Italia (época romana)

península itálica en la Antigüedad

Italia, bajo la República romana y durante el posterior Imperio, era el nombre que se daba a la península itálica,[1]​ la cual constituía, de iure, el territorio metropolitano de la misma Roma y que,[2]​ en cuanto extensión natural del Ager Romanus, gozaba de un estatus administrativo, fiscal, jurídico, cultural y social único,[3]​ privilegiado y distinto de los de las provincias[4]​ y de cualquier otro territorio bajo dominio romano situado fuera de ella.[5]

El territorio metropolitano de Roma: Italia (en rojo), dentro del contexto imperial, en el año 117, rodeada por las provincias (en rosa).

Bajo la República y la organización de AugustoEditar

 
Moneda en plata del siglo I a. C. acuñada en Corfinium (Corfinio) durante la guerra Social, exhibiendo la inscripción ITALIA, al borde de la personificación de Italia, representada como una diosa con corona de laurel, símbolo de victoria.
 
Un fragmento de la Tabula Peutingeriana, un mapa romano del siglo IV, representando la parte meridional de Italia.

Durante la República, Italia, que se extendía entonces desde los ríos Rubicón (al este) y Arno (al oeste) hasta la punta más meridional de Calabria, no era una provincia, sino más bien el territorio de la ciudad de Roma,[6]​ teniendo así un estatus especial: por ejemplo, los comandantes militares no podían llevar sus ejércitos dentro de ella y, por ello, cuando Julio César pasó el Rubicón con sus legiones, marcó el comienzo de una guerra civil.[7]

Inicialmente, en época griega, el nombre de Italia abarcaba una porción peninsular que cambió a lo largo del tiempo. Según Estrabón (Geografía, v 1), al principio el nombre indicaba la tierra entre el estrecho de Mesina y la línea que unía el golfo de Salerno y el de Tarento; más tarde, en época romana, Italia se amplió hasta incluir toda la península, así como el norte de Italia continental hasta los pies de los Alpes y parte de la península de Istria, teniendo como límite costero oriental la ciudad de Colonia Pietas Iulia (ex ciudad italiana de Pola) y, como límite occidental, el río Var[8]​ (el cual hacía de frontera entre las provincias galas e Italia y, en épocas posteriores, de frontera histórica entre los antiguos Estados italianos y Francia).[9]

Con el final de la guerra Social,[10]​ al comienzo del siglo I a. C., y más exactamente en el año 89 a. C., Roma había permitido a todos sus aliados itálicos entrar con pleno derecho en la vida política romana,[11]​ otorgando la plena ciudadanía romana, a través de la Lex Plautia Papiria,[12]​ a todos los habitantes de la península itálica residentes al sur del río Po: es decir, a todos aquellos itálicos que no la habían ya recibida en los siglos anteriores y residentes dentro de los límites de la Italia propiamente dicha (constituida por los territorios peninsulares situados al sur de los ríos Arno y Rubicón) y, al mismo tiempo, a todos los habitantes de la llamada «Galia Cispadana», correspondiente a la porción meridional (comprendida entre los ríos Arno y Rubicón, al sur, y el río Po al norte) de la que hasta entonces se conocía como Galia Cisalpina (Italia septentrional).

Finalmente, Julio César, en el año 49 a. C., a través de la Lex Roscia,[13]​ otorgó la plena ciudadanía romana también a todos los habitantes libres de la «Galia Transpadana» (esto es, la parte de la Galia Cisalpina comprendida entre el río Po, al sur, y los Alpes al norte), la cual, en el año 42 a. C., junto a la «Galia Cispadana» —los dos territorios que componían la Galia Cisalpina— deja definitivamente de ser una provincia y de ser conocida con este nombre, siendo anexada al territorio de Italia y volviéndose, desde entonces, la más septentrional de las tierras itálicas,[14]​ extendiendo así el territorio y el nombre de Italia hasta los pies de los Alpes.

Entre finales de la República y comienzo del Imperio, y sobre todo desde la concesión de la ciudadanía romana a todos los itálicos, Italia, a diferencia de los territorios provinciales (además de constituir el territorio metropolitano de Roma ya desde las anteriores etapas republicanas), debido a su estatus poseía también el título de Domina Provinciarum (Soberana de las Provincias) y,[15]​ en los primeros siglos de esplendor imperial y cuál patria ancestral de los romanos,[16]​ los títulos de Rectrix Mundi (Gobernadora del Mundo)[17]​ y Omnium Terrarum Parens (Madre de todas las Tierras).[18]

Algunas ciudades provinciales, es decir, situadas fuera de Italia, que se distinguían por particulares méritos, podían ser premiadas con el ius italicum, máxima concesión que una ciudad provincial podía recibir del Estado romano, la cual hacia que a los habitantes de tal comunidad se le concediesen todos los privilegios de los itálicos, como si su ciudad estuviera jurídicamente situada en la misma Italia y no en una provincia; este honor podía ser otorgado exclusivamente por los emperadores y de manera excepcional.[19]

Las ciudades romanas de Italia fueron abundantemente embellecidas con teatros, anfiteatros, termas, circos y templos.[20]​ Alrededor del año 7 a. C., Octavio Augusto, creó una nueva división administrativa exclusiva para Italia (inexistente en las provincias), formada por once regiones (la misma ciudad de Roma quedaba incluida dentro de la Regio I Latium et Campania), en parte aún existentes en la administración política de la Italia contemporánea; estas fueron, tal como relata Plinio el Viejo en su Historia Natural (iii 46):

 
La Italia romana (en verde) tal como la organizó Augusto.

Italia se vio aún más favorecida por Augusto y por muchos de sus herederos, con la construcción, entre otras estructuras públicas, de una densa red de calzadas que atraviesan toda la península itálica y que persisten aún hoy en día.[21]

La economía italiana floreció: la agricultura, la artesanía y la industria tuvieron un apreciable crecimiento, permitiendo la exportación de bienes en todas las provincias del Imperio. La población italiana creció también: Augusto ordenó tres censos, para documentar la presencia de ciudadanos varones en Italia. Eran 4,063.000 en el año 28 a. C. y 4,937.000 en el 14 d. C. Incluyendo a las mujeres y los niños, la población total de Italia, en el comienzo del siglo I, estaría alrededor de los diez millones.[22]

Italia en los siglos II y IIIEditar

 
En este sestercio de Antonino Pío, la personificación de Italia está representada en el reverso.

Hasta el año 212, Italia era también el único territorio donde todos sus habitantes libres gozaban de plena ciudadanía romana y, fuera de ella, en las provincias,[23]​ la ciudadanía romana se limitaba a las ciudades provinciales con estatus de colonia romana y de municipia optimo iure, por eso la gran mayoría de los habitantes provinciales libres estaba compuesta por peregrini, es decir, por no ciudadanos; hasta la Constitutio Antoniniana del año 212, cuando, a través de un edicto del emperador Caracalla, se otorgó la ciudadanía romana a todos los hombres libres dentro del Imperio.[24]

A partir de la mitad del siglo III, tras el otorgamiento de la ciudadanía romana a todo el Imperio, Italia (y con ella la misma Roma) comenzó a declinar, en favor de las provincias orientales. A finales del siglo III, Italia, como otras zonas del Imperio, padeció los ataques de pueblos bárbaros (véase Anarquía militar y Crisis del siglo III).

Diocleciano dividió el Imperio en cuatro partes, llamadas diócesis. La Diócesis Italiae, gobernada por el Augusto de Occidente, fue a su vez repartida en dos zonas (Italia Suburbicaria e Italia Annonaria), ambas internamente repartidas en territorios menores y administrados cada uno por correctores:

  • Italia Suburbicaria («bajo el gobierno de Roma»)
    • Tuscia et Umbria
    • Valeria
    • Campania et Samnium
    • Apulia et Calabria
    • Sicilia
    • Sardinia et Corsica
  • Italia Annonaria, con capital en Mediolanum (Milán)
    • Venetia et Histria
    • Aemilia et Liguria
    • Flaminia et Picenum
    • Raetia
    • Alpes Cottiae
 
Durante el Bajo Imperio, a la Italia Annonaria de Diocleciano se le agregó una parte del territorio de la Raetia, hasta el Danubio. De esta intensa latinización al norte de los Alpes, y externa a la Italia propiamente dicha, quedan los romanches de la actual Suiza oriental.

Siempre en el siglo III, bajo Diocleciano, fueron añadidas al territorio de Italia dos ex provincias senatoriales: la de Sicilia y la de Sardinia et Corsica (siedo estas dos ex provincias, Sicilia y Sardinia et Corsica, los primeros dos territorios romanizados fuera de Italia, hacia la mitad de siglo III a. C.), confluyendo así ambas en la Diócesis Italiae y más exactamente en la subdivisión de Italia Suburbicaria, administrada directamente por Roma.[25]

Italia en los siglos IV y VEditar

En el tardo Imperio, cuando los bárbaros se convirtieron en uno de los problemas más importantes, los emperadores se vieron obligados a salir de Roma y de Italia, e incluso a establecerse provisionalmente en las provincias, incrementando así aún más el declive de Italia. En 330, Constantino I, trasladó la capital del imperio a Constantinopla, con la corte imperial y la administración económica, así como las estructuras militares (como la Armada romana, que hasta entonces tenía su flotas en los puertos italianos de Ostia, Miseno y Rávena).

Tras la muerte del emperador Teodosio, en 395, Italia se convirtió en parte del Imperio romano de Occidente. Luego vinieron los años de las invasiones bárbaras, y la capital de todo el Imperio de Occidente, que por aquel entonces era Mediolanum (Milán), se trasladó a Rávena, en el año 402. Posteriormente, Alarico, rey de los visigodos, saqueó la misma Roma en el año 403; algo que no había ocurrido nunca durante siete siglos. La Italia septentrional fue atacada por los hunos de Atila, y Roma se vio nuevamente saqueada por los visigodos bajo el mando de Alarico, en el año 410.[26]

Según la Notitia Dignitatum, una lista de oficiales y funcionarios civiles y militares que se considera actualizada hasta los años 420 para la parte occidental del Imperio romano, Italia, en aquellos últimos años imperiales, estaba gobernada por un prefecto, el Praefectus Praetorio Italiae (que gobernaba al mismo tiempo tanto Italia como los territorios de Ilírico y de África), un Vicarius, y un Comes Rei Militaris. Más específicamente, las regiones italianas estaban gobernadas por ocho Consulares (uno en Venetiae et Histriae, uno en Aemiliae, uno en Liguriae, uno en Flaminiae et Piceni Annonarii, uno en Tusciae et Umbriae, uno en Piceni Suburbicarii, uno en Campaniae y uno en Siciliae), dos Correctores (uno en Apuliae et Calabriae y uno en Lucaniae et Bruttiorum) y tres Praesides (uno en Alpium Cottiarum, uno en Samnii y uno en Sardiniae et Corsicae).

Con los emperadores subordinados en la práctica a sus generales, muchos de ellos bárbaros, el gobierno imperial controlaba débilmente Italia, cuyas fronteras, en especial las costas, eran atacadas constantemente, particularmente por los vándalos desde norte de África.[27]

En 476, con la deposición del último emperador de Occidente, Rómulo Augústulo, a manos de Odoacro, rey de los hérulos, y el retorno de las insignias imperiales a Constantinopla, terminó el Imperio romano de Occidente. En las décadas siguientes Italia permaneció unida; primero bajo el gobierno de Odoacro, rey de los hérulos, y luego bajo los ostrogodos, cuyo rey, Teodorico, saneó las finanzas y promovió la cultura en todo el Regnum Italiae, manteniendo las antiguas instituciones romanas.[28]

 
«Prefectura del pretorio de Italia» en 395 A. D. (en amarillo).

Utilizando como pretexto la sucesión de Teodorico, el emperador Justiniano envió a su general, Belisario, para "reconquistar" Italia. Tras largas guerras, que arruinaron a la península, los bizantinos derrotaron y expulsaron de Italia a los ostrogodos, sustituyendo su gobierno por un exarcado bizantino, el Exarcado de Italia. El territorio bajo control imperial fue, no obstante, reduciéndose progresivamente en favor de los nuevos invasores; los lombardos, que, a pesar de ser solo un pequeño número de individuos (menos de 100.000, entre hombres, mujeres y niños), en comparación a los casi 7 millones de itálicos nativos,[29]​ lograron hacerse con el control de las instituciones políticas y militares de Italia, también gracias al vacío institucional dejado por la administración bizantina, fundando en 569 el Reino Lombardo de Italia, con capital en Pavia;[30]​ y donde, en el curso del tiempo, la nueva élite lombarda fue adoptando gradualmente la cultura, la religión, la lengua y las costumbres latinas de los itálicos autóctonos, hasta ser totalmente absorbida por estos últimos. Desde entonces, y después de casi 800 años de unión, Italia quedó dividida en varios reinos y Estados, y no volvería políticamente a reunirse de nuevo hasta el siglo XIX.[31]

Véase tambiénEditar

ReferenciasEditar

Enlaces externosEditar

NotasEditar

  1. «Encyclopædia Britannica: Italy, ancient Roman territory». 
  2. Keaveney, Arthur (1987). Rome and the Unification of Italy. London: Croom Helm. ISBN 9781904675372. 
  3. «Encyclopædia Britannica: Sharply distinguished from Italy were the provinces of the empire». 
  4. «Encyclopædia Britannica: Provinciae, Roman possessions outside Italy from which tribute was required». 
  5. Mommsen, Theodor (1855). History of Rome, Book II: From the Abolition of the Monarchy in Rome to the Union of Italy. Leipzig: Reimer & Hirsel. 
  6. Carlà, Filippo (2017). The "Birth" of Italy: The Institutionalization of Italy as a Region, 3rd–1st Century BCE. ISBN 978-3-11-054478-7. 
  7. Williams, J. H. C. (2020). Beyond the Rubicon: Romans and Gauls in Republican Italy - J. H. C. Williams - Google Books. ISBN 9780198153009. Archivado desde el original el 22 de mayo de 2020. 
  8. «Enciclopedia Treccani: L'Italia romana delle Regiones». 
  9. «Università degli Studi di Bari Aldo Moro: Storia degli antichi Stati italiani». 
  10. «Dr. Christopher J. Dart:The Social War, 91 to 88 BCE.A History of the Italian Insurgency against the Roman Republic». 
  11. «Università degli Studi di Bari Aldo Moro: The socii, Italian allies of Rome». 
  12. «Gallo Anna Rosa, Università degli Studi di Bari: lex Plautia Papiria». 
  13. Gardner, J. F., The Dictator, in Griffin, M., A Companion to Julius Caesar. The Lex Roscia was introduced in 49 BC by the praetor Lucius Roscius Fabatus on behalf of Julius Caesar. (2009), p. 65
  14. «Università Ca' Foscari di Venezia: La Gallia Cisalpina, dalla morte di Cesare alle lotte triumvrali. (Lex Roscia del 49 a.C. - Annessione all'Italia romana 42 a.C.)». 
  15. «Giuseppe Billanovich: Italia Domina Provinciarum da Lezioni di filologia petrarchesca». 
  16. Bleicken, Jochen (15 October 2015). Augustus: The Biography. ISBN 9780241003909. 
  17. Keaveney, Arthur (1987). Rome and the Unification of Italy. London: Croom Helm. ISBN 9781904675372. 
  18. «Bloomsbury Publishing: Italy: Omnium Terrarum Parenes and Rectrix Mundi from Historiae Mundi: Studies in Universal History». 
  19. «Enciclopedia Treccani: Ius Italicum». 
  20. «Centro Studi TCI: I beni archeologici in Italia». 
  21. «Franco Salvatori: La regionalizzazione nell'Italia romana di Augusto». 
  22. «Luuk de Ligt and Simon Northwood: Demographic Developments and the Transformation of Roman Italy 300 BC-AD 14». 
  23. «Encyclopædia Britannica: Sharply distinguished from Italy were the provinces of the empire». 
  24. «Encyclopædia Britannica: Constitutio Antoniniana de Civitate. Roman Law''». 
  25. «Luigi Cantarelli: Diocesi italiciana da Diocleziano alla fine dell'impero occidentale». 
  26. «Stefano Giglio: Il Tardo Impero romano d'Occidente». 
  27. «Edoardo Angione: Caduta dell'Impero romano d'Occidente». 
  28. «Encyclopædia Britannica: Theodoric, king of Italy». 
  29. «C. Brianza: I Lingobardi in Italia». 
  30. Chris Wickham (1981). Early Medieval Italy: Central Power and Local Society, 400–1000.
  31. «S. Rossi, O. Manzini., M. Veronesi: La storia dei Longobardi e dell'Italia longobarda». 

Enlaces externosEditar