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Primera Guerra del Opio

Conflicto Armado Militar entre el Reino Unido contra el Imperio Chino

La Primera Guerra del Opio o la primera guerra anglo-china (en inglés First Opium War, Opium War o Anglo-Chinese War; en chino 中英第一次鸦片战争, 第一次中英战争 o 通商战争) fue un conflicto armado librado entre el Reino Unido y el Imperio Chino entre 1839 y 1842. El conflicto estalló ante la decisión del gobierno imperial de China de endurecer las medidas contra el tráfico ilegal de opio que los narcotraficantes británicos practicaban con relativa impunidad en China.[1]​ El conflicto fue empleado por el Reino Unido, navalmente muy superior, para forzar la apertura comercial de China, que hasta aquél entonces había practicado una política comercial proteccionista y muy restrictiva con occidente.

Primera Guerra del Opio
Guerras del Opio
Destroying Chinese war junks, by E. Duncan (1843).jpg
El barco británico Nemesis destruyendo los juncos de guerra chinos durante la Segunda batalla de Chuenpee, el 7 de enero de 1841.
Fecha 18 de marzo de 1839 - 29 de agosto de 1842
Lugar Flag of China (1889–1912).svg China
Resultado Victoria británica.
Consecuencias Tratado de Nankín
Cambios territoriales Cesión de la isla de Hong Kong al Reino Unido.
Beligerantes
Bandera de Imperio británico Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda Flag of China (1889–1912).svg Dinastía Qing
Comandantes
Lord Palmerston
Charles Elliot
George Elliot
James Bremer
Hugh Gough
Henry Pottinger
William Parker
Emperador Daoguang
Lin Hse Tsu
Qishan
Guan Tianpei
Yishan
Príncipe Yijing
Yang Fang
Fuerzas en combate
19.000 200.000
Bajas
69 muertos
451 heridos
18.000-20.000 muertos

La guerra del opio marcó el comienzo del declive definitivo del Imperio Chino, que incapaz de resistir la superioridad militar de Occidente, quedó cautivo del imperialismo occidental y japonés.[2]

Índice

AntecedentesEditar

La Primera Guerra del Opio estalló en el contexto de la expansión comercial Europea en China. La presencia activa de comerciantes europeos en China comenzó sobre todo con el establecimiento de la colonia portuguesa de Macao en la desembocadura del Río de las Perlas en 1557[3]​, durante la segunda fase de la dinastía Ming. Su presencia en las costas de China garantizaba a los portugueses un contacto directo con el mercado chino, y pronto se convirtieron en los grandes intermediarios entre China y el resto de comerciantes europeos.

Posteriormente, otras potencias europeas comenzarían a adquirir posesiones territoriales en el extremo oriente. El Imperio Español tomó las Islas Filipinas en 1566 y fundó el puerto de Manila en 1571, desde donde se gestionaba una ruta comercial entre China y el Virreinato de Nueva España: seda, especias y porcelanas chinas eran intercambiadas por la plata que España extraía de sus posesiones americanas.[4]

Las Provincias Unidas establecieron en 1619 una importante colonia en Batavia (actual Yakarta, en Indonesia), en Penghu (1603) y finalmente en la isla de Formosa (1624), actual Taiwan. Desde estas posesiones los comerciantes neerlandeses comenzaron la exportación de bienes chinos como el té, la porcelana o los productos lacados.[3]

Hasta mediados del siglo XVII, el comercio con China fue relativamente modesto, y era llevado a cabo sobre todo por medio de intermediarios, bien comerciantes chinos o portugueses. Estos intermediarios exportaban productos chinos a las posesiones europeas en el extremo oriente, donde se intercambiaban sobre todo por plata.[5][6]

El intercambio de plata con Occidente se convertiría en crucial para el Imperio Chino.[6]​ La base monetaria china era la plata, en base a la cual se calculaban los impuestos y se realizaban las grandes transacciones comerciales.[7]​ La principal fuente de plata en el extremo oriente era Japón. Cuando en 1639 el Shogunato Tokugawa cerró Japón al comercio con occidente, el comercio entre China y Japón se resintió, y occidente pasó a convertirse en la principal fuente de reservas de plata del Imperio Chino.[8]

A fin de garantizar un continuo influjo de plata, en 1685 el emperador Kangxi (1662-1723) emitió un edicto imperial autorizando la apertura de todos los puertos chinos a los barcos extranjeros.[9]​ El edicto de Kangxi también regulaba las condiciones de dicho comercio, que había de desarrollarse en base a varias restricciones. Principalmente, el comercio sólo podía tener lugar por medio de un intermediario comercial que recaudaba todos los impuestos aduaneros en nombre del emperador. Por razones de índole geográfica, el comercio europeo se desarrolló sobre todo en los puertos de Cantón, Zhoushan y Amoy, en la costa sureste de China.

Relaciones comerciales entre China y el Imperio BritánicoEditar

Los comerciantes británicos empezaron a llegar a China en 1635,[9]​ aunque su presencia en China fue esporádica hasta que en 1683 la dinastía Qing conquistó Taiwan, por entonces en posesión por los Países Bajos. La expulsión de los neerlandeses de Taiwan supuso su repliegue a sus bases de Batavia y los forzó a centrarse en su monopolio comercial con Japón.[10]​ Esto facilitó la entrada de la Compañía Británica de las Indias Orientales en China en el momento preciso en que daba comienzo la laxa política comercial de Kangxi. En pocos años la Compañía Británica de las Indias Orientales pasó a dominar el comercio europeo con China. Esto también estuvo facilitado por el monopolio legal que ostentaban en el comercio entre el Reino Unido y la India, y entre el Reino Unido y China.[5]

Los británicos se asentaron sobre todo en Cantón, el puerto comercial más cercano a la India. A partir de 1700, Cantón pasaría a ser el principal centro del comercio con China.[11]​ Los británicos desarrollaron un comercio triangular, basado en adquirir seda, y porcelana chinas a cambio de plata que los británicos obtenían de los españoles en Manila, donde obtenían la plata por medio de la venta de parte de la seda y la porcelana.[12]

A fin de regular de forma más eficaz el comercio, en 1720 Kangxi remplazó a los intermediarios comerciales por un organismo colegial llamado Co-hong, formado por una serie de gremios o clanes comerciales llamados hong, que concentraban todo el comercio entre China y Europa. El número de hong varió entre 10 y 30 clanes, y pasaron a dominar todo el comercio entre China y Europa.[11]

La relativa facilidad para el comercio entre Europa y China fue revertida en 1757, con el establecimiento del llamado Sistema de Cantón.[11]​ Ese año, el emperador Qianlong (1736-1796) decidió cerrar al comercio occidental todos los puertos de China a excepción del puerto de Cantón. Obligó a los comerciantes extranjeros a establecerse a las afueras de Cantón junto al río, en el llamado distrito de las factorías de Cantón. Los europeos tenían prohibido abandonar salvo en la época de lluvias, cuando abandonaban Cantón para residir en Macao, bajo control portugués. Qianlong también introdujo importantes restricciones relativas al intercambio de bienes comerciales, permitiendo solo el intercambio de productos chinos por plata, y reguló más si cabe la actividad de los comerciantes hong, que eran ahora responsables del buen comportamiento de los europeos en China.[2]

Las razones de Qianlong para ello eran de índole mercantilista y geopolítica. Con su política comercial restrictiva, pretendía evitar la fuga de reservas de plata y posicionar la balanza de pagos a favor de China, por cuanto la demanda europea de té y sedas chinas no dejaba de crecer. La necesidad de un continuo influjo de plata era fundamental para garantizar el crecimiento económico y la estabilidad interna de China.[2]​ Esto se había convertido en un objetivo de envergadura, debido sobre todo a dos circunstancias que habían restringido los influjos de plata en la década anterior a 1757. Primero, la Guerra del Asiento (1739-1740) entre España y el Reino Unido había congelado las exportaciones de plata de América a China.[12]​ Segundo, desde la década de 1720 el antaño lucrativo comercio de porcelana y de productos lacados chinos había entrado en claro declive.[12]​ Esto fue debido sobre todo a que hasta 1708 la única fuente de porcelana del mundo era China, que guardaba celosamente el secreto de su fabricación. Sin embargo, en 1708 el desarrollo de la porcelana de Meissen en Sajonia puso fin al monopolio chino:[13]​ al tiempo que las manufacturas de porcelana se generalizaban en Europa, el comercio de la porcelana china, uno de los más lucrativos, declinó rápidamente. Aunque el comercio de seda y té se mantuvieron, Qianlong temía que el rápido declive en la exportación de bienes lucrativos llevara a desequilibrios comerciales.[14]​ Finalmente, Qianlong también pretendía evitar que la presencia extranjera condujera a disturbios o rebeliones como las que habían recientemente llevado al Imperio Mogol de la India a convertirse en vasallo de la Compañía Británica de las Indias Orientales.[2]

En un principio, las restricciones comerciales de Qianlong tuvieron éxito. Los comerciantes occidentales, con la Compañía Británica de las Indias Orientales a la cabeza, aceptaron estas restricciones por lo lucrativo del comercio con China, y porque facilitaba la protección de su propio monopolio comercial entre China y el Reino Unido si solo había un puerto donde comerciar. Sostenido sobre todo por la insaciable demanda británica de té, para la década de 1790 el comercio entre China y el Reino Unido suponía el 10% del PIB de Gran Bretaña.[5]​ Entre 1650 y 1790, China había recibido 28 millones de kilogramos de plata importada por comerciantes europeos a cambio de productos chinos.[2]

Déficit comercial entre China y EuropaEditar

El proteccionismo comercial chino pronto desembocó en un gran desequilibrio de la balanza de pagos comercial a favor de China. Pese a ello, a lo largo del siglo XVIII el comercio entre China y Europa se mantuvo relativamente estable. Esto se debía a la creciente demanda de productos chinos en los mercados europeos, y al fácil acceso que los comerciantes europeos tenían a fuentes baratas de plata, fundamentalmente las minas españolas en América.[2]

Las consecuencias del desequilibrio comercial en China fueron considerables. Por un lado, China se volvió completamente dependiente de las importaciones de plata extranjera. Por otro, se generó una gran inflación interna, y una devaluación considerable del valor de la plata.[15]​ Esto facilitó la explosión demográfica vivida por China durante el reinado de Qianlong, pues el colapso del tipo de cambio entre el cobre, usado por las clases populares chinas como moneda corriente, y la plata en base a la que se fijaban impuestos, supuso de facto un gran rebaja fiscal al campesinado chino.[5]

Las consecuencias del desequilibrio comercial en Europa empezaron a dejarse ver de forma gradual hacia finales del siglo XVIII, cuando la expansión económica de Europa empezó a acrecentar la necesidad de incrementar la circulación de metales preciosos en Europa. A fin de mantener el comercio con China, los países europeos, con el Reino Unido a la cabeza, empezaron a arriesgar la escasez de plata en Europa para poder satisfacer la demanda de la misma que sus comerciantes tenían en Asia.[16]

Las necesidades internas de plata en Europa se vieron complicadas por problemas en el suministro de la misma. En primera instancia, las guerras entre Gran Bretaña y España desde mediados del siglo XVIII, interrumpieron el suministro en el mercado internacional de plata, causando crisis monetarias en Europa.[12]​ En segunda instance, la independencia de los Estados Unidos y, sobre todo, de las colonias españolas de México y Perú acabó con el suministro de plata barata mundial.[12][5]

Sin plata barata de América a su disposición, los mercaderes europeos empezaron a importar plata directamente de Europa. Esto alarmó al gobierno británico, y generó gran animosidad hacia China por lo que se percibía como una política proteccionista y egoísta de China. A esto se añadía el hecho de que la demanda de bienes europeos en China era muy reducida, con lo que el déficit comercial a favor de China se mantuvo a lo largo de las primeras décadas del siglo XIX.

Comercio del opioEditar

 
Gráfico del crecimiento de las importaciones de opio a China entre 1650 y 1880.

El comercio del opio surgió como la forma que británicos y europeos encontraron de compensar los desequilibrios comerciales causados por la política mercantilista china.

El comercio con China no dejó de crecer entre 1790 y 1839. La principal razón era la gran demanda británica de té, por entonces sólo cultivado en China. La otra razón fue la introducción gradual del opio en China.[17]​ El consumo de opio estaban explícitamente prohibidos en China desde 1729 durante el reinado del emperador Yongzheng,[2]​ aunque su cultivo era conocido en China desde la dinastía Tang, y siempre había existido una modesta industria de producción local.[2]​ Su narcotráfico había sido un asunto menor hasta que en la década de 1780 los neerlandeses y los británicos se dieron cuenta de que podían reducir su déficit comercial con China si comenzaban el contrabando de opio en China.[2]

Los neerlandeses controlaron inicialmente la mayor parte de la producción de opio destinado a China con extensas plantaciones en sus posesiones de la isla de Java.[18]​ Mientras tanto, los británicos comenzaron a producirlo en pequeñas cantidades en sus colonias de Bengala y la llanura del Ganges. La producción británica de opio en la India se basó en un primer momento en la industria del opio que habían heredado del Imperio Mogol, y que los mogoles habían usado sobre todo para vender opio no refinado dentro de su propio imperio.[2][9]​ A diferencia de los mogoles, los británicos pronto supieron apreciar el valor del opio como un valioso bien de exportación.[2]​ Aunque la Compañía de las Indias Orientales aducía que ni producía ni exportaba el opio, pero estableció leyes y medidas fiscales para facilitar el cultivo y el refinado del opio.[2]​ No sólo eso, fundó en Calcuta un órgano regulador, la Junta de Aduanas, Sal y Opio, dedicado a controlar la calidad de las exportaciones de opio.[2]​ Las amapolas no podían ser cultivadas sin el permiso expreso de la Compañía. El opio no podía ser refinado por entidades privadas, y todas las amapolas debían ser vendidas a la Compañía con un precio fijo. La Compañía luego celebraba subastas públicas durante los meses de Noviembre a Marzo, y se embolsaba la diferencia entre el precio de venta en subasta y los costes bases de las amapolas y los asociados al refinado. Peso a estas medidas, la ocupación de la India por parte de la Compañía era un negocio ruinoso para la misma, y sólo podía ser financiado gracias a las ganancias que la misma extraía del comercio legítimo con China.[5]

En un primer momento, el narcotráfico de opio fue modesto, pero para finales del siglo XVIII, el cultivo legal del algodón en la India entró en crisis debido a la competencia del algodón de Egipto y del sur de los Estados Unidos.[11]​ El opio fue rápidamente identificado como un sustituto mucho más lucrativo, y la Compañía empezó a expandir activamente su producción a comienzos del siglo XIX.[2]

Rutas del opioEditar

El opio británico entraba en China de la mano de narcotraficantes británicos que adquirían el opio de la Compañía en la India y lo llevaban de contrabando a Cantón, donde lo vendían a traficantes locales a cambio de plata. La Compañía tenía el monopolio comercial entre China y Europa, y entre la India y Europa, pero no en el comercio entre la India y China, con lo que la mayor parte del narcotráfico fue dejado en las manos de empresas privadas y de particulares.[5]​ Para 1780 el consumo de opio en China era lo suficientemente notorio como para que Qianlong emitiera un edicto ratificando la prohibición que su padre había hecho del consumo mismo, y de nuevo en 1796 Jiaqing había ratificado la prohibición total de su narcotráfico. Para 1799 el emperador Jiaqing había ordenado al gobernador general de Cantón que erradicara su tráfico.[2]

A fin de evadir a las autoridades chinas, los narcotraficantes británicos empezaron a reconvertir barcos viejos en auténticos almacenes flotantes de opio, a los que trasladaban sus cargas desde la India y que usaban para distribuir de forma local el opio entre sus contactos chinos. Estos barcos solían estar posicionados en la desembocadura del Río de las Perlas, aprovechando las múltiples islas y bahías deshabitadas de la zona, y las dificultades que los barcos de guerra chinos tenían para navegar en alta mar. Los narcotraficantes vendían su opio a cambio de plata china, que luego usaban en el comercio legal con los hong para adquirir té u otros productos legales que exportaban a Europa. En muchos casos, los propios hong participaban en el narcotráfico, bien invirtiendo capital en el mismo, bien controlando parte del narcotráfico interno. La connivencia de los funcionarios locales chinos, a menudo sobornados por los hong y los narcotraficantes, facilitaba el negocio.

Con el estallido de las Guerras Napoleónicas, los británicos ocuparon la isla de Java, donde se centraba la mayor parte de la producción del opio, y pasaron a dominar por completo el narcotráfico con China en detrimento de los Países Bajos. La única otra nación que se involucró activamente en el narcotráfico fue los Estados Unidos. A principios del siglo XIX, los mercaderes estadounidenses comenzaron a traficar con opio de Turquía, más barato pero de peor calidad. La competencia entre opio estadounidense y británico llevó a una caída del precio del opio en China, lo que a su vez disparó la demanda del mismo. Los traficantes chinos comenzaron a demandar opio en cada vez mayores cantidades, de tal forma que los británicos doblaron la producción del mismo en la India entre 1804 y 1820.

Problemas fiscales del gobierno imperial ChinoEditar

Entre 1796 y 1804, China se había enfrentado a la devastadora y costosísima Rebelión del Loto Blanco, que había agotado las reservas de plata del gobierno imperial.[19]​ Con un gobierno imperial desprestigiado y con serios problemas fiscales, entre 1804 y 1820, otra serie de disturbios hicieron las necesidades de plata del gobierno central cada vez más severas. Frente a esto, el comercio del opio se había expandido tanto que la balanza comercial china se había invertido a favor de los británicos.[2]

Que el tráfico de opio era el responsable de esta situación era evidente para las autoridades chinas.[2]​ El resto de productos importados de occidente, incluyendo el ginseng, pieles, algodones, relojes y herramientas de acero, eran de un valor muy inferior al del boyante tráfico de opio, y al de las exportaciones chinas. La Corte Imperial del Gran Qing debatió activamente como hacer frente al narcotráfico, pero todas sus medidas se veían complicadas por la complicidad de las autoridades locales cantonesas y de los mercaderes hong, que se beneficiaban grandemente de los sobornos y dádivas de los narcotraficantes británicos. Los esfuerzos de las autoridades Qing por reducir la importación de opio por medio de regulaciones y restricciones en su consumo sólo consiguieron incrementar el narcotráfico y la corrupción de los funcionarios chinos locales.[5]​ En 1810, el emperador Jiaqing emitió un edicto concerniente a la crisis del opio, donde declaraba que

El opio hace daño. El opio es un veneno, que mina nuestras buenas costumbres y moralidad. Su uso está prohibido por la Ley. Ahora hasta un plebeyo cualquiera, Yang, osa traerlo a la Ciudad Prohibida ¡Se burla de la Ley! Pese a esto, en tiempos recientes los compradores, comedores y consumidores de opio se han vuelto numerosos. Mercaderes engañosos lo compran y lo venden con gran beneficio. Las aduanas de la Puerta de Ch'ung-wen fueron establecidas originalmente para supervisar la recolección de impuestos a las importaciones, sin responsabilidad con respecto al estraperlo de opio. Si limitamos nuestros registros de opio a los puertos marítimos, tememos que los registros no sean lo suficientemente exhaustivos. Por eso ordenamos también a los comandantes generales de la policía y a los censores de las cinco puertas que prohíban y efectúen registros de opio en todas las puertas. Si atrapan a cualquier violador de la ley, deberán castigarlo de forma inmediata y destruir el opio. Con respecto a Kwangtung y Fukien, las provincias de las que viene el opio, ordenamos a los virreyes, gobernadores y superintendentes de las aduanas marítimas que efectúen registros exhaustivos en busca de opio, y acaben con su suministro. ¡No deben considerar esta orden papel mojado y permitir que el opio sea traficado![20]

Cambio en la política comercial británicaEditar

Además de la introducción del comercio del opio, una serie de innovaciones económicas y sociales llevaron a un cambio radical de los parámetros de las relaciones sino-europeas hacia comienzos del siglo XIX.[2]​ El liberalismo económico formulado por los economistas clásicos había llevado al declive de las ideas mercantilistas en Reino Unido. Espoleado por la Revolución Industrial, el Reino Unido empezó a usar su poderío naval para expandir el modelo de comercio liberal, abogando por una abolición de las barreras comerciales y la apertura de mercados.[21][2]​ La intención era la apertura de mercados extranjeros a los productos de las colonias británicas, así como mejorar el acceso del público británico a bienes de consumo extranjeros como el té.[21]​ Además, la adopción del patrón oro en 1821 llevó a la estandarización de los chelines de plata, lo cual redujo aún más la disponibilidad de plata para el comercio con Asia, lo que espoleó el deseo del gobierno británico de adquirir mayores derechos comerciales en China y liberalizar el comercio.[22]​ Además, los monopolios comerciales de la Compañía de las Indias Orientales empezaron a percibirse como un injustos y mercantilistas[2]​, y los comerciantes particulares y buena parte del estamento político británico empezó a cuestionar su control del comercio con China, que para entonces representaba la principal fracción de los ingresos comerciales británicos. El deseo de abolir el monopolio de la Compañía sólo podía ir acompañado de la necesaria apertura comercial de China.[2]

Frente a estos problemas, la dinastía Qing abogaba por el modelo confuciano de filosofía económica, con una economía planeada y un gobierno intervencionista centrado en garantizar la estabilidad social.[2]​ El gobierno Qing no era hostil al comercio, pero el escaso interés del mercado chino en los productos occidentales no estimuló el deseo del gobierno de promocionar las importaciones extranjeras, y el deseo de incrementar las reservas de plata del Imperio dominaba toda su política comercial.[23]​ Además, los mercaderes chinos operando en el mercado interno querían evitar a toda costa las fluctuaciones en el mercado interno causadas por la importación de bienes extranjeros capaces de competir con los productos domésticos,[2]​ y los clanes hong, que eran las corporaciones comerciales más ricas del país, se beneficiaban grandemente de su monopolio comercial centrado en el puerto de Cantón.[24][25][2]

También se produjo un cambio cultural gradual en la percepción que el público europeo, sobre todo el británico, tenía de China.[5]​ Durante el siglo XVIII la China de Qianlong había sido admirada por los Europeos como un paradigma del buen gobierno y del despotismo ilustrado.[5]​ El hecho de que en China residiera un tercio de la población mundial, y que los viajeros occidentales reportaran la asombrosa prosperidad general del país, de sus buenas costumbres y de su buen gobierno, había contribuido a crear la percepción de China como la mayor potencia del planeta.[2]​ Las continuas rebeliones y problemas internos tras la muerte de Qianlong en 1796, así como la crisis del opio, contribuyeron a degradar esta imagen, sobre todo entre los comerciantes británicos, que poco a poco comenzaron a percibir China como un país arrogante, bárbaro y en decadencia.[5]

A comienzos del siglo XIX la política comercial china se había convertido en un asunto cada vez más contencioso para las potencias occidentales. El Sistema de Cantón era percibido como una barrera al incremento de las exportaciones europeas a China. Los intentos de las sucesivas embajadas de británicos (Macartney, 1793), neerlandeses (Titsingh, 1794), rusos (Golovkin, 1805) y británicos de nuevo (Amherst, 1816) de negociar concesiones comerciales con la Corte Imperial fueron vetados por los sucesivos emperadores Qing.[14]​ En particular, el comportamiento de Amherst en 1816, quien se negó a practicar la habitual postración ritual ante el emperador Jiaqing y acabó saliendo de la sala de audiencias del emperador antes de llegar a ser recibido blandiendo su espada contra sus anfitriones, ofendió grandemente a la Corte Imperial, mientras que el gobierno británico interpretó el asunto como un insulto diplomático.[5]

Ante esta situación de desprestigio cultural y de deseos de liberalizar el comercio ante un gobierno chino percibido como monolítico y arrogante, los británicos perdieron todo interés en tratar de remediar el narcotráfico.

Comerciantes extranjeros en CantónEditar

La expansión del comercio del opio a lo largo de la primera mitad del siglo XIX no dejó de crecer, espoleada por la creciente demanda de bienes chinos en Europa. En 1729, año de la prohibición del opio en China, los británicos habían enviado unos 200 cofres de opio a China. En 1796, eran unos 4.000 cofres de opio al año. En 1838, los británicos y norteamericanos traficaban unos 40.000 cofres.[5]

Esto incrementó grandemente la presencia de extranjeros en Cantón y Macao. Las trece factorías originales del distrito de Cantón continuaron expandiéndose, y se convirtieron en un auténtico "barrio extranjero". Pese a la prohibición, una fracción de los comerciantes extranjeros comenzó a residir en Cantón todo el año, cuando lo habitual era residir en Macao durante el verano, y se constituyó una Cámara de Comercio local.[5][2][26]

La mayor parte de los comerciantes privados británicos residentes en Cantón eran narcotraficantes dedicados al tráfico de opio entre la India y China. Los traficantes más notorios era William Jardine y James Matheson, fundadores del actual conglomerado inmobiliario y de construcción Jardine Matheson.[2]​ Jardine y Matheson mantenían un negocio legal de envío y transporte de bienes en Cantón y en Macao. Sin embargo, su principal negocio era el narcotráfico. Jardine en particular había construido una red clientelar en Cantón con funcionarios y traficantes locales, que le permitía importar grandísimas cantidades de droga a China.[2]​ También despreciaba el sistema legal chino, y no dudaba en usar sobornos y su influencia para subvertir las actividades de las autoridades chinas. Por ejemplo, fue uno de los grandes defensores ante el gobierno británico de conseguir la liberalización del comercio con China.[2]

Asunto NapierEditar

Uno de los grandes desencadenante final del conflicto bélico fue la abolición del monopolio de la Compañía de las Indias Orientales en 1834.[5]​ Hasta entonces el comercio legal estaba controlado por los sobrecargos (agentes) de la Compañía, cuyo principal interés era mantener la paz interna en China y las buenas relaciones con los hong y las autoridades chinas para mantener el comercio legal intacto.[5]​ Con la abolición del monopolio, las cámaras de comercio pasaron a estar controladas sobre todo por narcotraficantes como Jardine y Matheson, más interesados en incrementar sus beneficios a costa de China. A partir de 1834, las relaciones entre autoridades chinas y los extranjeros se deterioraron rápidamente.

Esto se debió más si cabe a las acciones de Lord Napier (1786-1834).[27]​A fin de regular su comercio, una vez abolido el monopolio de la Companía el gobierno británico había decidido enviar una misión comercial a Macao con Lord Napier como superintendente comercial. Napier tenía instrucciones de obedecer las regulaciones chinas, establecer comunicaciones regulares con las autoridades locales, y supervisar en lo posible el narcotráfico. A su llegada a Macao, Napier decidió ignorar las restricciones que prohibían el contacto directo entre funcionarios y comerciantes extranjeros (debían ser mediados por los hong). Se presentó ante las puertas de Cantón, y requirió ser conducido ante Lu Kun, el Virrey de Liangguang. Napier montó en cólera cuando los hong le transmitieron un mensaje de Lu Kun, que fue traducido al inglés como "El Ojo Bárbaro [desafortunada traducción del título de cónsul comercial], si desea venir a Cantón, ha de informar primero a los mercaderes Hong para que sean ellos quienes me lo pidan a mí."[28]

Tras volver a Macao, Napier ordenó el bombardeo de los fuertes chinos que guardaban la desembocadura del Río de las Perlas.[5]​ El virrey Lu Kun suspendió el comercio británico y expulsó a los comerciantes de Cantón.[2]​ La escalada armada sólo fue evitada porque Napier calló enfermo al retirarse a Macao, y murió de tifus. Tras su muerte, los dos subalternos de Napier de mayor rango dimitieron de su cargo, descontentos con la desautorización que Lord Palmerston, el Ministro de Exteriores británico, hizo de las acciones de Napier. El tercer subalterno, George Robinson, era un antiguo sobrecargo de la Compañía, con lo que no contaba con el favor de Parlmerston, quien lo destituyó y decidió nombre a Charles Elliott superintendente de comercio.[5]

Elliott era un antiguo oficial naval, y había llegado a China en calidad de secretario de la misión comercial de Napier, un cargo de poco rango.[29][30]​ Elliot siguió el protocolo establecido, y pidió permiso a los mercaderes Hong para que intercedieran por él ante el Virrey de Liangguang, quien esta vez accedió a permitirle establecerse en Cantón. Elliot operó desde Cantón como Superintendente y jefe de la misión comercial británica. Ante el obvio narcotráfico de opio que se desarrollaba a sus puertas, Elliot se vio en la incómoda posición de tener que defender nominalmente a sus comerciantes pese a desaprobar el narcotráfico. En un despacho fechado el 16 de noviembre de 1839 Elliot escribió a Lord Palmerston que "No hay hombre que sienta mayor aversión contra la desgracia y el pecado que [es] este tráfico ilegal en las costas de China. He intentado reprimirlo por medio de todos los medios legales a mi alcance, y a costa del completo sacrificio de mi bienestar privado en esta sociedad en la que llevo viviendo unos cuantos años."[31]

Escalada del ConflictoEditar

El crecimiento descontrolado del narcotráfico en China generó gran alarma en el gobierno imperial chino.[32][3][2]​ Desde el edicto de 1729 por el que Yongzheng prohibía el comercio del opio, los emperadores chinos promulgaron con creciente frecuencia edictos relativos al comercio del opio. Los edictos de Qianlong (1780) y Jiaqing (1796) confirmaron la pena de muerte por narcotráfico de opio. En 1799 Jiaqing ordenó al virrey de Liangguang medidas activas para erradicar el narcotráfico, y en 1800 pasó a prohibir la posesión del opio en China. En 1809, un nuevo decreto de Jiaqing impuso la inspección previa de todos los barcos que fueran a atracar en Cantón para evitar el narcotráfico, que simplemente se desplazó a otras zonas costeras.[33]

No existe un consenso entre historiadores sobre si el consumo de opio en China previo a la Primera Guerra del Opio había alcanzado proporciones tan grandes como para amenazar la cohesión social, tal y como afirmaban muchos de los mandarines así como los sucesivos emperadores en sus edictos. El tráfico de opio en 1820 fue de 5000 cofres de opio, lo suficiente como para suministrar con opio a unos 40 000 usuarios habituales de la droga.[34]​ Aunque las importaciones de opio en 1838 se habían multiplicado por diez hasta unas 1400 toneladas,[2][26]​ por sí mismas no podían suplir con opio a más que a una pequeña fracción de los 300 millones de súbditos chinos. Con estas cantidades, se estima que en 1838 el mercado del opio podría sostener solo a unos dos millones de fumadores de opio en China, la mayor parte de ellos ocasionales[35][36]​; por otro lado, también se ha afirmado que hasta el 27 % de la población masculina de China era adicta al opio.[33]​ Se ha sugerido que el estamento más afectado eran las clases medias y altas urbanas, a las que pertenecían los mandarines y funcionarios chinos,[32]​ con lo que la crisis del opio era particularmente notoria para la propia clase gobernante china.[5]​ Muchos nobles y príncipes imperiales, incluyendo el futuro emperador Xianfeng,[37]​ eran fumadores habituales de opio.[5]

Sea como fuera, la alarma de las autoridades chinas queda ejemplificada por un edicto del emperador Daoguang emitido en enero de 1830, en el que afirmaba:

El opio está inundando el interior del imperio celestial. La multitud de consumidores crece día a día, y cada vez hay más gente que lo vende; son como fuego y humo, destruyendo nuestros recursos y haciendo daño a nuestros súbditos. Cada día es peor que el anterior.[5]

Más allá de la dimensión social del consumo del opio, el coste económico del narcotráfico es más fácil de evaluar. En 1813, un cofre de opio cotizaba en Cantón a 2400 rupias, mientras que el coste del mismo era de unas 240 rupias en la India. Estas 2400 rupias eran abonadas en plata. El narcotraficante posteriormente usaba esta plata para adquirir productos chinos, con lo que el resultado neto era que buena parte de la plata no abandonaba China. Sin embargo, no había influjo neto de plata, con lo que la base monetaria de un imperio acostumbrado a continuos influjos de plata extranjera se resentía.[2]

Debates internos sobre la legalización del OpioEditar

Las incapacidad de las autoridades chinas para erradicar el narcotráfico llevaron a un considerable debate interno entre la clase mandarina china en lo relativo a cómo enfrentarse al problema del opio. Una corriente defendía una política dura y represiva, sugiriendo la necesidad de cerrar China a todo el comercio extranjero, y criticaba la corrupción generalizada de los funcionarios de aduanas y de los hong. Sin embargo, a partir de la década de 1820 comenzaron a alzarse voces favorables a una legalización del opio.

El principal defensor de la política de cierre comercial fue Bao Shichen (1775-1855), un mandarín de bajo rango autor de diversos tratados de economía política.[2]​ En un ensayo de 1801 identificaba al opio como la principal causa de pérdidas de reservas de plata del imperio, y defendía la expulsión de todos los mercaderes europeos. La medida fue criticada como extrema, impracticable, y poco eficaz, pues el narcotráfico no dependía del comercio legal, lucrativo para China. En el lado opuesto, Wu Lanxiu, un profesor de la academia confuciana de Cantón, escribió un memorial titulado "Aliviando el sufrimiento", en el que defendía el comercio internacional como inevitable y benigno, y sugería que la única forma realista de lidiar con el narcotráfico era legalizarlo e imponer tarifas comerciales[38]​. El ensayo fue leído por Lu Kun, virrey de Cantón, quien lo remitió a la corte imperial en 1830. Aunque posiblemente Daoguang no lo leyera, sí que llamó la atención de Xu Naiji, un importante mandarín de la Corte Imperial de Sacrificios. Xu Naiji abrazó las ideas de Wu Lanxiu y en 1836 redactó un memorial dirigido al emperador Daoguang, proponiendo la legalización y regulación del opio.

Daoguang leyó en el memorial con cuidado, y decidió remitirlo en junio de 1836 a las autoridades de Cantón para conocer su opinión. El nuevo virrey de Cantón, Deng Tingzhen, abrazó la idea de legalizar el comercio del opio, y hasta remitió al emperador una serie de propuestas para su regulación.[5]

El debate interno coincidió con la instalación de Charles Elliott como superintendente de comercio británico en Cantón. Elliott pronto se hizo con una copia del memorial de Xu Naiji, y recibió con agrado la idea de una posible legalización y regulación del comercio del opio, al tiempo que Jardine y Matheson se preparaban para una posible apertura del comercio del opio.[5]​ Sin embargo, las condiciones adversas al narcotráfico se recrudecieron a lo largo de 1837. Esto se debió a una serie de edictos que Daoguang había remitido a Deng Tingzhen junto con el memorial de Xu Naiji, en los que exigía mano firme contra el narcotráfico mientras la medida de legalizarlo era debatida.[5]

Deng Tingzhen acató las medidas con esmero. Destituyó a funcionarios corruptos, cerró fumaderos de opio, y persiguió con crudeza a todos los narcotraficantes. Para el verano de 1837 el comercio del opio había colapsado casi por completo. El éxito de Deng Tingzhen vino acompañado por éxitos similares por parte de otros virreyes provinciales, como Qishan, virrey de Zhili, o Lin Zexu, gobernador de Hunan y de Hubei, que consiguieron erradicar el narcotráfico en sus provincias por medio de redadas y persiguiendo la corrupción de los funcionarios estatales.[2]

 
El Comisario Imperial Lin Zexu.

Lin ZexuEditar

El éxito de estas medidas represivas convenció a Daoguang que la legalización del opio no era al fin y al cabo necesaria.[5]​ A fin de acabar de una vez con todas con el narcotráfico en Cantón, Daoguang decidió en diciembre de 1838 nombrar a Lin Zexu Comisario Imperial con el mandato de erradicar el narcotráfico en China. Lin Zexu era un mandarín conocido por su incorruptibilidad y estricta moral confuciana. Nada más llegar a Cantón, remitió una carta abierta a la Reina Victoria en la que explicaba su política contra el tráfico de opio. Lin cuestionaba la moral del gobierno británico, que prohibía el comercio del opio en sus tierras pero permitía que sus comerciantes lo practicaran en China, donde también era ilegal. Escribió: "Quizás Su Majestad no haya sido informada hasta ahora [de la prohibición del opio en China], y pueda alegar ignorancia de la severidad de nuestras leyes, pero ahora le ofrezco mis garantías de que estamos decidido a acabar con esta dañina droga para siempre." También afirmaba que "Si el tráfico de opio no es detenido ahora, en unas pocas décadas no quedarán soldados capaces de resistir al enemigo, ni plata con la que financiar el ejército." La carta a la Reina Victoria nunca llegó a la soberana británica, pero fue publicada en el Times de Londres.

Mientras Lin Zexu se dirigía a Cantón, para principios de 1839 las medidas de supresión del tráfico de opio puestas en marcha por el virrey Deng Tingzhen habían tenido tanto éxito que William Jardine escribió a uno de sus capitanes costeros que "No se ve ni a un agente comercial, ni se encuentra una pipa de opio; todo se ha desvanecido.(...) Las autoridades chinas han estado especialmente vigilantes últimamente, deteniendo a fumadores, traficantes y vendedores en grandes números." Jardine abandonó Cantón de regreso a Inglaterra a finales de 1839, dejando a su socio Matheson a cargo del negocio de narcotráfico. Su presencia en Inglaterra mientras se desarrollaban los acontecimientos que llevaron a la guerra del opio fue crucial, pues se dedicó activamente a presionar al gobierno y al parlamento británico para que tomaran medidas militares contra China.

Lin Zexu llegó a Cantón a principios de marzo de 1839. Pese al éxito del virrey Deng Tingzhen, Lin Zexu desplegó rápidamente una serie de agresivas medidas destinadas a cortar de raíz el narcotráfico. Mientras Deng Tingzhen había centrado sus medidas supresivas en los súbditos chinos, Lin Zexu extendió las mismas también a los traficantes extranjeros. La medida que acabaría por desencadenar el conflicto armado fue la orden que Lin Zexu emitió el 18 de marzo de 1839 requiriendo a todos comerciantes de Cantón que entregaran a las autoridades chinas todo el opio que albergaban. En un principio se creyó que la medida sólo sería aplicada sobre los comerciantes hong, con lo que los traficantes extranjeros decidieron ignorar la orden. Esto enfureció a Lin Zexu, quien el 19 de marzo anunció que ningún mercader extranjero tendría permitido abandonar el distrito de las factorías de Cantón hasta que todos ellos cumplieran con la orden de incautación del opio, y que además estaban obligados a firmar un certificado comprometiéndose a no traficar nunca más con opio, so pena de muerte. Les concedió tres días para entregar el opio, bajo amenaza de que si no lo habían hecho para entonces, ajusticiaría a Howqua y a otro mercader hong. Howqua (1769-1843) era el líder de los hong, el hombre más rico del mundo, e irónicamente el único hong que no traficaba con opio.

Esto causó consternación entre los traficantes británicos, muchos de los cuales estaban financiados por el propio Howqua. Se reunieron rápidamente con los hong la noche del 21 de marzo para decidir que hacer. Se decidió, con la garantía de Howqua, que sería suficiente con entregar unos mil cofres de opio. Al día siguiente, sin embargo, se corrió el rumor de que 1000 cofres no serían suficientes para calmar a Lin Zexu, con lo que trataron de ofrecer 4000 cofres a las autoridades. Ante esto, Lin Zexu decidió empezar a convocar a los narcotraficantes más notorios para interrogarlos en Cantón. Como Jardine había abandonado Cantón en enero, Lin Zexu convocó en primer lugar a Lancelot Dent, el segundo traficante de opio más importante de Cantón. Dent se negó a entregarse, temiendo ser ajusticiado. Esto enfureció aún más a Lin Zexu, quien ordenó el arresto de Howqua, amenazando con ejecutarlo.

La comunidad extranjera de Cantón empezó a creer que Lin Zexu no llevaría a cabo sus amenazas de ejectuar a Howqua y los hong. Sobre todo, no creían que pudiera incautar el opio, pues éste se encontraba en barcos almacén en alta mar, no en Cantón. Ante las noticias del impasse y de la posible detención de Lancelot Dent, el 24 de marzo llegó de Macao Charles Elliott decidido a rescatarlo y reconducir la situación. Ya en Macao había ordenado a los buques británicos que se retiraran del estuario del Río de las Perlas a alta mar, y se prepararan para prestar batalla. Convencido las amenazas de Lin Zexu eran verídicas, y decidió forzar la evacuación del distrito de las factorías ante el riesgo de que las autoridades los detuvieran. Hizo llegar a Lin Zexu un mensaje de protesta formal, donde reclamaba un salvoconducto para toda la comunidad extranjera de Cantón.

La noche del 24 de marzo, enfurecido por la negativa a entregar el opio, la arrogancia de Elliott y el hecho de que Elliott hubiera ordenado la retirada a alta mar de los buques de opion, Lin Zexu ordenó la evacuación de todo el personal de servicio chino de las factorías. Impuso un bloqueo al distrito, y prohibió la entrada de suministros al mismo, así como la entrada y salida de personal al complejo. Esto alarmó aún más si cabe a Elliott, quien temía tanto por su vida como por la continuidad de la mayor ruta comercial del mundo. Decidido a salvarla, decidió ordenar, sin autoridad para ello, que todo el opio de los británicos le fuera entregado a él, representante del gobierno británico, para su entrega a las autoridades chinas. Tras un debata interno, consiguió convencer a los traficantes británicos de que cooperaran con las autoridades chinas. A cambio, ofreció un pagaré en nombre de la Corona Británica, "con la promesa de que serían compensados por gobierno británico por el valor total del opio requisado."

El 27 de marzo de 1839 los narcotraficantes comenzaron a entregar su opio a Elliott. En total, Elliott firmó pagarés por valor de unos 20.000 cofres de opio (unas 1200 toneladas de opio), con un coste de unos 2 millones de libras esterlinas. En comparación, la producción anual de opio en el año 2000 fue de unos 70.000 cofres. En cuanto hubo requisado todo el opio, se lo hizo saber a Lin Zexu, quien receloso insistió en mantener el bloqueo hasta que todo el opio fuera entregado. El proceso de se extendió a abril y mayo de 1839, puesto que parte de la frota narcotraficante se había retirado a puertos tan lejanos como Manila.

Lin Zexu escribió victorioso al emperador Daoguang con la noticia de qua había incautado más de 20.000 cofres de opio. En comparación, la mayor incautación de opio hasta aquél entonces había sido la efectuada por Qishan en 1838 en Zhili, donde se requisaron 80 cofres. Lin Zexu ordenó la destrucción pública del opio a las afueras de Cantón, que se extendió durante unas tres semanas en junio de 1839.

A finales de mayo de 1839, cuando se hubo completado la entrega, Elliott, furioso, se retiró de Cantón de vuelta a Macao. Desde su punto de vista, el tratamiento recibido era un insulto diplomático: había cooperado con Lin Zexu, y éste había insistido en mantener el bloqueo. Lin Zexu se había negado a ofrecer indemnización alguna, y había amenazado con ajusticiar a sus compatriotas.

Las noticias de la incautación del opio y de la promesa de pago de Elliott llegaron a Lord Palmerston en agosto de 1839, antes de cualquier despacho oficial, de la mano de varios comerciantes británicos. Lord Palmerston montó en cólera. El gobierno británico no podía hacer frente a tal indemnización, Elliott no tenían autoridad para emitir dichos pagarés, y Palmerston y buena parte del público británico aborrecían el narcotráfico de opio.

ConsecuenciasEditar

Las tropas chinas no pudieron hacer frente a los británicos, se rindieron ante ellos, y China tuvo que aceptar la rendición con la firma del Tratado de Nankín. El tratado se firmó el año de 1842 y estipulaba el fin de la Primera guerra del Opio.

Con él, China cedía la isla de Hong Kong al Reino Unido y aceptaba la apertura de sus puertos al comercio internacional. El 1 de julio de 1997 Hong Kong fue devuelto a China (155 años después de la firma del tratado).

Véase tambiénEditar

ReferenciasEditar

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Predecesora:
Ninguna
Guerras del Opio
1839 - 1842
Sucesora:
Segunda Guerra del Opio
(1856 - 1860)