El laísmo es, en español, el uso de los pronombres personales de objeto directo femenino "la" y "las" como objeto indirecto para referentes femeninos, en lugar de las formas estándar "le" y "les". La Real Academia Española afirma que el laísmo es impropio y no corresponde a norma culta del español estándar.[1]

En ciertos dialectos del español como el dialecto madrileño y el de zonas del centro de la península Ibérica el laísmo es un fenómeno frecuente.[2]

Índice

OrigenEditar

La lengua castellana mantiene en su gramática la antigua declinación latina y el uso de los casos latinos en los pronombres personales. En la evolución temprana del castellano producida durante la Edad Media, apareció una cierta tendencia que promovía la eliminación total de los casos latinos.[3]​ Las variantes laístas derivan de aquella tendencia, neutralizando la diferencia entre acusativo (complemento directo) y dativo (complemento indirecto) en favor de la distinción de género.[4]

El laísmo, de forma similar a otros fenómenos relacionados con el uso no etimológico de los pronombres átonos de tercera persona, como el leísmo y el loísmo, surge en Castilla durante la Edad Media.[5]​ En el siglo XIII, se produce la reconquista de casi toda Andalucía, pero este fenómeno lingüístico no logró extenderse en la variedad del castellano andaluz y, por ello, tampoco pudo calar en el español atlántico de Canarias e Hispanoamérica durante la colonización del Nuevo Mundo.[6]

Uso normativoEditar

El laísmo se define como el uso de la y las en función de complemento (objeto) indirecto; cuando el referente es femenino, en vez del le y les usado en las variedades no laístas. Así en áreas laístas son comunes formas como:

la dolía la cabeza (variedad laísta) ('[a ella] le dolía la cabeza') -> En este caso [a ella] es complemento indirecto y la cabeza es complemento directo.
las dolía la cabeza (variedad laísta) ('[a ellas] les dolía la cabeza')

Un caso más interesante es la diferente interpretación que puede hacerse de ciertas oraciones en variedades laístas y no laístas, así en un área laísta, una oración como:

La pegué

al ser oído por un hablante de una variedad no laísta el pronombre es interpretado como 'una cosa' referida fue pegada (con un adhesivo) y no "golpeada", que es lo que el "laísta" quería decir.[7]

El le indirecto es ambiguo; para quitar la ambigüedad se puede utilizar un segundo pronombre con preposición:

Dale un beso, a ella (a él).

Variedades laístasEditar

  • El área propiamente laísta se circunscribe básicamente a la zona central y noroccidental de Castilla, Salamanca y este de Cáceres y de León.[8]Asimismo es utilizado en Cantabria.[cita requerida]
  • El laísmo es frecuente en el dialecto madrileño y otras zonas del centro peninsular. Los verbos con los que aparece más el laísmo son: decir, dar, gustar, poner, contar, quitar, ver, escribir, preguntar.[9]

BibliografíaEditar

  • Seco, Manuel. Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española. Espasa. ISBN 84-239-9425-2. 
  • Quilis, Antonio; (et al.) (1985). Los Pronombres "le", "la", "lo" y sus plurales en la lengua española hablada en Madrid. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Instituto de Filología Hispánica (Madrid). pp. 216 págs. ISBN 8400059999. 

ReferenciasEditar

  1. «Laísmo: Lema 2». RAE. Consultado el 7 de septiembre de 2016. «Los pronombres la, las proceden, respectivamente, de las formas latinas de acusativo illam, illas. El acusativo es el caso de la declinación latina en el que se expresaba el complemento directo. Por ello, la norma culta del español estándar solo admite el uso de estas formas para dicha función». 
  2. Centro Virtual Cervantes. «Museo de los horrores: Leísmo, laísmo y loismo». Instituto Cervantes. Consultado el 2 de septiembre de 2016. «Hemos de tener en cuenta que en Madrid y otras zonas del centro peninsular los errores en el uso de los pronombres átonos son muy frecuentes, y que de ahí han pasado también a ser frecuentes en muchos de nuestros medios de comunicación.» 
  3. RAE. «Lema: Leísmo. Sección 3ª». Consultado el 2 de septiembre de 2016. «(...) a diferencia de lo que ocurría en latín, en lugar de distinguir funciones gramaticales a través de las distintas formas pronominales —le(s) para el complemento indirecto y lo(s), la(s) para el complemento directo—, tiende a diferenciar entre masculino y femenino, por un lado, y entre persona y cosa por otro.» 
  4. «leísmo, laísmo y loísmo, claves». Fundéu. Consultado el 1 de septiembre de 2016. 
  5. Baranda, Consolación (1 de enero de 2006). El personaje literario y su lengua en el siglo XVI. Editorial Complutense. p. 26. ISBN 9788474917970. Consultado el 1 de septiembre de 2016. 
  6. RAE. «Laísmo: Lema 3.». Consultado el 6 de septiembre de 2016. «El laísmo, al igual que otros fenómenos paralelos relacionados con el uso antietimológico (...) pero no consiguió extenderse a la variedad del castellano andaluz, por lo que no se trasladó al español atlántico (Canarias e Hispanoamérica)». 
  7. Aunque la RAE no dice que este uso sea incorrecto (como sí hace con el resto de laísmos), lo desaconseja basándose en su uso localizado a zonas tradicionalmente laístas.[1]
  8. «Leísmo – laísmo – loísmo. Un enfoque sociolingüístico». 
  9. Antonio Quilis: Los Pronombres "le", "la", "lo" y sus plurales en la lengua española hablada en Madrid (ver Bibliografía), pag. 208

Véase tambiénEditar