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Vandalismo

deterioro o destrucción voluntaria de monumentos
Saqueo de Roma por los bárbaros. Óleo por Karl Briulov, siglo XIX. Galería Tretiakov, Moscú.
Arte rupestre del pueblo muisca, posiblemente entre los siglos IV al XVI en Colombia, cubierto por aerosol.
Imagen religiosa en la vía pública destruida y robada.
Caricatura satírica de Courbet derrumbando una «columna Rambuteau» o «columna Morris»[1]​ (urinario). Portada de Le fils du Père Duchêne Illustré.

El vandalismo se refiere a la destrucción voluntaria, total o parcial, de la propiedad pública o privada. Incluye conceptos como el daños al patrimonio, el grafiti o actos provocación o de activismo, como el culture jamming o distintos tipos de acciones en internet, como el billboard hacking o el defacement (desfiguración) de sitios web. El vandalismo también puede considerarse una forma de protesta social.[2]​ Como señalan los proponentes de la teoría de las ventanas rotas, James Q. Wilson y George L. Kelling, «Tan pronto como las barreras de la comunidad se relajen mediante acciones que señalen que a nadie le importa, puede presentarse vandalismo».[3]

Aunque solapa en algunos de sus conceptos con los de la iconoclasia, a diferencia de esta, también un acto destructivo público, el vandalismo tiende más a ser aleatorio o sin sentido y parece que, al menos en algunos casos, los vándalos disfruten de alguna manera del acto vandálico, ya sea porque es una muestra de su capacidad de dañar y destruir o incluso por constatar la reacción que sus actos producen en los demás.[4]

Según la teoría de la inversión del psicólogo británico M. J. Apter (1981), «... se deduce que uno de los motivos más probables... en acciones de vandalismo... huir del aburrimiento y llegar de ese modo al estado metamotivacional en el que el arousal sentido concuerde con el deseado, el cual, cuando consideramos el estado paratélico, es un arousal elevado».[5]

En un caso notorio de vandalismo, fueron dañadas o destruidas 44 de las 177 esculturas expuestas en la Exposición de Escultura de Suiza de 1980.[2]

Por otra parte, en un estudio clásico, realizado en 1969 por el psicólogo Philip Zimbardo, se colocaron coches idénticos, sin placas de matrícula y con los capós abiertos, en dos zonas residenciales, el Bronx de Nueva York, conocido por ser, por aquel entonces,[cita requerida] uno de los distritos metropolitanos más pobres de los Estados Unidos, y Palo Alto, California, esta última, una de las ciudades más afluentes del país y la ciudad con mayor número de ciudadanos con altos niveles de estudios.[6]​ El coche abandonado en el Bronx fue vandalizado a los diez minutos de ser dejado allí y destrozado por completo durante los días siguientes. Mientras tanto, nadie tocó el coche de Palo Alto durante una semana. Al cabo de este tiempo, el propio Zimbardo golpeó el segundo coche con una mazo, y poco después, otras personas se unieron al destrozo, llegando a destruirlo por completo en pocas horas. En ambos casos, los vándalos eran blancos y, aparentemente, por su aspecto, ciudadanos respetables.[3]

Índice

HistoriaEditar

Aunque el pillaje y los saqueos han estado asociados desde siempre con las acciones militares, ejemplificado con el saqueo de Roma (455) por los vándalos, quienes anteriormente, en 439, habían capturado a Cartago, se le atribuye el uso moderno del término —del francés, vandalisme— a un informe redactado por Henri Grégoire, obispo constitucional de Blois, en 1794[7]​ para proponer una política nacional de protección de obras de arte durante la Revolución francesa. Sin embargo, el participio pasado del verbo vandalizar en inglés aparece en la década de 1640.[8]

Por otra parte, el historiador alemán August Ludwig von Schlözer y otros intelectuales contemporáneos de Grégoire, sobre todo alemanes, rechazaron la precisión de esa asociación,[9]​ una asociación estrechamente unida al movimineto del romanticismo

Denuncias anteriores de actos vandálicos incluyen no solo a los vándalos sino también a otro pueblo germánico, los godos. Así, en 1517, Rafael, en una carta al papa León X, denuncia como «godos y vándalos» a los constructores de su época por saquear los restos arqueológicos en Roma para embellecer a sus casas.[9]

En 1734, el filósofo de la naturaleza John Theophilus Desaguliers, estrecho colaborador de Isaac Newton, denunció a Descartes y otros críticos de Newton, como «un ejército de godos y vándalos del mundo filosófico».[9]

En ocasiones, se ha pretendido justificar el vandalismo por motivos morales o estéticos. Durante la guerra franco-prusiana, Gustave Courbet, figura principal de la pintura del Realismo, propuso el derribo de la columna Vendôme —aunque algunas fuentes señalan que solo propuso su traslado a otra ubicación— por ser símbolo del militarismo de Napoleón III Bonaparte. Poco después, durante la Comuna de 1871, la columna fue derribada, y tras la supresión de la Comuna, Courbet fue acusado de instigar los hechos y condenado a seis meses de cárcel, además de pagar los gastos de su reparación.[10]

Attendu que la colonne Vendôme est un monument dénué de toute valeur artistique, tendant à perpétuer par son expression les idées de guerre et de conquête qui étaient dans la dynastie impériale, mais que réprouve le sentiment d’une nation républicaine, [le citoyen Courbet] émet le vœu que le gouvernement de la Défense nationale veuille bien l’autoriser à déboulonner cette colonne. Bulletin officiel de la municipalité de Paris.[1]​ (Dado que la columna Vendôme carece de todo valor artístico, y tiende a perpetuar la expresión de ideas de la guerra y conquista propias de la dinastía imperial pero que rechazan el sentimiento de una nación republicana, el ciudadano Courbet declara que el gobierno de Defensa Nacional debería permitirle desmantelar esta columna).

MotivosEditar

Los motivos constatados incluyen la protesta social, la venganza o simplemente las ganas de jugar. Así mismo, en algunos casos está directamente relacionado con el consumo de alcohol, como en el paseo marítimo de Douglas, el capital de la isla de Man, una zona de clubes nocturnos, que padecía altos índices de actos vandálicos, sobre todo los viernes y sábados entre las 22:00 y las 02:00. En 2003, una iniciativa que pretendía atajar el problema desde distintos perspectivas, no solo con una mayor presencia policial, sino también mediante la ampliación del servicio nocturno de autobuses y una mayor disponibilidad de taxis en la zona, logró reducir casi a la mitad los actos vandálicos en la zona, además de una reducción de un tercio de otros tipos de delincuencia en dos años.[11]

Tipos de vandalismoEditar

Los actos vandálicos incluyen romper ventanas, tanto de viviendas como los escaparates de tiendas, alumbrado público, destrozar árboles,[12]​ dañar véhiculos abandonados[3]​ o simplemente aparcados, realizar grafiti/pintadas con distintos tipos de pinturas y tintas, o simplemente arrojar disolventes o ácidos sobre distintos superficies.[11]

Vandalismo asociado con el deporteEditar

Como colectivo, se asocian en muchos casos, a los hinchas de fútbol no solo con la violencia entre hinchas rivales sino también con actos de vandalismo en las instalaciones deportivas, en las inmediaciones de los estadios y en la vía pública en general. Así, en un informe de 1996, el Parlamento Europeo señaló que «... existe un problema generalizado de vandalismo y violencia en los partidos de fútbol y su entorno, en particular en los encuentros internacionales,...».[13]

LugaresEditar

Los lugares susceptibes a ser vandalizados incluyen los siguientes:

  • transporte público, tanto en sus instalaciones como en los propios medios de transporte: Un informe presentado en 1987 ante la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) señaló que en Francia, como media, se destrozaban 50 000 asientos de autobús al año, el equivalente de tres o cuatro asientos al año para cada autobús.[14]
  • señales de tráfico
  • parques y áreas recreativas
  • mobiliario urbano, como papeleras, contenedores de basura,[12]​ marquesinas, señalización y bancos
  • distintos edificios, tanto viviendas como colegios, lugares religiosos (profanación)
  • estaciones y aparcamientos, edificios en construcción o abandonados
  • vallas publicitarias, etc.
  • patrimonio histórico, sitios arqueológicos

Medidas preventivasEditar

Distintas disciplinas enfocan el problema desde sus distintas perspectivas. Se habla de la participación ciudadana o responsabilidad ciudadana[15]​ y los educadores proponen campañas de concienciación[16]​ para los escolares para implicarles en la convivencia ciudadana.[17]​ Desde la criminología, se proponen medias basadas en la teoría de las ventanas rotas, que sostiene que mantener los entornos urbanos en buenas condiciones puede provocar una disminución del vandalismo y la reducción de las tasas de criminalidad.

PublicidadEditar

En 1995, tras una queja del entonces alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, una conocida marca estadounidense de pantalón vaquero tuvo que retirar su campaña de publicidad en las paradas de autobuses de la ciudad. La campaña consistía en colocar auténticos pantalones detrás del cristal de la marquesina y, en el supuesto de que alguien las quitara, quedaría expuesto, además del cristal roto, el eslogan «Por lo visto, eran pantalones muy bonitos». Poco después de la queja del alcalde, el concejal de Transporte de Nueva York anunció que se había acordada la retirada de la campaña.[18][19]

Véase tambiénEditar

ReferenciasEditar

  1. a b Tillier, Bertrand (en francés). «La colonne Vendôme déboulonnée.» L’Histoire par l'image. Consultado el 7 de enero de 2018.
  2. a b Gamboni, Dario (en inglés). The Destruction of Art: Iconoclasm and Vandalism Since the French Revolution, pp. 171-2, 183. Reaktion Books, 1997. En Google Books. Consultado el 7 de enero de 2018.
  3. a b c Wilson, James Q. y George L. Kelling (en inglés). «The police and neighborhood safety: Broken Windows», p. 3. The Atlantic. Consultado el 7 de enero de 2018.
  4. McClanan, Anne y Jeff Johnson (en inglés). «Introduction: 'O for a muse of fire...'.» En McClanan, Anne y Jeff Johnson (coordinadores): Negating the Image: Case Studies in Iconoclasm. Routledge, 2017. En Google Books. Consultado el 7 de enero de 2018.
  5. Apter, M. J. Citado en Martín Palibrio, Ovidio: La violencia en el deporte, pp. 211-2. Palibrio, 2013. En Google Books. Consultado el 9 de enero de 2018.
  6. (En inglés.) «Top 101 cities with the most people having Master's or Doctorate degrees (population 50,000+)». City-data.com. Consultado el 7 de enero de 2018.
  7. Harper, Douglas (en inglés). «vandalism (n.).» Online Etymology Dictionary. Consultado el 7 de enero de 2018.
  8. Harper, Douglas (en inglés). «vandalize (v.).» Online Etymology Dictionary. Consultado el 7 de enero de 2018.
  9. a b c Merrills, Andrew y Richard Miles (en inglés). The Vandals, pp. 9-10. John Wiley & Sons, 2009. En Google Books. Consultado el 7 de enero de 2018.
  10. «Gustave Courbet (1819-1877): Una biografía.» Musée d'Orsay. Consultado el 7 de enero de 2018.
  11. a b Scott, Michelle L., Nancy G. La Vigne y Tobi Palmer. 2007 (en inglés). Preventing Vandalism, pp. 2, 8. Washington, DC: The Urban Institute Justice Policy Center. The Urban Institute Justice Policy Center. Consultado el 7 de enero de 2018.
  12. a b López, Sara. «El vandalismo urbano le cuesta cada año a las grandes ciudades 1,5 millones de euros.» El Periódico de Extremadura. Consultado el 9 de enero de 2018.
  13. Roth, Claudia (ponente). Informe 25 de abril de 1996 PE 217.170/def. A4-0124/96 sobre el problema del comportamiento vandálico y de la libre circulación de los hinchas de fútbol PE 217.170/def.
  14. OECD Economic Research Centre (en inglés). Delinquency and Vandalism in Public Transport: Report of the Seventy-Seventh Round Table on Transport Economics Held in Paris on 8-9 October 1987, p. 12. Economic Research Centre. European Conference of Ministers of Transport. OECD Publishing, 1989. En Google Books. Consultado el 10 de enero de 2018.
  15. Bascones, Pere. «El arte público como agente de revitalización urbana mediante la participación ciudadana.» En Fernández Quesada, Blanca y Jesús-Pedro Lorente: Arte en el espacio público: barrios artísticos y revitalización urbana, pp. 153-4. Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2013. En Google Books. Consultado el 10 de enero de 2018.
  16. Ros Orta, Serafín. Planificación y gestión integral de parques y jardines, p. 63. Mundi-Prensa Libros, 2013. En Google Books. Consultado el 10 de enero de 2018.
  17. Perdiguero, Trinidad. «Escolares ponen precio al mobiliario urbano para prevenir el vandalismo.» Diario de Sevilla. Consultado el 7 de enero de 2018.
  18. Van Gelder, Lawrence (en inglés). «Steal These Pants? Ad Pulled So New Yorkers Won't Try.» The New York Times. Consultado el 7 de enero de 2018.
  19. Schlegelmilch, Bodo B. (en inglés). Marketing Ethics: An International Perspective, p. 143. Cengage Learning EMEA, 1998. En Google Books. Consultado el 9 de enero de 2018.

Enlaces externosEditar