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Neoconservadurismo

(Redirigido desde «Neocon»)

El neoconservadurismo es una ideología política marcada principalmente en Estados Unidos, que por medio del dominio monetario, militar y económico del mismo país impone el liberalismo, democracia y derechos humanos para luego influenciar en países como Reino Unido, República Checa, Japón, entre otros. Se le considera como un movimiento político surgido como reacción a las ideas de la contracultura de izquierda de la década de 1960. El neoconservadurismo defiende el individualismo, el mercado libre y su promoción asertiva y los intereses internacionales del país, incluso por la vía militar.

La palabra neoconservador —a veces abreviada a «neocon»— fue en sus inicios utilizada para describir a los intelectuales comunistas americanos que eran críticos con la ideología soviética. Desde la década de 1930 hasta principios de los años 1950, muchos conservadores eran acérrimos no-intervencionistas y la Old Right estuvo comprometida con el concepto del anti-imperialismo hasta finales de la década de 1960, cuando los neoconservadores empezaron a apoyar el intervencionismo contra la URSS.

CaracterísticasEditar

Aunque es usado ocasionalmente en la actualidad, sigue describiendo una de las posibles posiciones básicas en el terreno político y su descripción contiene los siguientes elementos fundamentales:

  • La noción de neoconservador coloca a la persona en una posición política directamente opuesta a la del progresista —y describe al neoconservador como una versión actualizada del conservadurismo original.
  • Parte del neocoservadurismo es su opinión en el terreno de las relaciones internacionales, en donde apoya la existencia de fuerzas militares que defiendan a país de ataques externos —y sin tener grandes expectativas de gobiernos en países con regímenes enemigos o contrarios.
  • El progresista, por el contrario, sería un gran promotor optimista de esfuerzos de diálogo y negociación, incluso con naciones enemigas declaradas. Un neocoservador, no tan idealista, desconfía en diálogos y negociaciones, y opta por contar con el poder militar. El suceso de Ucrania invadida por Rusia ilustra muy bien esta diferencia.
  • Respecto al gobierno interno del país, el neoconservador fomenta conceptos de libertad e  individualismo —oponiéndose así al progresista y al socialista, que en cambio promueven políticas intervencionistas y de estado de bienestar.
  • Dentro del grupo de neoconservadores existen tendencias religiosas marcadas, generalmente cristianas y occidentales, formando una base moral que influye en toda su creencia—mientras que el progresista tiende mucho más al laicismo, e incluso al ateísmo.
  • El grupo de neoconservadores describe sin gran claridad sus ideas a pesar de su mentalidad respecto a ello, por lo qu puede haber quienes apoyan al libre comercio y quienes se oponen a él.
  • El añadido de “neo” describe simplemente una nueva presencia más clara de estas ideas generales y un tanto variables —que tienen a su representante actual en Irving Kristol (1920-2009), como antes se tuvieron a Edmund Burke (1729-1797).
  • Un rasgo general distintivo del conservadurismo es su realismo y un escepticismo prudente frente a los proyectos idealistas e impulsivos que caracterizan al progresismo.
  • El conservadurismo y el neoconservadurismo se oponen a las concepciones colectivistas propias del comunismo, el socialismo, el fascismo y el nazismo —asumiendo una visión personalista de la sociedad,colocando al individuo en primer lugar.
  • El neoconservadurismo, siempre está abierta a muchas posibilidades desde las más enérgicas hasta las más simples, como es el caso de la implementación de la guerra como medio pacificador, y la religión como medio de progreso para la sociedad. No se busca un estado de perfección inmediato como el comunismo, pero tampoco se busca un estado de igualdad como el socialismo, sino un estado de perfeccionamiento y construcción socioevolutiva sin importar medios [1]

Críticas actualesEditar

Justin Vaïsse, un experto francés en política estadounidense que es investigador superior en el Instituto Brookings, escribe como historiador de un movimiento más que como defensor de su propia doctrina, pero rechaza la actual línea neoconservadora en política exterior, como cualquier persona “decente” lo haría. “Un último problema inherente a la visión neoconservadora y la doctrina Bush [fue]… el dogmatismo democrático, otra consecuencia más de la pereza intelectual…No solamente resultó que la democracia no era una varita mágica, sino que implementarla no fue tan simple como ciertos neoconservadores…decían a veces.” [2]

En sincronia, el análisis de Cooper viene a incidir en la misma línea argumental al señalar, textualmente, lo siguiente: "Solo volviendo a la era de Nixon-Kissinger se puede comenzar a apreciar cómo las ideas incrustadas en las críticas neoconservadoras de la distensión sentaron las bases para los argumentos formulados por los unipolaristas neoconservadores en la década de 1990".[3]

Vaïsse menciona que esta imprudente indiferencia a la realidad no siempre ha caracterizado al neoconservadurismo. Al contrario, el movimiento comenzó en 1960 con contundentes críticas a algunos de los programas domésticos de la presidencia de Johnson. Las grandiosas metas de los proponentes de la Gran Sociedad no pudieron ser realizadas, según Daniel Bell, Nathan Glazer, Daniel Moynihan, y otros antiguos neoconservadores. (Es abrumador darse cuenta de que Bell y Glazer han estado escribiendo desde 1940.). En The Public Interest, un diario fundado por Bell e Irving Kristol, los críticos a los argumentos convencionales sobre el estado de bienestar declararon que “la ley de consecuencias no intencionadas” impone severos límites a la eficacia de la acción política. “Por ejemplo, el control de los precios de los alquileres, pese a ser bien intencionado, provoca un déficit habitacional (debido a que los propietarios de inmuebles no tienen incentivos para invertir)…el enfoque global de The Public Interest se convirtió en ‘los límites de la política social’.”

La autoridad neoconservadora en la política exterior estadounidense no ha tenido una reacción entusiasta. Su fracaso a la hora de llevar la paz y la democracia a Irak, por ejemplo, se ha traducido ahora en una desprendimiento de críticas también en el ámbito interno, procedentes incluso de la propia clase política. La defección de más alto nivel ha sido la de Francis Fukuyama, autor de El fin de la historia y el último hombre (1992), el himno al triunfo del capitalismo que se convirtió en un texto canónico neo­con­ser­va­dor de los años noventa, articulando la transición de la administración Clinton a la de George W. Bush. En su nuevo libro, After the Neo­cons, Fukuyama señala que los principios neoconservadores fundamentales fueron sistemáticamente violados a la hora de esgrimir argumentos favorables a la guerra en Irak y, yendo más allá, que el intento más amplio de combatir el terrorismo se encuentra mal servido no sólo por la guerra, sino también por el proyecto neo­conservador de reforma democrática en Oriente Medio. . Como conclusión, ofrece un sustituto para la política exterior neoconservadora, algo que él mismo califica de «wilsonianismo realista».Los comentaristas y críticos liberales han observado en Estados Unidos con una mezcla de justicia y alborozo el largamente esperado derrumbamiento conservador sobre la base ideo­ló­gi­ca de la política exterior de la Administración Bush.

El siguiente argumento de Fukuyama es que, aunque el neoconservadurismo tiene que ver con la «seguridad» en el sentido de preservar a Estados Unidos, tanto su poder como sus ideales, no tiene que ver únicamente con el poder, o con el mantenimiento de una estabilidad realista de Estado a Estado. Se trata más bien de una creencia en el poder de las ideas, los ideales y la ideología como condiciones necesarias de la victoria en la Guerra Fría, de comprender que Juan Pablo II fue tan necesario para la victoria sobre el comunismo como lo fueron las tropas de la OTAN. Finalmente, dice, el neoconservadurismo afirma que los asuntos internos de los Estados –su vinculación con la democracia, los derechos humanos y los valores liberales– constituyen indicadores globales de una conducta estatal externa; elementos, por imprecisos que sean, para pronosticar sus tendencias hacia la guerra y la paz. [4]

Y el neoconservadurismo agrupa simultáneamente una creen­cia en la validez y el atractivo universal de ideales estadounidenses fundamentales y una creencia igualmente firme en la excepcionalidad estadounidense. Los neocons van también un paso más allá, introduciéndose en el reino de los ideales, y defienden que la soberanía democrática, y la soberanía democrática de Estados Unidos en particular, es también un ­ideal, que cuenta con su propia legitimidad moral, y que en la medida en que las instituciones internacionales busquen debilitar esa democracia soberana, están cometiendo un error de principio [5]

ReferenciasEditar

  1. Fukuyama, Francis (marzo de 2006). America at the Crossroads: Democracy, Power, and the Neoconservative Legacy. S.A. EDICIONES B. ISBN 9788466629430. 
  2. Vaïsse, Justin (2010). Neoconservatism. Harvard University Press. ISBN 9780674050518. 
  3. Cooper, Danny (2010). Neoconservatism and American Foreign Policy (en inglés). Routledge. ISBN 9780415592215. 
  4. FRANCIS FUKUYAMA (2006). América en la encrucijada. 
  5. «Adiós a todo eso. Un réquiem por el neoconservadurismo».