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Marcel-François Marie Lefebvre FSSPX (Tourcoing, Francia, 29 de noviembre de 1905 - Martigny, Suiza, 25 de marzo de 1991) fue un sacerdote y arzobispo católico francés, conocido por su crítica al Concilio Vaticano II.

Marcel Lefebvre FSSPX
Marcel Lefebvre 1981b.jpg

Obispo de Tulle
Predecesor Aimable Chassaigne
Sucesor Henri Clément Victor Donze

Fundador y 1er superior general de la FSSPX
Título Arzobispo-Obispo emérito de Tulle
Otros títulos
Información religiosa
Ordenación sacerdotal 21 de septiembre de 1929 por Achille Liènart
Ordenación episcopal 18 de septiembre de 1947 por Achille Liènart
Información personal
Nombre Marcel Lefebvre FSSPX
Nacimiento 29 de noviembre de 1905 en Tourcoing
Fallecimiento 25 de marzo de 1991 en Martigny
(85 años)
Alma máter Institución Libre del Sagrado Corazón(Turcoing)
Pontifical French Seminary
Coat of Arms of Archbishop Marcel Lefebvre.svg
'Et nos credidimus caritati'

Tras una dilatada carrera como misionero espiritano en el África francófona, tomó el liderazgo del movimiento ultramontano europeo, dentro de la Iglesia católica, enfrentándose a sus compañeros en el episcopado y llegando a desobedecer al papa Juan Pablo II, interpretando el Concilio Vaticano II como si supusiera una ruptura con la tradición de la Iglesia.

En noviembre de 1970, Lefebvre fundó la Hermandad Sacerdotal San Pío X y en 1988, contra la prohibición expresa de Juan Pablo II, Marcel Lefebvre consagró cuatro obispos. Inmediatamente la Congregación para los Obispos vaticana emitió un decreto declarando que la consagración era un acto cismático y que, en consecuencia, tanto Lefebvre, como otros obispos participantes en la ceremonia, habían incurrido en la excomunión automática,[1][2]​ de acuerdo con el derecho canónico católico.[3]

Índice

VidaEditar

Marcel Lafebvre nació en Tourcoing, una ciudad francesa cercana a la frontera belga, el 29 de noviembre de 1905. Hijo de un matrimonio piadoso formado por un fabricante textil llamado René Lefebvre y su mujer Gabrielle, Marcel es el tercero de ocho hermanos, cinco de los cuales entraron en religión:[4]​ René y Marcel, con los padres espiritantos, Jeanne, en las religiosas reparadoras, Bernadette, futura fundadora de la hermanas de la Hermandad San Pío X y Christiane con el carmelo reformado.

Marcel cursó estudios en el Colegio del Sagrado Corazón de Tourcoing. Padeció la invasión alemana de su ciudad durante la Primera Guerra Mundial. Su padre debió huir en 1915 por ayudar a los prisioneros ingleses y franceses a pasar las líneas, por lo que la familia sufrió mucho su ausencia agravada con la escasez de bienes básicos.

Sacerdote, religioso y obispoEditar

 
La familia Lefebvre en 1908. El futuro obispo Marcel está situado a la izquierda.

Cursó sus estudios de Filosofía y Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote en 1929 por Achille Liénart, arzobispo de Lille. Habiendo madurado en él la idea misionera y siguiendo los pasos de su hermano René, se unió a la Congregación del Espíritu Santo. Tras su noviciado, de solo un año de duración, hizo su profesión religiosa el 8 de septiembre de 1932. Posteriormente fue enviado a África, más concretamente a Gabón, donde se desempeñó como misionero en diversos lugares.

En 1939 regresó a Francia, pero durante el trayecto se declaró la Segunda Guerra Mundial. Al poco de desembarcar fue movilizado y enviado, esta vez como soldado, a África. Así con el tiempo justo para despedirse de su padre, al que no volvería a ver: arrestado en abril de 1942 por pasar información a Gran Bretaña, murió en el campo de concentración de Sonnenburg.

EpiscopadoEditar

Pío XII lo nombró obispo de Dakar, cargo que ejerció entre 1948 y 1962. El mismo Pio XII lo elevó posteriormente al rango de arzobispo y lo designó legado apostólico para toda el África francófona. A la muerte de Pío XII cesó como legado apostólico conservando el arzobispado de Dakar. Con motivo de la promoción del clero nativo que impulsó Pío XII, Lefebvre dejó la cátedra de Dakar a su discípulo Hyacinthe Thiandoum. Las presiones de los obispos y cardenales franceses obligaron al papa Juan XXIII a dar a Lefebvre una pequeña diócesis[cita requerida], la diócesis de Tulle, en lugar de un arzobispado aunque reconociéndole su dignidad de arzobispo. Las otras condiciones fueron que no podía pertenecer a la asamblea de los cardenales y arzobispos franceses (germen de la futura Conferencia de obispos de Francia) y que estas condiciones no creasen un precedente o una costumbre para los futuros obispos de Francia.[5]

Concilio Vaticano IIEditar

En calidad de superior general de los Padres Espiritanos, fue llamado por Juan XXIII para formar parte de la Comisión Central Preparatoria del Concilio Vaticano II.

Durante el Concilio, fundó junto a Don Antonio de Castro-Mayer, obispo de Campos (Brasil), Geraldo Proença Sigaud, obispo de Diamantina (Brasil) y Carli, obispo de Segni (Italia) el Cœtus Internationalis Patrum, al que se adhirieron 250 obispos, con el objeto de defender en el aula conciliar la doctrina y disciplina tradicional de la Iglesia. Esto le valió la oposición y enemistad con los obispos franceses y alemanes.

La Fraternidad Sacerdotal San Pío XEditar

Después de renunciar a su cargo de superior general de su congregación en 1968 y a iniciativa de un grupo de seminaristas descontentos con la orientación que habían tomado los seminarios a los que concurrían, en particular, el Seminario Francés de Roma, a cargo de los Padres Espiritanos, fundó en 1970 en Friburgo (Suiza), con la autorización del obispo del lugar, François Charrière, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. La casa de formación que primero funcionó en la Rue de la Vignettaz fue posteriormente trasladada a Écône (cantón del Vales, Suiza), donde la congregación tiene su principal instituto de formación sacerdotal.

Debido a la creciente concurrencia de jóvenes deseosos de recibir una formación tradicional en el sacerdocio, rápidamente se granjeó la enemistad del episcopado francés, que llamaba al Seminario de Écône «seminario salvaje». Vencido el término de 5 años, durante el cual la existencia de la congregación es puesta a prueba de acuerdo con las normas canónicas, el sucesor de Charrière en la sede de Friburgo, Pierre Mamie, tras recibir una solicitud de Roma, no renovó el permiso para que la misma subsistiera, acto que posteriormente fue refrendado por una comisión de 3 cardenales nombrada por Pablo VI.

En ese estado, Lefebvre interpuso un recurso suspensivo ante el Tribunal de la Signatura Apostólica, pero su presidente, el cardenal Dino Staffa, se negó a darle trámite respondiendo -según parece- a un pedido del Cardenal Jean-Marie Villot, entonces secretario de Estado de Pablo VI.

Dado que el recurso suspensivo de supresión estaba pendiente, Lefebvre consideró que, a falta de pronunciamiento sobre un recurso suspensivo, la medida de suprimir su congregación quedaba pendiente de resolución, y por lo tanto, su congregación continuaría existiendo hasta tanto la Santa Sede no se expidiese sobre el fondo del asunto.

Con ese razonamiento, no secundó el pedido que se le hiciera de cerrar el seminario y dispersar a los seminaristas, a los cuales prosiguió formando hasta las puertas del sacerdocio.

En 1976 recibió una monición canónica para que no procediera a la ordenación de la primera tanda de jóvenes formados en Écône, la cual desoída, hizo recaer sobre él la suspensión a divinis el 22 de julio de 1976. El 29 de agosto de 1976, Lefebvre celebró la Misa de Lille[6]​ donde declaró:

«No se puede dialogar con los masones o con los comunistas, no se dialoga con el diablo[7]

ExcomuniónEditar

 
Marcel Lefebvre en Córdoba, Argentina, hacia 1980 junto con Jean Michel Faure, en aquel tiempo director del seminario de La Reja.

Consolidándose la situación en el tiempo, y por interposición de otros factores, tal el caso de la reunión ecuménica de Asís de 1986, Lefebvre, ya octogenario, avizora que se le acaba el tiempo para nombrar un sucesor en el episcopado que garantice la prosecución de su obra de sostén de la Tradición. Tras una serie de reuniones con autoridades romanas, durante cuyo transcurso se le aseguró que el papa Juan Pablo II no se oponía, en principio, a darle un sucesor, se bosquejó un proyecto de acuerdo. Pero tan pronto como estampó su firma en el documento, el entonces cardenal Ratzinger le envió un subalterno para solicitar de él una carta pidiendo perdón al papa por lo que había hecho.

Tras su negativa a hacerlo, en el entendimiento que no se ha de pedir perdón por «hacer lo que debe hacerse», se desdice del acuerdo y poco después, remitiéndose a aquella seguridad que se le había dado de que el papa no se oponía a darle un sucesor, decide consagrar 4 obispos escogidos de entre miembros de su congregación: los padres Alfonso de Galarreta (hispano-argentino), Bernard Fellay (suizo), Richard Williamson (inglés, converso del anglicanismo) y Bernard Tissier de Mallerais (francés).

Los puntos centrales de la controversia entre Lefebvre y la Santa Sede son esencialmente cuatro: La protestantización del nuevo ritual de la Misa, el ecumenismo, la libertad religiosa y la colegialidad.

Lefebvre fue excomulgado pública y formalmente por el papa Juan Pablo II, el cual en su Carta Apostólica «Ecclesia Dei», escrita el 2 de julio de 1988 en forma de motu proprio, decía:

«3. Ese acto ha sido en sí mismo una desobediencia al Romano Pontífice en materia gravísima y de capital importancia para la unidad de la Iglesia, como es la ordenación de obispos, por medio de la cual se mantiene sacramentalmente la sucesión apostólica. Por ello, esa desobediencia —que lleva consigo un verdadero rechazo del Primado romano— constituye un acto cismático. Al realizar ese acto, a pesar del monitum público que le hizo el cardenal Prefecto de la Congregación para los Obispos el pasado día 17 de junio, el reverendísimo mons. Lefebvre y los sacerdotes Bernard Fellay, Bernard Tissier de Mallerais, Richard Williamson y Alfonso de Galarreta, han incurrido en la grave pena de excomunión prevista por la disciplina eclesiástica».[8]

La posición oficial de la Iglesia católica en lo referente a la situación canónica de la Fraternidad San Pío X, recogida en las declaraciones del cardenal Darío Castrillón Hoyos, prefecto de la Sagrada Congregación para el Clero y presidente de la Comisión Pontificia Ecclesia Dei, en entrevista a la revista 30 Giorni,[9]​ es que «no se trata de un cisma formal». De igual manera, en entrevista concedida al canal 5 de Italia el 13 de noviembre de 2005 indicaba:

No se puede decir en términos correctos, exactos y precisos, que existe un cisma. Hay una actitud cismática en el hecho de consagrar obispos sin mandato pontificio. Ellos están dentro de la Iglesia. Existe únicamente el hecho de que una total, más perfecta comunión está faltando —como quedó afirmado durante la reunión con el Obispo Fellay— una comunión más plena, porque la comunión existe.[10]

El hecho de que no exista cisma formal no significa que las excomuniones no sean válidas, sino que no existe la intención de separarse de Roma, intención que es necesaria para que se declare un verdadero cisma. La posición de la Fraternidad San Pío X ha sido siempre de obediencia y sujeción al Romano Pontífice en todo lo que es magisterio infalible, aunque resisten las orientaciones pastorales que se han realizado después del Concilio Vaticano II, cosa que por sí misma no constituye negación de ningún dogma de fe. El problema entre la Santa Sede y la Fraternidad San Pío X es, por tanto, de materia disciplinar, no dogmática. Con todo, las excomuniones a los cuatro obispos ordenados por Lefebvre siguieron en pie hasta el 24 de enero de 2009, cuando el papa Benedicto XVI levantó la excomunión a los cuatro obispos. Benedicto XVI, según un comunicado de la Santa Sede, decidió levantar la excomunión a los cuatro obispos tradicionalistas «tras un proceso de diálogo» y después de que el pasado 15 de diciembre el obispo Bernard Fellay SPX, en su calidad de superior general de la congregación, enviase una carta a la Santa Sede, en nombre propio y de los otros tres prelados, en la que le expresaba el deseo de permanecer fieles a la Iglesia romana y al papa.[11]

Marcel Lefebvre falleció el 25 de marzo de 1991, durante la Semana Santa. Sus restos se hallan inhumados en el Seminario de Écône, bajo la leyenda que él mismo deseaba fuese escrita sobre su tumba: Tradidi quod et accepi («he transmitido lo que recibí»).

Su obra y escritosEditar

En opinión de Monseñor Lefebvre, hay tres posturas que se abren paso dentro del catolicismo a través del Concilio Vaticano II y que hasta ese momento no solo contradecían la doctrina uniformemente profesada por la Iglesia católica, sino que incluso estaban condenadas:

  • El ecumenismo: todos los credos —incluso los no cristianos, animistas o paganos— son iguales y agradan al único Dios, principio base de la Reunión de Asís 1986 y sus secuelas.
  • El conciliarismo: La Iglesia no es ya una monarquía, sino una democracia donde la voluntad de la mayoría gobierna a través de un estado de «concilio permanente».
  • La libertad religiosa: La Iglesia abandona su bimilenaria vocación misionera y desalienta en sus miembros la labor proselitista, por lo que se recomienda a los potenciales conversos a permanecer en su fe.

El 21 de noviembre de 1974 hace una declaración[Nota 1]​ que puede considerarse por católicos o modernistas como el manifiesto que guio a la hermandad.[cita requerida]

Una contradicción insalvableEditar

La negación de la validez del Concilio Vaticano II, es en sí misma –e irremediablemente– anti-tradicional, ya que contradice la fe en que los concilios de la Iglesia están guiados por el Espíritu Santo. Sostener que el Vaticano II es contrario a la Tradición de la Iglesia, que no es católico, implica que el Espíritu Santo no tomó parte en él, y ya de paso, que el papa Juan XXIII cometió un error al impulsarlo, y Pablo VI al llevarlo a cabo. Quiere decir, ni más ni menos, que Dios abandonó a la Iglesia al arbitrio humano, lo cual, al fin y al cabo, supondría que Dios falta a sus promesas, que Dios no es Dios. Manda la tradición de la Iglesia Católica Romana y Apostólica, creer que la Iglesia es esposa de Cristo, militante en la tierra, purgante en el purgatorio, triunfante en el cielo, y que nunca jamás puede Cristo abandonarla. De ahí la infalibilidad papal, y la creencia en que los concilios no están abandonados al arbitrio de la deliberación humana, sino que Dios mismo los inspira[12]​. Negárselo al Concilio Vaticano II, implica que esto no siempre es así, y si no siempre lo es, no tuvo porqué serlo nunca, ya que es una cuestión de fe. La posición de Lefebvre, al mismo tiempo que pretende preservar la tradición católica en su pureza, la pone en manos del hombre, perdiendo la confianza en el plan que Dios tiene para su Iglesia.

Así pues, si Lefebvre tiene razón, con el Concilio Vaticano II la Iglesia se ha negado a sí misma, hecho que compromete gravemente la tradición entera, ya que otros concilios ecuménicos pudieron estar sujetos al error humano, de modo que la formulación de los dogmas pudo ser errónea. Sabemos que la cristología tradicional es verdadera y falso el arrianismo, porque la autoridad de los primeros concilios reside en el Espíritu Santo, no porque San Atanasio fuese más inteligente que Arrio, aunque pudo serlo. Si se le niega al Concilio Vaticano II esta autoridad de Dios, que se expresa por medio del Concilio, no hay nada que nos impida dudar de cualquier concilio ecuménico de la Iglesia, ya que con ello se supone que no siempre Dios los asiste.

El Papa Juan Pablo II, en su Carta Apostólica «Ecclesia Dei», expresaba en estos términos la errónea noción de Tradición sostenida por Mons. Lefebvre:

«4. La raíz de este acto cismático se puede individuar en una imperfecta y contradictoria noción de Tradición: imperfecta porque no tiene suficientemente en cuenta el carácter vivo de la Tradición, que —como enseña claramente el Concilio Vaticano II— arranca originariamente de los Apóstoles, "va progresando en la Iglesia bajo la asistencia del Espíritu Santo; es decir, crece con la comprensión de las cosas y de las palabras transmitidas, cuando los fieles las contemplan y estudian repasándolas en su corazón, cuando comprenden internamente los misterios que viven, cuando las proclaman los obispos, sucesores de los Apóstoles en el carisma de la verdad" [5].

Pero es sobre todo contradictoria una noción de Tradición que se oponga al Magisterio universal de la Iglesia, el cual corresponde al Obispo de Roma y al Colegio de los Obispos. Nadie puede permanecer fiel a la Tradición si rompe los lazos y vínculos con aquél a quien el mismo Cristo, en la persona del Apóstol Pedro, confió el ministerio de la unidad en su Iglesia [6].

[5] Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución dogmática Dei Verbum, 8. Cf. Concilio Ecuménico Vaticano I, Constitución Dei Filius, cap. 4: DS 3.020.

[6] Cf. Mt 16, 18; Lc 10, 16; Concilio Ecuménico Vaticano I, Constitución Pastor æternus, cap. 3: DS 3.060».

Papa Juan Pablo II, Carta Apostólica «Ecclesia Dei»[13]​, 2 de julio de 1988.

La única manera de salvaguardar la fe católica, es decir, la tradición, es no negarla. La tradición sostiene que jamás se ha formado según el capricho humano, sino que todo concilio ecuménico se ha realizado con ayuda del Espíritu Santo, y que es totalmente absurdo sostener que el Espíritu Santo asista con su ayuda a la destrucción de la tradición que Él mismo ha querido para los hombres, desde antes de todos los tiempos, para que pudieran formar parte de la Iglesia triunfante. Es decir, que la tradición no puede sostenerse si afirmamos, o que Dios se contradice torciendo a propósito un concilio, o que lo abandona al error humano. Así pues, si se quiere salvar la Tradición Católica, Romana y Apostólica, hay que afirmar que el Concilio Vaticano II no contradice en nada la fe tal como la ha transmitido la Iglesia desde que Cristo la instituyó. Cualquier lectura que interprete este concilio en clave de ruptura, sea para aplaudir la ruptura o para rechazarla, contradice los principios de la fe católica, tal como afirmó el entonces cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe:

«En primer lugar, es imposible para un católico tomar postura “a favor” del Concilio Vaticano II y “en contra” del Concilio de Trento y el Vaticano I. Quien acepta el Vaticano II, tal como el mismo se ha expresado y entendido claramente, afirma al mismo tiempo toda la tradición ininterrumpida de la Iglesia Católica, y en particular los dos concilios anteriores. Esto se aplica al llamado “progresismo”, al menos en sus formas extremas. En segundo lugar, de la misma manera, es imposible colocarse “a favor” del Concilio de Trento y del Vaticano I y “contra” el Vaticano II. Todo aquel que niega el Concilio Vaticano II niega la autoridad que sostiene a los otros dos concilios y, de esa forma, los separa de su fundamento. Esto se aplica a lo que se denomina “tradicionalismo”, también en sus formas extremas. En este tema, cualquier opción parcial destruye la totalidad, la historia misma de la Iglesia, que sólo puede existir como unidad indivisible».[14]

NotasEditar

  1. Puede leerse un extracto aquí

ReferenciasEditar

  1. Congregación para los Obispos (1 de julio de 1988). «Decreto de excomunión». En James Akin. The Nazareth Resource Library (en inglés). Consultado el 14 de marzo de 2013. 
  2. Arias, Juan (3 de julio de 1988). «El Vaticano anuncia oficialmente la excomunión de Marcel Lefebvre». El País. Consultado el 14 de marzo de 2013. 
  3. «TÍTULO III - DE LA USURPACIÓN DE FUNCIONES ECLESIÁSTICAS Y DE LOS DELITOS EN EL EJERCICIO DE LAS MISMAS (Cann. 1378 – 1389)». Código de Derecho Canónico. La Santa Sede. Consultado el 14 de marzo de 2013. «El Obispo que confiere a alguien la consagración episcopal sin mandato pontificio, así como el que recibe de él la consagración, incurre en excomunión latae sententiae reservada a la Sede Apostólica.» 
  4. Hermandad San Pío X, ed. (marzo-abril de 2001). «Las grandes etapas de una vida totalmente consagrada a Dios». Tradición católica (165): 9. 
  5. Lefebvre, Marcel; traductor:J.Mª Mestre (diciembre de 2001). La pequeña historia de mi larga historia. Vida de Monseñor Lefebvre contada por él mismo. Morón (Argentina): Fundación San Pío X. pp. 82-83. ISBN 750-99434-4-4 |isbn= incorrecto (ayuda). 
  6. Emisora sobre la cadena francesa A2, el 29 août 1976
  7. Georges Virabeau, Prélats et francs-maçons, Publications Henry Coston, 1978, p. 16
  8. Carta apostólica en forma de Motu proprio Ecclesia Dei, 2 de julio de 1988. Puede consultarse aquí: http://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/motu_proprio/documents/hf_jp-ii_motu-proprio_02071988_ecclesia-dei.html
  9. Card. Darío Castrillón Hoyos. «Volver a acercarse por etapas sin prisa, pero sin pausa». Consultado el 13 de abril de 2008. 
  10. Card. Darío Castrillón Hoyos. «They are within the Church». Archivado desde el original el 12 de febrero de 2006. Consultado el 13 de abril de 2008. 
  11. [1]
  12. «El episcopado en pleno es infalible cuando, reunido en concilio universal o disperso por el orbe de la tierra, enseña y propone una verdad de fe o costumbres para que todos los fieles la sostengan...». (Ludwig Ott, Manual de teología dogmática, Ed. Herder, Barcelona 1966, p. 451).
  13. Puede consultarse aquí: http://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/motu_proprio/documents/hf_jp-ii_motu-proprio_02071988_ecclesia-dei.html
  14. Card. Ratzinger, Vittorio Messori, Informe sobre la Fe.

BibliografíaEditar

Obra y sermonarioEditar

  • LEFEBVRE, Marcel; traducción: Alberto Luis Bixio (mayo de 1987). Carta abierta a los católicos perplejos (2ª edición). Buenos Aires: EMECÉ editores. ISBN 950-04-0511-3. 
  • LEFEBVRE, Marcel; José Miguel Gambra, Clara San Miguel, Irene Gambra (1980). Madrid: Vassallo de Mumbert, ed. Mons. Lefebvre Vida y pensamiento de un obispo católico. ISBN 84-7335-036-7. 

En francésEditar

  • GAUCHER, Roland (1976). Monseigneur Lefebvre: combat pour l'Église. París: Éditions Albatros. 
  • CONGAR, Yves (1977). La Crise dans l'Église et Mgr Lefebvre. París: Éditions du Cerf. ISBN 2-204-01115-0. 
  • GOUDET, Jacques (1978). Le Cas Mgr Lefebvre. Lyon: Éditions l'Hermès. ISBN 2-85934-026-2. 
  • HOUANG, François (1978). Les Realités de Vatican II et les désirs de Monseigneur Lefebvre. París: Fayard. ISBN 2-213-00578-8. 
  • MARZIAC, Jean-Jacques (1979). Monseigneur Lefebvre I: Soleil levant ou couchant: Mystères joyeux. París: Nouvelles Éditions latines. ISBN 2-7233-0085-4. 
  • MARCHAL, Denis (1988). Mgr Lefebvre: vingt ans de combat pour le sacerdoce et la foi 1967-1987. París: Nouvelles Éditions latines. 
  • MARZIAC, Jean-Jacques (1989). Moneigneur Lefebvre II: Des Évêques français contre Monseigneur Lefebvre: mystères doloureux. Broût-Vernet: Fideliter. ISBN 2-903122-44-X. 
  • BRIGNEAU, François (1991). Pour saluer Mgr Lefebvre. París: Publications F.B. 
  • HÉDUY, Philippe (1991). Monseigneur Lefebvre et la Fraternité. París: Fideliter. ISBN 2-903122-46-6. 
  • TISSIER DE MALLERAIS, Bernard (2002). Marcel Lefebvre: une vie. Étampes: Éditions Clovis. ISBN 2-912642-82-5. 

En castellanoEditar

  • LEFEBVRE, Mn. MARCEL; traducción: José Mª Mestre (diciembre de 2001). La pequeña historia de mi larga historia - Vida de Monseñor Lefebvre contada por él mismo. Buenos Aires: Ed. Fundación San Pío X. ISBN 750-99434-4-4. 
  • Bernard Tissier de Mallerais, Marcel Lefebvre. La biografía. Colección Biografías 3. Editorial Actas 2012, San Sebastián de los Reyes (Madrid). Traducción del original francés. 895 páginas y varias decenas de fotos. ISBN 978-84-9739-123-8

Enlaces externosEditar


Predecesor:
Auguste Grimault C.S.Sp.
Vicario Apostólico de Dakar
Arzobispo de Dakar[1]
1947 - 1962
Sucesor:
Hyacinthe Thiandoum
Predecesor:
Aimable Chassaigne
Obispo de Tulle
1962
Sucesor:
Henri-Clément-Victor Donze
Predecesor:
Joseph Lécuyer
Superior general de la
Congregación del Espíritu Santo

1962 - 1968
Sucesor:
Alexandre Leroy
Predecesor:
fundador
Superior general de la Fraternidad San Pío X
1970 - 1983
Sucesor:
Franz Schmidberger
  1. Hasta 1955 era el Vicariato apostólico de Dakar