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Heráclito de Éfeso (en griego antiguo: Ἡράκλειτος ὁ Ἐφέσιος Herákleitos ho Ephésios; Éfeso, 540  a. C.-ibidem, 480 a. C.),[1][2][3]​ conocido también como El Oscuro de Éfeso,[4]​ fue un filósofo griego.

Heráclito
Hendrik ter Brugghen - Heraclitus.jpg
Heráclito llorando, por Hendrick ter Brugghen (1628)
Información personal
Nacimiento c. 535 a. C. Ver y modificar los datos en Wikidata
Éfeso (Antigua Grecia) Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento c. años 470 a. C. Ver y modificar los datos en Wikidata
Éfeso (Antigua Grecia) Ver y modificar los datos en Wikidata
Causa de la muerte Edema Ver y modificar los datos en Wikidata
Residencia Éfeso Ver y modificar los datos en Wikidata
Información profesional
Ocupación Filósofo y escritor Ver y modificar los datos en Wikidata
Área Filosofía Ver y modificar los datos en Wikidata
Movimiento Filosofía presocrática Ver y modificar los datos en Wikidata

Era natural de Éfeso, ciudad de Jonia, en la costa occidental del Asia Menor (actual Turquía). Como de los demás filósofos griegos anteriores a Platón, no quedan más que fragmentos de sus obras, y en gran parte se conocen sus aportes gracias a testimonios posteriores.

Índice

BiografíaEditar

La fuente principal de la vida de Heráclito es Diogenes Laercio.

Heráclito nació en una familia aristocrática c. 540 a.C. en Éfeso, en el Imperio Persa, en lo que hoy se llama Efeso, Turquía. Heráclito "floreció" en la 69ª Olimpiada, 504–501 a. C.[5]​ Diógenes relata que Heráclito era un misántropo en los asuntos humanos. Creía que Hesíodo, Pitágoras, Jenófanes y Hecateo no sabían nada y que Homero y Arquíloco merecían ser derrotados.[6]

La vida de Heráclito como filósofo fue interrumpida por la hidropesía. Los médicos que consultó no pudieron prescribir una cura. Diogenes enumera varias historias sobre la muerte de Heráclito: en dos versiones, Heráclito se curó de la hidropesía y murió de otra enfermedad. Sin embargo, en un relato, el filósofo se enterró en un establo , esperando que el calor húmedo del estiércol le sacara el húmedo nocivo, mientras que otro dice que se trató con un linimento de estiércol de vaca y, después de un día propenso al sol, murió y fue enterrado en el mercado. Murió por 470 a.C. Según Neantes, después de mancharse con estiércol, Heráclito fue devorado por perros.[7][8]

LegadoEditar

 
Éfeso en la costa de Asia Menor, lugar de nacimiento de Heráclito

La obra de Heráclito es completamente aforística. Su estilo remite a las sentencias del oráculo de Delfos y reproduce la realidad ambigua y confusa que explica, usando el oxímoron y la antítesis para dar idea de la misma. Diógenes Laercio (en Vidas..., IX 1–3, 6–7, 16) le atribuye un libro titulado Sobre la naturaleza (περὶ φύσεως), que estaba dividido en tres secciones: «Cosmológica», «Política» y «Teológica». No se posee mayor certeza sobre este libro.

El primer estudioso en proponer un ordenamiento de los fragmentos fue P. Schuster (1873),[9]​ poniendo a la cabeza de todos el que posteriormente fue dispuesto como B56 (Diels-Kranz) y que refiere la adivinanza que unos niños plantearon a Homero, y que este, «el más sabio de todos los griegos», como lo pinta Heráclito (véase más abajo), no supo resolver. Ingram Bywater en 1877 hizo un reacomodo de los fragmentos conforme a la indicación de Laercio, traducido al español por José Gaos. Es curioso que Bywater no considera importante el fragmento que Schuster pone a la cabeza de todos, y no lo incluye en su propia ordenación. Agustín García Calvo reconstruye la posible estructura del libro en su edición de los fragmentos del mismo, titulada Razón común. Distingue tres apartados: «Razón general», «Razón política» y «Razón teológica».

DoctrinasEditar

Heráclito afirma que el fundamento de todo está en el cambio incesante. El ente deviene y todo se transforma en un proceso de continuo nacimiento y destrucción al que nada escapa.

Es común incluir a Heráclito entre los primeros filósofos físicos (φυσικοί, como los llamó Aristóteles), que pensaban que el mundo procedía de un principio natural (como el agua para Tales de Mileto, el aire para Anaxímenes y el ápeiron para Anaximandro), y este error de clasificación se debe a que, para Heráclito, este principio es el fuego, lo cual no debe leerse en un sentido literal, pues es una metáfora como, a su vez, lo eran para Tales y Anaxímenes. El principio del fuego refiere al movimiento y cambio constante en el que se encuentra el mundo. Esta permanente movilidad se fundamenta en una estructura de contrarios. La contradicción está en el origen de todas las cosas.

El LogosEditar

 
Detalle de la Escuela de Atenas que muestra a Heráclito.

Todo este fluir está regido por una ley que él denomina Λόγος (logos). Este logos no solo rige el devenir del mundo, sino que le habla (indica, da signos, fragmento B93DK) al hombre, aunque la mayoría de las personas «no sabe escuchar ni hablar» (fragmento B73DK). El orden real coincide con el orden de la razón, una «armonía invisible, mejor que la visible» (B54DK), aunque Heráclito se lamenta de que la mayoría de las personas viva relegada a su propio mundo, incapaces de ver el real. Si bien Heráclito no desprecia el uso de los sentidos (como Platón) y los cree indispensables para comprender la realidad, sostiene que con ellos no basta y que es igualmente necesario el uso de la inteligencia, como afirma en el siguiente e importante fragmento:

Se engañan los hombres [...] acerca del conocimiento de las cosas manifiestas, de la misma manera que Homero, que fue [considerado] el más sabio de todos los griegos. A él, en efecto, unos niños que mataban piojos lo engañaron, diciéndole: 'cuantos vimos y atrapamos, tantos dejamos; cuantos ni vimos ni atrapamos, tantos llevamos'.

en Diels-Kranz, Die Fragmente der Vorsokratiker, 22 B56

Los contrariosEditar

Al uso de los sentidos y de la inteligencia, hay que agregarle una actitud crítica e indagadora. La mera acumulación de saberes no forma al verdadero sabio, porque para Heráclito lo sabio es «uno y una sola cosa», esto es, la teoría de los opuestos.

El todo es divisible e indivisible, engendrado y no engendrado, mortal e inmortal, palabra eterna, padre, hijo, dios justo. Es prudente escuchar al Logos, no a mí, y reconocer que todas las cosas son uno.

Hipólito de Roma, Refutatio, IX, 10, 6

El fragmento quizás más conocido de su obra dice:

ποταμοῖς τοῖς αὐτοῖς ἐμβαίνομεν τε καὶ οὐκ ἐμβαίνομεν, εἶμεν τε καὶ οὐκ εἶμεν τε.

En los mismos ríos entramos y no entramos, [pues] somos y no somos [los mismos].

en Diels-Kranz, Die Fragmente der Vorsokratiker, 22 B12

El cambioEditar

 
Presunto busto de Heráclito que se halla en la «Sala dei filosofi» de los Museos Capitolinos de Roma.[10]

El fragmento (citado con frecuencia erróneamente como no se puede entrar dos veces en el mismo río, siguiendo la versión que da Platón en el Crátilo) ejemplifica la doctrina heraclítea del cambio: el río —que no deja de ser el mismo río— ha cambiado sin embargo casi por completo, así como el bañista. Si bien una parte del río fluye y cambia, hay otra (el cauce, que también debe interpretarse y no tomarse en un sentido literal) que es relativamente permanente y que es la que guía el movimiento del agua. Algunos autores ven en el cauce del río el logos que «todo rige», la medida universal que ordena el cosmos, y en el agua del río, el fuego. A primera vista esto puede parecer contradictorio, pero debe recordarse que Heráclito sostiene que los opuestos no se contradicen sino que forman una unidad armónica (pero no estática). Es razonable, entonces, que la otra cara del agua sea el fuego, como él mismo lo adelanta en sus fragmentos.

A pesar que existen ciertas similitudes entre Heráclito y Parménides de Elea, las doctrinas de ambos siempre han sido contrapuestas (con cierto margen de error), ya que la del primero suele ser llamada «del devenir» o (con cierto equívoco) «del todo fluye», mientras que el ser parmenídeo es presentado como una esfera estática e inmóvil.

Era conocido como «el Oscuro», por su expresión lapidaria y enigmática. Ha pasado a la historia como el modelo de la afirmación del devenir. Su filosofía se basa en la tesis del flujo universal de los seres: «Panta rei» (πάντα ρεῖ), todo fluye. El devenir está animado por el conflicto: «La guerra (pólemos) es el padre de todas las cosas», una contienda que es al mismo tiempo armonía, no en el sentido de una mera relación numérica, como en los pitagóricos, sino en el de un ajuste de fuerzas contrapuestas, como las que mantienen tensa la cuerda de un arco.

El fuegoEditar

 
«El fuego, al venir, juzgará y condenará todas las cosas» [11]

Para Heráclito el arjé es el fuego, en el que hay que ver la mejor expresión simbólica de los dos pilares de la filosofía de Heráclito: el devenir perpetuo y la lucha de opuestos, pues el fuego solo se mantiene consumiendo y destruyendo, y constantemente cambia de materia.[12]

Este mundo, el mismo para todos los seres, no fue creado por los hombres ni por dioses, sino que fue, es y será fuego siempre vivo, que se enciende con medida y se apaga con medida.

Clemente de Alejandría, Stromateis, V, 104, 2

Las transformaciones del fuego son: en primer lugar el mar, y del mar a la mitad se transformó en tierra y la otra mitad en torbellino ígneo. La tierra se vuelve en mar líquido y es medida con el mismo Logos que existía antes de su conversión en tierra.

Clemente de Alejandría, Stromateis, V, 104, 3 y 5

Ahora bien, el devenir no es irracional, ya que el logos, la razón universal, lo rige: «Todo surge conforme a medida y conforme a medida se extingue».

El hombreEditar

 
Demócrito, el "filósofo que ríe" y Heráclito, el"filósofo que llora" por la condición humana.

El hombre puede descubrir este logos en su propio interior, pues el logos es común e inmanente al hombre y a las cosas (la doctrina de Heráclito fue interpretada, olvidando esta afirmación del logos, en la filosofía inmediatamente posterior —sobre todo, en Platón— como una negación de la posibilidad del conocimiento: si nada es estable, se niega la posibilidad de un saber definitivo).

Heráclito no era democrático, ya que no cree en la opinión de la mayoría para guiar a un pueblo.

Maestro de la mayoría fue Hesíodo. Creen que sabía muchísimas cosas; él, que no sabía distinguir el día de la noche. En efecto, una sola cosa son.

Hipólito de Roma, Refutatio, IX, 10, 2

Un hombre vale mil si conoce el logos. Entonces, la ley es obedecer el plan de un solo hombre, y las leyes humanas están alimentadas por la ley divina.[13]

CosmologíaEditar

De Heráclito es también la doctrina cosmológica del eterno retorno: la transformación universal tiene dos etapas que se suceden cíclicamente: una descendente por contracción o condensación, y otra ascendente por dilatación.

CitasEditar

He aquí algunas frases de Heráclito:

  • «En los mismos ríos entramos y no entramos, [pues] somos y no somos [los mismos]» (citado erróneamente, debido a una obra de Platón, como «Ningún hombre puede bañarse dos veces en el mismo río»).
  • «La armonía invisible es mayor que la armonía visible».
  • «Ni aun recorriendo todo camino llegarás a encontrar los límites del alma; tan profundo logos tiene».
  • «Pero aunque el logos es común, casi todos viven como si tuvieran un inteligencia (φρόνησιν) particular».
  • «Conviene saber que la guerra es común a todas las cosas y que la justicia es discordia».
  • Heráclito reprocha al poeta que dijo: «¡Ojalá se extinguiera la discordia de entre los dioses y los hombres!», a lo que responde: «Pues no habría armonía si no hubiese agudo y grave, ni animales si no hubiera hembra y macho, que están en oposición mutua» (fragmento 9a Walzer = A 22 Diels-Kranz).[14]

Influencia sobre otros autoresEditar

 
Heráclito por José de Ribera, 1630

La contraposición del "panta rei" tuvo una influencia determinante sobre Platón, el cual con el fin de resolver las contradicciones con la teoría del ser de Parménides, concluyó que el "no-ser" existe sólo en sentido relativo, dando así un fundamento filosófico al sentido griego del devenir. Bajo la influencia del heraclitismo de Crátilo, Platón llegó a la conclusión de que las definiciones socráticas, los universales, no corresponden a las cosas sensibles y por ello introdujo las Formas. [15]

El mismo Hegel se consideraba filosóficamente heredero de Heráclito, hasta el punto de afirmar: «No hay proposición de Heráclito que yo no haya aceptado en mi Lógica» (Hegel, Lecciones sobre la historia del la filosofía). Heráclito, pero, a diferencia de Hegel, no concebía el devenir como una progresiva toma de conciencia de lo absoluto; para él, el devenir parece consistir más bien en los cambios de un idéntico sustrato o logos: «todas las cosas son Uno y el Uno todas las cosas»; «Este cosmos es el mismo para todos ... pues siempre es y será». De esta visión del mundo, se vería influido especialmente el estoicismo.[16][17]

Más adelante, la tradición filosófica aristotélica valoraría Heráclito incompatible con los principios de la lógica formal,[15]​ si bien el mismo Aristóteles (como antes Platón) no había acogido la teoría del devenir en un intento de conciliar con el rígido estatismo de Parménides e introduciendo así la doctrina de la transición perpetua de la potencia al acto, que encontraría mejor acogida entre los místicos neoplatónicos. De acuerdo con Plotino, que también mantenía los principios de la lógica del eleática , «Heráclito sabía que el Uno es eterno y espiritual: ya que sólo lo que tiene cuerpo convierte eterno y fluye» ( Enéadas , V, 9).[18]

El filósofo existencialista Søren Kierkegaard escribió de él:

Heráclito, el Oscuro, que depositó sus pensamientos en sus escritos y sus escritos en el templo de Diana (porque sus pensamientos habían sido su armadura durante su vida y por eso los colgó delante de la diosa), Heráclito, el Oscuro, ha dicho: «Nadie puede cruzar dos veces el mismo río.» Heráclito, el Oscuro, tenía un discípulo que no se contentó con permanecer en este punto de vista; fue más lejos y añadió: «...ni siquiera una vez.» ¡Pobre Heráclito, que tuvo tal discípulo! La máxima de Heráclito se convertía con esta puntualización en un aforismo eleático que niega el movimiento, sin embargo este discípulo deseaba únicamente ser un discípulo de Heráclito..., e ir más allá..., pero de ningún modo volver a una posición que ya Heráclito había abandonado.

Søren Kierkegaard, Temor y temblor[19]

También Nietzsche tenía una alta estima por Heráclito.[20]Martin Heidegger , quien a finales de los sesenta tenía un famoso seminario sobre el filósofo griego junto con Eugen Fink a Friburgo , considera que el concepto de verdad, entendida como ἀλήθεια, o "no escondido" (en alemán Unverborgenheit ) es una especie de paráfrasis del fragmento del texto de Heráclito n. 93 DK: "El señor, el oráculo está en Delfos, no dice ni oculta, sino que indica". Para Heidegger, la filosofía de Heráclito sirve de confirmación de su posición.[21]

EponimiaEditar

Notas y referenciasEditar

  1. En la misma Encyclopaedia Britannica, edición de 1911, se citan las fechas hacia 540 y 475 a.C.
  2. «Heraclitus». Encyclopaedia Britannica (en inglés). Consultado el 26 de agosto de 2017. 
  3. En la obra Grandes Científicos de la Humanidad de Manuel Alfonseca (ISBN 8423986381), Espasa Calpe, 1998; se citan los años hacia 540 y 480 a.C.
  4. Rodolfo Mondolfo: Heráclito. Textos y problemas de su interpretación. Madrid: Siglo Veintiuno (undécima edición), 2000.
  5. Diogenes Laercio, IX. 1
  6. «Antología filosófica: la filosofía griega » Textos: Los fragmentos de Heráclito». www.cervantesvirtual.com. Consultado el 2019-06-19. 
  7. Fairweather, Janet. The Death of Heraclitus. 
  8. Pedraza, Francisco Ríos (2009). Historia de la filosofía, 2 Bachillerato: materia común : [Tesela]. Oxford Educación. ISBN 9788467351477. Consultado el 2019-06-19. 
  9. Schuster, Paul. (1873) Heraklit von Ephesos, Liepzig. En Mouraviev, Serge, HERACLITEA IV A. Refectio: "Les muses" ou "De la nature", [Reconstruction du livre d'Héraclite à partir des fragments et témoignages], Academia Verlag, 2011, pp. 172 ss.
  10. Algunas fuentes dan por segura la atribución; véase por ejemplo esta página
    • Archivado el 2 de octubre de 2013 en la Wayback Machine. de la web Hellenica (enlace consultado el 16 de julio de 2010).
  11. (Hipólito, Refutatio, IX, 10, 6) Heráclito de Éfeso; Empédocles; Cardona Castro, Francisco Luis 1940- (D.L. 2016). Textos presocráticos ([Ed. íntegra] edición). Brontes. p. 28. ISBN 9788415605232. OCLC 957751868. Consultado el 2019-06-17. 
  12. Heráclito de Éfeso; Empédocles; Cardona Castro, Francisco Luis 1940- (D.L. 2016). Textos presocráticos ([Ed. íntegra] edición). Brontes. p. 23. ISBN 9788415605232. OCLC 957751868. Consultado el 2019-06-18. 
  13. Heráclito de Éfeso; Empédocles; Cardona Castro, Francisco Luis 1940- (D.L. 2016). Textos presocráticos ([Ed. íntegra] edición). Brontes. p. 15. ISBN 9788415605232. OCLC 957751868. Consultado el 2019-06-18. 
  14. Mondolfo, op. cit., p. 31
  15. a b Aristóteles, 384-322 a. C. (2003). «Libro 4, Capítulo 7». Metafísica. 1012a-25: Editorial Gredos. p. 200. ISBN 8424916662. OCLC 710018427. Consultado el 2019-06-19. 
  16. Gigon, Olof. (1980). Los orígenes de la filosofía griega : De Hesiodo a Parménides. Gredos. p. 221, 257-273. ISBN 842492181X. OCLC 625026828. Consultado el 2019-06-19. 
  17. «▷Los ecos de Heráclito y Aristóteles en la dialéctica de El Capital de Marx». La Trinchera -proyecto de jóvenes marxistas cubanos. 2018-06-27. Consultado el 2019-06-19. 
  18. Plotino (2007). Enéadas. Ediciones Colihue SRL. ISBN 9789505630325. Consultado el 2019-06-19. 
  19. Kierkegaard, Soren. Temor y Temblor. Luarna Ediciones. p. 316. 
  20. Zabalo, Jacobo (2014). «Nietzsche con Heráclito, o la oscura naturaleza del pensamiento». Ars Brevis 0 (20): 250-272-272. ISSN 2339-9775. Consultado el 2019-06-19. 
  21. «Eraclito letto da Nietzsche e Heidegger». www.conoscenza.rai.it. Consultado el 2019-06-19. 

BibliografíaEditar

  • Carpio, Adolfo P. (2004). Principios de filosofía. Ed. Glauco, Buenos Aires. ISBN 950-9115-01-0. 
  • Eggers Lan, Conrado; y Juliá, Victoria E. (Introducciones, traducciones y notas) (1978 (2ª edición 1986)). Los filósofos presocráticos: Vol. I. Madrid: Editorial Gredos. 
  • Gallero, José L.; y López, Carlos E. (2009). Heráclito: fragmentos e interpretaciones. Madrid: Ediciones Ardora. ISBN 84-88020-40-6. 
  • García Calvo, Agustín (1985). Razón común. Edición crítica, ordenación, traducción y comentario de los restos del libro de Heráclito. Lecturas presocráticas II. Madrid: Lucina (1ª Ed.). ISBN 84-85708-23-7. 
  • Heidegger, Martin & Eugen Fink. Trad. de Jacobo Muñoz y Salvador Mas (1986). Heráclito. (Título original: Heraklit. Seminar Wintersemester 1966–1967, Vittorio Klostermann, Frankfurt a. M., 1970). Ed. Ariel, Barcelona. 
  • Kirk, G. S. & Raven, J. E. & Schofield, M. (2008). Los Filósofos presocráticos. Historia crítica con selección de textos. Madrid: Editorial Gredos. ISBN 978-84-249-3567-2. 
  • Ortega y Gasset, José. Edición de Paulino Garagorri (1981). Origen y Epílogo de la Filosofía. Revista de Occidente en Alianza Editorial, Madrid. 
  • Schöndorf, Harald (2000). «Heráclito, Hipólito y el tornillo batanero. Acerca del Fragmento 59 de Heráclito (m.-K)». Nova Tellus (18 (1)). 

Enlaces externosEditar