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Grabado de José Delgado y Gálvez, 1796. De una manera similar a lo que muestra la imagen, a la vuelta de Fernando VII a España en 1814, un grupo de partidarios del absolutismo desengancharon los caballos de su carruaje y tiraron ellos mismos de él al grito de «Vivan las cadenas», que con el de «Pan y toros» pasó a ser utilizado por los progresistas para dolerse de la condición de atraso de España.
Diversión de España, grabado de la serie Los toros de Burdeos, que Francisco de Goya realizó en un espacio tan propicio para la introspección sobre la condición nacional como es el exilio, entre 1824 y 1825. Los toros ya eran la fiesta nacional española por antonomasia, aunque tal condición fuera discutida.

«Pan y toros» es un tópico cultural español que, parafraseando la expresión latina de Juvenal «Panem et circenses» ('Pan y circo'), describe la fiesta de los toros como una diversión que halaga las bajas pasiones del pueblo llano y amortigua los conflictos sociales. (véase también: Historia del pan).

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Castizos e ilustradosEditar

Expresa un punto de vista común de la mayor parte de los ilustrados, en contra de la corriente casticista de buena parte de la aristocracia (que a su vez les acusaba a aquéllos de afrancesados). El toreo del siglo XVIII había dejado de ser un arte propio de los caballeros para serlo de los peones, que toreaban a pie, y se estaban convirtiendo en ídolos de masas, sobre todo por la identificación con su condición social de origen (como ocurrió posteriormente en otras sociedades, y también en la española, con los héroes deportivos). El espectáculo taurino se estaba haciendo cada vez más popular. Por su parte, las clases altas lo veían con buenos ojos, e imitaban las vestimentas, peinados y poses chulescas de los majos, provenientes de las clases populares (como refleja Goya, él mismo ilustrado y afrancesado -su postura taurina o antitaurina es objeto de debate-,[1][2][3][4]​o los entremeses de Ramón de la Cruz).

La regulación de las fiestas populares estaba siendo objeto de preocupación: Pedro Rodríguez Campomanes se quejaba de la gran cantidad de festejos y días festivos, propios de los ritmos intemporales de trabajo tradicional de la sociedad preindustrial, y desearía verlos racionalizados, para intensificar la productividad, como querría el mundo industrial y capitalista.

La restauración absolutista de Fernando VII, por el contrario, significó el triunfo del casticismo y la persecución de todo lo ilustrado. Se destacó mucho el hecho de que se cerraran universidades, se desmantelaran museos y colecciones científicas (muy afectados por la Guerra de la Independencia Española) y se abriera la Escuela de Tauromaquia de Sevilla confiada a Pedro Romero, que había inaugurado en 1785 la Plaza de toros de Ronda (donde sigue celebrándose cada año una corrida goyesca).

Origen y difusión del tópicoEditar

La expresión en concreto se originó en un panfleto anónimo (respuesta a la Oración apologética por España y su mérito literario de Juan Pablo Forner), que circulaba desde 1793, atribuido a veces a Jovellanos, pero realmente de León de Arroyal, publicado en 1812 y cuyo título es Oración apologética en defensa del estado floreciente de España, pero que todos citaban por su párrafo final:[5]

Haya pan y haya toros, y más que no haya otra cosa. Gobierno ilustrado: pan y toros pide el pueblo. Pan y toros es la comidilla de España. Pan y toros debes proporcionarla para hacer en lo demás cuanto se te antoje in secula seculorum. Amen.

Su divulgación fue en aumento, en parte gracias a haber dado título a una zarzuela de Francisco Asenjo Barbieri (1864).

La utilización posterior de la expresión es muy abundante. Por ejemplo, Miguel de Unamuno (artículo El espíritu castellano, publicado en La edad Moderna (1895), y recogido posteriormente en el famoso libro de ensayos En torno al casticismo):

¡Pan y toros, y mañana será otro día! Cuando hay, saquemos tripa de mal año, luego... ¡no importa!.[6]

 
Las cinco copas de Europa que ganó el Real Madrid de la época de Gento, Di Stéfano (en la imagen) o Puskás (éste exiliado de la Hungría comunista), junto con dos famosos goles: el de Zarra a Inglaterra (la pérfida Albión) en el Campeonato Mundial de Fútbol de Brasil y el de Marcelino a Rusia en los cuartos de final de la Copa de Europa de 1964 (en el mismo estadio en que tenían lugar las demostraciones sindicales y cuando se celebraban los XXV Años de Paz), fueron exhibidas como glorias nacionales en un tiempo en que el régimen se esforzaba por salir de su aislamiento.[7]

Pan y fútbolEditar

A mediados del siglo XX se hizo la paráfrasis «Pan y fútbol», aplicado al papel que desde el franquismo tiene este deporte, canalizador de las inquietudes sociales. Esto no sólo funcionó para la adhesión al régimen anterior ejemplificada en el Real Madrid, ganador de las primeras copas de Europa, y que en opinión popular se oponía como club de ricos al Atlético de Madrid, que consideraban club de pobres.[cita requerida]

Independientemente de que esto fuera o no cierto (Santiago Bernabéu no pertenecía a una clase diferente a la de Vicente Calderón, y los que llenaban las localidades de a pie de un estadio no ganaban más dinero de los que llenaban el otro), la funcionalidad era clara: la lucha de clases podía canalizarse de forma inofensiva socialmente en discusiones de bar. También lo hizo para la oposición al franquismo, como fue el caso del Fútbol Club Barcelona, calificado de más que un club por su vinculación al catalanismo y de los clubes vascos (Athletic Club, Real Sociedad) que se enorgullecían de tener sólo jugadores vascos.

El juego de las quinielas, que mantenía pendientes de la radio las tardes de domingo a los que no iban a los partidos, fue comparado sarcásticamente con la represión política en España: había libertad porque podía elegirse «1», «X» o «2», sin que se obligara a nadie.[8]

ReferenciasEditar

  1. Andrés Amorós, ¿Goya antitaurino? Una manipulación más, ABC, 30/04/2016. Cita testimonios del propio Goya: «Tienes muchos asuntos y te pide el cuerpo venir a Madrid, lo dejas todo y te vienes a ver cuatro fiestas de toros y comedias y te ríes muy bien de todo...» «Yo estoy lo mismo, en cuanto a mi salud; unos ratos, rabiando, que yo mismo no me puedo aguantar... El lunes, si Dios quiere, iré a ver los toros»; de contemporáneos, como Leandro Fernández de Moratín: «Goya dice que él ha toreado, en su tiempo, y que, con la espada en la mano, a nadie teme. Dentro de unos meses, va a cumplir ochenta años»,; y de autores posteriores, como Valentín Carderera: «Goya se transformaba, los días de toros, con su gran sombrero, su chupa y capa terciada, y, con su espada debajo del brazo... entablaba relaciones con los toreros de más nombradía, injeríase, identificábase con aquellas interioridades que más perfectamente revelan el carácter de sus héroes», y Enrique Lafuente Ferrari: «Los toros cobran en la total obra de Goya una tal importancia que no cabe explicarla por ninguna circunstancia histórica, sino por pura inclinación personal».
  2. GLENDINNING, NIGEL. «A new view of Goya's Tauromaquia», en Journal of the Warburg and Courtauld Institutes, Nº 24, 1961. Este catedrático de Cambridge y doctor Honoris Causa por la Universidad Complutense de Madrid es uno de los mayores expertos mundiales en la figura de Goya. En el citado artículo, este hispanista británico defiende que todas las lecturas que se han hecho de la obra pictórica de Goya con tema taurino han sido realizadas desde una óptica pro tauromaquia, y que, de una manera interesada, se ha generado la imagen de un Goya taurino que nada tiene que ver con la realidad. Glendinning defiende con datos y análisis que Goya, con sus grabados y estampas, está denunciando la violencia tauromáquica, y nunca ensalzándola. 
  3. MEDRANO BASANTA, JOSÉ MIGUEL; MATILLA RODRÍGUEZ, JOSÉ MANUEL. Francisco de Goya. Tauromaquia: visión crítica de una fiesta, Universidad del País Vasco, Bilbao, 2004. En este libro se explica que autores taurinos como Lafuente Ferrari, Valentín Carderera o Moratín hicieron una lectura sesgada de la obra de Goya, hasta el punto de llegar a inventarse datos de su biografía, y todo con el ánimo interesado de hacer ver que el pintor era un apasionado de los toros cuando, muy al contrario, su obra de tema tauromáquico supone, más que una exaltación de la "fiesta", una denuncia a la violencia y a la barbarie taurina que también fue denunciada por la mayoría de ilustrados de su tiempo, y con los que Goya tuvo una buena relación personal, como Jovellanos y Vargas Ponce, ambos antitaurinos, como lo sería el propio Goya según los recientes análisis que ofrece este volumen. 
  4. El Prado presenta a un Goya antitaurino por la violencia de la fiesta. Este artículo evidencia que la obra pictórica de Goya con tema taurino suponía una crítica a las corridas de toros, y no una exaltación de ellas. El País, 6 de abril de 2002. 
  5. Recogido en REAL, César y ALCALDE, Luis (1997), Prosistas del siglo XVIII. ISBN 84-83038-118-0
  6. En+torno+al+casticismo+%22el+esp%C3%ADritu+castellano%22&q=%22pan+y+toros%22#search_anchor Op. cit., pg. 41.
  7. Final del 64 en Historia, especial Eurocopa 2004 (elmundodeporte.com).
  8. PUIG I MAS, Valentí (1976), Pan y fútbol, Barcelona, Planeta. ISBN 84-320-5259-0
  • CORRESA I MARÍN, Ignasi. «Pan y toros». Archivado desde el original el 3 de diciembre de 2013. Consultado el 16 de abril de 2013.