Máscara de Fernando VII

La Máscara de Fernando VII o máscaras fernandinas[1]​ es el nombre utilizado por algunos historiadores[2][3][4]​ para referirse a una estrategia que había sido utilizada por las Juntas de gobierno de los insurgentes novohispanos, independentistas venezolanos, colombianos, ecuatorianos y por los impulsores de la Revolución de Mayo en el Río de la Plata para contemporizar con el reinado -constitucional- de Fernando VII y evitar ahondar la reacción realista. Aunque la realidad de dicha "máscara" está actualmente en entredicho, hipotéticamente habría sido empleada para desligarse de la Monarquía constitucional española de las Cortes de Cádiz, con el rey ausente, y al mismo tiempo evitar los problemas de haber proclamado la independencia a través sus congresos constituyentes, instalados en forma abierta frente al monarca, ahora presente, restaurado en España y habiendo revocado la constitución de 1812. No obstante, las autoridades coloniales españolas de ambos periodos igualmente rechazaron militarmente estas insurrecciones, pero estas consiguieron resistir, desatando con ello la larga Guerra de Independencia Hispanoamericana.

FundamentosEditar

Para Fernando VII la constitución española de 1812 era una constitución republicana.[5]​ Toda forma de liberalismo iba completamente en contra del Antiguo Régimen. Y aunque todos defendiesen los derechos de Fernando VII al trono, la idea de que el monarca vea su soberanía entregada o compartida con la nación, ya sea en las Cortes de España, o también en las Juntas americanas, significaban un cambio radical en la forma del estado (lo mismo en América que en España). De esta manera las Juntas americanas y las Cortes españolas fueron revolucionarias desde su creación, porque solo reconocían a Fernando VII como rey liberal. Sin embargo la instalación de las Cortes de Cádiz, y su constitución, fue un punto de quiebre con las Juntas americanas en las diferencias sobre lo que eran la nación o el territorio, y la aparición de las primeras declaraciones de independencia.

Además, la restauración de Fernando VII en la península ibérica a través de un golpe de estado no significó la vuelta al Antiguo Régimen sino a una nueva forma de poder, el Absolutismo, más radicalizado hacía una tiranía personal. En consecuencia se borró y eliminó todo rastro de gobierno liberal español, se persiguió y exilió a los liberales españoles, mientras volvían los afrancesados, favorables al poder establecido. En América, por el contrario, la resistencia derivó en francas declaraciones de independencia a través de sus congreso constituyentes y la creación de nuevos estados completamente separados del Imperio español.

DescripciónEditar

La "máscara" se fundamentaría en que las Juntas americanas, deliberadamente, juran fidelidad al rey cautivo Fernando VII pero no reconocen la autoridad de los gobiernos de la península ibérica. Ni al reemplazante del francés José I Bonaparte, impuesto a España por las fuerzas de Napoleón Bonaparte, ni tampoco al de la España libre del Consejo de Regencia de España e Indias, que se atribuía la autoridad sobre todo el imperio. Sin embargo actualmente se sabe que hubo un proceso político de varias etapas que comienza con la formación de gobiernos americanos (autónomos o libres) frente a los gobiernos de la península, español y francés, y que se siguió de la formación de congresos constituyentes, y la independencia de los países hispanoamericanos, ya sea inmediatamente, frente a dichos gobiernos liberales (de la Regencia o de José Napoleón), o tras la restauración de Fernando VII como rey absolutista en España.

En los hechos, dado que Fernando VII se encontraba cautivo por Napoleón, y por ende impedido de reinar, jurar fidelidad al rey -liberal- y desconocer las autoridades coloniales leales a la Regencia española, equivalía en los hechos gobernar en libertad (pero todavía sin declarar una independencia). Cuando la suprema regencia se refugió en Cádiz, el último reducto español frente a Napoleón, en América los gobiernos insurgentes rechazaron la Constitución de Cádiz, se consideraba inverosímil la idea de que las fuerzas francesas pudieran ser derrotadas, y que El Deseado volviera al trono del Antiguo Régimen; sin embargo en diciembre de 1813 con la firma del Tratado de Valençay el trono queda restaurado. Los insurgentes novohispanos, los gobiernos de Venezuela y la Nueva Granada, y los gobiernos de las Provincias Unidas del Río de la Plata, proclaman la independencia. El 9 de julio de 1816 lo hizo el Congreso de Tucumán en la Declaración de independencia de la Argentina.

Río de la PlataEditar

AntecedentesEditar

Un antecedente de la estrategia empleada en la Revolución de Mayo fue el Silogismo de Chuquisaca, formulado por Bernardo de Monteagudo en la universidad de Chuquisaca a poco de conocerse la caída de Fernando VII, aunque con la Junta de Sevilla aún en el poder. Monteagudo planteó en el llamado "Silogismo de Chuquisaca":

¿Debe seguirse la suerte de España o resistir en América? Las Indias son un dominio personal del rey de España; el rey está impedido de reinar; luego las Indias deben gobernarse a sí mismas.

Dicha proclamación fue uno de los pasos previos a la realización de la Revolución de Chuquisaca y la Junta Tuitiva de La Paz. Aunque ambas fueron reprimidas, instalaron el principio de la soberanía popular que planteaba que en ausencia de las autoridades legítimas el pueblo tenía derecho a designar a sus propios gobernantes.

La Revolución de MayoEditar

El virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, nombrado por la Junta de Sevilla, fue destituido de su cargo poco después de saberse en Buenos Aires la caída de dicha Junta. Se consideraba que la autoridad del virrey ya no era legítima, lo cual desencadenó la Revolución de Mayo. El virrey fue reemplazado por la Primera Junta, la cual juró:

...desempeñar legalmente el cargo, conservar íntegra esta parte de América a nuestro Augusto Soberano el señor don Fernando Séptimo, y sus legítimos sucesores, y guardar puntualmente las Leyes del Reino.

Las motivaciones independentistas de mayo no se hicieron explícitas por presión de Gran Bretaña. A los británicos les era favorable que las colonias españolas se emanciparan, ya que así podrían comerciar libremente con ellas, pero al mismo tiempo no deseaban que España intentara reconquistar sus colonias. Ambos países eran aliados en Europa en las guerras napoleónicas contra Francia, y Gran Bretaña no deseaba que España distrajera su atención militar destinando fuerzas a otros frentes de combate. Dicha presión fue ejercida por Lord Strangford, embajador de Inglaterra en la corte de Río de Janeiro, que manifestó su apoyo a la Junta pero lo condicionó "...siempre que la conducta de esa Capital sea consecuente y se conserve a nombre del Sr. Dn. Fernando VII y de sus legítimos sucesores".[6]

ReferenciasEditar

  1. Ullate Fabo, José Antonio (2009). Españoles que no pudieron serlo: la verdadera historia de la independencia de América. Madrid: Libroslibres. ISBN 9788492654185. 
  2. Lemoine, E. (1974). La revolución de independencia, 1808-1821. La república federal mexicana. Gestación y nacimiento, México, departamento del Distrito Federal, 4.
  3. Landavazo Arias, Marco Antonio. La máscara de Fernando VII: Discurso e imaginario monárquicos en una época de crisis: Nueva España, 1808-1822. El Colegio de Michoacán AC, 2001.
  4. Guerrero, José David Cortés. "La lealtad al monarca español en el discurso político religioso en el Nuevo Reino de Granada." Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura 37.1 (2010): 43-83.
  5. La Parra, Emilio (2018). Fernando VII un rey deseado y detestado. Tusquets. 
  6. José María Rosa (octubre de 1968). «Historia del Revisionismo». Historia del Revisionismo y otros ensayos. Merlín. Archivado desde el original el 16 de febrero de 2009. Consultado el 6 de marzo de 2009. 

Véase tambiénEditar