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Hugo de San Víctor

Hugo de San Víctor (c. 1096-11 de febrero de 1141), nacido en Sajonia, fue un teólogo cristiano de la Edad Media.

Hugo de San Víctor
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Información personal
Nombre en francés Hugues de Saint-Victor Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacimiento 1096 Ver y modificar los datos en Wikidata
Sajonia
Fallecimiento 11 de febrero de 1141jul. Ver y modificar los datos en Wikidata
París (Reino de Francia) Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Francesa Ver y modificar los datos en Wikidata
Religión Cristianismo Ver y modificar los datos en Wikidata
Orden religiosa Canónigos regulares de san Agustín Ver y modificar los datos en Wikidata
Educación
Alumno de
Información profesional
Ocupación Teólogo, filósofo y escritor Ver y modificar los datos en Wikidata
Área Filosofía Ver y modificar los datos en Wikidata
Cargos ocupados
Información religiosa
Festividad 11 de febrero Ver y modificar los datos en Wikidata
Alumnos Otón de Freising Ver y modificar los datos en Wikidata

BiografíaEditar

Se educó en la orden agustina de Hamersleben, en Sajonia. En 1115 o 1118 dejó la escuela agustina por la escuela de San Víctor de París, que había fundado Guillermo de Champeaux en 1108. Allí llegó a ser canónigo, escolástico e incluso prior.

Su elocuencia y sus escritos le procuraron una fama y excelencia que superaron las de San Bernardo de Claraval[cita requerida] y que se conservó hasta el devenir de la filosofía tomista. Hugo fue el iniciador del misticismo de la escuela de San Víctor, dominante en la segunda mitad del siglo XII. Su misticismo, según Charles-Victor Langlois es erudito, untuoso, ornamentado, florido, un misticismo que nunca incurre en peligrosas temeridades; es el misticismo ortodoxo de un retórico sutil y prudente. Esta tendencia muestra una marcada reacción frente a la teología de Roscelino y Pedro Abelardo.

Educado en la Abadía de Hamersleben y después en el convento de los victorianos donde ingresó en 1115. A partir de 1125 enseña en la escuela y en 1133 tomó su dirección, cargo en el que permaneció hasta su muerte en 1141. Es una personalidad completa de filósofo humanista, teólogo dogmático y místico, tres cualidades que une armónicamente y que hacen de él uno de los hombres más universales de su tiempo. Desde el punto de vista filosófico, su principal obra es el Didascalion, resumen del saber sagrado y profano del siglo XII. En el campo teológico merecen destacarse el De Sacramentis legis naturalis et scriptae y en especial el De Sacramentis Christianae fidei, así como la Summa Sententiarum, cuya paternidad está muy discutida. Tiene además un comentario sobre la Jerarquía celeste del Pseudo Dionisio y numerosas obras místicas.

Hugo, nos ha proporcionado, a través de sus obras Didascalicon e Institutionem Novitiarum, valiosos datos para conocer las enseñanzas y métodos que se seguían. La escuela de San Víctor seguía la regla de San Agustín. La ocupación fundamental de quienes la integraban era el estudio, que compartían con el trabajo manual y las prácticas religiosas propias de la comunidad. Los estudios se establecían según un plan que situaba a las artes liberales en la base, a la filosofía en el centro y a la teología en la cumbre. Las artes liberales se distribuían en los dos grupos clásicos (trivium y quadrivium), la filosofía se apoyaba sobre todo en las obras de Platón, San Agustín, Escoto Eriúgena y el Pseudo Dionisio; la teología, en la Biblia y en los Padres o Auctoritates.

LegadoEditar

 
Hugo de San Víctor escribe el Didascalicon (Leyde, Bibliothek der Rijkuniversiteit, Ms. Vucanius 45, f° 130).

Se le cita frecuentemente después de su muerte, y Buenaventura de Fidanza lo elogia en su De reductione Artium ad theologiam. Hugo enseñó sus ideas de misticismo a los influyentes Andrés y Ricardo de San Víctor, y fue miembro fundador del movimiento Victoriano. Uno de los ideales de Hugo que no consiguió que arraigara allí, sin embargo, fue la adopción de la ciencia y la filosofía como herramientas para acercarse a Dios.

Por otra parte, resucitó la tradición, que se había perdido durante la Alta Edad Media de las Artes de la memoria mediante la utilización de imágenes visuales de la memoria, que pudieran recordarse sin utilización de escritos, incluyendo discursos ciertamente largos. Escribió dos tratados, De tribus maximis circumstantiis gestorum y De arca Noe morali donde proponía conservar los tesoros de sabiduría en un espacio imaginario que situaba en un virtual Arca de Noé, como imagen de la Iglesia.

También tuvo una gran influencia en el teórico y crítico Edward Said, quien citó este pasaje de Hugo de San Víctor en sus obras:

Es por tanto, una fuente de gran virtud la mente entrenada para aprender, poco a poco, primero para cambiar las cosas visibles y transitorias, para que después pueda ser capaz de dejarlas atrás. La persona que encuentra su dulce tierra natal es un sensible principiante; aquel a quien todo suelo es como el de su tierra, que ya es fuerte, pero es perfecto para quien el mundo entero es como un lugar extranjero. El alma sensible ha fijado su amor en un lugar en el mundo, la persona fuerte ha extendido su amor a todos los lugares, el hombre perfecto lo ha extinguido.[cita requerida]

PensamientoEditar

Las diferencias ideológicas entre los dos poderes universales, Iglesia-Estado, finalizarían con el reconocimiento de la primera sobre el segundo, en el siglo XII. Con el tiempo se consolidarían las diferencias entre las dos partes. Hugo de San Víctor, en sus escritos, establecería una distinción entre lo secular y lo temporal:

Existen dos vidas y según estas dos vidas, dos pueblos, y en estos dos pueblos dos poderes y en ambos poderes diversos grados y órdenes de dignidad, uno inferior y otro superior. Hay dos vidas: una terrenal y otra celestial. Una del cuerpo y otra del espíritu. Una por la que el cuerpo vive del alma y otra por la que el alma vive de Dios. Una y otra tienen los bienes con los que se alimentan para poder subsistir. La vida de la tierra se alimenta con buenas cosas terrenales y la vida espiritual con buenos medios espirituales. (...) Y así en los laicos, a cuyo cuidado y celo está puesto lo que es necesario para la vida en la tierra, existe un poder terrenal. Pero en los clérigos que tienen por misión guardar los vienes de la vida espiritual existe en cambio un poder divino. Y así, aquel poder se llama secular y este, espiritual.
Hugo de San Víctor: De sacramentis fidei[1]

Citas célebresEditar

El hombre que encuentra que su patria es dulce no es más que un tierno principiante; aquel para quien cada suelo es como el suyo propio ya es fuerte; pero solo alcanza la plenitud aquel para quien el mundo entero es como un país extranjero.

Véase tambiénEditar

ReferenciasEditar

  •   Varios autores (1910-1911). «Hugh of St Victor». Chisholm, Hugh, ed. Encyclopædia Britannica. A Dictionary of Arts, Sciences, Literature, and General information (en inglés) (11.ª edición). Encyclopædia Britannica, Inc.; actualmente en dominio público. 
  • Aparece citado en el libro de San Buenaventura, Espejo de disciplina como ejemplo a seguir.
  1. Artola, Miguel (1982). Textos fundamentales para la Historia (Séptima edición). Madrid: Alianza Universidad. p. 102. ISBN 84-206-8009-5. 

Enlaces externosEditar