Juan Felipe Ibarra

político de Argentina

Juan Felipe Ibarra (Villa Matará, Santiago del Estero, Virreinato del Río de la Plata, 1 de mayo de 1787Santiago del Estero, Confederación Argentina, 15 de julio de 1851) fue un militar y político argentino. Promovió y respaldó militarmente la autonomía de la Provincia de Santiago del Estero, asumiendo luego como su primer gobernador y liderando la misma durante varias décadas. Fue además uno de los caudillos federales que dominaron la política del interior argentino durante la formación del estado nacional.

Juan Felipe Ibarra
Juan Felipe Ibarra 2.jpg

Escudo de la Provincia de Santiago del Estero.png
Gobernador de la provincia de Santiago del Estero
31 de marzo de 1820-27 de mayo de 1830
Predecesor Creación del cargo[nota 1]
Sucesor Manuel Alcorta

16 de febrero de 1832-15 de julio de 1851
Predecesor Santiago de Palacio
Sucesor Mauro Carranza

Información personal
Nacimiento 1 de mayo de 1787
Villa Matará,
Santiago del Estero, Bandera de España Virreinato del Río de la Plata
Fallecimiento 15 de julio de 1851 (64 años)
Santiago del Estero, Bandera de Argentina Argentina
Partido político Partido Federal
Familia
Cónyuge Buenaventura Saravia Arias
Hijos Absalón Ibarra[nota 2]
Información profesional
Ocupación Militar
Rango General Ver y modificar los datos en Wikidata
Conflictos Guerras civiles argentinas Ver y modificar los datos en Wikidata

BiografíaEditar

Origen familiar e infanciaEditar

Juan Felipe Ibarra nació el 1 de mayo de 1787 en la Villa Matará (no confundir con la moderna Matará), antiguo pueblo de aborígenes sometidos y baluarte de defensa contra los indígenas del Chaco. Fue su padre el estanciero y militar santiagueño Felipe Matías Ibarra y Argañarás, comandante de la frontera del río Salado con el cargo de sargento mayor. Su madre fue María Andrea Antonia de Paz y Figueroa Luna, sobrina de la beata María Antonia de Paz y Figueroa. Tuvo tres hermanos: Francisco Antonio, Águeda y Evangelista. La penúltima fue madre de Manuel, Antonino, Felipe y Gaspar Taboada.

Pasó los primeros años de su vida en Villa Matará, en medio de las luchas continuas en contra de los aborígenes. Quedó huérfano de padre, y su tío Juan Antonio de Paz, sacerdote del pueblo, se hizo cargo de su educación.

JuventudEditar

Se destacó por ser un jinete muy hábil, conocedor del bosque chaqueño y las costas del río Salado. Manejaba a la perfección el lazo, las boleadoras y el sable. Aprendió de los aborígenes diferentes tácticas, como el ataque sorpresivo, la emboscada y la huida.

Su tío Manuel Ibarra, sacerdote también, le enseñó las primeras letras y, sin éxito, el latín. Fue enviado a Córdoba y estudió su bachillerato en artes en el Colegio de Monserrat. Ibarra no se destacó por sus dotes intelectuales y por algunos actos de indisciplina, sufrió varios encierros, ayunos y cepo. Finalmente el Consejo Superior del colegio resolvió por unanimidad que el joven alumno no estaba en condiciones de seguir la carrera y se lo envió de regreso a Matará sin concluir sus estudios.[1]

Carrera militarEditar

En 1806, a los 19 años, Ibarra integró la compañía de soldados santiagueños que, comandada por Alonso Araujo, marchó hacia Buenos Aires para combatir a los invasores ingleses y reconquistar la ciudad.

A fines de 1810, después de la Revolución de Mayo, se incorporó al Ejército del Norte, formando parte del Batallón de Patricios santiagueños creado por Juan Francisco Borges y dirigido por el capitán Pedro Pablo Gorostiaga. Fue a partir de ese momento que logró diferentes condecoraciones y ascensos por su destacada participación en el ejército patriota. Formó parte de la primera expedición al Alto Perú, donde luchó en la batalla de Huaqui en el regimiento bajo las órdenes de Juan José Viamonte. Luego participó en la segunda expedición al Alto Perú, combatiendo en las batallas de Las Piedras (donde fue ascendido a Capitán), Tucumán (después de la cual fue ascendido a Sargento Mayor) y Salta. Cuando José de San Martín asumió el mando del Ejército del Norte, lo incorporó como agregado al Estado Mayor el 20 de abril de 1814. Ibarra hizo también la tercera campaña al Alto Perú, luchando en el desastre de Sipe Sipe de 1815.

No participó en ninguna de las dos revoluciones autonomistas en Santiago del Estero, dirigidas por el teniente coronel Juan Francisco Borges.

El 30 de agosto de 1817, el brigadier Manuel Belgrano lo nombró, ya con el grado de Teniente Coronel, comandante del Fuerte de Abipones, en el sudeste de su provincia natal, eje de la defensa contra el ataque de los aborígenes chaqueños. Allí adquirió prestigio entre los soldados, los gauchos y los hacendados de su provincia. Como jefe formó una reducción de indígenas, buscando atraer a los aborígenes belicosos que hacían saqueos. Por su formación, su personalidad, sus conocimientos en detalle de las costumbres y tácticas aborígenes y su dominio del quichua, Ibarra fue indudablemente el hombre más calificado para comandar el Fuerte de Abipones.[2]

Se reincorporó al Ejército del Norte poco antes del motín de Arequito, del cual no participó. Sin embargo, apoyó al cabecilla del movimiento, coronel mayor Juan Bautista Bustos, en su retroceso a Córdoba. De allí regresó al Fuerte de Abipones, apoyado por un refuerzo enviado por el caudillo y gobernador de Santa Fe, teniente coronel Estanislao López.

Protagonismo en la autonomía santiagueñaEditar

Para ese momento, la República de Tucumán (que entonces incluía Tucumán, Catamarca y Santiago del Estero) se había pronunciado por el federalismo, bajo el mando del gobernador, coronel Bernabé Aráoz. Este último confirmó a Ibarra como comandante del Fuerte de Abipones con el grado de coronel. Pero Aráoz condenó a Santiago del Estero a un papel secundario y ejerció presión militar durante la elección de los representantes santiagueños al Congreso Provincial Constituyente tucumano. Debido a impugnaciones de los santiagueños a esa elección, se desencadenó un conflicto que provocó la ruptura de las relaciones con Tucumán. Los partidarios de la autonomía provincial llamaron en su ayuda a Ibarra, para que defendiera sus derechos y la voluntad popular.

Ibarra, siendo el único jefe militar con tropas en toda la provincia, partió del Fuerte de Abipones con sus hombres hacia la ciudad de Santiago del Estero. Cuando arribó, intentó entablar un diálogo con las autoridades tucumanas. Pero finalmente, exigió el abandono inmediato de la plaza y de las municiones por parte del teniente de gobernador y edecán de Aráoz, Juan Francisco Echauri.[3]

En la madrugada del 31 de marzo de 1820, Viernes Santo de ese año, el caudillo mandó un ultimátum:

"No puedo ya ser más insensible a los clamores con que me llama ese pueblo en su auxilio por la facciosa opinión que sufre indebidamente de V.S. para cimentar de mucho su esclavitud. Me hallo ya a las inmediaciones de ese pueblo benemérito y si V.S. en el término de dos horas desde el recibo de esta intimación, que desde luego lo hago, no le permite reunir libremente a manifestar su voluntad, cargo con toda mi fuerza al momento".[3]

Por la mañana, no teniendo una respuesta favorable, avanzó con sus tropas por el sudeste de la ciudad. La batalla entre las fuerzas de Ibarra y Echauri ocurrió en los alrededores del templo de Santo Domingo. La pelea fue breve y definitoria. Al cabo de unas horas, Echauri y los tucumanos se dieron a la fuga, y hacia el mediodía Ibarra tomó el control de la ciudad. [4]

Ese mismo día se convocó a un cabildo abierto, y a falta de otro mejor, la flamante legislatura lo nombró gobernador de la provincia y lo ascendió a coronel mayor, grado equivalente a general. El 5 de abril, Ibarra se dirigió al gobierno de Buenos Aires adhiriendo al tratado del Pilar, y prometiendo la concurrencia de diputados al Congreso Federal que se establecería.[3]

El 27 de abril de 1820 se produjo la declaración de autonomía de la provincia de Santiago del Estero, separándose de Tucumán y erigiéndose como uno de los territorios de la Confederación del Río de la Plata. Ibarra fue ratificado como su primer gobernador.

Todos los políticos con experiencia de la ciudad creyeron que lo iban a poder controlar, pero terminó siendo su jefe y los sobrevivió a todos.

Gobernador de Santiago del EsteroEditar

 
Busto de Juan Felipe Ibarra en el Parque Aguirre de la ciudad Santiago del Estero.

Ibarra designó a Eduardo Torres como su secretario y a Pedro Pablo Gorostiaga como ministro tesorero (de Hacienda). También fueron sus secretarios Damián Garro y Pedro J. Reyes. Entre sus primeras medidas de gobierno, solicitó a Buenos Aires la liberación de los diputados santiagueños, presbíteros Pedro León Díaz Gallo y Pedro Francisco de Uriarte, quienes se encontraban presos luego de la disolución del Congreso de Tucumán.[2]

Mientras tanto el gobernador tucumano Aráoz buscó una alianza con Bustos, gobernador de Córdoba, para deponer a Ibarra, pero falló.[5]​ Al comenzar 1821, empezó a conspirar con el capitán de milicias Celedonio Alderete y el comandante Javier López para que acordaran con Gregorio Iramain deponer al santiagueño. Las conversaciones se realizaron en Ardiles, en el hogar de Juan Nepomuceno Paz, pero fueron descubiertos por Juan Ermenegildo Vargas y denunciados el 16 de enero. Ibarra rápidamente puso fin a la intentona,[6]​ ordenando arrestar y decapitar a todos los sospechosos. Después de esto, Aráoz invadió abiertamente Santiago del Estero con mil hombres, por lo que Ibarra pidió ayuda al coronel mayor Martín Miguel de Güemes. El 5 de febrero de 1821 se produjo el combate de Los Palmares, donde las tropas de Aráoz fueron derrotadas por los santiagueños de Ibarra, ayudados por Alejandro Heredia quien había sido enviado por Güemes con refuerzos de Salta. En consecuencia, obligaron a su rival tucumano a retirarse. Tras esto, casi la mitad del Ejército del Norte, dirigido por Heredia, y las milicias santiagueñas, bajo el mando personal de Ibarra, se unieron e invadieron Tucumán, sumando 3000 combatientes. Sin embargo en la batalla de Rincón de Marlopa, el 3 de abril, fueron vencidos por el coronel Abraham González. El conflicto entre Tucumán y Santiago del Estero finalizó gracias a la mediación del gobernador cordobés Bustos y ambas partes firmaron el Tratado de Vinará, el 5 de junio de 1821, en el que Aráoz reconoció la autonomía de la provincia de Santiago del Estero.[6]

 
Bastón de mando de Juan Felipe Ibarra, exhibido en el Centro Cultural del Bicentenario de Santiago del Estero.

Ibarra formó una división que puso al mando del coronel José María Paz, destinada a formar parte de la expedición al Alto Perú que había proyectado Güemes, pero ésta solo se haría cuatro años más tarde y sería inútil. Más tarde aún, esas mismas tropas participarían en la guerra contra el Imperio de Brasil.

Ibarra había sido designado gobernador por dos años y vencido ese período disolvió la Legislatura. El pueblo se reunió en cabildo abierto y le hizo saber que su mandato había finalizado. Ibarra se presentó en el recinto, tiró el bastón, insultó a los integrantes del cabildo y se retiró hacia el río Salado. Desde allí envió a sus seguidores y desalojó a todos los miembros del cabildo, haciendo sentir su autoridad de un modo absoluto.

El suyo no fue un gobierno "ilustrado": es decir, no fomentó la educación, ni el comercio, ni las instituciones públicas, ni hizo casi obra pública. Se limitó a administrar lo que tenía, defender a la provincia de sus enemigos (sobre todo de los aborígenes chaqueños), mantener los caminos y poco más. Solo alcanzó a fundar una escuela en la capital.

Conflicto con Rivadavia y los unitariosEditar

 
Manuel Dorrego, aliado de Ibarra y defensor del federalismo.

El 10 de junio de 1824 se convocó a un Congreso General a reunirse en Buenos Aires. Se eligieron como diputados representando a Santiago del Estero a Pedro Francisco Carol, Félix Ignacio Frías y los presbíteros Pedro León Díaz Gallo y Manuel Vicente Mena, todos destacados juristas y burócratas santiagueños. En febrero de 1826, dicho Congreso nombró como presidente a Bernardino Rivadavia y sancionó una ley que convertía a la ciudad de Buenos Aires en capital de la nación. En noviembre resolvió duplicar el número de representantes por cada provincia; se sumaron como diputados por Santiago del Estero: Juan Antonio Neirot, Antonio María Taboada, José Francisco Ugarteche y el coronel porteño Manuel Dorrego. Este último se había reunido con Ibarra y fue elegido por él para liderar las posturas federales en el Congreso de mayoría unitaria. De todos modos, se sancionó una constitución unitaria el 28 de diciembre de 1826. Ibarra, al igual que la mayoría de los gobernadores, la rechazó.

El Congreso envió delegados a todas las provincias que se habían manifestado en contra de la forma unitaria de gobierno, a efecto de buscar su aprobación. El 29 de enero de 1827 se apersonó en la residencia del gobernador Ibarra el emisario de Rivadavia, Manuel de Tezanos Pinto, con el objeto de presentarle el texto de la nueva constitución unitaria y solicitarle su aprobación. Ibarra lo hizo esperar un buen rato y luego lo atendió vestido de camisa, calzoncillos y un pañuelo atado a la cabeza. Le explicó que de ninguna manera aceptaba la constitución, tampoco quiso convocar a la Legislatura provincial para que lo tratara y le otorgó al emisario 24 horas para que se retirara de la provincia.[7]​ Este trato particular de Ibarra se repitió con el recibimiento de los doctores Manuel Castro y Diego Zavaleta, enviados desde Buenos Aires por Rivadavia. Ibarra los recibió vestido de gaucho, con chiripá, botas de potro y vincha roja en la frente.

 
El unitario Gregorio Aráoz de Lamadrid, principal enemigo de Ibarra en el norte.

En 1825, el coronel Gregorio Aráoz de Lamadrid había sido enviado por orden de Rivadavia al interior para reclutar un nuevo contingente de tropas para la guerra de Brasil. En Tucumán ocupó por la fuerza el gobierno (también de tendencia unitaria) y luego invadió Catamarca para colocar a un gobernador unitario. El caudillo y comandante riojano Facundo Quiroga llamó en su ayuda a Ibarra para restituir al gobernador federal en Catamarca y combatir juntos a Lamadrid y los unitarios. Sin embargo, Ibarra no llegó a tiempo con sus tropas para intervenir.[8]​ Quiroga de todos modos atacó a Lamadrid y lo derrotó en la batalla de El Tala, el 27 de octubre de 1826. Creyendo que Lamadrid había muerto en combate, retrocedió hacia San Juan.

Meses más tarde Lamadrid recuperó el poder y mandó un ejército al mando del coronel Francisco Bedoya para que invadiera Santiago del Estero. Bedoya partió de San Miguel de Tucumán el 5 de diciembre de 1826 con 1200[9]​ a 1500[10]​ soldados. El día 31 ocupó Santiago del Estero, pero Ibarra se había retirado hacia el sur acampando en Maco, sin presentar batalla. Ibarra aplicó una estrategia que repetiría varias veces, siempre con éxito: la tierra arrasada. Evacuó la capital y el campo circundante, cerró los accesos de agua a la ciudad, envenenó los pozos de los alrededores, quemó las cosechas y destruyó el forraje, forzando a Bedoya y sus hombres a retirarse el 10 de enero de 1827.[11]

Rivadavia encargó a Lamadrid derrocar a todos los gobernadores federales del norte que se oponían a su mando y no lo reconocían. Para lograrlo, Lamadrid contó con un refuerzo de 200 mercenarios colombianos, al mando del coronel Domingo López Matute, que habían llegado de Salta provenientes del ejército del general Sucre. Además contaba con onzas de oro enviadas desde Buenos Aires para pagarle a dichos mercenarios.[12]​ Tras incorporar las fuerzas de López Matute a las suyas, el 30 de mayo de 1827, Lamadrid salió de Tucumán e invadió la provincia de Santiago del Estero con una columna de 3000 hombres al mando de José Ignacio Helguero.[13]​ Ibarra intentó el mismo tipo de defensa pasiva que ya le había dado buenos resultados, por lo que Lamadrid no pudo mantener la posición y se retiró.[14]​ Sin embargo los colombianos sorprendieron su campamento y lo derrotaron, obligándolo a huir hacia Córdoba, desde donde llamó a Quiroga en su auxilio. El caudillo riojano se preparó y volvió a avanzar hacia Tucumán, pasando por Santiago del Estero donde se le sumaron Ibarra y 600 santiagueños.[15]​ Lamadrid fue atacado por un ejército al mando de Quiroga e Ibarra y fue derrotado nuevamente el 6 de julio en la batalla de Rincón de Valladares.

El breve destierro y el regresoEditar

Caído Rivadavia, apoyó al gobierno de Dorrego en Buenos Aires, al que reconoció carácter nacional. Pero en diciembre de 1828, este fue derrocado y fusilado por el coronel mayor Juan Lavalle (jefe de las fuerzas veteranas que volvían del Brasil y de la Banda Oriental), y poco después el ahora coronel mayor (general) José María Paz invadía Córdoba y derrocaba al general Bustos. Ibarra creyó en las promesas de paz de Paz, pero después de la derrota de las fuerzas riojanas y cuyanas del brigadier Facundo Quiroga en Oncativo, Paz envió a las provincias aliadas de Facundo intervenciones militares que instalaron gobiernos unitarios. En mayo de 1830, fuerzas tucumanas del gobernador, coronel, Javier López y salteñas del gobernador, coronel, Gorriti invadieron Santiago, con permiso de Paz, y ocuparon la capital. Ibarra no quiso llevar a cabo su táctica de tierra arrasada, y perdió todo. Aprendería la lección, pero, mientras tanto, tuvo que huir hacia Santa Fe. Su hermano Francisco Antonio Ibarra logró reunir 3.000 santiagueños en Departamento Loreto donde fue alcanzado y derrotado por el coronel Juan Balmaceda.[16]

En su lugar fue nombrado el coronel Román Deheza, que firmó el pacto que fundaba la Liga del Interior, dirigida por Paz. El gobierno de Román Deheza vio la persecución a los bienes y personas de marcado origen federal como algo legítimo, viéndose que Ibarra ya no estaba en la provincia, así que procedió sin cautela en este punto. Varios grupos santiagueños comenzaron una guerra de guerrillas y terminaron expulsando a Deheza en abril de 1831, casi al mismo tiempo que Paz caía en poder del brigadier Estanislao López (quien, como general en jefe de las fuerzas del Pacto Federal en guerra contra la Liga del Interior, había invadido el este de Córdoba con fuerzas santafesinas y porteñas en febrero de 1831). Ibarra no se apuró a regresar, y dejó gobernar a un hacendado llamado Santiago del Palacio, mientras el diezmado ejército unitario (que había retrocedido de Córdoba a Tucumán al mando del ya coronel mayor Lamadrid) era derrotado cuatro veces por Quiroga (el cual, tras el desastre de Oncativo y el forzado exilio en Buenos Aires, había regresado, con un puñado de presos porteños, a la acción, asolando el sur de Córdoba, reconquistando Cuyo y La Rioja y, posteriormente, avanzando al norte argentino con un nuevo ejército de riojanos, cuyanos y catarmaqueños). En la última y más importante de esas batallas, la de La Ciudadela, del 4 de noviembre de 1831, Ibarra (unido con sus fuerzas santiagueñas a Quiroga) mandó parte de la caballería federal; esta batalla dio fin a la guerra civil por un tiempo.

En febrero de 1832, Ibarra fue elegido gobernador con el grado de Brigadier. Intentó forzar la sanción de una constitución nacional (federal, por supuesto), pero el nuevo gobernador porteño, brigadier Juan Manuel de Rosas, convenció a todos los gobernadores federales de postergarla.

Al término de su mandato de dos años se hizo elegir gobernador vitalicio con la "suma del poder público" y disolvió la legislatura. Cuando en 1834 estalló una guerra entre Tucumán y Salta —la cual Ibarra apoyó discretamente— recibió en su provincia al mediador enviado por Buenos Aires, general Facundo Quiroga. Ibarra quiso persuadirlo de no regresar a Buenos Aires por Córdoba, pues le habían llegado comentarios de su posible asesinato, y mientras permaneció en tierras santiagueñas lo protegió con un gran ejército hasta el límite con Córdoba. Pero Quiroga fue a Córdoba y fue asesinado en Barranca Yaco. Indirectamente, este hecho llevó al poder a Rosas en su provincia y a su dominio del interior del país, con lo que Ibarra pasó a ser una dependencia política de Rosas. Durante la guerra contra la Confederación Peruano-Boliviana (liderada por el mariscal Andrés de Santa Cruz), a pesar de su muestra de apoyo a Rosas en el conflicto, Ibarra no envió ningún contingente: el motivo era que el general en jefe del ejército argentino en ese frente era el caudillo y gobernador de Tucumán, coronel mayor Alejandro Heredia, el cual aparte de dominar su provincia, dominaba, indirectamente, las de Catamarca, Salta y Jujuy y era enemigo del caudillo santiagueño. A fines del conflicto en el norte, Ibarra apoyó con tropas a una revolución en Catamarca contra el caudillo tucumano. La situación hubiese terminado en una guerra de no haber sido por el asesinato de Heredia en Lules en 1838.

Otra guerra civilEditar

La paz no fue duradera: tras el asesinato del gobernador tucumano, se iniciaron varias revueltas en todo el país contra Rosas. Tras la expulsión del efímero gobernador santafesino Domingo Cullen (sucesor de Estanislao López), este se refugió en Santiago; allí organizó una alianza de gobernadores que se inició con una invasión a Córdoba. El fracaso de ésta hizo que Ibarra arrestara a Cullen y lo entregara a Rosas, que lo hizo fusilar sin más trámite.

Varios gobernadores del noroeste, que si no eran unitarios estaban dispuestos a aliarse a ellos para enfrentar a Rosas, formaron una alianza en abril de 1840, conocida como la Coalición del Norte. Ibarra fue invitado a unirse a ella e incluso le ofrecieron la dirección política de todo el bloque, pero permaneció fiel a Rosas; principalmente, por aversión a la actitud soberbia de los “doctores” que la dirigían.

De modo que el general Lamadrid (enviado desde Buenos Aires a retirar el armamento utilizado por Heredia en la guerra contra el mariscal Santa Cruz) inició operaciones contra Santiago, una columna de 500 hombres al mando de José Luis de Cano salió de Catamarca y otra de 1.000, mandada por Manuel Solá, partió de Salta, el objetivo era una ofensiva conjunta en contra de la provincia, a las que se les sumaria el avance de las fuerzas de Lamadrid; pero cuando Ibarra se vio amenazado por una invasión simultánea por tres puntos de su provincia, se puso en campaña al frente de 2.500 hombres. A fines de octubre de año, una de sus divisiones mandada por su sobrino, Manuel Ibarra, chocó en las márgenes del río Salado con la columna de Solá, derrotándola y persiguiéndola hasta los límites de Salta. Suerte análoga sufrió la columna catamarqueña, y en cuanto a la columna del general Lamadrid, tampoco pudo llevar a cabo su cometido operativo, tuvo que regresar cuando una división importante, al mando del coronel tucumano Celedonio Gutiérrez, se pasó a las fuerzas de Ibarra.[17][18]

Pero, combinada con la invasión, estalló una revuelta en la ciudad, de la que resultó la muerte del hermano de Ibarra, Francisco. La revolución fracasó y el gobernador la ahogó en sangre: persiguió física y económicamente a sus opositores, castigándolos con destierros, prisiones y muchas ejecuciones. Aprovechó un fuerte en el medio del monte chaqueño, el Bracho, como campo de concentración, del que nunca nadie pudo escapar; una famosa heroína santiagueña, Agustina Libarona, acompañó voluntariamente a su esposo en el Bracho, hasta que éste murió.

En medio de esta represión, fue nuevamente atacado por fuerzas unitarias venidas desde Catamarca y Salta y el coronel Mariano Acha ocupó la capital. Pero tuvo que evacuarla cuando Ibarra lo cercó en ella.

Participó, bajo el mando del brigadier uruguayo Manuel Oribe, en la batalla de Famaillá (1841) como jefe del ala izquierda del dispositivo federal, y aprovechó para colocar en el gobierno tucumano a Gutiérrez. También ayudó a su cuñado, Saravia, a hacerse elegir gobernador de Salta. Pero eso no le dio poder sobre las provincias vecinas: apenas le garantizó una década de paz.

Sus últimos tiemposEditar

Desde el final de esta guerra hasta la muerte de Ibarra, en realidad no pasó nada en Santiago. No hubo guerras civiles, ni se hicieron obras públicas, ni reformas políticas; el crecimiento económico fue bajo, y no hubo avances en la frontera con el indio. Aunque, igualmente, la acción de este último recrudeció a partir de 1840.

Con motivo del bloqueo anglo-francés del Río de la Plata, Ibarra elevó una proclama al pueblo santiagueño fechada el 13 de abril de 1845.

Enfermó de gota hacia 1849, y cuando supo que su muerte estaba cerca hizo su testamento, en el que no solo nombraba albaceas testamentarios para sus bienes, sino también para el gobierno de su provincia, que colocó bajo la protección de Rosas. Pero este tenía problemas mucho más serios, como el Pronunciamiento de Urquiza que terminaría con su largo gobierno.

Murió en la ciudad de Santiago del Estero el 15 de julio de 1851. Tras una corta guerra civil entre sus herederos, uno de ellos, Manuel Taboada, pasó a dominar la política de Santiago por los siguientes veinticuatro años. Pero se alineó con los unitarios.

Ibarra fue el primer gobernador de su provincia y fue también el gobernante argentino que más tiempo ocupó un gobierno: treinta y un años, con una interrupción de poco más de uno (solo Urquiza se le acercó, gobernando desde 1842 hasta 1870, con una interrupción de cuatro años).

Matrimonio y descendenciaEditar

 
Buenaventura Saravia Arias, esposa de Juan Felipe Ibarra.

Juan Felipe Ibarra contrajo matrimonio con Buenaventura Saravia Arias, quien nació en 1803 en la ciudad de Salta. Fue hija del doctor Mateo de Saravia y Jáuregui, un militar y estanciero de renombre, y de Inés Arias Castellanos. Apodada "Ventura, fue la segunda de cinco hermanos, entre ellos Manuel Antonio y José Manuel, ambos fueron más tarde gobernadores de la provincia de Salta.

Ibarra tenía amistad con el doctor Mateo de Saravia, y en una visita que le hizo conoció a Buenaventura. Durante dos años, Ibarra fue a visitarla, hasta que el 16 de mayo de 1820 contrajo matrimonio con ella. Para ese fin, Ibarra envió una comitiva a Salta con dos comandantes, diez soldados y su apoderado Faustino Silvetti, quien llevó a cabo el casamiento en su nombre.

Dos días más tarde, Ventura llegó a Santiago del Estero en una volanta lujosa y fue recibida con una fiesta en la residencia del gobernador, donde asistieron muchos invitados. Sin embargo, luego de haber compartido con ella esa noche, a primera hora del día siguiente Ibarra la devolvió a su padre. Años más tarde, el 17 de mayo de 1836, le otorgó una licencia matrimonial.

Entre las diferentes explicaciones de este inusual suceso, se toma en cuenta que Ventura habría confesado a Ibarra que se casó con él por imposición de su padre y no por un genuino deseo amoroso. Otras versiones afirman que Ibarra revisó los documentos matrimoniales, descubriendo que Ventura era hija extramatrimonial de su padre. Esto habría motivado a que fuera inmediatamente restituida a su hogar paterno.[19]

 
Absalón Ibarra, hijo extramatrimonial de Juan Felipe Ibarra.

El historiador fray Alonso de la Vega negó que Ibarra haya repudiado a Buenaventura, ya que las relaciones entre Ibarra y la familia de su esposa (tanto con su suegro y cuñado gobernador de Salta) fueron cordiales. Y asegura que la licencia marital que Ibarra dio a su esposa, fue con motivo de un viaje que ella debió efectuar a Perú para ser albacea testamentaria luego del fallecimiento de su padre. También agrega que Ventura cuidó y atendió a Ibarra en sus últimos días, mostrando dolor en su velatorio y exequias.[20]​ Luego del fallecimiento de Ibarra, los bienes de Buenaventura fueron confiscados y tuvo que refugiarse en San Miguel de Tucumán, donde falleció anciana.

Ibarra no volvió a casarse, ni tuvo descendencia legítima. No obstante, tuvo un romance con Cipriana Carol Lezana, quien era una joven veinteañera, rubia y de bellas facciones. Pertenecía a una tradicional familia santiagueña, ya que era hija de José F. Carol y Francisca Lezana. Hizo vida de pareja con Ibarra y su relación fue aceptada por las familias de ambos.

Tuvo un hijo extramatrimonial con ella: Absalón Ibarra. Nació en Villa Matará en el año 1834. Fue criado como un hijo por su tía Águeda Ibarra y Leandro Taboada, padres de Antonino y Manuel Taboada, caudillos unitarios en los años siguientes. Absalón fue senador nacional y gobernador de Santiago del Estero en dos oportunidades (1864 y 1873).

Personalidad y aspecto físicoEditar

Ibarra creció en un ambiente de ataques, malones de indígenas, robos, violaciones, crímenes y venganzas por parte de los blancos hacia las etnias chaqueñas. Todo eso modeló su carácter áspero, rebelde y desconfiado. A pesar de eso, el general Belgrano le tenía cierto reconocimiento por su constancia y valor, confiándole la instrucción de 200 de sus hombres. Lo llamaba afectuosamente "el saladino Ibarrita".[21]

Ibarra era un hombre solitario, poco comunicativo y callado. No se sabe que haya tenido una verdadera amistad, salvo con su hermano Francisco Antonio ("Pancho"). Cuando llegó a sus últimos años quedó solo, sin amigos, quizás por pensar solo en el poder.

Nunca anticipó a nadie cuáles iban a ser sus decisiones, no confiaba en nadie. Se hacía rogar para que aceptara el cargo de gobernador, que se sacrificara por aceptarlo, que lo hiciera por su pueblo. Fue inexorable y tenaz con sus enemigos; sin embargo, se caracterizó por su religiosidad. Mandó a construir o reconstruir templos en su provincia, ayudó a las iglesias y mantuvo buenas relaciones con los sacerdotes. Fue rígido con los subalternos que no asistían a misa, y dispuso que ellos deberían hacerlo, como lo hacía él.

De estatura regular, era robusto y grueso de cuerpo. Tenía mirada desconfiada y expresión imponente, rígida, sobre todo cuando estaba de mal humor. Su piel era de color trigueño, y sus cabellos eran negros, abundantes y duros; su físico era similar al de un indígena.[22]

BibliografíaEditar

NotasEditar

  1. Su predecesor fue Juan Francisco Echauri, con el cargo de teniente de gobernador de Santiago del Estero, dependiente de Tucumán.
  2. Hijo extramatrimonial.

ReferenciaEditar

  1. Maidana, Domingo: Ibarra y el clero santiagueño, Junta de Estudios Históricos de Santiago del Estero, N° 14, página 270 y ss., 1946.
  2. a b Castiglione, Antonio Virgilio: "Historia de Santiago del Estero: Muy Noble Ciudad: Siglos XVI, XVII y XVIII". Santiago del Estero, 2012. ISBN 978-987-33-1908-2.
  3. a b c Gargaro, Alfredo: "Los orígenes de la autonomía santiagueña (1815/1820)", Santiago del Estero, 1948.
  4. Di Lullo, Orestes; en "Figuras de mayo en Santiago del Estero", 1960.
  5. Levene, Ricardo (1939). Historia de la nación argentina: desde los orígenes hasta la organización definitiva en 1862. Tomo IX. Buenos Aires: El Ateneo, pp. 456-457.
  6. a b Levene, 1939: 457
  7. Castiglione, Antonio Virgilio: "Aportes y méritos de Santiago del Estero a la formación de la Nación Argentina", Santiago del Estero, 2018. ISBN 978-987-42-9760-0
  8. Combate de El Tala - 27 de octubre de 1826
  9. Levene, 1939: 457
  10. De Paoli, Pedro (1952). Facundo: vida del brigadier general don Juan Facundo Quiroga, víctima suprema de la impostura. Ciordia & Rodríguez, Buenos Aires, pp. 195.
  11. Levene, Ricardo (1962). Historia de la nación argentina: desde los orígenes hasta la organización definitiva en 1862. Tomo IX. Buenos Aires: El Ateneo, pp. 401.
  12. Rosa, José María (1972). Historia argentina: Unitarios y federales (1826-1841). Tomo IV. Buenos Aires: Editorial Oriente, pp. 63.
  13. Achával, José Néstor: "Historia de Santiago del Estero: siglos XVI-XIX". Santiago del Estero: Ediciones Universidad Católica de Santiago del Estero, 1988, pp. 292. ISBN 978-950-31-0001-1.
  14. Levene, 1939: 461
  15. Newton, Jorge. Ángel Vicente Peñaloza, El Chacho. Buenos Aires: Editorial Plus Ultra, 1965, pp. 54.
  16. Jacinto R. Yaben (1938). Biografías argentinas y sudamericanas. Tomo I. Buenos Aires: C. E. Escobar Tirado y D. E. Osorio Correa, pp. 69.
  17. Revisionistas » Blog Archive » Juan Felipe Ibarra
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