El escudo de la Santa Sede en tiempos de sede vacante.

El sedevacantismo es una posición teológica minoritaria[1] dentro del catolicismo tradicionalista[2] [3] que considera que el actual ocupante de la Sede Apostólica de Roma no es un papa válido, por lo que dicha sede se encontraría en estado de «sede vacante».

La forma principal de sedevacantismo es la sustentada por aquellos grupos y personas que rechazan la validez de los pontificados que siguieron al de Pío XII; los principales sedevacantistas provienen de la sucesión apostólica del arzobispo vietnamita Pierre Martin Ngô-Dinh-Thuc. Dentro del catolicismo tradicionalista, el sedevacantismo representa la forma más radicalizada de resistencia a los cambios introducidos en la Iglesia católica con motivo del Concilio Vaticano II.[3]

Índice

Orígenes del sedevacantismoEditar

Los motivos por los cuales se hace dicho planteamiento refieren a los sucesos acontecidos en la Iglesia católica a raíz del Concilio Vaticano II, convocado y abierto por Juan XXIII y continuado y cerrado por su inmediato sucesor, Pablo VI. Dicho concilio estipuló en sus actas la libertad religiosa (véanse las declaraciones Nostra Ætate y Dignitatis Humanæ), reformas eclesiásticas y eclesiológicas (concibiendo que la Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia católica y no es directamente la misma).

También se aceptó una concepción de ecumenismo y de diálogo interreligioso que los sedevacantistas consideran condenada por el Magisterio anterior; promoviendo así desde la jerarquía romana un indiferentismo religioso repudiado por Pío IX en su famoso Syllabus de 1864.

Otro de los orígenes del sedevacantismo es la promulgación del Missale Romanum con su Novus Ordo Missae: el nuevo rito latino para la liturgia que sustituyó al codificado en el Concilio de Trento por Pío V. La "misa nueva", como se la conoce, es semejante a los ritos litúrgicos protestantes, y la concepción doctrinal con la que fue configurada por Pablo VI se aleja, según los sedevacantistas, del dogma católico. Así lo expresaron los cardenales Alfredo Ottaviani y Antonio Bacci en su Breve examen crítico del Novus Ordo Missae de 1969, al decir que la nueva liturgia:

(...) se aleja de modo impresionante, tanto en conjunto como en detalle, de la teología católica de la Santa Misa tal como fue formulada por la 20ª sesión del Concilio de Trento que, al fijar definitivamente los «cánones» del rito, levantó una barrera infranqueable contra toda herejía que pudiera atentar a la integridad del Misterio.[4]

DoctrinaEditar

 
Papa Juan XXIII, muy cuestionado por los sedevacantistas.

El sedevacantismo puro en la práctica no existe, ya afirmar el sedevacantismo implica también discrepar en algún punto de la enseñanza de actual la Iglesia: se llega a la conclusión de que la sede romana está vacante tras juzgar al papa como herético, y por lo tanto, juzgar que no es verdaderamente Papa. El sedevacantismo niega la validez de todos los pontificados recientes, el de Juan XXIII incluido, es decir los de Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco, por haber realizado el concilio o por mantener sus posturas en vigencia, con la consecuente adhesión filosófico-teológica a su doctrina.

Los sedevacantistas argumentan que las enseñanzas de los concilios ecuménicos pertenecen al magisterio infalible de la Iglesia, y que por tanto es imposible que estas enseñanzas contengan errores contra la fe (el dogma de la infalibilidad del magisterio ordinario y universal, definido en la Constitución Dogmática "Filius Dei" del Concilio Vaticano I, garantiza la infalibilidad de los concilios[5] ). Dado que según los sedevacantistas el Concilio Vaticano II contiene herejías y errores, y dado que dichos errores han sido enseñados por los pontífices recientes por medio de su magisterio ordinario y universal, se concluye que esos papas no eran en realidad verdaderos pontífices de la Iglesia, ya que un verdadero papa es infalible en este magisterio.[6] [7]

El sedevacantismo, además, basándose en la doctrina católica contenida en la encíclica Mystici Corporis Christi (que afirma que los herejes, apóstatas y cismáticos no pertenecen a la Iglesia),[8] sostiene que los últimos pontífices no han podido ser verdaderos papas, dada su condición de herejes. Por esta razón, se afirma la vacancia de la Sede Apostólica, pues conforme a la expresión del teólogo y doctor de la Iglesia san Roberto Bellarmino, un hereje no es miembro de la Iglesia, luego no puede ser su Cabeza.

Al declarar vacante el Trono de Pedro, consideran por consiguiente inexistente la jurisdicción episcopal dada a los obispos por el Pontífice Romano. El sedevacantismo afirma que la jerarquía romana actual adhiere al modernismo, tendencia condenada categóricamente por Pío X como la más «peligrosa y horrenda de todas» y «conjunto de todas las herejías», en su encíclica Pascendi Dominici Gregis en 1907.[9]

La hipótesis del papa heréticoEditar

Muchos teólogos se preguntaron si fuera posible que el papa, como persona privada, cayera en herejía. Esta pregunta es legítima dentro de la creencia católica, ya que la Iglesia sólo enseña que el papa es infalible ex-cathedra, o sea «cuando, en el uso de su prerrogativa de Doctor y Pastor de los cristianos y por su autoridad apostólica, define la doctrina que en materia de fe y moral debe ser aceptada por toda la Iglesia».[10] El teólogo Arnaldo da Silveira, citando a B. Merkelbach, H. Hurter, S. Cartechini y W. Diekamp razona lo siguiente: dado que el papa es infalible cuando habla ex cathedra, entonces en principio sería posible el error e incluso la herejía en los demás actos de magisterio no-infalible.[11]

Es importante aclarar que otros autores de peso como el cardenal Juan Bautista Franzelin en 1870,[12] el cardenal Luis Billot en 1909,[13] J. M. A. Vacant[14] y Monseñor Joseph Clifford Fenton[15] afirmaron la asistencia del Espíritu Santo para preservar del error a todo el magisterio del papa (tanto al magisterio extraordinario o solemne, como al ordinario). De la doctrina de estos autores se desprende que si un supuesto papa enseñara la herejía y el error en su magisterio, ese hecho demostraría sin lugar a dudas que ese supuesto papa no lo es en realidad.[16]

Heterodoxia y herejíaEditar

Hay una diferencia entre heterodoxia y herejía. Los errores teológicos en una afirmación que se aleja de la ortodoxia pueden ser de distintos grados, y sus correspondientes censuras son muy variadas, las más corrientes son: «proposición herética (se opone a un dogma formal), próxima a la herejía (se opone a una sentencia próxima a la fe), con resabios de herejía o sospechosa de herejía, errónea (contraria a una verdad no revelada, pero conexa con la revelación y definitoriamente propuesta por el magisterio eclesiástico (error in fide ecclesiastica) o bien contraria a una doctrina reconocida generalmente como cierta por los teólogos (error theologicus), falsa (contraria a un hecho dogmático), temeraria (sin fundamento en la doctrina universal), ofensiva a los piadosos oídos (lastima el sentimiento religioso), malsonante (con expresiones equívocas), capciosa (insidiosa por su pretendida ambigüedad), o escandalosa (que es ocasión de escándalo)».[17]

El catolicismo es muy prudente antes de expulsar a alguien de la Iglesia: no todo error constituye herejía formal, ya que un error puede surgir por olvido, ignorancia, o imprudencia - lo cual es simplemente una herejía material. Además la herejía se define claramente como «negación pertinaz (...) de una verdad que ha de creerse con fe»[18] Para que un papa sea hereje formal primero debe ser pertinaz en su error, y ese error debe negar un dogma formal. Un problema importante surge al momento de encontrar quién es el juez competente para juzgar si las ideas de un papa son heréticas. Ante una proposición papal dudosa, no hay obligación para los católicos de asentir como si fuera una verdad de fe, pero tampoco se puede tener la certeza definitiva de que es una proposición herética hasta tanto no lo juzgue el magisterio de la Iglesia.

La deposición de un Papa heréticoEditar

Es de interés saber qué pensaron algunos teólogos católicos anteriores a las controversias sedevacantistas, que por no haber participado en ellas se los puede presumir neutrales.

  • Juan de Santo Tomás (1589-1644), por ejemplo, afirmaba que «un pontífice no puede ser depuesto, ni perder el pontificado, sino cuando concurren dos condiciones, a saber: en primer lugar, que la herejía no sea oculta, sino pública y jurídicamente notoria; y en segundo lugar, que debe ser incorregible y pertinaz en la herejía».[19]
  • Francisco Suárez (1548-1617) también creía que el papa podía ser depuesto por herejía y su pensamiento se explica por sí mismo en una breve cita: «Muchos varones doctos refiriéndose al Papa enseñan que si se hace públicamente hereje, por ese mismo hecho deja de ser Papa.[20] (...) si el Papa incurre en herejía, no por eso pierde automáticamente su dignidad (...) Tampoco queda depuesto automáticamente en virtud de las censuras eclesiásticas, porque el Pontífice, mientras es Pontífice, no es capaz de censuras (...) Así que el único remedio que le queda a la Iglesia es que en Concilio General sea declarado hereje jurídicamente, pues con solo eso pierde su dignidad no por el poder humano sino por el poder divino».[21]
  • Roberto Belarmino (1542-1621) tiene una postura que a primera vista parece ligeramente distinta, pero la diferencia pasa a tener un rol fundamental en la controversia sedevacantista. Él rechaza como improbable la tesis de que se necesite juzgar al Papa, y afirma que considera mucho más defendible la idea de una excomunión automática: «El que no es cristiano no puede de ninguna manera ser Papa (...) y el que se manifieste hereje no es un cristiano, (...) por lo tanto, el hereje manifiesto no puede ser Papa». Esta opinión es aceptada como verdadera por muchos sedevacantistas.[22]
  • Charles René Billuart (1685-1757), en su Summa S. Thomae hodiernis academiarum moribus accommodata también dice: «La opinión más común afirma que el Pontífice, por una dispensación especial de Cristo, por el bien común, y por la tranquilidad de la Iglesia, continúa en la jurisdicción hasta tanto sea declarado hereje manifiesto por la Iglesia».[23]

Sin embargo, muchos sedevacantistas argumentan que la controversia sobre la deposición de un papa herético es irrelevante en la práctica, pues afirman que en la situación actual que vive la Iglesia, los pontífices recientes ya eran herejes antes de ser elegidos. La cuestión no sería entonces deponer a un papa que se ha tornado herético, sino declarar que los últimos papas, por su condición de herejes antes de ser elegidos, no han podido acceder válidamente al pontificado y por eso mismo nunca han llegado a ser verdaderos papas, ya que la doctrina de la Iglesia católica impide que los herejes, apóstatas y cismáticos accedan válidamente a los oficios eclesiásticos. La cuestión clave entonces no sería la deposición de un papa herético, ya que según muchos sedevacantistas los últimos pontífices nunca han sido verdaderos papas.[24]

Variable de sede vacante sólo formalmenteEditar

Una línea del sedevacantismo, iniciada por monseñor Guérard des Lauriers (exprofesor de la Universidad Gregoriana y del seminario internacional de Écône de la Fraternidad San Pío X) llamada "Tesis de Cassiciacum" o "Materialiter-Formaliter", reconoce a los pontífices postconciliares como materialmente pontífices, es decir que ocupan práctica o materialmente la Sede Apostólica, mas no como formalmente pontífices debido a su condición de herejes. Es decir que no son papas "formales" pues ni sostienen ni propagan íntegramente la fe católica. Esta postura es mantenida por un sector del sedevacantismo, principalmente el "Istituto Mater Boni Consilii", fundado por discípulos de Guérard des Lauriers, los editores de la revista Sodalitium.[cita requerida].

Véase tambiénEditar

ReferenciasEditar

  1. Collinge, William J. (2012). «Sedevacantism». Historical Dictionary of Catholicism (2ª edición). Lanham, Maryland: Scarcrow Press. p. 399. ISBN 978-0-8108-5755-1. «There are no reliable statistics as to the number of sedevacantists (estimates range from the tens of thousands to the hundreds of thousands) [...]». 
  2. Appleby, R. Scott (1995), Being Right: Conservative Catholics in America, Indiana University Press, p. 257, ISBN 978-0-253-32922-6 .
  3. a b Dinges, William D.; Hitchcock, James (1994). «Roman Catholic Traditionalism and Activist Conservatism in the United States». En Marty, Martin E.; Appleby, R. Scott. Fundamentalisms Observed, volumen 1 (en inglés). Chicago: The University of Chicago Press. p. 88. ISBN 978-0-226-50878-8. Consultado el 13 de diciembre de 2016. «[...] sedevacantist [...] tradicionalists, a highly radicalized fringe element who have refused to recognize the popes since Pius XII as valid popes [...] Principal among this sedevacantist segment are priests ordained bishops by the former Vietnamese archbishop Pierre Martin Ngo-Dinh-Thuc.» 
  4. Breve Examen Crítico del Novus Ordo Missae
  5. OTT, Ludwig. Manual de Teología Dogmática. Barcelona: Editorial Herder, 1966, p. 449-453
  6. http://www.radiospada.org/2013/07/la-infalibilidad-de-la-iglesia-y-del-papa-magisterio-universal-y-ordinario/
  7. http://www.catolicosalerta.com.ar/concilio-vaticano2/conciliabulo.html
  8. http://www.mscperu.org/biblioteca/1magisterio/1Pio%20XII/blcuerpo_mistico_Pio12.htm
  9. San Pío X, Pascendi Dominici Gregis, 38
  10. Denz.-Sch. 3074
  11. Silveira, Consideraciones sobre el Ordo Missae de Pablo VI, capítulo IX, páginas 43-47
  12. Tractatus de Divina Traditione Et Scriptura, pags. 116-120
  13. Tractatus De Ecclesia Christi, tomo I, pags. 434-439.
  14. Le Magistère Ordinaire de l’Église et ses Organes [El Magisterio Ordinario de la Iglesia y sus Órganos], 1888.
  15. “Infallibility in the Encyclicals” [La Infalibilidad en las Encíclicas], en: American Ecclesiastical Review, vol. 128 (mar. 1953) pp. 177-198
  16. http://www.traditionalmass.org/images/articles/TradsInfall.pdf
  17. Ludwig Ott, Manual de Teología Dogmática, páginas 38 y 39.
  18. Código de derecho canónico Can. 751. Lo mismo en el código de 1917 que aceptan los sedevacantistas: «Post receptum baptismum si quis, nomen retinens christianum, pertinaciter aliquam ex veritatibus fide divina et catholica credendis denegat aut de ea dubitat, haereticus» Can. 1325, § 2
  19. Juan de Santo Tomás, Cursus Theologicus
  20. «Multi viri docti loquentes de Papa docent, si fiat publice haereticus, eo ipso desinere esse Papa», De legibus, Libro IV, Capítulo VII, punto 9.
  21. «Dicendum est, si Papa fiat haereticus, non statim cadere a dignitate ipso facto (...) Unum ergo superest Ecclesiae remedio, scilicet, ut in Concilio Generale iuridice declaretur haereticus: nam eo ipso facto cadit a dignitate, non tam potestate humana, quam diuina», De legibus, Libro IV, Capítulo VII, punto 10.
  22. Citado por varios sedevacantistas.
  23. «Communior tamen sententia tenet, quod Pontifici etiam manifeste Haeretico Christus ex speciali dispensatione propter bonum commune et tranquillitatem Ecclesiae continuet jurisdictionem, donec ab Ecclesia declaretur manifeste haereticus»
  24. http://www.fathercekada.com/2014/05/07/bergoglio-hes-got-nothing-to-lose/

Enlaces externosEditar