Reinos aimaras

Reinos Aymaras

Los Reinos Aymaras, señoríos Aymaras o reinos lacustres fueron un conjunto de pueblos nativos que florecieron hacia el período intermedio tardío, posterior a la caída de la cultura Tiahuanaco cuyas sociedades se ubicaron geográficamente en el Altiplano andino. Se desarrollaron entre los años 1150 y 1477 en que fueron conquistados por los Incas. Los reinos desaparecieron por la conquista militar de los incas, pero la población aimara actual, descendiente de estas poblaciones, se calcula en dos millones ubicados en los países de Bolivia, Perú y Chile.[1]​ Usaron la lengua aimara y puquina.[2]

Reino aymara
Qollasuyu
Señoríos independientes
1150-1477
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Dominio de la lengua Aimara
Capital (Chucuito) (Lupacas)
Hatuncolla (qollas)
Caquiaviri (Pacajes)
Entidad Señoríos independientes
Historia  
 • 1150 Establecido
 • 1477 Disuelto
Forma de gobierno Señorío o monarquía
Precedido por
Sucedido por
Imperio tiahuanaco-huari (c. 1150)
(1477) Imperio incaico

OrigenEditar

Los antecesores de los actuales Aymaras nunca supieron que se llamaban así. Los incas los llamaban collas, hasta que en 1559 Juan Polo de Ondegardo y Zárate los denominó «aymaras» a partir de la información lingüística obtenida en el Collao de una pequeña colonia de mitimaes «quechuas», pero que habían incorporado el lenguaje local y que se denominaban aymaras y provenían de los alrededores de Cuzco. Así se llamó «en español» al idioma cuyo real nombre era jaqi aru (significando humanidad y lengua respectivamente) y después le aplicaron ese nombre a quienes hablaban ese idioma, quienes se llamaban a sí mismos jaqi.[3][4]

Los documentos tempranos de la colonia no dan nombre propio al idioma, sino que los cronistas Cieza de León y Pedro Pizarro se refieren a él como «lengua del Collao» y «lengua de los collas» respectivamente.[5]​ En 1559, el licenciado Juan Polo de Ondegardo, a la sazón corregidor del Cusco, escribe la relación De los errores y supersticiones de los indios tras haber convocado una junta de «indios viejos que habían quedado» (de la época inca) que le sirvieron de informadores.[6]​ Por este medio, Ondegardo tuvo conocimiento de un grupo de mitimaes (una etnia desplazada por el estado) que era originario de la región cusqueña y que, en última instancia, había acabado asimilando el habla aimaraica de su nuevo entorno.[7]​ Tomando la parte por el todo, se empezó a usar el nombre de la etnia trasplantada como nombre de todo el idioma, de manera que en las publicaciones producidas por el III Concilio Limense (1584-85), que incorporan también un extracto de la mencionada obra de Ondegardo,[6]​ aparece por primera vez la palabra «aymara» explícitamente aplicada a la lengua.[5][8]

La etimología original del glotónimo «aimara» (  pronunciación [aj.ˈma.ɾa]) se encuentra dentro de lo especulativo, aunque se sabe que proviene de un etnónimo originario del departamento peruano de Apurímac.[9]​ Procede de los Andes centrales en Lima,[10]​ en la serranía central del Perú. Se fue extendiendo hacia el sur como lingua franca, y fue adoptada como lengua materna por los pueblos de la cultura Wari.[11]​ Hacia el Intermedio Tardío fue reemplazada por el quechua desde la costa hasta el Cuzco y su ingreso se habría producido, al parecer de manera violenta, por conquista militar avanzando desde el norte hacia el sur-este a lo largo de la Cordillera Occidental de los Andes y se repartieron el territorio altiplánico posiblemente bajo forma de diversos señoríos o reinos; algunos mencionados por Bertonio son: Lupacas, Pacajes, Carancas, Quillaguas, Charcas y otros.[12]

La historia acerca del surgimiento u origen de la cultura aymara es bastante compleja y han surgido diferentes opiniones e hipótesis acerca de ello, inicialmente se creía que esta etnia sería descendiente de la cultura Tiahuanaco, por parte de antropólogos e historiadores como Carlos Ponce Sanginés o Max Uhle, algunos de sus principales argumentos eran los siguientes:

  1. El cronista Reginaldo de Lizárraga describe al pueblo puquina, pero este cronista comete un error de redacción al describir que el pueblo puquina sería próspero, agricultor y ganadero, fundando así esta hipótesis, debido a que Tiahuanaco desarrolló el sector ganadero y agricultor, pero otros cronistas como Guamán Poma de Ayala describirían que el pueblo de habla puquina era muy pobre y con una carencia de vestidura, siendo ésta una prueba de que Tiahuanaco no era de habla puquina, ya que en su apogeo esta cultura desarrollaría una opulencia, tal como o demuestran sus cerámicas, esculturas y textiles, destaca los trabajos de Max Uhle y demás autores acerca de la expansión del aymara en la cultura Tiahuanaco, también se indicaría la gran cantidad de vocablos aymaras en las selvas bolivianas conquistadas por Tiahuanaco.[13]
  1. Restos arqueológicos encontrados por Carlos Ponce Sanginés, demuestran que Tiahuanaco habría sufrido una guerra, guerra que derivaría en la desintegración del estado en pequeños estados regionales o señoríos aymaras, tal como demuestra el asentamiento de Tiahuanaco en Caquiaviri (Capital del Señorío Aymara Pacajes), que en el apogeo tiahuanacota habría tenido una población escasa, pero en el ocaso de Tiahuanaco, habría multiplicado en relevancia y población. Ponce aplicó el método de datación de carbono 14 a restos de cerámica descubierta en sus excavaciones y estableció la cronología de la vida de Tiahuanaco, desde que era una aldea hasta su caída como Imperio debido a guerras internas y a una devastadora sequía.[14]
  1. Los patrones de asentamiento, investigados por Jordán Albarracín, del período post-tiwanaku, indican una migración de los tiwanakotas a sus asentamientos cercanos, posteriormente esto fue reafirmado por Alan Kolata en un estudio arqueológico, realizado en el 2003, reveló piezas cerámicas, correspondientes a los señoríos aymaras, con una clara estilística tiwanakota, y sin influencias externas, posteriormente esta cerámica pasaría un período de transición cerámica.[15]

Desaparecido el Estado Tiwanaku, la región quedó fragmentada en etnias aimaras. Estos aymaras se caracterizan por sus necrópolis compuestas por tumbas en forma de torres-chullpas. Existen también algunas fortalezas denominadas pucarás.

Sin embargo, la teoría del origen tiwanakota del aymara quedaría relegado por investigaciones históricas y lingüísticas recientes. En las últimas décadas, se tuvo un animado debate sobre los orígenes del aymara, desde tres posiciones teóricas. En tanto que Alfredo Torero (1972) y sus seguidores vieron un origen de esta lengua en la parte central del Perú, y por tanto la expansión del aymara desde allí, Teresa Gisbert (1987) y otros, en base a algunos cronistas, plantearon un origen desde el sur (desde la región de Copiapo), con una expansión al norte, en tanto que Lucy Briggs (1994) percibió un patrón de expansión desde el núcleo de Tiwanaku. Por otro lado, según Cieza de León, los aymaras son procedentes de “Coquimbo”, un valle del norte chileno, John Hyslop demuestra la importancia de un sitio altiplánico llamado Coquimbo como capital Lupaca y necrópolis de sus mallkus. Es decir, la ola aymara que penetra en el Urcosuyo viene de mucho más al sur de lo que pretende Torero.[16][17]

Por lo tanto, ambas hipótesis –de origen norteño y de origen sureño- nos muestra que el aymara no pudo haber tenido como cuna de origen el altiplano peruano-boliviano; y que tanto aymara como quechua procedían de otras zonas y que no son oriundos de la cuenca del Titicaca. El Idioma de la cultura Tiahuanaco era multilingüe con el pukina y en menor participación el uru.

En la actualidad, según la mayor parte de los estudios hoy, tanto arqueológicos como lingüísticos, ambas familias de lenguas, quechua y aimara, tienen su origen en una determinada región en común de la parte central de lo que es actualmente Perú (Heggarty 2008). Este sitio fue probablemente en la sierra, aunque Alfredo Torero y Rodolfo Cerrón favorecen un sitio costeño (Cerrón 2003: 22, Torero 2002: 46). Arqueológicamente se reconoce la posibilidad del origen de ambas lenguas, en una forma pre-proto, sean aymara o quechua, en sitios como Caral-Supe (3000-1600 aC) o quizás Chavín (1500 aC – 200 dC). Se favorece también los grandes horizontes arqueológicos con su mayor unidad cultural y geográfica, sobre todo el Horizonte temprano, como los motores para la expansión de ambas lenguas. Torero también propone que se hablaba una forma temprana de aymara en sitios costeños como Nasca y Paracas y que desde allí hubo una expansión al norte a la región de Yauyos y al sur a la región de Ayacucho.

Sobre todo, es la Cultura Wari (550-1000 dC) en el Horizonte Medio que es la favorita actual entre los estudiosos, desde Torero en adelante, como el motor de la gran expansión del aymara como una lengua franca hacia el norte como hacia el sur. Quizás esta expansión se debe a la influencia de los pastores por excelencia y los guardianes de las caravanas de llamas que manejaban el comercio entre Wari y sus periferias, proceso que fue seguido por los agricultores quechuas con sus nuevas técnicas de riego y andenes en la producción de maíz. Es tal vez la caída de Wari también que resultó en el ceder del territorio aymara a la llegada del quechua. Cerrón habla de una tercera expansión de aymara hacia el sur, desplazado por el quechua, en el período Intermedio tardío, desde la región del grupo de los Aymaraes en el Apurímac (que también podría haber dado el nombre aymara).[18]

UbicaciónEditar

Puno en el Perú y La Paz en Bolivia, aunque también se extendieron a los actuales departamentos de Perú: Cusco, Arequipa, Moquegua, Tacna; Bolivia: Oruro, Potosí, Chuquisaca (Sucre), Tarija; Chile: Tarapacá, Arica, Atacama, Argentina; Jujuy, Salta.[19]

Los principales Reinos Aymaras fueron 12, sin embargo también existieron señoríos que a menudo fueron tratados como reinos por otros investigadores.[20]

  1. Canchis (Cusco)
  2. Canas (Cusco)
  3. Collas (Puno)
  4. Lupacas (Puno)
  5. Pacajes (La Paz)
  6. Carangas (Oruro)
  7. Soras (Oruro)
  8. Charcas (Chuquisaca)
  9. Quillacas (Potosí)
  10. Cara-caras (Potosí)
  11. Chuis (Sucre)
  12. Chichas (Potosí-Tarija)

Algunos autores consideran los siguientes señoríos como señoríos aimaras:

  1. Callahuaya (La Paz-Puno)
  2. Yamparas (Sucre)
  3. Tarik'a o Tarija (Tarija)[21]

También existen pueblos descendientes de los aymaras en el departamento de Lima, en la Comarca de Lima, al finalizar el apogeo wari, al parecer se produjo la invasión de pueblos aymaras, invasión que contribuyó a la desarticulación del dominio imperial de la región y poco después a su desaparición, fueron "una serie de Reinos aymara-hablantes, independientes y rivales, aunque todos estrechamente ligados por lazos culturales comunes".

El padre Villar Córdoba (1935) afirma que fueron tres las etnias que llegaron hasta la Comarca de Lima:

a) Los Collas, que desde las serranías canteñas bajaron por la quebrada de Arahuay y se esparcieron por la banda izquierda del Chillón, ocupándola desde Yangas hasta el Callao;
b) los Huallas, que descendieron desde el alto Chancay hasta la costa, fundando poblaciones tales como Kara Huallas, Maranca, Huadca Hualla, Sulco y Marca Huillca; y
c) los Huanchos, quienes iniciaron su expansión hacia la costa desde las alturas de Huarochirí y a través de los cauces de los ríos Santa Eulalia y Rímac, llegaron hasta la parte media de este último valle, estableciéndose en Huachipa, Huacho Huallas, Carapongo, Huampaní, Caxamarquilla, Pariachi, Lati y Hurin Huancho.

Durante la época prehispánica estos pueblos no eran conocidos como aimaras o aymaras, sino que se distinguían por el nombre de sus propias sociedades. Fueron los cronistas europeos los primeros en denominar aimaras a estas sociedades, pero esta denominación no se produjo de manera inmediata pues existen crónicas en las que claramente se hizo la distinción entre los grupos étnicos de habla aimara.[22]

 
Bandera del Collasuyo

En todas estas sociedades primó la dualidad como forma de gobierno, es decir que por cada sociedad existían dos líderes.

En materia arqueológica, al parecer la mayoría de estos reinos sepultaban a sus líderes en un mausoleo en forma de torre que actualmente recibe el nombre de «chullpa» o «chullpas»; el diseño de estas torres era distinto en cada una de las sociedades.

Los escritos etnográficos describieron constantes disputas entre estos pueblos debido a tierras de pastoreo, esto a causa de que la mayor actividad económica fue la cría de camélidos americanos.

Estos reinos denominaron Urcusuyu al lado occidental del lago Titicaca y Umasuyu al lado oriental[2]​ y geográficamente dominaron un gran número de territorios en zonas de menor altura, tanto en los valles de la región del Océano Pacífico como en la cuenca amazónica; sobre las colonias en zonas bajas poseían territorios discontinuos a manera de islas en varias porciones de un mismo valle, compartiendo el valle con otros grupos étnicos que podían ser locales así como de otros pueblos del altiplano -fenómeno geopolítico que John Murra lo denomina «archipiélagos ecológicos verticales»- y si bien durante el Incario mantuvieron tanto sus tierras en el Collao como sus colonias en los valles interandinos; este dominio del territorio se respetó hasta los primeros años de la conquista española cuando comenzó su desmembración tanto territorial como política.

Las sociedades aimarasEditar

Canas y CanchisEditar

Los Canas y los Canchis fueron dos grupos aimaras que habitaron fuera de la meseta del Collao, al norte del nudo de Vilcanota, en las nacientes de los ríos Vilcanota y la actual provincia de Espinar. Antes de la conquista por el Imperio Inca eran aliados de éstos y participaron como soldados mercenarios en la invasión de Andahuaylas apoyando a los incas a cambio de botines de guerra.[23]

CarangasEditar

Los Carangas habitaron la región del río Lauca y su posible capital fue Hatun Carangas, de la cual quedan registros etnográficos. Sus restos arqueológicos han sido poco estudiados, pero se les asocia a varios grupos de chullpares polícromos y de base rectangular que están dispersos al norte del Salar de Coipasa, en Bolivia.

Por los relatos recogidos en época e la virreinal se confirma la posesión de territorios en Arica y varias porciones del río Lluta y del Valle de Azapa y también su habilidad en la crianza de camélidos.

 
Chullpa en la zona de Obrajes en Oruro

SorasEditar

Los Soras fueron un señorío cuyo territorio limitaba al este con el de los Carangas, ocupando la zona del Lago Uru Uru y llegando al sur hasta limitar con el territorio de los Quillacas, al este tenían territorios en zonas de la actual Cochabamba y norte de Potosí. Los soras tenían como capital el poblado de Paria, donde se cuenta la existencia de una "Paria vieja" de arquitectura indígena y una "Paria nueva" construida al modelo español. Se dice también que durante la conquista inca del Collasuyo, Paria fue la capital administrativa de estos territorios.[24]

CharcasEditar

Los Charca fueron un reino aymara que habitó la cuenca alta del río Cachimayu en lo que actualmente es la ciudad de Sucre, Bolivia y que tuvieron habilidad para la guerra, razón por la cual durante el Tahuantinsuyo este pueblo sólo prestaba servicio de «mitmak» en el ejército incaico y junto con el pueblo Karakara, apoyaron la conquista del Chinchaysuyu.[25]​ Primeramente también prestaron servicios agrícolas a la par de su labor en las guerras, pero con al crecer el Tahuantinsuyo, les fue difícil volver de las zonas conquistadas hacia sus tierras a tiempo para las labores agrícolas, por lo cual se les exoneró de las labores agrícolas para prestar solamente servicio bélico.[25]

 
Chullpas en Atuncolla

CollasEditar

En el caso de los collas destacan arqueológicamente los de Hatuncolla también se ubicó por el noreste del lago Titicaca y al norte con la ciudad de Puno, estudiados intensamente por Catherine Julián, describiendo al principal sitio colla como su posible capital; además de estar asociado con el complejo chullpas de Sillustani, situado a poca distancia de Hatuncolla.[2]

LupacasEditar

Los lupacas (lupaqa) fueron un grupo étnico que habitaron la ciudad aimará que habitó la rivera suroeste del lago Titicaca. Tuvieron siete subdivisiones que fueron: Chucuito -la capital-, Ácora, Ilave, Yunguyo, Pomata, Zepita y Juli. Cada subdivisión a su vez se dividía en dos «saya» (a excepción de Juli que tuvo tres «saya»). Cada «saya» estuvo compuesta por varios «hatha», que era la palabra aymara para designar los «ayllus».[26]

En la costa del Océano Pacífico contigua al Collao, poseyeron tierras distribuidas entre los valles de los ríos Moquegua, Locumba, Sama, Caplina, Lluta, Azapa y Camarones y los datos etnohistóricos los ubicán también en los valles templados de Chicanoma y Capinota (ambos en la región de los valles interandinos de Bolivia) destinados mayormente al cultivo de cocales.[26]

Sobre las tierras en la vertiente del Pacífico, los Lupaqa no tuvieron un control absoluto sobre los valles, sino más bien poseían porciones de tierra de forma discontinua a la que el etnohistoriador John Murra denominó «archipiélago vertical», que eran trabajadas por los «hatha» provenientes de los centros poblados Lupaqas en el altiplano y que tenían la finalidad de producir cultivos de diversas regiones ecológicas para complementar su alimentación. Estos valles de la costa del Pacífico, en realidad también tenían «islas ecológicas» de otros reinos aymaras del altiplano como los Collas o los Pacajes (que en el altiplano se ubicaban al norte y al sur de los Lupaqas, respectivamente).[26]

PacajesEditar

Los Pacajes o Pacaza fueron un grupo aymara que habitó el territorio situado al sureste del lago Titicaca. Su capital fue la ciudad de Caquiaviri y estuvieron divididos en dos grupos denominadas «omasuyu» y «urcusuyu».[27]

Se extendían por el sur hasta Sica Sica y Umala, en donde iniciaban los territorios de los señoríos «Caranga» y «Sora»; por el noreste hasta la península de Achacachi, en donde iniciaba el territorio Colla y por el noroeste hasta la naciente del río Desaguadero en el Titicaca, donde iniciaba el territorio Lupaca.[27]

Los registros etnohistóricos dan cuenta que poseían territorios en Calamarca y Larecaja y varios cultivos de cocales en las yungas.[26]​ Por la costa, existen evidencias arqueológicas Pacajes en las cuencas de los ríos Caplina, Lluta y Azapa.

Los vestigios arqueológicos Pacajes mejor conservados son varios grupos de chullpares repartidos tanto en el altiplano como en las colonias en tierras de menor altura. Las chullpas Pacajes eran muy variadas, existiendo chullpares de barro con revestimiento de colores y en otros casos chullpas de piedra de base cuadrada, rectangular o circular. Los estudios en la «chullpa grande de Pirapi Chico» ubicada en Achiri la fechan en tiempos preincaicos pero presenta un etilo constructivo incaico, ésta particularidad también se da en la chullpa «Chosi Kani» de Anantuco y de la Fortaleza de Jachaphasa fechada entre el 1323 y 1428, antes de la conquista incaica en los Pacajes.[27]

Tarik'as o TarijasEditar

Los tarik'as o tarijas fueron un señorío aymara (o confederación de pueblos de origen aymara) que habitó las comunidades de Tojo, Chilcayoj, Iscayachi y Chaguaya, normalmente confundido con el señorío chichas,[28]​ aunque con una diferencia semejante, los Tarik'as se expandieron por los valles del sur de Tarija , lugares donde desarrollaron la tecnología agrícola de los andenes, en los valles y punas que habitaron fundaron asentamientos en plataformas de base circular, a contrario de los reinos del norte, este estado carecía totalmente de chullpas, a diferencia desarrollaron las cistas, tumbas funerarias con suelo de arcilla, paredes de piedra labrada y con dibujos iconográficos, aunque la tradición de las cistas ya estaba presente desde la cultura tomatas.

La cerámica tarik'a es representada por relieves en bordes, los diseños iconográficos fueron realizados en color negro y con formas en zig-zag, vertical y horizontal.[29]

Convivieron con culturas vecinas como los tomatas, churumatas, moyo moyos y lipez.

La invasión y conquista incaicaEditar

 
Morenada (Ciudad de Oruro): Danza y folklore aymara producto del mestizaje hispano
 
Diablada (Ciudad de Oruro): Danza y folklore aymara producto del mestizaje hispano

Las crónicas de los españoles Pedro Cieza de León y Santa Cruz Pachacuti hablaron de intensas rivalidades entre los curacas aimaras de Chucuito, del reino Lupaca, y Hatuncolla, del reino Colla. Estos enfrentamientos fueron conocidos por los incas y fue el inca Wiracocha el primero en intentar aprovechar estas rivalidades prometiendo ayuda a ambos bandos pero pactando secretamente con los Lupacas de Chucuito. Esta traición fue descubierta por Cari, el líder colla, quien atacó a los lupacas en las proximidades de Paucarcolla, al norte de la actual ciudad de Puno, y antes de que el ejército incaico llegara para ayudarlos. Con esta victoria los collas se convirtieron en el reino dominante en todo el Collao, anexando tierras en la vertiente del Pacífico.[30]

Pero posteriormente el inca Pachacuteq venció a los Collas. Según crónicas del español Sarmiento de Gamboa, el curaca de los Collas en aquel tiempo llamado Colla Capac -aunque otros cronistas mencionaban a Chuqui Capac- fue hecho prisionero por los incas luego de una larga batalla cerca de Hatuncolla. En el momento de la conquista de los collas, su territorio abarcaba desde las costas del Pacífico, pasando por la meseta del Collao, hasta la montaña de los Moxos, en el oriente. Luego de la captura de Chuqui Capac todos los collas fueron sometidos por los incas, algunos por la fuerza y otros pacíficamente; los pueblos que quedaron destruidos fueron poblados por mitmakunas y los demás reinos aymaras terminaron por aceptar el dominio cusqueño como lo hicieron los lupacas, pacajes, azangaros y otros.[30]

Luego de la expansión del imperio incaico hacia la zona de los reinos aymaras, los incas denominaron Collas a todos los reinos aymaras sin distinción y su territorio pasó a formar parte del Collasuyo.[31]

Véase tambiénEditar

BibliografíaEditar

  • Silva Sifuentes, Jorge (2000). Historia del Perú. Editorial Lexus. ISBN 9972-625-35-4.  |autor= y |apellidos= redundantes (ayuda)

ReferenciasEditar

  1. http://www.ilcanet.org/ciberaymara/region.html
  2. a b c Julián Santillana (2000). «Estados panandinos: Wari y Tiwanaku». En Teodoro Hampe Martínez, ed. Historia del Perú. Culturas prehispánicas. Barcelona: Lexus. ISBN 9972-625-35-4. 
  3. https://aulaintercultural.org/2004/09/17/aymaras-identidad-e-historia-la-lengua-aymara/
  4. https://www.iidh.ed.cr/capel/media/1519/tesoro-de-nombres-aimara.pdf
  5. a b (Alavi: § La lengua aymara)
  6. a b (Marzal 1993: p. 110)
  7. (Aguirre Bianchi: § Idioma aymara)
  8. La Doctrina Cristiana, mandada a publicar en Lima a Antonio Ricardo en 1584 por autoridad del III Concilio Limense, ya advierte literalmente: «traducido en dos lenguas... quichua y aymara». [1]
  9. https://aymara.org/webarchives/www2000/histo.html
  10. http://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-93605.html
  11. http://www.ilcanet.org/ciberaymara/historia.html
  12. http://www.losandes.com.pe/oweb/Cultural/20101114/43297.html
  13. «“Tiwanaku y su idioma”, de Julio Avendaño». m.eldiario.net. Consultado el 14 de mayo de 2020. 
  14. «Tiahuanaco, el imperio andino aún ignorado que legó su cultura a los Incas - Diario Libre». m.diariolibre.com. Consultado el 14 de mayo de 2020. 
  15. Criales, Juan Villanueva (2017). «Lo boliviano y lo indígena en la construcción arqueológica del post-Tiwanaku altiplánico. Narrativas no inocentes y alternativas futuras». Surandino Monográfico (2): 1-20. ISSN 2545-8256. Consultado el 11 de junio de 2020. 
  16. https://www.iidh.ed.cr/capel/media/1519/tesoro-de-nombres-aimara.pdf
  17. http://www.losandes.com.pe/oweb/Cultural/20101114/43297.html
  18. http://www.ilcanet.org/ciberaymara/historia.html
  19. «Copia archivada». Archivado desde el original el 3 de septiembre de 2011. Consultado el 3 de diciembre de 2013. 
  20. https://web.archive.org/web/20130924111838/http://www.indigenas.bioetica.org/base/base2.htm
  21. Barragan Vargas, Mario (2011). Los pueblos originarios de Tarija Volumen I (en inglés). p. 33-34. Consultado el 21 de mayo de 2020. 
  22. http://www.proel.org/index.php?pagina=mundo/amerindia/andinoec/aymara
  23. Rostworowski Tovar, María (Octubre del 2010). «4. Pachacútec y la formación del Estado inca». Incas. Biblioteca Imprescindibles Peruanos. Perú: Empresa Editora El Comercio S.A. - Producciones Cantabria S.A.C. p. 54. ISBN 978-612-4069-47-5. 
  24. http://www.lapatriaenlinea.com/?nota=210750
  25. a b John V. Murra (2002). «2.3 El Tahuantinsuyo. La Expansión del estado Inka: ejércitos, guerras y rebeliones». El mundo andino: población, medio ambiente y economía (1ra edición). Lima - Perú: Fondo Editorial - Pontificia Universidad Católica del Perú. pp. 43-57. ISBN 9972-51-072-7. 
  26. a b c d John V. Murra (2002). El mundo andino: población, medio ambiente y economía (1ra edición). Lima - Perú: Fondo Editorial - Pontificia Universidad Católica del Perú. ISBN 9972-51-072-7. 
  27. a b c Kessel, Risto; Pärssinen, Martti (2005). «Identidad étnica y muerte: torres funerarias (chullpas) como símbolos de poder étnico en el altiplano boliviano de Pakasa (1250-1600 d. C.)» (pdf). Bulletin de l’Institut Français d’Études Andines (Lima) 34 (3): 379-410. ISSN 2076-5827. Archivado desde el original el 21 de agosto de 2014. Consultado el 26 de marzo de 2012. 
  28. Barragan, Mario. «Los "Chichas" y "Tarijas" en la concepción Inca». LOS PUEBLOS ORIGINARIOS DE TARIJA (en inglés). p. Pg. 33-34. Consultado el 23 de mayo de 2020. 
  29. https://www.researchgate.net/publication/49943922_El_registro_arqueologico_de_las_antiguas_poblaciones_de_los_valles_orientales_de_la_Provincia_Arce_Tarija_Bolivia.
  30. a b Varios autores, ed. (1998). «Síntesis histórica». Gran enciclopedia del Perú. Puno. Barcelona: Lexus. ISBN 9972-625-13-3. 
  31. http://www.aymara.org/1995/historia-aymara/