Castilla

región histórica de la península ibérica

Castilla es una región histórica de España de límites imprecisos localizada en el centro de la península ibérica.[10]

Castilla
Bandera de Castilla utilizada de forma tradicional para representar a la región,[1][2][3][4]​sobre fondo rojo o gules.[5][6][2][1]
Interpretación de Castilla sobre la división provincial moderna de España: en rojo aparecen las provincias vinculadas tradicionalmente a Castilla,[7][8]​ y la zona rayada pertenece a otras provincias ligadas a Castilla en distintos proyectos y períodos históricos.[9][n. 1]

Remite su construcción como idea a diversas entidades territoriales previas de raigambre medieval, como fueron el Condado de Castilla, el Reino de Castilla y la Corona de Castilla. En la actualidad, tras la construcción del Estado de las autonomías de 1978, dos comunidades autónomas mantienen el nombre de Castilla en sus denominaciones oficiales: Castilla y León y Castilla-La Mancha.[11]​ Por otro lado, también suele asociarse de forma abstracta con la región geográfica de la Meseta Central.

La articulación variable de la idea de «Castilla», colocada por el noventayochismo como esencia de España, ha sido desarrollada tanto en términos de identidad por parte del castellanismo político como también en términos de otredad por parte de los nacionalismos periféricos. Entre otros ejes, las diferentes visiones contemporáneas de Castilla varían en función de la importancia específica que cada una otorgue al rol de Castilla y «lo castellano» en la construcción de España.[12]​ Por ello, también es considerado un término recurrente en el imaginario español contemporáneo.[13]

EtimologíaEditar

 
Paisaje de Castilla, de Aureliano de Beruete.

Castilla (nombrada en los primeros documentos en castellano antiguo como Castella o Castiella) significa, según su etimología, «tierra de castillos». Los historiadores árabes la denominaban Qashtāla[14]​ قشتالة y su nombre aparece justificado como tierra sembrada de castillos. El término vendría del latín castellum, diminutivo este a su vez del término castrum, castro, fortificación de la Iberia prerromana. La primera mención del término «Castilla» fue el 15 de septiembre de 800, en un documento apócrifo del hoy desaparecido monasterio de San Emeterio de Taranco de Mena, situado en el valle de Mena, en el norte de la actual provincia de Burgos. El nombre de Castilla aparece en el documento notarial por el que el abad Vitulo donaba unos terrenos. En ese documento aparece escrito «Bardulia quae nunc vocatur Castella» (Bardulia que ahora es llamada Castilla).[15]

El documento notarial por el que el abad Vitulo donaba unos terrenos, incluido en el Becerro Galicano del monasterio de San Millán de la Cogolla, dice así:

Ego Vitulus abba, quamuis indignus omnium seruorum dei seruus, una cum cogermano meo Erbigio presbytero, cum domnos et patronos meos sanctos Emeteri et Celedoni, cuius basilica extirpe manibus nostris construximus ego Vitulus abba et frater meus Erbigius in loco qui dicitur Taranco in territorio mainense, et sancti Martini, quem sub subbicionem Mene manibus nostris fundauimus ipsam basilicam in ciuitate de area patriniani IN TERRITORIO CASTELLE et sancti Stefani, cuius basilicam manibus nostris fundauimus in loco qui dicitur Burcenia in territorio Mainense [...][16]

En el mismo libro aparece otro documento fundacional fechado el 4 de julio de 852, por el que se dispone la construcción del cenobio de San Martín de Herrán:

Facta scriptura sub era octogessima nonagessima, tertia feria, quarto nonas iulias, regnante Rodericus comite in Castella.[17]

El nombre toponímico de Castilla se refiere, todavía en el año 853, a un territorio muy pequeño del norte de Burgos diferenciado de los valles burgaleses de Mena y de Losa: Et presimus presuras in Castella, in Lausa et in Mena,[18]​ que no lindaba con Álava, y que no tenía castillos conocidos, por lo que también hay que tener en cuenta otros posibles orígenes para el nombre toponímico de Castilla diferente al de "los castillos", como es el origen de otra Castilla, una gran ciudad de al-Ándalus que Abderramán I conquistó en el 759 y la convirtió en la capital de la Cora de Elvira, y que después se conoció como Medina Elvira. Este topónimo sería llevado al norte de Burgos por algunos de los repobladores de la "Bardulia" (que después se conocería como "Castilla") en tiempos de Alfonso I y su hijo Fruela I.[19]

Contexto históricoEditar

OrígenesEditar

 
El condado de Castilla (850-1065) sobre el año 1000 cuando era una dependencia del Reino de León.

Además de la primera mención de Castilla en el documento del abad Vitulo,[20][21]​ también hay que tener en cuenta la antiquísima documentación del obispado de Valpuesta, monasterio de la provincia de Burgos (804-1087), que es considerada por algunos filólogos como la cuna del idioma castellano. Existe consenso entre los especialistas de que el nombre de Castilla proviene de la gran cantidad de castillos o fortalezas que había en estas tierras.[22][23]

Años más tarde se consolidó como entidad política autónoma, el condado de Castilla, aunque permaneciendo como condado vasallo del Reino de León.[24]​ En el año 960 el condado de Castilla se independizó de facto de León con el conde Fernán González.[24]​ En el año 1037 murió sin descendencia Bermudo III, rey de León, en la batalla de Tamarón, mientras luchaba contra su cuñado, Fernando I.[25]​. Este consideró que era el legítimo sucesor y, por lo tanto, pasó a regir ambos reinos, si bien actualmente diversos autores rebaten que Fernando I creara el reino de Castilla. En el año 1054 Fernando I luchó contra su hermano, García Sánchez III de Nájera, rey de Navarra, en la Batalla de Atapuerca, muriendo también el monarca navarro y anexionándose entre otras la comarca de los montes de Oca, cerca de la ciudad de Burgos.

Reino de CastillaEditar

 
El reino de Castilla (1065-1230), en color rosa, en el centro de la península ibérica en el año 1210.

A la muerte de Fernando I, ocurrida en 1065, los reinos fueron repartidos entre sus hijos, siendo para Sancho II el de Castilla y para Alfonso VI el de León.[26]​ Sancho II es asesinado en 1072 y su hermano accede al trono de Castilla.[26]​ El que la misma persona rigiera en ambos reinos es un hecho que se mantendría durante varias generaciones. A su muerte le sucedió en el trono su hija, Urraca. Esta se casó, en segundas nupcias, con Alfonso I de Aragón, pero al no lograr regir ambos reinos, y debido a los grandes enfrentamientos de clases entre ellos, Alfonso I repudió a Urraca en 1114, lo que agudizó los enfrentamientios. Si bien el papa Pascual II anuló el matrimonio anteriormente, ellos siguieron juntos hasta esa fecha. Urraca, condesa de Galicia también tuvo que enfrentarse a su hijo el Rey Alfonso VII de Galicia, para hacer valer sus derechos sobre ese reino. Dos años después Alfonso VII es coronado también rey de León como Alfonso VII, fruto de su primer matrimonio. Alfonso VII consiguió anexionarse tierras de los reinos de Navarra y Aragón (debido a la debilidad de estos reinos causados por su secesión a la muerte de Alfonso I de Aragón). Renunció a su derecho a la conquista de la costa mediterránea a favor de la nueva unión de Aragón con el Condado de Barcelona, a través del matrimonio de Petronila de Aragón y Ramón Berenguer IV).[27]

En su testamento regresó la tradición real de distintos monarcas para cada reino. Fernando II fue proclamado rey de León, y Sancho III, rey de Castilla

Corona de CastillaEditar

 
La Corona de Castilla (1230-1715) hacia 1400. El Reino de Castilla ocupa el cuarto noreste del territorio.

En 1217 Fernando III el Santo recibió de su madre Berenguela el Reino de Castilla y de su padre Alfonso IX en 1230 el de León. Asimismo, aprovechó el declive del imperio almohade para conquistar el valle del Guadalquivir mientras que su hijo Alfonso tomaba el Reino de Murcia. Las Cortes de León y Castilla se fundieron, momento el que se considera que surge la Corona de Castilla, formada por los reinos de Castilla, León, Toledo y el resto de reinos taifas y señoríos conquistados a los árabes.[28]​ Estos reinos conservaron instituciones y legislación diferenciadas. Por ejemplo, en los reinos de Galicia, León y Toledo se aplicaba un derecho de raíz romano-visigótica, diferente a la legislación basada principalmente en la costumbre que existía en el Reino de Castilla.

En 1520 tuvo lugar la Guerra de las Comunidades de Castilla, que fue el levantamiento armado de los denominados comuneros, acaecido en la Corona de Castilla desde el año 1520 hasta 1522, es decir, a comienzos del reinado de Carlos I.[29]​ Las ciudades protagonistas fueron las del interior castellano, situándose a la cabeza de las mismas las de Toledo y Valladolid. Las demandas fiscales, coincidentes con la salida del rey para la elección imperial en el Sacro Imperio Romano Germánico (Cortes de Santiago y La Coruña de 1520), produjeron una serie de revueltas urbanas que se coordinaron e institucionalizaron.[30]​ Tras prácticamente un año de rebelión, se habían reorganizado los partidarios del emperador (particularmente la alta nobleza y los territorios periféricos castellanos, como Andalucía) y las tropas imperiales asestaron un golpe casi definitivo a las comuneras en la batalla de Villalar, el 23 de abril de 1521.[30]​ Allí mismo, al día siguiente, se decapitó a los líderes comuneros (Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado). El ejército comunero quedaba descompuesto. Solamente Toledo mantuvo viva su rebeldía, hasta su rendición definitiva en febrero de 1522.[30]

Las consecuencias fundamentales de la Guerra de las Comunidades fueron la pérdida de la élite política de las ciudades castellanas, en el plano de la represión real; y en las rentas del Estado. El poder real se veía obligado a indemnizar a aquellos que perdieron bienes o sufrieron daños en sus posesiones durante la revuelta. Las mayores indemnizaciones correspondían al Almirante de Castilla, por los daños sufridos en Torrelobatón y los gastos ocasionados en la defensa de Medina de Rioseco. Le seguían el Condestable y el obispo de Segovia.

La forma de pago de estas indemnizaciones se solucionó mediante un impuesto especial para toda la población de cada una de las ciudades comuneras. Estos impuestos mermaron las economías locales de las ciudades durante un periodo aproximado de veinte años, debido a la subida de precios. De igual modo, la industria textil del centro de Castilla perdió todas sus oportunidades de convertirse en una industria dinámica.

Tras la Guerra de Sucesión Española (1700-1715), el vencedor, el rey Borbón Felipe V, emite los Decretos de Nueva Planta en 1715. Con estos documentos se cambió la organización territorial de los Reinos Hispánicos y se abolió el derecho público, las instituciones propias y todo tipo de fueros y normas tanto de la Corona de Castilla como de la Corona de Aragón. Con ello buscaba la unificación político-jurídica de todos sus dominios.[31]

ReformasEditar

 
División territorial de España en 1833 llevada a cabo por el Secretario de Estado de Fomento Javier de Burgos.

El reformismo borbónico significó la abolición de todo tipo de autonomía de los diferentes reinos que formaban la Monarquía hispánica de los Austrias, y una absoluta centralización de las administraciones. La casa de Borbón construyó una monarquía absoluta centralista y uniformista.[32]​ No obstante, Fernando VI reordenó los límites territoriales denominados intendencias y creados por su padre Felipe V, haciéndolos coincidir con las provincias de los Austrias y los antiguos reinos de España.[33]

Durante la invasión napoleónica y el reinado de José I Bonaparte, se establecieron 28 prefecturas o provincias al estilo francés, que ignoraban los condicionantes históricos y recibieron nombres de accidentes geográficos.

En 1833, durante el reinado de Isabel II el secretario de Estado de Fomento Javier de Burgos llevó a cabo la división de España en provincias y regiones que se mantuvo de forma oficiosa hasta la llegada de las autonomías.[34]​ La región histórica de Castilla se dividía en dos nuevas demarcaciones: [7][35][36]Castilla la Vieja (integrada por las provincias de Santander, Burgos, Logroño, Soria, Segovia, Ávila, Valladolid y Palencia) y Castilla la Nueva, que comprendía Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara, Madrid y Toledo.[37]

Contexto geográficoEditar

 
Mapa de España y Portugal de 1770 en que Castilla aparece en una única división, aunque se especifica «Castilla la Vieja» para la parte norte y «Castilla la Nueva» para la zona sur, aunque sin trazar ninguna división entre ambas.
 
El concepto de Castilla ha sido identificado en ocasiones erróneamente con la Meseta Central o la Tierra de Campos, pese a abarcar también importantes áreas montañosas. En la imagen, el pico Espigüete, en la Montaña Palentina.

La configuración geográfica es uno de los aspectos más controvertidos del concepto de Castilla. La idea de dos castillas se normalizó entre los siglos XV y XVI,[38]​ al popularizarse el concepto de «Castilla la Nueva» para referirse a lo que fue conocido como Reino de Toledo (incorporado a la Corona de Castilla hacia 1085)[39]​ para diferenciarlo de «Castilla la Vieja», identificada con el antiguo Reino de Castilla.[40]

No es hasta 1833 cuando se establece la división de España en provincias y regiones que, aunque no tenía carácter jurisdiccional, sentó las bases de la organización territorial del Estado.[41]​ Este proyecto clasifica ya oficialmente a Castilla en Castilla la Vieja y Castilla la Nueva.[7][42]

Según la Enciclopedia Espasa y la Enciclopedia Britannica,[43][7]​ la región histórica de Castilla estaría compuesta por las antiguas regiones de Castilla la Vieja (Santander, Burgos, Logroño, Soria, Segovia, Ávila, Valladolid y Palencia) y Castilla la Nueva (Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara, Madrid y Toledo).[44]

Para la Enciclopedia Salvat, estaría constituida por los territorios que en la actualidad integran los de las comunidades autónomas de Castilla y León, Castilla-La Mancha, Cantabria, La Rioja y Madrid.[45]​ Esta definición incluiría Albacete y las tres provincias de la Región leonesa (León, Zamora y Salamanca), que no son incluidas por la versión anterior.

Frente a estas definiciones se sitúa el contexto establecido por la construcción del Estado de las autonomías de 1978. Por un lado con la escisión de las antiguas provincias de Santander, Logroño y Madrid (que se constituyeron en comunidades autónomas uniprovinciales) y por otro con la unión de la región leonesa a Castilla la Vieja y de la provincia de Albacete a Castilla la Nueva para dar lugar a otras dos comunidades: Castilla y León y Castilla-La Mancha.[46][47]

Implicaciones políticasEditar

 
Bandera reinvindicativa del castellanismo de izquierdas (nacionalista o independentista).

CastellanistasEditar

Desde ciertos movimientos políticos nacionalistas como el Partido Castellano, soberanistas como Izquierda Castellana, independentistas como Yesca o culturales como la plataforma Ahora Castilla, se aboga por la unión política de la Castilla total, entendiendo esta como la suma de las diecisiete provincias de las comunidades autónomas de Castilla y León, Castilla-La Mancha, La Rioja, Cantabria y Comunidad de Madrid, junto con la comarca de Requena-Utiel, administrativamente valenciana desde el siglo XIX. También existen asociaciones como Asociación Socio-Cultural Castilla o grupos de redes sociales que no incluyen a las provincias leonesas (Zamora, Salamanca y León) como castellanas, Castilla14. Asimismo, existen otros grupos que tampoco incluyen a las provincias de Cantabria y La Rioja "Castilla 12" y otros que incluyen únicamente a las tres autonomías consideradas castellanas, apostando por su unión.

DivergentesEditar

Existe diversidad de opiniones sobre los territorios a incluir en Castilla. Hay una clara oposición a dicha inclusión sobre todo en las comunidades uniprovinciales desgajadas de la antigua Castilla la Vieja, que cuentan con un regionalismo propio muy implantado.

En Cantabria no existe actualmente ninguna fuerza política o agrupación que defienda la integración en Castilla. El Partido Regionalista de Cantabria se opone a dicha integración. Existieron algunos movimientos proclives a la unión con Castilla como las ya desaparecidas Asociación Cantabria en Castilla (ACECA), colectivo procastellanista activo en Cantabria durante el proceso autonómico, y su heredera Asociación para la Integración de Cantabria en Castilla y León (AICC), activa en el primer lustro del siglo XXI. De esta última surgió el partido La Unión, que incorporó en su primer programa electoral la cooperación y colaboración con Castilla y León como región complementaria. Postura que terminó abandonando y apostando por una autonomía cántabra con recentralización de ciertas compentencias y colaboración con las comunidades autónomas vecinas.[48]

En La Rioja, el Partido Riojano, de tendencia regionalista riojana, no se plantea la integración del territorio riojano en la órbita castellana. Por otra parte, no existe ningún partido ni sociedad en la comunidad que pretenda dicha anexión. El regionalismo riojano, que defiende tanto la pertenencia a la autonomía de La Rioja como a España, es desde el punto de vista identitario mayoritario en la comunidad, según las encuestas y estudios sociológicos.[49]​ Asimismo, además del regionalismo propio, existe el partido Hegoalde-rioja territorio sur, que se presentó a las elecciones estatales de 2016 en coalición con el partido navarro denominado Libertad navarra. Estos partidos buscan la unión de La Rioja a Navarra alegando razones histórico-culturales, pero siempre dentro del estado español.[50]​ El antiguo partido nacionalista vasco ANV proyectaba a La Rioja como parte de Euskal Herria solo si sus habitantes así lo deseaban. Sin embargo, esta formación no llegó a tener nunca presencia de ningún tipo en la comunidad.

Al margen del castellanismo, existen partidos castellanoleonesistas que defienden la actual autonomía de Castilla y León; es el caso de Unidad Regionalista de Castilla y León. De igual manera, hay partidos regionalistas en Castilla-La Mancha que defienden dicha autonomía, como el Partido Regionalista Manchego o el desaparecido Partido Regionalista de Castilla-La Mancha. Mención aparte merecen partidos regionalistas de ámbito provincial, como por ejemplo Iniciativa por el Desarrollo de Soria, el Partido Regionalista de Guadalajara o Independientes por Cuenca

 
Las tesis carreteristas defienden una versión más reducida de Castilla, con la inclusión de Cantabria y la exclusión de gran parte de las provincias de Valladolid y Palencia.

Los partidos de ideología leonesista se oponen -por lo común- a planteamientos de integración con Castilla, negando la supuesta castellanidad de las provincias de León, Zamora y Salamanca (a las que denominan País Leonés), y pretenden para el trío provincial la secesión autonómica, basándose -en cuanto a historiografía política diferenciada- en la fortísima personalidad del territorio en la Alta Edad Media, del que -políticamente- surgió la propia Castilla, además del siglo y medio de existencia de la Región de León, entre 1833 y 1983, ente -como todos los de esa centuria y media- meramente nominal, y no administrativo.

Por su parte, los carreteristas defienden que las provincias que forman parte de las actuales comunidades autónomas de Castilla y León, y de Castilla-La Mancha, deben formar comunidades autónomas uniprovinciales, estableciendo -posteriormente- relaciones con el resto de provincias castellanas. De esta manera, se considera que se respeta mejor la tradición de descentralización de Castilla, usando una unidad territorial mucho mayor que las pre-decimonónicas, pero que ha tenido una feliz implantación desde 1833 en este territorio.

ContextualizaciónEditar

El liberalismo decimonónico impulsó un proyecto de construcción nacional de España; uno de sus pivotes, junto al de la acción histórica del Estado, fue la expresión cultural simbolizada por Castilla.[51]

¿Y qué se encuentra en la inmensa meseta que se extiende desde Jaén hasta Vitoria, desde León hasta Albacete, desde Salamanca hasta Castellón, desde Badajoz hasta Teruel? Yo bien sé que Castilla, madre pródiga y poco calculadora, se ha quedado sin sangre por darla á un mundo nuevo, por regarla con soberbia grandeza en todos los confines del planeta. Pero vamos al hecho, dando de lado las causas y concausas que lo hayan producido. ¿Qué es hoy Castilla? Recórrase en cualquiera dirección. ¿Qué es hoy Castilla? Un páramo horrible poblado por gentes cuya cualidad característica aparente es el odio al agua y al árbol; ¡las dos fuentes de futura riqueza!
—Ramiro de Maeztu, «La meseta castellana». (Moreno Hernández, 2000, p. 203)

Castilla fue apelada en el cambio de siglo por parte de la Institución Libre de Enseñanza así como por los autores de la generación del 98 como refugio espiritual de España,[52]​ estableciéndose tras el desastre las bases de un nacionalismo español de nuevo cuño en la historiografía.[53]​ Un lugar común es la extensión del paisaje y la naturaleza al carácter de sus gentes.[54]​ La evocación de sus paisajes fue una constante entre los miembros de la Institución Libre de Enseñanza.

 
Giner de los Ríos colocó a la sierra de Guadarrama como expresión de Castilla

En este contexto, Giner de los Ríos encontró en este paisaje castellano atributos tales como una «robusta fuerza interior, severa grandeza, nobleza, dignidad, señorío, esfuerzo indomable, gravedad, austeridad, carácter y modo de ser poético».[55]​ La concepción institucionista de Castilla entronca y conecta con la ideación de esta por parte de la generación del 98, que encontraría en la región un vehículo a través del cual materializar sus inquietudes.[56]​ Giner de los Ríos estableció en sus escritos a la sierra de Guadarrama como expresión particular del paisaje castellano,[57]​ y a Peñalara en un símbolo, encontrando a su vez el escritor Enrique de Mesa la ascensión a dicha cumbre como clave para entender tanto Castilla la Vieja («ennoblecida por los hidalgos cuerdos») y Castilla la Nueva («sublimada por el hidalgo loco»).[58]

 
Maeztu identificó a Castilla con la meseta sin árboles. Montealegre de Campos (Valladolid).

Entre los noventayochistas que contribuyeron a la definición de este paisaje castellano se encuentra el poeta Antonio Machado, con sus Campos de Castilla,[55]​ además de Azorín, especialmente afín a los planteamientos de la Institución en relación a Castilla, que habría encontrado en la población de la región «el tipo del campesino castellano castizo, histórico: noble, austero, grave y elegante en el ademán; corto, sentencioso y agudo en sus razones».[59]Joaquín Costa identificó a España con Castilla con su «Pasaron siglos, Castilla se hizo España».[60]​ En Miguel de Unamuno, inicialmente con posiciones críticas, se observa una progresiva identificación con la idea de Castilla.[61]​ Décadas más tarde, en los debates durante la Segunda República sobre el texto constitucional de 1931, denunciaría que «ya hemos oído que Castilla no conoce la periferia, y yo os digo que la periferia conoce mucho peor a Castilla».[62]Ramiro de Maeztu la identifica con la meseta.[63]

Ortega y Gasset plasmó en sus escritos la influencia de la asociación simbólica por parte de Giner de los Ríos de España en Castilla y de Castilla en «un esenciero de españolía».[64]​ En 1921 escribió en su España invertebrada «Castilla ha hecho a España y Castilla la ha deshecho».[65]

Castilla aparecería en una compleja relación de amor-odio, como motivo recurrente de la obra del regeneracionista Julio Senador, caracterizado por su pesimismo antropológico.[66]​ En Castilla en escombros (1915) llegó a sostener que «decir Castilla no es más que articular un vocablo vacío de sentido, porque ya no queda aquí ninguna Castilla de existencia real».[67]

 
El carreterismo incidió en la identificación de Castilla con las montañas.

Desde una perspectiva de regionalista castellano, Luis Carretero Nieva reconoció a Castilla en 1918 en las provincias de Ávila, Burgos, Logroño, Santander, Segovia y Soria, y, oponiendo «Castilla» con «León» y recelando de la ciudad de Valladolid, plasmó la idea de que Castilla no se asociaba con la llanura de la meseta, sino con las «montañas»; sus ideas y las de su hijo Anselmo, que posteriormente agrandaría la idea de Castilla a las provincias novocastellanas de Madrid, Guadalajara y Cuenca, llegarían a tener cierto eco en el desarrollo del proceso preautonómico en Castilla y León, que tuvo lugar a caballo de las décadas de 1970 y de 1980.[68]

En relación a La Montaña, autores como Clarín y Amador de los Ríos abogaron por la idea de Cantabria en Castilla oponiéndose a la posibilidad de justificación de un regionalismo montañés que en cualquier caso se presentaba localmente con frecuencia asociado en buena medida a Castilla; el relato liberal de la concepción de Cantabria como origen de Castilla y de España se extendió a lo largo de los siglos xix y xx.[69]​ Por otro lado, algunos intelectuales de la región, entre ellos Marcelino Menéndez y Pelayo, se dedicaban en sus escritos a la exaltación regional, o bien afirmaban la indisoluble unidad de caracteres físicos y morales que tuvieron siempre las provincias de Asturias y Santander, en publicaciones tales como el Almanaque de las Dos Asturias o la Revista Cántabro-Asturiana.[70]​ Durante la Segunda República y, en torno a los debates estatutarios en particular, el cantabrismo, de cualquier color político, se adscribió siempre al ámbito de Castilla, siendo la posición más próxima a un particularismo cántabro la formulación de un estatuto «cántabro-castellano» en un contexto federal.[71]

 
Campo de amapolas en Ólvega (Soria).

Desde Cataluña ha sido en el pasado interpretada como una identidad territorial dentro de España, contraponible a Cataluña, planteándose una dualidad entre ambas regiones.[72]​ Según Enric Ucelay-Da Cal la historiografía catalana a lo largo de la Edad Moderna no llegó a desarrollar una visión de Castilla más allá que en función relativa a la propia Cataluña, conceptuándola meramente como vecino de esta junto a Francia.[73]

El relato de una Castilla culpable del fracaso del desarrollo nacional de Cataluña abrazado por los autores de la Renaixença permeó fuertemente en el discurso del nacionalismo catalán, operando Castilla como un Otro que, de manera efectiva, consolidara la identidad catalana.[74]​ La figura de Castilla aparece en los escritos del publicista catalán Pompeyo Gener, abanderado del darwinismo social, quien, para justificar la supremacía de lo catalán frente a lo castellano, argumentó en 1887 que Castilla carecía de capacidad científica por «la falta de oxígeno y la presión de la atmósfera, la mala alimentación, la preponderancia de una raza en la que predomina el elemento semítico y pre-semítico (los andaluces), y el que la pluma sirva para escalar el poder, han sido causas que han producido un carácter frívolo y vacío en la literatura española».[75]

La noción de una Castilla envejecida que debe pasar la antorcha a Cataluña es recurrente en el pensamiento catalanista de comienzos del siglo xx; para Joan Maragall (1902): «Castilla, metida en un centro de naturaleza africana, sin vistas al mar, es refractaria al cosmopolitismo europeo; […] Castilla ha concluido su misión directora y ha de pasar su cetro a otras manos».[76]

 
Friso en las páginas de La Reinaxensa de 1878 en el que se representa alegóricamente a la izquierda a Castilla como una torre, con el escudo de Cataluña en el centro unido a Castilla por medio de cadenas, y con un águila alegórica de Cataluña a la derecha.[77]

Castilla y su relación con Cataluña sería objeto de diversas representaciones alegóricas en la ilustración y caricatura de la prensa periódica del siglo XIX y comienzos del XX.[78]

En Galicia, la plasmación de una Castilla imaginada como referente de negación necesario para construir la Galicia imaginada, tendría una importancia destacada en los períodos del regionalismo y la primera etapa del nacionalismo gallego.[79]​ En el contexto del nacionalismo gallego histórico, Manuel Murguía incorporaría a su discurso identitario de la codificación de la diferencia entre una cultura «celta» superior y una cultura «semítica» inferior la oposición dicotómica «Galicia»-«Castilla»;[80]​ igualmente, en el imaginario identitario de Castelao «Castilla» se conformaría como etnia de exclusión.[81]​ Por su parte Blas Infante, prócer del andalucismo, alejándose del casticismo también reivindicó a «Andalucía» frente a «Castilla», poniendo en valor rasgos semíticos e islámicos que encontró en el genio andaluz, si bien en un principio no en un sentido completamente antagonístico.[82]​ A la visión de Andalucía del nacionalismo étnico andaluz se enfrentarían interpretaciones de esta como producto de Castilla: la «Castilla Novísima», abrazada por autores como Domínguez Ortiz y Sánchez Albornoz.[83]

 
Dibujo de Ángel Andrade ilustrando «Por tierra de Castilla».[n. 2]
 
«Els Segadors en Castilla no van á dejar trigo con cabezas».[n. 3]

También figura en esta proyección cultural de Castilla la labor del músico y folclorista Antonio José, que dedicó a estas tierras obras como Sinfonía castellana, Danzas burgalesas, Evocaciones, Suite ingenua e Himno a Castilla.[84]

Castilla constituyó también un elemento central del ultranacionalismo palingenésico del ideario falangista, invocándose a Castilla a la hora de articular su visión de comunidad imaginada de España,[52]​ situándose como la quintaesencia de España de manera repetida en su mensaje político.[85]​ Previamente a su militancia en Falange, Onésimo Redondo, cuyo castellanismo se convirtió en un eje clave de su ideología e influyó en ese aspecto a Ramiro Ledesma Ramos,[86]​ abogó en «Castilla en España» como espacio donde se sublimarían las esencias nacionales contrarias a la corrupción de la capital y las urbes por una «España castellana y rural», opuesta al europeísmo, al cosmopolitismo y a los influjos extranjerizantes de occidente y oriente, por una Castilla rural, «incontaminada en su retiro», que persistiría en su «genuina potencia regeneradora».[87]​ Otros eminentes falangistas, como Eugenio Montes («Castilla tiene la misma edad que Europa»), también recogieron posteriormente durante el franquismo el esencialismo castellano de Ramón Menéndez Pidal, una suerte de volkgeist castellano, y lo emplearon como ariete para desafiar al nacionalismo liberal.[88]​ Durante la celebración del llamado «Milenario de Castilla» en 1943 por el régimen franquista, Franco habló algo fríamente en términos de «la gran Castilla, base de la nación española», Carrero Blanco trató a Castilla como «médula de la patria» y García Villoslada como «raíz y médula de España» mientras que José Ibáñez Martín se refirió afectuosamente a Castilla como «madre de España», atribuyendo a la Castilla de Fernán González una serie de cualidades que según el ministro se habrían transmitido a los españoles, configurando «el tipo, el carácter, el ideal del hombre hispánico».[89]

También durante el franquismo, el integrista católico Rafael Calvo Serer encontró el concepto de Castilla como esencia de España como algo detestable; refractario el autor a cualquier tipo de esencialismo de carácter no católico para España, situaría al catolicismo como puntal de cara a asegurar la unidad de la patria.[90]​ En abril de 1952 desarrolló en un artículo de ABC de título claramente provocativo —«España es más ancha que Castilla»— una apología del País Valenciano y un ataque al noventayochismo.[91]

Durante el proceso autonómico tuvo lugar un revival de narrativas históricas de cuño regionalista, tanto antiunitarias —la carreterista de González Herrero o la leonesista (uniprovincial o en relación a las provincias de Salamanca, León y Zamora)—, como la de la «Gran Castilla» del Pacto Federal Castellano, que abogaría por la unión en una autonomía de Castilla la Vieja, León y Castilla la Nueva.[92]​ También en democracia, se empujó desde las manifestaciones celebradas en Villalar el relato idílico de una «Castilla concejil y comunera».[93]​ En esa línea, una musicalización en 1976 del romance Los comuneros (1972) por parte del grupo musical Nuevo Mester de Juglaría supuso el impulso a una teoría particular de Castilla.[94]

En la actualidad, dos comunidades autónomas comparten nominalmente la denominación de Castilla; son Castilla y León y Castilla-La Mancha, cuya conformación fue discutida desde el punto de vista de fundamentación histórica.[95]​ Historiadores como Julio Valdeón Baruque consideran por el contrario la unión de tierras en la cuenca del Duero como coherente históricamente, con base en la fuerte imbricación entre los territorios de Castilla y de León que ya se daría a finales de la Edad Media.[96]​ Con, sin embargo, argumentos geopolíticos y socioeconómicos a favor, la población de las dos autonomías, al contrario que la de otras regiones, ha diluido su identidad colectiva en gran parte dentro de la identidad española.[95]

SímbolosEditar

 
Escudo de armas de Castilla

Durante el reinado de Alfonso VIII de Castilla se comenzó a emplear un castillo de oro, aclarado de azur y mazonado de sable, en campo de gules, como símbolo del Reino de Castilla, en escudos y pendones.[97]

Posteriores versiones llevaron a aplicar el color morado a un legendario «pendón castellano», haciendo que el color morado se identificara como el color de Castilla. Una de las hipótesis planteadas al respecto se apoya en el hecho de que, con el transcurso del tiempo, muchos paños que originalmente eran de color carmesí se fueron desgastando y pudieron haberse confundido con otras tonalidades, como el morado.[98]

Las armas de Castilla han sido empleadas desde entonces en las diversas versiones del escudo de España y de distintas comunidades autónomas. En términos heráldicos, el escudo de Castilla se define así:[99]

sobre campo de gules, un castillo de oro almenado de tres almenas, mamposteado de sable y clarado de azur.

Véase tambiénEditar

NotasEditar

  1. Cantabria y La Rioja pertenecieron a la división denominada Castilla la Vieja, mientras que la región leonesa ha sido incluida junto a Castilla en diversos proyectos como el decreto de Patricio de la Escosura de 1847, el proyecto federalista de Emilio Castelar en 1873 y el Proyecto de Ley de Francisco Silvela en 1891. Otros proyectos que incluían a la región de León fueron el Pacto Federal Castellano de 1869 y la Mancomunidad Castellana de 1918.
  2. Sellés, Eugenio (25 de agosto de 1900). «Por tierra de Castilla». Blanco y Negro (Madrid) (486). 
  3. Xaudaró, Joaquín (1 de febrero de 1903). «Apuntes Cómicos». Blanco y Negro (Madrid) (613). 

ReferenciasEditar

  1. a b Revista Hidalguía número 148-149. Ediciones Hidalguía. p. 333. 
  2. a b Leblic, Ventura. ABC, ed. «El morado no es el color de castilla». Consultado el 24 de septiembre de 2020. 
  3. , William G. (1990). Flags of the World: A Pictorial History. Dorset. p. 91. ISBN 9780880295611. 
  4. E. M. C. Barraclough (1978). Flags of the World. F. Warne (digitalizado por Universidad de Michigan). p. 139. 
  5. Real Asociación Española de Cronistas Oficiales. «Conociendo Fuentelcésped y el lábaro de Castilla». Consultado el 25 de septiembre de 2020. 
  6. Principios de transmisibilidad en las heráldicas oficiales de Sevilla, Córdoba y Huelva. Face Ediciones. p. 590. ISBN 849986354X. 
  7. a b c d Encyclopaedia Britannica. «Castile» (en inglés). Consultado el 19 de septiembre de 2020. 
  8. Azaola, José Miguel de (1972). La regionalización de España. Ediciones de la Revista de Occidente. p. 373. 
  9. Salgado Fuentes, Carlos Javier (2016). La evolución de la identidad regional en los territorios del antiguo Reino de León. Ediciones Universidad de Salamanca. p. 355. ISBN 849012602X. 
  10. Ferrari Núñez, Ángel. Castilla dividida en dominios según el libro de las Behetrías. Real Academia de la Historia, 1958, p. 43
  11. El País «Por qué Castilla-La Mancha tiene un guion en su nombre y Castilla y León no.» Consultado el 19 de agosto de 2020
  12. Camazón Linacero, 2013, p. 473.
  13. Moreno Hernández, Carlos (2009). En torno a Castilla. p. 9. 
  14. Fanjul, 2004, p. 271.
  15. Moreno Fernández, 2005, pp. 79, 287.
  16. Luciano Serrano, Cartulario de san Millán de la Cogolla, Centro de Estudios Históricos, Madrid, 1930
  17. Martínez Diez, 2005, pp. 135 y ss..
  18. «Becerro galicano digital [doc.356]». Archivado desde el original el 24 de mayo de 2016. Consultado el 21 de marzo de 2018. 
  19. García Duarte, Francisco de Borja (2017). Mozárabes en el origen de los reinos cristianos. La Emigración mozárabe al reino astur-leonés y la influencia de los cristianos de al-Ándalus en la formación de Castilla y del castellano. Almuzara. ISBN 978-84-17044-37-4. 
  20. Martínez Díez, Gonzalo, El Monasterio de San Millán y sus monasterios filiales. Brocar, 21 (1988) 7-53
  21. Moreno Fernández, Francisco (2005). «Los reinos cristianos y su vecindario lingüístico, pg.79». Historia social de las lenguas de España. Editorial Arie. p. 287. ISBN 9788434482630. 
  22. El Diario «Más castillos que en Castilla» Consultado el 4 de septiembre de 2020
  23. Mundiario «¿Por qué se llama Castilla?.» Consultado el 4 de septiembre de 2020
  24. a b Dialnet. Estepa Díez, Carlos. La configuración del Reino de Castilla en torno al valle del Duero. CSIC, Centro de Ciencias Humanas y Sociales Instituto de Historia (Madrid).
  25. Reilly, Bernard F. (1982). The Kingdom of León-Castilla Under Queen Urraca, 1109-1126 (en inglés). Princeton University Press. ISBN 978-0691053448, p. 7
  26. a b Dialnet. González Mínguez, César. «El proyecto político de Sancho II de Castilla (1065-1072)»
  27. Villatoro, Manuel. ABC, ed. «Los fines ocultos del matrimonio que forjó la Corona de Aragón». Consultado el 19 de septiembre de 2020. 
  28. Sánchez Badiola, Juan José (2005). Desmontando España: El gran fraude de los separatismos. Vision Libros. p. 138. ISBN 849983051X. 
  29. Sánchez Badiola, op. cit. p. 218
  30. a b c Moncada Lorén, Manuel. National Geographic, ed. «La batalla de Villalar y el fin de la rebelión comunera». Consultado el 19 de septiembre de 2020. 
  31. Martínez Ruiz, Enrique (1992). La España moderna. Ediciones AKAL. p. 452. ISBN 8470902776. 
  32. Guimerá, Agustín (1996). El reformismo borbónico: una visión interdisciplinar. CSIC Press. p. 16-23. ISBN 8420628638. 
  33. Alberola, Armando (2010). Las élites y la "Revolución de España" (1808-1814). Universidad de Alicante. p. 19. ISBN 8497170865. 
  34. Marichal, Carlos. Spain, 1834-1844: A New Society (1970). Colección Tamesis Serie A Monografias, Volume 72. ISBN 0729300579, p. 52
  35. Ford, Richard (2016). Manual para viajeros por España y lectores en casa. Madrid y Castilla. Turner. ISBN 8415427115. 
  36. Wasserman, Marvin; Wasserman, Carol (1984). Curso Segundo. Amsco School Publications Incorporated. p. 341. ISBN 0877205264. 
  37. Nuevo Atlas de España. Barcelona: Salvat editores, S.A. 2001. p. 151. ISBN 84-345-0525-8. 
  38. Martínez Díez, Gonzalo (2017). Las comunidades de villa y tierra de la Extremadura castellana: estudio histórico-geográfico. Maxtor. p. 39. ISBN 8490015562. 
  39. Chamocho Cantudo, Miguel Ángel (2017). Los Fueros del Reino de Toledo y Castilla La Nueva: De Fernando III a los Reyes Católicos. Boletín Oficial del Estado. p. 26. ISBN 8434024071. 
  40. Carretero Jiménez, Anselmo (2001). El Antiguo Reino de León. Edilesa. p. 513. ISBN 8480123745. 
  41. ABC (ed.). «Las 49 provincias de Javier de Burgos que acabaron con el «caos» español». Consultado el 3 de octubre de 2020. 
  42. García Fernández, Jesús (1985). Castilla: entre la percepción del espacio y la tradición erudita. Espasa Calpe. p. 78. ISBN 8423921352. 
  43. Enciclopedia Espasa 12. Espasa. p. 312. 
  44. Nuevo Atlas de España. Barcelona: Salvat editores, S.A. 2001. p. 151. ISBN 84-345-0525-8. 
  45. Enciclopedia Salvat 4. Salvat Editores. 1997. p. 762. ISBN 84-345-9707-1. 
  46. Pérez, Roberto. ABC, ed. «El olvidado y escabroso «parto» del mapa autonómico». Consultado el 29 de septiembre de 2020. 
  47. Sánchez Hidalgo, Emilio. El País, ed. «Cuando León y Castilla la Vieja eran dos regiones diferentes». Consultado el 6 de octubre de 2020. 
  48. [1], Congreso Extraordinario 27 octubre 2012. Proyecto de Ponencia ideológica de La Unión.
  49. http://www.fes-sociologia.com/files/congress/10/grupos-trabajo/ponencias/659.pdf
  50. «Libertad navarra concurre con Hegoalde-Rioja Territorio Sur». Diario La Rioja. 17 de mayo de 2016. Consultado el 20 de octubre de 2016. 
  51. Pérez Garzón, 2005, p. 21.
  52. a b Alares López, 2011a, p. 151.
  53. Sánchez-Prieto, 2005, p. 297.
  54. López Patau, 2009, p. 575.
  55. a b Ortega Cantero, 2009, p. 35.
  56. Ortega Cantero, 2009, pp. 41-46.
  57. Ortega Cantero, 2009, p. 32.
  58. Morales Moya, 2008, p. 78.
  59. Ortega Cantero, 2009, p. 44.
  60. Calle Velasco, Esteban de Vega y Morales Moya, 1998, p. 499; Morales Moya, 2005, p. 41
  61. Moreno Hernández, 2000, p. 205.
  62. Orobon, 2014, p. 202.
  63. Moreno Hernández, 2000, p. 203.
  64. González Alcázar, 2012, p. 71.
  65. Fusi, 2007, p. 562.
  66. «Introducción». Castilla en España: historia y representaciones. En: Mariano Esteban de Vega y Antonio Morales Moya (Eds.). Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca. 2009. p. 15. ISBN 978-84-7800-281-8. 
  67. Valdeón Baruque, 1997, p. 221.
  68. González Clavero, 2002, pp. 75-76.
  69. Suárez Cortina, 2006, p. 225.
  70. García Castañeda, Salvador (2013). «Costumbrismo y prensa en la Cantabria del siglo XIX». Anales (25): 169-184. Consultado el 25 de abril de 2018. 
  71. Suárez Cortina, 1994, p. 90.
  72. Reyero, 2014.
  73. Calle Velasco, Esteban de Vega y Morales Moya, 1998, p. 504
  74. King, 2005, p. 132.
  75. Díaz Sánchez, 2009, p. 193.
  76. Revelles Esquirol, 2017, p. 376.
  77. Duran Tort, 2015, pp. 97-98.
  78. Reyero, 2014, p. 128.
  79. Calle Velasco, Esteban de Vega y Morales Moya, 1998, p. 505
  80. Máiz, 2000, pp. 176-177.
  81. Máiz, 2000, p. 191.
  82. Stallaert, 1998, p. 94.
  83. Stallaert, 1998, p. 118.
  84. López Patau, 2009, pp. 577-578.
  85. Saz Campos, 2003, p. 256.
  86. Núñez Seixas, 2017, p. 130.
  87. Alares López, 2011b, p. 140.
  88. Alares López, 2016, pp. 3-4.
  89. Crespo Redondo, 2013, p. 37.
  90. García González, 2015, pp. 260-261.
  91. Saz Campos, 2003, p. 390.
  92. Valdeón Baruque, 1997, pp. 225-226.
  93. Valdeón Baruque, 1997, p. 225; Alonso Ponga, 2001, p. 324.
  94. Camazón Linacero, 2013, p. 471.
  95. a b Calle Velasco, Esteban de Vega y Morales Moya, 1998, p. 500
  96. Díaz G. Viana, 1996, p. 271.
  97. Dialnet «Heráldica de la Casa Real de León y de Castilla.» Consultado el 1 de septiembre de 2020
  98. O´Donnell, Hugo. La bandera. P. 356. En Menéndez Pidal y Navascués, Faustino; O´Donnell, Hugo; Lolo, Begoña. Símbolos de España. Madrid: Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 1999. ISBN 84-259-1074-9
  99. Artículo 6, apartados 3 y 4, del Estatuto de Autonomía de Castilla y León

BibliografíaEditar

Enlaces externosEditar