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La Redención de penas por el trabajo fue el nombre dado al sistema ideado por el régimen franquista para solventar el problema de saturación de las prisiones y disponer de mano de obra que realizara trabajos destinados a construcción de infraestructuras o a la reconstrucción de aquellas dañadas en la guerra. La Redención de penas por el trabajo se mantuvo durante todo el régimen franquista y el principio de la democracia hasta la modificación de la ley penitenciaria. Siempre tuvo carácter voluntario y remunerado y a ella podían acogerse todos los reclusos que mantuvieran buena conducta y no hubieran intentado quebrantar la condena. Los trabajos que concedían esta redención eran muy amplios, y abarcaban desde trabajos en los talleres de la prisión para empresas externas, hasta las labores de limpieza y mantenimiento o toda clase de actividades culturales o de estudio. En la mayor parte de su existencia, la redención consistió en un día de condena redimida por cada dos trabajados, pero en los años después de la Guerra era al revés, redención de dos dias de condena por cada día de trabajo, y en algunos lugares como el Valle de los Caídos llegó a ser hasta de 6 días de condena redimidos por cada día de trabajo.

Sobre Valle de los Caídos y en generalEditar

En 1943 el Patronato Central de Redención de Penas por el Trabajo explicaba que las Empresas asignaban a cada obrero el mismo salario que a los trabajadores libres dentro de su profesión y especialidad.[cita requerida] Las horas extraordinarias también les eran abonadas.[cita requerida] Regía para ellos toda la legislación social de los obreros libres.[cita requerida] Las Empresas -las del Valle de los Caídos y las de otras obras- se encargaban de la alimentación.[cita requerida] A ellas correspondía el gasto íntegro de la alimentación y mensualmente se resarcían del importe del socorro recibiendo de las Prisiones Provinciales lo concerniente al Estado y mediante deducción al liquidar mensualmente con el Patronato, de lo que este tiene asignado a cada obrero para alimentación: 2 pesetas, por el primer concepto, y 0,85 pesetas, por el segundo, la diferencia hasta cubrir el coste real de la manutención, que nunca baja de 4 pesetas por obrero y día, y que también corre a cargo de la Empresa".[cita requerida]

El escritor Daniel Sueiro, en "El Valle de los Caídos", 1983, afirma que se trataba de liquidar con la mayor rapidez posible el problema penitenciario surgido con motivo de la guerra y por ello se autorizó al Patronato para conceder hasta cinco días de redención por uno de trabajo, que sirvió para liquidar, con verdadera rapidez, las condenas más importantes.[cita requerida]

El profesor y doctor en historia Alberto Bárcena Pérez refuta en "Los Presos del Valle de los Caídos" la cifra de 20.000 presos republicanos obligados a trabajar.[cita requerida] El libro, publicado en 2015, es un resumen de la tesis con la que se doctoró cum laude, fruto de seis años de indagaciones, cotejando documentos y testimonios, haciendo entrevistas y consultando las cajas de documentación oficial que se conservan en los archivos del antiguo Consejo de Obras del Monumento Nacional a los Caídos, situados en el Palacio Real de Madrid.[cita requerida] Según sus investigaciones, nadie fue forzado a trabajar en la erección del complejo, aquel recluso que desease trabajar en el mismo debía solicitarlo por escrito, teniendo que cumplimentar una instancia que se tramitaba ante el Ministerio de Justicia, Patronato de Nuestra Señora de la Merced (creado al efecto), en dicha solicitud el preso en cuestión tenía que explicar las razones de su deseo por un puesto, cárcel de la que provenía, por qué estaba en ella y años de prisión que le restaban por cumplir.[cita requerida] La fuerza laboral la constituían tanto trabajadores libres como condenados, entre estos últimos los había políticos, pero también comunes–, ambos tipos se beneficiaron de una redención extraordinaria de penas –llegaron a ser hasta seis días por jornada de trabajo (las horas extras también se contabilizaban a efectos de reducción de condena)–, cobraban el mismo salario que el resto de trabajadores del ramo que se tratase, y, en un buen número de casos, solicitaron continuar en la obra después de haber redimido la condena.[1][fuente cuestionable] En cuanto a la siniestralidad laboral, esta fue sensiblemente menor a la habitual en la época.[cita requerida] En 19 años murieron entre 14 y 18 personas, algunas de ellas en accidente de tráfico o por imprudencias.[cita requerida] Durante los ocho primeros años de construcción, cuando el número de presos políticos era mayor, no hubo ninguna baja mortal.[2][fuente cuestionable]

Algunas fuentes presenciales, como el médico preso Ángel Lausín que trabajó en la obra durante dieciocho años[3]​ examinó 14 de los 15 trabajadores muertos por accidente laboral documentados que murieron durante todo el periodo de construcción. Sin embargo el doctor Lausín reconoce que desconoce los fallecidos por heridas graves que fueron trasladados fuera del recinto y el número de trabajadores, tanto obreros libres como obreros presos, fallecidos por contraer silicosis durante las obras.[4]

Sobre otras obras específicasEditar

La obra del Canal del Bajo Guadalquivir se llevó a cabo por presos políticos de la dictadura franquista, a "pico y pala", siguiendo ella también, como aquella del Valle de los Caídos, la política de Redención de Penas por el Trabajo, llegando a contar con 2.000 presos. A lo largo de su recorrido se jalonaban campos de trabajo como en Los Merinales, El Arenoso y La Corchuela en Dos Hermanas, asimismo los familiares también crearon poblados en Torreblanca y Valdezorras, en Sevilla, Quintillo en Dos Hermanas o El Palmar de Troya, en Utrera.

Hecho prisionero en el puerto de Alicante al finalizar la guerra, Félix Paredes (escritor), uno de los más representativos poetas anarquistas afiliado a la CNT, fue condenado a muerte junto con otros redactores de La Libertad, incluido Eduardo Haro Delage, por encontrársele “responsabilidad intelectual en la lucha política”; sin embargo, la pena le fue conmutada por el encarcelamiento. Durante su estancia en la Prisión Central de San Miguel de los Reyes, en Valencia, colaboró en el semanario Redención de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas (ACNdP), que tenía como objetivo “purificar” a los presos políticos y exaltar al nuevo régimen franquista. Con textos publicados por los reclusos en la sección poética de Redención, el Patronato de Redención de Penas por el Trabajo celebró el primer aniversario del semanario con la publicación de una antología, Musa redimida. Poesías de los presos en la nueva España, donde llaman la atención la inclusión de dos composiciones de Paredes: “Gratitud al Caudillo” y “Marcha de Tanhauser”.[5]

ReferenciasEditar

  1. «"Todos contra la verdad histórica"». Archivado desde el original el 4 de marzo de 2016. Consultado el 1 de febrero de 2016. 
  2. "Los presos del Valle de los Caídos"
  3. Daniel Sueiro (1976). La verdadera historia del Valle de los Caídos. Sedmay. pp. 34 a 36. ISBN 84-7380-215-2. 
  4. Daniel Sueiro (1976). La verdadera historia del Valle de los Caídos. Sedmay. p. 34. ISBN 84-7380-215-2. 
  5. Rodríguez Puértolas, Julio (2008). Historia de la literatura fascista española. Barcelona: Akal. p. 540.