Endeudamiento graveEditar

Crisis de deudaEditar

En economía se entiende por crisis de deuda, también conocida como crisis de deuda pública o crisis de deuda soberana, aquella situación de tensiones y dificultades que surgen en la financiación de la Hacienda pública de un país. Los problemas se pueden manifestar en la imposibilidad de pago de los compromisos asumidos por el Estado, la dificultad para encontrar inversores dispuestos a realizar nuevos préstamos o en la elevación del tipo de interés que tienen que pagar los Estados por la emisión de nueva deuda.

El origen de estas crisis se produce por una acumulación creciente de deuda pública emitida para financiar los déficit presupuestarios acumulados de un país. La crisis se desencadena cuando el importe total de la deuda es de una cuantía en la que el Estado no puede atender el pago de los intereses o la devolución de los capitales prestados, porque estos alcanzan un porcentaje considerable de los recursos públicos. Se habla de crisis de deuda externa en aquellos casos en que la Hacienda pública tenga una excesiva deuda frente al resto del mundo y carezca de divisas para satisfacer sus intereses y amortizaciones.

Causas para un endeudamiento con entidades extranjerasEditar

Algunas causas típicas para el grave endeudamiento con una entidad extranjera son:

  • Catástrofes naturales, epidemias y similares, que obligan a pedir préstamos para paliar sus efectos.
  • Inversiones en nuevas investigaciones, industrias, etc. que pueden fracasar por no haber tomado en cuenta el riesgo de cambios en los mercados u otras razones importantes.
  • Mala administración de los fondos, que producen un déficit sostenido que supone cada vez más recursos externos para compensarlo.
  • La negligencia (intencional o no) respecto a los efectos que las deudas excesivas pueden tener, o bien la ausencia de prerrequisitos antes de concederla. Así, autores como Marc Reffinot apuntan que un fenómeno parecido ya sucedió en la década de 1930 tras el crac del 29 y, pese a contar con esa experiencia, se permitió volver a endeudarse a las naciones.[2]
  • En el Fórum 2004 de Barcelona se propuso la llamada deuda indigna, como aquella que se contrajo y se permitió contraer pese a saber que ocasionaría serios problemas a la economía y al desarrollo del país que la solicitaba. La llamada deuda indigna tiene además como requisito que al organismo o país prestamista le resultará imposible no saber los efectos que dicho crédito ocasionará al receptor.

Condonación de la deuda externaEditar

La progresiva aparición de más y más países lastrados por su enorme deuda causó a finales del siglo XX una progresiva conciencia en muchos sectores sociales de la necesidad de la condonación de la deuda externa a los países del tercer mundo incapaces de pagarla. Esta idea ha encontrado una fuerte resistencia entre los sectores políticos más conservadores de los países desarrollados, que no se resignan a perder el dinero prestado.

Aunque no es frecuente, varios países han condonado a otros su deuda (total o parcialmente), generalmente por estar el país reconstruyéndose tras una guerra, una catástrofe o después de un estudio sobre su economía.

En España, según la Red Ciudadana por la Abolición de la Deuda Externa, la deuda era de 68 000 millones de dólares en 1970. En una década, la deuda creció hasta 577 000 millones de dólares, aunque aún era asumible si se hubieran mantenido los términos en los que fue contratada.

En los años ochenta, recordados como la década perdida para el desarrollo, la deuda se convirtió en impagable y alcanzó tales proporciones que se convirtió en uno de los principales obstáculos para el progreso. En esa década, los países en desarrollo pagaron una factura del orden de un billón trescientos mil millones de dólares en concepto de pago del servicio de la deuda.

Con el problema de la deuda externa tras la macro campaña de presión emprendida entre 1998 y 2000 ha pasado algo parecido a lo sucedido con el 0,7 %. Los logros conseguidos, muy parciales y más encaminados a lavar la imagen ante la opinión pública que a una reforma de calado, han provocado una mezcla de escepticismo y resignación entre la ciudadanía.

Por otro lado, tras el atentado del 11 de septiembre a las Torres Gemelas de Nueva York, la coyuntura internacional en la que Estados Unidos aspira a reforzar su hegemonía ha difuminado la visibilidad del problema de la deuda externa. También existe la opinión de que la condonación de la deuda a medio o incluso a corto plazo sería inútil, pues las naciones volverían a endeudarse. Como se ha comentado más arriba, según la opinión de Marc Reffinot algo parecido ya sucedió en la década de 1930 y, pese a ello, se olvidó unos cuarenta años después.[cita requerida]

Sin embargo, nuevos enfoques como el análisis de la deuda ecológica del Norte con el Sur se han ido incorporando como parte de un argumentario más amplio que conecta con la sostenibilidad medioambiental y la exigencia de cambios en la globalización, con movimientos sociales cada vez menos estancos y más interconectados.

En todo caso, perviven diferentes organizaciones que se han constituido en observatorios de vigilancia y examinan de cerca el estado de la cuestión, que dista mucho de haberse solucionado. En el caso español, a finales de enero de 2003, Cáritas, Oxfam Intermón y el Observatorio de la Deuda en la Globalización presentaron en Porto Alegre un informe con propuestas para avanzar denunciando "la parálisis" del ejecutivo español ante este asunto.

Según el especialista Jesús Barcos:

hoy en día la deuda sigue siendo una de las demostraciones de que la existencia de un Tercer Mundo no se entiende sin las decisiones del Primero.

También el Papa Juan Pablo II atacó la deuda afirmando entre otras cosas:

La cancelación de la deuda es, por supuesto, solamente una parte de la tarea más grande de luchar contra la pobreza y de asegurar que los habitantes de los países más pobres tengan una porción más grande del banquete de la vida. Los programas de cancelación de la deuda deben ser acompañados por la introducción de políticas económicas sanas y de un buen gobierno. Pero, tan importante como eso (si no lo es más) es que los beneficios que surgen de la cancelación lleguen a la gente más pobre, a través de un marco de inversiones exhaustivo y sostenible en las capacidades humanas, sobre todo en educación y salud. La persona humana es el recurso más valioso de cualquier nación o economía.

(Discurso del Papa en la reunión con la delegación de Jubileo 2000, 23 de septiembre de 1999).

Iniciativa HIPCEditar

 
Mapa de los HIPC:      Países aptos para una condonación HIPC completa      Países que optan a un alivio HIPC parcial      Países elegibles para HIPC pero que aún no han cumplido las condiciones necesarias
Los países pobres altamente endeudados (en inglés: Heavily Indebted Poor Countries) conforman un grupo que se beneficia de la llamada iniciativa HIPC, creada por el G8 para aquellos países con alta deuda pública (principalmente situados en África, Asia y Latinoamérica). Posteriormente a la Iniciativa HIPC se lanzó la Iniciativa MDRI, distinta, pero vinculada operacionalmente.

Deuda odiosaEditar

Existe también el concepto de Deuda odiosa, aplicado por primera vez en 1898 para establecer como ilegítima la deuda que Filipinas tenía con España, una vez que España había sido derrotada y perdido su colonia frente a Estados Unidos.

La doctrina de deuda odiosa significa que un pueblo no es responsable de la deuda en que hayan incurrido gobernantes impuestos por la fuerza. Esta doctrina está presente en la discusión de la deuda externa de algunos estados donde la deuda externa ha sido engrosada por dictaduras y gobiernos no representativos, con fines de enriquecimiento personal o corporativo, o para la represión social y política. Tal es el caso en la República Argentina.

En 1927, Alexander Sack, profesor de derecho internacional, definía en estos términos la deuda execrable:

Si un poder despótico incurre en una deuda no por las necesidades o los intereses del Estado sino para otorgar mayor fuerza a su régimen despótico, para reprimir a la población que se le enfrenta, etc., esta deuda es odiosa para la población de todo ese país.[3]

El economista Jeff King, luego de aclarar que no es "su" definición sino un resumen de todo cuanto leyó acerca de la deuda execrable u odiosa, la define con precisión:

Deudas odiosas son aquellas contraídas contra los intereses de la población de un país y con el completo conocimiento del acreedor.

Movimiento por la abolición de la deudaEditar

A partir de los años noventa creció a escala internacional un importante movimiento a favor de la abolición de la deuda externa, ligado al ascenso del movimiento antiglobalización. Uno de sus momentos álgidos fue durante la cumbre del G8 de Birmingham en 1998. Desde entonces la abolición de la deuda ha estado presente en las actividades del movimiento antiglobalización y en el Foro Social Mundial. En 2008, diez años después de la cumbre de Birmingham, a modo de balance de la trayectoria del movimiento, la autora y activista antiglobalización Esther Vivas señaló que: «las protestas contra la deuda consiguieron algunos avances, especialmente, en el terreno de lo simbólico y en la percepción que la sociedad tenía de esta problemática. En los países acreedores, se difundieron las causas y las consecuencias de su pago y los vínculos con la pobreza. Mientras que en los países deudores, se puso énfasis en la responsabilidad de las instituciones internacionales en la generación y el mantenimiento de esta deuda. Sin embargo, en el terreno institucional, más allá de situar la cuestión de la deuda en la agenda política, los cambios conseguidos fueron muy pocos».[4]

Deuda ecológicaEditar

 
Una planta de tratamiento de desechos en la ciudad de Cabanatúan, en Filipinas. Luego de que China prohibiera la importación de residuos plásticos, Filipinas vio un aumento del 150% de importaciones de estos residuos desde 2016, con un total de casi 11.800 toneladas de basura en 2018.[5]​ Muchos de estos residuos se trasladan e importan de manera ilegal.

La deuda ecológica es un concepto utilizado de manera general en la ecología política para referirse al nivel desigual de consumo de recursos naturales, generación de emisiones de gases de efecto invernadero y generación de desechos entre los países del Norte Global y del Sur Global.[6][7]​ Aunque no existe una definición precisa del concepto, en líneas generales se refiere al hecho de que el Sur Global exporta materias primas, recursos naturales y mano de obra hacia el Norte Global, por los cuales no recibe un precio justo, mientras que recibe la mayoría de sus desechos, desde desechos plásticos hasta residuos peligrosos.[8]​ Además, el Sur Global sufre de manera desigual los impactos del calentamiento global, a pesar de que contribuye con menor cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero.[9]

El concepto de deuda ecológica fue acuñado en 1992 por María Luisa Robleto y Wilfredo Marcelo, del Instituto de Ecología Política de Chile.[10]​ El término fue utilizado a partir de 1997 por algunas organizaciones ambientales, como Acción Ecológica de Ecuador y Amigos de la Tierra, para lanzar una campaña internacional reclamando por la justicia ambiental.[11]​ La campaña formó la Alianza de los Pueblos del Sur Acreedores de la Deuda Ecológica.[12]

El concepto de deuda ecológica se contrapone al de deuda externa.[13]​ Estudios más recientes hablan de la "deuda climática".[14]

Impacto socio-ambiental de la deuda externaEditar

Impacto ambientalEditar

El impacto ambiental de la deuda externa se refiere tanto a la presión ejercida sobre los ecosistemas como resultado de las obligaciones de deuda externa de los países acreedores[15][16]​ como a la incapacidad de los países de tomar las medidas necesarias de adaptación y mitigación del cambio climático debido a sus crisis de deuda.[17]​ El impacto ambiental de la deuda externa está estrechamente relacionado con el concepto de deuda ecológica.

La economía neoclásica señala que las crisis en la balanza de pagos empuja a los países endeudados a valorar las divisas extranjeras por encima de su valor oficial.[18]​ Esto lleva a los gobiernos de esos países a impulsar actividades destinadas a la exportación para obtener divisas, lo que aumenta la presión sobre el medio ambiente, particularmente en aquellas economías donde los principales productos de exportación son bienes primarios.[18]

Aunque es difícil establecer correlaciones entre variables macroeconómicas y las políticas de explotación de los recursos naturales, existen formas de establecer dicha relación.[19]​ Varios estudios han establecido la relación entre la deforestación y los servicios de pago de la deuda externa.[20]​ Los gobiernos se ven presionados a conseguir divisas mediante la siembra de cultivos comerciales (cash crops), lo que lleva a la expansión de la frontera agrícola.[20][21]​ Otros estudios encuentran que no existe una relación tan clara entre la deuda externa y el crecimiento de las actividades extractivas, aunque reconocen que un aumento de la pobreza debido a la deuda expande el cultivo en tierras marginales.[22]

Véase tambiénEditar

ReferenciasEditar

  1. Ramonet, Ignacio, Consumer, julio-agosto de 2001.
  2. Reffinot, Marc, De la crisis de la deuda a la financiación del desarrollo - Cooperación para el desarrollo en la posguerra fría, n.º 31 de Tiempo de Paz, Editorial Popular, Madrid, invierno de 1994, ISBN 02-208-926
  3. The doctrine of odious debt, en Unconstitutional regimes and the validity of sovereign debt: a legal perspective de Sabine Michalowski, 2007, Ashgate, ISBN 978-0-7546-4793-5, pág. 41.
  4. «El no a la deuda diez años después.» 15 de mayo de 2008. El País.
  5. «Philippines slams the door on world's plastic waste». Nikkei Asia (en inglés británico). Consultado el 22 de abril de 2021. 
  6. «Deuda Ecológica • Ecologistas en Acción». Ecologistas en Acción. 1 de enero de 2005. Consultado el 22 de abril de 2021. 
  7. «Ecological debt» (en inglés). Consultado el 22 de abril de 2021. 
  8. «Río +20: Rescatar los objetivos de la deuda ecológica – Ecología Política». Consultado el 22 de abril de 2021. 
  9. Srinivasan, U. Thara; Carey, Susan P.; Hallstein, Eric; Higgins, Paul A. T.; Kerr, Amber C.; Koteen, Laura E.; Smith, Adam B.; Watson, Reg et al. (5 de febrero de 2008). «The debt of nations and the distribution of ecological impacts from human activities». Proceedings of the National Academy of Sciences (en inglés) 105 (5): 1768-1773. ISSN 0027-8424. PMID 18212119. doi:10.1073/pnas.0709562104. Consultado el 22 de abril de 2021. 
  10. Robleto, María Luisa; Marcelo, Wilfredo (1997). La deuda ecológica una perspectiva sociopolítica. Instituto de Ecología Política, Área Internacional. OCLC 230704228. Consultado el 22 de abril de 2021. 
  11. «Deuda Ecológica». web.archive.org. 24 de febrero de 2020. Consultado el 22 de abril de 2021. 
  12. Aurora Donoso. «Deuda ecológica: de Johannesburgo 1999 a Mumbai 2004». 
  13. Cossio Villarroel, Lizet (00/2004). «La deuda externa y deuda ecológica». Temas Sociales (25): 208-220. ISSN 0040-2915. Consultado el 22 de abril de 2021. 
  14. Warlenius, Rikard (1 de junio de 2018). «Decolonizing the Atmosphere: The Climate Justice Movement on Climate Debt». The Journal of Environment & Development (en inglés) 27 (2): 131-155. ISSN 1070-4965. doi:10.1177/1070496517744593. Consultado el 22 de abril de 2021. 
  15. «An Ecological Footprint Approach to External Debt Relief». World Development (en inglés) 31 (12): 2161-2171. 1 de diciembre de 2003. ISSN 0305-750X. doi:10.1016/j.worlddev.2003.09.001. Consultado el 22 de abril de 2021. 
  16. Sarkar, Amin U. (1 de enero de 1994). «Debt Relief for Environment: Experience and Issues». The Journal of Environment & Development (en inglés) 3 (1): 123-136. ISSN 1070-4965. doi:10.1177/107049659400300109. Consultado el 22 de abril de 2021. 
  17. Sengupta, Somini (7 de abril de 2021). «How Debt and Climate Change Pose ‘Systemic Risk’ to World Economy». The New York Times (en inglés estadounidense). ISSN 0362-4331. Consultado el 22 de abril de 2021. 
  18. a b Azqueta Oyarzun, Diego; Alviar Ramírez, Mauricio; Dominguez Villalobos, Lilia; O'Ryan, Raúl (2007). Introducción a la economía ambiental. McGraw-Hill Interamericana. ISBN 978-84-481-6058-6. OCLC 427504339. Consultado el 24 de abril de 2021. 
  19. Wunder, Sven. (2003). Oil wealth and the fate of tropical rainforests : a comparative study of eight tropical countries. Routledge. ISBN 0-415-27867-8. OCLC 50802601. Consultado el 3 de mayo de 2020. 
  20. a b «The paths to rain forest destruction: Crossnational patterns of tropical deforestation, 1975–1990». World Development (en inglés) 25 (1): 53-65. 1 de enero de 1997. ISSN 0305-750X. doi:10.1016/S0305-750X(96)00086-1. Consultado el 22 de abril de 2021. 
  21. Inman, Katherine (1 de enero de 1993). «Fueling expansion in the third world: Population, development, debt, and the global decline of forests». Society & Natural Resources 6 (1): 17-39. ISSN 0894-1920. doi:10.1080/08941929309380805. Consultado el 22 de abril de 2021. 
  22. Gullison, Raymond E.; Losos, Elizabeth C. (1993). «The Role of Foreign Debt in Deforestation in Latin America». Conservation Biology 7 (1): 140-147. ISSN 0888-8892. Consultado el 22 de abril de 2021. 

Enlaces externosEditar