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Partido Carlista (1971)

(Redirigido desde «Partido Carlista (1970)»)

El Partido Carlista es un partido político español que afirma ser continuador directo de la organización histórica del carlismo. Tiene su origen en el cambio ideológico promovido por un sector de la Comunión Tradicionalista a partir de 1968, coincidiendo con la expulsión de España de la familia Borbón-Parma.[4]

Partido Carlista
Partido Carlista logo.svg
Secretario/a general Jesús María Aragón
Fundación 1970[1][2]
Ideología Socialismo autogestionario, federalismo plurinacional
Posición Izquierda
Sede C/Pozoblanco, 15-1º (Pamplona)
País España
Publicación El Federal
Sitio web www.partidocarlista.com
1 Fue legalizado en 1977.
Formó parte de Izquierda Unida (IU) en 1986 hasta su expulsión de la misma en 1987.[3]

Aunque tuvo cierta notoriedad en la Transición, desde 1979 desempeña un papel testimonial en la política española.[5]​ Está situado en la izquierda alternativa, reivindicando el socialismo autogestionario como proyecto de sociedad y el federalismo plurinacional como modelo de Estado. En cuanto a la institución de la jefatura de Estado, se declara accidentalista con total respeto a la voluntad popular. A pesar de que en la Transición pidió votar Sí la Constitución española de 1978, actualmente rechaza el régimen constitucional y plantea la necesidad de una ruptura democrática a través de un proceso constituyente desde la movilización social y la pluralidad nacional.[cita requerida]

El secretario general federal es, desde noviembre de 2009, el navarro Jesús María Aragón. Su órgano oficial de expresión a nivel español es la revista El Federal, que empezó a publicarse en 1999 como sustitución del histórico boletín I.M.-Información Mensual. Organiza anualmente, a principios del mes de mayo, los «Actos de Montejurra», en la localidad navarra de Estella. Sus órganos de decisión son el Congreso Federal y el Consejo Federal. En el País Vasco y Navarra emplea el nombre de Partido Carlista de Euskalherria y en Cataluña el de Partit Carlí de Catalunya.[cita requerida]

Índice

HistoriaEditar

Precedentes históricos y debate historiográficoEditar

A inicios de la década de 1970, de acuerdo con la tendencia prevaleciente en la izquierda española renaciente de los años 70, el Partido Carlista liderado por Carlos Hugo de Borbón-Parma, abandonó el tradicionalismo y se definió como «autogestionario», propugnando una fuerte dosis de autogobierno a nivel provincial, local y comunitario que entroncaba, según sus promotores, con el «foralismo y comunitarismo carlista del siglo XIX».[6]​ Para avalar ideológicamente el cambio y presentar el carlismo como una alternativa de revolución social y de transformación democrática, opuesto a la visión conservadora tradicional, se llevó a cabo una reinterpretación histórica del carlismo, defendida principalmente por el periodista José Carlos Clemente, en la que también colaboraron otros militantes del partido como Evaristo Olcina, Fernando García Villarrubia y María Teresa de Borbón Parma.[7]​ Según esta reinterpretación, el carlismo habría sido «un movimiento eminentemente popular y anticapitalista contrario al oligárquico y centralista Estado liberal».[8]

Los defensores de esta tesis destacan que durante las Guerras Carlistas dentro de las masas populares que apoyaban el carlismo se habrían desarrollando precedentes populistas en torno a reivindicaciones regionalistas (como la restauración de los Fueros en la medieval Corona de Aragón en la Tercera Guerra o su conservación en el País Vasco y Navarra) o sociales (como la supresión de las quintas y los consumos, o la oposición a la desamortización de las tierras comunales y a la abolición de los gremios corporativos) que en 1974 el historiador marxista Eric Hobsbawm señaló como muestras de «populismo antioligárquico» o «comunitarismo antiestatal».[9]

Por su parte, el historiador Pierre Vilar ha escrito que el fenómeno carlista no era púramente dinástico, ya que había tenido precedentes en el reinado de Fernando VII, y habría sido: «un rechazo del capitalismo liberal e individualista, en nombre de las tradiciones comunitarias, morales y religiosas, especie de "populismo" político reaccionario, pero innegablemente popular como fenómeno de sociedad».[10]​ Sin embargo, la defensa del orden y la propiedad privada, además de la oposición a la libertad de cultos, fueron algunas de las principales reivindicaciones carlistas a partir del Sexenio Revolucionario, oponiéndose los dirigentes carlistas al incipiente socialismo, que consideraban una amenaza.[11]

Se ha afirmado asimismo que a principios del siglo XX y especialmente durante la etapa jaimista, se habrían producido en el carlismo tendencias socializantes expresadas en lo obrerista en la articulación de un sindicalismo de clase de inspiración social-católica,[12][13]​ y en lo federal, en una política de alianzas con los nacionalismo vasco y catalán en demanda de la autonomía, como la coaliciones Solidaridad Catalana, en 1906, y Alianza Foral, en 1921.[14]​ No obstante, no solo durante la Guerra Civil, sino ya en los inicios del nacionalismo vasco, carlistas y nacionalistas vascos habían sido enemigos declarados, siendo frecuentes los enfrentamientos violentos entre ambos;[15]​ mientras que los Sindicatos Libres de orígenes carlistas fundados en Barcelona en 1919 defendían los valores tradicionales de «familia, nación y religión», y se caracterizaron por su oposición al marxismo y sus acciones de pistolerismo contra la CNT, actuando en diversas ocasiones en defensa de los patronos y ayudando en 1923 a instaurar el Directorio militar de Primo de Rivera.[16]

Para negar el carácter reaccionario que se había achacado tradicionalmente al carlismo, el citado José Carlos Clemente, militante e ideólogo del Partido Carlista en la década de 1970, desarrolló una teoría de diferenciación entre Carlismo y Tradicionalismo,[17]​ defendiendo en numerosas de sus obras sobre la historia del carlismo que «el sector foralista y anticentralista» eran «los auténticos carlistas» que durante la Segunda República serían «relegados al ostracismo por los integristas y tradicionalistas»,[18][19][20][21]​ siendo desplazados los planteamientos federalistas a un segundo plano en favor de una política centrada fundamentalmente en la defensa de la Iglesia católica como reacción al anticlericalismo.[22]​ Suele exponerse como caso paradigmático de las tendencias democráticas y catalanistas en el seno del carlismo que, tras la proclamación de la Segunda República y a consecuencia del escaso apoyo de la Comunión Tradicionalista al Estatuto de autonomía de Cataluña de 1932, algunos antiguos jaimistas de Cataluña se desvincularon del carlismo y pasaron a defender la democracia cristiana, participando en la creación de la Unió Democrática de Catalunya.[23]

Ya en 1939, el periodista, empresario y diplomático carlista Román Oyarzun había escrito un compendio titulado Historia del Carlismo en el que afirmaba que era necesario reescribir la memoria de este movimiento, para así corregir la «falsa historia» escrita por los liberales, «salvo autores serios como Antonio Pirala y Buenaventura de Córdoba».[24]​ Este libro fue criticado por algunos periodistas carlistas, entre otras cosas, por la importancia que daba a las escisiones cabrerista, nocedalista y mellista, y los defectos que imputaba al integrismo, en un momento en el que las tres ramas del Tradicionalismo se habían reunificado.[25]​ De ello se mostró orgulloso el autor, manifestando que «A los integristas y afines, mi obra no les agrada. Es un motivo de orgullo para mí. Quien dice la verdad es lógico que se sienta orgulloso».[26]​ En su obra, Oyarzun destacaba asimismo el histórico carácter federalista del carlismo.[27]

Estos planteamientos de Oyarzun serían posteriormente extremados por Clemente. Según este último, a partir de los años 1940, después de la reconstrucción clandestina de la Comunión Tradicionalista al margen de la legalidad del partido único FET de las JONS,[28]​ las temáticas de carácter social y federal habrían empezado a recobrar protagonismo en algunos sectores legitimistas enemigos intransigentes de cualquier negociación o aproximación tanto a Juan de Borbón como a Franco.[29]​ Sin embargo, en el sector carlista opuesto al primer franquismo destacaron antiguos integristas como Fal Conde, Senante, Zamanillo, García Verde u Ortiz y Estrada, entre otros,[30]​ al tiempo que el grupo cruzadista, enfrentado desde 1932 a los antiguos integristas, había simpatizado con el nacional-sindicalismo desde el principio y optó por colaborar con el régimen, siendo conocido como carlooctavismo.[31]

Por su parte, Manuel Martorell ha destacado que los javieristas llegaron a denunciar la ausencia de libertades en 1950, cuando unos 275 universitarios de la Agrupación Escolar Tradicionalista escribieron al ministro de Educación que «ahogar [la opinión] de los ciudadanos, reducirla al silencio forzoso, es a los ojos de todo cristiano un atentado al derecho natural del hombre».[32]

Al quedar de manifiesto el cambio ideológico, en 1976 el profesor Manuel Tuñón de Lara declaró en una entrevista que la evolución seguida por el Partido Carlista era «un fenómeno de gran interés, aunque sin duda alguna es explicable», destacando que el carlismo había tenido siempre un enorme arraigo popular y el notable proceso de industrialización en las zonas donde estaba extendido, particularmente en Navarra.[33]

En su reinterpretación propagandística del carlismo, Josep Carles Clemente divulgó durante décadas una cita falsa de Karl Marx en la que supuestamente el ideólogo comunista alemán habría elogiado el carlismo, afirmando que no era «un puro movimiento dinástico y regresivo», sino «un movimiento libre y popular en defensa de tradiciones mucho más liberales y regionalistas que el absorbente liberalismo oficial».[nota 1]​ María Teresa de Borbón Parma, Fermín Pérez-Nievas y otros militantes del Partido Carlista también aludieron a ella a partir de la década de 1970 a fin de justificar el cambio ideológico de los seguidores de Carlos Hugo. En 2001 Miguel Izu demostró la falsedad de dicha cita, que mezcla partes de un texto real de Friederich Engels publicado en 1849 en la Nueva Gaceta Renana,[nota 2]​ con las opiniones sobre el mismo del tradicionalista Jesús Evaristo Casariego, que fue quien lo tradujo al español en 1961[34]​ y adjudicó erróneamente su autoría a Marx.[35]​ En cambio, en los artículos periodísticos de Karl Marx constan alusiones a los carlistas como «ladrones facciosos»,[36]​ una referencia despectiva a Don Carlos como «el quijote de los autos de fe»[37]​ y una alusión a los partidarios europeos de Don Carlos como «cretinos».[38]

Diversos autores han rechazado que los planteamientos del Partido Carlista moderno tengan precedentes en el carlismo histórico. Por ejemplo, Ricardo de la Cierva definió al Partido Carlista moderno como «un extraño híbrido de resabios carlistas y socialismo autogestionario», debido al asesoramiento del príncipe Carlos Hugo, según de la Cierva, de «consejeros estrambóticos» como José Carlos Clemente, a quien define como «carlista de origen, yugoslavo de fascinación y luego partidario comprensivo de la Masonería».[39]​ Autores de orientación tradicionalista, como Pablo Sagarra y Juan Ramón de Andrés, han negado igualmente precedentes en el carlismo histórico, afirmado que el nuevo Partido Carlista se inspiró en el socialismo del dirigente yugoslavo Tito y adoptó, a partir del Congreso del Pueblo Carlista de 1971, «una ideología contraria a los principios tradicionalistas», señalando la influencia de las hermanas de Carlos Hugo, María Teresa y Cecilia, conocidas como las princesas rojas. Según estos autores, lo que Carlos Hugo y sus sucesores pensaron que era una reforma y aclaración del carlismo, fue «una descomposición doctrinal» y el «abandono de sus esencias tradicionalistas».[40]​ Por su parte, el profesor Miguel Ayuso ha calificado de «escandalosa» y «mendaz» la biografía de Javier de Borbón-Parma escrita por Clemente y Joaquín Cubero en 1997 titulada Don Javier, una vida al servicio de la libertad, criticada también por Manuel de Santa Cruz, ya que la obra sugiere que el regente y posterior rey de los carlistas se habría enfrentado al franquismo a partir del Decreto de Unificación desde unos postulados izquierdistas que, según Ayuso, eran inexistentes en el carlismo en esa época.[41]

Aparición del progresismo en la Comunión TradicionalistaEditar

A partir de la década de 1960 las organizaciones sectoriales de la Comunión Tradicionalista en los ámbitos universitario y laboral, la Agrupación de Estudiantes Tradicionalistas (AET) y el Movimiento Obrero Tradicionalista (MOT), se implicaron en diversos movimientos unitarios de oposición al régimen franquista, como las Comisiones Obreras, e iniciaron un debate sobre la necesidad de modernizar en profundidad el viejo movimiento. Se trataba fundamentalmente de jóvenes que no habían vivido la Guerra Civil Española pero que crecieron en familias carlistas profundamente decepcionadas ante el rumbo del régimen nacido en aquella contienda bélica. El Concilio Vaticano II, desarrollado entre los años 1962 y 1965, influiría enormemente en la progresiva articulación de corrientes abiertamente progresistas en la Comunión Tradicionalista. Fue especialmente importante el impacto de la Declaración conciliar Dignitatis humanae, del 7 de diciembre de 1965, a favor de la libertad religiosa, que hasta entonces el carlismo había rechazado. El 7 de febrero de 1965 se celebró en Zaragoza un Congreso de la AET, coincidiendo en fecha y lugar con una Asamblea del MOT. En esta reunión conjunta, la AET y el MOT no se limitaron a tratar cuestiones exclusivamente sindicales o estudiantiles, sino que fue debatida la urgencia de realizar profundos cambios en el movimiento carlista.[cita requerida]

Se empezaba a gestar así un giro hacia la izquierda que se vio refrendado por el ascenso de José María de Zavala a la secretaria general del carlismo javierista en 1966. Ese mismo año el procurador en Cortes José Ángel Zubiaur exigía la anulación del Decreto de Derogación del Concierto Económico de Vizcaya y Guipúzcoa durante los actos de Montejurra,[42]​ mientras en un sector de la juventud carlista de las Provincias Vascongadas y Navarra se producía un acercamiento a las posiciones del nacionalismo vasco. En este proceso sería especialmente determinante la actividad de la secretaría del príncipe Carlos Hugo, que promovió el cambio ideológico en sentido progresista, ante la perplejidad de muchos carlistas veteranos, que enviaron numerosas cartas a Don Javier para que la Comunión Tradicionalista mantuviese sus principios.[43]

Sin embargo, los secretarios de Carlos Hugo, que de acuerdo con Ricardo de la Cierva crearían el mito de Carlos Hugo como príncipe socialista,[44]​ afirmarían desvincularse del carlismo en un manifiesto firmado en mayo de 1967, ya que, según La Cierva, Carlos Hugo había vuelto al integrismo.[44]​ El manifiesto, que acusaba al jefe delegado José María Valiente y al mismo Don Javier de no aceptar la libertad religiosa, identificarse estrechamente con los elementos antidemocráticos, no comprender los problemas de la Universidad española y censurar el pensamiento posconciliar, iba firmado por Ramón Massó, último jefe de la secretaría técnica del príncipe Carlos Hugo; Víctor Perea, último delegado nacional de los estudiantes carlistas; José Antonio Parrilla, exsecretario particular de Carlos Hugo y ex jefe de prensa de la Comunión Tradicionalista; Fernando Truyols, último secretario nacional de los estudiantes carlistas; Pedro Olazábal, exmiembro de la secretaría técnica y ex delegado de asuntos económicos; y Luis Olazábal, exmiembro de la secretaría técnica y exvicepresidente de los estudiantes carlistas de Madrid.[45]

Aun así, el sector progresista finalmente no abandonaría el partido y con ocasión del acto de Montejurra de 1968, el MOT y la AET publicaron un manifiesto en el que realizaban el siguiente balance de los treinta años de la dictadura franquista: «La Justicia Social pisoteada; Una Paz llena de injusticias, dictatorial, eterna y opresora; Treinta años de sindicalismo antidemocrático; El centralismo repugnante que engendra el separatismo; La explotación partidista de una guerra que acabó hace muchos años; La perpetuación de unas castas privilegiadas; Una Universidad acallada con porras; Una Prensa dirigida que oculta la verdad o la tergiversa; Una jerarquía eclesiástica que se aparta del Concilio para seguir al Gobierno que la nombró; Un Futuro que se quiere decidir a espaldas del auténtico Pueblo y en contra de la Juventud; Un Estado que se dice Católico y Social, y en cambio es opresor, hipócrita y capitalista».[46]

Un sector juvenil marginal del carlismo progresista se radicalizó y articuló los Grupos de Acción Carlista (GAC).[47]​ Entre los años 1969 y 1970 la mayor parte de las secciones de la AET y la totalidad de las del MOT pasaron a denominarse Comités Estudiantiles Carlistas y Comités Obreros Carlistas.[48]

FundaciónEditar

Entre los años 1970 y 1972, en los llamados Congresos del Pueblo Carlista celebrados en Arbonne (Francia), la dirección de la Comunión Tradicionalista, dominada por la camarilla del príncipe Carlos Hugo de Borbón Parma desde 1966, propuso una serie de cambios ideológicos. Según el historiador Francisco Javier Caspistegui, las decisiones estaban tomadas con antelación y los congresos sirvieron para arrogarse una supuesta participación activa de las bases, del «pueblo carlista».[49]​ Durante estas asambleas fue abandonada la denominación de «Comunión Tradicionalista», uno de los nombres que había tenido el carlismo desde su establecimiento como partido político en 1869,[50]​ y cambiada por la de «Partido Carlista», que consideraban que había sido la denominación primigenia del movimiento.[51]​ El refundado Partido Carlista, desechando el ideario tradicionalista, se definió como democrático, socialista y federal desde posiciones claramente izquierdistas, en medio de una profunda división entre la militancia entre tradicionalistas y partidarios del cambio, que culminaría con la expulsión del que hasta entonces había sido jefe delegado de la Comunión Tradicionalista, José María Valiente.[52]

En este proceso fue fundamental la participación, en estrecha colaboración con Carlos Hugo, del secretario general del partido, José María de Zavala, y del periodista Josep Carles Clemente, encargado la dirección ideológica,[17]​ que desarrolló entonces su teoría de diferenciación entre Carlismo y Tradicionalismo.[53]​ Esta línea ideológica significó la culminación de un proceso de renovación iniciado en la década de 1960 por los sectores estudiantiles AET y obreros MOT del carlismo, en el cual fue especialmente fuerte la influencia del catolicismo progresista y del Concilio Vaticano II. Los detractores de estos Congresos afirmaron que se estaba rompiendo con la tradición política del carlismo, mientras que sus defensores afirmaban que se trataba de una necesaria actualización de acuerdo con los profundos cambios estructurales de la sociedad española, que en muy poco tiempo había experimentado un alto grado de desarrollo industrial y urbano. Se ha afirmado que el cambio ideológico fue uno de los factores que produjo el retraimiento progresivo de la base popular carlista, que ya no sabía a qué atenerse,[54]​ descendiendo el número de participantes en la concentración anual de Montejurra de casi 100 000 en la década de 1960 a unos 5000 a inicios de los 70.[55]

Los días 17, 18 y 19 de julio de 1970 fue celebrado cerca de Vera de Bidasoa un Congreso de la Juventud Carlista por parte de las posiciones más radicales. Se constituyeron entonces unas llamadas «Fuerzas Activas Revolucionarias Carlistas» con el fin de presionar hacia la izquierda los ritmos evolutivos del aparato central del Partido Carlista, que consideraban muy lentos.[56]​ El 23 de agosto de 1970, cinco miembros cercanos a ETA de los Grupos de Acción Carlista, grupo marginal partidario de la nueva línea del Partido Carlista, hicieron estallar una bomba en la imprenta del periódico El Pensamiento Navarro, que en 1970 se había desvinculado del nuevo partido por su cambio ideológico.[57]

El 27 de julio de 1971 fue reestructurada la Junta Suprema del Carlismo (máximo organismo directivo), cesando en sus cargos Juan J. Palomino y Ricardo Guiz de Gauna. En su nueva composición estaba conformada por el equipo de la Secretaría General, los representantes de las juntas regionales e Ignacio Romero Osborne, por la Hermandad Nacional de Antiguos Combatientes de los Tercios de Requetés.[58]​ El mismo año Carlos Hugo y Zavala decidieron presentar candidaturas carlistas a las elecciones a procuradores en las Cortes fanquistas por el tercio familiar, con la intención de aprovechar el periodo electoral para hacer propaganda del partido.[59]​ De los candidatos promovidos, fueron elegidos como procuradores Manuel Escudero Rueda y Gabriel Zubiaga Imaz, por Guipúzcoa; Juan Botanch Dausa, por Gerona; y Fidel Carazo Hernández, por Soria.

En febrero de 1972 Javier de Borbón-Parma, tras sufrir un grave accidente de tráfico, transfirió la dirección del partido a su hijo Carlos Hugo de Borbón-Parma. Ante los ataques que recibía la nueva línea ideológica y política del Partido Carlista desde diferentes posiciones, en 1973 apareció una carta firmada por Javier de Borbón-Parma en el boletín I.M., en la cual se señalaba que:

Por una parte se encontraban incrustados dentro del partido en sus puntos rectores, los que nos inmovilizaban por su integrismo; y por otra parte, los que intentaban llevarnos a la colaboración con el régimen dictatorial para que fuésemos utilizados como base de su maniobra. Ambos intentaban por intereses propios, sean de orden ideológico o sean de ambición personalista impedir una dinámica popular queriendo sustituirla por corrientes contrarias al ser del Carlismo. Hoy estos hombres frustrados en sus ambiciones e intereses, militan en fuerzas o grupos que siempre combatieron al Carlismo (...) No son carlistas aquellos que desde fuera o desde dentro esgrimen posiciones de poder y de prestigio personalista empleando para su defensa grandilocuentes términos marcados de un falso espiritualismo, patriotismo o carlismo.[60]

Los sectores tradicionalistas negaron que este y otros manifiestos fuesen atribuibles al rey, y en 1973 los carlistas valencianos del Círculo Aparisi y Guijarro manifestaron en su boletín que esos conceptos disonaban del clásico estilo, vocabulario y pensamiento de Don Javier, y que la nueva dirección del partido se estaba aprovechando de la lealtad de los carlistas hacia su viejo rey «para colar en las conciencias patrones ideológicos prefabricados».[61]​ Por su parte, Rodón Guinjoán afirma en su tesis doctoral que en la década de 1970 Don Javier se encontraba ya muy debilitado física y mentalmente, razón por la que, según Rodón, su primogénito y sus hijas María Teresa, Cecilia y Nieves «lo manejaban y lo instrumentalizaban con mucha facilidad», haciéndole firmar documentos de cuyo contenido no se enteraba.[62]

Por su disconformidad con los planteamientos izquierdistas, diversos grupos se apartarían durante estos años del Partido Carlista. Algunos de ellos conectarían en 1975 con el hermano menor de Carlos Hugo, Sixto de Borbón, que trató de liderar un partido político alternativo desde posiciones tradicionalistas. Para ese fin fue recuperada la denominación de «Comunión Tradicionalista» que el Partido Carlista había abandonado en 1971.

El Partido Carlista durante la TransiciónEditar

En 1971 Partido Carlista entra en la recién fundada Asamblea de Cataluña, que reúne a toda la oposición democrática catalana. En marzo, Cecilia de Borbón-Parma es expulsada del territorio español.[63]​ En abril es celebrado el II Congreso del Pueblo Carlista. El día 8 de mayo la Policía cierra en Madrid los locales del Círculo Cultural Vázquez de Mella y de la Hermandad Nacional de Antiguos Combatientes de los Tercios de Requetés, que utilizaba el Partido Carlista.[64]​ El día 14 de mayo es anunciada la suspensión gubernamental de la revista Montejurra, de Pamplona.[65]​ A partir de entonces la única publicación legal de la que dispondrá el Partido Carlista será la revista Esfuerzo Común, de Zaragoza. En 1972 son juzgados cincos militantes de los Grupos de Acción Carlista en un Consejo de Guerra en Santander. En junio se desarrolla el III Congreso del Pueblo Carlista.[cita requerida]

En 1973 en el acto del Quintillo, que organiza el Partido Carlista de Andalucía, su Junta Regional publica una Declaración denunciando el subdesarrollo de su territorio.[66]​ En el acto de Montejurra el Partido Carlista propone a las diversas fuerzas opositoras la conformación de un «Frente Democrático Revolucionario».[67]​ Por entonces surgen las «Mesas Democráticas», promovidas por militantes comunistas, cristianos de base y carlistas.[68]

El 15 de septiembre de 1974 el Partido Carlista se incorporó a la Junta Democrática de España, plataforma unitaria de diversas fuerzas antifranquistas que se había constituido unos meses antes en París. Sin embargo por discrepancias con el PCE en relación a la cuestión nacional anuncia su marcha el 4 de febrero de 1975, ya que «no puede aceptar la configuración que se le viene dando a dicha Junta, de carácter centralista».[69]​ Poco después, el 11 de junio participa en la creación de la Plataforma de Convergencia Democrática junto con el PSOE y el PNV. En marzo de 1976 estas dos plataformas se fusionaron en la Coordinación Democrática, más conocida popularmente como la «Platajunta».

El 20 de abril de 1975 Javier de Borbón-Parma abdicaría sus derechos dinásticos en favor de su hijo Carlos Hugo de Borbón-Parma. El 10 de julio de 1975 Carlos Hugo, con motivo del centenario de la jura de los Fueros por Carlos VII en Guernica, en una rueda de presa presenta ante periodistas españoles y extranjeros un estudio sobre el conflicto nacional vasco y la alternativa federal del Partido Carlista.[70]

En 1976 a pesar de las promesas de apertura del Gobierno de Suárez, a Carlos Hugo se le prohíbe en Barajas su entrada en el territorio español. En cambio, su hermano Sixto Enrique de Borbón (hasta entonces apartado de la política española) pudo viajar por España en agosto de 1975 para contactar con los sectores de la refundada Comunión Tradicionalista, con el objetivo de reconquistar Montejurra para el tradicionalismo y destruir al nuevo Partido Carlista socialista. Esta campaña fue promovida por periódicos tradicionalistas o afines como El Alcázar, El Pensamiento Navarro, Brújula, Iglesia-Mundo, ¿Qué pasa?, de la que también se hizo eco la prensa del Movimiento.[71]​ y desembocaría en los sucesos de Montejurra de 1976, que se saldaron con la muerte de dos simpatizantes del Partido Carlista.

En febrero de 1977 el Partido Carlista participó en la creación de Euskal Erakunde Herritarra. En la primavera el Gobierno prohibió la celebración de los actos de Montejurra, que finalmente fueron celebrados en el castillo de Javier.

Con motivo de las primeras elecciones en junio de 1977, el Partido Carlista no pudo presentarse con sus siglas por no estar legalizado. Sin embargo, se presentó por Navarra bajo la plataforma electoral «Montejurra (Fueros-Autonomía-Socialismo-Autogestión)» y, a pesar de la intensa campaña electoral, no logró ningún diputado,[72]​ obteniendo solo 8 451 votos en Navarra (3,57 %),[73][74]​ mientras que Alianza Foral Navarra —partido formado por carlistas tradicionalistas que acabaría integrándose en AP y UPN— logró 21 900 (8,47 %), quedándose también sin representación en el Congreso.[73][74]

Finalmente el 10 de julio el Partido Carlista fue legalizado con ese nombre. Los días 30-31 de octubre y el 1 de noviembre se celebra en Madrid el IV Congreso del Partido Carlista, siendo reelegido José María Zavala como secretario general. Dentro de su equipo, Carlos Carnicero se encarga de la secretaría de organización, mientras que María Teresa de Borbón Parma lleva la de relaciones internacionales.

Defendió el "Sí" en el referéndum de la Constitución de 1978. En las elecciones generales de marzo de 1979 el Partido Carlista obtuvo 50 552 votos (0,28 %) y quedó sin representación parlamentaria. Los mejores resultados los obtuvo en Navarra con 19 522 votos (7,72 %). Debido al fracaso electoral, varios de sus principales dirigentes dimitieron de sus cargos como fue el caso de José María de Zavala, su secretario general, o de Carlos Carnicero. El partido entraría en crisis por la marcha de una parte importante de su militancia hacia partidos nacionalistas y de izquierda. En abril de ese año obtuvo 12 165 votos (4,79 %) en las elecciones al Parlamento de Navarra de 1979, obteniendo un escaño que fue ocupado Mariano Zufía pero que no volvería a revalidar en posteriores comicios. Meses más tarde con motivo de un nuevo Congreso Federal Mariano Zufía asumiría la secretaría general del PC. En noviembre de 1979 Carlos Hugo renunció a la presidencia y en abril de 1980 se dio de baja en el partido, trasladándose a Estados Unidos.[75]

Historia recienteEditar

 
Sede del Partido Carlista de Euskalherria en Estella.

Tras las elecciones al Parlamento de Navarra de 1983 y la pérdida del único parlamentario foral logrado en 1979, Zufia abandonó el cargo de secretario general, asumiendo el liderazgo del partido en Navarra José Angel Pérez-Nievas, cargo que ocupó hasta 2002.[cita requerida]

El 5 de mayo de 1983 fue celebrado en Madrid el VI Congreso del Partido Carlista y se elige a Enrique Cordero como secretario general.[cita requerida]

En 1986 el Partido Carlista participó en las movilizaciones contra la permanencia del Estado español en la OTAN. Ese mismo año fue una de las fuerzas que dieron origen a Izquierda Unida (IU),[76]​ aunque fue expulsado de la coalición pocos meses después.[3]

En febrero de 1987 se celebra en Pamplona el VII Congreso Federal del Partido Carlista, en el que es elegido Juan Francisco Martín de Aguilera nuevo secretario general federal. Un sector planteó la autodisolución, pero fue rechazado por el 75 % de los compromisarios. El partido se definió como «federalista y de izquierdas, que lucha por la implantación de las libertades reales y no formales».[77]

En 1991 el Partido Carlista posicionó contra la guerra del Golfo y participa en diversas manifestaciones pidiendo el final de la misma. En Tolosa se celebra el VIII Congreso Federal. En las elecciones generales de 1993 pidió el voto en blanco. En 1994 concurre a las elecciones al Parlamento Europeo con el lema: Europa sí, pero no así. En 1996 se celebra en Pamplona el IX Congreso Federal del Partido Carlista. También fue conmemorado el 20 aniversario de los asesinatos de Ricardo García y Aniano Jiménez en Montejurra. El Ayuntamiento de Estella en su pleno decidió dedicarles una calle en homenaje. En 1998 fue uno de los partidos y asociaciones firmantes del Pacto de Estella, y en 2005 se pronunció en contra de la Constitución Europea.[cita requerida]

En el año 2000 surgió una iniciativa editorial vinculada al partido, la llamada Biblioteca Popular Carlista, bajo cuyo sello se han publicado algunos libros.[cita requerida]

En el mes de noviembre del 2000 es elegido Evaristo Olcina Jiménez en el X Congreso del Partido Carlista, celebrado en Zaragoza, Secretario General Federal. Siendo ratificado en tal puesto de responsabilidad en el siguiente XI Congreso (2004) celebrado en Tolosa; en ninguno de los dos se presentó como candidato. En el XII Congreso (Berriozar, Pamplona) de 2008 se le pidió que al no haber candidatos se volviera a hacer cargo de la Secretaría, lo que aceptó por mera disciplina pero con la condición de que fuera por tan solo un año, que se cumpliría el 16 de noviembre de 2009. No obstante, en el Consejo Federal de Dirección celebrado en Madrid (24 de octubre de ese año) presentó la dimisión antes de cumplirse el plazo y al objeto de que se pudiera preparar la convocatoria destinada a la elección de nuevo Secretario General Federal.[cita requerida]

En el XII Congreso del Partido Carlista de noviembre de 2009, celebrado en Zaragoza, el actual secretario general Jesús María Aragón fue elegido en el cargo. El XIII Congreso del Partido Carlista fue celebrado en Estella (Navarra) en 2012, siendo reelegido Aragón como secretario general del partido. El XIV Congreso del Partido Carlista fue celebrado en Zaragoza a finales de 2016, se aprobó como modelo territorial el Confederalismo, global, comunal y autogestionario, volviendo a ser reelegido Jesús Aragón como secretario general federal del Partido Carlista.[cita requerida]

Resultados electoralesEditar

Elecciones generalesEditar

Fecha
Votos
%
Dipu-
tados
1977 No pudo presentarse al no estar aún legalizado
1979 50 552 0,28 -
1982 224 0,00 -
1986 Se presentó dentro de la coalición Izquierda Unida
1989 No presentó candidaturas
1993 No presentó candidaturas
1996 No presentó candidaturas
2000 2131 0,01 -
2004 1813 0,01 -
2008 2080
(en trece circunscripciones)
0,01 -

Elecciones municipalesEditar

Fecha
Votos total España
%
Concejales
1983 ? ? -
1987 727 0.00 -
1991 1218 0,01 -
1995 162 0,00 -
1999 ? ? -
2003 ? ? -
2007 ? ? -

Elecciones al Parlamento EuropeoEditar

Fecha
Votos total España
%
Diputados
1987 No presentó candidaturas
1989 8477 0,05 -
1994 4640 0,02 -
1999 No presentó candidaturas
2004 1600 0,01 -

Secretarios generales federales del Partido CarlistaEditar

Secretario General Federal Mandato
José María de Zavala 1965-1979
Mariano Zufía 1979-1983
Enrique Cordero 1983-1987
Juan Francisco Martín de Aguilera 1987-2000
Evaristo Olcina 2000-2009
Jesús María Aragón Desde 2009

Véase tambiénEditar

NotasEditar

  1. La cita completa erróneamente atribuida a Marx es la siguiente: «El Carlismo no es un puro movimiento dinástico y regresivo, como se empeñaron en decir y mentir los bien pagados historiadores liberales. Es un movimiento libre y popular en defensa de tradiciones mucho más liberales y regionalistas que el absorbente liberalismo oficial, plagiado por papanatas que copiaban a la Revolución Francesa. Los carlistas defendían las mejores tradiciones jurídicas españolas, las de los Fueros y las Cortes legítimas que pisotearan el absolutismo centralista del Estado liberal. Representaban la patria grande como suma de las patrias locales, con sus peculiaridades y tradiciones propias. No existe ningún país en Europa, que no cuente con restos de antiguas poblaciones y formas populares que han sido atropelladas por el devenir de la Historia. Estos sectores son los que representan la contrarrevolución frente a la revolución que imponen las minorías dueñas del poder. En Francia fueron los bretones y en España, de un modo mucho más voluminoso y nacional, los defensores de Don Carlos. El tradicionalismo carlista tenía unas bases auténticamente populares y nacionales de campesinos, pequeños hidalgos y clero, en tanto que el liberalismo estaba encarnado en el militarismo, el capitalismo (las nuevas clases de comerciantes y agiotistas), la aristocracia latifundista y los intelectuales secularizados que en la mayoría de los casos pensaban con cabeza francesa o traducían —embrollando— de Alemania
  2. En dicho artículo Engels alude escuetamente a los vascos seguidores de Don Carlos como «restos de una nación implacablemente pisoteada por la marcha de la historia», sin teorizar sobre la naturaleza del carlismo. La cita completa de Engels, traducida por Izu, es la siguiente: «No hay ningún país europeo que no posea en cualquier rincón una o varias ruinas de pueblos, residuos de una anterior población contenida y sojuzgada por la nación que más tarde se convirtió en portadora del desarrollo histórico. Esos restos de una nación implacablemente pisoteada por la marcha de la historia, como dice Hegel, esos desechos de pueblos, se convierten cada vez, y siguen siéndolo hasta su total exterminación o desnacionalización, en portadores fanáticos de la contrarrevolución, así como toda su existencia en general ya es una protesta contra una gran revolución histórica. Así pasó en Escocia con los gaélicos, soporte de los Estuardo desde 1640 hasta 1745. Así en Francia con los bretones, soporte de los Borbones desde 1792 hasta 1800. Así en España con los vascos, soporte de Don Carlos».

ReferenciasEditar

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BibliografíaEditar

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Enlaces externosEditar