Partido político

asociación de individuos unidos por objetivos comunes y que persiguen como meta alcanzar el control del gobierno para llevar a la práctica esos objetivos
Afiche italiano que muestra los distintos partidos políticos en una elección al Parlamento Europeo

Un partido político es una entidad de interés público con el fin de promover la participación de los ciudadanos en la vida democrática y contribuir a la integración de la representación nacional; los individuos que la conforman comparten intereses, visiones de la realidad, principios, valores, proyectos y objetivos comunes, parte de una forma u otra para alcanzar el control del gobierno o parte de él, así llevar a la práctica esos claros objetivos.[1]​ Es el encargado de presentar candidatos para ocupar los diferentes cargos políticos y para eso, moviliza el apoyo electoral. También contribuye a organizar y orientar la labor legislativa, y articula y agrega nuevos intereses y preferencias de los ciudadanos.[2]​ Es esencial para contribuir a estructurar el apoyo político a determinados programas, intereses socio-económicos y valores. También interpreta y defiende las preferencias de los ciudadanos, forma gobiernos, y establece acuerdos políticos en el ámbito legislativo.[3]

El concepto de partido político ha sido definido de diferentes maneras según el momento histórico y la específica realidad sociocultural. Stefano Bertolini lo define como “un grupo de individuos que participan en elecciones competitivas con el fin de hacer acceder a sus candidatos a los cargos públicos representativos”, y por su parte Ramón Cotarelo lo define como “toda asociación voluntaria perdurable en el tiempo dotada de un programa de gobierno de la sociedad en su conjunto, que canaliza determinados intereses, y que aspira a ejercer el poder político o a participar en él mediante su presentación reiterada en los procesos electorales”.

Índice

HistoriaEditar

 
The polling, cuadro de William Hogarth. Votación en el parlamento británico en 1754 disputada entre los Tories y los Whigs.

Diferentes facciones políticas que han luchado por el poder han existido desde siempre. Algunos ejemplos históricos que muestran un cierto protopartidismo serían los optimates y populares en el Senado Romano, los güelfos y gibelinos durante la Edad Media o los jacobinos y los girondinos en la Francia revolucionaria. Sin embargo, el moderno partido político como lo entendemos ahora surge en el siglo XIX en el Parlamento de Gran Bretaña con la organización estructural de los Tories y los Whigs en el Partido Conservador y Liberal respectivamente.[4]​ Así, en la mayoría de naciones empiezan a surgir en principio dos grupos principales; los conservadores que buscaban preservar los privilegios de los grupos de poder, especialmente de las monarquías y aristocracias, y los liberales representantes de la pujante burguesía, ávida de nuevos espacios políticos e influencia de la que carecía, pues buscaban equiparar su nueva influencia económica a su influencia política ausente por ser en gran medida plebeyos.[5]​ Estas pugnas se dieron mayormente en Europa donde las fuerzas conservadoras respaldaban la autoridad de la nobleza, el clero y especialmente la monarquía en lo que se conoce como el Antiguo Régimen frente a las fuerzas liberales burguesas.[6][7][8]​ En algunos casos esto llevó a los distintos levantamiento sociales que removieron Europa con las múltiples revoluciones burguesas, tales como la Revolución Inglesa, Francesa, la unificación de Italia y Alemania, y las guerras de independencia de Estados Unidos y Latinoamérica.[9]​ Pero en otros países las reformas políticas se lograron por medios más pacíficos evitando así el derramamiento de sangre al punto de que muchos de estos países conservan hasta la fecha sus monarquías, aunque como figuras decorativas.

Esta lucha fue exportada a América tras la independencia, en donde los enfrentamientos entre liberales y conservadores tomaron un distinto matiz. Sin monarquía o nobleza que proteger, aún así existía una aristocracia criolla que recelaba de los cambios sociales y en América Latina la existencia de la Iglesia católica que, aliada a los conservadores, buscó mantener sus privilegios. A esto se enfrentaron los liberales de ideas vanguardistas que promovieron la secularización del estado y combatieron los privilegios clericales. Con excepción de Costa Rica (dominada enteramente por los liberales y sin un partido conservador realmente organizado[10]​) en el resto de América Latina se sucedieron cruentas guerras entre liberales y conservadores por la mayor parte del siglo XIX y principios del XX.[11][12][13]

Sin embargo, si bien los liberales a menudo promovieron derechos a las clases obreras, ya sea indirectamente porque las reformas políticas que requerían para democratizar la sociedad implicaban ampliar los derechos políticos al proletariado, o en algunos casos directamente por asequir a una postura más socio-liberal,[14]​ en la práctica las clases trabajadoras no contaban con representantes políticos propios en un principio. El surgimiento de los primeros partidos socialistas en Europa a raíz de las pésimas condiciones de la Revolución industrial cambió esto. Estos grupos organizados de trabajadores formaron la primera Asociación Internacional de Trabajadores conocida como La Internacional o Primera Internacional, mostrando el carácter internacionalista de la misma. Partidos socialistas comenzaron a surgir en distintos países, a menudo con características propias de su contexto. La unidad pronto se rompería principalmente en tres grandes grupos; los marxistas que abogaban por un cambio revolucionario violento de la sociedad para establecer la dictadura del proletariado[15]​ y que veían la participación electoral como algo meramente estratégico, los reformistas o socialdemócratas que consideraban que las reformas socialistas eran posibles por medios pacíficos y democráticos manteniendo el sistema parlamentario y la democracia liberal,[16]​ y los anarquistas que buscaban el desmantelamiento del Estado y de toda forma de autoritarismo en el mediano plazo y no tenían interés en lo electoral. Esta ruptura generó una división dentro de la organización obrera, sin embargo en la mayoría de países occidentales los socialistas democráticos empezaron a tener grandes éxitos electorales convirtiéndose rápidamente en uno de los partidos principales e incluso obteniendo el poder, casi siempre superando a los liberales que quedaron rezagados a una tercera fuerza[nota 1]​ o incluso a menos como sucedió en países como Alemania, Reino Unido, Francia y Suecia.[17][18]​ Similarmente los comunistas además de una feroz persecución, no tendrían el mismo éxito electoral que los socialdemócratas en la mayoría de países occidentales, conforme distintos ciudadanos preferían opciones socialistas más moderadas. Aún así la existencia del «Partido Comunista» tuvo una función fundamental dentro de la teoría marxista y los movimientos de izquierda. Si bien la Revolución mexicana es a menudo reconocida como la primer[nota 2]​ revolución «social» propiamente dicha[19]​ (es decir, emanada de capas obreras o campesinas y no una revolución burguesa), es la Revolución rusa la primera que cambia realmente el panorama internacional con uno de los primeros gobiernos revolucionarios socialistas. En principio conformado por distintos grupos socialistas de variada ideología, pronto los marxistas-leninistas se imponen y nace la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas con el Partido Comunista de la Unión Soviética[20]​ como partido único.[21]​ El unipartidismo sería parte normal de los distintos regímenes absolutistas. También tendría una importante relevancia la existencia del partido entre los movimientos fascistas surgidos en Europa como el fascismo italiano, el nacionalsocialismo alemán y el salazarismo portugués.

Durante los años 30 Moscú, mediante la Internacional Comunista que controlaba a todos los partidos comunistas del mundo, promovió la creación de los «Frentes Populares» que buscaban la alianza entre los comunistas y otros partidos antifascistas por medio de coaliciones electorales. Si bien esta dinámica dependería también de las relaciones de momento que tuviera Rusia con la Alemania nazi. Tras el final de la Segunda Guerra Mundial y el desprestigio general del fascismo, los partidos de extrema derecha sufrieron una debacle que los excluyó del poder en la mayoría de países, sin dejar de existir. Sin embargo la principal confrontación ideológica durante la guerra fría fue entre el capitalismo y el comunismo.

Acá irían mostrándose ya dos características que acompañarían a menudo a los partidos políticos durante el siglo XX; la existencia de las «Internacionales», es decir, redes internacionales de partidos políticos así como distintos foros, congresos y asambleas tales como la Internacional Socialista, la Internacional Demócrata de Centro, la Internacional Liberal, la Internacional Comunista, etc., y la creación de coaliciones electorales para lograr acceder al poder sin dividir el voto entre electorados similares. Ambas preexistentes desde el siglo XIX pero que tomaron fuerza en el siglo XX.[22][23]

En América las luchas obreras llegaron más tardíamente que en Europa. Los movimientos políticos obreros se organizaron principalmente a principios del siglo XX, sin embargo con excepción de Estados Unidos, en la mayoría de países americanos los partidos socialdemócratas lograron posicionarse como una de las principales fuerzas políticas como sucedió en Europa. Otra influencia importante fue de la Democracia Cristiana surgida de la Doctrina social de la Iglesia[24][25]​ y que tanto en Europa como en América Latina representó a menudo una de las fuerzas políticas más relevantes de cada país. En muchos países de Latinoamérica y Europa se formó un bipartidismo entre socialdemócratas y demócrata cristianos similar al previamente existente entre conservadores y liberales; Colombia (PC y PL), Venezuela (COPEI y AD), Costa Rica (PLN y PUSC), Argentina (PJ y UCR). Los movimientos de izquierda radical también hicieron su aparición y la represión de los mismos aunado a sus grupos armados a menudo llevó a cruentas guerras civiles y conflictos bélicos con acciones cuestionables de ambos bandos. Aún así la dinámica de los partidos políticos en la mayor parte del mundo occidental se vio directamente influenciada por la Guerra Fría viéndose enfrentados entre los partidos que se posicionaban a favor de una u otra de las grandes superpotencias en conflicto. Esto también generó el nacimiento de movimientos políticos que se proclamaban a sí mismos como una alternativa entre capitalismo y comunismo, tales como la socialdemocracia, la democracia cristiana, el socialismo cristiano[26]​ y el eurocomunismo.[27]

Incluso en los Estados Unidos, aún con el no surgimiento nunca de un partido socialista de relevancia política, la posición más a la derecha o izquierda de los dos partidos principales Demócrata y Republicano ha variado considerablemente con el tiempo, aunque actualmente se define al Republicano como conservador y al Demócrata como socio-liberal. La existencia de estos dos grandes bloques políticos ha hecho que ambos sean tremendamente variopintos ideológicamente con grupos y facciones internas muy diversas (por ejemplo libertarios, conservadores tradicionales y fundamentalistas religiosos en el Republicano, así como liberales clásicos, liberales progresistas, socialdemócratas, ecologistas e incluso socialistas democráticos en el Demócrata) por cuanto muchos grupos de interés encuentran más fácil participar dentro de alguno de los dos partidos ya existentes que formar uno nuevo.[28][29]

Finalmente y tras la guerra fría, habiendo reducido las tensiones ideológicas, nuevos partidos políticos empiezan a surgir. Los movimientos ecológicos empiezan a buscar influir políticamente en especial ante la preocupación general hacia el medio ambiente que surge desde los años setentas y ochentas,[30]​ creando los Partidos Verdes. Movimientos ciudadanos de protesta, antisistema y libertarios empiezan a organizarse en fuerzas políticas novedosas y que a menudo no pueden clasificarse fácilmente en las ideologías clásicas como los Partidos Piratas,[31][32]​ los movimientos de indignados, animalistas y los propulsores de la democracia líquida[33][34][35]​ y la directa.[36][37]​ Esto al punto de que algunos teóricos han incluso propuesto la eliminación de los partidos políticos por obsoletos. En todo caso, en la mayor parte del mundo occidental la organización política ciudadana sigue pasando por la constitución de partidos políticos.

TiposEditar

Desde un enfoque institucional Maurice Duverger diferencia entre:

  • Partidos de creación interna (partidos de cuadros): nacen en el seno del Parlamento. En un principio se presentaron como facciones que se disputaban el poder, por ejemplo los Tories (conservadores) y los Whigs (liberales) en Inglaterra, especialmente durante el siglo XIX. Tenían una connotación negativa, se creía que actuaban en desmedro del bien común persiguiendo intereses egoístas. Pero con el tiempo se tornó evidente la imposibilidad de mantener una relación directa entre el pueblo y sus representantes. Para responder a las nuevas demandas sociales, se requiere una mayor organización, y entonces se pasa de un escenario de inorganicidad a otro crecientemente orgánico.
  • Partidos de creación externa (partidos de masas): surgen a partir de la lucha por la extensión de los derechos políticos entre fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Aparecen estrechamente vinculados con grupos que realizaban sus actividades fuera del Parlamento, como los sindicatos, entidades religiosas y periódicos. Por ejemplo, el Partido Laborista británico. Los partidos de masas resolvían los problemas de financiación que requiere el funcionamiento de un partido mediante el reclutamiento masivo de afiliados. Su organización solía ser una estructura piramidal jerárquica: la base estaba formada por los militantes y la cúspide por la élite dirigente del partido. A cambio de los recursos aportados por los militantes, las élites dirigentes se comprometían a defender los intereses de sus afiliados, razón por la que a diferencia de los partidos de cuadros presentaban una ideología muy claramente definida.

Estos dos modelos de partido quedaron obsoletos por la evolución que sufrieron las democracias durante el siglo XX. Otto Kirchheimer y otros autores propusieron nuevas formas de partidos cuya organización interna difería substancialmente de las dos anteriores:

  • Partidos multicompresivos ("Catch-all"): es una innovación introducida por Kircheimer. Durante la segunda mitad del siglo XX, el crecimiento económico y el desarrollo del estado del bienestar supusieron una mejora en las condiciones generales de la población, y difuminaron la distinción entre masas obreras y élites, surgiendo una clase social heterogénea de límites difusos, la clase media. Por esa razón progresivamente se hizo más difícil que partidos socialdemocrátas tradicionales, tuvieran un apoyo tan amplio como anteriormente. Eso hizo surgir organizaciones con estrategias interclasistas, cuyo mensaje político se dirigía a grupos más amplios. Al mismo tiempo, la aparición de medios de comunicación de masas favoreció que muchos partidos pasaran de una organización burocrática que movilizaba electorados a una estructura más flexible que recurría a los medios para la difusión de ideas. Estos partidos dejaron de ser partidos defensivos con una ideología compacta, para ser organizaciones con una estrategia ofensiva de captura masiva de votos vía mensajes en los medios de comunicación, lo cual sin duda influyó en una pérdida de carga ideológica.
  • Partidos "cártel": al dejar muchos partidos de tener un grupo social de referencia bien definido, renunciaron a la lealtad de recursos y a buen número de presupuestos ideológicos. Como alternativa de financiación, muchas estructuras partidarias pasaron a depender de recursos públicos. Esta fuente llevó a los partidos a funcionar como cárteles que impedían o trataban de impedir el acceso a dicho recurso por parte de competidores, razón por la que se los describe con el término "cartel" tomado de los economistas de la competencia imperfecta. En un sistema dominado por partidos de tipo "cártel", los partidos mayoritarios forman una clase política homogénea que impide la competencia de nuevas formaciones, lo cual maximiza su financiación y los beneficios para sus miembros. Estos partidos usan su posición hegemónica para reservarse la mayor parte de las ayudas públicas (sean subvenciones o prerrogativas de cualquier naturaleza, como ser espacios gratuitos en los multimedios de difusión), buscando excluir a partidos minoritarios. Este tipo de estructuras favorecen el bipartidismo, y tienden a reducir el número de partidos con representación parlamentaria.
Comparación entre los modelos de partido
Partido de cuadros Partido de masas Partido multicomprensivo Partido cártel
Período
hegemónico
Siglo XIX 1880-1960 1945- 1970-
Tipo de sufragio Sufragio censitario Sufragio extendido /
Sufragio universal
Sufragio universal Sufragio universal
Objetivos Distribuir privilegios Reformar/cambiar la sociedad
(alta carga ideológica)
Mejoras sociales
(sin cambios estructurales)
Política como profesión
(políticos gestores)
Dinámica de competición
electoral
Gestionada y controlada Movilización del
electorado
Lucha partidaria
por el electorado común
Coordinada entre
partidos dominantes
Tipo de militancia Escasa y elitista Masiva, homogénea
y activa
En declive, heterogénea
y más pasiva
Escasa, sin funciones
relevantes
Fuente de recursos Contactos personales
del candidato
Cuotas y contribuciones
de militantes
Contribuciones de
diversas fuentes
Subvenciones estatales
Teórico del modelo Maurice Duverger Maurice Duverger Otto Kirchheimer Richard Katz
Peter Mair

En cambio desde un enfoque sociológico o genérico adquieren relevancia ciertas divisiones sociales estructurales acaecidas durante el proceso de formación de los Estados nacionales y de la economía moderna. Se destacan dentro de esta corriente Seymour Lipset y Stein Rokkan, quienes desarrollan la teoría de los clivajes históricos. Se refieren a cuatro fisuras importantes:

  • Conflictos entre países centrales y periféricos: diversas poblaciones se resisten a las imposiciones lingüísticas, religiosas o políticas de las grandes potencias colonizadoras. Surgimiento de partidos regionales que reivindican la identidad cultural de ciertos grupos.
  • Problemas en la relación entre Iglesia y Estado: se disputan el control de la educación y el ordenamiento de las demandas sociales. Formación de partidos confesionales y laicos.
  • Diferencias entre el campo y la ciudad: emergen partidos urbanos y agrarios.
  • Tensiones entre capitalistas y trabajadores: la defensa de la propiedad y la libre empresa se enfrenta a los reclamos de los sindicatos. Nacen los partidos socialistas y los movimientos obreros. Se consolida la distinción entre partidos de derecha y de izquierda.

CaracterísticasEditar

Las considerables dificultades para establecer una definición unánime del concepto de partido político han llevado a la doctrina a identificar cuatro características fundamentales, que se perfilan como criterios para considerar que una organización determinada es un partido político.

En concreto, un partido político es una organización estable y permanente; que se basa en una ideología y un programa de gobierno para definir unos objetivos; que busca alcanzar dichos objetivos mediante el ejercicio del poder político; y que dicho ejercicio busca ocupar cargos públicos electivos.[38]

En todo caso, esta caracterización sólo es válida para los sistemas políticos democráticos, pluralistas y competitivos. Un sistema político que no reúna cualquiera de estas tres características produce partidos políticos que, en mayor o menor medida, difieren de las características y funciones descritas.[39]

OrganizaciónEditar

EstructuraEditar

  • Dirigencia: concentra los recursos de poder y representa el centro de la organización. Distribuyen incentivos e interactúan con otros actores claves dentro del sistema. Toman las decisiones principales
  • Candidatos: potenciales ocupantes de los cargos públicos electivos, ya sean de carácter ejecutivo o legislativo. Son seleccionados por los demás miembros del partido.
  • Burocracia: cuerpo administrativo.
  • Técnicos e intelectuales: asesoran permanentemente a los dirigentes, colaboran en la redacción de proyectos y asisten a los candidatos en épocas de campaña electoral.
  • Militantes: son los que están afiliados al partido, participan activamente de manera constante.
  • Afiliados: están inscritos en el padrón del partido y aportan a su financiación a través de cuotas periódicas, limitan su participación a la elección interna de los candidatos y autoridades.
  • Además en el exterior del partido pueden encontrarse simpatizantes: se muestran favorables a sus principios pero se mantienen apartados de la organización colaborando con sus votos y opiniones.

FactoresEditar

Robert Michels, desde un enfoque monocausal, plantea que la dimensión del partido político es la variable fundamental que define su organización, dado que incide en:

  • La cohesión interna: en formaciones políticas pequeñas es más fácil un acuerdo en torno a valores y objetivos. Pero si aumentan sus proporciones habrá una mayor heterogeneidad.
  • El estilo político: las grandes agrupaciones son más pragmáticas.
  • La movilización de los afiliados: el tamaño varía en sentido inverso a la participación.
  • La burocratización: a medida que crece la organización es más notable la división del trabajo. Se fomentan las desigualdades internas en pro de la eficiencia del partido.

Panebianco considera que no se puede establecer un nexo tan rígido de causalidad. Afirma que los factores que definen el perfil de la organización partidaria y permiten conocer sus expectativas de supervivencia o éxito son:

  • Competencia: medida en la que se convierte en un actor indispensable para desempeñar un papel determinado.
  • Gestión de las relaciones con el entorno: capacidad de adaptación, aptitud para formular estrategias de negociación, establecer alianzas y conflictos con otras organizaciones.
  • Comunicación: control ejercido sobre los canales de información internos y externos.
  • Reglas formales: es importante conocer quiénes tienen facultades para modificar las normas, las posibles desviaciones y el grado en el que se cumplen los estatutos.
  • Financiación: es un asunto muy polémico. Existen distintos criterios. Algunos afirman que debe ser pública sólo durante las campañas electorales para garantizar la participación de todos los partidos. Otros consideran que el Estado tiene que ocuparse de todos los gastos para su mantenimiento y funcionamiento. Esto afectaría su independencia. Quienes se inclinan por la financiación privada sostienen que los costos económicos deben ser solventados por los ciudadanos interesados. Se pueden adoptar medidas negativas de limitación directa (estableciendo un máximo de gastos permitidos) o indirecta (obligarlos a dar publicidad del origen de los recursos y de su finalidad); o medidas positivas de prestación directa (subvención de actividades) o indirecta (ayudas como destinar espacios gratuitos en la televisión pública para los partidos). La contribución puede ser con base en los cargos obtenidos o en función del porcentaje de votos recibidos con independencia de si ha conseguido o no representación. Lo más adecuado es combinar ambos criterios.
  • Reclutamiento: definición de los requisitos de admisión, carrera y permanencia.

Índice de centralidadEditar

Este índice mide la capacidad de los presidentes y los dirigentes de imponer disciplina en su partidos; cuando un presidente tiene un partido centralizado, es muy probable que pueda lograr imponer su programa legislativo.[40]

La capacidad de los dirigentes o de los candidatos presidenciales es uno de los factores de la centralidad. Cuando los líderes determinan quiénes se presentarán como candidatos y su lugar en la lista electoral, los legisladores tienen incentivos para adherirse a la línea del partido en la legislatura.[40]​ El segundo factor son las características del sistema electoral. Así, la centralización es mayor cuando los legisladores son elegidos en distrito único; o en grandes distritos con listas cerradas y bloqueadas. El tercer factor es la simultaneidad de las elecciones presidenciales y legislativas: los partidos son más centralizados y los dirigentes más poderosos cuando las elecciones son simultáneas. Los otros factores son: el grado de autonomía de las autoridades subnacionales, el grado de democracia interna en los partidos y la existencia de elecciones primarias.[41]

IdeologíaEditar

Cada partido posee una ideología que le da claridad conceptual y lo guía en su acción política. Se compone de:

  • Doctrinas: conjunto de creencias que se toman como válidas.
  • Teorías: sistematización explicativa, comprensiva e interpretativa de la realidad.
  • Plataforma: agrupación de los principales problemas sociales, políticos y económicos.
  • Programas: aquellos remedios para paliar los problemas.
  • Consignas: eslóganes o lemas característicos del partido.

Existen diversas maneras de agrupar o clasificar las ideologías políticas, usualmente las ideologías pueden agruparse según el posicionamiento frente a una serie de cuestiones clave. Las diferentes clasificaciones ideológicas se basan en diferentes cuestiones claves. Una de las clasificaciones más comunes de las ideologías ha sido el espectro político basado en la distinción izquierda política frente a derecha política. Esta es una clasificación unidimensional que puede clasificar de manera aproximada los partidos políticos de una gran cantidad de territorios, aunque en muchos casos una explicación adecuada de la conducta electoral requiere clasificaciones multidimensionales más complejas (entre ellas son de uso frecuente el gráfico de Pournelle o el gráfico de Nolan entre otros).

Poder políticoEditar

El partido político trata de ostentar el poder político, bien sea detentando la capacidad de decidir, bien sea participando en el proceso de toma de decisiones junto con otros actores políticos (partidos o no).

En los sistemas pluralistas y competitivos, existe una separación formal entre las estructuras del Estado y las estructuras del partido político. Los partidos actúan como estructuras intermedias que conectan al Estado con los ciudadanos y la sociedad civil.

Cargos públicos electivosEditar

Dentro de los distintos actores políticos, los partidos tienen un estatus específico, que les separa del resto de organizaciones presentes en la sociedad civil, y les sitúa en una posición privilegiada dentro del proceso de toma de decisiones.

Ese estatus se caracteriza por ostentar el monopolio de la participación en procesos electorales plurales y competitivos, que eventualmente pueden desembocar en el nombramiento de cargos públicos electivos que, en mayor o menor medida, pueden ser controlados por los partidos o viceversa.[42]

Al contrario que el resto de actores políticos, los partidos no se limitan a tratar de influir en el proceso de toma de decisiones, sino que desarrollan el papel último y fundamental a la hora de tomar la decisión concreta. El resto de organizaciones (sindicatos, patronales, organizaciones de consumidores, etc.) participan en el proceso de toma de decisiones, pero la naturaleza de dicha participación es radicalmente distinta a la del partido político, limitándose a influir, informar o presionar.

Ello no excluye la posibilidad de que varios partidos políticos compartan el poder y participen conjuntamente en la toma de una determinada decisión, debiendo existir consenso entre todos ellos.

TiposEditar

Richard Gunther y Larry Diamond se proponen como objetivo reordenar las tipologías más importantes. Lograron diferenciar cinco géneros:

  1. Partidos de notables: nacen entre principios y mediados del siglo XIX en Europa, en el marco de regímenes semidemocráticos y de sufragio censitario. Contaban con estructuras organizativas mínimas, asentadas sobre redes interpersonales en el seno de un ámbito geográfico reducido. Débilmente ideologizados. Basados en la distribución de beneficios particulares a los residentes. Se subdividen en partidos de notables y clientelistas.
  2. Partidos de masas: surgen a fines del siglo XIX y comienzos del XX en Europa, se extienden en la actualidad a países asiáticos y africanos. Se caracterizan por tener una organización sólida y una amplia base de afiliados que aportan económicamente al partido. Mantienen lazos fuertes con organizaciones externas como sindicatos, entidades religiosas y medios de comunicación. Se clasifican en: nacionalistas (pluralistas o ultranacionalistas) socialistas (socialdemócratas o leninistas) y religiosos (confesionales o fundamentalistas).
  3. Grupos étnicos: se conforman principalmente en la etapa de la descolonización de los años 60 y años 70. Carecen de una organización demasiado extendida y sofisticada. No tienen estructuras programáticas que incorporen a toda la sociedad. Utilizan generalmente la vía electoral para lograr beneficios particularistas para sus seguidores.
  4. Partidos electoralistas: se consolidan en la década de 1970 en el marco de la expansión de los medios de comunicación y el declive del estado del bienestar. Son organizacionalmente débiles aunque desarrollan una gran actividad durante las campañas electorales. Se distinguen los partidos atrapatodo, los programáticos y los personalistas.
  5. Grupos movimentistas: surgen en el seno de las democracias postindustriales. Adoptan características diversas dependiendo del contexto. Abarcan los partidos libertarios de izquierda que se basan en la idea de “consenso negativo”, es decir que abarcan una base de seguidores heterogénea pero sustancialmente posicionada sobre diferentes temas. Por ejemplo el Partido Verde alemán. También incluye a los de extrema derecha cuyo núcleo ideológico está relacionado con la búsqueda de principios como el orden, la tradición, la identidad y la seguridad. Estos últimos son hostiles con otros partidos, con el Estado y el sistema en general; existen algunos principios xenófobos y racistas. Por ejemplo el Frente Nacional en Francia.

FuncionesEditar

  • Socialización política y creación de opinión.
  • Armonización de intereses.
  • Formación de elites políticas.
  • Canalización de peticiones de la población hacia los poderes.
  • Reforzamiento y estabilización del sistema político.

Ascendentes (cuando fluyen desde la sociedad al Estado):

  • Estructuración del voto: ordenan la multiplicidad de opciones electorales.
  • Movilización e integración social: alientan la participación política, la concurrencia a los comicios y la asistencia a actos públicos.
  • Agregación de demandas: las sistematizan y priorizan. Armonizan intereses sectoriales integrándolos en un programa común.
  • Fomentan la socialización política: transmiten principios, proyectos e ideas que propician el aprendizaje cívico.
  • Creación y orientación de la opinión política.

Descendentes (derivan de la interacción con el Gobierno):

  • Reclutamiento, formación y selección de potenciales líderes políticos.
  • Garantizan la renovación de las autoridades mediante el consenso y la aceptación de las reglas de la competencia.
  • Diseño, seguimiento y evaluación de políticas públicas.
  • Control de los representantes.

Régimen financieroEditar

La financiación (España) o financiamiento (Hispanoamérica) de los partidos políticos aborda la cuestión esencial de cómo se sufragan los gastos que generan las distintas actividades partidistas.

Históricamente, los partidos políticos han pasado de financiarse de forma exclusivamente privada a utilizar un sistema mixto en el que predominan las aportaciones de carácter público. Semejante evolución se produce en paralelo con la propia consolidación de los partidos políticos como entes de relevancia pública y no meras asociaciones privadas.

Los recursos privados proceden de las cuotas de los afiliados, de los rendimientos patrimoniales del partido, de los donativos recibidos y de los préstamos obtenidos. Respecto a los recursos públicos, se puede establecer una división fundamental entre las aportaciones directas (transferencias desde el presupuesto público en función de determinados criterios objetivos) y las aportaciones indirectas, extremadamente heterogéneas, y que incluyen desde la cesión del dominio público hasta variadas exenciones fiscales, pasando por emisiones gratuitas y tasadas de propaganda en medios de comunicación.[43]

Por lo general se exigen ciertos requisitos para la percepción de recursos públicos, como una determinada cantidad de votos o de representación parlamentaria, algo que también influye en la cantidad de fondos asignados, que son desembolsados según un calendario. En ciertos casos, se prohíben las contribuciones privadas procedentes de determinadas fuentes, pudiendo establecerse un límite a los fondos donados. Finalmente, es frecuente que existan organismos dedicados al control presupuestario de los partidos, así como mecanismos de sanción contra las irregularidades financieras.[44]

Régimen jurídicoEditar

ArgentinaEditar

La Constitución de la Nación Argentina en el artículo 38 establece que los partidos políticos son de creación libre, que el Estado los debe apoyar económicamente y que a su vez debe garantizar:

  • Una organización democrática.
  • Representación de las minorías.
  • Competencia para la postulación de candidatos.

Asimismo, los partidos deberán hacer público su patrimonio.

EspañaEditar

En España existen dos leyes orgánicas que son las principales a la hora de regular la cuestión de los partidos políticos. Son la Ley Orgánica 6/2002, de 27 de junio, de Partidos Políticos, conocida como Ley de Partidos; y la Ley Orgánica 8/2007, de 4 de julio, sobre Financiación de los Partidos Políticos.

Véase tambiénEditar

Partidos políticos del mundoEditar

NotasEditar

  1. Una vez que el Antiguo Régimen fue completamente superado y la clase media y obrera se encontró mejor representada por los socialistas, en general la importancia de los liberales pasó a segundo plano. Sin embargo no podría negarse que los partidos conservadores pasaron a ser en la práctica partidarios del liberalismo económico e incluso irónicamente se contrapusieron a las ideas socialistas abogando por principios ideológicos propios del liberalismo clásico e individual que en algún momento opusieron.
  2. Si bien hubieron precedentes de revoluciones sociales como la Comuna de París y el Soviet de Baviera, estas fueron muy efímeras y no resultaron en revoluciones exitosas como la de México y Rusia.

ReferenciasEditar

BibliografíaEditar

  • Duverger, Maurice. 1957. Los Partidos políticos. Fondo de Cultura Económica, México D.F.
  • Luís Aznar - Miguel De Luca (Coordinadores) “Política, Cuestiones y Problemas”. Capítulo 6: “Partidos políticos y sistemas de partidos” de Luciana Cingolani. Buenos Aires, Editorial emecé, 2006.
  • Robert E. Dowse - John A. Hughes “Sociología Política”. Capítulo 11: “Organizaciones políticas, I: Partidos”. Madrid, Alianza Editorial, 1975.
  • Román Castro (Coordinador) “Temas clave de Ciencia Política”. Capítulo 4: “Partidos políticos y sistemas de partidos” de Miguel González Tornés. Barcelona, Ediciones Gestión 2000 S.A., 1995.
  • Julio Pinto “Introducción a la Ciencia Política”. Capítulo 7: “Los partidos políticos” de Andrés Malamud. Editorial EUDEBA, 1995.
  • Mario Justo López “Introducción a los Estudios Políticos”. Capítulo 14: “Las fuerzas políticas”. Editorial Depalma.
  • Michels, Robert. "Los partidos políticos" Volumen 1. Amorrortu, 2010 ISBN 978-950-518-197-1
  • Michels, Robert. "Los partidos políticos" Volumen 2. Amorrortu, 2010 ISBN 978-950-518-198-8
  • Koessl, Manfredo (2005) “Problemas de contabilización de los partidos políticos”. Revista Estudios Políticos N° 27. Universidad de Antioquia, Colombia. [2]

CitasEditar

  1. Instrucción Cívica. A Z editorial. 2015. p. 87. 
  2. La política de las políticas públicas. Banco Interamericano de Desarrollo. 2005. p. 32. ISBN 9781597820097. 
  3. J Mark Payne; Inter-American Development Bank.; International Institute for Democracy and Electoral Assistance.; et al; (2005). La política importa : democracia y desarrollo en América Latina. Banco Interamericano de Desarrollo. p. 165. ISBN 9781931003452. 
  4. «El liberalismo ante el siglo XXI.»
  5. Revolución burguesa en Artehistoria.
  6. Michel Mollat y Philippe Wolff, Ongles bleus, jacques et ciompi - les révolutions populaires en Europe aux XIVe et XVe siècles, Calmann-Lévy, 1970
  7. fr:Révolte de la Harellefr:Révolte des Tuchinsfr:Révolte des Maillotins
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