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Molina por Molino
El nuevo equipo de gobierno propiciado por la reina Isabel de Farnesio y encabezado por [[Julio Alberoni]] propició el acercamiento a Roma y así se llegó a un acuerdo provisional conocido como el "concordato de 1717". En el mismo el papado recuperaba su situación jurídica anterior a 1709 a cambio del pago de 150.000 ducados anuales procedentes de las rentas eclesiásticas para la lucha contra el turco —y Alberoni fue nombrado cardenal—. Sin embargo, "los grandes problemas planteados por Solís o Macanaz quedaron marginados".<ref>{{cita libro |apellido=Mestre |nombre=Antonio |apellido2=Pérez García| nombre2=Pablo |año=2004 |páginas=511 |cita=}}</ref>
 
Cuando en virtud del [[Tratado de Sevilla (1729)|Tratado de Sevilla de 1729]], el infante [[Carlos III de España|don Carlos]], varón primogénito del segundo matrimonio de Felipe V con Isabel de Farnesio, recibió el [[reino de Nápoles]] volvió a producirse la ruptura con la Santa Sede, porque ésta puso en cuestión la validez del Tratado de Sevilla alegando que Nápoles era un [[feudo]] del Papa. El conflicto de fondo, sin embargo, residía en la reivindicación del [[Patronato Universal]] —es decir, extender a todos los dominios de la Monarquía de Felipe V el [[patronato regio]] que ya detentaba sobre Granada, Canarias y Las Indias—, propuesta impulsada por el nuevo equipo regalista encabezado por el recién nombrado Gobernador del [[Consejo de Castilla]], el obispo de Málaga [[Gaspar de Molina y Oviedo]], y por el nuevo embajador en Roma, el [[Troiano Acquaviva d'Aragona|cardenal Acquaviva]], y que contaban con el apoyo de [[José Patiño]] el principal ministro del rey. Cuando la Curia romana rechazó la creación en agosto de 1735 de la ''Junta de Real Patronato'', cuya finalidad era impulsar la incorporación a la Corona de iglesias y patronatos, los breves papales fueron "secuestrados" por orden del obispo MolinoMolina que impuso así el ''[[exequatur]]'' —que ninguna orden papal tenía validez en los dominios de la Monarquía de España sin el refrendo de su soberano—. La solución final al conflicto fue la firma del nuevo "concordato de 1737", en el que se produjeron avances en la línea del regalismo —y el obispo Molina, como Alberoni, fue nombrado cardenal—: "quedaba regulado el [[derecho de asilo eclesiástico]]; la Iglesia controlaría el número de clérigos y se propondría la reforma del clero por medio de los obispos... y Roma cedió con un nuevo gravamen sobre los bienes eclesiásticos". Sin embargo, la ceustión fundamental del Patronato Regio y del control de los beneficios eclesiásticos fue aplazado para ser discutido más adelante, aunque el obispo-cardenal Molina lo consideró un éxito pues quedaba la «puerta abierta» para que la Junta de Real Patronato continuara actuando sobre la cuestión del control de los [[beneficio eclesiástico|beneficios eclesiásticos]].<ref>{{cita libro |apellido=Mestre |nombre=Antonio |apellido2=Pérez García| nombre2=Pablo |año=2004 |páginas=512-514 |cita=}}</ref> En 1737 en una investigación realizada por el [[abad de Vivanco]] éste encontró 30.000 [[beneficios eclesiásticos]] que escapan al patronato real en beneficio del Papa.
 
=== Fernando VI y el Concordato de 1753: el «mayor triunfo del regalismo español» ===
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