Demócrito

filósofo griego

Demócrito (en griego: Δημόκριτος; Abdera, Tracia, c. 460 a. C.-c. 370 a. C.) fue un filósofo y matemático griego que vivió entre los siglos V-IV a. C.[1][2]​ Discípulo de Leucipo, se le llama también «el filósofo que ríe». Pensador con un amplio campo de intereses, es especialmente recordado por su concepción atomista de la materia.

Demócrito
Bust of an unknown Greek - Museo archeologico nazionale di Napoli.jpg
Busto de bronce identificado con Demócrito (Museo Arqueológico Nacional de Nápoles)
Información personal
Nombre en griego Δημόκριτος Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacimiento años 460 a. C. Ver y modificar los datos en Wikidata
Abdera, Grecia Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento años 360 a. C. Ver y modificar los datos en Wikidata
Educación
Alumno de
Información profesional
Ocupación Filósofo y matemático Ver y modificar los datos en Wikidata
Estudiantes Hipócrates y Metrodorus of Chios Ver y modificar los datos en Wikidata
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Tradicionalmente se le considera un filósofo presocrático, aunque es un error de cronología, ya que fue contemporáneo de Sócrates. Desde el punto de vista filosófico se le asocia a los presocráticos por su temática (physis), mientras que Sócrates y los filósofos que le siguieron abordaron una temática ético-política.

Índice

BiografíaEditar

Δημόκριτος, Dēmokritos, cuyo nombre significa «escogido del pueblo», era conocido por el sobrenombre de Milesio o Abderita. Nació en la ciudad de Abdera (Tracia),[3]​ capital de una polis griega situada en la actual costa norte de Grecia, al este de la desembocadura del río Nestos, cerca de la isla de Tasos. Estudió con magos y eruditos caldeos que el rey Jerjes I de Persia dejó en la casa de su padre, cuando se hospedó en el hogar de este durante su campaña militar contra los griegos en las guerras médicas. Siendo todavía muy joven, aprendió de ellos sobre todo astrología y teología.

Demócrito fue discípulo y después sucesor de Leucipo de Mileto, natural también de Abdera. Fueron además oriundos de Abdera Anaxarco y Protágoras.

Demócrito fue conocido en su época por su carácter extravagante. Se le adjudican numerosas leyendas. Una de ellas dice que se arrancó los ojos en un jardín para que no estorbara en sus meditaciones la contemplación del mundo externo. Se dice de él que presentía el futuro, y entre sus obras más importantes se cita su Gran Diacosmos, por la cual obtuvo, por plebiscito popular, un premio de quinientos talentos.

También realizó numerosos viajes, en los cuales habría aprendido de magos persas, sacerdotes egipcios y caldeos. Se dice que viajó por Egipto, donde vivió cinco años y adquirió especialmente conocimientos de geometría, así como que visitó Etiopía, Mesopotamia, Babilonia, Caldea y Persia y que incluso llegó a la India en busca de conocimientos. Había adquirido dinero para viajar de la herencia que le dejó su padre a él y a sus dos hermanos; le correspondieron cien talentos. Posteriormente escribió precisamente el Gran Diacosmos para defenderse de las posibles acusaciones que se hacían a aquellos que malgastaban la herencia de sus padres.

Diógenes Laercio listó una serie de escritos de Demócrito que superan las setenta obras sobre ética, física, matemática, técnica e incluso música, por lo que Demócrito es considerado un autor enciclopédico. No se conservaron tales escritos, y de toda esta producción solo han sobrevivido unos trescientos fragmentos menores, la mayor parte de los cuales son reflexiones morales de las cuales solo se conocen fragmentos, sobre todo gracias a las alusiones de Aristóteles y de Teofrasto. Existen diversas colecciones de esos fragmentos, como las de Diels-Kranz, Luria y Leszl.

Siendo ampliamente ignorado en Atenas durante su vida, la obra de Demócrito fue bastante conocida sin embargo por Aristóteles, que la comentó extensamente. La razón de que no adquiriera fama fue que él mismo «no se cuidó de ser conocido; y aunque él conoció a Sócrates, Sócrates no lo conoció a él». Asimismo asistió a escuchar a los pitagóricos. Es famosa la anécdota que Platón detestaba tanto a Demócrito que quería que todos sus libros fuesen quemados.[4][5]​ Se dice que estuvo a punto de quemarlos pero que se lo impidieron los pitagóricos Amiclas y Clitias aludiendo que era inútil pues ya sus escritos circulaban en muchas partes.

Hiparco de Nicea asegura, según Diógenes Laercio, que Demócrito murió a los noventa años de edad; y todos los autores de la antigüedad que hayan hecho referencia a su edad, coinciden en que vivió más de cien años. Según Aulo Gelio, Tertuliano y Cicerón, Demócrito, que llegó a vivir casi un centenar de años, se privó voluntariamente de la vida. Existen dos fechas sobre su fallecimiento: En 420 a. C.,[6]​ o, la que actualmente se toma como verdadera, en 370 a. C.

Protágoras fue su discípulo directo[7]​ y, posteriormente, el principal filósofo influido por Demócrito fue Epicuro. En el Renacimiento, muchas de sus ideas fueron aceptadas (por ejemplo, por Giordano Bruno), y tuvieron un papel importante durante la Ilustración. Muchos consideran que Demócrito es «el padre de la ciencia moderna».[8]

El filósofo que ríeEditar

 
Demócrito, por Moreelse.

Hay anécdotas según las cuales Demócrito reía muy a menudo irónicamente ante la marcha del mundo, y decía que «la risa torna sabio»,[9][10]​ lo que lo llevó a ser conocido, durante el Renacimiento, como «el filósofo que ríe» o «el abderita risueño», oponiéndolo a Heráclito, «el filósofo que llora».

FilosofíaEditar

Entre los pensadores que influyeron en las doctrinas de Demócrito, cabe destacar a los geómetras egipcios y a Anaxágoras, cuyas homeomerias son consideradas como el antecedente más inmediato de la teoría de los átomos.

 
Démocrite méditant sur le siège de l'âme (Democritus meditando sobre el alma, 1868). Estatua en bronce por Léon-Alexandre Delhomme (1841-1895). Actualmente en el Museo de Bellas Artes de Lyon.

Junto con su maestro, Leucipo, Demócrito es considerado fundador de la escuela atomista. Se inscribe entre los pos-eleatas, en tanto que acepta los principios establecidos por Jenófanes y Parménides, pero desarrolla una filosofía pluralista como Anaxágoras o Empédocles. Para Demócrito, la percepción, la razón por la cual piensa, por ejemplo, que tiene una pluma en la mano, es un proceso puramente físico y mecanicista; que el pensamiento y la sensación son atributos de la materia reunida en un modo suficientemente fino y complejo, y no de ningún espíritu infundido por los dioses a la materia.

Detestó los placeres que a la larga producen dolor. Al negar a Dios y presentar a la materia como autocreada, e integrada por átomos, se convirtió en el primer pensador ateo y en el primer materialista (atomista). Los cambios físicos y químicos se debían a la física, no a la magia. Es más conocido por su teoría atómica pero también fue un excelente geómetra, ciencia que enseñaba a sus discípulos. Escribió numerosas obras, pero solo perduran escasos fragmentos, así como varios tratados de geometría y de astronomía, que se han perdido. Se cree que también escribió sobre teoría de los números, y que encontró la fórmula B*h/3 que expresa el volumen de una pirámide. Asimismo demostró que se puede aplicar esta fórmula para calcular el volumen de un cono.

Se le atribuyen dos teoremas:

  • «El volumen de un cono es igual a un tercio del volumen de un cilindro de igual base y altura».
  • «El volumen de una pirámide es un tercio del volumen del prisma de igual base y altura».

Usando la ciencia racional trató de buscar una explicación de todos los fenómenos naturales partiendo de un pequeño número de principios básicos. Le preocupó también la naturaleza corpuscular de la luz. Demócrito sustentó la teoría de la emisión según la cual la visión es causada por la proyección desde los ojos de partículas que permiten reconocer los objetos. La teoría de la emisión es costumbre atribuírsela a Newton, que la expuso muchos siglos después.

Para muchos filósofos, entre los que se incluye a Demócrito, prevalecía un principio aritmético-geométrico para explicar muchos hechos. Así, explicaba hasta el sabor de las cosas bajo este aspecto. Le atribuía una forma geométrica especial a las sustancias para darles tal o cual «gusto»: la sensación de dulce se debía a la forma esférica de la sustancia que forma al cuerpo que la produce; lo amargo, se debía a la forma lisa y redondeada, y lo agrio o ácido a lo anguloso y agudo. Un origen e interpretación análogos le atribuía a los fenómenos del tacto.

El atomismoEditar

 
Llorón Heráclito, risueño Demócrito, por Bramante

Demócrito desarrolló la «teoría atómica del universo», concebida por su mentor, el filósofo Leucipo. Esta teoría, al igual que todas las teorías filosóficas griegas, no apoya sus postulados mediante experimentos, sino que se explica mediante razonamientos lógicos. La teoría atomista de Demócrito y Leucipo se puede esquematizar así:

  • Los átomos se diferencian solo en forma y tamaño, pero no por cualidades internas.
  • Las propiedades de la materia varían según el agrupamiento de los átomos.

Defiende que toda la materia no es más que una mezcla de elementos originarios que poseen las características de inmutabilidad y eternidad, concebidos como entidades infinitamente pequeñas y, por tanto, imperceptibles para los sentidos, a las que Demócrito llamó átomos (ἄτομοι), término griego que significa tanto «que no puede cortarse» como «indivisible».[11]

Epicuro, filósofo posterior que retomó esta teoría, modificó la filosofía de Demócrito al no aceptar el determinismo que el atomismo conllevaba en su forma original. Por ello, introdujo un elemento de azar en el movimiento de los átomos, una desviación (clinamen) de la cadena de las causas y efectos, con lo que la libertad quedaba asegurada.

Los atomistas pensaban distinto a los eleatas, pues mientras los eleatas no aceptaban el movimiento como realidad, sino como fenómeno, Leucipo y Demócrito parten de que el movimiento existe en sí. Habló por primera vez de la fuerza de la inercia. Demócrito puso como realidades primordiales a los átomos y al vacío, o, como dirían los eleatas, al ser y al no ser.

Para Demócrito, la realidad está compuesta por dos causas (o elementos): το ον (lo que es), representado por los átomos homogéneos e indivisibles, y το μηον (lo que no es), representado por el vacío. Este último es un no-ser no-absoluto, aquello que no es átomo, el elemento que permite la pluralidad de partículas diferenciadas y el espacio en el cual se mueven.

 
Demócrito (retrato)

Demócrito pensaba y postulaba que los átomos son indivisibles, y se distinguen por forma, tamaño, orden y posición. Se cree que la distinción por peso, fue introducida por Epicuro años más tarde o que Demócrito mencionó esta cualidad sin desarrollarla demasiado. La forma que posee cada átomo hace posible que se ensamble —aunque nunca se fusionan (siempre subsiste una cantidad mínima de vacío entre ellos que permite su diferenciación)— y formar cuerpos, que volverán a separarse, quedando libres los átomos de nuevo hasta que se junten con otros. Los átomos de un cuerpo se separan cuando colisionan con otro conjunto de átomos; los átomos que quedan libres chocan con otros y se ensamblan o siguen desplazándose hasta volver a encontrar otro cuerpo.

Los átomos estuvieron y estarán siempre en movimiento y son eternos. El movimiento de los átomos en el vacío es un rasgo inherente a ellos, un hecho irreductible a su existencia, infinito, eterno e indestructible.[12]

Al formar los átomos, por necesidad, un vórtice o remolino,[13]​ (dine), sus colisiones, uniones y separaciones forman los diferentes objetos y seres y la realidad con toda su diversidad. Cada objeto que surge en el universo y cada suceso que se produce, sería el resultado de colisiones o reacciones entre átomos. Aunque la cita «todo cuanto existe es fruto del azar y la necesidad» se atribuye a Demócrito, sus escritos enfatizan en la necesidad,[13][14]​ al contrario de Epicuro que enfatizó en el azar.[15]​ El modelo atomista constituye un claro ejemplo de modelo materialista, dado que el azar y las reacciones en cadena son las únicas formas de interpretarlo.

Generalmente, una propuesta, antes de adquirir la condición de ley, parte de ser una mera generalización empírica que aspira a alcanzar un requisito crucial: ser explicada. Una vez hecho esto, la estadística inductiva concreta su idea. Sus premisas dejan de albergar la posibilidad de que la conclusión no se cumpla, y de este modo se constituye la ley. Pues bien, en el caso de Demócrito el desarrollo se invirtió. Demócrito comenzó ofreciendo una explicación a una parcela de la realidad que no tuvo la oportunidad de observar, ni, en consecuencia, falsar o verificar si se hubiese cumplido.

El verificacionismo no podía ser un requisito esencial a la hora de dar credibilidad a su explicación y asentarla como ley, y Demócrito era consciente de ello:

La mente del hombre estaría formada por átomos esféricos livianos, suaves, refinados[12]​ y el cuerpo, por átomos más pesados. Las percepciones sensibles, tales como la audición o la visión, son explicables por la interacción entre los átomos de los efluvios que parten de la cosa percibida y los átomos del receptor. Esto último justifica la relatividad de las sensaciones.

El conocimiento verdadero y profundo es el de los átomos y el vacío, pues son ellos los que generan las apariencias, lo que percibimos, lo superficial.[12]

Las deducciones de Demócrito y los otros filósofos se realizaban desde la lógica, el pensamiento racional, relegaba la relevancia del empirismo a un segundo plano, y depositaba escasa fe en la experiencia sensorial, es decir la que apreciaba por los sentidos. Explicaba las percepciones sensibles tales como la audición o la visión, con la interacción entre los átomos que emanan desde el objeto percibido hasta los organismos receptores. Esto último es lo que prueba con fuerza la relatividad de las sensaciones.

EponimiaEditar

Véase tambiénEditar

  • Kaṇāda, religioso indio, del siglo II a. C., teórico del átomo.

Notas y referenciasEditar

  1. Encyclopedia Britannica. Democritus. Extraído 21-10-2006.
  2. Internet Encyclopedia of Philosophy. Democritus. Extraído 01-08-2006.
  3. RUSSELL, Bertrand (1972). A History of Western Philosophy, Simon & Schuster, pp. 64-65.
  4. Diógenes Laercio, Vidas y Doctrinas de los Filósofos Ilustres
  5. RUSSELL, Bertrand (1972). A History of Western Philosophy, Simon & Schuster.
  6. Ríos Pedraza, Francisco; Haya Segovia, Fernando (2009). «La filosofía antigua». En Amodeo Escribano, Marisa; Scott Blacud, Elizabeth; López Vera, Eduardo et al.. Historia de la Filosofía. San Fernando de Henares: Oxford Univesity Press España, Sociedad Anónima. p. 5. ISBN 9788467351477. Consultado el 15 de mayo de 2017. 
  7. Democritus – Dictionary definition of Democritus | Encyclopedia.com: FREE online dictionary Consultado el 2 de abril de 2010
  8. Gossin, Pamela. Encyclopedia of Literature and Science, 2002.
  9. Cartas do Pseudo-Hipócrates, IV, XXXII, século I dC
  10. Seneca, De Ira, ii.10; Aelian, Varia Historia, iv.20.
  11. Liddell, Henry George; Robert Scott. «ad. Voc. ἄτομος». A Greek-English Lexicon (en inglés). Consultado el 7 de junio de 2014. 
  12. a b c Novack, George (1977). Los orígenes del materialismo. Bogotá: Editorial Pluma, pp. 115-126.
  13. a b Diógenes Laercio IX, 45.
  14. Aristóteles De generatione animalium V 8. Cicerón De fato X.
  15. Diógenes Laercio, X, 133. Séneca Epistulae ad Lucilium, XII.

Enlaces externosEditar