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Operación Barbarroja

Operación alemana de la Segunda Guerra Mundial

La Operación Barbarroja (en alemán: Unternehmen Barbarossa), emprendida el 22 de junio de 1941, fue el nombre en clave dado por Adolf Hitler al plan de invasión de la Unión Soviética por parte de las Fuerzas del Eje durante la Segunda Guerra Mundial. Esta operación abrió el Frente Oriental, que se convirtió en el teatro de una de las operaciones más grandes de la guerra, escenario de las batallas más grandes y brutales del conflicto en Europa. El nombre de la operación es un homenaje a Federico I Barbarroja cuyo nombre está unido al nacionalismo alemán del siglo XIX.

Operación Barbarroja
Frente Oriental de la Segunda Guerra Mundial
Operation Barbarossa Infobox.jpg
Instantáneas de la Operación Barbarroja.
Fecha 22 de junio de 1941 - 5 de diciembre de 1941 (5 meses y 13 días)
Lugar Europa Oriental y Rusia europea, (Unión Soviética)
Resultado
  • Victoria táctica del Eje
  • Victoria estratégica soviética
  • Ocupación alemana de Bielorrusia, Ucrania, los Países bálticos, Crimea y parte de Rusia
  • Caída de Kiev
  • Moscú y Leningrado siguen resistiendo
Cambios territoriales Ocupación alemana temporal de los Estados bálticos, Bielorrusia y Ucrania.
Beligerantes
Bandera de Alemania nazi Alemania nazi
Bandera de Rumania Reino de Rumanía
Bandera de Hungría Reino de Hungría
Bandera de Italia Reino de Italia
Bandera de Eslovaquia Estado Eslovaco
Estado de Croacia
Bandera de la Unión Soviética Unión Soviética

Bandera de Estados Unidos Estados Unidos (ley de préstamo y arriendo)
Comandantes
Bandera de Alemania nazi Adolf Hitler
Bandera de Alemania nazi W. von Brauchitsch
Bandera de Alemania nazi Franz Halder
Bandera de Alemania nazi W. Ritter von Leeb
Bandera de Alemania nazi Fedor von Bock
Bandera de Alemania nazi Gerd von Rundstedt
Bandera de Rumania Ion Antonescu
Bandera de Italia Benito Mussolini
Bandera de Italia Giovanni Messe
Bandera de Finlandia Gustaf Mannerheim
Bandera de Eslovaquia Jozef Tiso
Ante Pavelić
Bandera de la Unión Soviética Iósif Stalin
Bandera de la Unión Soviética Gueorgui Zhúkov
Bandera de la Unión Soviética Aleksandr Vasilevski
Bandera de la Unión Soviética Semión Budionni
Bandera de la Unión Soviética Kliment Voroshílov
Bandera de la Unión Soviética Semión Timoshenko
Bandera de la Unión Soviética Markián Popov
Bandera de la Unión Soviética Fiódor Kuznetsov
Bandera de la Unión Soviética Dmitri Pávlov  Ejecutado
Bandera de la Unión Soviética Mijaíl Kirponós  
Fuerzas en combate
Heer
• 3 800 000 hombres[1][2]
• 3350 tanques[3][1]
• 7200 piezas de artillería[1]
Luftwaffe
• 2770 aviones[3]
Ejército Rojo
• 2 600 000 - 2 900 000 soldados[4][5][6]
• 11 000 tanques[7][8]
• 35 000 piezas de artillería[9]
Fuerza Aérea Soviética
• 7133 - 9100 aviones[10][11][12]
Bajas
182 608 muertos
35 439 desaparecidos
621 308 heridos
Total: 839 355
3 137 673 muertos
1 336 147 heridos
Total: 4 473 820

La Operación Barbarroja significó un duro golpe para las desprevenidas fuerzas soviéticas, que sufrieron fuertes bajas y perdieron grandes extensiones de territorio en poco tiempo. No obstante, la llegada del invierno ruso acabó con los planes alemanes de terminar la invasión en 1941. Durante el invierno, el Ejército Rojo contraatacó y anuló las esperanzas de Hitler de ganar la batalla de Moscú. La operación acabó el 5 de diciembre de 1941 con la retirada del ejército alemán.

Índice

AntecedentesEditar

Motivaciones políticas y militaresEditar

En el ideario de Hitler estaba la expansión hacia el este dentro de su política de «espacio vital» (Lebensraum en alemán)[13]​, aunque esta era una aspiración alemana previa a la Primera Guerra Mundial. Ya en 1918 en la Paz de Brest-Litovsk, el alto mando de los ejércitos imperiales alemanes del frente oriental había impuesto sus condiciones para el armisticio que los bolcheviques solicitaban. Por razones prácticas de supervivencia los jefes comunistas habían desistido de extender su gobierno a las ex regiones del Imperio ruso de Polonia y los países bálticos, entregándolas al Reich del káiser. Como se puede leer en el libro de Hitler Mein Kampf (Mi lucha), la guerra contra los soviéticos es una «guerra cultural»[13]​ impregnada de antieslavismo[14]​, y una cruzada de Europa contra Asia: se trata de enviar al fondo del continente asiático a quienes hacen correr al «Nuevo Orden» europeo y nacionalsocialista los mismos riesgos que hacían correr los hunos de Atila a la Europa romana. Las ideas de Hitler sobre los eslavos eran de notable simpleza: los consideraba una sociedad primitiva cuyos individuos tenían impulsos más semejantes a los animales que a seres humanos civilizados[15]​.

Pese a la aparente distancia ideológica entre ambos países y las intenciones declaradas de Hitler de expansión hacia el este, en 1939 la URSS y Alemania firmaron el conocido como Pacto Ribbentrop-Mólotov[16]​. En dicho pacto, Alemania se aseguró la neutralidad de la URSS a cambio de ceder la mitad de Polonia, Besarabia, y los países bálticos. Además, la URSS reclamó el control del estrecho de los Dardanelos, Finlandia, y la posibilidad de abrir bases en Dinamarca[17]​. Este acuerdo entre la URSS y Alemania tuvo como precedentes el Tratado de Rapallo, en 1922 y el Tratado de Neutralidad de Berlín de 1926[18]​.

El avance soviético en el Báltico provocó sin embargo un desgaste en el acuerdo neutralidad, al hacer peligrar, bajo el punto de vista alemán, el suministro de hierro de Suecia y Níquel de Finlandia[19]​. Ya a finales de mayo de 1940, Hitler comenzó a comentar a sus colaboradores la posibilidad de lanzar un ataque preventivo contra la URSS para julio de 1941[20]​. Sin embargo, el führer trató de agotar la vía diplomática para atraer a la URSS a la órbita alemana. Para satisfacer el tradicional interés ruso por acceder a puertos libres de hielo, Hitler intentó disuadir a Stalin ofreciendo a la URSS un paso hacia el sur, a través de Afganistán e Irán, en dirección al Golfo Pérsico[21]​. Ribbentrop ofreció a Molotov esta salida:«[...] si, a largo plazo, Rusia no se volvería también hacia el sur, como salida natural al mar abierto que era tan importante para Rusia»[18]​. Hitler a su vez dijo a Molotov: «Tras la conquista de Inglaterra, el Imperio británico sería dividido como una gigantesca finca universal en bancarrota [...]. En esta finca en bancarrota, Rusia tendría acceso al océano libre de hielos, realmente abierto. Hasta entonces una minoría de 45 millones de ingleses había gobernado a 600 millones de habitantes del Imperio británico. El estaba a punto de aplastar a dicha minoría [...]». Sin embargo, Alemania no tuvo éxito con esta oferta, ya que Molotov mostró escaso interés debido a que Alemania no podía ofrecer lo que no tenía todavía[21][18]​. En un encuentro entre Hitler y Mussolini el 28 de octubre de 1940, el duce italiano llegó a afirmar que si conseguían unir a la URSS a las potencias del Eje, no tardaría en evolucionar hacia un «fascismo eslavo». Además del Báltico, Rumanía también fue otro punto de fricción entre los dos países, al depender Alemania de sus refinerías de petróleo[22]​. Otro punto de roce entre la URSS y Alemania fue la Guerra de Invierno, entre 1939 y 1940, por los contactos de Finlandia con Alemania[23]​. Esta contienda provocó importantes pérdidas al Ejército Rojo y puso en evidencia las carencias que todavía tenían en su doctrina de guerra acorazada.[nota 1][24]​. El 13 de noviembre de 1940 regresó Molotov a Moscú con la propuesta de unir a la URSS al Eje. Sin embargo, entre noviembre de 1940 y marzo de 1941, en palabras de Paul Schmidt, se fue percibiendo en el ambiente la decisión de un ataque de Alemania a la URSS[25]​.

No existía unanimidad sobre la conveniencia de invadir la URSS. Erich Raeder, Comandante en Jefe de la Kriegsmarine, insistía en la necesidad de acabar primero con Gran Bretaña, una opinión compartida por el Reichsmarschall de la Luftwaffe, Hermann Göring. Hitler impondría finalmente su decisión a los jefes del Estado Mayor del Alto Mando del Ejército (OKH)[26]​. El territorio conquistado se convertiría en el espacio vital que satisfaría las necesidades de tierra y materias primas para la población alemana durante siglos. Álvaro Lozano, historiador, señala en su obra Operación Barbarroja (2006) que es probable que en el pensamiento de Hitler influyera la tesis de Mackinder sobre la Teoría del heartland[27]​. Lozano, citando a su vez a John Lukacs, señala que entre otras causas que explicarían el ataque alemán estarían por un lado el miedo a que la URSS atacase tarde o temprano, y que Gran Bretaña tuviese puestas esperanzas en ese país[28]​.

En diciembre de 1940, el führer firma la Directiva n.º 21, denominada «Operación Barbarroja», que contempla la invasión relámpago de la Unión Soviética, que debía ser aniquilada, teóricamente, en una sola campaña de apenas un par de meses[14]​. El plan definitivo de Hitler era avanzar simultáneamente con tres Grupos de Ejércitos, que debían revolverse continuadamente, para cercar a los ejércitos soviéticos en enormes maniobras de tenaza y embolsamientos, para aniquilarlos posteriormente. Hitler la nombró así en honor de Federico I, Friedrich I en alemán, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico durante el siglo XII, llamado Barbarroja por el color de su barba. Su reinado representó el apogeo del Sacro Imperio Romano Germánico, considerado el Primer Reich por los nacionalistas alemanes. La fama y el significado moderno de Federico I Barbarroja está unido al pangermanismo alemán del siglo XX. Barbarroja fue un referente para los nacionalistas alemanes que pretendían reunificar el país bajo un poder fuerte, como el del emperador. Como se ha mencionado, Adolf Hitler había decidido tomarse la guerra en el Frente del Este como una cruzada y así se lo advierte a sus generales, recordándoles que la Unión Soviética no ha firmado las convenciones de Ginebra y que no se trata de hacer alarde de espíritu caballeresco. El Führer piensa poner los territorios conquistados bajo una severa administración alemana, «desbolchevizar» el país y ver hundirse el régimen soviético cuando él esté en posesión de lo que él llama las «ciudadelas del bolchevismo»: Leningrado y Stalingrado.

En el momento del ataque seguía estando en vigor el Pacto Molotov-Ribbentrop de agosto de 1939, por el que ambas potencias definían sus esferas de influencia en Europa Oriental. El llamado Pacto Ribbentrop-Mólotov que en su momento sorprendió al mundo debido a la hostilidad mutua y a las ideologías diametralmente opuestas de los firmantes y que fue un éxito para la diplomacia alemana, quedó roto en el momento en que las tropas del III Reich atravesaron la frontera soviética. Kissinger, en su libro Diplomacia (1996), afirma que el acuerdo entre ambas partes en 1939 se pareció más a un documento del siglo XVIII que a uno del XX y que ambos, Hitler y Stalin, trataron de alcanzar objetivos no convencionales, aplicar la ideología del Mein Kampf por un lado y la expansión global del comunismo por otro, mediante medios convencionales[18][nota 2]​.

Situación en junio de 1941Editar

 
Situación geopolítica de Europa en 1941. En color gris, la Alemania nazi, sus aliados y países bajo su control.

Para entonces, el Tercer Reich controla militarmente Bélgica, Bohemia y Moravia, Dinamarca, Francia (salvo la parte gobernada por Vichy), Grecia, Países Bajos, Luxemburgo, Noruega, Polonia (salvo la parte invadida por los soviéticos) y Yugoslavia (salvo Bosnia, Croacia y Eslovenia que se le escinden), mientras que Bulgaria, Finlandia, Hungría, Italia, y Rumanía son aliados de Alemania. Además se espera contar con el apoyo logístico decidido de las poblaciones a liberar de Bielorrusia, Estonia, Letonia, Lituania y Ucrania, como también de los cosacos del Don y de los colonos alemanes residentes en la URSS. Así, la Wehrmacht presume de rápidas victorias en todo el extenso frente; sin embargo, ya se le plantean al vencedor provisional graves problemas:

  1. No se ha vencido militarmente al Imperio británico. La Operación León Marino, (Unternehmen Seelöwe en alemán) el plan para invadir Gran Bretaña, se ha pospuesto sine die, la campaña de bombardeos aéreos, la batalla de Inglaterra, se salda con un fracaso para la Luftwaffe y las operaciones de guerra submarina no han derrotado a los británicos.
  2. Estados Unidos ha abandonado su estado de neutralidad por uno de no beligerancia. Tras la caída de Francia, los EE. UU. iniciaron el primer reclutamiento realizado en tiempo de paz de su historia e incrementaron considerablemente su presupuesto militar. Era cuestión de tiempo que la batalla del Atlántico arrastrase a la guerra a los Estados Unidos y la ayuda militar estadounidense es una amenaza de la que Hitler es muy consciente.
  3. Pese a que con la Unión Soviética se mantiene aún vigente el pacto de no agresión, no es menos cierto que ya la Unión Soviética se ha anexionado la parte oriental de Polonia, Estonia, Lituania, Letonia, ha obtenido concesiones territoriales de Finlandia como consecuencia de la Guerra de Invierno ruso-finesa de 1939-1940 y mira hacia los Balcanes, por lo que un enfrentamiento entre ambas potencias es inevitable; sólo falta dilucidar quién dará el primer paso, y es precisamente Hitler quien lo hace.

El OKH (Alto Mando alemán) planificó la campaña relámpago bajo el concepto del Blitzkrieg para el verano de 1941, que concluyese con el derrumbe del Ejército Rojo en un par de meses, por lo que las Fuerzas Armadas alemanas no se equiparon para combatir en invierno ni estaban preparadas para una guerra de larga duración. Asimismo, la logística que se iba a poner en marcha para mantener el amplio frente de batalla no fue dimensionada bajo una holística real de la amplitud del espacio soviético, ni de las deficiencias en vías de comunicación.

El espionaje británico había alertado a la Unión Soviética de la inminente invasión pero Stalin creyó que era un intento desesperado de Churchill para hacerle entrar en la guerra junto a los Aliados. A pesar de que el espía soviético Richard Sorge llegó a dar a Stalin la fecha exacta del ataque, el ataque tomó por sorpresa al Ejército soviético, puesto que la STAVKA (el Alto Mando del Ejército Rojo), bajo las órdenes de Stalin, no dictó ningún tipo de medida preventiva de guerra que pudiese ser interpretada como belicosa por su homólogo alemán.

Stalin, a pesar de que no albergaba dudas sobre que el conflicto germano-soviético sería inevitable, creía que Hitler no abriría un segundo frente antes de acabar la guerra con Gran Bretaña[29]​ y en todo caso los planes de defensa soviéticos estaban previstos para un enfrentamiento con Alemania como muy pronto en la primavera de 1942.

Hitler creía firmemente que el gobierno comunista se derrumbaría al primer golpe y lo llamaba desdeñosamente «el Gigante con los pies de barro»: el dictador austríaco suponía que la gran masa subyugada y desmoralizada se volvería contra su líder, Stalin, debido a las grandes hambrunas y matanzas realizadas bajo el Plan Cuatrienal y la Gran Purga. Hitler ignoraba o estaba muy mal informado de la verdadera envergadura del potencial bélico de los soviéticos, del número exacto de blindados y divisiones y de su extraordinaria capacidad homeostática de sobreponerse a los reveses militares.

PreparativosEditar

Preparativos alemanesEditar

 
Efectivos del 3.º Ejército Panzer alemán en el camino cerca de Pruzhany, Bielorrusia, junio de 1941.

La Operación fue diseñada en un principio en diciembre de 1940, tras el fracaso de la batalla de Inglaterra. Hitler deseaba dividir sus fuerzas y no repetir el error de Napoleón Bonaparte de invadir un país tan extenso mediante un solo bloque de tropas; así mismo se ejecutaron diversas misiones de reconocimiento aéreo a lo largo de la frontera germano-soviética. El plan Marck preveía la formación de dos grandes grupos de ejércitos que avanzarían desde Polonia en dirección a Moscú y Kiev. El plan de Lossebrg propuso la idea de tres grupos de ejército con Leningrado, Moscú y Kiev como objetivos. Entre el 3 y el 7 de diciembre se escenificó un juego de guerra Kriegspiel para determinar qué plan se llevaría a cabo. Se optó finalmente por el plan de los tres grupos de ejército[26]​.

Se estructuraron tres grupos de ejército asignados para conquistar regiones y ciudades grandes de la Unión Soviética una vez que la invasión comenzara.

 
El mariscal del Alto Mando del Ejército Walther von Brauchitsch y Hitler, estudiando mapas en los primeros días de la campaña rusa.

Esta fue la propuesta presentada a Hitler el 17 de diciembre de 1940 que luego determinaría la Directiva Operacional nº 21, que a su vez perfiló la Operación Barbarroja[31]​.

Al final de los preparativos, la Wehrmacht había movilizado cerca de 3,2 millones de soldados hacia la frontera soviética, junto con un millón de soldados de países aliados y satélites, preparados todos para iniciar una ofensiva general desde el mar Báltico hasta los Cárpatos, contando para ello con la entrada de Rumania y Eslovaquia en la guerra. Existía, sin embargo, una discrepancia en los objetivos: mientras Hitler daba prioridad a la política y a la economía, deseando unirse cuanto antes a las tropas finlandesas en el norte y ocupar la riqueza agrícola de Ucrania en el sur, el Alto Mando deseaba destruir el centro de poderío militar soviético en Moscú, principal centro de comunicaciones del país.[30]​ Hitler no contaba, además, con el apoyo japonés para la campaña, ya que no había realizado consultas sobre la misma con el gobierno nipón que, tras el ataque, se mantuvo neutral en el conflicto.[32]​ La movilización de ciudadanos para la Wehrmacht fue tan masiva que provocó escasez de mano de obra en Alemania. Esta movilización aumentó el número de efectivos, pero empeoró en conjunto la calidad del ejército. Cada nuevo reclutamiento agregaba tropas de peor calidad, ya que no había suficientes oficiales y suboficiales profesionales y la edad media de los soldados aumentaba. Parte del armamento y equipo proporcionado a la Wehrmacht provenía de botines de campañas anteriores. En resumen, las fuerzas de infantería que iniciaron el ataque a la URSS no eran mejores que las empleadas en campañas anteriores contra el oeste[31]​. El ejército se dividía en dos grupos: el Ersatzheer o Ejército de Reserva y el Feldheer o Ejército de Campaña. Antes del comienzo de la invasión, el Ersatzheer transfirió al Feldheer 90.000 hombres. En Alemania se quedarían unos 475.000 hombres para el Ersatzheer, de los cuales 90.000 pertenecían a la Luftwaffe. Las bajas previstas eran de 275.000 hombres para la zona fronteriza (julio y agosto), y 200.000 en septiembre. Se decidió que la quinta de 1922 no sería movilizada hasta noviembre para no dañar la capacidad productiva de Alemania y poder despachar tropas al frente con un entrenamiento mínimo[33]​.

Otto Skorzeny, ingeniero y futuro coronel de las Waffen-SS, escribió años después de la guerra sobre su experiencia durante el despliegue en la frontera con la URSS los días previos al inicio de la operación Barbarroja:

Emplazamos nuestras baterías cerca del Bug, procurando camuflarnos al amparo de los matorrales del campo. Aproveché los momentos de descanso para pasear por los márgenes del río en compañía de algunos camaradas. Vimos los puestos avanzados rusos en la otra orilla del río y nos parecieron similares a los nuestros. Fue la primera vez que vimos, alineadas a todo lo largo de la frontera rusa, las altas torres de guardia que nos llamaron la atención. Nuestros centinelas se ocultaban entre los ramajes de los altos árboles; pasé muchas horas con ellos compartiendo sus inquietudes y desvelos. Pudimos comprobar que los rusos, al igual que nosotros, habían concentrado gran número de tropas en la frontera polaca; sus posiciones, medio enmascaradas aprovechando las ondulaciones del terreno, se nos ofrecían perfectamente visibles.

Otto Skorzeny, Vive peligrosamente[34]

Preparativos soviéticosEditar

La producción de armamento fue aumentada en los años previos dentro del clima general europeo de rearme. En 1941 el ejército soviético sobrepasaba al alemán por un gran margen en cantidades de soldados y material, siendo los modelos de tanques, el T-34, el KV-1[nota 3][35]​ y aviones Sturmovik, en muchas ocasiones mejores técnicamente que sus pares alemanes. Asimismo la cantidad de tanques (siete veces más numerosos que sus oponentes alemanes),[36]​ cañones de largo alcance y aviones de combate disponibles en la Unión Soviética, resultaba ser mayor a la que Alemania y todos sus aliados pudiesen movilizar respecto de esas mismas armas. Sólo faltaba modernizarse en táctica militar.

El número real de tanques, aviones de guerra y divisiones del Ejército Rojo era desconocido por el OKW (Alto Mando de la Wehrmacht) alemán y de este modo por Hitler, quien consideraba inferior y desmoralizado al Ejército Rojo. Por otra parte los análisis de los generales germanos y del propio Hitler se sustentaban en el pésimo desempeño de las tropas soviéticas durante la Guerra de Invierno de 1939 contra Finlandia, en la que el Ejército Rojo sufrió cuantiosas pérdidas en hombres y material frente al ejército finlandés, mucho más pequeño y peor equipado, al cual combatían.

 
El Mariscal soviético Gueorgui Zhúkov hablando en Moscú, septiembre de 1941.

Se había pensado que el Ejército Rojo estaba en desventaja numérica respecto a la Wehrmacht precisamente en las guarniciones de regiones occidentales de la Unión Soviética,[cita requerida] aunque sumando la totalidad de soldados soviéticos disponibles resultaba una cifra superior a la movilizada por Alemania y sus aliados. El Ejército Rojo podría movilizar casi cinco millones de soldados preparados ya en junio de 1941, pero para que tal diferencia fuese visible en combate era necesario primero movilizar grandes cantidades de tropas soviéticas desde Carelia, Siberia, Asia Central y de la región del Extremo Oriente ruso, principalmente a las tropas que resguardaban los avances japoneses en Vladivostok.

La única gran desventaja soviética parecía ser la falta de preparación táctica de sus mandos para una invasión alemana, la escasez de oficiales y la rigidez del mando. Tras la Gran Purga de 1938 Stalin había reforzado su poder dentro de la Unión Soviética pero para ello había ordenado encarcelar o fusilar a varios miles de oficiales muy competentes del Ejército Rojo tales como el general Mijaíl Tujachevsky, (cuyas ideas habían influido en Heinz Guderian), al punto que de 90 generales de Ejército, solo 6 sobrevivieron la purga, y de 180 jefes de distrito militar solamente 57 vivían tras la purga, casi dos tercios de los comandantes de divisiones y de cuerpos de ejército habían sido arrestados o ejecutados. Entre los oficiales menores el efecto fue menor (menos del 0,5% de los oficiales del Ejército Rojo fueron acusados durante el proceso), sin embargo tuvieron que hacer frente al hecho de que entre 1936 y 1940 se llevaran a cabo políticas de rearme que duplicaron el número de unidades sin aumentar el número de oficiales tan rápidamente, por lo que había ausencia de oficiales.

El resultado fue que tales puestos vacantes fueron cubiertos por oficiales más jóvenes, carentes de experiencia dirigiendo tropas, y que tras el recuerdo de las purgas muy pocos de estos jóvenes comandantes se atrevían a tomar iniciativas propias en combate o a dar sugerencias a sus jefes directos. Además la desconfianza de Stalin impulsó que los nombramientos de jefaturas militares tras la Gran Purga tuvieran como base la «confiabilidad política» de los oficiales en vez de su habilidad y conocimiento militar. Cabe decir también que las purgas sirvieron para evitar traiciones en el ejército y colaboracionismo con Alemania. Así, si bien se perdieron algunos valiosos generales, se aseguró la fidelidad del ejército soviético a la URSS, a diferencia de lo sucedido en otros países, como Francia[cita requerida].

La invasiónEditar

Demoras alemanasEditar

 
Mapa de los avances alemanes en junio de 1941.

La invasión estaba inicialmente prevista para el 15 de mayo, pero la intervención de Mussolini en África Oriental contra la Somalia Británica y, sobre todo, su frustrada invasión de Grecia durante el invierno de 1940 hizo aplazar la operación, al verse Hitler obligado a socorrer a su aliado decretando la invasión de Grecia (Operación Marita).

Por otra parte, como respuesta al golpe de estado en Yugoslavia que sustituyó al gobierno pro-alemán que había firmado el Pacto Tripartito, Hitler ordenó la invasión de Yugoslavia (Operación 25). En conjunto, la intervención del Tercer Reich en Grecia y los Balcanes retrasó la Operación Barbarroja cuatro semanas que fueron vitales. Muchos autores sostienen que este retraso resultó, a la larga, fatal para el avance alemán, como ya había advertido en su día el Alto Mando.[30]​ Las fuertes lluvias de mayo difirieron los preparativos otros diez días.[30]

Actividad diplomáticaEditar

Joseph Goebbels, ministro de Propaganda del III Reich, se reunió con Hitler durante la tarde del 21 de junio para ultimar detalles. Se emitiría un mensaje de radio a las 5:30 horas[37]​. En la noche del sábado 21 de junio la embajada alemana en Moscú recibió noticias sobre la llegada de un importante mensaje enviado por el Ministerio de Relaciones Exteriores del Reich, siendo que ese día se hallaban en la sede diplomática solamente el embajador Friedrich-Werner Graf von der Schulenburg y su adjunto Gustav Hilger, pues el gobierno nazi había ordenado días antes que salieran de territorio soviético todos los ciudadanos alemanes y sus familias[38]​; es posible que el embajador Schulenburg ya tuviera indicios de que se preparaba una masiva invasión alemana contra la URSS desde hacía varias semanas, por lo cual pudo no sorprenderse del contenido del mensaje que llegaría desde Berlín esa noche[38]​. Ese mismo día por la tarde, Hitler envió una carta a Mussolini informándole de la decisión de invadir la URSS[39]​.

Mientras tanto en Berlín el embajador soviético Vladímir Dekanózov, quien se había quejado de manera insistente a lo largo de la tarde por las constantes violaciones del espacio aéreo soviético por parte de aviones alemanes[40]​, recibía una llamada telefónica a su residencia en la madrugada del domingo 22 de junio de 1941, para ser convocado al despacho del ministro nazi Joachim Ribbentrop, donde éste, en una ceremonia oficial rodeado de otros diplomáticos y funcionarios alemanes le hacía entrega de una declaración de guerra formal en la cual el Tercer Reich alegaba una «traición soviética» que obligaba al régimen hitleriano a «tomar medidas militares para su defensa», tras lo cual Dekanózov fue internado junto con el resto del personal diplomático y luego enviado a la URSS.

Cuando en Moscú el embajador Schulenburg recibió el mensaje enviado por sus superiores desde Berlín, se dirigió apresuradamente hacia la sede de la Comisaría del Pueblo de Asuntos Exteriores, donde poco antes del amanecer pudo entrevistarse con el ministro soviético Viacheslav Mólotov, entregándole una declaración de guerra en similares términos a la entregada a Dekanózov en Berlín. Mólotov recibió la declaración y acusó de «mala fe e ingratitud» al gobierno nacionalsocialista, alegando que tenía noticias que desde antes de la llegada del diplomático alemán la Luftwaffe había empezado a atacar aldeas soviéticas situadas en la frontera. En Alemania, Goebbels miró su reloj a las 3:30 horas y afirmó: «nuestros cañones estarán tronando. Que Dios bendiga a nuestro ejército»[41]​.

Así, el domingo 22 de junio de 1941, a las 3:15 de la madrugada en un gigantesco frente de 1 600 km entre el mar Báltico y el mar Negro, los alemanes pusieron en marcha a más de 4 millones de hombres: 3,5 millones de alemanes y 1 millón de aliados aglutinados en 225 divisiones, junto a 4 400 tanques y 4 000 aviones,[cita requerida] convirtiéndola en la operación terrestre más grande de la historia. Inicialmente los puestos de vigilancia soviéticos tardaron en reaccionar al enorme movimiento, pareciendo increíble que, pese a las declaraciones de la propaganda oficial stalinista, Alemania estuviera atacando realmente a la URSS.

Experiencia de Otto Carius, comandante de carros de combate alemanes, el día 21 de junio de 1941[42]​:

Cuando en junio de 1940 nos repartieron nuestras raciones básicas de emergencia supimos que algo estaba a punto de ocurrir [...] Nos desplazamos a la frontera el 21 de junio. Tras recibir un informe de situación, finalmente nos enteramos de nuestro próximo papel en los acontecimientos que estaban a punto de producirse. Una gélida calma se instaló entre los miembros de la división a pesar de que, en el fondo, todos estábamos muy excitados. La tensión se volvió casi insoportable durante la noche. Prácticamente se nos salió el corazón del pecho cuando escuchamos los escuadrones de bombarderos y Stukas bramar sobre la división en dirección al este. Nuestro comandante había instalado una radio civil en su carro, que proclamó el inicio de la Campaña de Rusia cinco minutos antes de la Hora X.

Otto Carius, Tigres en el barro (2012) p. 22

Pocas horas después de que comenzase la invasión, Hitler partió en su tren particular blindado Amerika en dirección a la Prusia Oriental, donde se localizaría el cuartel donde dirigiría las operaciones[43]​.

Avances alemanes (junio-octubre de 1941)Editar

Gueorgui Zhúkov, mariscal de la Unión Soviética, sobre el día que se inició la Operación Barbarroja[44]​:

La madrugada del 22 de junio, Timoshenko, Vatutin y yo nos encontrábamos en el despacho del comisario de defensa. A las 3.17 horas me telefonea el jefe de la Flota del mar Negro, almirante F. S. Oktiabrski: «El sistema de observación y vigilancia antiaéreas de la flota comunica la aproximación por el mar de gran número de aviones desconocidos; [...] A las 3.40 horas telefoneó el jefe de la circunscripción del Báltico, general F. I. Kuznetsov, notificando vuelos de la aviación enemiga sobre Kaunas y otras ciudades. El comisario me ordenó telefonear a I. V. Stalin. Lo hice. [...] Unos tres minutos después, Stalin tomó el auricular. Le informé de la situación y le pedí autorización para emprender operaciones de contraataque. Stalin callaba. Sólo oía su respiración. ¿Me ha comprendido usted? Siguió el silencio. Al fin, respondió: ¿Dónde está el comisario de defensa? [...] —Venga al Kremlin con Timoshenko. Y diga a Poskrebiyshev que avise a todos los miembros del Buró Político. [...] A las 4.30 de la mañana estaban presentes todos los miembros del Buró Político avisados. Al comisario de defensa y a mí se nos invitó a entrar en el despacho. Stalin estaba pálido, sentado detrás de la mesa, con la pipa llena de tabaco en la mano. Dijo: —Hay que telefonear en seguida a la embajada alemana. De la embajada contestaron que el embajador, conde Von Schulenburg, pedía ser recibido para hacer una comunicación urgente. Se encargó a V.M. Molotov de recibir al embajador. Mientras tanto, el primer subjefe del Estado Mayor General, Vatutin, anunció que las tropas terrestres alemanas, tras una fuerte preparación artillera, habían pasado a la ofensiva en varios sectores de las direcciones noroccidental y occidental. Poco después, en el despacho entró apresuradamente Molotov: —El Gobierno alemán nos ha declarado la guerra.

Gueorgui Zhúkov, Memorias y reflexiones (1990)
 
Tropas alemanas cruzando la frontera con la Unión Soviética el 22 de junio de 1941.

En un principio las defensas militares soviéticas se derrumbaron como estaba previsto. La Luftwaffe se encargó de destruir la mayoría de los aviones de las fuerzas aéreas soviéticas antes de que pudieran despegar. En la creencia de que no había ataque alemán que temer, el estado mayor de la Fuerza Aérea Soviética había saturado sus bases occidentales con una elevada cantidad de aviones, sin darles además la suficiente protección antiaérea, y sin establecer sistemas de comunicación que permitieran alertar rápidamente de un ataque, por lo cual la aviación soviética fue presa fácil de los bombarderos alemanes.

La coordinación entre las armas terrestres y aéreas de la Wehrmacht permitió a los alemanes derrotar rápidamente a las guarniciones soviéticas, sorprendidas por el ataque. Por el contrario, las unidades soviéticas sufrían de una coordinación inferior debida principalmente al sobredimensionamiento del tamaño del ejército, la falta de oficiales competentes, así como la subordinación de las órdenes tácticas al interés político. Además, por un fallo del entonces comandante del frente occidental, el general Pávlov, se dejó a los ejércitos del frente en unas posiciones que favorecían su embolsamiento a través de tres salientes.

En un mes, la RSS de Bielorrusia y las repúblicas bálticas, previamente ocupadas por la URSS, estaban en manos alemanas -a costa de bajas- aunque en el sur hubo que esperar a agosto para alcanzar el río Dniéper, ordenando Hitler que parte del Grupo de Ejércitos Centro se dirigiera al sur para cerrar una tenaza en torno a Kiev, lo que provocó la mayor captura de soldados enemigos de la historia (más de 400 000), pero hizo retrasar el asalto a la capital soviética, aunque también ayudó a asegurar el flanco meridional del Grupo de Ejércitos Centro. Desde el primer día de la invasión, las tropas alemanas habían recibido en muchos pueblos soviéticos (en el Báltico, Bielorrusia y en especial en Ucrania, donde se recibió con flores al invasor)[36]​ la bienvenida de multitudes entusiastas que los contemplaban como libertadores de la opresión otrora del nacionalismo ruso del zarismo y entonces del bolchevismo.[36]

 
Fuerzas alemanas atravesando Letonia en el verano de 1941.

El 3 de julio, Stalin se dirigió al pueblo soviético para advertir que no se trataba de una guerra convencional, sino que estaba en juego la propia supervivencia de Rusia[nota 4][45]​.

Pero Hitler, basado en su doctrina racista de la supremacía aria despreció el apoyo de los pueblos eslavos por considerarlo innecesario. En cuanto a los rusos o ucranianos, la ideología nazi los consideraba Untermenschen o «subhumanos», destinados a la explotación y al lento exterminio por hambre, ordenando el Führer que la población eslava recibiera un tratamiento especialmente cruel y brutal, al extremo de disponer mediante órdenes escritas que no habría castigo para los soldados de la Wehrmacht que cometieran crímenes contra civiles, por salvajes o atroces que éstos fueran[cita requerida]. Esta opresión violenta, basada en el puro racismo nazi, causó que la actitud de la población civil se tornara muy pronto en contra de los invasores, eliminando toda opción de que el Tercer Reich ganase algún grado de sincera colaboración. Además, en cuanto empezó el ataque alemán actuaron las unidades especiales de las SS de Himmler, dedicadas a la persecución y asesinato de judíos en el territorio soviético ocupado.

Stalin, en contraste, abandonó la imagen intimidatoria que se había forjado durante la Gran Purga y apeló directamente a los ciudadanos soviéticos llamándolos «hermanos y hermanas» en sus discursos radiados, para lograr mediante la propaganda una adhesión firme de las masas al régimen. Los pueblos conquistados, asqueados por la brutalidad alemana, fueron inspirados por la propaganda soviética que invocaba al nacionalismo panruso en oposición a la amenaza germana (dejando de lado adhesión ideológica al régimen). Tanto alemanes como rusos trataban brutalmente a sus prisioneros, dejándolos morir de hambre —registrándose incluso casos de canibalismo— o directamente fusilándolos. La luego denominada por los soviéticos Gran Guerra Patria empezó a mostrar ribetes dantescos nunca antes vistos de ferocidad, impiedad e inmisericordia para con el enemigo, justificados propagandísticamente sobre la base de que los propios soldados soviéticos habían podido ver el tipo de brutalidades que cometieron los soldados nazis con los civiles soviéticos (incluyendo a sus familias).

 
Avances alemanes antes del inicio de la Operación Tifón —Batalla de Moscú— en septiembre de 1941.

Experiencia del teniente de la Wehrmacht, Heinz R. en su paso por Ucrania con el 93.º Regimiento de Infantería el 26 de junio de 1941[46]​:

Volvimos a ponernos en marcha con las primeras luces del alba. Los caminos eran pésimos, pero, como había llovido, había menos polvo. En no pocas ocasiones fuimos a campo través, porque las carreteras se encontraban en un estado lamentable. Las casas eran primitivas, pero no estaban especialmente sucias. [...] Las carreteras tenían cada vez más barro [...]. A menudo estaban invadidas de maleza, pero, aun así, conseguimos avanzar. [...] Cuando cayó la noche, llegamos a la pequeña ciudad de L. En la periferia, ardían ruinas de casas. Los habitantes no habían huido. En una plazoleta había muchos soldados interrogando con insistencia a un judío que, aterrorizado, era incapaz de defenderse. Él estaba tumbado en el suelo, suplicando. Decían que había sido cómplice en la mutilación de dos aviadores alemanes que habían tenido que hacer un aterrizaje de emergencia. Poco después oí varios disparos. La noche siguiente dormí muy bien en el camión. Por la mañana, encontré combustible y pudimos continuar el viaje con Berndt. A mediodía, vimos a soldados de infantería peinando los campos de cereales y las granjas, en busca de los soldados que habían huido. De repente, se oyeron fuertes detonaciones. Los francotiradores no se dejaban coger. Al final, se prendió fuego a las granjas en las que se escondían. A continuación, continué mi camino en moto. En un momento dado, vi a muchos rusos muertos. Pero aparte de eso no encontré más que polvo y sol.

Heinz R., Cartas de la Wehrmacht: La segunda guerra mundial contada por los soldados (2015)

En octubre, los alemanes se dirigieron a Moscú, pero el invierno que estaba en curso, el atraso inicial de la Operación de 4 semanas que resultó ser crucial para la paralización del avance, y el fango de las primeras lluvias otoñales, hicieron que las operaciones casi se paralizasen, aunque lograron una última victoria en Viazma, comparable a la de Kiev. Con los soldados alemanes logrando victoria tras victoria, los periódicos alemanes aseguraban que era una guerra prácticamente ganada, a pesar de que cada victoria les costaba miles de bajas. Las pérdidas rusas habían sido inmensas pero Stalin apeló al patriotismo mediante el recuerdo de la invasión napoleónica de 1812, trazando un paralelo entre ambos episodios, y olvidando momentáneamente toda ideología llamó a su pueblo a la defensa de la patria llamando al conflicto Gran Guerra Patria. El derroche de vidas que hacían los rusos causaba asombro a los alemanes. La resistencia soviética (ver Historia militar de la Unión Soviética) sorprendió al mando alemán, que durante el verano había dado por aniquilado a dos tercios del ejército soviético tras cada batalla importante, pero que era capaz de reconstituirse gracias a una gigantesca reserva humana (la URSS era el país más poblado de Europa) y una industria bélica rápidamente reforzada. Un ejemplo es la fortaleza de Brest-Litovsk en la frontera polaca: atacada el primer día de la invasión alemana, se planeó que su captura se realizaría en horas, sin embargo los soviéticos resistieron un mes entero. Lanzaron a grupos de soldados en asaltos suicidas contra posiciones alemanas. De igual forma, la ciudad de Smolensk, en el camino de Moscú, retrasó la ofensiva alemana durante varias semanas.

Experiencia de Otto Skorzeny sobre el efecto del barro sobre las unidades motorizadas del ejército alemán en su avance hacia el interior de la URSS:

Seguimos avanzando por las orillas del Dnieper. Y una inesperada lluvia, que duró varias horas, nos dio idea de lo que nos esperaba. Tuvimos que enfrentarnos con verdaderas montañas de barro y fango, que fueron nuestros mayores obstáculos. Los primeros de nuestros vehículos hicieron unos baches tan grandes en el suelo, que los que les seguían se atascaron en ellos. En este aspecto, todas nuestras prevenciones resultaron ineficaces. Cortamos varios troncos de árbol y cubrimos el suelo con ellos. Pero a pesar de todo sólo conseguíamos avanzar muy lentamente. Tuvimos un sinfín de averías y "pannes"; se rompieron varias ballestas de nuestros camiones. Ya habíamos agotado todas las piezas de repuesto y no sabíamos dónde podríamos suministrarnos otras nuevas. Hasta tuvimos que abandonar muchos vehículos al borde de la carretera. Desmontamos todo aquello que considerábamos era utilizable y abandonamos lo restante. Poco tiempo más tarde todas las carreteras de Rusia estaban flanqueadas por esqueletos de coches y camiones abandonados.

Otto Skorzeny, Vive peligrosamente[47]
 
Tropas de infantería alemana en un pueblo de la Unión Soviética.
 
La tripulación antiaérea del sargento Fyodor Konoplyov dispara a los aviones enemigos.

Se organizó la lucha guerrillera con partisanos que hostigaban constantemente las líneas de suministros alemanas, alargadas cada vez más a medida que avanzaban. Los soviéticos realizaron la política de tierra quemada al igual que en 1812. Los soviéticos contaban además con un informante clave en el contraespionaje, el comunista alemán Richard Sorge, quien trabajaba bajo la identidad de un periodista alemán pro-nazi en Japón, lo que le permitió hacer llegar a Stalin información relevante para el traslado de unidades desde el frente asiático hacia el frente alemán. El Grupo de Ejércitos Norte llegó a las cercanías de Leningrado antes de agosto de 1941. Allí la resistencia soviética lo detuvo. En opinión de Hitler, conquistar Leningrado sería una operación demasiado costosa, por lo que decidió asediar la ciudad y rendirla por hambre estableciendo el Sitio de Leningrado, en el que más de dos millones de personas murieron por el hambre, el frío, el estado de ley marcial y los bombardeos. La ciudad resistió hasta que en enero de 1944 los alemanes fueron rechazados.

Desenlace de la operación (diciembre de 1941)Editar

El momento crucial de la Operación Barbarroja se desató cuando las tropas alemanas del Grupo de Ejércitos Centro (mandado por Fedor von Bock) se encontraban a 25 kilómetros de Moscú en diciembre de 1941. Sin embargo, el intenso frío (-50 °C) y la llegada de divisiones de Siberia hizo retroceder a los alemanes 200 kilómetros hacia el oeste en la llamada batalla de Moscú. No hubo modo de volver a tomar dichas posiciones. Hitler destituyó a Guderian. El término de la Operación Barbarroja el 5 de diciembre de 1941 ocurre con el fracaso en conquistar Moscú y lograr la rendición de las tropas alemanas en Leningrado.

Experiencia de Otto Skorzeny durante el asalto a Moscú:

El gran Stalin, que en 1941 demostró saber resolver la difícil situación en que se encontraba Rusia cuando el Ejército alemán llegó a las puertas de Moscú, [...] La posibilidad de poder dar fin a tan incomparable y sangrienta campaña reanimó nuestras deterioradas fuerzas. Conquistamos un pequeño pueblo. [...] Estaba a quince kilómetros al nordeste de Moscú. Desde él, en días claros, podíamos ver las torres de las iglesias, y los cañones de nuestras baterías bombardeaban constantemente los suburbios de la capital de Rusia. Pero nos dimos cuenta de que había llegado el momento de parar nuestra ofensiva. La unidad vecina a la nuestra, División de "panzers" número 10, sólo disponía de diez tanques. La mayor parte de nuestra artillería pesada carecía de remolques de arrastre y los camiones debían remolcarlas trabajosamente a través de los campos. Ahora bien, sabíamos igualmente que el enemigo estaba al límite de sus fuerzas, exactamente igual que nosotros. Por ello mismo, la imposibilidad de continuar avanzando nos causó una inmensa sensación de impotencia, un sentimiento deprimente, más doloroso que cualquier derrota. ¡La meta, nuestra anhelada meta, estaba muy cerca de nosotros y no podíamos alcanzarla!

Otto Otto Skorzeny, Vive peligrosamente, p.120[48]

CausasEditar

Causas de las primeras derrotas soviéticasEditar

 
El general Heinz Guderian en un puesto de mando avanzado de un regimiento panzer cerca de Kiev, 1941.

Las causas de la derrota inicial soviética están circunscritas a la nueva táctica de la guerra relámpago o Blitzkrieg[cita requerida], basada en la guerra de movimientos y el uso de la táctica de tenazas acorazadas, algo relativamente nuevo para el resto del mundo (aunque ya se había empleado en la Invasión alemana de Polonia de 1939 y en la batalla de Francia en 1940, así como en la Batalla de Jaljin Gol.

Un espléndido verano ayudó a las divisiones alemanas a realizar avances espectaculares, pero el invierno de 1941 los entorpeció severamente. Los ejércitos alemanes sufrieron bastante a causa de las bajas temperaturas, sobre todo porque contaban con pocos abrigos (casi ningún general alemán esperaba que la guerra continuaría hasta el invierno). El Frente Oriental duró cuatro años, dando como resultado 4 millones de muertes alemanas y 11 millones de bajas soviéticas en combate, más otros 15-18 millones de civiles soviéticos muertos por masacres, enfermedades y hambre. Stalin al principio no reaccionó ante este nuevo escenario al que se enfrentaba y solo dos semanas después pudo tomar las riendas del problema; no contaba con mucha oficialidad competente debido a que él mismo había purgado al ejército de excelentes generales. Los soviéticos contaban con un arsenal muy grande frente al alemán, pero ¿por qué habrían sufrido tal derrota inicial? Hubo numerosos motivos que habitualmente se pasan por alto o no son conocidos por todo el mundo:

  • La tecnología alemana no era la mejor del momento en cuanto a vehículos de combate. Los tanques T-34 y KV-1 eran muy superiores a lo mejor que tenían los alemanes,[49]​que eran sus preciados Panzer III, Panzer IV y los Stug III. Sin embargo, de los 19 500 tanques soviéticos, sólo el 5% eran T-34 de primera generación y propensos a fallos por su corta vida y un 2% eran KV-1, con los mismos problemas.[49][50]​A todo esto, hay que añadir que los viejos T-26 y los vehículos rápidos de la serie BT tenían una vida útil (antes de necesitar un cambio de motor o grandes reparaciones en él) de unas 100 horas de uso,[49]​tras las cuales se requería una gran labor de mantenimiento. Esto hizo que en la primera semana, el 50 % de los tanques soviéticos quedasen fuera de combate sin siquiera luchar.[50]
  • El enorme parque soviético de vehículos estaba en un pobre estado de reparación hacia 1941, donde más del 29 % necesitaba recambios y un 44 % una reconstrucción.[49][50]​Estos quedaron rápidamente fuera de servicio en los primeros días de la invasión debido a las averías.
  • Stalin se sorprendió por el hecho de que Alemania realmente estuviese atacando a la Unión Soviética, creyendo que el Tercer Reich no violaría el Pacto Ribbentrop-Mólotov de 1939 sin haber derrotado primero a Gran Bretaña y por ello tardó varios días en darse cuenta de la gravedad de la situación y en comenzar los preparativos para la guerra que ya había empezado con factor sorpresa. Pero además, las purgas stalinistas (como la Gran Purga de 1935) causaron que muchos buenos oficiales no estuvieran disponibles al haber sido encarcelados o fusilados, por lo que las tácticas soviéticas fueron deficientes durante una buena parte de la guerra.[51]
  • En el primer día se destruyeron más de 1 800 aviones soviéticos, muchos de ellos en tierra sin tan siquiera despegar y en el segundo día ya había unos 2 700 destruidos en total. Además, los aviones alemanes eran más veloces que los soviéticos y tuvieron el cielo bajo su dominio, lo cual propiciaba que las labores de localización de enemigos y exploración fueran un punto a favor de los alemanes, privando a los soviéticos de esta necesaria tarea.
  • Las tácticas alemanas estaban bastante evolucionadas y las cadenas de mando eran más cortas que en cualquier otro ejército,[52]​ pues en el Ejército Rojo sin órdenes de los mandos de más alto nivel las unidades más reducidas no podían actuar, ni siquiera en las más elementales tareas defensivas; esto provocaba que regimientos enteros de soldados soviéticos estuviesen quietos en el frente sin tomar iniciativas para el ataque o la defensa, esperando vanamente instrucciones de la STAVKA incluso cuando el enemigo estaba muy cerca, pues en caso de actuar por cuenta propia, o contraatacar sin permiso, los oficiales a cargo se exponían a ser sometidos a un consejo de guerra y fusilados.
  • La falta de municiones fue un punto de gran importancia. Sólo un 12 % de los tanques soviéticos tenía proyectiles perforantes,[49]​ mientras que el resto rara vez poseía un cargamento completo de munición rompedora o de alto explosivo, lo cual hacía que los enfrentamientos entre vehículos fuesen desastrosos para los soviéticos durante las primeras semanas.
  • La dispersión de los tanques del Ejército Rojo entre varias unidades frente a la cohesión de las divisiones acorazadas de la Wehrmacht fue también un punto importante, pues los tanques alemanes se concentraban para eliminar a los enemigos individualmente, mientras los tanques soviéticos (dispersos en pequeñas unidades) se veían en inferioridad en sus combates, a pesar de que el número global era mayor.[53]​ Esto mismo pasó a menudo en el desierto, donde el general Erwin Rommel solía tener menos efectivos, pero más concentrados que en el bando británico, lo cual aumentaba la eficacia alemana.
  • Otro aspecto crucial fue la mala calidad de las tropas soviéticas, descuidando la preparación de los soldados para operaciones reales.[49][50][52][53]​ Los alemanes estaban curtidos en las batallas del Frente Occidental y además estaban bien instruidos en los entrenamientos básicos. Esto suponía una gran ventaja en los combates, donde algunos vehículos soviéticos recibieron innumerables impactos sin siquiera localizar al enemigo.[49]
Bajas alemanas y soviéticas en el primer mes de la invasión[36]
Tipo de bajas Pérdidas alemanas Pérdidas soviéticas
Muertos y heridos 97 253 350 000
Prisioneros o desaparecidos 5 335 819 000

Causas del fracaso de la Operación BarbarrojaEditar

Experiencia de Otto Carius, comandante de carros de combate alemanes, sobre la primera toma de contacto con los carros soviéticos T-34[54]​:

Otro suceso que nos cogió como si nos hubiera caído encima una tonelada de ladrillos fue la aparición de los primeros carros rusos T-34. Nos sorprendieron completamente, ¿cómo era posible que «los de arriba» no conocieran la existencia de este carro superior? [...] ¿Qué se suponía que debíamos hacer contra tales monstruosidades que los rusos arrojaban contra nosotros en grandes cantidades? [...] Nuestra única salvación era el 8,8 cm Flak. Gracias a esos cañones podíamos hacer frente incluso a estos nuevos carros rusos. [...] Con Moscú casi a nuestro alcance —en nuestra opinión— comenzamos a darnos cuenta de que ya no era posible contar con un final rápido de la campaña.

Otto Carius, Tigres en el barro (2012) p. 29

Experiencia de un veterano ruso recogida en 1992 por la periodista bielorrusa Svetlana Aleksiévich[55]​:

A veces entrábamos en combate compartiendo un fusil entre cuatro. Mataban al primero y el segundo cogía el fusil; mataban al segundo y lo reemplazaba el próximo... Los alemanes no: ellos llevaban sus ametralladoras nuevecitas... Los alemanes se comportaban con altivez al principio. Ya habían doblegado a toda Europa y tomado París. Pensaban que la URSS caería en sus manos en un par de meses. Cuando caían heridos y los hacíamos prisioneros, escupían en nuestras enfermeras en la cara y se arrancaban las vendas al grito de «Heil Hitler». Pero su comportamiento cambió al final de la guerra. «¡No dispares, ruso! Hitler kaputt», imploraban.

Fragmento del libro el fin del «Homo soviéticus» escrito por la periodista Svetlana Aleksiévich, p. 257
 
Aviones soviéticos sobrevolando posiciones alemanas cerca de Moscú el 1 de diciembre de 1941.

Entre las causas del fracaso de la primera fase de la consolidación en tomar el control de la Unión Soviética se pueden citar:

  • La falta de información fiable sobre el número de divisiones, armamentos y ubicación en el escenario del Ejército Rojo, producto de la escasa labor de la Abwehr alemana respecto a ese tema y un peligroso exceso de confianza por parte de Hitler. El alto costo en vidas y material bélico sufrido por el Ejército Rojo en la Guerra de Invierno ayudó mucho a que el OKH germano menospreciara a los soviéticos: ver a la URSS perdiendo más tropas que Finlandia en ese conflicto avivó la desmedida confianza de Hitler.
  • La falta de abastecimientos: la logística alemana no estuvo a la par con las necesidades del frente. Por un error de cálculo Hitler creía posible aniquilar al Ejército Rojo en seis semanas y no dio órdenes para que las tropas germanas se preparasen para una guerra prolongada. Esto generó graves dificultades para vestir, armar y alimentar a las tropas mientras combatían en sitios muy distantes entre sí.
  • La vastedad del espacio soviético hizo que para la Wehrmacht fuera difícil controlarlo en su totalidad mientras a la vez estaba combatiendo. A eso se agrega que cada avance germano implicaba extender cada vez más las líneas de abastecimiento y comunicaciones, lo cual era la labor más importante para los alemanes. La misma vastedad geográfica permitía que los altos jefes del Ejército Rojo preparasen maniobras en espacios de docenas de kilómetros sin estar limitados por territorios reducidos que contuvieran grandes centros urbanos, como sucedió con los jefes militares de Polonia o de Francia.
  • La subestimación que Hitler hizo sobre la moral combativa y la industria militar soviética: no se tuvo en cuenta que la industrialización forzosa en la URSS fue acompañada de una gran mejora en las vías de comunicación internas del territorio soviético, lo cual no solo permitió a Stalin consolidar su poder en todo el país sino movilizar grandes masas de soldados y concentrarlas oportunamente en los frentes desde 1942. Nótese que se hace referencia a las comunicaciones internas, y no a las de las fronteras o las zonas periféricas, que eran, en general, más escasas o menos desarrolladas, lo que fue otro factor para ralentizar el avance alemán (al contrario de lo que ocurrió en Francia, donde su buen sistema de vías terrestres permitió una rápida penetración del ejército alemán).
  • La falta de flexibilidad en la toma de decisiones cruciales al tomar el mando Hitler personalmente sobre las operaciones: tal decisión resultó errada en tanto Hitler tomaba decisiones a 5.000 km de distancia del frente de batalla, desoyendo frecuentemente a sus asesores más experimentados como Gerd von Rundstedt o Erich von Manstein.
  • La falta de la experiencia en el terreno por parte de Hitler, quien tomaba decisiones militares de carácter técnico sin ser oficial profesional, y descartando el consejo de sus generales más expertos. Stalin también ansiaba mostrarse ante las masas como líder político-militar de la URSS pero en cuestiones tácticas y técnicas daba la iniciativa a oficiales profesionales como Gueorgui Zhúkov o Konstantín Rokosovski.
  • Las informaciones del espía comunista alemán Richard Sorge, establecido en Japón, permitieron a Stalin sacar de la frontera con Mongolia numerosas tropas soviéticas y a su comandante más capaz, el general Gueorgui Zhúkov. Sabiendo gracias a Sorge que Japón trataría de evitar un conflicto simultáneo con la Unión Soviética y con los Estados Unidos, y que el esfuerzo militar japonés se dirigiría hacia el Sur (hacia las Filipinas y las Indias Orientales Neerlandesas pero no hacia Siberia), Stalin pudo movilizar sin temor gran parte de sus unidades de reserva estacionadas en Asia, junto a la frontera china.
  • El «general invierno» de 1941-1942, con temperaturas históricamente extremas que limitaron la capacidad militar y moral del combatiente alemán. A ello se agrega que Hitler no esperaba un conflicto de larga duración contra los soviéticos y que la Wehrmacht no tenía planes, como se menciona anteriormente, de suministrar municiones, combustible y suministros para el invierno, decidiéndose por el armamento debido a la necesidad de mantener constantes los avances. Nótese que las anteriores campañas victoriosas de la Wehrmacht se habían desarrollado siempre en primavera o en otoño del hemisferio norte, pero jamás en invierno hasta 1941. El Ejército Rojo también padeció seriamente por la crudeza del invierno, pero su logística sí había previsto esta posibilidad y su personal estaba adaptado al clima.
  • Los fallos en la logística germana, pues no se previó que los ferrocarriles alemanes tuvieran que ser adaptados al ancho de vía ruso mientras se avanzaba en el frente, lo que era indicio de que tarde o temprano el avance debía detenerse o tornarse lento, lo que ocurrió después de la batalla de Smolensk. El tiempo perdido (de uno a dos meses) permitió a los soviéticos preparar sus defensas de cara a la crucial batalla de Moscú. Tampoco se previó la escasez de carreteras asfaltadas, ya que la mayoría eran de tierra, que con las lluvias se convertían en barrizales (la raspútitsa).
  • Y principalmente la reorganización y con ello la reacción del Ejército Rojo y de la Unión Soviética entera, ante el ejército alemán, en donde el gobierno y la nación completa se vieron comprometidos en la lucha defensiva, llamándose el conflicto como la Gran Guerra Patria, y cuidando de no repetir los errores de la Guerra de Invierno. En esta desesperada defensa nacional, los soviéticos se vieron impelidos a crear métodos y mecanismos de defensa nunca antes vistos, como el temido lanzacohetes múltiple Katiusha o Katiushka, el poderoso subfusil automático PPSh-41, el práctico fusil SVT-40, el preciso fusil para francotiradores Mosin-Nagant (si bien es una versión modificada de un fusil de finales del siglo XIX), entre otros[cita requerida]. También se desarrolló la propaganda de inspiración, en donde se publicitaba y se incentivaba el patriotismo, como es el caso de las publicaciones de las proezas realizadas por el famoso francotirador Vasili Záitsev, y los continuos paralelismos que hacía Stalin entre la invasión nazi de 1941 y la invasión napoleónica de 1812, excitando el patriotismo y el nacionalismo de las masas.
Tanques alemanes y soviéticos a lo largo de la guerra[56]
1941 1942 1943 1944 1945
Fuerza de tanques soviéticos 22 600 7 700 20 600 21 100 25 400
Fuerza de tanques alemanes 5 262 4 896 5 648 5 266 6 284
1941 1942 1943 1944 1945 Total
Producción de tanques soviéticos 6 274 24 639 19 959 16 975 4 384 72 231
Producción de tanques alemanes 3 256 4 278 5 966 9 161 1 098 23 759
Relación de producción 1:2 1:5.6 1:3.3 1:1.86 1:4 1:3
1941 1942 1943 1944 1945 Total
Pérdidas de tanques soviéticos 20 500 15 000 22 400 16 900 8 700 83 500
Pérdidas de tanques alemanes 2 758 2 648 6 362 6 434 7 382 25 584
Relación de pérdidas 1:7 1:6 1:4 1:4 1:1.2 1:4.4

Véase tambiénEditar

NotasEditar

  1. «En Karelia los ataques iniciales del Séptimo Ejército soviético contra las fortificaciones finlandesas de la línea Mannerheim fueron rechazados con grandes pérdidas. De poco sirvió el apoyo de tres brigadas del X Cuerpo Acorazado y cuatro regimientos de artillería. El ataque, llevado a cabo por 180.000 hombres, 900 piezas de artillería y 1.400 vehículos de combate, se realizó aproximadamente contra 133.000 defensores finlandeses angustiosamente cortos de artillería y medios blindados. Su carencia mas crítica era de piezas anticarro, ya que disponían tan solo de 67. Pero antes de ser aplastados, los finlandeses demostraron claramente las deficiencias de la doctrina de guerra acorazada de los soviéticos. [...] Se estima que los soviéticos desplegaron más de 6.000 vehículos de combate en Finlandia durante los tres meses y medio de guerra y que más de 3.500 se perdieron por diversos combates, averías o accidentes. Las fuerzas finlandesas capturaron o destruyeron aproximadamente 1.600 de estos vehículos, aparte de causar, de forma aproximada según los datos y la documentación disponibles, 250.000 bajas, poniendo en relieve las deficiencias del Ejército Rojo».| David Porter, Tanques soviéticos (2012), p.25
  2. «Hasta 1941, Hitler y Stalin habían buscado objetivos no tradicionales utilizando medios tradicionales. Stalin aguardaba el día en que un mundo comunista pudiera ser dirigido desde el Kremlin. Hitler había esbozado en su libro Mein Kampf su demencial visión de un imperio racialmente puro, gobernado por la predominante raza germana. Sería difícil imaginar dos visiones más revolucionarias. Sin embargo, los medios que Hitler y Stalin emplearon hasta culminar en su pacto de 1939 habrían podido tomarse de un tratado del arte de gobernar escrito en el siglo XVIII. En un nivel, el Pacto Nazi-Soviético fue una repetición de los repartos de Polonia efectuados por Federico el Grande, Catalina la Grande y la emperatriz María Teresa en 1772. Sin embargo, en contraste con estos tres monarcas, Hitler y Stalin eran adversarios ideológicos. Durante un tiempo, su común interés nacional en buscar la caída de Polonia superó sus diferencias ideológicas. Cuando por fin se deshizo su pacto, en 1941, se desencadenó la mayor guerra en tierra de la historia de la humanidad: de hecho, por la voluntad de un solo hombre. No deja de ser una gran ironía que el siglo XX, la época de la voluntad popular y de las fuerzas impersonales, fuese forjado por tan pocos individuos, y que su más grande calamidad habría podido evitarse con la eliminación de un solo hombre».| Kissinger, Diplomacia (1996)
  3. «El blindaje inclinado del T-34 le hacía prácticamente invulnerable a todas las armas montadas en los vehículos alemanes que no les disparasen a bocajarro, salvo los cañones de 50 mm L/60de los Panzer III. Por su parte, el KV solo debía temer a la artillería media y a las piezas antiaéreas de 88 mm. El KV tenía un impacto psicológico tan enorme que la presencia de un solo carro podía imponer un retraso importante al avance de los alemanes, como ocurrió entre el 23 y 24 de junio, cuando un KV-2 del III Cuerpo Mecanizado cortó la ruta de suministros de la 6ª División Panzer en la cabeza de puente sobre el río Dubissa, en Lituania, durante más de 24 horas».| David Porter, Tanques soviéticos (2012), p.37
  4. El enemigo era cruel e implacable. Pretende apoderarse de nuestras tierras, nuestros cereales y nuestro combustible. Es una cuestión de vida o muerte para nuestro estado. Esto no puede considerarse una guerra normal, porque es muchísimo más que un enfrentamiento entre ejércitos.| Stalin, 3 de julio de 1941

ReferenciasEditar

  1. a b c Clark, 2011, p. 73.
  2. Glantz, 2010, p. 9.
  3. a b Glantz, 2010, p. 20.
  4. Taylor, Alan (1974). History of World War II. Octopus Books. ISBN 978-0706403992. : 2,600,000
  5. Glantz, 2010, p. 9: 2,680,000.
  6. Glantz, David (1998). Stumbling Colossus: The Red Army on the Eve of World War. University Press of Kansas. pp. 10-11, 101, 293. ISBN 978-0700617890. : 2,900,000
  7. Mercatante, 2012, p. 64.
  8. Clark, 2011, p. 76.
  9. «KV-2 Soviet Heavy Breakthrough Tank of WWII»: según recientes estudios.
  10. Glantz, 2010, p. 28: 7,133.
  11. Mercatante, 2012, p. 64: 9,100.
  12. Clark, 2011, p. 76: 9,100.
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  18. a b c d Kissinger, 1996.
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BibliografíaEditar

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