Extrema derecha

posición política

Extrema derecha, derecha radical o ultraderecha son términos políticos utilizados para describir movimientos o partidos políticos que promueven y sostienen posiciones o discursos nacionalistas, patrioteros o ultraconservadores considerados extremistas. Estas posturas radicales corrientemente se vinculan con prácticas antidemocráticas.

Manifestación política en Praga, convocada por grupos ultraderechistas antisemitas, enero de 2009

Muchos partidos adquieren unas posturas de defensa exacerbada de la identidad nacional y no abogan por el mantenimiento de las instituciones y las libertades democráticas.[n. 1]​ Otros dicen aceptar las normas democráticas y así lo perciben sus electores.[n. 2]​ Sin embargo, varios de los dirigentes de partidos de extrema derecha suelen reivindicar o tener algún tipo de relación con la ideología de tipo fascista.[n. 3]

En su análisis de la ultraderecha actual, el politólogo neerlandés Cas Mudde diferencia los términos ultraderecha (far right) y extrema derecha (extreme right). El término ultraderecha englobaría a todos los derechistas que son «antisistema», es decir, que son hostiles a la democracia liberal, mientras que la extrema derecha sería uno de los dos subgrupos en que Mudde divide a la ultraderecha y que estaría caracterizado por rechazar la esencia de la democracia, es decir, «la soberanía popular y el principio de la mayoría», y cuyo ejemplo más trágicamente famoso sería el fascismo. El otro subgrupo de la ultraderecha sería la derecha radical populista (populist radical right) que, a diferencia de la extrema derecha en la terminología de Mudde, acepta la esencia de la democracia, «pero se opone a elementos fundamentales de la democracia liberal, y de manera muy especial, a los derechos de las minorías, al Estado de derecho y a la separación de poderes». Este segundo subgrupo de la derecha radical populista es el que, según Mudde, predomina en la ultraderecha del siglo XXI (dentro de lo que Mudde denomina cuarta ola de la ultraderecha iniciada en el año 2000 y que llega hasta nuestros días, y cuyos grandes «ejes temáticos» serían la inmigración, la seguridad, la corrupción y la política exterior, además de la cuestión del género.).[1]​ Así pues, la extrema derecha (extreme right) y la derecha radical populista (populist radical right), según Mudde, se distinguirían porque «mantienen posturas intrínsecamente diferentes respecto de la democracia».[2]

Historia

Antes de la Segunda Guerra Mundial (hasta 1945)

 
Sesión del Reichstag nazi presidida por Hermann Göring y con los diputados haciendo el saludo fascista al Führer Adolf Hitler (julio de 1940). La ideología de extrema derecha más importante es el fascismo, cuya versión más explícita y esencialmente antisemita y racista habría sido el nazismo.[3]

Las expresiones «derecha» o «extrema derecha» tienen su origen en el lugar donde se sentaban los diputados en el parlamento francés surgido tras la Revolución francesa: los monárquicos y los conservadores de la época se sentaban siempre en el lado derecho y los liberales en el izquierdo.[4]​ La extrema derecha se contrapone así a la izquierda radical, y en cierto modo es un movimiento antagónico a las ideas revolucionarias de la izquierda. Su origen ideológico reside en el pensamiento contrarrevolucionario conservador del francés Joseph de Maistre, quien, a partir de finales del siglo XVIII, reivindicaba la Edad Media como modelo, situando la ruptura en 1789, con una postura que se acercaba más al involucionismo político.

En la primera mitad del siglo XX, el fascismo y nazismo protagonizaron trágicos episodios en Europa, pero acabaron siendo claramente derrotados. Las ideas que estos movimientos representaban han ido teniendo continuidad a lo largo del tiempo, como el Partido Nacionaldemócrata de Alemania (NPD), fundado en 1964 o Falange Española, partido sucesor del fundado en 1933 por José Antonio Primo de Rivera, este último con unas ideas basadas en el fascismo italiano de Benito Mussolini con ideas nacionalsindicalistas.

Así, se consideraron partidos de extrema derecha a aquellas formaciones políticas cuyo ideario estuviera vinculado ideológicamente con el fascismo[5]​ a través de referencias a sus mitos y símbolos, además del seguimiento del programa fascista. También desarrollaron una activa labor de deslegitimación de la democracia mediante una oposición antisistema,[6]​ aunque también se incluyen los grupos neonazis, cuya inspiración es la ideología nazi (contracción de la palabra alemana Nationalsozialistische, que significa «nacional-socialista»).[n. 4]

Después de la Segunda Guerra Mundial (1945-actualidad)

El politólogo alemán Klaus von Beyme distinguió en 1988 tres olas en la historia de la ultraderecha después de la Segunda Guerra Mundial. Treinta años después el politólogo neerlandés Cas Mudde añadió una cuarta ola que se habría iniciado en el año 2000.[7]

Primera ola (1945-1955)

La primera ola de la ultraderecha comenzó en 1945 y terminó hacia 1955. Se caracterizó por la existencia de pequeños grupos que se mantuvieron leales a la causa fascista a pesar de la derrota. Estos grupos llamados neofascistas, aunque nada tenían de nuevos pues seguían fieles a la vieja ideología nazi o fascista, se situaron en los márgenes del sistema político y de la sociedad debido al «consenso antifascita» alcanzado tras el final de la Segunda Guerra Mundial ―el «nunca más»―. Se agruparon inicialmente en asociaciones de apoyo a los excombatientes de la Wehrmacht. Los que constituyeron partidos neofascistas ―algunos de los cuales fueron prohibidos por los tribunales como el alemán Partido Socialista del Reich o el neerlandés Movimiento Social Europeo Nacional― o no concurrieron a las elecciones o cuando lo hicieron obtuvieron un escasísimo apoyo. La excepción la constituyó el Movimiento Social Italiano (MSI, siglas también leídas como ‘’Mussolini Sei Immortale’’ [«Mussolini, eres inmortal»]). Lo encabezaba Giorgio Almirante, un antiguo cargo del gobierno fascista, y consiguió entrar en 1948 en el parlamento de la recién proclamada República italiana. Nunca dejó de conseguir algún escaño a lo largo de toda su existencia ―en 1995 se transformó en la «posfascista» Alianza Nacional―. Los partidos neofascistas europeos fundaron en 1951 el Movimiento Social Europeo, estimulados por el éxito del MSI italiano, pero fue una iniciativa, en la que también participó el fascista británico Oswald Mosley, que no tuvo ninguna repercusión. Tampoco la tuvo la propuesta del neofascista estadounidense Francis Parker Yockey de formar el Frente de Liberación Europeo. Fuera de Europa solo surgieron pequeños grupos neofascistas en América Latina muy influidos por el régimen salazarista de Portugal y el régimen franquista de España.[8]

Segunda ola (1955-1980)
 
Cartel electoral del candidato racista George Wallace para las elecciones presidenciales de Estados Unidos de 1968. En el cartel se dice: "Se necesita coraje. ¡Wallace lo tiene! ¿Tú lo tienes? ¡Defiende a Estados Unidos!".

La segunda ola de la ultraderecha, 1955-1980, se caracterizó por el predominio del populismo de derecha, que se definía por su oposición a las élites de la posguerra. El ejemplo más importante del populismo de derecha lo constituyó el poujadismo, por el nombre del líder de la Unión de Defensa de Comerciantes y Artesanos Pierre Poujade. A diferencia de los partidos neofascistas, el poujadismo no era abiertamente antidemocrático, aunque uno de sus rasgos era el antiparlamentarismo ―Poujade llegó a decir que la Asamblea Nacional francesa era el «burdel más grande de París»―. En 1955 se convirtió en un movimiento de masas llegando a alcanzar los cuatrocientos mil miembros y en las elecciones francesas de 1956 logró dos escaños, uno de ellos ocupado por el líder de las juventudes poujadistas Jean-Marie Le Pen. Con el advenimiento de la Quinta República Francesa en 1958 el poujadismo desapareció. En otros países europeos también surgieron partidos populistas de derechas como el Partido del Progreso de Dinamarca (que en 1973 logró el 15,9 % de los votos) o el Partido del Progreso de Noruega (que no pasó del 5% de los votos), que defendieron el neoliberalismo económico (se oponían a los impuestos altos y al sector público: el partido danés llegó a pedir la supresión del presupuesto de defensa).[9]​ En Estados Unidos el populismo de derecha estuvo representado por la John Birch Society, el senador Joseph McCarthy y los candidatos a la presidencia Barry Goldwater y el racista George Wallace, este último al frente del Partido Independiente Americano con conexiones con el Ku Klux Klan (KKK) y el Citizens' Council.[10]

Durante la segunda ola el neofascismo continuó estando presente en la escena política de los países occidentales aunque sin abandonar la marginalidad. La excepción la constituyó en Europa el Partido Nacionaldemócrata de Alemania (NPD) fundado en 1964 por antiguos altos cargos nazis y que convirtió la oposición a la inmigración de origen no europeo en una de sus señas de identidad. Por las mismas fechas se fundó en Gran Bretaña el abiertamente racista Frente Nacional ―«Alto a la inmigración» o «Hagamos Gran Bretaña grande de nuevo» eran algunos de sus lemas―. [11]​ Sin embargo, durante esta segunda ola «las formaciones ultraderechistas no pasaban de ser un fenómeno político marginal. Los grupos neonazis apenas podían manifestarse por las calles sin ser detenidos y los partidos antiimigración no obtenían casi ningún apoyo electoral».[12]

Tercera ola (1980-2000)
 
Manifestación ante el Parlamento de los Países Bajos en La Haya contra la entrada en el mismo del Partido del Centro de Hans Janmaat en 1982. En la pancarta se dice "Han vuelto".

Entre 1980 y 2000 se produjo la tercera ola de la ultraderecha durante la cual los partidos europeos de la derecha radical populista, convertida al final del periodo en la ideología dominante de la extrema derecha, fueron entrando en los parlamentos especialmente durante la década de 1990 ―años en los que alcanzaron un porcentaje medio de votos del 4,4%, cuando en la década de 1980 apenas superaban el 2%―. Su crecimiento se debió al aumento del desempleo provocado por las sucesivas crisis del petróleo de 1973 y 1979 y también a los efectos de la inmigración masiva. Los primeros en entrar en sus respectivos parlamentos fueron el flamenco Vlaams Blok en 1978, el Partido del Centro de los Países Bajos en 1982 ―cuyo lema era: «Los Países Bajos no son un país de inmigrantes. ¡Alto a la inmigración!»― y el Frente Nacional francés del antiguo poujadista Jean-Marie Le Pen en 1986 ―este último obtuvo el 9,6% de los votos―. Por otro lado, antiguos partidos conservadores tradicionales se transformaron en partidos de derecha radical, como el Partido de la Libertad de Austria (FPÖ) de Jörg Haider y el Partido Popular Suizo de Christoph Blocher. Tras las revoluciones de 1989 que provocaron la caída del comunismo, en Europa Oriental se formaron partidos de ultraderecha como el Partido Croata de los Derechos, el Partido Nacional Eslovaco o el Partido de la Gran Rumanía.[13]

Estos partidos de la derecha radical populista se caracterizaban además de por el populismo de derechas por el autoritarismo y por el nativismo. «Criticaban a los inmigrantes y/o las minorías autóctonas [como los gitanos en el Este de Europa], así como a la élite europea y la nacional, al tiempo que se presentaban a sí mismos como la voz popular que decía lo que el pueblo piensa». Sin embargo, no lograron formar ninguna alianza internacional. Fuera de Europa, también creció la ultraderecha. En India el Partido Popular Indio (BJP) se fundó en 1980 y en Australia Pauline Hanson fundó en 1997 el One Nation Party. En Israel fueron prohibidos en 1994 los neofascitas Kach y su sucesor Kahane Chai del rabino Meir Kahane.[14]

El crecimiento de la ultraderecha durante la tercera ola, en concreto de los partidos de derecha radical populista, fue respondido por la sociedad y por el resto de formaciones políticas, por lo que estos partidos continuaron relegados en los márgenes del sistema político. Por ejemplo, en 1982 hubo una gran manifestación en La Haya frente a la sede del Parlamento para protestar por la entrada en el mismo del ultraderechista Partido del Centro de Hans Janmaat. Los manifestantes portaban pancartas en las que se podía leer: «Han vuelto» o «El racismo es odio a las personas». En 2000 la entrada en el gobierno de Austria del ultraderechista FPÖ provocó protestas multitudinarias y un boicot de la comunidad internacional. Dos años después, cuando el líder del Frente Nacional Jean-Marie Le Pen alcanzó la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Francia de 2002, se produjo una enorme movilización a favor del otro candidato, el gaullista Jacques Chirac, que obtuvo más del 80% de los votos.[15]

Cuarta ola (2000-actualidad)
 
Parlamentos nacionales europeos con representantes de partidos de la derecha populista en 2018. En azul oscuro, los que forman parte del gobierno.

La cuarta ola de la ultraderecha se inició hacia el año 2000 y llega hasta la actualidad. Su principal diferencia respecto a las tres olas anteriores es que los partidos de ultraderecha han dejado de ser marginales. Los partidos tradicionales han empezado a adoptar algunos de sus postulados y a considerarlos posibles aliados en el gobierno o en la oposición debido fundamentalmente a que la ultraderecha ha comenzado a tener un peso electoral y político cada vez mayor, incluso en países donde había tenido una escasa implantación ―en la segunda década del siglo XXI alcanzaron de media un 7,5% de apoyo electoral, cuando veinte años antes era del 4%, y algunos partidos consiguieron ser los más votados en sus respectivos países, como el Partido Popular Danés (DF), el Fidesz húngaro, el Frente Nacional francés, el PiS polaco o el Partido Popular Suizo (SVP)―.[16]

Según Cas Mudde el crecimiento de la ultraderecha en esta cuarta ola se ha debido al impacto de tres crisis: el 11-S de 2001, la Gran Recesión de 2008 —causante de la creciente inseguridad con que los ciudadanos ven su futuro—[17]​ y la «crisis de los refugiados» de 2015 ―a esta última «crisis» Mudde le concede especial relevancia pues la considera el catalizador del proceso de desmarginación de la ultraderecha en Europa, porque a partir de entonces «las manifestaciones antiinmigración se han convertido en habituales en las calles de muchas ciudades europeas importantes, y también la violencia ultraderechista contra antifascistas, inmigrantes, miembros de la comunidad LGTBQ y refugiados ha experimentado un notable incremento»―.[16]

 
Cartel suizo (probablemente del partido de ultraderecha SVP) contra el islam y la naturalización de los inmigrantes . Se pregunta: "¿Naturalizar incontroladamente?" y se responde "NO".

Otra de las características de la cuarta ola es la heterogeneidad de la ultraderecha que incluye no solo a los partidos de derecha radical populista, los predominantes, sino también a partidos conservadores transformados en populistas, entre los que destacan el Fidesz húngaro y el PiS polaco, que han llegado a alcanzar el gobierno de sus respectivos países, y a partidos neofascistas como el griego Amanecer Dorado o el eslovaco Kotleba-Partido Popular Nuestra Eslovaquia.[16]

Por último, hay que señalar como otra característica específica de la cuarta ola la importancia cada vez mayor de los partidos de ultraderecha en la formación de los gobiernos, apoyando a gobiernos en minoría ―como el Partido Popular Danés (DF) o el neerlandés Partido por la Libertad (PVV)―, formando parte de gobiernos de coalición ―como el FPÖ en Austria, la Unión Nacional Ataque en Bulgaria, la Concentración Popular Ortodoxa (LAOS) en Grecia o la Liga Norte en Italia― o incluso formando gobiernos en solitario, como el Fidesz en Hungría o el PiS en Polonia.[18]​ Fuera de Europa tres de las democracias más pobladas del planeta han estado o están gobernadas por líderes ultraderechistas: Narendra Modi del BJP en India, Jair Bolsonaro en Brasil y Donald Trump en Estados Unidos.[19]

También hay que destacar como característica de la cuarta ola que los partidos ultraderechistas han conseguido incluir «sus» temas en el debate público ―la inmigración, la seguridad ciudadana, lo «políticamente correcto», la islamofobia, el «buenismo», el euroescepticismo, el terrorismo, etc.― y que la derecha tradicional ha asumido algunos de ellos en su agenda política y también algunos de sus principios como el nativismo, el populismo o el autoritarismo aplicándolos cuando llegan al gobierno. Según Cas Mudde, «la desmarginación de la ultraderecha ―en cuanto a su ideología, sus propuestas y su organización― característica de la cuarta ola ha hecho que las fronteras entre la derecha radical y la tradicional o convencional ―y, en algunos casos, la izquierda, como ha sucedido en la República Checa o Dinamarca― se hayan vuelto cada vez más difíciles de establecer».[20]

En Europa una parte importante de la ultraderecha se caracteriza por un gran sentimiento euroescéptico, antiglobalización, y de oposición a la inmigración de una forma nacionalista y en ocasiones, xenófoba y racista.[21]​ Igualmente tiende a tener una ideología conservadora, en sus vertientes nacionalista, liberal o social. La ultraderecha tiene una fuerte presencia en países como Países Bajos,[22]Austria[23]​, Italia,[24]​, Francia, Reino Unido,[25]Suecia,[26]Finlandia,[27]Bélgica[28]​, Alemania, España o Grecia.[29]​ Este crecimiento de la ultraderecha ha provocado una enorme preocupación por el recuerdo de los episodios de la primera mitad del siglo XX.[n. 5]

Ideología

La expresión «extrema derecha» ha sido utilizada por diferentes estudiosos de manera un tanto contradictoria debido a las diferentes configuraciones ideológicas,[30]​ al no existir un consenso sobre una ideología concreta que defina a todos los grupos enmarcados en la extrema derecha, especialmente si tenemos en cuenta las variaciones ideológicas sufridas a lo largo del tiempo. Así, en opinión del profesor mexicano Rodríguez Araujo, el término derecha «es también un concepto que ha variado según las tradiciones y el tipo de sociedad y de poder que se han defendido a lo largo de la historia. Muchas de las posiciones políticas que ahora consideramos de derecha fueron de izquierda en otro momento».[31]

En consecuencia, podemos afirmar que no todos los grupos de extrema derecha comparten los mismos ideales, pero la mayoría tiene una visión del mundo conspirativa y ultranacionalista, que les permite recoger el voto de protesta contra las imperfecciones de la democracia parlamentaria representativa. Tienen en común al menos alguna de las siguientes características:

 
Cartel del Partido Popular Danés pidiendo el 'NO' en el Referéndum de 2015 en el que se dice: "¿Más UE? No, gracias".
  • Nacionalismo: La idea nacional es una característica común a todos las ideologías de extrema derecha. La nación se concibe como una unión étnica frente al nacionalismo político de origen francés, aunque al mismo tiempo son las definiciones de nación las que, en ocasiones, separan a estos movimientos: por ejemplo, la extrema derecha española siempre estará enfrentada con su homóloga británica a causa de Gibraltar y estos últimos, a su vez, con los nacionalistas irlandeses a causa de Irlanda del Norte. Más allá, también tienen diferencias en su concepción de la realidad nacional. La Liga Norte italiana, por ejemplo, busca la independencia de su región,[32]​ mientras la extrema derecha española busca la cohesión de su nación.[33]
  • Proteccionismo: Se abarca en particular, una oposición al liberalismo.[cita requerida] Por otra parte, no existe ninguna tendencia económica clara entre estos grupos. Mientras algunos como el nazismo y el fascismo defendían cierta intromisión del estado en la economía, hubo otros totalmente liberales en lo económico, tal como el pinochetismo, e incluso algunos como el franquismo no tenían un programa definido y su política económica evolucionaba en función de las circunstancias. También se incluyen algunos defensores de la meritocracia.
 
Miembros del grupo neonazi canadiense Aryan Guard en Calgary portando una bandera con el lema "White Pride Worldwide" ('Orgullo Blanco en todo el mundo') y la Cruz Celta (2009).
  • Conservadurismo: Es un término que se usa para describir a aquellos conservadores que defienden promover la cultura y la identidad étnica nacional, como forma de promover el crecimiento de la sociedad. Existen grupos hegelianos que defienden que el orden instituido ha sido propuesto directamente por Dios y no se puede ni debe cambiar; por ello defenderán la forma de estado existente por el mero hecho de que es la que se ha impuesto. Además, hay una exaltación de los valores que se consideran adecuados para la sociedad. En general, son movimientos que se sirven de los símbolos para desarrollar su política. Suelen tener cierta tendencia militarista y de mantenimiento de los valores de la sociedad o una recuperación de estos. Las políticas nacionalistas y expansionistas son muy comunes, puesto que muestran el poder que ha alcanzado la propia nación frente al extranjero decadente.
  • Anticomunismo: Es la oposición al comunismo y especialmente al marxismo. Ideológicamente se basa en el rechazo al concepto de materialismo histórico, y a la lucha y diferencia de clases propias de la sociedad civil.
  • Xenofobia: Estos movimientos rechazan a los extranjeros, defendiendo la pureza nacional e incluso racial, a menudo culpándoles de hechos como el desempleo o la delincuencia.[36]

El politólogo neerlandés Cass Mudde, uno de los principales expertos sobre la ultraderecha —ha publicado artículos sobre el tema en los principales diarios de referencia como, por ejemplo, el que escribió para The Washington Post analizando el ascenso de la ultraderecha en las elecciones al Parlamento Europeo de 2014[37]​ ha propuesto diferenciar dentro de la ultraderecha (far right) los partidos de extrema derecha (extreme right) de los partidos de la derecha radical populista (populist radical right):[38]

 
Cartel de los Demócratas de Suecia en el que se dice: "¡DETENED LA INVASIÓN!. AYUDA A LOS INMIGRANTES a regresar a sus países de origen". Un ejemplo del nativismo y de la xenofobia de la ultraderecha.

Las razones de estas diferencias son históricas y geográficas.[41]​ Por un lado, muchos países de Europa Oriental (como Rumania, Hungría, Croacia, Alemania Oriental) pasaron tanto por dictaduras fascistas autóctonas como por regímenes comunistas donde se daba a menudo persecuciones antijudías. En estos países además de tener partidos que pueden derivar directamente de las agrupaciones tradicionales históricas del fascismo, el discurso «clásico» racial, nacionalista e irredentista no escandaliza tanto a la sociedad, y debido a que la cantidad de inmigrantes musulmanes es relativamente menor se requiere un nuevo «chivo expiatorio» (minorías como gitanos y judíos). Por el contrario en Europa Occidental, la mayoría de países no han tenido dictaduras fascistas y su principal contacto con el fascismo se dio durante la ocupación nazi, por lo que en muchos casos se enorgullecen de las luchas antinazis del pasado. Por ello, salvo excepciones, los partidos de ultraderecha de estas naciones dejan de lado ataques contra las pequeñas comunidades judías y se enfocan en el discurso anti-islámico [42]​ siendo la inmigración musulmana un problema mayor para muchos sectores de la ciudadanía e incluso comparan al islam con el nazismo, el Corán con Mein Kampf, etc., y el discurso racista se deja de lado (al punto de que personas de etnia negra o judía pueden pertenecer a estos partidos). [43]

La ultraderecha actual

El politólogo Cas Mudde señala los siguientes componentes de la ideología de la ultraderecha actual:[44]

  • El nativismo, entendido como una combinación de nacionalismo y xenofobia, y cuyo ideal político sería la etnocracia ―y el monoculturalismo asociado a ella―. En algún caso el nativismo puede ir unido a una determinada religión como en la ideología “hindutva”. «Todas las ideologías de ultraderecha están construidas sobre una estricta contraposición entre nosotros y ellos, pero tanto ese "nosotros" como ese "ellos" pueden variar con el paso del tiempo. Los grupos cambian aquellos "otros" a quienes consideran una amenaza, pero, en ese proceso, no solo modifican el "ellos", sino que también transforman su "nosotros"».[45]
  • La islamofobia, que constituye «el prejuicio más definitorio de la ultraderecha» actual, en cuanto que confunde Islam con islamismo.
  • El antisemitismo, aunque hay muchos partidos de ultraderecha, especialmente en Europa occidental, que no son antisemitas e incluso algunos se manifiestan filosemitas en cuanto consideran a Israel un modelo de etnocracia y un aliado natural en la lucha contra el Islam.
  • El etno-pluralismo, una nueva ideología definida por la Nouvelle Droite ―y cuyos oponentes lo consideran un «nuevo racismo»―, que «sostiene que las personas se dividen en grupos étnicos que son iguales en jerarquía, pero que deben mantenerse segregados unos de otros». Sin embargo, el racismo puro sigue presente entre la ultraderecha ―uno de los líderes del EKRE afirmó: «si eres negro, regresa a tu casa»; «quiero que Estonia sea un país blanco»―.
  • El autoritarismo, entendiendo por tal, «la idea de una sociedad ordenada de forma estricta y en la que por tanto, la vulneración de las órdenes de la autoridad será castigada con dureza». Así, «los autoritarios conciben casi todos los “problemas”… desde una óptica esencialmente de orden público».
  • El populismo, una ideología según la cual, «la sociedad está separada en último término en dos grupos homogéneos y antagónicos, que son el pueblo puro y la élite corrupta, y desde la que se defiende también que la política debería ser una expresión de la ‘’volonté générale” (voluntad general) del pueblo».

En cuanto a los temas que forman parte de la agenda política de la ultraderecha Cas Mudde afirma que hasta el año 2000 aparecía únicamente la inmigración, pero con el auge de la derecha radical populista han aparecido otros cuatro temas que se han sumado a aquel: la seguridad, la corrupción, la política exterior y la cuestión de género. [46]

 
Cartel de la Liga Norte de Italia sobre la inmigración en el que se dice: "¡No pudieron ponerle reglas a la inmigración, ahora viven en las reservas!". Hay una alusión implícita a las teorías conspirativas de ultraderecha del «genocidio blanco» y de «El gran reemplazo».
  • La inmigración. La ultraderecha ve la inmigración como una amenaza. La derecha radical populista la considera una amenaza existencial a su nación y a su Estado, y la extrema derecha, en la acepción de Mudde, un amenaza a la raza blanca apoyada por el propio Estado con su permisividad a la inmigración y su defensa del multiculturalismo, propiciando así un «genocidio blanco». Suelen recurrir como «argumento» a la teoría conspirativa de «El gran reemplazo», según la cual la población blanca de «Occidente» estaría siendo barrida por la masiva arribada de inmigrantes. En cuanto a la causa de la inmigración los partidos de ultraderecha consideran que no es la pobreza de los países en desarrollo, sino las políticas progresistas de los países desarrollados que la alientan y la favorecen. El presidente del gobierno húngaro Viktor Orbán ha llegado a señalar al multimillonario filántropo judío y húngaro-estadounidense George Soros como el cerebro de la conspiración que está detrás de la inmigración masiva.[47]​ La ultraderecha también presenta la inmigración como una amenaza para las mujeres «nativas» ―mostrando a los «foráneos» como depredadores sexuales― y para sus derechos ―a causa de la «invasión» musulmana―, en lo que se ha dado en llamar «feminacionalismo» ―el uso que hace la ultraderecha de algunos postulados del feminismo para justificar sus posturas xenófobas―. Algunos partidos también presentan la inmigración como una amenaza contra el colectivo LGTBIhomonacionalismo»).[48]
La ultraderecha incluye en la «amenaza» de la inmigración a los descendientes de los inmigrantes nacidos en el propio país aunque posean la ciudadanía, pues los siguen considerando «inmigrantes», «foráneos» o «extranjeros», en especial si son musulmanes, ya que la islamofobia y el temor a la «islamización» de sus sociedades forman parte esencial del ideario ultraderechista. Todo ello responde al nativismo, la etnocracia y el monoculturalismo que defiende la ultraderecha. Así, algunos partidos llegan a propugnar la expulsión de los descendientes de los inmigrantes que se nieguen a asimilarse a la cultura «nativa», aunque difieren en cuanto al grado de asimilación exigido. «Algunos consideran que solo los grupos étnicos “relacionados” con el nativo pueden asimilarse ―es decir, por ejemplo, que solo otros europeos (blancos) pueden llegar a ser alemanes o húngaros―, mientras que otros se centran principalmente en la idea de que el islam es incompatible con su nación y, por lo tanto, que los musulmanes no pueden asimilarse en las sociedades “occidentales”».[49]
 
Carteles del suizo SVP de 2010. En el de la izquierda se pregunta "¿Extranjeros?" y en el de la derecha se responde "¡Referéndum.ch!".
  • La seguridad. La ultraderecha entiende el tema de la seguridad en un sentido amplio pues no sólo se refiere a la de los individuos sino también a la de la nación o la de la raza, y siempre abordándola desde un punto de vista nativista pues los «extranjeros» son vistos como los causantes principales de la inseguridad. Así, por ejemplo, cuando trata el tema de la delincuencia se refiere casi exclusivamente a los (supuestos) delitos cometidos por los de «fuera» ―de ahí que los partidos ultraderechistas califiquen frecuentemente a los «extranjeros» como delincuentes― y además denuncia que el (supuesto) crecimiento de la delincuencia está provocado por la llegada de inmigrantes ―uno de los eslóganes preferidos del ultraderechista neerlandés Geert Wilders es: «más seguridad, menos inmigración»―. De acuerdo con el autoritarismo que caracteriza a la ultraderecha, para acabar con la delincuencia ―y para mejorar la seguridad― propugna el endurecimiento de las leyes y la actuación contundente de los tribunales y de las fuerzas de orden público, cuyo número debe ser ampliado así como su presencia en las calles ―por ejemplo, el presidente de Brasil Jair Bolsonaro declaró: «Si un policía mata a diez, quince o veinte presuntos delincuentes metiéndoles diez o treinta balas a cada uno, lo que habría que hacer es darle una medalla, no enjuiciarlo»―. Con este mismo objetivo los partidos de la ultraderecha defienden que se debe actuar en el campo educativo para inculcar en los jóvenes el sentido de la disciplina y del respeto y los «valores tradicionales», entre los que se incluye la «familia», y al mismo tiempo denuncian que el profesorado «izquierdista» los está «adoctrinando» con ideas «perversas» como el «marxismo cultural». Por otro lado, los partidos de ultraderecha también vinculan estrechamente el terrorismo con el Islam, y culpan al multiculturalismo defendido por la izquierda como una de las causas de su proliferación. Por ejemplo, Marine Le Pen llegó a decir en 2017 que Francia (la Francia multicultural) se había convertido en «una universidad de yihadistas».[50]
  • La corrupción. Cuando la ultraderecha habla de corrupción suele adoptar una posición populista al vincularla con las élites económicas y políticas, a las que suelen acusar de «antinacionales» porque «roban al pueblo» y entre las que incluyen también a «la izquierda» ―y a las fundaciones y ONGs supuestamente vinculadas a ella― a la que acusan además de corromper las mentes y opiniones de las personas, en especial de las mujeres, con el «marxismo cultural». Un ejemplo puede ser el siguiente tuit postbrexit del UKIP de finales de 2018: «No os engañéis: la Unión Europea quiere controlar vuestros pensamientos por medio de vuestra forma de hablar para difundir su ideología neomarxista posmoderna».[51]
 
Cartel de Alternativa por Alemania en el que se dice: "El Islam no pertenece a Alemania. ¡La libertad de las mujeres no es negociable!" (Schleswig-Holstein, 2018). Un ejemplo de feminacionalismo y también del nativismo, de la islamofobia y del etno-pluralismo de la ultraderecha.
  • La política exterior. Los partidos ultraderechistas conciben el mundo como una jungla por lo que consideran que la principal obligación de los verdaderos «patriotas» sería poner por delante los intereses de la propia nación, cuyo ejemplo más conocido sería el ‘’America First” (‘América primero’) del presidente estadounidense Donald Trump. En consecuencia, los partidos de ultraderecha son hostiles a los organismos supranacionales como la Unión Europea, a la que consideran una amenaza a la soberanía nacional por lo que propugnan abandonarla o «reformarla» desvirtuando completamente el proyecto europeo (formando en su lugar una «Europa de las patrias», es decir, de los Estados, como propugnan la RN francesa o el español Vox). También la ONU ha sido objeto de ataques por parte de la ultraderecha al considerarla, especialmente por la ultraderecha de Estados Unidos (la ONU pretende establecer un «Nuevo Orden Mundial» recurriendo, entre otros medios, a los «helicópteros negros») o la del Estado de Israel (la ONU sería una organización antisemita dominada por los países árabes), como el primer paso para el establecimiento de un aterrador gobierno mundial (cosmopolita) ―en un tuit de 2018 Santiago Abascal, líder del partido ultraderechista español Vox escribió contra «la oligarquía globalista, vividora de los presupuestos [públicos], que pretende imponer a los pueblos modelos fracasados, [y] se dedica ahora a demonizar la democracia y la soberanía de las naciones»―. Por otro lado, la preeminencia que se concede a la propia nación conduce en ocasiones a posturas irredentistas, es decir, a la reclamación de territorios «perdidos», como en el caso del Fidesz que aspira a reunificar en la ‘’Gran Hungría’’ todos los territorios (de Rumanía, Serbia, Eslovaquia y Ucrania) donde habitan «húngaros».[52]
  • La cuestión de género. Partiendo de la idea de que la «familia» es uno de los cimientos de la nación (familismo), la mayoría de la ultraderecha mantiene un punto de vista tradicional sobre las mujeres a las que consideran exclusivamente como madres (actuales o futuras), aunque hay partidos, como los de la derecha radical populista del norte de Europa, que no priorizan la maternidad ―sin embargo afirman que la igualdad de género ya se ha alcanzado en sus países―. Asimismo los partidos de ultraderecha son sexistas, presentando una mezcla entre el «sexismo benevolente» (que ve a las mujeres como seres puros moralmente y débiles físicamente por lo que deben ser protegidas por los hombres de «verdad» ya que las mujeres son el vientre de la nación, la madre de los hijos, las responsables de criar moral y físicamente a la generación siguiente) y el «sexismo hostil» (que, al igual que en la «manosfera», presenta a las mujeres como moralmente corruptas y políticamente poderosas, y son vistas como una amenaza para los hombres pues su propósito es dominarlos por medio de la ideología feminista o la seducción sexual), en lo que se ha dado en llamar «sexismo ambivalente». En consecuencia, la ultraderecha también se caracteriza por el antifeminismo pues considera que el feminismo (y su «ideología de género») socava la familia tradicional, poniendo así en riesgo la supervivencia de «la nación», además de ser «ajeno» a la cultura nacional ―así que en cuanto han llegado al gobierno el PiS y el Fidesz han aplicado políticas de «desmarginación de la familia», de negación del derecho al aborto y de prohibición de los estudios de género―. Así, la mayoría de los partidos de ultraderecha presenta a las feministas como un colectivo intolerante y opresor (de ahí el término despectivo de «feminazis» que suelen usar). Junto con el feminismo, la otra gran «amenaza» a la «familia» la representaría el colectivo LGTBI con su pretendida «agenda homosexual», aunque existen algunos partidos de ultraderecha, como la Liga de Defensa Inglesa (EDL) o el PVV, que no son homófobos y aceptan la homosexualidad y a los homosexuales. Sin embargo buen número de partidos, como el PiS y el Fidesz, y de líderes de ultraderecha, como el brasileño Jair Bolsonaro, son abiertamente homófobos y radicalmente opuestos al matrimonio homosexual ―en Hungría la nueva Constitución proclama que «protegerá la institución del matrimonio entendida como la unión de un hombre y una mujer»―.[53]

Organización

 
En 2019 el semanario polaco de ultraderecha ‘’Gazeta Polska” repartió estas pegatinas homófobas con la bandera arcoíris tachada y un lema alrededor que dice: "Zona libre de LGBT".

Los partidos políticos no son la única forma de articulación de la ultraderecha, aunque constituyen su núcleo central en el siglo XXI. También existen los movimientos sociales de ultraderecha, que están bien organizados pero que a diferencia de los partidos no se presentan a las elecciones, y las subculturas ultraderechistas, que carecen de organización. Dentro de los movimientos sociales se encuentran las organizaciones intelectuales, las organizaciones mediáticas y las organizaciones políticas. Las organizaciones intelectuales «están centradas en desarrollar ideas de ultraderecha y en innovar en ese terreno y en formar sobre todo a los activistas ultraderechistas». La más importante sería la Nouvelle Droite cuyos orígenes se remontan a la fundación del GRECE en París en 1968 y cuya figura principal es Alain de Benoist. A la Nouvelle Droite habría que sumar diversos think tanks de Estados Unidos, como el islamófobo Gatestone Institute de John Bolton, la American Renaissance de Jared Taylor o el National Policy Institute de Richard B. Spencer (estas dos últimas organizaciones ligadas a la alt-right). En Europa hay que citar dos centros educativos superiores de ultraderecha: el Instituto de Ciencias Sociales, Economía y Política de Marion Maréchal-Le Pen y la Universidad de Cultura Social y Mediática del sacerdote católico polaco Tadeusz Rydzyk. En cuanto a las organizaciones mediáticas hay que destacar los sitios web estadounidenses Stormfront (neonazi), Breitbart News (de derecha radical), The Daily Stormer (neonazi), InfoWars (conspirativa), y VDARE (supremacista blanca). En Europa destacan Junge Freiheit y Gazeta Polska, y en Israel Arutz Sheva.[54]

En cuanto a las organizaciones políticas de ultraderecha, que suelen estar estructuradas como los partidos políticos pero que se diferencian de estos en que no se presentan a las elecciones (o han dejado de hacerlo), hay que subrayar que la mayoría de ellas son marginales y cuentan con muy pocos activistas. Algunas de las más conocidas son el Movimiento Nacionalsocialista de Estados Unidos, la Liga de Defensa Inglesa (EDL), la alemana PEGIDA o la japonesa Zaitokukai. Sin embargo hay una organización política de ultraderecha con muchos afiliados y muy poderosa: la Nippon Kaigi (‘Conferencia Japón’).[54]​ También destaca el movimiento identitario —ideológicamente un derivado de la Nouvelle Droite— que está activo en varios países europeos y en Estados Unidos y Canadá —en estos dos últimos países en conexión con la alt-right—.[55]

 
Manifestantes de derecha alternativa en la manifestación Unite the Right (Charlottesville, 11 al 12 de agosto de 2017) llevando banderas de la confederación, de Gadsden, y una nazi.

Entre las subculturas de ultraderecha hay muchas de ámbito nacional como, por ejemplo, la del Uyoku dantai de Japón, pero son muy pocas las de ámbito verdaderamente internacional. Entre ellas hay que destacar a la derecha alternativa (alt-right), impulsada por el estadounidense Richard B. Spencer, y que se concentra casi exclusivamente en el entorno digital (compartiendo ideas con la «manosfera»), aunque también convoca manifestaciones como la manifestación Unite the Right (Charlottesville, 11 al 12 de agosto de 2017) que desembocó en disturbios violentos y el asesinato de un contramanifestante. También se incluyen entre las subculturas de ultraderecha los grupos de "hooligans" ultras que nacieron en Inglaterra pero que se han extendido al resto de Europa (y especialmente a la Europa del Este), así como a Israel (donde destaca el grupo ultra del club de fútbol Beitar Jerusalén conocido como “La Familia” y que ha protagonizado numerosos incidentes violentos, en ocasiones junto a militantes del ultraderechista Lehava).[56]​ La tercera subcultura de ámbito internacional sería la de los "skinheads" ultras, aunque la inmensa mayoría de los skins son apolíticos o antirracistas (como los Skinheads Against Racial Prejudice, ‘Skinheads Contra el Prejuicio Racial’). Los primeros "skinheads" ultras surgieron en Inglaterra en los años 1970 en relación con el ultraderechista Frente Nacional, uno de cuyos activistas era Ian Stuart líder del grupo musical Skrewdriver cuya canción «White Power» se convirtió en el himno oficioso del movimiento. En las décadas de 1980 y 1990 proliferaron en Europa y en Norteamérica los "skinheads" nazis. A partir de 2000 los skinheads ultras se extendieron por Europa del Este.[57]

Un caso especial lo constituye CasaPound de Italia ya que es al mismo tiempo una subcultura y un movimiento, que se define como «fascista» ―de ahí el nombre que ha adoptado―, y también se presenta a las elecciones aunque con escaso éxito, además de haberse visto implicada en episodios de violencia política.[58]

Violencia

 
Miembros de Amanecer Dorado en una manifestación (Atenas, 2015).

La valoración positiva de la violencia constituye un elemento esencial del fascismo (y del nazismo). Y en las últimas décadas, según Cas Mudde, «la violencia ultraderechista ha adquirido un carácter más planificado y regular, y una mayor letalidad, como lo demuestran los atentados terroristas cometidos en, entre otros lugares, Christchurch (Nueva Zelanda), Pittsburgh (Estados Unidos) y Utoya (Noruega). Mudde cita un estudio de un especialista en terrorismo de la Universidad de Oslo en el que se han contabilizado 578 incidentes violentos protagonizados por la ultraderecha entre 1998 y 2015 en Europa occidental y en los que hubo 303 muertos. En otro estudio, referido a Estados Unidos, se constata que hubo 368 muertos causados por activistas de ultraderecha entre 1990 y 2013 ―de hecho en Estados Unidos la ultraderecha ha sido responsable de más violencia política que la extrema izquierda; lo mismo ocurre en Alemania, Suecia o India―. La mayor parte de las víctimas, tanto en Europa occidental como en Estados Unidos, eran personas percibidas por los ultraderechistas como «degeneradas» (feministas, izquierdistas, homosexuales, personas sin techo…) o «extranjeras» (inmigrantes, refugiados, minorías étnicas), como en los pogroms antigitanos de Europa del Este o en los pogroms contra musulmanes y sijs en India. Hay partidos de extrema derecha en los que la violencia forma parte esencial de su ideario y de sus actividades, como el griego Amanecer Dorado, los Lobos Grises, el ala juvenil del Partido del Movimiento Nacional (MPH) turco, o el partido judío Kach.[59]

Mudde afirma que «el terrorismo de ultraderecha se ha convertido en una amenaza creciente en los últimos años». Suele ser obra de «lobos solitarios», como en el tiroteo en Macerata de 2018 en el que resultaron heridos seis inmigrantes africanos ―el perpetrador fue un antiguo candidato de la Liga Norte―, pero la policía ha desarticulado organizaciones terroristas ultraderechistas, como Clandestinidad Nacionalsocialista de Alemania, Acción Nacional de Gran Bretaña o Abhinav Bharat de India. También ha participado en acciones terroristas la estadounidense Liga de Defensa Judía y su heredero israelí, el partido Kach que fue finalmente prohibido.[59]

Uno de los protagonistas de la violencia ultraderechista son los grupos paramilitares. Los europeos, aunque usan uniformes, no están armados ―aunque hay excepciones como el Batallón Azov, encuadrado en la Guardia Nacional ucraniana― y varios de ellos están (o estaban) ligados a determinados partidos, como la Guardia Húngara fundada por Jobbik, mientras que otros no, como los escandinavos Soldados de Odín. En cambio en Estados Unidos están fuertemente armados por lo que son más conocidos como milicias, la mayoría de las cuales tienen una marcada orientación anti-gobierno federal, aunque tras acceder Donald Trump a la presidencia en enero de 2017 muchas pasaron a apoyar al nuevo presidente, como los Oath Keepers o los Three Percenters. La actitud anti-gobierno federal es compartida por el movimiento de los sovereing citizens (‘ciudadanos soberanos’) que también han protagonizado incidentes violentos con armas de fuego. En Alemania existe un movimiento similar al de los “sovereing citizens” conocido como Movimiento Ciudadanos del Reich, algunos de cuyos miembros también han estado implicados en tiroteos con fuerzas del orden. Sin embargo, el grupo paramilitar más numeroso y más violento se encuentra en India. Es la Asociación de Voluntarios Nacionales (RSS), próxima al BJP, cuyos militantes ‘’hindutva’’ han participado en numerosos actos violentos contra colectivos que perciben como enemigos nacionales, como las personas que comen carne de vacuno (la vaca es un animal sagrado en el hinduismo) o la minoría musulmana (sus militantes participaron en la demolición de la mezquita Babri Masjid en 1992 por lo que la RSS fue ilegalizada durante un año).[60]

Europa

En la siguiente tabla se incluye la evolución electoral de diversos partidos considerados de ultraderecha en Europa, se incluyen todos aquellos partidos de marcado carácter anti-inmigración, populistas y nacionalistas, aunque algunos de estos partidos son de ideologías radicalmente contrarias en determinados puntos, como el apoyo a Israel del PVV, y el antisemitismo de Amanecer Dorado, o el liberalismo económico de PxC y el socialismo de MSR en España.

País Partido Parlamentarios nacionales
respecto al total
Porcentaje de votos Evolución porcentual respecto
a la anterior elección
Europarlamentarios respecto
al total electos en el país
Alemania  Alemania Alternativa para Alemania (AfD)[61] 88 / 709 12,6 % +7,9% 11 / 96
Partido Nacionaldemócrata de Alemania (NPD)[62] 0 / 709 0,4 % -0,9% 0 / 96
Austria  Austria Partido de la Libertad de Austria (FPÖ)[63] 31 / 183 16,2% -9.8% 3 / 19
Bélgica  Bélgica Vlaams Belang (VB)[64] 18 / 150 11,95% +8,3% 3 / 21
Bielorrusia  Bielorrusia Partido Democrático Liberal de Bielorrusia (LDPB) 1 / 110 5,36% +1,12% -
Bulgaria  Bulgaria Organización Revolucionaria Interna de Macedonia – Movimiento Nacional Búlgaro (VMRO-BND)[65] 11 / 240 9,1% +4,6% 2 / 17
Unión Nacional Ataque (ATAKA)[66] 8 / 240 9,1% +4,6% 0 / 17
Chipre  Chipre Frente Nacional Popular (ELAM)[67] 2 / 56 3.7% +2.6% 0 / 6
Croacia  Croacia Movimiento de la Patria de Miroslav Škoro (DPMS)[68] 16 / 151 10,9% - 0 / 12
Dinamarca  Dinamarca Partido Popular Danés (DF)[69] 16 / 179 8,7% -12,4% 1 / 14
La Nueva Derecha (NB)[70] 4 / 179 2,4% - 0 / 14
España  España Democracia Nacional (DN)[71] 0 / 350 0,01 -0,04 0 / 59
España 2000 (E-2000)[72] 0 / 350 0,04% +0,01% 0 / 59
Falange Española de las JONS (FE-JONS)[73] 0 / 350 0,01% = 0 / 59
Falange Auténtica (FA)[74] 0 / 350 0% 0% 0 / 59
Alternativa Española (AES)[75] 0 / 350 0% 0% 0 / 59
Vox (VOX)[76][77] 52 / 350 15,09% +4.83% 3 / 59
Eslovaquia  Eslovaquia Somos Familia (Sme Rodina)[78] 17 / 150 8,24% + 1,62% 0 / 14
Kotleba - Partido Popular Nuestra Eslovaquia (L'SNS)[79] 17/150 7,97% -0,07% 2 / 14
Partido Nacional Eslovaco (SNS)[80] 0 / 150 3,16% - 5,48% 0 / 14
  Eslovenia Partido Nacional Esloveno[81][82] 4 / 90 4,17% + 1,97% 0 / 8
Estonia  Estonia Partido Popular Conservador (EKRE)[83] 19 / 101 17,8% +9,7% 1 / 7
Finlandia  Finlandia Partido de los Finlandeses[84] 39 / 200 17,5% -0,15% 2 / 14
  Francia Agrupación Nacional (RN)[69] 8 / 577 13,2% -0,4% 20 / 79
Debout la France (DLF)[85] 1 / 577 1,2% +0,6% 0 / 79
Grecia  Grecia Solución Griega (EL)[86] 10 / 300 3,7% - 1 / 21
Amanecer Dorado (XA)[87] 0 / 300 2,93% -4,07% 2 / 21
Concentración Popular Ortodoxa (LAOS)[88] 0 / 300 no participó no participó 0 / 21
Hungría  Hungría Movimiento por una Hungría Mejor (JOBBIK)[89] 22 /199 19,06% -1,16% 1 / 21
Fidesz-Unión Cívica Húngara[90] 133/199 48,51% +14,5% 13 / 21
  Irlanda Partido Nacional (NP)[91][92] 0 / 160 0,2% - 0 / 13
Italia  Italia Liga Norte (LN)[69] 124 / 630 17,6% +13,3% 28 / 76
Hermanos de Italia (FDI)[69] 33 / 630 4,4 % +2,4 6 / 76
Fuerza Nueva (FN)[93] 0 / 630 - - 0 / 76
Llama Tricolor (FT)[94] 0 / 630 - - 0 / 76
Letonia  Letonia Alianza Nacional (LNNK)[95] 13 / 100 11,0% -5,5% 2 / 8
Lituania  Lituania Orden y Justicia (PTT) 7 / 141 5,6% -1,7% 0 / 11
Luxemburgo  Luxemburgo Partido Alternativo de la Reforma Democrática (ADR)[96] 4 / 60 8,3% +1,7% 0 / 6
Países Bajos  Países Bajos Partido por la Libertad (PVV)[97] 20 / 150 13,1% +3,0% 1 / 29
Foro para la Democracia (FVD)[98] 2 / 150 1,8% - 3 / 29
Noruega  Noruega Partido del Progreso (FrP)[69] 27 / 169 15,3% -1,1% -
Polonia  Polonia Ley y Justicia (PiS)[99][100][101] 235 / 460 43,6% +6,0 27 / 52
Confederación de Libertad e Independencia[102] 11 / 460 6,8% - 0 / 52
Restauración Nacional Polaca (NOP)[103] 0 / 460 No participó No participó 0 / 52
  Portugal Levántate (E)[104] 0 / 230 0,3% -0,2% 0 / 21
CHEGA! (CH) [105] 1 / 230 [106] 1,30 - 0 / 21
Reino Unido  Reino Unido Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP)[88] 0 / 650 1,8% -10,8% 0 / 73
Partido Nacional Británico (BNP)[69] 0 / 650 0.0% +0,0 0 / 72
Rumania  Rumania Alianza para la Unión de los Rumanos (AUR)[107] 33 / 330 9,1% - 0 / 33
Partido de la Gran Rumanía (PRM)[108] 0 / 330 0,5% -0,5% 0 / 33
Nueva Derecha (ND)[109] 0 / 330 0,1% - 0 / 33
República Checa  República Checa Libertad y Democracia Directa (SPD)[110][111] 19 / 200 10,66% - 2 / 21
Rusia  Rusia Partido Liberal-Demócrata de Rusia (LDPR)[112] 39 / 450 13,14% +2,7% -
Rodina[113] 1 / 450 1,50% No participó -
Serbia  Serbia Partido Radical Serbio (SRS)[114] 0 / 250 2,1% -6,0 -
Suecia  Suecia Demócratas de Suecia (SD)[115] 62 / 349 17,5% +4,7% 3 / 21
Alternativa para Suecia (AfS)[116] 0 / 349 0,31% +0,31% 0 / 21
Suiza  Suiza Partido Popular Suizo (SVP)[69] 53 / 200 25,6% -3,8% -
Ucrania  Ucrania Congreso de Nacionalistas Ucranianos (KUN)[117] 0 / 450 2,15% +2,10% -
Libertad[118] 1 / 450 2,15% -2,56% -

En el Parlamento Europeo estos partidos suelen asociarse entre ellos y con otros partidos de iguales características en función de su carácter euroescéptico, nacionalista y conservador. El primer grupo oficial de la ultraderecha que se formó en el Europarlamento fue el Grupo de las Derechas Europeas (1984-1989) del que formaban parte el Movimiento Social Italiano (MSI), el Frente Nacional (FN) y la Unión Política Nacional griega. Le sucedió el Grupo Técnico de las Derechas Europeas (1989-1994) integrado por el FN, Los Republicanos de Alemania y el Vlaams Belang (VB) flamenco. Después se formaron la Unión por la Europa de las Naciones (1999-2009), el Grupo por la Europa de las Democracias y de las Diferencias (1999-2004), Independencia y Democracia (2004-2009), Identidad, Tradición, Soberanía (2007), Europa de la Libertad y la Democracia (2009-2019) y la Europa de las Naciones y de las Libertades (2014-2019).[119]

Tras las elecciones al Parlamento Europeo de 2019, Liga Norte, Agrupación Nacional (antiguo FN), Alternativa por Alemania, Partido Popular Danés (DF), FPÖ, Vlaams Belang, Libertad y Democracia Directa, EKRE, Partido de los Finlandeses y Partido por la Libertad (PvV) formaron el grupo Identidad y Democracia (sucesor del grupo Europa de las Naciones y las Libertades), mientras que el PiS, Foro para la Democracia (FvD), Demócratas de Suecia, Vox, Organización Revolucionaria Interna de Macedonia – Movimiento Nacional Búlgaro, Solución Griega, Hermanos de Italia y Alianza Nacional se integraron en el Grupo de los Conservadores y Reformistas Europeos. Los partidos de extrema derecha Amanecer Dorado, Jobbik y Kotleba - Partido Popular Nuestra Eslovaquia decidieron quedarse en el grupo de los «no adscritos».[119]

Luego, como partido político europeo que agrupan a algunos de ellos están el EuroNat (fundado por Jean-Marie Le Pen en 1997), la Alianza Europea de Movimientos Nacionales y el Partido Identidad y Democracia.

América

Estados Unidos

 
Típica ceremonia del Ku Klux Klan (1922).

En Estados Unidos nació una organización de ultraderecha anterior a la aparición de los fascismos en Europa: el Ku Klux Klan (KKK). Fue fundado tras la guerra civil (1861-1865) por militares confederados para sembrar el terror entre los esclavos negros que acaban de ser liberados y también entre los yanquis instalados en el Sur (denominados despectivamente como “carpetbaggers”). En las primeras décadas del siglo XX surgió un segundo KKK que se extendió a algunos estados del norte y que dejó de tener como objetivo a los “yanquis” para pasar a arremeter contra la inmigración católica, además de seguir manteniendo como objetivo principal a los afroamericanos (y a los judíos). El tercer KKK, que es el que existe en la actualidad, surgió como reacción al movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos de la década de 1960, y continuó siendo profundamente racista (blanco) y antisemita, identificándose así cada vez más con las formaciones neonazis.[120]

Tras la Segunda Guerra Mundial surgió un populismo de derecha que estuvo representado por la John Birch Society, el senador Joseph McCarthy y los candidatos a la presidencia Barry Goldwater y el racista George Wallace, este último al frente del Partido Independiente Americano con conexiones con el Ku Klux Klan (KKK) y el Citizens' Council.[10]

A finales del siglo XX y durante el siglo XXI aparecieron diversos think tanks de ultraderecha, como el islamófobo Gatestone Institute de John Bolton, la American Renaissance de Jared Taylor o el National Policy Institute de Richard B. Spencer (estas dos últimas organizaciones ligadas a la alt-right), y también organizaciones mediáticas como los sitios web Stormfront (neonazi), Breitbart News (de derecha radical), The Daily Stormer (neonazi), InfoWars (conspirativa), y VDARE (supremacista blanca).[54]​ En cuanto a los movimientos de ultraderecha destaca el movimiento identitario, en conexión con la alt-right,[55]​ y, en cuanto a las subculturas de ultraderecha, la derecha alternativa (alt-right), impulsada por Richard B. Spencer, y que se concentra casi exclusivamente en el entorno digital (compartiendo ideas con la «manosfera»), aunque también convoca manifestaciones como la manifestación Unite the Right (Charlottesville, 11 al 12 de agosto de 2017) que desembocó en disturbios violentos y el asesinato de un contramanifestante.[57]

 
Miembros de los Proud Boys (noviembre de 2020).

La derecha radical populista llegó al poder en 2017 con la elección de Donald Trump como nuevo presidente. Esto se evidenció desde el primer momento. En su discurso inaugural que, según Cas Mudde, «rezumaba la ira y la frustración típicas del discurso político antisistema, pero proyectadas desde el núcleo de las instituciones del sistema», Trump dijo lo siguiente:[121]

Durante demasiado tiempo, un grupo reducido de gente en la capital de nuestra nación ha acaparado los beneficios del Estado, mientras el pueblo soportaba su coste. […] Todo esto va a cambiar desde ya, desde aquí mismo, porque este momento es vuestro momento: os pertenece

Durante la presidencia de Donald Trump (2017-2021) el ultraderechista movimiento de milicias, dejó de tener una marcada orientación anti-gobierno federal para pasar a apoyar al nuevo presidente, como los Oath Keepers o los Three Percenters. Sin embargo, los sovereing citizens (‘ciudadanos soberanos’), que también habían protagonizado incidentes violentos con armas de fuego, mantuvieron la actitud anti-gobierno federal.[60]​ Estos grupos "trumpistas", entre los que se encontraban los Proud Boys, fueron los que protagonizaron el Asalto al Capitolio de los Estados Unidos de 2021, intentando impedir que fuera proclamado como nuevo presidente el demócrata Joe Biden.

Latinoamérica

En el contexto de la Guerra Fría, distintas guerras civiles entre fuerzas guerrilleras de izquierda y paramilitares de derecha ensagrentaron la región. Distintos regímenes autoritarios tradicionalmente considerados como de extrema derecha dominaron, a menudo en forma de dictaduras, distintas naciones de Centro y Sudamérica.

Grupos paramilitares históricos

Entre otros no listados aquí. La mayoría de estos grupos están disueltos o inactivos.

Partidos o movimientos actuales

País Partido Parlamentarios nacionales
respecto al total
Porcentaje de votos Evolución porcentual respecto
a la anterior elección
  Argentina Frente NOS[122][123][124] 0 / 257 0.61 % Nuevo
Partido Popular de la Reconstrucción (PPR)[125][126][127][128] 0 / 257 No participó No participó
Frente Patriota (FP)[129][130] 0 / 257 No participó No participó
Bolivia  Bolivia Creemos[131] 16 / 130 13.97 % Nuevo
Brasil  Brasil Partido Social Liberal (PSL)[132] 53 / 513 11.7 % +10,9%
Patriota (PATRI)[133][134][135] 5 / 513 1.5 % +0,8%
Partido Renovador Laborista Brasileño (PRTB)[136][137] 0 / 513 0.7 % +0,2%
Alianza por Brasil (APB)[138] Nuevo Nuevo Nuevo
Chile  Chile Partido Republicano (PLR)[139] 1 / 155 Nuevo Nuevo
Nuevo Tiempo (NT) Nuevo Nuevo Nuevo
Partido Conservador Cristiano (PCC)[140] Nuevo Nuevo Nuevo
Partido Nacional Ciudadano (PNC)[141] Nuevo Nuevo Nuevo
Fuerza Nacional (FN)[142] Sin personalidad jurídica Sin personalidad jurídica Sin personalidad jurídica
Movimiento Social Patriota (MSP)[143][144][145] Sin personalidad jurídica Sin personalidad jurídica Sin personalidad jurídica
Colombia  Colombia Centro Democrático (CD)[146] 32/172 18.57% +2.38
Colombia Justa y Libres (CJL)[147] 1/172 2.81% Nuevo
Costa Rica  Costa Rica Nueva República (PNR)[148] Nuevo Nuevo Nuevo
Restauración Nacional (PRN)[149][150] 14 / 57 18.11% +14.01
Guatemala  Guatemala Visión con Valores (VIVA) 7 / 160 4.70% +1.00
Todos 7 / 160 4.93% -4.85
Victoria 4 / 160 2.52% Nuevo
Partido Unionista (PU) 3 / 160 2.93% Nuevo
Paraguay  Paraguay Unión Nacional de Ciudadanos Éticos (UNACE) 0 / 80 2.77 % -3.81
Perú  Perú Fuerza Popular (FP)[151][152][153] 15 / 130 7.24% -16.39
Renovación Popular (R)[154] Nuevo Nuevo Nuevo

Líderes y partidos políticos

Diferentes movimientos políticos contemporáneos y sus candidatos han sido descritos en la actualidad como de extrema derecha con matices de populismo de derecha y autoritarismo de distinto nivel. Muchos de los receptores de esta descripción por lo general reniegan de ella puesto que es a menudo considerada como peyorativa, por lo que debe tenerse en cuenta que la mención de estos grupos está sujeta a debate y es a menudo refutada.

Sin embargo, distintos analistas han descrito como de extrema derecha a; por ejemplo, el presidente argentino Mauricio Macri y su partido Cambiemos,[155][156][157]​ al mandatario colombiano Iván Duque del Centro Democrático[158][159][160][161][162]​ y el Presidente de Brasil Jair Bolsonaro, del Partido Social Liberal.[163][164][165][166]​ Los partidos políticos mexicanos Partido Acción Nacional y Partido Encuentro Social han sido acusados de tener posiciones ultraderechistas. En Costa Rica han sido acusados de extrema derecha el Movimiento Libertario de Otto Guevara[167][168]​ y Fabricio Alvarado de Nueva República.[169][170][171]​ En Perú existieron dos partidos fascistas: la Unión Revolucionaria (1931-1945), que fue el partido oficialista durante el gobierno de Luis Miguel Sánchez Cerro, y el Movimiento NacionalSocialista Despierta Perú (2000-2009). En Bolivia es acusada de extrema derecha la presidenta Jeanine Áñez del Movimiento Demócrata Social,[172]​ también el partido político Unión Juvenil Cruceñista es acusado de tener posiciones ultraderechistas.[173]

En Argentina destacan organizaciones como el utranacionalista y filonazi Bandera Vecinal, comandado a nivel nacional por Alejandro Biondini.[174]​ En Uruguay han existido partidos de filiación ultraderechista: Unión Patriótica, dirigida por Néstor Bolentini en 1984, el Partido Alianza Oriental en 1994 y el Partido Unión por el Cambio en el 2014.

Véase también

Notas

  1. Si un partido desarrolla una actitud antisistema y se relaciona en términos ideológicos con el pensamiento clásico de la extrema derecha (ultranacionalismo, antipluralismo, concepción autoritaria del orden social), pero sin establecer vínculos directos con el fascismo y sin realizar una crítica directa a la democracia como sistema político, quedaría adscrito a la tipología de nuevos partidos de extrema derecha.
    José Luis Rodríguez Jiménez, De la vieja a la nueva extrema derecha (pasando por la fascinación por el fascismo), Asociación de Historia Actual, ISSN 1696-2060, N.º 9, 2006, pag. 94
  2. Durante décadas, los electores asociaron estas dos corrientes [el extremismo de derecha y el populismo ultranacionalista] a posiciones reaccionarias, contrarias al avance de la modernidad y opuestas a la democracia política; pero esto ha dejado en parte de ser así. En la actualidad los partidos políticos de extrema derecha se declaran democráticos, y lo hacen sin rubor, sin ningún tipo de complejo, y ello pese a que muchos de sus dirigentes son admiradores del fascismo y que buena parte de su trabajo diario viene acompañado de un estilo agresivo y un propósito excluyente
  3. Estas nuevas formas de manifestación de la extrema derecha aceptan teóricamente las reglas del sistema democrático y dicen acatar (y en ocasiones incluso compartir) el orden constitucional existente en sus respectivas naciones. Sin embargo, sostienen valores antidemocráticos mediante un discurso basado en la negación de la modernidad, la exaltación de la comunidad nacional y la hostilidad a los extranjeros.
    Antonio Fernández García, José Luis Rodríguez Jiménez, 2001, p. 65.
  4. Históricamente hace referencia a todo lo relacionado con el régimen de Hitler quien gobernó Alemania de 1933 a 1945 con la llegada al poder del Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores(NSDAP, Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei), el autoproclamado Tercer Reich y Austria a partir de la Anschluss, así como los demás territorios que lo conformaron (Sudetes, Memel, Danzig y otras tierras en Polonia, Francia, Checoslovaquia, Hungría, Holanda, Dinamarca y Noruega). La Alemania de este período se conoce como la Alemania nazi.
  5. Es por esta razón [por el recuerdo de los fascismos y, en concreto, del nazismo] que preocupa el actual ascenso de las organizaciones y partidos de ultraderecha, del resurgimiento del nazismo (el neonazismo) y de las tendencias ultranacionalistas acompañadas de racismo y antisemitismo (en la actualidad convenientemente suplantado por posiciones contrarias a los emigrantes), es decir, el resurgimiento de la intolerancia en su máxima expresión.
    Octavio Rodríguez Araujo, p. 186.

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Bibliografía

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