Deuterocanónicos

Detalle de una página de la Biblia del Oso (Basilea, Suiza, 1569), de Casiodoro de Reina, reformador protestante español del Siglo XVI, conteniendo el principio y los encabezados del Libro de Tobías, uno de los libros deuterocanónicos.

Los deuterocanónicos son textos y pasajes del Antiguo Testamento de las Biblias judeocristianas que no están incluidos en el Tanaj judío hebreo-arameo, pero que sí se incluyen en la Biblia Griega de los LXX, llamada Septuaginta —datada entre los años 280 y 30 a.C.—, el texto utilizado por las comunidades judías e israelitas de todo el mundo antiguo más allá de Judea, y luego por la iglesia cristiana primitiva, de habla y cultura griegas.[1][2]

Los deuterocanónicos del Antiguo Testamento son:

Por otra parte, también se denominan deuterocanónicos a algunos libros del Nuevo Testamento que no fueron admitidos en el canon desde el primer momento, sino después de haberse disipado algunas dudas. Ellos son:[3]

Índice

Etimología del vocabloEditar

Del griego δευτεροκανονικός (déuteros : “segundo”, “posterior”; y kanonikós: “perteneciente a una regla o canon”, “canónico”). Nombre dado a ciertos libros, o adiciones de libros que, a lo largo de la historia, no han sido considerados por todos como inspirados. Actualmente son rechazados por judíos y por la mayoría de los protestantes, pero incluidos y aceptados por la Iglesia Católica y por la Iglesia Ortodoxa.

Los términos protocanónicos y deuterocanónicos no aparecieron nunca antes de mediados del Siglo XVI. Fueron acuñados en el año de 1556[4]​ por Sixto de Siena (1520–1569),[3]​ teólogo católico de origen judío, para referirse, respectivamente, a los textos propios del llamado Canon Palestinense del Tanaj judío –por considerarlo una “primera norma” o prescripción de textos del Antiguo Testamento—, y a los textos propios del llamado Canon Alejandrino de la Biblia Griega —por considerarlo una “segunda norma” o prescripción de textos del Antiguo Testamento—.[5]

La Enciclopedia Espasa define de esta manera este término:

"Nombre que se da a aquellos libros, o parte de libros de la Sagrada Escritura, que desde su origen no fueron considerados como inspirados por todos, y que hoy son rechazados del canon de la Sagrada Escritura por los judíos y protestantes. La Iglesia Católica, empero, los considera como verdadera y auténtica palabra de Dios."

Tomo 18, Pág. 721.

Entre los judíos del siglo IEditar

Filón de AlejandríaEditar

Filón (15 a.C.– 45 d.C.), contemporáneo de Jesús de Nazaret, que vivió precisamente en Alejandría, nunca cita ninguno de los libros deuterocanónicos en sus escritos.[6]

Flavio JosefoEditar

Flavio Josefo menciona (37-101 d.C.) que solo 22 libros eran considerados como canónicos:

“...porque no tenemos decenas de miles de libros discordantes y en conflicto, sino sólo veintidós (canon hebreo), conteniendo los registros de todos los tiempos, los cuales han sido justamente considerados como divinos. Y de estos, cinco son los libros de Moisés ... Luego, los Profetas que siguieron, compilaron la historia del período desde Moisés hasta el reino de Artajerjes sucesor de Jerjes, rey de Persia, en trece libros, [sobre] lo que se hizo en sus tiempos. Los restantes cuatro libros comprenden himnos a Dios e instrucciones prácticas para los hombres.”[7]

Flavio Josefo

JamniaEditar

Tras la caída de Jerusalén y su Templo en el 70, un grupo de rabinos fundó una escuela en Jamnia. Allí sucedieron varias discusiones sobre los libros del Tanaj.

"El resultado de sus debates [de Yohanan ben Zakkai y otros] fue que, pese a las objeciones, Proverbios, Eclesiastés, Cantares y Ester fueron reconocidos como canónicos; Eclesiástico no fue reconocido (Talmud de Babilonia Shabbat 30 b; Mishná Yadaim 3:5; Talmud de Babilonia Magillah 7 a; Talmud de Jeusalén Megillah 70 d). Los debates de Jamnia «no tienen que ver con la aceptación de ciertos escritos dentro del Canon, sino más bien con su derecho a permanecer allí» (A. Bentzen, Introduction to the Old Testament, i [Copenhagen, 1948], p. 31). Hubo alguna discusión previa en la escuela de Shammai acerca de Ezequiel, que ya hacía mucho estaba incluido entre los Profetas, pero cuando un rabino ingenioso mostró que realmente no contradecía a Moisés, como se había alegado, se allanaron las dudas (Talmud de Babilonia Shabbat 13 b)."

F.F. Bruce[8]

CanonicidadEditar

Siglos II y IIIEditar

El primer autor cristiano del cual tenemos referencia que habló del canon del Antiguo Testamento fue el obispo de Sardes, Melitón. En una carta, menciona los libros del canon hebreo a excepción de Ester.[9]

A mediados del III siglo, Orígenes afirmaba, citado por Eusebio de Cesárea:

"No se ha de ignorar que los libros testamentarios, tal como los han transmitido los hebreos, son veintidós, tantos como número de letras hay en entre ellos"

Entre los veintidós libros a los que se refiere Orígenes son citados como canónicos los deuterocanónicos Macabeos y la Epístola de Jeremías (el último capítulo del libro de Baruc), los veintidós libros citados por el son:

Génesis; Éxodo; Levítico; Números; Deuteronomio; Josué; Jueces y Ruth en un solo libro; Reyes I y II (1 Samuel y 2 Samuel) en uno; Reyes III y IV (1 Reyes y 2 Reyes) en uno; Crónicas (1 Crónicas y 2 Crónicas) en uno; Esdras I y II (Esdras-Nehemías) en uno; Salmos; Proverbios de Salomón; Eclesiastés; el Cantar de Cantares; Isaías; Jeremías con Lamentaciones y la epístola en uno; Daniel; Ezequiel; Job; Esther; y además Macabeos.[10]

Hay que reconocer, sin embargo, que en la práctica, Orígenes se negó a excluir totalmente los apócrifos, porque se los empleaba en la Iglesia, como él mismo lo explica en su Carta a Julio Africano.

En el Fragmento Muratoriano también conocido como Canon de Muratori podemos encontrar que el libro de la Sabiduría de Salomón era aceptado por la iglesia, aunque se desconoce si algún otro era aceptado debido a que al documento le falta una parte.

"...Pero la carta de Judas y las dos superscritas con el nombre de Juan han sido aceptadas por la Iglesia Católica, la Sabiduría también, escrita por los amigos de Salomón en su honor..."

Siglos IV y VEditar

Atanasio (367 d.C.) en una de sus cartas pascuales da una lista muy parecida a la de Orígenes y al canon hebreo, con la diferencia de que incluye Baruc y la Epístola de Jeremías, separa a Jueces y Rut, además de omitir a Ester.

"Pero para mayor exactitud debo ... añadir esto: hay otros libros fuera de éstos, que no están ciertamente incluidos en el canon, pero que han sido desde el tiempo de los padres dispuestos para ser leídos a aquellos que son convertidos recientes a nuestra comunión y desean ser instruidos en la palabra de la verdadera religión. Estos son la Sabiduría de Salomón, la Sabiduría de Sirá [Eclesiástico], Ester, Judit y Tobit ... Pero mientras los primeros están incluidos en el canon y estos últimos se leen [en la iglesia], no se ha de hacer mención a los libros apócrifos. Son la invención de herejes que escriben según su propia voluntad ..."

Cirilo de Jerusalén en su libro Catechetical Lectures cita como libros canónicos a "Jeremías, Baruc, Lamentaciones y la Epístola de Jeremías".[13][14]

Gregorio Nacianceno da una lista de libros canónicos en verso, en donde reconoce veintidós libros; omite Ester.[15]Anfiloquio sigue la línea de Gregorio, pero añade: "Junto con éstos, algunos incluyen Ester".

Epifanio (385 d.C.) menciona que "hay 27 libros dados por Dios a los judíos, pero se cuentan como 22, porque diez libros se duplican y se cuentan como cinco". Él escribió en su Panarion que los judíos tenían en sus libros a Baruc como canónico combinado con Jeremías y Lamentaciones en un solo libro, mientras decía Sabiduría de Sirach y la Sabiduría de Salomón eran libros de disputada canonicidad.[16][17]​ En otra parte añade como apéndice al Nuevo Testamento a la Sabiduría de Salomón y a la de Sirá.[18]

Agustín reconocía la importancia de las lenguas originales, no sabía hebreo, e instó en su correspondencia con Jerónimo a que éste realizase su nueva versión a partir de la Septuaginta. Da una lista del canon del Antiguo y Nuevo Testamentos en Sobre la Doctrina Cristiana 2 (8):13, en el cual incluye los deuterocanónicos:

Ahora, todo el canon de la Escritura en el cual decimos que este juicio debe ser ejercido, está contenido en los siguientes libros: - Cinco libros de Moisés, es decir, Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio; un libro de Josué hijo de Nun; uno de los Jueces; un breve libro llamado Ruth; a continuación, cuatro libros de Reyes (los dos libros de Samuel y los dos libros de Reyes), y dos de Crónicas, Job y Tobías, y Esther, y Judith, y los dos libros de Macabeos, y los dos de Ezra (Esdras -Nehemiah).. un libro de los Salmos de David; y tres libros de Salomón, es decir, Proverbios, Cantar de Cantares y Eclesiastés ... Dos libros más, uno llamado Sabiduría y el otro Eclesiástico ... Doce libros separados de los profetas que están conectados entre sí, y que nunca han sido separados, se cuentan como un solo libro; Los nombres de estos profetas son los siguientes: Oseas, Joel, Amos, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahúm, Habacuc, Sofonías, Hageo, Zacarías, Malaquías; Luego están los cuatro grandes profetas, Isaías, Jeremías, Daniel, Ezequiel.

Agustín admite que el libro de Macabeos es de la Iglesia pero no es contado como canónico por los judíos:

"Desde el tiempo de la restauración del templo entre los judíos no hubo ya reyes, sino príncipes, hasta Aristóbulo. El cálculo del tiempo de éstos no se encuentra en las Santas Escrituras llamadas canónicas, sino en otros escritos, entre los cuales están los libros de los Macabeos, que no tienen por canónicos los judíos, sino la Iglesia..."

Agustín[19]

Inocencio I en una carta al obispo de Tolosa, Exuperio, da en 405 una lista de libros del AT que incluye los deuterocanónicos.

"Qué libros realmente son recibidos en el canon, esta breve adición lo muestra. Estas son, por lo tanto, las cosas de las que deseo seas informado. Cinco libros de Moisés, es decir, Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio, y Josué hijo de Nun [libro de Joshua], y Jueces, y los cuatro libros de Reyes [Samuel I & II y Reyes I & II] junto con Rut, dieciséis libros de los Profetas, cinco libros de Salomón [Proverbios, Eclesiastés, Cantar de Cantares, Sabiduría de Salomón y Eclesiástico], y los salmos. También de los libros históricos, un libro de Job, uno de Tobías, uno de Esther, uno de Judit, dos de Macabeos, dos de Esdras [Esdras y Nehemías], dos de Crónicas.

Inocencio[20]

Rufino en su Comentario al Credo de los Apóstoles da luego del Concilio de Cartago del 397 una lista de libros del Antiguo Testamento que corresponde exactamente al canon hebreo:

"Pero debiera saberse que hay también otros libros que nuestros padres no llaman canónicos, sino eclesiásticos, es decir, Sabiduría, llamado Sabiduría de Salomón, y otra Sabiduría, llamada la Sabiduría del hijo de Sirá, el último de los cuales los latinos llaman por el título general de Eclesiástico...

A la misma clase pertenecen el libro de Tobit, y el libro de Judit, y los libros de los Macabeos... todos los cuales se han leído en las Iglesias, pero no se apela a ellos para la confirmación de la doctrina. Al resto de escritos les han llamado «apócrifos»;. Estos no han admitido que se lean en las Iglesias".

Rufino[21]

ConciliosEditar

El concilio de Laodicea (en 364 d.C.) declaró que Jeremías, Baruc, Lamentaciones y la Epístola de Jeremías son canónicas en un solo libro.[22]

En el concilio de Roma del año 382 bajo el papado de Dámaso I se define el canon completo de la Biblia, en el que se aceptan los 46 libros del Antiguo Testamento, incluyendo los libros deuterocanónicos, y los 27 de Nuevo Testamento. Desde el año 382 se formó el canon que la Iglesia católica utiliza actualmente, y que fue el único canon utilizado —tanto por católicos como protestantes— hasta ya avanzado el siglo XIX, cuando fueron suprimidos definitivamente los libros deuterocanónicos de las Biblias protestantes. La sección del concilio de Roma del año 382 en que se decreta el canon definitivo dice:

"Del canon de la sagrada Escritura (1) [Del mismo decreto y de las actas del mismo Concilio de Roma] D-84 Asimismo se dijo: Ahora hay que tratar de las Escrituras divinas, qué es lo que ha de recibir la universal Iglesia Católica y qué debe evitar. Empieza la relación del Antiguo Testamento: un libro del Génesis, un libro del Éxodo, un libro del Levítico, un libro de los Números, un libro del Deuteronomio, un libro de Jesús Navé [Josué], un libro de los Jueces, un libro de Rut, cuatro libros de los Reyes [Samuel I & II, Reyes I & II], dos libros de los Paralipómenos [Crónicas], un libro de ciento cincuenta Salmos, tres libros de Salomón: un libro de Proverbios, un libro de Eclesiastés, un libro del Cantar de los Cantares; igualmente un libro de la Sabiduría, un libro del Eclesiástico. Sigue la relación de los profetas: un libro de Isaías, un libro de Jeremías, con Cinoth, es decir, sus Lamentaciones, un libro de Ezequiel, un libro de Daniel, un libro de Oseas, un libro de Amós, un libro de Miqueas, un libro de Joel, un libro de Abdías, un libro de Jonás, un libro de Naún, un libro de Habacuc, un libro de Sofonías, un libro de Ageo, un libro de Zacarías, un libro de Malaquías. Sigue la relación de las historias: un libro de Job, un libro de Tobías, dos libros de Esdras, un libro de Ester, un libro de Judit, dos libros de los Macabeos. Sigue la relación de las Escrituras del Nuevo Testamento que recibe la santa Iglesia católica: un libro de los Evangelios según Mateo, un libro según Marcos, un libro según Lucas, un libro según Juan. Epístolas de Pablo Apóstol, en número de catorce: una a los Romanos, dos a los Corintios, una a los Efesios, dos a los Tesalonicenses, una a los Gálatas, una a los Filipenses, una a los Colosenses, dos a Timoteo, una a Tito, una a Filemón, una a los Hebreos. Asimismo un libro del Apocalipsis de Juan y un libro de Hechos de los Apóstoles. Asimismo las Epístolas canónicas, en número de siete: dos Epístolas de Pedro Apóstol, una Epístola de Santiago Apóstol, una Epístola de Juan Apóstol, dos Epístolas de otro Juan, presbítero, y una Epístola de Judas Zelotes Apóstol [v. 162](2). Acaba el canon del Nuevo Testamento."

Aníbal Ernesto Fosbery[23]

El Concilio de Hipona (393 d.C.) registra las Escrituras que se consideran canónicas; los libros del Antiguo Testamento son de la siguiente manera:

Génesis; Éxodo; Levítico; Números; Deuteronomio; Josué; Jueces; Rut; Reyes 4 libros [Samuel I & II, Reyes I & II] ; Crónicas 2 libros; Job; Salmos; los cinco libros de Salomón [Proverbios, Eclesiastés, Cantar de los Cantares, Sabiduría de Salomón y Eclesiástico; los doce libros de los profetas; Isaías; Jeremías; Ezequiel; Daniel; Tobías; Judit; Esther; Esdras 2 libros [Esras-Nehemías]; Macabeos 2 libros.

El Concilio de Cartago (419 AD) en su canon 24 confirmó el canon emitido en Hipona citando de la misma manera todos los libros deuterocanónicos como Escrituras canónicas.[24]

Influencia de JerónimoEditar

Jerónimo hizo una revisión de los Salmos y los Evangelios de la Vetus Latina por petición de Dámaso, obispo de Roma. Al morir el papa, Jerónimo hizo un peregrinaje a Belén en el 386. Comenzó con una nueva revisión del Salterio en latín conforme a la Septuaginta (LXX), pero luego decidió trabajar a partir del texto hebreo. En el 405 completo su traducción. En el prólogo escribió:

"Este prólogo a las Escrituras puede servir como un prefacio con yelmo [galeatus] para todos los libros que hemos vertido del hebreo al latín, para que podamos saber —mis lectores tanto como yo mismo— que cualquiera [libro] que esté más allá de estos debe ser reconocido entre los apócrifos. Por tanto, la Sabiduría de Salomón, como se la titula comúnmente, y el libro del Hijo de Sirá [Eclesiástico] y Judit y Tobías y el Pastor no están en el Canon."

Jerónimo[25]

"Como la Iglesia lee los libros de Judit y Tobit y Macabeos, pero no los recibe entre las Escrituras canónicas, así también lee Sabiduría y Eclesiástico para la edificación del pueblo, no como autoridad para la confirmación de la doctrina."

Jerónimo[25]

Sin embargo, Jerónimo escribe mas tarde en su Prólogo a Judit que el libro de Judit era considerado como Escritura por el Primer Concilio de Nicea.

Entre los hebreos, el Libro de Judith se encuentra entre los Hagiographa... Pero debido a que el Concilio de Nicea encontró que este libro ha sido contado entre el número de las Sagradas Escrituras, he aceptado tu pedido.[26]

En su respuesta a Rufino, Jerónimo afirmó que el era consecuente con la elección de la iglesia con respecto a la versión de las porciones deuterocanónicas de Daniel que los judíos de su tiempo no incluían:

¿Qué pecado he cometido al seguir el juicio de las iglesias? Pero cuando repito lo que los judíos dicen contra la historia de Susana y el Himno de los Tres Jóvenes, y los cuentos de Bel y el Dragón, que no están contenidas en la Biblia hebrea, el hombre que me acusa se prueba a sí mismo ser un tonto y un calumniador; porque yo no expliqué lo que pensaba sino lo que comúnmente ellos dicen en nuestra contra.(Against Rufinus, II:33 [402 d.C.])[27]

Así, Jerónimo reconoció el principio por el cual el canon se establecería: por el juicio de la Iglesia (al menos las iglesias locales en este caso) en lugar de su propio juicio o el juicio de los judíos; aunque referente a la traducción de Daniel al griego, se preguntó por qué se debería usar la versión de un traductor al que consideraba hereje y judaizante (Teodoción).[27]

Numerosos autores de este tiempo apoyaron la opinión de Jerónimo y el canon hebreo, tales como Beda, Alcuino, Nicéforo de Constantinopla, Rabano Mauro, Agobardo de Lyon, Pedro Mauricio, Hugo y Ricardo de San Víctor, Pedro Comestor, Juan Belet, Juan de Salisbury, el anónimo autor de la Glossa Ordinaria, Juan de Columna, Nicolás de Lira, William Occam, Alfonso Tostado y el Cardenal Francisco Jiménez de Cisneros (editor de la famosa Políglota Complutense, el mayor monumento a la erudición bíblica católica del siglo XVI):

"En la Iglesia latina, a través de toda la Edad Media hallamos evidencia de vacilación acerca del carácter de los deuterocanónicos. Hay una corriente amistosa hacia ellos, otra distintamente desfavorable hacia su autoridad y sacralidad, mientras que oscilando entre ambas hay un número de escritores cuya veneración por estos libros es atemperada por cierta perplejidad acerca de su posición exacta, y entre ellos encontramos a Santo Tomás de Aquino. Se encuentran pocos que reconozcan inequívocamente su canonicidad. La actitud prevalente de los autores occidentales medievales es substancialmente la de los Padres griegos."[28]

George J. Reid

Siglos VI y VIIEditar

Los cánones apostólicos aprobados por el concilio de Concilio Quinisexto en 692 d.C. (concilio no reconocido por la Iglesia Católica) declara que son venerables y sagrados los primeros tres libros de Macabeos y Sirácides.[29]

Gregorio Magno escribió acerca de la distinción entre los libros canónicos y los deuterocanónicos:

"Con referencia a tal particular no estamos actuando irregularmente, si de los libros, aunque no canónicos, sin embargo otorgados para la edificación de la Iglesia, extraemos testimonio. Así, Eleazar en la batalla hirió y derribó al elefante, pero cayó debajo de la misma bestia que había matado"

Gregorio Magno[30]

Los obispos africanos Jumilius y Primasius siguen a Jerónimo; Anastasio de Antioquía y Leoncio, reconocen el canon hebreo.

Juan Damasceno, en su Exposición de la Fe Ortodoxa (4:18) defiende asimismo el canon hebreo, el cual explica con cierto detalle, y agrega:

"Está también el Panaretus, esto es la Sabiduría de Salomón, y la Sabiduría de Jesús, publicada en hebreo por el padre de Sirá y posteriormente traducido al griego por su nieto, Jesús hijo de Sirá. Estos son virtuosos y nobles, pero no son contados ni fueron depositados en el arca."

Juan Damasceno[31]

Siglos IX a XVIEditar

ConciliosEditar

El Concilio de Florencia en 1442 d.C. declaró como canónicos los libros de Judith, Esther, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc y dos libros de los Macabeos.

Cinco libros de Moisés, es decir Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio; Josué, Jueces, Rut, cuatro libros de Reyes (Reyes I & II, Samuel I & II) , dos de Paralipomenon (Crónicas), Esdras, Nehemías, Tobías, Judit, Ester, Job, Salmos de David, Proverbios, Eclesiastés, Cantar de los Cantares, Sabiduría, Eclesiástico, Isaías, Jeremías, Baruc, Ezequiel, Daniel; los doce profetas menores: Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahúm, Habacuc, Sofonías, Hageo, Zacarías, Malaquías; dos libros de los Macabeos.[32]

El Concilio de Trento en 1546 d.C. apoyó las decisiones sobre qué libros incluir en el canon que fueron determinados por concilios anteriores.[33]​ Si bien la mayoría en Trento apoyó esta decisión, hubo participantes en la minoría que no estuvieron de acuerdo con los libros aceptados en el canon. Entre la minoría estaban los cardenales Seripando y Cayetano, este último un opositor de Lutero en Augsburgo.[34][35]​ Los Padres en sesión en Trento confirmaron las declaraciones de los concilios anteriores que también incluían los libros deuterocanónicos, como el Concilio de Roma (382), el Concilio de Hipona (393), el Concilio de Cartago (397 y 419) y el Concilio de Florencia (1442) y proporcionó "el primer pronunciamiento infalible y efectivo que se promulgó del canon dirigido a la Iglesia universal".[36]

Los rollos del mar muertoEditar

Se han encontrado fragmentos de tres libros deuterocanónicos (Sirach, Tobit y Baruch) entre los Rollos del Mar Muerto encontrados en Qumrán.

Sirácides, cuyo texto hebreo ya se conocía de El Cairo Geniza, se ha encontrado en dos pergaminos (2QSir o 2Q18, 11QPs_a o 11Q5) en hebreo. Se ha encontrado otro rollo hebreo de Sirácides en Masada.[37]​ Cinco fragmentos del Libro de Tobías se han encontrado en Qumrán escritos en arameo y uno escrito en hebreo (papiros 4Q, n. 196-200).[37][38]​ La epístola de Jeremías (o capítulo 6 de Baruc) se ha encontrado en la cueva 7 (papiro 7Q2) en griego.[37]​ Los eruditos recientes[39]​ han teorizado que la biblioteca del Qumrán (de aproximadamente 1100 manuscritos encontrados en las once cuevas de Qumrán[40]​) no se produjo por completo en Qumrán, sino que pudo haber incluido parte de la biblioteca del Templo de Jerusalén, que pudieron haber sidos escondidos en las cuevas para su custodia en el momento en que el Templo fue destruido por los romanos en el año 70.

Situación actual en la cristiandadEditar

La canonicidad de los libros deuterocanónicos es distinta para los diversos grupos que tienen como sagrados a los textos hebreos. La comunidad judía y algunas de las organizaciones cristianas de origen protestante no aceptan los libros deuterocanónicos en su canon. La Iglesia Católica los consideran de segundo canon; o sea que no son tomados como parte del primer canon, sin embargo se les reconoce autoridad.

Las Iglesias ortodoxas no tienen un criterio uniforme sobre la canonicidad de los deuterocanónicos del Antiguo y del Nuevo Testamento, que son aceptados por unas y rechazados por otras.[41]

Adicionalmente, algunas iglesias orientales, incluyen en el canon de la Biblia, en adición a ellos, algunos otros textos, como el Salmo 151, la Oración de Manasés, 3 y 4 Esdras, y 3 y 4 Macabeos; los cuales aparecen en códices antiguos de la Septuaginta, así como de otros antiguos textos bíblicos; algunos de los cuales contenían, asimismo, el Libro de las Odas y el Libro de los Salmos de Salomón. En adición a ellos, la Iglesia copta también acepta el Libro de Enoc, el Libro de los Jubileos, y algunos otros más.

Los argumentos en contra y a favor de los deuterocanónicos como parte del canon son muchos, variados y complejos. El mayor argumento de sus opositores, y el único de fondo,[cita requerida] ha sido su omisión del canon del Tanaj judío palestinense, o tal vez su posible supresión en el mismo de un canon consensual aún más antiguo, como algunos autores proponen. Pero algunos autores sostienen que el canon del Tanaj representa posturas fariseas, y fue elaborado por judíos expresamente opositores al cristianismo (la escuela de Yabné o Yamnia), mientras que es posible encontrar referencias a algunos deuterocanónicos como textos sagrados en escritos judíos de distintas corrientes, y 300 de las 350 referencias al Antiguo Testamento que se hacen en el Nuevo Testamento son tomadas de la versión alejandrina. Por otra parte, se debate sobre la lengua de los textos originales de algunos de estos libros, es decir, el griego; aunque estas cuestiones no afectan a los textos escritos en hebreo de forma original, como el Eclesiástico[cita requerida].

Realidad históricaEditar

Desde una perspectiva estrictamente histórica, a través de la historia, los deuterocanónicos han estado presentes en las Biblias de todas las facciones cristianas anteriores a la reforma protestante del Siglo XVI. También están presentes en todas las versiones bíblicas protestantes anteriores al año de 1826, y también en al menos algunas ediciones posteriores de esas mismas Biblias.[42]​ Además de las Biblias cristianas ortodoxas y católicas, actualmente se siguen incluyendo en las Biblias luteranas, anabaptistas, anglicanas y episcopalianas.

Notas y referenciasEditar

  1. KELLY, John Norman Davidson; Early Christian Doctrines; Pág. 53; Continuum; Londres, Inglaterra, 1958; ISBN 0-8264-5252-3.
  2. El pueblo judío y sus escrituras sagradas en la Biblia cristiana, La extensión del canon de las Escrituras
  3. a b Rivas, Luis H. (2010). «Déutero-canónico». Diccionario para el estudio de la Biblia. Buenos Aires: Amico. pp. 57-58. ISBN 978-987-25195-1-3. «Sixto de Siena (1520-1569) dio el nombre de "deuterocanónicos (=canónicos en segundo lugar)" a los libros que no fueron recibidos en el canon desde el primer momento [...] En el Nuevo Testamento: las cartas a los hebreos, de Santiago, segunda de Pedro, segunda y tercera de Juan, de Judas y el Apocalipsis.» 
  4. A. Paul, p. 46; Bruce, p. 105.
  5. Díez Macho, Alejandro; Bartina, Sebastián (1966). Enciclopedia de la Biblia. Barcelona: Lion Publishing. ISBN 84-7151-351-X. 
  6. The Works of Philo- Complete and unabridged. Transl. C.D. Yonge; New Updated Version. Peabody: Hendrickson, 1993, pp. 913-918
  7. Flavio Josefo (edición de Vara Donado, José) (2002). Antigüedades de los judíos, 9:12. Madrid: Akal. ISBN 84-460-0782-7. 
  8. F.F. Bruce, Tradition Old and New. The Paternoster Press, 1970, p. 133
  9. Eusebio, Historia Eclesiástica IV, 26:12-14
  10. Eusebio,Historia Eclesiástica VI, 25: 1-2
  11. Canon de Muratori
  12. Nicene and Post-Nicene Fathers, 2nd Series, 4:551-552
  13. Nicene and Post-Nicene Fathers, 2nd Series, 7:27
  14. de Jerusalén, Cirilo. Catechetical Lecture 4, Capítulo 35. pp. http://www.newadvent.org. Consultado el 13 de octubre de 2017. 
  15. Himno 1.1.72.31
  16. Williams, translated by Frank (1987). The Panarion of Epiphanius of Salamis 8:6:1–3 (2. impression. edición). Leiden: E.J. Brill. ISBN 9004079262. Archivado desde el original el 6 September 2015. Consultado el 11 October 2016. 
  17. Sobre pesos y medidas, 23
  18. Panarion 76:5
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  20. Innocent I, Bible Research 
  21. Nicene and Post-Nicene Fathers, 2nd Series, 3:558
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  25. a b Vulgata de Jerónimo de Estridón
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  39. Lena Cansdale 1997, Qumran and the Essenes pp. 14 ff. cites Rengstorf 1963, Golb 1980, and several others, as well as detractors of this theory.
  40. Zukeran, Patrick (2011). Unless I See ... Is There Enough Evidence to Believe?. CrossBooks. ISBN 978-1462706204. Consultado el 11 March 2016. 
  41. Rivas, Luis H. (2010). «Déutero-canónico». Diccionario para el estudio de la Biblia. Buenos Aires: Amico. pp. 57-58. ISBN 978-987-25195-1-3. «Las Iglesias ortodoxas no tienen un criterio uniforme entre ellas. Los déutero-canónicos del Antiguo y del Nuevo Testamento son admitidos por unas y rechazados por otras.» 
  42. Usted puede tener acceso, por ejemplo, a los textos completos de la Biblia de Casiodoro de Reina, llamada Biblia del Oso (1569), en formato de archivo escanográfico, en el sitio de Clásicos Digitales de la Universidad Conimbricense. También puede tener acceso al grueso de los textos de la Biblia de Cipriano de Valera, llamada Biblia del Cántaro (1602), en formato de archivo PDF, en el sitio de Libros de Google.es. Los gruesos de los textos de al menos algunas de las numerosas Biblias protestantes inglesas con “Apocrypha” se encuentran disponibles para su descarga en los sitios de e-Sword, y de The Unbound Bible, de Biola University.

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Enlaces externosEditar