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Poco después, en 1537, la Suprema envió a los tribunales unas instrucciones precisas sobre cómo actuar en los casos de brujería. Recomendaba asegurarse bien de que los hechos estaban cabalmente establecidos y de que no existían explicaciones naturales a los mismos; desconfiar de las denuncias imprecisas; no basar la acusación exclusivamente en lo que hubieran declarado los presuntos culpables, especialmente en el caso de las mujeres; que no se enviara a la cárcel a los débiles mentales; y finalmente, si a pesar de todas estas precauciones, se decidiera iniciar el proceso, se debería actuar con indulgencia. Para asegurarse que esto último se cumplía, ordenó a los tribunales que todos los casos que merecieran la pena de muerte, fueran trasladados a la Suprema, para que ésta los juzgara.<ref name=perez78>{{cita libro|apellido=Pérez|nombre=Joseph|enlaceautor=Joseph Pérez|año-original=2009|año=2012|páginas=78}}</ref>
 
En 1550 el inquisidor de Barcelona fue destituido por haber ejecutado a siete brujas el año anterior sin el consentimiento de la Suprema, y eso a pesar de que había reunido una junta especial de eclesiásticos y juristas para que resolvieran la misma cuestión que había sido debatida en Granada —"''si las dichas brujas podía ir corporalmente y parecer figuras de animales, como algunas lo dizen y confiesan''"— a lo que la junta respondió que sus miembros "''eran de voto y parecer que estas bruxas podían ir corporalmente llevándolas el demonio y podían hazer los males y muertes que confesaban, y debían esser muy bien castigadas''". El caso había empezado cuando un valenciano de nombre Juan Mallet por orden de un tribunal civil fue llevado por varios pueblos de la zona de Tarragona para que identificara brujas —en el informe de la Inquisición se decía: "''Le traýan por los lugares, haciendo salir la gente de las casas para que las viese y dixese quáles eran bruxas, y las que él nombraba sin otra probanza ni información anhan sido presas''"—. Tras la destitución del inquisidor de Barcelona ya no hubo más procesos contra brujas durante el resto de la historia de la Inquisición en Cataluña.<ref>{{cita libro|apellido=Kamen|nombre=Henry|enlaceautor=Henry Kamen|año=2011|páginas=262-263}}</ref>
 
En 1556 el [[Consejo de la Suprema Inquisición]] anula la sentencia dictada por el tribunal de Logroño sobre el caso de unas supuestas brujas de Guipúzcoa porque han sido condenadas sin pruebas suficientes.<ref name=perez78>{{cita libro|apellido=Pérez|nombre=Joseph|enlaceautor=Joseph Pérez|año-original=2009|año=2012|páginas=78}}</ref>
{{cita|La literatura en general y el teatro en particular narcotizan las notas satánicas de la bruja vasco-navarra y la esfuman en simple ironía y diversión placentera en unas pocas décadas. De esta manera el [[entremés]] sustituye al [[Auto de fe]]. [...] De esta forma, y poco a poco, la figura de la bruja quedó reducida a un [[pelele]] [[carnaval]]esco en un teatro de guiñol, a un espantapájaros hueco en un campo sin fruto}}
 
Uno de lolos primeros en retratar a las brujas con humor fue [[Cervantes]] en ''[[El coloquio de los perros]]''. Uno de los perros describe los hábitos de una bruja andaluza que había sido su ama, y que le había contado que había estado "''en un valle de los Montes Pirineos, en una jira''" de la que le decía:<ref name=caro278279>{{cita libro|apellido=Caro Baroja|nombre=Julio|enlaceautor=Julio Caro Baroja|año=2003|páginas=278-279}}</ref>
{{cita|..[vamos] muy lejos de aquí, a un gran campo, donde nos juntamos infinidad de gente, brujos y brujas, y allí nos da de comer [el Diablo] desabridamente, y pasan otras cosas, que, de verdad, y en Dios y en mi ánima, que no me atrevo a contarlas, según son sucias y asquerosas, y no quiero ofender tus castas orejas}}
 
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