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Alcancía (recipiente)

recipiente para guardar monedas
Alcancías de barro (también llamadas, por su forma, cochinitos, chanchitos o cerditos) en una feria de alfarería y cerámica en 2012, en Zamora (España).

La alcancía es una pieza tradicional alfarera en forma de vasija de perfil ovoide, culminada en su parte más alta por un remate cónico, y totalmente cerrada pero que presenta, por lo general en su parte superior, una estrecha hendidura para guardar monedas. Las alcancías tradicionales son de barro, y para recuperar las monedas es necesario romperlas. También se fabrican modelos en materiales resistentes o flexibles (plástico o metal, por ejemplo). La alcancía común y más popular no se vidriaba.[1]

Tanto los diccionarios generales como los manuales especializados completan este significado con otros dos estrechamente ligados a la morfología de la pieza y a la violencia de su final: la alcancía como "bola hueca de barro seco" (al sol), del tamaño de una naranja, que contiene flores o cenizas y se usaba como arma arrojadiza en los juegos de alcancías (llamados también correr alcancías). El otro significado, más declaradamente bélico, se le daba a las ollas que, cargadas de alquitrán u otro tipo de material inflamable, se utilizaban como arma de guerra.[2]

Índice

Correr alcancíasEditar

Se llamaba juego de alcancías o correr alcancías a una especie de torneo en que un grupo de jinetes a caballo contendían arrojándose alcancías rellenas de ceniza o flores que, en el mejor de los casos, se estrellaban en la adarga o en el escudo. Enrique de Leguina y Vidal (barón de la Vega de Hoz), en su Glosario de voces de armería, tras citar el Tesoro de la lengua castellana, de Sebastián de Covarrubias, define como alcanciazos a dichos golpes.[3]

Glosario de nombresEditar

El tesoro lingüístico de la cultura popular ofrece una rica galería de nombres para designar un pequeño objeto, aparentemente insignificante, como la alcancía.[4]​ Entre los sinónimos más conocidos: hucha, cerdito o chanchito, cofre o cofrecillo... Entre los más antiguos: hurtadineros, ladronera, olla ciega y vidriola.[5]​ Y entre las voces regionales: almajarra, driola, ladriola, furchaina, furtainés.[6]

  • Etimologías: alcancía (del árabe hispánico alkanzíyya, este del árabe clásico kanz, tesoro, y este del pelvi ganǰ ). En castellano, la voz equivalente de origen latino es hucha, a través del término francés «huche».

Alcancías cervantinasEditar

Cervantes recoge el significado de alcancía como hucha de ahorros en una de las "cartas de Teresa Panza a Sancho Panza, su marido", que pueden leerse en el Capítulo LII del Quijote:

"Sanchica hace puntas de randas; gana cada día ocho maravedís horros, que los va echando en una alcancía para ayuda a su ajuar; pero ahora que es hija de un gobernador, tú le darás la dote sin que ella lo trabaje. La fuente de la plaza se secó; un rayo cayó en la picota, y allí me las den todas. Espero respuesta désta, y la resolución de mi ida a la Corte; y con esto, Dios te me guarde más años que a mí, o tantos; porque no querría dejarte sin mí en este mundo."

Evolución de modelosEditar

Véase tambiénEditar

ReferenciasEditar

  1. Caro Bellido, Antonio (2008). Diccionario de términos cerámicos y de alfarería. Cádiz: Agrija Ediciones. ISBN 84-96191-07-9. 
  2. Diccionario enciclopédico abreviado. Espasa-Calpe, Madrid 1957; tomo I, p. 317.
  3. Glosario de voces de armería Enrique de Leguina. Librería de Felipe Rodríguez, Madrid, 1912. p. 46
  4. Fernando Corripio: Diccionario de ideas afines. Editorial Herder. Barcelona, 1985. ISBN 84-254-1515-2.
  5. Julio Casares: Diccionario ideológico de la lengua española. Editorial Gustavo Gili. Barcelona, 1975. ISBN 84 252 0126 8
  6. Álvaro Zamora, María Isabel (1981). Léxico de la cerámica y alfarería aragonesas. Zaragoza: Libros Pórtico. ISBN 84-85264-40-1. 

Enlaces externosEditar