En la mitología griega, Alalcomeneo fue uno de los autóctonos, es decir, de los hombres que nacieron espontáneamente de la Tierra. Tanto Alalcomeneo, que surgió cerca del lago Copaide,[1]​ como los curetes del Ida o los coribantes frigios se disputan el honor de haber sido los primeros en nacer de esta forma.

Dio su nombre a la ciudad de Alalcómenas, en Beocia, si bien Pausanias recoge además otra tradición que decía que ésta deriva su nombre de la homónima hija de Ogiges, el rey de los ectenes. Alalcomeneo alcanzó la fama por ser el tutor de la diosa Atenea,[1][2]​ que según una tradición habría nacido en este lugar, y donde tenía un templo muy venerado.[3]​ Es posible que este sea el motivo por el que Atenea recibe el epíteto de Alalcomeneide.[4]​ De esta relación con la diosa derivan los nombres tanto de la esposa como del hijo del autóctono, llamados Atenais y Glaucopo respectivamente.[5]

Se contaba que, en una ocasión en que Hera estaba enojada con Zeus, Alalcomeneo aconsejó a éste que hiciera una estatua de madera, la vistiera de novia y simulara una boda con ella, para así darle celos a Hera y que por ellos se diera cuenta de que amaba a su marido.[6]

ReferenciasEditar

  1. a b Graves, Robert (1985): Los mitos griegos - Tomo I, 5.1, Alianza Editorial. Madrid.
  2. Pausanias IX,33,5.
  3. Estrabón, Geografía IX, II,36.
  4. Homero, Ilíada IV,8.
  5. Esteban de Bizancio, Ethnika, 68, voz Ἀλαλκομένιον.
  6. Eusebio de Cesarea, Preparación evangélica III,1,3.