Momia de cerro Chuscha

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La «Reina del Cerro Chuscha» en exhibición en el MAAM, marzo de 2012

La Momia de cerro Chuscha, conocida localmente como La Reina del Cerro, también llamada momia de los Quilmes, corresponde a los restos momificados por las condiciones ambientales, de una niña, de entre ocho y nueve años de edad, hallada en una pre cumbre del cerro Chuscha, en el departamento Cafayate, en la provincia de Salta, Argentina. La niña fue sacrificada entre 1400 y 1532, en una ceremonia de capac cocha, durante el dominio incaico.

La tumba de La Reina del Cerro fue violentada aproximadamente en 1922 por buscadores de tesoros. El cuerpo y numerosos objetos del ajuar sufrieron las consecuencias del tráfico ilegal de bienes culturales. Fue trasladada a Buenos Aires y paulatinamente despojada de los elementos que la acompañaban. Luego de ocho décadas de vagar por distintas colecciones privadas, la momia del Cerro Chuscha y las pocas piezas que se conservaron de su ajuar, fueron recuperados y están en exhibición desde 2006 en el Museo de Arqueológía de Alta Montaña. El conjunto se encuentra muy deteriorado.[1]

HistoriaEditar

 
La «Reina del cerro». Fotografía de Sirolli, 1924

Entre los años 1920 y 1922 aproximadamente, el baquiano Felipe Calpanchay, quien tenía rodeo de llamas en los cerros, descubre lo que aparenta ser una tumba precolombina en una pre cumbre del cerro Chuscha a a 5 175 msnm. Junto a un minero chileno llamado Juan Fernández Salas, violentaron la tumba utilizando dinamita, y extrajeron el cuerpo momificado, junto con textiles, y diversos objetos que conformaban el ajuar funerario. La momia fue bajada hasta una finca de Tolombón, ubicado en la base de la montaña. Los habitantes de Tolombón la llamaron «Reina del Cerro» y mientras estuvo allí le prendieron velas y le entregaron ofrendas.[2]

En el año 1922, un comerciante y coleccionista de objetos arqueológicos llamado Pedro Mendoza, compró la momia y la transladó a Cafayate, para sumar esta pieza a su ya rica y surtida colección.[2]​ Mendoza puso la momia en exhibición en una de las viviendas más antiguas del lugar, conocida como «la casa de Mendoza», cobrando entrada a los visitantes.[3]

En 1924, Agustina Mendieta, un profesor salteño, se entera de la existencia de la momia y realiza un minucioso inventario y descripción detallada de sus características físicas generales, vestimenta y ajuar, toma además unas cuantas fotografías. Lamentablemente, Sirolli no da a conocer nada de lo observado, sino hasta el año 1954[2]

A fines de 1924, Mendoza vendió la momia a Perfecto Bustamante, un herboristero y coleccionista de objetos arqueológicos de la ciudad de Buenos Aires. Bustamante puso la momia en exhibición en su local comercial. [4]

En 1935, la viuda de Bustamante entregó la momia a Absjorn Pedersen a cambio una instalación de gas. Pedersen era ingeniero, y arqueólogo aficionado y tenía el objetivo nunca realizado de tener su museo privado. Pedersen depositó la momia en el sótano de su casa junto a otros objetos arqueológicos donde permaneció sin ningún cuidado durante cincuenta años.[2]

Luego de cincuenta y tres años de silencio, en abril de 1977, Sirolli publica una cartilla titulada «La Momia de los Quilmes», donde da a conocer la información descriptiva y la fotografía de la momia tomada en 1924. Luego de esta publicación diversas entidades y personas se interesan por la búsqueda de la momia, incluso se muestra la fotografía por televisión a fin de solicitar información sobre su paradero.[2]

En 1985, en los últimos años de su vida, Asbjorn Pedersen remata su colección, excepto la momia, que es vendida a un anticuario de San Telmo por la suma de 48 dólares. Poco después, la momia es ofrecida en una exposición y venta de «objetos arqueológicos». El odontólogo Carlos Colombano adquiere esta exótica pieza para su museo privado «Chavín de Huántar», ubicado en Martínez.[2]

En 1991 la momia es vista e identificada por Marcelo Scanu cuando era exhibida en la vidriera de un banco en la calle Florida de la Ciudad de Buenos Aires gracias a la fotografía publicada por Sirolli en 1977.[2]

En 1996 el Centro para la Conservación del Patrimonio de Alta Montaña de Salta organiza una expedición para explorar las serranías del Cajón en búsqueda del lugar exacto de donde habían sido extraídos los restos. En esta búsqueda participaron Juan Schobinger, Antonio Beorchia Nigris, Christian Vitry y otros andinistas. Esta operación fue posible gracias a las fotografías y testimonios que, a fines de los años 80, el periodista e historiador Roberto Vitry había obtenido de Juan Bühler, quien, a pesar de su avanzada edad, conservaba una notable lucidez y memoria, y que había sido amigo de Juan Fernández Salas, una de las personas que extrajeron la momia en 1922.[2]

En el año 2001, la Fundación CEPPA, Centro de Estudios para Políticas Aplicadas, adquiere el cuerpo con el pequeño ajuar que aún se conservaba, y destina fondos para realizar los primeros estudios científicos y trabajos de conservación. Gracias a los estudios propiciados por la Fundación CEPPA pudieron conocerse algunos aspectos de la vida y muerte de esta niña sacrificada durante el dominio inca.[2]

Luego de ocho décadas de vagar por distintas colecciones privadas, sótanos y armarios, en 2006, la momia del Chuscha vuelve a la provincia de Salta gracias a la donación de Matteo Goretti.[2]​ La «Reina del cerro» forma parte del patrimonio cultural en exhibición en el Museo de Arqueológía de Alta Montaña.[1]

El yacimiento arqueológicoEditar

 
Collar de malaquita y peine de madera

Se identificaron tres yacimientos arqueológicos en el cerro Chuscha, dos sobre el filo oriental, y uno sobre el filo occidental.[5]

El primer sitio, ubicado sobre el filo oriental, a 5.165 msnm, en una explanada precumbrera llana y extensa, consta de dos estructuras, un recinto de planta circular de 2,9 metros de diámetro, y un posible rectángulo ceremonial de unos 6 por 4 metros de superficie, ambas orientadas al Este. En una precumbre del filo occidental, a 5.300 msnm, se detectaron indicios de una excavación previa, junto a abundantes fragmentos de leña.[5]​ El otro sitio corresponde al "altar-ofrendatorio" de forma circular, descubierto sobre el flanco de la cumbre principal, a unos 5400 m de altura. Se señala la importancia de este sitio, como evidencia de haberse quemado ofrendas (cosa poco usual en los santuarios de altura meridionales), a lo que se agrega el hecho de haberse sacrificado el cérvido taruca o huemul andino (Hippocamelus antisensis). Del mismo se conservó sólo una pata delantera y otra trasera. En algún otro yacimiento de altura se encontraron indicios de la presencia de llamas (portezuelo del Llullaillaco a 6550 m), cuya utilización para cargas parece probable, sin que se sepa si aquí fueron también utilizadas como ofrendas, como es el caso en otros cerros de la región como el Chañi y el Quehuar. (Esta práctica es bien conocida por la etnohistoria y la etnografía de los Andes centrales). También es interesante el hallazgo en este sitio de una laminilla de oro y un objeto de valva Spondylus que apareció desmenuzado (Lamentablemente, esa pequeñísima pieza de metal quedó extraviada)

Los estudios bioantropológicos, de ADN, cabello y del entorno realizados por la Fundación CEPPA permitieron estimar la edad de la niña al momento de su muerte en ocho años y medio, su estatura era de 110,4 cm, su cabeza no presenta deformación intencional, un año antes de su muerte su alimentación constituía la variedad normal del consumo andino, mientras que seis meses después el consumo de maíz se acentuaba hasta hacerse excluyente.[6]​ Recordemos la presencia de la coca en el Aconcagua (chuspa de una de las estatuillas), Llullaillaco (en la boca y consumida por los niños y la doncella, y también en el ajuar), El Plomo (en una bolsita), y en algunos sitios sin momias (Incahuasi, Tambillos de San Juan). Su presencia es casi lógica en estos lugares rituales. En el caso del Chuscha, decía Sirolli, que dentro de las chuspas que pendían del cuello de la momia "halláronse restos de hojas de coca pulverizadas". En la chuspa del ajuar no había vestigios de ello, lo que se explica por haber sido "lavada" por alguno de sus anteriores poseedores. (Aunque podría haber otra explicación, en caso de que originalmente hubiera habido dos chuspas: la coca habría estado en la que se perdió). El análisis del cabello de la momia no registró consumo de hojas de coca ni tabaco que eran frecuentes en estos rituales.[7]

 
Momia del cerro Chuscha con su ajuar funerario

Se determinó además que la causa de la muerte fue una herida punzante en el hemitorax derecho, que ingresó por su espalda, causando un shock traumático hemorrágico, esto se denota con la expresión de dolor que presenta la momia.[7]

Las ofrendas recuperadas de este yacimiento constan de, un bolso o chuspa de lana con decoración de franjas verticales, una escudilla de cerámica, otra similar hecha en cestería y tres peines, uno de madera y otros dos finamente trabajados con espinas de cactus.[8]​Su cabello estaba peinado con finas trenzas. Llama la atención la carencia de algún tipo de calzado (presente en las demás momias de altura conocidas); pero cabe la posibilidad de su sustracción en la época del descubrimiento. Lo mismo respecto a las probables estatuillas y piezas de oro y plata que según datos de tercera mano habrían acompañado a la momia. Su existencia se comprueba sin duda por los lugareños, que llegaron a hablar de "cuatro a cinco kilos de oro y otros tantos de plata"[9]

Su vestimenta consistía en un uncu, o túnica, con decoración ajedrezada tricolor, y un penacho de plumas verdes y rojas sostenido por una vincha de excepcional belleza de la que cuelga un adorno rectangular de Spondylus. Se encontraron, además, una faja y un collar de piedras, pero su asociación con el individuo es dudosa.[8]

El deterioro sufrido es evidente en la comparación de la fotografía de 1924 con la de 2012. La momia perdió completamente la nariz, casi todo el cabello y gran parte de la piel del cráneo. No se sabe cuantas piezas del ajuar se perdieron dado que la lista confeccionada por Sirolli en 1924 no fue dada a publicidad.

Véase tambiénEditar

ReferenciasEditar

  1. a b «La Reina del Cerro». Secretaría de Cultura de la provincia de Salta. Archivado desde el original el 10 de marzo de 2012. 
  2. a b c d e f g h i j Vitry, Christian (2008). La momia del cerro Chusca. Ciudad Virtual de Antropología y Arqueología. Archivado desde el original el 1 de agosto de 2012. Consultado el 31 de mayo de 2012. 
  3. «La Reina del Cerro». El Tribuno (Salta), 21 de noviembre de 2002. 
  4. Una momia calchaquí es exhibida en la Casa Bustamante, diario «La Nación», 3 de octubre de 1924
  5. a b Ceruti, María Constanza. Sitios arqueológicos de pueblos originarios. Archivado desde el original el 1 de agosto de 2012. Consultado el 31 de mayo de 2012. 
  6. Resultados de la investigación sobre la momia del nevado de Chuscha y su contexto cultural. 
  7. a b «Ministerio de Cultura y Turismo de Salta, Museo MAAM». Archivado desde el original el 10 de marzo de 2012. 
  8. a b Schobinger, Juan (2002). La momia inca del nevado de Chuscha. Boletín de arqueología PUCP Nro 7. 
  9. Resultados de la investigación sobre la momia del Nevado de Chuscha y su contexto cultural. 

Enlaces externosEditar