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Pueblos germánicos

grupo etnolingüístico de pueblos originarios del norte de Europa que se identifican por el uso de las lenguas germánicas
Asamblea germana (thing) representada en un relieve de la Columna de Marco Aurelio.
El germano suplicante, estatuilla votiva de época romana.
Germano representado en un relieve triunfal romano.
Fíbula del siglo VI que representa un guerrero a caballo con lanza.
Suevo cautivo. El prisionero usa (Braccae) calzones que eran típicos para los pueblos germanos. Su cabello está atado en un nudo suevo. Bronce del siglo II.
Cultura de la Edad del Bronce nórdica alrededor de 1200 a. C (periodo anterior a la formación de los pueblos germánicos en esa misma zona).
Cultura de la Edad del Hierro prerromana asociada con el protogermánico, ca. 500 a. C.-50 a. C.. El área en magenta representa la cultura de Jastorf.
Expansión de los pueblos germánicos o protogermánicos:       Hasta el 750 a. C       Hasta el 500 a. C       Hasta el 250 a. C       Hasta el 1 d. C
Distribución de los pueblos germánicos o protogermánicos (entre 750 a. C. y 1 d. C.)
Grupos germánicos en torno al año 1 (germánico septentrional, germánico del Mar del Norte, germánico del Elba, germánico del Wesser-Rin, germánico oriental).
Distribución y expansión de las tribus germánicas o protogermánicas (entre 50 a. C., 100 d. C. y 300 d. C., etapas anteriores a la época de las migraciones o invasiones). Extensión del Imperio romano (en 68 a. C. y 117 d. C.).
Tribus germánicas y asentamientos romanos hacia 50-100 d. C.
Invasiones bárbaras. Todos los pueblos señalados, excepto los hunos, son germánicos.
Situación hacia el año 460: el Imperio huno de Atila domina el centro y el este de Europa. Dentro de las fronteras del Imperio romano de Occidente, ya se han asentado varios pueblos germánicos: vándalos en el norte de África, suevos en el noroeste de Hispania, visigodos entre Hispania y el suroeste de la Galia, burgundios en la zona alpina, francos al noreste de las Galias y sajones al sureste de Britania. Anglos, jutos, alanos, ostrogodos y lombardos aparecen marcados en otras zonas.

Los pueblos germanos o germánicos son un histórico grupo etnolingüístico de pueblos originarios del norte de Europa que se identifican por el uso de las lenguas germánicas (un subgrupo de la familia lingüística indoeuropea que se diversificaron a partir de una lengua original —reconstruible como idioma protogermánico— en el transcurso de la Edad de Hierro). En términos historiográficos son tanto un grupo de entre los pueblos prerromanos (en las zonas germanas al oeste del Rin —provincias de Germania Superior e Inferior— en que se estableció una fuerte presencia del Imperio romano y fueron romanizados) como un grupo de pueblos bárbaros (exteriores al limes del Imperio), situados al este del Rin y al norte del Danubio (Germania Magna); precisamente el que protagonizó las denominadas invasiones germánicas que provocaron la caída del Imperio romano de Occidente al instalarse en amplias zonas de éste: suevos, vándalos, godos (visigodos y ostrogodos), francos, burgundios, turingios, alamanes, anglos, sajones, jutos, hérulos, rugios, lombardos, etc. Los vikingos protagonizaron posteriormente una nueva oleada expansiva desde Escandinavia (la zona originaria de todo este grupo de pueblos), que afectó a las costas atlánticas (normandos) y a las estepas rusas y Bizancio (varegos).

Algunos pueblos germánicos se fusionaron con la población romana dominante demográficamente en las zonas que ocuparon de Europa suroccidental (galo-romanos, hispano-romanos, italo-romanos); mientras que otros se convirtieron en la base etnográfica de las actuales poblaciones de Europa central y noroccidental (escandinavos o nórdicos –la mayor parte de los países nórdicos: daneses, suecos, noruegos, islandeses, y los isleños de las Islas Feroe, con excepción de bálticos, fineses y lapones–, alemanes –en el sentido del ámbito lingüístico alemán, que incluye a los austriacos, la mitad de los suizos y otros grupos de habla alemana de la Europa central y oriental desde Francia hasta el Cáucaso–, las poblaciones de habla neerlandesa –noroeste de Alemania, Países Bajos y norte de Bélgica– y anglosajona). En la Europa oriental los pueblos germánicos se vieron desplazados por otros (especialmente los pueblos eslavos y los magiares), para pasar posteriormente a protagonizar una nueva fase expansiva.

Las migraciones de los pueblos germánicos se extendieron por toda Europa durante la Antigüedad Tardía (Völkerwanderung) y la Edad Media (Ostsiedlung). Estos términos historiográficos se concibieron y utilizaron de forma no neutral, sino como justificación del expansionismo alemán hacia el este en la edad contemporánea (Drang nach Osten).

También en el ámbito religioso se produjo una fusión de los elementos germánicos y romanos: algunos ya habían sido cristianizados bajo credo arriano en Oriente en el siglo IV, otros continuaban con las religiones nórdicas tradicionales. La conversión al catolicismo de suevos, visigodos y francos en el siglo VI fue clave para su éxito de la formación de sus respectivos reinos germánicos. Hacia el siglo XI todos los pueblos germánicos, inclusive los escandinavos, estaban incluidos en el ámbito de la cristiandad latina.

Las lenguas germánicas se convirtieron en dominantes a lo largo de las fronteras romanas (Austria, Alemania, Países Bajos, Bélgica e Inglaterra), pero en el resto de las provincias romanas occidentales, los inmigrantes germánicos adoptaron los dialectos latinos que se estaban transformando en lenguas romances. Actualmente las lenguas germánicas se hablan en gran parte del mundo, representadas principalmente por el inglés, alemán, neerlandés, el afrikaans (Sudáfrica y Namibia) y las lenguas escandinavas.

Índice

EtnónimoEditar

GermanoEditar

Germani, plural del adjetivo germanus, es el etnónimo con el que los romanos se referían a los habitantes de la extensa e indefinida zona que conocían con el topónimo Germania, desde la Galia hasta la Sarmatia. Tal nombre no se usó en la literatura latina hasta Julio César, quien lo adoptó a partir del vocablo que los galos usaban para designar a los pueblos de la orilla occidental del Rin, y que en las lenguas goidélicas probablemente significa "vecino".

El término parece haberse empleado previamente en la inscripción de Fasti capitolini para el año 222 (DE GALLEIS INSVBRIBVS ET GERM[ANEIS]) donde simplemente se refiere a pueblos "asociados", como los relativos a los galos. Por otra parte, puesto que las inscripciones se levantaron solo en 17-18 a. C., la palabra puede ser una adición posterior al texto. Otro de los primeros que citan el nombre, Posidonio (alrededor del 80 a. C., también es una fuente dudosa, ya que solo sobrevive en una cita de Ateneo (alrededor del 190 d. C.); la mención de germani en este contexto pudo ser más probablemente introducido por Ateneo y no provenir del texto inicial de Posidonio.[1]

El escritor que al parecer introdujo el término en el corpus de la literatura clásica fue Julio César, en De bello Gallico (50 a. C.). Él usaba germani para designar a dos agrupaciones de pueblos diferentes: los germanos transrenanos (trans Rhenum), el conjunto de pueblos claramente no galos de la Germania transrhenana ("el otro lado del Rin" –Transrenania, la que posteriormente se denominó Germania Magna, interna[2]​ o bárbara[3]​–); y los germanos cisrenanos (cis Rhenum), un grupo difuso de pueblos del noreste de la Galia (la Germania cisrhenana, "este lado del Rin" -Cisrenania, donde se establecerían en la Germania Superior y la Germania Inferior, es decir, la Germania romana[4]​-), que no puede ser claramente identificado como celta ni como germánico.[5]​ El vocablo germani puede ser un préstamo de un exónimo celta aplicado a las tribus germánicas, sobre la base de una palabra que tanto puede significar "vecino" como "hombres de los bosques" (refiriéndose a la densidad de los bosques que cubrían casi todo el territorio de Germania). Tácito sugiere que el nombre podría ser el de una tribu que cambió su nombre después de que los romanos lo adaptaron, pero no hay pruebas de ello.

La sugerencia de derivar el nombre del término goidélico para "vecino" invoca al gair antiguo irlandés, ger galés ("cerca") o gearr irlandés moderno ("atajo, corto" –una corta distancia–); de raíz protocelta *gersos, más relacionada con el griego antiguo chereion ("inferior") o el inglés gash ("cuchillada" o "brecha"). La raíz protoindoeuropea pudo haber sido de la forma *khar-, *kher-, *ghar-, *gher- ("corte"), de la que también provendría la hitita kar- y la griega kharakter ("grabar", que da la palabra latina character y la española "carácter"). Otras posibilidades serían la palabra céltica que significa "ruidoso" o las germánicas gar y ger -también la céltica gae- que significan "lancero".[6]

Al parecer, las tribus germánicas no tenían un endónimo (autodesignación) que incluyera a todos los pueblos que se identificaban a sí mismos como provenientes de un tronco común (por identificación lingüística o por identificación ancestral). No obstante, el término latino suevi (suevos), con el que en los últimos siglos del Imperio se designó a uno de los grandes grupos de entre los pueblos germánicos, se utilizaba de forma casi indistinta en los textos de César con germani; y sí que tiene una clara etimología germánica: *swē-ba- ("auténtico").

Lo que sí existía era un término para referirse a la totalidad de los pueblos no germanos, y que los germanos aplicaban principalmente a aquellos con los que tenían algún contacto (fueran celtas, romanos u otros pueblos del Imperio, como los griegos), a los que llamaban *walha- (walhoz en singular, walhaz en plural), raíz de la que derivan los topónimos de Gales, Valonia y Valais.[7]

TeutónEditar

Tratando de identificar un término vernáculo contemporáneo y la nación asociada a un nombre clásico, desde el siglo X en adelante la literatura latina medieval usó el adjetivo teutonicus, originalmente aplicado a los teutones (el pueblo germánico antiguo derrotado por los romanos en la batalla de Aquae Sextiae102 a. C.–) para referirse a todo lo relativo al Regnum Teutonicum o Francia orientalis ("Francia Oriental", la parte oriental del antiguo Imperio carolingio, tal como se dividió en los tratados de Verdún y de Mersen –años 843 y 870, respectivamente–). Específicamente, la Orden Teutónica o de los Caballeros Teutones fue una orden militar de gran importancia en la Europa Oriental.

El uso de las palabras castellanas "teutón" y "teutónico" no se limita al pueblo antiguo o a la orden militar, sino que se extiende de forma genérica a lo germánico o a lo alemán. El Diccionario de la lengua española recoge ese uso como un coloquialismo.[8]

AlemánEditar

En castellano, portugués y francés, el gentilicio de Alemania (alemán, alemão, allemand)[9]​ se deriva del nombre del pueblo germánico de los alamanes, cuya etimología puede relacionarse con all (todo) y mann (hombre).[10]

Tudesco (deutsch)Editar

En lengua alemana, el gentilicio de Alemania es deutsch («alemán»),[11]​ una palabra derivada de una raíz genérica del germánico antiguo: *þiuda-, que significa «pueblo». La misma raíz aparece en muchos nombres de persona, como Thiud-reks, y también en el etnónimo de los suecos de un cognado del inglés antiguo Sweo-ðēod y nórdico antiguo: Suiþióð. Además þiuda- aparece en los términos Angel-ðēod («pueblo anglosajón») y Gut-þiuda («pueblo gótico»). El adjetivo derivado de este sustantivo, *þiudiskaz («popular»), fue utilizado posteriormente (el primer uso registrado es del año 786) para referirse a la theodisca lingua, «lengua del pueblo» (lengua vulgar), por oposición a la lengua latina.

Muchos idiomas modernos emplean palabras derivadas de este origen para el gentilicio de Alemania: la sueca/danesa/noruega tysk, las neerlandesas duits y diets (esta última se refiere al nombre histórico para el holandés medio o neerlandés, el antiguo significado en alemán), la italiana tedesco y la española «tudesco» (que se ha restringido en la práctica a su uso como arcaísmo). En cambio, en inglés, Dutch se aplica al gentilicio de Holanda (o, por extensión, al de los Países Bajos), usándose German para el gentilicio de Alemania. El despectivo boche se utilizó en el contexto histórico de las guerras mundiales del siglo XX, pero su etimología parece provenir de alboche, una combinación particular en argot francés.[12]

HistoriaEditar

OrígenesEditar

Las pruebas arqueológicas muestran a los pueblos germánicos como originarios de la zona de Escandinavia y, a lo largo de un proceso secular, extendiéndose hacia el sur y el este por la Europa Central y Oriental. La evidencia arqueológica y lingüística de un período conocido como la Edad de Bronce Nórdica indica que existía una cultura material común entre las tribus germánicas que heredaron las regiones del sur de Escandinavia, junto con el área de Schleswig-Holstein y el área de lo que hoy es Hamburgo, Alemania. Los restos arqueológicos adicionales de la sociedad de la Edad del Hierro que alguna vez existieron en las cercanías de Wessenstedt también muestran rastros de esta cultura. Exactamente como estas culturas interactuaron sigue siendo un misterio, pero las migraciones de los pueblos proto-germánicos tempranos son discernibles de la evidencia restante de culturas prehistóricas en Hügelgräber, Urnfield y La Tene. El cambio climático entre 850 AC y 760 AC en Escandinavia y "uno posterior y más rápido alrededor de 650 AC podría haber provocado migraciones a la costa del este de Alemania y más hacia la Vístula.

La fase cultural de la Edad de Bronce tardía y la Edad de Hierro temprana en Europa (c. 1200–600 aC en áreas continentales templadas), conocida en términos contemporáneos como la cultura de Hallstatt se expandió desde el sur hacia esta área y llevó a los primeros pueblos germánicos a la zona. Influencia de la cultura celta temprana (o precéltica) entre 1200 a. C. y 600 a. C., después de lo cual comenzaron a extraer el hierro del pantano del mineral disponible en las turberas. Esto marcó el comienzo de la Edad de Hierro prerromana. Desde el centro de Francia hasta el oeste de Hungría y luego desde los Alpes hasta el centro de Polonia, la cultura de Hallstatt también construyó estructuras sofisticadas y los restos arqueológicos en partes de Francia, Alemania y Hungría sugieren sus redes comerciales a lo largo del Atlántico Norte, el Mar Báltico y Arriba y abajo, los valles de los ríos de Europa central también eran bastante elaborados.

En un contexto cultural de sociedades cazadoras-recolectoras se sitúan el maglemosiense y la cultura Fosna-Hensbacka (VII milenio a. C.), y posteriormente la cultura de Kongemose (VI milenio a. C.). Del V milenio a. C. al III milenio a. C. se desarrollaron las culturas neolíticas de la zona (Ertebølle, cultura de la cerámica perforada, cultura de los vasos de embudo) que en su última fase, según la hipótesis del sustrato germánico (nordwestblock),[13]​ habrían recibido el impacto cultural de lo indoeuropeo (cultura de la cerámica cordada).

En el II milenio a. C. se desarrolló la Edad del Bronce nórdica. En el I milenio a. C., las culturas de la Edad del hierro, como Wessenstedt y Jastorf, significaron ya el paso de lo protoindoeuropeo a lo protogermánico (Ley de Grimm). El endurecimiento climático que se produjo desde el 850 a. C., que se intensificó a partir del 760 a. C., desencadenó un proceso migratorio hacia el sur. La cultura material de esa época pone en estrecha relación a los protogermanos con las culturas de Hallstatt y Elp, en el ámbito cultural celta, forjando lo que se ha denominado Edad del hierro prerromana de Europa septentrional.[14]

Edad de hierro tempranaEditar

Más información: Edad de hierro prerromana Los primeros sitios en los que se han documentado los pueblos germánicos per se están en el norte de Europa, en lo que ahora constituye las llanuras de Dinamarca y el sur de Suecia. Sin embargo, incluso en esta región, la población había sido, según Waldman & Mason, "notablemente estable", ya en la Edad Neolítica, cuando los humanos comenzaron a controlar su medio ambiente mediante el uso de la agricultura y la domesticación de los animales. Dada esta estabilidad, la población de la región precedió necesariamente a la llegada a Europa de los precursores de las lenguas germánicas, que probablemente comenzaron con la cultura de los productos con cable .

Durante el segundo milenio antes de Cristo, la cultura llamada de la Edad de Bronce Nórdica se expandió hacia el este en las regiones adyacentes entre los estuarios de los ríos Elba y Oder.

Ya en el 750 aC, la evidencia arqueológica da la impresión de que la población proto-germánica se estaba volviendo más uniforme en su cultura. Los pueblos germánicos en ese momento habitaban el sur de Escandinavia y el Mar del Norte y las costas del mar Báltico desde los actuales Países Bajos hasta el Vístula. A medida que esta población crecía, migraba hacia el suroeste, hacia las planicies aluviales costeras debido al agotamiento del suelo en sus asentamientos originales.

Aproximadamente al año 250 a. C., comenzó a producirse una expansión adicional hacia el sur pero dirigida hacia el centro de Europa y surgieron cinco grupos generales de población germánicas, cada una empleando dialectos lingüísticos distintos pero compartiendo innovaciones lingüísticas similares: se distinguen entre sí como: Norte germánica en el sur de Escandinavia: Germánico del Mar del Norte en las regiones a lo largo del Mar del Norte y en la península de Jutlandia al noroeste de Europa, que forma el continente de Dinamarca junto con el estado del norte de Alemania de Schleswig-Holstein; Rhine-Weser Germanic a lo largo del medio Rin y Weser (que desemboca en el Mar del Norte cerca de Bremerhaven); Elbe Germánico hablado por las personas que viven directamente a lo largo del medio río Elba y Germánico oriental entre los ríos Oder y Vistula.

Concomitantemente, durante el siglo II a. C., el advenimiento de la cultura celta de Hallstatt y La Tene surgió en territorios cercanos más al oeste, pero se cree que las interacciones entre los primeros germánicos y los celtas fueron mínimas según la evidencia lingüística. A pesar de la ausencia de la influencia celta más hacia el este, hay una serie de construcciones célticos en Proto-germánico, que al menos indican el contacto entre la gente de Galia y las culturas germánicas primitivas que residían a lo largo del río Rin. No obstante, los objetos materiales tales como ornamentos de metal y cerámica encontrados cerca de las áreas al este del bajo Rin se connotan como Jastorfen la nomenclatura y son característicamente distinguibles de los objetos celtas que se encuentran más al oeste.

No está claro si la primera aparición del término Germani en etnografía romana es una referencia a germánicos o celtas según los lingüistas modernos, pero es probable que la clara demarcación geográfica que aparece entre los dos pueblos se haya hecho por el bien de Conveniencia política de César. César describió a algunas tribus más claramente que a otras, pero en general consideraba que la mayoría de ellas eran de origen germánico. Sin embargo, la evidencia arqueológica en algunas de las regiones crea un problema etnográfico al delinear claramente a los indígenas basándose estrictamente en la clasificación romana. Sin embargo, hay estudiosos que afirman que hubo una eventual "germanización" lingüística que ocurrió durante el siglo I a. C. a través de algo que llamaron el modelo de "dominio de élite". Los arqueólogos no pueden hacer juicios definitivos que concuerden con las observaciones del historiador y escritor romano Tácito.

Existen algunas tendencias reconocibles en los registros arqueológicos, ya que se sabe que, en general, los pueblos germánicos occidentales, aunque todavía eran migratorios, se asentaron más geográficamente, mientras que los pueblos germánicos orientales permanecieron transitorios durante un período más largo. Aparecen tres patrones y soluciones de asentamiento, el primero de los cuales es el establecimiento de una base agrícola en una región que les permitió apoyar a poblaciones más grandes; en segundo lugar, los pueblos germánicos despejaban periódicamente los bosques para ampliar el alcance de su pasto; en tercer lugar (y el caso más frecuente), a menudo emigraron a otras áreas a medida que agotaban los recursos disponibles de inmediato. La guerra y la conquista siguieron a medida que la gente germana emigró, lo que los llevó a un conflicto directo con los celtas, que se vieron obligados a germanizar o emigrar a otra parte como resultado. La evidencia sugiere que estos fueron germanizados en lugar de desplazados. Los pueblos germánicos occidentales finalmente se establecieron en Europa central y se acostumbraron más a la agricultura y son esas personas las que describen César y Tácito. Mientras tanto, el pueblo germano oriental continuó con sus hábitos migratorios. Los escritores romanos caracterizaron y clasificaron a las personas de manera característica, y muy bien pudo haber sido deliberado por su parte reconocer las distinciones tribales de las distintas personas germánicas para seleccionar líderes conocidos y explotar estas diferencias para su beneficio. Sin embargo, en su mayor parte, estos primeros germánicos compartían una cultura básica, operaban de manera similar desde una perspectiva económica, y no estaban tan diferenciados como lo implicaban los romanos. De hecho, las tribus germánicas son difíciles de distinguir de los celtas en muchos aspectos simplemente basados ​​en registros arqueológicos.

PytheasEditar

Las migraciones de los cimbri y los teutones (finales del siglo II aC) y su guerra con Roma (113–101 aC)Editar

Uno de los primeros registros escritos conocidos del mundo germánico en la época clásica estaba en la obra perdida de Pytheas. Pytheas viajó al norte de Europa, en algún momento a fines del siglo IV aC, y sus observaciones sobre el entorno geográfico, las tradiciones y la cultura de las poblaciones del norte de Europa se convirtieron en una fuente central de información para historiadores posteriores, a menudo la única fuente. Autores como Strabo , Plinio y Diodoro citan a Pytheas con incredulidad, aunque las observaciones de Pytheas parecen haber sido precisas. Aunque Pytheas no fue el primer Mediterráneo en explorar esas tierras (nota, por ejemplo, Himilco (siglo 5 a. C.) y posiblemente fenicios y los tartesios (siglo 6 a. C.), se convirtió en la primera descripción sustancial de estas poblaciones que sobrevivió. Gran parte de la historia temprana de los pueblos germánicos aparece a través de los escritos de Pytheas, particularmente porque posiblemente también fue el primero en distinguir a los germanos del norte y centro de Europa, a diferencia de los keltoi que se encuentran más al oeste. Junto con los registros de un par de otros escritores clásicos (a saber, Polibio (siglo II a. C.) y Posidonio (c. 135 aC - c. 51 aC), el trabajo de Pytheas sobre los celtas y los primeros alemanes influyo en decenas de futuros geógrafos, historiadores y etnógrafos.

BastarnaeEditar

Artículo principal: Bastarnae Un pueblo germánico temprano conocido como Bastarnae fue identificado por autores romanos y supuestamente fue el primero en llegar al mundo grecorromano, viviendo en el área al norte de la boca del Danubio en el Mar Negro. Residían principalmente en el territorio al este de las montañas de los Cárpatos, entre el valle del río Dniéster y el delta del Danubio en lo que hoy es Ucrania, Moldavia y Rumania, y son consideradas las tribus germánicas más orientales del este. Las Bastarnae se mencionan en fuentes históricas que se remontan hasta el siglo III a. C. hasta el siglo IV. En 201–202 aC, los macedonios bajo el liderazgo del rey Felipe V, reclutaron a los Bastarnae como soldados para luchar contra los romanos en la Segunda Guerra de Macedonia. Permanecieron presentes en esa zona hasta el final del imperio romano, mientras que algunos se asentaron en la isla de Peuce en la desembocadura del Danubio en el Mar Negro, razón por la cual el nombre Peucini también se asocia con las Bastarnae. El rey Perseo alistó el servicio de los Bastarnae en 171–168 aC para luchar en la Tercera Guerra de Macedonia. En el 29 a. C., fueron sometidos por los romanos y los que se quedaron comenzaron a fusionarse con varias tribus de godos en el siglo II d.

En algún momento de la CE 250, el rey gótico Kniva empleó la ayuda de Bastarnae, Carpi, varios godos y Taifali cuando finalmente puso sitio a Philippopolis; siguió esta victoria con otra en el terreno pantanoso de Abrittus, una batalla que costó la vida de un emperador romano e inauguró una serie de invasiones bárbaras consecutivas de los Balcanes del norte y Asia Menor. El historiador Thomas Burns hace referencia a las Bastarnae, pero solo como un aporte del poeta latino Claudiano, afirmando que se encontraban entre "el más antiguo de los diversos escitas". Burns elabora más a fondo al afirmar que no hay "referencias específicas" a las Bastarnae y que los comentarios de Claudian y de los escritores del siglo III "deben hacernos una pausa" para que se mencione a esas personas simplemente podrían haber sido un "dispositivo poético conveniente". El historiador Peter Heather no está de acuerdo con esta posición e identifica a las Bastarnae como una de las tribus germánicas y afirma que una vez "dominaron zonas sustanciales de territorio en la boca del Danubio". En líneas similares, el difunto erudito clásico, Theodor Mommsen, reconoció a las Bastarnae y las ubicó en las regiones geográficas de Moldavia y Besarabia durante el reinado de Tiberio. Esta es la misma región donde los colocó Tácito. Otro historiador de la antigüedad, JB Bury, contó los Bastarnae junto con los godos, vándalos, gépidos, borgoñones, lombardos, rugianos, heruls y sciri entre los pueblos germánicos orientales. En algún momento durante el siglo 4 o 5 CE, los Bastarnae fueron derrotados por los hunos, terminando su dominación regional.

Colisión con RomaEditar

Artículo principal: Guerras germánicas. A finales del siglo II a. C., las fuentes romanas relatan a los migrantes germánicos de la Galia. Italia e Hispania que invadieron áreas consideradas parte de la Roma imperial. Como era de esperar, esta confrontación cultural resultó en una guerra entre la República Romana y las tribus germánicas; Particularmente los del cónsul romano bajo Gaius Marius. Los Cimbri cruzaron a Norticum (Austria) en 113 a. C. en busca de alimentos y tierras utilizables cuando se enfrentaron y derrotaron a un ejército romano. Una fuerza combinada de Cimbri y Teutoni. Se enfrentó a ejércitos adicionales de Roma en 109 y 105 a. C., derrotándolos en el proceso. Sus nuevas incursiones en la Italia romana fueron rechazadas en 101 a. C. en Vercellae por el ejército romano. Estas invasiones anteriores fueron escritas por César y otros como presagio de un peligro del Norte para la República Romana, un peligro que debe ser controlado desde este momento. Julio César describe al germaní y sus costumbres en su Commentarii de Bello Gallico , aunque todavía es un tema de debate si se refiere a las tribus celtas del norte o tribus germánicas claramente identificadas. [Los germanos] no tienen druidas para presidir oficios sagrados, ni prestan gran atención a los sacrificios. Se clasifican en el número de los dioses, solo aquellos a quienes contemplan, y por cuya instrumentalidad son obviamente beneficiados, a saber, el sol, el fuego y la luna; no han oído hablar de las otras deidades ni siquiera por informe. Toda su vida está ocupada en la caza y en la búsqueda del arte militar; Desde la infancia se dedican a la fatiga y las penurias. Los que han permanecido castos por el tiempo más largo, recibe la mayor alabanza de su gente; piensan que con esto se promueve el crecimiento, se aumentan los poderes físicos y se refuerzan los tendones. Y para haber tenido conocimiento de una mujer antes del año veinte, cuentan entre los actos más vergonzosos; de lo cual no hay ocultación, porque se bañan promiscuamente en los ríos y [solo] usan pieles o pequeñas capas de pieles de ciervo, en consecuencia, una gran parte del cuerpo está desnuda y a la vista de todos.

No prestan mucha atención a la agricultura, y una gran parte de su comida consiste en leche, queso y carne; no tienen una cantidad fija de tierra o sus propios límites individuales; pero los magistrados y los hombres principales cada año se reparten a las tribus y familias, que se han unido, tanto en tierra como en el lugar en el que creen que es apropiado, y el año después los obligan a retirarlos a otros lugares. Para esta promulgación promueven muchas razones, para no ser seducidos por la costumbre prolongada, pueden intercambiar su ardor en la guerra de la agricultura; para que no estén ansiosos por adquirir grandes propiedades, y los más poderosos expulsen a los más débiles de sus posesiones; Para que no construyan sus casas con demasiado deseo de evitar el frío y el calor; para que no surja el deseo de riqueza, de donde surgen divisiones y discordias.

Tácito describió al pueblo germánico como étnicamente uniforme o "sin mezcla" con "un carácter distinto" e incluso los generalizó al afirmar que "una semejanza familiar impregna el conjunto". También informó que sus ojos eran "severos y azules" y que tenían "cabello rojizo" con "cuerpos grandes" que los hacían capaces de "esfuerzos poderosos". Esta imagen los retrató como personas temibles que merecen la atención de Roma. César fue cuidadoso de estas personas bárbaros de Germania y se invoca la amenaza de expansión como el de Ariovisto ' suevos para justificar sus brutales campañas de anexionarse la Galia a Roma en el 58-51 aC.

Una intensa militarización romana, más grande que nunca, comenzó bajo el mando de César para tratar con las tribus bárbaras a lo largo de la frontera, especialmente porque temía que los celos galos entre Roma y el pueblo germánico no pudieran defenderse. Una de las principales personas celtas que fueron forzadas a abandonar su tierra natal en el moderno sudoeste de Alemania y Bohemia fueron los Boii , una migración que tuvo un gran impacto en Roma y en muchos otros pueblos. Más tarde, la atención de César en 58 a. C. se dirigió a los movimientos de los antiguos vecinos de Boii, los Helvetii , otro grupo de población obligado a entrar en la Galia desde la dirección del suroeste moderno de Alemania y el oeste de Suiza. Cuando el Gaulish Arverni y Sequani obtuvieron la ayuda del germánico Suebi (que llegó a ellos desde el este del Rin a la Galia) contra sus enemigos Aedui en el año 71 a. C., los Suebi esencialmente permanecieron in situ y pudieron expandirse más en el territorio a lo largo del Periferia de la frontera romana. Mientras tanto, la cultura e influencia celta en la Galia comenzó a menguar durante el primer siglo aC como resultado.

La expansión romana a lo largo de los ríos Rin y Danubio dio lugar a la incorporación de muchas sociedades celtas indígenas en el Imperio Romano. Las tierras al norte y al este del Rin emergen en los registros romanos con el nombre de Germania. Los grupos de población de esta área tenían una relación compleja con Roma; a veces los pueblos de Germania estaban en guerra con Roma, pero a veces establecían relaciones comerciales, alianzas militares simbióticas e intercambios culturales entre ellos. Sin embargo, los romanos hicieron esfuerzos concertados para dividir a las tribus germánicas cuando se presentó la oportunidad, alentando la rivalidad entre las tribus para disminuir la amenaza de un enemigo por lo demás formidable. Durante los siglos siguientes, los romanos intervinieron a veces, pero a menudo se aprovecharon cuando sus vecinos se mataron unos a otros utilizando técnicas de guerra de influencia romana. Más ejemplos de Germani luchando con Germani aparecen en las obras de Tácito que entre romanos y Germani. Pero fueron las guerras de César contra el pueblo germánico las que ayudaron a establecer y consolidar el uso del término Germania . El propósito inicial de las campañas militares romanas era proteger a la Galia Transalpina de nuevas incursiones de las tribus germánicas controlando el área entre el Rin y el Elba.

Periodo del imperio romanoEditar

Más información: Edad de hierro romana

La zona norte de Europa fue visitada probablemente por viajeros griegos, como los que dieron origen al periplo massaliota (siglo VI a. C., recogido posteriormente en la Ora Maritima); pero el único testimonio de tales viajes es el periplo de Piteas por el mar del Norte, incluyendo la enigmática Thule (siglo IV a. C.). Su descripción de los pueblos que habitaban la zona fue la fuente prácticamente única que pudieron manejar los autores griegos posteriores, como Estrabón y Diodoro Sículo, o los romanos como Plinio el Viejo, que tendieron a citarlo con escepticismo.[15]​ De hecho, los textos griegos antiguos no dejan constancia de la existencia de algún grupo de pueblos con el nombre de "germanos", y suelen referirse a los habitantes de la Europa más al norte de la zona mediterránea con etnónimos genéricos como galos y escitas; aunque algunas referencias de Herodoto a los cimerios podrían referirse a algún grupo relacionado con lo que posteriormente se conoció como pueblos germanos.

En cuanto a los romanos, tuvieron conocimiento de dos de estos pueblos, cuando los cimbros y los teutones entraron en Helvecia y la Galia. Los romanos no se enfrentaron con ejércitos, sino con pueblos enteros que desplazaban a los celtas. A pesar de esto, no utilizaron el término germano hasta tiempos de Julio César.[5]

En 112 a. C. las tribus invasoras derrotaron en la batalla de Noreya a los romanos comandados por el cónsul Cneo Papirio Carbón. Entonces los cimbros se establecieron en el territorio de los celtas alóbroges. Solicitaron a los romanos permiso para establecerse allí, pero estos se negaron, por lo que tuvieron que pelear de nuevo. En el año 109 a. C. volvieron a vencer al ejército romano, esta vez al mando de Marco Junio Silano en el sur de la Galia. Sin embargo, los cimbros no invadieron la península itálica y durante un tiempo se mantuvieron alejados de la esfera de influencia de Roma. El rey cimbro Boiorix derrotó en 105 a. C. en la batalla de Arausio a los romanos bajo las órdenes del procónsul Quinto Servilio Cepión y el cónsul Cneo Malio Máximo, perdiendo unos 80 000 hombres.

Los cimbros decidieron no invadir Italia y se desplazaron a Hispania, mientras que los teutones se quedaron en el sur de la Galia. En el año 103 a. C., los cimbros regresaron a la Galia —expulsados de Hispania por los celtíberos— y se aliaron con los teutones, decididos a conquistar Roma. En vista de lo grande de los ejércitos, decidieron separarse y reunirse en el valle del Po. Esto demostró ser un grave error, ya que en el año 102 a. C. los teutones fueron aniquilados por el cónsul Cayo Mario en la batalla de Aquae Sextiae, donde cayeron 100 000 teutones. Los cimbros sí lograron llegar al valle del Po, pero se encontraron con los ejércitos unidos de los cónsules Quinto Lutacio Cátulo y Mario. En la Planicie de Raudine se libró la batalla de Vercelas, que concluyó con la muerte del rey Boiorix y más de 60 000 cimbros.

La pacificación de los germanos obtenida por Cayo Mario se mantuvo por casi cinco décadas, hasta que Julio César inició la guerra de las Galias.

Los suevos habían cruzado el Rin y expulsado a los celtas, quienes pidieron ayuda a los romanos en 58 a. C. y César acudió, con el secreto deseo de anexar la Galia a Roma. César los derrotó y los envió de vuelta al este del Rin.

Nuevas tribus germánicas cruzaron el Rin en el 55 a. C., pero César las expulsó y construyó un puente sobre el río, que utilizó para perseguir a sus enemigos y derrotarlos. En el53 a. C. cruzó de nuevo el Rin para seguir combatiendo a los germanos, pero estos lo evadieron y César regresó sin presentar batalla.

La política expansiva romana en Germania sufrió en tiempos de Augusto la gran humillación de la batalla del bosque de Teutoburgo (año 9), en la que el caudillo querusco Arminio, encabezando una coalición de pueblos germanos, exterminó a tres legiones comandadas por Publio Quintilio Varo. Uno de los miembros de la familia imperial, Germánico (que se ganó su cognomen por esta acción), fue el encargado de pacificar la zona (batalla de Idistaviso, año 16). A partir de entonces se prefirió seguir una política de contención, creando una frontera fortificada, el Limes Germanicus («límite» o «frontera»), a lo largo del Rin y el Danubio.

La conquista romana de Germania llevó a la organización de dos provincias en el territorio germano bajo dominio romano al oeste del Rin: Germania Superior y Germania Inferior. Germania Magna, al otro lado del Rin y el Danubio, quedó sin ocupar. A partir de asentamientos indígenas previos, campamentos romanos o de colonias, surgieron ciudades como Augusta Treverorum (Tréveris), Colonia Claudia Ara Agrippinensium[16]​ (Colonia), Mogontiacum (Maguncia), Noviomagus Batavorum (Nimega) o Castra Vetera (Xanten). La provincia alpina de Raetia (al sur de Rin y el alto Danubio) y las danubianas del Nórico y Panonia no tenían como sustrato indígena a pueblos germánicos, sino a los reti[17]​ (de clasificación incierta –itálicos o celtas–) y los panonios[18]​ (vinculados a los celtas y los ilirios).

El conocimiento de los romanos sobre los germanos fue intensificándose con el tiempo, como demuestra el mayor detalle con que los recogen progresivamente las principales fuentes historiográficas: Tácito en el año 98 redacta su Germania (De origine ac situ Germanorum, "Origen y territorio de los germanos").[19]​ Nombra unos cuarenta pueblos, identificándolos como pertenecientes a varios grupos dentro de los germanos occidentales, descendientes de Mannus (ingaevones –de Jutlandia y las islas adyacentes–, hermiones –del Elba– y istvaeones -del Rin-). A estos grupos hay que añadir los germanos septentrionales (de la península escandinava) y los germanos orientales (del Oder y el Vístula). Plinio el Viejo, en Naturalis Historia[20]​ (hacia el año 80), clasifica a los germanos en cinco confederaciones: ingvaeones, istvaeones, hermiones, vandili (vándalos) y peucini (bastarnos), de cada una de las cuales precisa los pueblos que las componen. Claudio Ptolomeo, en su Geographia (hacia el año 150), nombra a sesenta y nueve pueblos germánicos.

Las guerras marcomanas del siglo II incrementaron los contactos entre romanos y germanos. Aun así, el léxico de origen germánico que se usa en los autores latinos hasta el siglo V es muy escaso: en César urus y alce, en Plinio ganta y sapo (oca, jabón), en Tácito framea (lanza), en Apicio melca y en Vegecio burgus (castillo –castellum parvum quem burgum vocant–, que tendrá una extensa utilización posterior como sufijo en topónimos).[21]

Las invasionesEditar

Desde la crisis del siglo III, y especialmente en la anarquía militar (235-285), Roma estuvo sumida en un periodo de caos y guerras civiles. Las fronteras, debilitadas, no fueron un obstáculo para la penetración de los germanos, que simultáneamente se desplazaban de forma paulatina en busca de nuevas tierras, presionados por su propia demografía. En esa época llegaban quizá a los 6 millones de personas, un millón de las cuales se desplazaron hacia el este, la actual Ucrania. Los que emigraron hacia el sur y el oeste, "invadiendo" el Imperio romano, divididos en pequeños grupos, en total llegarían a unas doscientas mil.[22]

Las provincias occidentales del Imperio sufrieron una primera oleada de invasiones simultáneamente a la crisis socioeconómica que se manifestaba en las rebeliones campesinas (bagaudas).[23]​ En Oriente fueron los godos quienes inicialmente protagonizaron la principal amenaza. Divididos en grupos de godos orientales (ostrogodos) y de godos occidentales (visigodos), se introdujeron al sur del Danubio en los Balcanes y obtuvieron todo tipo de concesiones de las autoridades imperiales: en el año 376 se les concede su entrada pactada, pero al sentirse defraudados en sus expectativas, se dedicaron al saqueo, consiguiendo incluso vencer al ejército imperial de Valente en la batalla de Adrianópolis (378). Esto puso a los godos en una posición extraordinariamente ventajosa, que obligó al nuevo emperador, Teodosio, a concederles un foedus para su asentamiento en la Tracia (382).[22]​ Su prolongada presencia dentro de las fronteras les permitió asimilar rasgos de la civilización romana, como la religión, adoptando el arrianismo (una de las versiones del cristianismo que, posteriormente, en el Concilio de Constantinopla de 381, fue condenada como herética). El proceso de aculturación incluso significó la adquisición de la ciudadanía romana por muchos de los considerados bárbaros, o su acceso a altos cargos de la administración romana y del ejército; pero no la asimilación, ni la disminución de la conflictividad. Todo lo contrario: en el 410 los visigodos de Alarico I saquearon la propia ciudad de Roma, obteniendo un mítico botín.

El invierno particularmente frío del año 406 permitió cruzar el Rin helado a grupos masivos de suevos y vándalos (junto con los alanos, un pueblo no germánico, sino iranio). Los emperadores de la época recurrieron a ficciones jurídicas como otorgarles el permiso de ingreso, bajo las condiciones teóricas de que deberían actuar como colonos y trabajar las tierras, además de ejercer como vigilantes de frontera; pero el hecho fue que la decadencia del poder imperial impedía cualquier tipo de dominio. Los invasores no encontraron obstáculo en su avance hacia las ricas provincias meridionales de Galia e Hispania. Los vándalos incluso cruzaron el estrecho de Gibraltar, tomando las provincias africanas y amenazando las rutas marítimas del Mediterráneo occidental. El imperio tuvo que recurrir a los visigodos, los más romanizados de entre los germanos, para intentar recuperar algún tipo de control sobre las provincias occidentales. Los visigodos, en efecto, se impusieron sobre los invasores, pero únicamente para establecerse a su vez como un reino independiente (reino de Tolosa, 418) justificado en la figura jurídica del foedus.

Una nueva invasión fue protagonizada por Atila, el rey de los hunos (un enigmático pueblo o confederación de pueblos, cuyo desplazamiento secular hacia el oeste estuvo probablemente en el origen del movimiento inicial de los germanos). Tras acosar al Imperio romano de Oriente, que sólo le enfrentó mediante una política de apaciguamiento, se dirigió a Occidente, donde una inestable coalición de romanos y germanos le venció en la batalla de los Campos Cataláunicos (451).

Después de la descomposición del imperio de Atila, nuevas oleadas invasoras se establecieron los territorios que ya sólo de nombre podían considerarse provincias romanas: desde mediados del siglo V (batalla de Guoloph, 439, batalla del Monte Badon, 490) anglos, sajones y jutos desembarcaban en la Britania posromana, inicialmente como mercenarios para proteger a los britanos de escotos y pictos y luego como conquistadores;[24]​ a comienzos del siglo VI los francos tomaron las Galias, desplazando a los visigodos a Hispania (batalla de Vouillé, 507). En la propia península itálica, incluso la ficción de la pervivencia del Imperio había dejado existir desde 476, cuando los hérulos de Odoacro destituyeron al último emperador romano, Rómulo Augústulo. Su dominio fue breve, pues se vieron acometidos a su vez por sucesivas invasiones instigadas por el emperador de Oriente (Zenón): en 487 y 488 la de los rugios de Feleteo y Federico, que logran rechazar; y finalmente la de los ostrogodos de Teodorico el Grande, que los derrotan en Aquileia, Verona (489) y el río Adda (490), quedando sitiado Odoacro en Rávena hasta su asesinato a manos del propio Teodorico (493).[25]

Tanto visigodos como francos obtuvieron el extraordinario beneficio que suponía la aplicación extensiva del concepto de hospitalitas (la asignación al huésped de la tercera parte del patrimonio del anfitrión), lo que en la práctica significó cederles la tercera parte de las tierras que ocupaban en las Galias. Los hérulos de Odoacro exigieron lo mismo en Italia, y ante la respuesta negativa de las autoridades romanas, optaron por aclamar a su jefe como "rey de Italia".

Durante todo el siglo V, el ejército romano y, en gran medida, la dirección política del Imperio occidental, estuvieron en manos de personalidades de origen germano: Estilicón (de origen vándalo, fue clave durante el imperio de Honorio), Aecio (de oscuro origen –godo o escita– fue el artífice de la coalición anti-Atila), Ricimero (mitad suevo, mitad visigodo, llegó a proclamar tres emperadores –Mayoriano, Libio Severo y Olibrio–), Gundebaldo (burgundio, sobrino de Ricimero, proclamó a su vez otro emperador –Glicerio–), Orestes (depuso a Julio Nepote e impuso como emperador a su propio hijo, Rómulo Augusto) y Odoacro (habitualmente designado como hérulo, pero cuya concreta nacionalidad se ignora -pudo ser también rugio, godo, esciro o incluso huno-, depuso a Rómulo Augusto e hizo devolver las insignias imperiales a Zenón –emperador de oriente–, quedando como único poder de hecho en Italia).[26]

Los reinos germánicosEditar

En el período agustino hubo, como resultado de la actividad romana hasta el río Elba, una primera definición de la "Germania magna" desde los ríos Rin y Danubio en el oeste y sur hasta el Vístula y el mar Báltico en el este y norte. En el 9 EC, una revuelta de sus súbditos germánicos encabezados por Arminius resultó en una derrota decisiva de Publius Quinctilius Varus y la destrucción y masacre de tres legiones romanas en un ataque sorpresa en la batalla del bosque de Teutoburg), que provocó el retiro de la frontera romana a el Rin. La ocupación de Alemania había demostrado ser costosa y el ataque de Arminius ayudó al final de los 28 años de campaña romana en las llanuras del norte de Europa. Tanto Arminius como otro rey guerrero germánico contemporáneo llamado Maroboduus, intentaron gobernar a estos pueblos guerreros de manera autocrática, pero fueron destituidos o completamente asesinados a través de la traición de otros guerreros nobles, que lucharon por su propia gloria. A fines del siglo I, el emperador Domiciano estableció dos provincias al oeste del Rin llamadas Germania inferior y Germania superior, que anteriormente habían sido distritos militares, "para separar esta zona más militarizada de las poblaciones civiles más alejadas. Oeste y sur ". Importantes ciudades medievales como Aquisgrán, Colonia, Trier, Mainz, Worms y Speyer formaban parte de estas dos provincias romanas "militarizadas".

La Germania de Gaius Cornelius Tácito, un trabajo etnográfico sobre el diverso grupo de tribus germánicas fuera del Imperio Romano, es nuestra fuente más importante sobre los pueblos germánicos del siglo primero. Las expansiones germánicas durante la época romana temprana se conocen solo en general, pero está claro que los antepasados ​​de los godos se asentaron en la costa del Báltico meridional en el año 100 EC. Según el historiador Thomas Burns, las principales hostilidades entre los pueblos germánicos externos del norte y Roma no comenzaron "seriamente" hasta el reinado de Trajano (CE 98-117), que utilizó el "peso completo del poder romano" para atacar Dacios.

En ausencia de una unificación política a gran escala, como la impuesta por la fuerza de los romanos a los pueblos de Italia, las diversas tribus permanecieron libres, dirigidas por sus propios líderes hereditarios o elegidos. Una vez que Roma enfrentó amenazas importantes en sus fronteras, algunas de las tribus germánicas que una vez custodiaron su periferia eligieron consuelo dentro del propio imperio romano, lo que implicaba que para sus sociedades había habido suficiente asimilación y polinización intercultural no solo para cooperar, sino para vivir juntos, en algunos casos. Los tervingi góticos del siglo IV son los más famosos entre los estudiosos de la Roma clásica y la Europa premoderna porque la mayoría de ellos buscaron asilo en el corazón del Imperio Romano en 376 CE.

Entre mediados y finales del siglo II d. C., tribus germánicas migratorias como Marcomanni y Quadi se abrieron paso hacia la frontera romana a lo largo del corredor del Danubio, movimientos de personas que dieron lugar a conflictos conocidos como las Guerras Marcomannic; estos conflictos terminaron en aproximadamente CE 180. No mucho después, aparecieron confederaciones más grandes de personas germánicas, grupos dirigidos por líderes tribales que actuaban como posibles reyes. El primero de estos conglomerados mencionados en las fuentes históricas fue el Alamanni (un término que significa "todos los hombres") que aparece en los textos romanos en algún momento del siglo III a. Este cambio indicó que el tribalismo de la gente germánica estaba siendo abandonado por un gobierno consolidado. Mientras tanto, Roma se adaptó debido a la llegada de las tribus germánicas. El emperador Severus Alexander fue asesinado por sus propios soldados en CE 235, por ejemplo (para negociar la paz con las tribus de Germania a través de la diplomacia y el soborno contra los deseos de sus hombres) y el general Maximin elegido en su lugar. Maximin no era romano, pero étnicamente era el hijo de un Alan germánico y un gótico. La conveniencia militar venció el privilegio aristocrático cuando se trató de asegurar el Imperio y, como resultado, siguieron una serie de emperadores militares profesionales.

Alrededor del CE 238, los godos hicieron su primer impacto claro en la historia romana, habiéndose trasladado desde el mar Báltico al área de la Ucrania moderna. Y en algún momento en CE 251, derrotaron a un ejército romano en los Balcanes, matando al emperador Decio en el proceso. Casi al mismo tiempo que los godos luchaban contra los romanos en los países bálticos, también hay una primera mención de los francos alrededor del CE 250. Los conflictos internos perennes entre varios emperadores sucesivos del Imperio oriental y occidental durante el siglo IV dC dieron como resultado guerras civiles y dañaron la calidad general del ejército romano; los combates también agotaron a la élite de su cuerpo de oficiales. Para compensar sus pérdidas, los romanos reclutaron a civiles romanos inferiores no juzgados y buscaron reemplazos en toda la región fronteriza por parte de tropas bárbaras con capacidad militar, un desarrollo que fortaleció aún más la posición de los pueblos germánicos. Intentar controlar la periferia del imperio romano significó encontrar formas innovadoras de tratar con el pueblo germánico, por lo que los romanos los alistaron como foederati (federados) y para finales del siglo IV, la mayoría de los militares romanos estaban formados por guerreros germánicos. La federación de tribus enteras de personas germánicas en el Imperio marcó una nueva fase de invasión y facilitó la fragmentación de Roma desde sus propias fronteras.

Entre los romanos, la presencia germánica en el ejército era tan extensa, por ejemplo, que la palabra barbarus se convirtió en sinónimo de "soldado" y el presupuesto imperial de los militares era conocido como ficus barbarus. Los bárbaros (germánicos) compusieron el ejército móvil del emperador Constantino con muchos de ellos, particularmente los más organizados, como los francos y los alamanni, que alcanzaron niveles de alto mando. Un ejemplo de tal prominencia muestra el hecho de que en CE 350 el general franco Silvano era el alto comandante militar de la Galia. Los guerreros y los líderes de los pueblos germánicos tenían una ventaja sobre sus homólogos romanos, ya que sabían y podían atravesar con destreza ambos mundos, mientras que los romanos despreciaron la cultura y las costumbres bárbaras y no pudieron asegurar la confianza entre los soldados germanos en sus nóminas. De esta manera, los lazos étnicos y regionales dentro del mundo burocrático romano-germánico en evolución comenzaron a favorecer a los bárbaros.

La Britania romana estuvo al mismo tiempo bajo una amenaza constante durante los siglos III y IV dC por los pictos del norte y por los sajones germánicos que navegaban desde el norte de la Galia hasta la costa este de las islas británicas. A finales del CE 367, las guarniciones romanas en Britania se derrumbaron cuando los bárbaros germanos llegaron a la región desde todas las direcciones. En un intento por restablecer permanentemente el control sobre Britania, el emperador Valentiniano envió a un experimentado comandante romano que pudo vencer a los invasores después de una guerra de un año y tomar el control de Londonium, pero fue una victoria pírrica para los invasores germánicos. Había incendiado asentamientos en pie, devastado ciudades en las islas, interrumpido el comercio y aniquilado a las guarniciones romanas. A mediados del siglo V, los pictos, escoceses y anglosajones comenzaron a dominar a la antigua Britannia romana.

Batalla de AdrianópolisEditar

Más información: Batalla de Adrianópolis. Durante los siglos IV y V, los emperadores romanos hicieron todo lo posible por evitar el avance de las tribus germánicas. Si bien los gobernantes en el Imperio Oriental pudieron soportar los frecuentes enfrentamientos sin serias consecuencias para su dominio territorial, este no fue el caso en el Imperio Occidental. Durante más de dos siglos, los emperadores romanos lucharon y confinaron a las tribus germánicas en la frontera del Rin-Danubio y en la lejana Gran Bretaña, pero todo eso cambió en CE 378 cuando los visigodos destruyeron tanto como dos tercios del ejército romano del Este bajo el emperador Valens. El historiador romano Ammianus Marcellinusse refirió al daño infligido por las tribus germánicas en Adrianópolis como un "desastre irreparable" y terminó su relato de la historia romana con esta batalla. Los historiadores posteriores como Sir Edward Gibbon (entre otros) atribuyen un significado similar a este evento y llaman a la Batalla de Adrianópolis un momento decisivo entre el mundo antiguo y el medieval que siguió; porque no solo esta batalla reveló la debilidad de Roma a las tribus germánicas y las inspiró en consecuencia, nunca más tuvieron que abandonar el suelo romano. La evidencia del trauma sufrido a manos del saqueo de los visigodos aparece en los escritos del ex obispo de Milán , Ambrosio, quien escribió acerca de derretir las placas de la iglesia de oro al principio de su episcopado para ayudar a las víctimas de la calamidad en Adrianópolis.

Periodo de migracionEditar

Más información: Periodo de migración Migraciones simplificadas desde el siglo II hasta el siglo V. Antes de considerar la migración posterior de varios pueblos germánicos en el siglo V, vale la pena señalar que la primera gran migración registrada de una tribu germánica ocurrió en algún momento a fines del siglo II cuando los godos abandonaron la Vístula inferior por las costas del mar Negro. Durante los siguientes doscientos años, los góticos inquietos fueron una amenaza para el Imperio Romano. Entre los siglos II y IV, los godos se filtraron lentamente hacia el sur y el este, avanzando hacia lo que ahora es Kiev en Ucrania y presionando a Roma en el proceso. La llegada de los hunos nómadas a lo largo del corredor del Mar Negro en CE 375 aceleró aún más el éxodo del gótico a través de la frontera romana. La gente germánica de las costas del norte de Europa había estado haciendo su camino hacia Gran Bretaña durante varios siglos antes de que ocurrieran las incursiones a gran escala.

En el siglo V d. C., el Imperio Romano de Occidente estaba perdiendo fuerza militar y cohesión política; numerosos pueblos germánicos, bajo la presión del crecimiento de la población y los grupos asiáticos invasores, comenzaron a migrar en masa en direcciones lejanas y diversas, llevándolos a Gran Bretaña y al sur a través de la Europa continental actual hasta el Mediterráneo y el norte de África . Con el tiempo, este deambular significó intrusiones en otros territorios tribales, y las guerras subsiguientes por la tierra se intensificaron con la disminución de la cantidad de territorio desocupado. Las tribus itinerantes de personas germánicas comenzaron a buscar hogares permanentes como medio de protección. Gran parte de esto resultó en asentamientos fijos desde los cuales muchos, bajo un líder poderoso, se expandieron hacia el exterior. Ostrogodos, visigodos y lombardos llegaron a Italia; Vándalos, borgoñones, francos y visigodos conquistaron gran parte de la Galia; Vándalos y visigodos también empujaron a España; Los vándalos también llegaron al norte de África; Los Alamanni establecieron una fuerte presencia en el medio Rin y los Alpes. En Dinamarca los Jutes se fusionaron con los daneses, en Suecia los Geats y Gutes se fusionaron con los suecos. En Inglaterra, los anglos se fusionaron con los sajones y otros grupos (especialmente los yute), así como con la absorción de algunos nativos, para formar elAnglosajones (más tarde conocidos como los ingleses). Esencialmente, la civilización romana fue invadida por estas variantes de los pueblos germánicos durante el siglo quinto.

Un resultado directo de la retirada romana fue la desaparición de productos importados como la cerámica y las monedas, y el retorno a los métodos locales de producción de la Edad de Hierro prácticamente sin cambios. Según opiniones recientes, esto ha causado confusión durante décadas, y se han renunciado a las teorías que suponen que el abandono total de las regiones costeras para dar cuenta de una diferencia de tiempo arqueológica que nunca existió. En cambio, se ha confirmado que las tumbas de Frisia se habían utilizado sin interrupción entre los siglos IV y IX y que las zonas habitadas muestran continuidad con el período romano al revelar monedas, joyas y cerámicas del siglo quinto. Además, la gente seguía viviendo en la misma granja de tres naves, mientras que al este surgían tipos de edificios completamente nuevos. Más al sur en Bélgica.

Papel en la caída de RomaEditar

Reinos germánicos en 526 CE.Editar

Algunas de las tribus germánicas son frecuentemente acreditadas en representaciones populares de la decadencia del Imperio Romano en el siglo quinto. Muchos historiadores y arqueólogos han cambiado sus interpretaciones desde la década de 1950 de tal manera que los pueblos germánicos ya no son vistos como invasores de un imperio decadente sino como cooptados para ayudar a defender el territorio que el gobierno central ya no podía administrar adecuadamente. Las tribus germánicas, sin embargo, lucharon contra el dominio romano cuando fue necesario. Cuando el Imperio Romano se negó a permitir que los visigodos se instalaran en Nórico por ejemplo, respondieron despidiendo a Roma en el CE 410 bajo el mando de Alarico I. Por extraño que parezca, Alarico I no vio su imposición en Roma como un ataque per se contra el Imperio Romano, sino como un intento de obtener una posición favorable dentro de sus fronteras, particularmente desde que los visigodos tenían en gran estima al Imperio.

Alarico ciertamente no tenía intenciones de destruir la gran ciudad que simbolizaba el poder romano, pero necesitaba pagar a su ejército y el botín de la ciudad no solo le permitía hacer eso, sino que su riqueza lo convertía en el "general más rico del imperio". . " Para el próximo año, Alarico extrajo grandes sumas de la ciudad; esto incluía 5,000 libras de oro, 30,000 libras de plata, 5,000 libras de pimienta oriental, estatuas doradas del Foro e incluso la cúpula de plata sólida de una tonelada que Constantino colocó una vez sobre la cuenca bautismal junto a la basílica de Letrán. Alarico no solo fue capaz de desangrar a Roma, sino que también estableció una confederación gótica formada por pueblos de Theruingian y Greuthungic, e hizo que los imperios romanos del este y del oeste se enfrentaran entre sí para su beneficio.

Casi al mismo tiempo que Alarico estaba saqueando la capital del Imperio, hubo un éxodo romano de las Islas Británicas, una partida que brindó a los anglos germánicos y sajones la oportunidad de ocupar y controlar las costas orientales de Gran Bretaña, las regiones del sur de Sussex, y entrar en el valle del Támesis. Mientras que las tribus germánicas invadían las provincias romanas que una vez fueron occidentales, también continuaron luchando por el ascenso regional más cerca del centro de Roma; Mientras tanto, la amenaza a lo largo de la periferia de los hunos creó dificultades adicionales para el Imperio.

Individuos y pequeños grupos de tribus germánicas habían sido reclutados desde los territorios más allá de las limas (es decir, las regiones fuera del Imperio Romano), y algunos de ellos se habían elevado en la estructura de mando del ejército. El Rin y el Danubio proporcionaron la mayor parte de la separación geográfica para las cales romanas. A un lado de los limones se alzaba la Europa 'latina', la ley, el orden romano, los mercados comerciales prósperos, las ciudades y todo lo que constituía la civilización moderna para esa era; mientras que en el otro lado se alzaba la barbarie, la violencia, el atraso técnico, el analfabetismo y una sociedad tribal de guerreros feroces. Luego, el Imperio reclutó grupos tribales enteros bajo sus líderes nativos como oficiales militares. El historiador Evangelos Chrysos argumenta que las implicaciones con respecto al reclutamiento de los bárbaros en el ejército romano durante el período de migración fueron enormes y relatan que:

"les ofreció la experiencia de cómo se organizó el ejército imperial, cómo organizó el gobierno la logística funcional y militar de su participación como soldados u oficiales y cómo administró su vida práctica, cómo se cultivaron la experiencia profesional y los valores sociales del soldado individual en el campamento y en el campo de batalla, cómo los hombres uniformados implementaron las ideas sobre el estado y sus objetivos, cómo se compuso el Imperio y cómo funcionó a nivel administrativo. Este conocimiento y experiencia con los romanos se abrió a miembros individuales de las gentes.un camino que, una vez tomado, los llevaría a una afiliación más o menos importante o incluso a la solidaridad con el mundo romano. Para tomar un ejemplo de la esfera económica: el servicio en el ejército romano introdujo a los miembros individuales o corporativos en el sistema monetario del Imperio, ya que una gran parte de su salario se les pagaba en efectivo. Con el dinero en sus manos, los "invitados" estaban por necesidad expuestos a la posibilidad de participar en el sistema económico, de acostumbrarse a las reglas del amplio mercado, de absorber los mensajes de la propaganda imperial o de reaccionar a la propaganda imperial transmitida a los ciudadanos. A través de las leyendas de las monedas. Además, los productos ofrecidos en los mercados influyeron y transformaron los gustos alimentarios y estéticos de los recién llegados y su horizonte cultural.Era una meta atractiva para cada individuo que deseaba tener éxito en su avance social". 

La asistencia con la defensa eventualmente cambió a la administración y luego al gobierno absoluto, a medida que el gobierno romano pasó a manos de los líderes germánicos. Odoacer (que comandaba a los mercenarios alemanes en Italia) depuso a Romulus Augustulus. el último emperador de Occidente en CE 476. Odoacer gobernó desde Roma y Rávena, restauró el Coliseo y asignó escaños a los dignatarios senatoriales como parte de Proceso de consolidación de su gobierno. La presencia de estados sucesores controlados por una nobleza de una de las tribus germánicas es evidente en el siglo VI, incluso en Italia, el antiguo corazón del Imperio, donde Odoacerfue seguido por Teodorico el Grande, rey de los ostrogodos, a quien los ciudadanos romanos y los colonos góticos consideraban como legítimo sucesor del gobierno de Roma e Italia. Teodorico gobernó desde CE 493–526, el doble de tiempo que su predecesor, y su gobierno se evidencia en una gran cantidad de documentos. Bajo los ostrogodos se logró un grado considerable de fusión cultural y política romana y germánica. Los reyes germánicos trabajaron en conjunto con los administradores romanos en la medida de lo posible para ayudar a asegurar una transición sin problemas y facilitar la administración rentable de las tierras que una vez fueron romanas. Lenta pero seguramente, la distinción entre los gobernantes germánicos y los súbditos romanos se desvaneció, seguida de diversos grados de "asimilación cultural", que incluía la adopción de la lengua gótica por parte de algunos de los pueblos indígenas del antiguo Imperio Romano, pero ciertamente esto no era omnipresente como gótico. La identidad seguía siendo distintiva. Teodorico pudo haber tratado demasiado para acomodar a las diferentes personas bajo su dominio; complaciendo a "romanos y godos, católicos y arios, a la cultura latina y bárbara" se produjo el fracaso eventual del reinado ostrogótico y el posterior "fin de Italia como el corazón de la antigüedad tardía".

Según el destacado historiador Herwig Wolfram, los pueblos germánicos no pudieron ni pudieron "conquistar el mundo romano más avanzado" ni pudieron "restaurarlo como una entidad política y económica"; en cambio, afirma que el "universalismo" del imperio fue reemplazado por el "particularismo tribal" que dio paso al "patriotismo regional". [133] No obstante, la entrada de las tribus germánicas en lo profundo del corazón de Europa y el colapso posterior del Imperio Romano de Occidente provocaron una "interrupción masiva" de las redes de comunicación establecidas hace mucho tiempo, un sistema que en muchos aspectos se había limitado a gran parte de El continente juntos durante siglos ". [134]Las redes y rutas comerciales cambiaron en consecuencia, los reinos y pueblos germánicos establecieron fronteras y no fue hasta la aparición de los árabes en Iberia y en Anatolia que los europeos comenzaron a restablecer sus redes para enfrentar una nueva amenaza.

Cultura y sociedadEditar

Lengua y literaturaEditar

Sin duda el rasgo más definitorio de los germanos es el lenguaje, ya que el concepto es ante todo etnolingüístico. No obstante, aunque las lenguas germanas antiguas eran cercanas entre sí, los germanos no hablaban la misma variante, sino variedades diferentes derivadas del proto-germánico.

Aunque aparentemente compartían una lengua ancestral común, al momento de su avance sobre el interior europeo ya tenían varios dialectos: el proto-nórdico, los dialectos germanos occidentales y los dialectos germanos orientales.

No tenían alfabeto (el rúnico de los escandinavos se usaba sólo para fines religiosos), por lo que no hay registros escritos de su historia hasta su encuentro con los romanos.

La traducción parcial de la Biblia del obispo Ulfilas (el Codex Argenteus –un evangeliario–) es el primer texto escrito en una lengua germánica (el gótico). Para su escritura creo los caracteres de un "alfabeto ulfilano", precedente del posterior "alfabeto gótico".

ReligiónEditar

La mitología nórdica era en lo esencial compartida por la totalidad de los pueblos germánicos, lo que permitió incluso su recreación historicista durante el romanticismo. La estructura en tríada y otros rasgos comunes a las religiones de otros pueblos antiguos permitieron a los estudiosos de la historia de las religiones (especialmente Georges Dumezil) emparentar las religiones germánicas primitivas con otras religiones indoeuropeas.

El ritual funerario más extendido era la cremación, sustituida por la inhumación a medida que se produjo la cristianización.

El contacto con el Imperio romano, cristianizado a partir del siglo IV (Edicto de Milán, 313, Edicto de Tesalónica, 380) produjo la cristianización de los godos y otros pueblos germánicos; principalmente a partir del arrianismo, diferenciado del catolicismo y considerado como herejía en ese mismo periodo (entre el Primer Concilio de Nicea, 325, y el Primer Concilio de Constantinopla, 381). Esa diferenciación tuvo el efecto de intensificar la separación social entre los germanos y la población de las partes del Imperio que ocupaban (hispano-romanos, galo-romanos, etc.), dificultándose incluso los matrimonios mixtos. La conversión al catolicismo se produjo inicialmente en el reino de los francos (Clodoveo I, entre 496 y 506), el de los suevos (Carriarico, 560) y el de los visigodos (Recaredo, 587).

Los reinos anglosajones de Gran Bretaña fueron cristianizados a partir de la evangelización de monjes irlandeses (San Columba, monasterio de Iona, 563) y romanos (Agustín de Canterbury, conversión de Ethelberto de Kent, 597 a 601);[27]​ que también pasaron a la Europa continental. La gran popularidad de la leyenda de Santa Úrsula y las oncemil vírgenes ilustraba la dificultad de la cristianización de los pueblos germanos de la Europa central, que se fue produciendo paulatinamente (San Bonifacio, monasterio de Fulda, 742).[28]​ Hacia el siglo XI ya se habían cristianizado incluso los reinos escandinavos; todo ello en el espacio de la cristiandad latina, mientras que los varegos que formaron los estados rusos se incorporaron a la cristiandad oriental.

Organización política y socioeconómicaEditar

Además de la lengua, la religión y otros aspectos culturales, existían muchos rasgos sociales y políticos comunes, ampliamente extendidos entre todos los pueblos germánicos.

Aunque tradicionalmente se les asocia con el concepto de "barbarie", tal como se definió por las ciencias sociales en construcción durante los siglos XVIII y XIX (como un estadio intermedio entre los conceptos de "salvajismo" y "civilización"); también es muy común la utilización del no menos genérico concepto de lo "tribal" para designar su organización política y social.

Los germanos eran pastores y agricultores seminómadas, cuyos asentamientos, de estructura urbanística propia de aldeas, eran poco duraderos.[29]​ Con anterioridad a la época de las invasiones, se encontraban muy lejos de constituir ningún tipo de estructura política que pudiera denominarse Estado. Todos se regían por formas de jefatura más o menos identificables con una monarquía electiva. El rey o "jefe de la tribu" (king, kuningaz), con funciones eminentemente militares, era elegido coyunturalmente (no de forma vitalicia) por una asamblea de guerreros (thing, althing, witenagemot), que era la realmente soberana a la hora de administrar justicia, pactar la paz o declarar la guerra. El rey no dejaba de ser un primus inter pares, y todos los guerreros se consideraban sus iguales, e iguales entre sí, al menos en teoría. No obstante, la estratificación social por la riqueza hacía evidente la diferenciación de clases con marcadas desigualdades económicas y sociales, que el atesoramiento, el botín de guerra, el incremento del comercio a larga distancia de productos de lujo (esclavos, caballos, vino, madera, ámbar, telas, cerámica, metales, orfebrería, joyas y armas) e incluso el uso de la moneda romana no hacía más que incrementar. El comercio romano-germano ha sido definido como englobando tres sistemas económicos: el espacio económico romano (monetario y de mercado), la zona intermedia (con economía monetaria limitada y un mercado rudimentario), que se extendería unos doscientos kilómetros más allá del limes, y la zona sin mercado o con mercado no monetario, en las regiones más alejadas. De Roma se importaba bronce, vidrio, objetos de prestigio y monedas de oro y plata; mientras que entre las exportaciones germanas había jabón, pieles, carros y textiles.[30]

Ninguno de los pueblos germánicos tuvo antes de las invasiones un código legislativo de derecho escrito, sino costumbres y prácticas de derecho consuetudinario muy similares entre sí y que, además de quedar reflejadas en textos latinos o en la codificación que se realizó en los reinos germánicos del sur de Europa, se mantuvieron durante siglos en los pueblos nórdicos.

La organización política era bastante simple, pero se fue sofisticando a medida que se conformó una nobleza enriquecida, definida por la exclusividad de acceso a los puestos de mando (asamblea de guerreros, mandos militares) y de entre la que se nombraban los reyes. El resto de los hombres libres (véase yeomen), que retenían el derecho a portar armas y formaban parte del ejército, practicaban la agricultura, la ganadería, la caza y otras actividades cotidianas. La presencia de esclavos varió según el contexto histórico. La situación social de los pueblos conquistados era muy diferente, existiendo situaciones de vasallaje o semilibertad.

Las distintas "tribus" o "pueblos" germanos, independientes, ocasionalmente se confederaban para la guerra contra enemigos comunes (fueran germanos o no germanos); y muy a menudo también se producían escisiones entre facciones que guerreaban entre sí.

[31]

Algunas tribus, como los francos salios, establecieron relaciones de clientela con los romanos, sirviendo ocasionalmente en sus ejércitos. Estas relaciones sentaron la base del futuro régimen feudal, y los dominios que establecieron fueron el origen de los reinos medievales y los actuales países europeos.

Germanismo, germanofilia y germanofobiaEditar

Los pueblos germánicos se convirtieron en un mito historiográfico y en el soporte de ideologías justificativas de todo tipo, tanto favorables (germanofilia, germanismo, pangermanismo) como desfavorables (germanofobia, antigermanismo).

Como disciplina científica, el germanismo o los estudios germánicos[32]​ han constituido una parte importante en la controvertida construcción histórica, desde finales del siglo XVIII, de ciencias sociales como la filología (Jacob GrimmDeutsches Wörterbuch, Deutsche Mythologie—,[33]Rasmus Christian RaskUndersøgelse om det gamle Nordiske eller Islandske Sprogs Oprindelse—, Henry Sweet[34]​ y Matthias Lexer[35]​) y la antropología (teoría indoeuropea, de interpretación desviada hacia el racismo —nordicismo o mito ario—).

Estudios literarios anteriores son Historia de gentibus septentrionalibus (Olaus Magnus, 1555) y las primeras ediciones impresas de la Gesta Danorum (obra del siglo XIII de Saxo Grammaticus, publicada en 1514) y otros poemas medievales alemanes (Melchior Goldast,[36]​ 1603, que posteriormente estudió el monacato benedictino alemán). Por la misma época (finales del XVI y comienzos del XVII) se emprendieron estudios y publicaciones de los textos del inglés antiguo (Robert Cotton, Cotton Manuscripts,[37]​ y Peder Hansen Resen,[38]Edda Islandorum, 1665).[39]

Genética de poblacionesEditar

 
Distribución en el cromosoma Y- del I1 en Europa.

Desde la genética de poblaciones (disciplina cuya aplicación a las ciencias sociales ha de hacerse con especial cuidado de no caer en explicaciones simplistas de identificar inexistentes "razas humanas", según advierten sus propios científicos)[40]​ se ha sugerido que las migraciones de los pueblos germánicos pueden detectarse en la distribución actual del linaje masculino representado por el haplogrupo del cromosoma Y denominado I1;[41]​ que descendería de un ancestro común más reciente localizable probablemente en el territorio de la actual Dinamarca hace de cuatro mil a seis mil años.[42][43]

Véase tambiénEditar

ReferenciasEditar

    • Rübekeil, Suebica, Innsbruck 1992, 161f.
    • Stümpel, Gustav, Name und Nationalität der Germanen. Eine neue Untersuchung zu Poseidonios, Caesar und Tacitus. Leipzig: Dieterich. p. 60.
    • Feist, Sigmund, Germanen und Kelten in der antiken Überlieferung. Baden-Baden.
  1. Theodor Mommsen, Storia romana, M. Guigoni, 1867, vol. 3, pg. 252.
  2. Bernardo Monreal y Ascaso, Curso elemental de geografía física, política y astronómica, Moliner y Compañía, 1856, pg. 254.
    • Monreal, op. cit.
    • Roman Germany, cp. 15 de Cambridge Ancient History: We describe as Roman Germany the two forward zones which Augustus established on the Rhine for action against the tribes between the Weser and the Elbe. There were two high commands here invested with imperium, one for the ‘upper army’ (Exercitus Germanicus Superior) in Mainz, the other for the ‘lower army’ (Exercitus Germanicus Inferior) in Cologne.
  3. a b Véase también Renania. Fuentes citadas en en:Germani cisrhenani
    • Julio César, La guerra de las Galias, edición de Pedro Julián Pereyra, Madrid: Imprenta Real, 1798. Dos veces aparece en el texto la expresión cis Rhenum (pgs. 74 y 144) y nueve veces la expresión trans Rhenum (pgs. 8, 34, 44, 68, 144, 154, 160, 238 y 266). La palabra germani aparece 24 veces, y la palabra suevi, dos (pgs. 68 y 158).
    • Oxford Dictionary of English Etymology, 1966
    • McBain's, An Etymological Dictionary of the Gaelic Language
    • Schulze, Hagen. Germany: A New History. Cambridge, MA: Harvard University Press. p. 4.
    • "German", en The Concise Oxford Dictionary of English Etymology. Ed. T. F. Hoad. Oxford: Oxford University Press, 1996. Oxford Reference Online. Oxford University Press.
    • Partridge, Eric, Origins: A Short Etymological Dictionary of Modern English, p. 1265.
    • Mallory, Adams, The Oxford Introduction to Proto-Indo-European and the Proto-Indo-European World, p. 245
  4. Arend Quak 2005: "Van Ad Welschen naar Ad Waalsen of toch maar niet?", in: [1] Fuente citada en en:Walhaz.
  5. Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española (2014). «teutón». Diccionario de la lengua española (23.ª edición). Madrid: Espasa. ISBN 978-84-670-4189-7. 
  6. véase también allemanda (allemande, una danza), los topónimos Allemans, Allemant, Allemanche, Allemond, etc., y el apellido Allemandi.
  7. Hans Eggers (Hrsg.): Der Volksname Deutsch; Wege der Forschung. Bd 156; Darmstadt: Wissenschaftliche Buchgesellschaft, 1970. Fuente citada en de:deutsch (Etymologie)
  8. Digital archive. Fuente citada en en:List of terms used for Germans.
    • Feist, Sigmund (1932). "The Origin of the Germanic Languages and the Europeanization of North Europe". Language (Linguistic Society of America) 8 (4): pages 245–254. Fuente citada en en:Germanic substrate hypothesis
    • Wolfgang Meid, Hans Kuhns 'Nordwestblock' Hypothese: zur Problematik der Völker zwischen Germanen und Kelten", in Germanenproblemen in heutiger Sicht, Berlin, De Gruyter, 1986. Fuente citada en en:Nordwestblock
  9. * Hermann Kinder and Werner Hilgemann, The Penguin Atlas of World History; traducido por Ernest A. Menze; with maps designed by Harald and Ruth Bukor. Harmondsworth: Penguin Books. 1988. Volume 1. p.109. ISBN 0-14-051054-0
    • The New Encyclopaedia Britannica, 15th edition, 20:67
    • 1979: Nederland in de bronstijd, J.J. Butler
  10. Los únicos autores que pudieron consultar directamente la obra de Piteas fueron Dicearco de Mesina, el historiador Timeo, Eratóstenes, Crates de Mallus, Hiparco, Polibio, Artemidoro y Posidonio. Hans Joachim Mette, Pytheas von Massalia (Berlin: Gruyter) 1952; comentado por Lionel Pearson, Classical Philology 49.3 (July 1954), pp. 212-214.
  11. www.colonia3d.de. Fuente citada en en:Colonia Claudia Ara Agrippinensium.
  12. Adolfo Zavaroni, Raetic inscriptions, fuente citada en Raeti.
  13. A. Mocsy, S. Frere, "Pannonia and Upper Moesia", A History of the Middle Danube Provinces of the Roman Empire. Fuente citada en en:List of ancient tribes in Illyria#Pannonian tribes
  14. Edición electrónica en francés, comentada y con mapas, de libre acceso en Bibliotheca Classica Selecta.
  15. Libro IV, capítulo 99.
  16. E. Gamillscheg, Germanismos, 1967; citado por Manuel Quirós, Romania/Germania
  17. a b Gonzalo Bravo Castañeda y Maria Del Mar Marcos Sanchez, El comienzo del fin. Un final pautado, en La caída del Imperio Romano y la génesis de Europa, Complutense, 2001, ISBN 84-7491-620-8, pg. 22 y ss.
  18. «La invasión de los bárbaros era previsible. Irrumpieron en España en el 264, destruyendo varias ciudades mediterráneas como Ampurias, Gerona y Tarragona, adentrándose y atacando Lérida, Zaragoza, Calatayud y Calahorra. Pocos años después, en el 276 entraron por los Pirineos y destruyeron Pamplona, Liédena, Clunia, Mérida… llegando hasta la provincia bética. Eran incursiones rápidas y de saqueo, aunque según Blas Taracena, en el 276, algunos de los invasores se asentaron temporalmente en el norte de España.» (Blas Taracena, Las invasiones germánicas en España durante la segunda mitad del siglo III Zaragoza 1950, citado en La romanización, pg. 156).
  19. Cómo se forjó Inglaterra, en Caroline Alexander, Un tesoro mágico y misterioso, en National Geographic, noviembre de 2011, pg. 68.
  20. La crónica de Juan Antioqueno refiere que, engañado, Odoacro acude a un banquete donde recibirá la muerte junto con Ornulfo (su hermano), Sunigilda (su mujer) y Tela (su hijo). Al recibir la herida mortal, gritó: «¿Dónde está Dios?», a lo que Teodorico respondió «Así trataste a mis amigos», en referencia a cómo el propio Odoacro había matado a Feleteo y a su mujer (Gisa) años antes. El hijo de estos, Federico, que fracasó en su propio intento de invasión, se había refugiado entre los ostrogodos. Pere Maymó, Odoacro, el primer rey bárbaro. El final de Roma, en Historia National Geographic, n.º 95, noviembre de 2011, pg. 62.
  21. Maymó, op. cit.
  22. Chaney, William A. (1960) "Paganism to Christianity in Anglo-Saxon England", The Harvard Theological Review (1960) Fuente citada en en:Anglo-Saxon Christianity
  23. * Diocese of Fulda (Fuldensis) en Catholic Encyclopedia
    • Germania Benedictina, Bd.VII: Die benediktinischen Mönchs- und Nonnenklöster in Hessen, 1. Auflage, 2004, St. Ottilien, pp. 214-375 ISBN 3-8306-7199-7
    Fuentes citadas en Abadía de Fulda.
  24. Es muy significativo que los colonos británicos que llegaron a África oriental en el siglo XIX, reconocieran en la disposición de las casas en las aldeas masái, y en otros rasgos de su cultura, elementos muy similares a los que describía Tácito para los germanos. La admiración que este pueblo indígena suscitó en el imaginario británico provenía en parte en su identificación con su propio pasado como pueblo germánico.
  25. Lotte Hedeager, citado por Colin Renfrew y Paul Bahn, Arqueología: teorías, métodos y práctica, AKAL, 1993, ISBN 84-460-0234-5, pg. 348
  26. en:List of confederations of Germanic tribes
  27. http://www.indiana.edu/~germanic/ Fuente citada en en:Germanic studies
  28. en:Deutsche Mythologie
  29. Charles Leslie Wrenn, 'Henry Sweet', Transactions of the Philological Society 46.177-201 (1946). Fuente citada en Henry Sweet
  30. Kärntisches Wörterbuch, 1862. Fuente citada en Henry Sweet
    • Heinrich Christian Senckenberg, Life prefixed to his 1730 edition of Goldast's Works.
    • Graeme Dunphy: "Melchior Goldast und Martin Opitz. Humanistische Mittelalter-Rezeption um 1600" en Nicola McLelland, Hans-Jochen Schiewer & Stefanie Schmitt, Humanismus in der deutschen Literatur des Mittelalters und der Frühen Neuzeit, Niemeyer 2008, 105-121.
    • R. von Raumer, Geschichte der germanischen Philologie (Munich, 1870).
    Fuentes citadas en en:Melchior Goldast
  31. Bricka, Carl Frederik (1887–1905) (en danés). Dansk biografisk Lexikon. XIV. Copenhagen: Gyldendalske Boghandels Forlag (F. Hegel & Søn). p. 12. Retrieved December 4, 2009. Fuente citada en en:Peder Hansen Resen
  32. The Journal of Comparative Germanic Linguistics, fuente citada en en:Germanic philology
  33. * Oppenheimer, Stephen The Origins of the British: A Genetic Detective Story (Carroll & Graf, 2006) ISBN 978-0-7867-1890-0
    • Sykes, Bryan Saxons, Vikings, and Celts: The Genetic Roots of Britain and Ireland (W. W. Norton, 2006) ISBN 978-0-393-06268-7
    Fuentes citadas en: en:Haplogroup I1 (Y-DNA)
  34. Genographic Project of National Geographic (enlace roto disponible en Internet Archive; véase el historial y la última versión).
  35. "New Phylogenetic Relationships for Y-chromosome Haplogroup I: Reappraising its Phylogeography and Prehistory," Rethinking the Human Evolution, Mellars P, Boyle K, Bar-Yosef O, Stringer C, Eds. McDonald Institute for Archaeological Research, Cambridge, UK, 2007, pp. 33-42 by Underhill PA, Myres NM, Rootsi S, Chow CT, Lin AA, Otillar RP, King R, Zhivotovsky LA, Balanovsky O, Pshenichnov A, Ritchie KH, Cavalli-Sforza LL, Kivisild T, Villems R, Woodward SR

Enlaces externosEditar