Túpac Amaru II

Lider mestizo de la revolución en contra de las reformas borbónicas del siglo XVIII
(Redirigido desde «José Gabriel Condorcanqui»)

José Gabriel Condorcanqui Noguera[1][2][3]​ (Surimana, Canas, Virreinato del Perú, 19 de marzo de 1738-Cuzco, 18 de mayo de 1781), conocido póstumamente como Túpac Amaru II en quechua,(«serpiente resplandeciente»), fue un caudillo indígena hispano-peruano y líder de la «Gran rebelión» contra la corona española que se dio en Hispanoamérica y se inició el 4 de noviembre de 1780, nueve años antes de la Revolución francesa, con la captura y posterior ejecución del corregidor Antonio de Arriaga.[3]​ Esta rebelión se desarrolló en el Virreinato del Perú y en el Virreinato del Río de la Plata, ambos formando parte del Imperio español.

Túpac Amaru II
Inca-Rey del Perú
TupacAmaruII.jpg
Inca
(proclamado por el Consejo de Amautas y Mamacunas)
26 de Noviembre 1780-18 de mayo 1781
Predecesor Túpac Amaru I
(Último Inca de Vilcabamba)
Sucesor Diego Cristóbal Túpac Amaru
(como líder de la rebelión)
Información personal
Nombre secular José Gabriel Condorcanqui Noguera
Otros títulos Curaca
Nacimiento 19 de marzo de 1738
Bandera de España Surimana, Canas, Virreinato del Perú
Fallecimiento 18 de mayo de 1781 (43 años)
Bandera de España Plaza de Armas del Cuzco, Virreinato del Perú
Familia
Dinastía Casa Túpac Amaru
Padre Miguel Condorcanqui
Madre Rosa Noguera
Cónyuge Micaela Bastidas
Hijos

Túpac Amaru II era de origen mestizo, descendía de Túpac Amaru I, cuarto y último de los Incas de Vilcabamba que siguieron luchando contra los españoles hasta el año 1572. A la muerte de su padre, Túpac Amaru II hereda el curacazgo de Surimana, Tungasuca y Pampamarca. Era adinerado y se dedicaba al comercio ya que poseía un negocio de mulas usadas en esa época para el transporte de mercancías.[4]​ Por otro lado, fue criado (hasta los 12 años) por el sacerdote criollo Antonio López de Sosa y luego en el Colegio San Francisco de Borja, donde mostró preferencia por lo criollo llegando a dominar el latín y a utilizar refinadas vestimentas hispanas.[5]​ Posteriormente se vistió como un noble inca cuando pretendió reclamar el Marquesado de Oropeza. También dominó y usó la lengua nativa quechua.

Encabezó la mayor rebelión independentista en el Virreinato del Perú. Fue el primero en pedir la libertad de toda Hispanoamérica de cualquier dependencia, tanto de España como de su monarca, implicando esto no solo la mera separación política sino la abolición de los impuestos (mita minera, reparto de mercancías, obrajes), de los corregimientos, alcabalas y aduanas (14 de noviembre de 1780). Además, decretó la abolición de la esclavitud negra por primera vez en la misma Hispanoamérica (16 de noviembre de 1780).

En Perú ha sido reconocido como el fundador de la identidad nacional peruana.[3]​ Fue utilizado como una figura capital para el Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada del general Juan Velasco Alvarado (1968-1975), así como por varios movimientos políticos e incluso por movimientos terroristas como el MRTA y desde entonces ha permanecido en el imaginario popular.

Infancia y juventudEditar

José Gabriel Condorcanqui Noguera (en quechua kuntorkanki, "tú eres un Cóndor")[6]​ nació el 19 de marzo de 1738 en la localidad de Surimana, provincia de Canas (Cuzco - Perú). Fue hijo de Miguel Condorcanqui Usquiconsa y Carmen Rosa Noguera Valenzuela.[7]​ Su padre fue curaca de tres pueblos en el distrito de Tinta: Surimana, Pampamarca y Tungasuca, cargo que heredó José Gabriel.[6]

Durante su infancia vivió en Surimana, pero acompañaba a su padre en sus viajes a lo largo del distrito y más lejos mientras este cumplía sus deberes como curaca y ejercía su oficio de mercader. Estas expediciones continuaron cuando José Gabriel se hizo mayor de edad y asumió el puesto y la profesión de su padre.[8]

Su educación inicial quedó a cargo de los padres López de Sosa y Rodríguez. Por su condición de indígena noble estudió en el prestigioso colegio San Francisco de Borja del Cuzco, dirigida por la orden de los jesuitas para los hijos de los curacas.[8]​ Posteriormente, estudió en la Universidad de San Marcos.[9]​ Obtuvo una esmerada educación, habiendo enviado España a sus mejores profesores al Nuevo Mundo, donde aprendió la doctrina revolucionaria y antiabsolutista propia de la Escuela de Salamanca, que dice que el depositario real del poder, que siempre emana de Dios, era el pueblo y no el Rey, y que el primero tenía derecho a la revolución, incluso al tiranicidio, si el segundo no ejercía el gobierno del reino en beneficio del pueblo. Dominaba el quechua, castellano y latín, destacando entre sus lecturas los Comentarios Reales del Inca Garcilaso de la Vega, las Siete Partidas de Alfonso X de Castilla, las Sagradas Escrituras, el drama quechua Apu Ollantay, así como posterior y clandestinamente textos de Voltaire y Rousseau, en aquella época censurados.

El 25 de mayo de 1758, contrajo matrimonio con Micaela Bastidas Puyucahua con quien tuvo tres hijos: Hipólito, Mariano y Fernando (todos apellidados Condorcanqui Bastidas); seis años después de su matrimonio fue nombrado curaca de los territorios que le correspondían por elemental herencia. Condorcanqui fijó su residencia en la ciudad del Cuzco, desde donde viajaba constantemente para controlar el funcionamiento de sus tierras.

Como curaca, José Gabriel mantenía derechos sobre la tierra. También tenía intereses en la pequeña minería y campos de coca en Carabaya, al sur, y poseía varias casas y una pequeña hacienda.[8]​ Heredó 350 mulas de su padre, las que usaba para trabajar el circuito Cuzco-Alto Perú, la ruta de comercio que ligaba Lima y Cuzco con las sumamente importantes minas de Potosí. Las personas lo reverenciaban por su herencia inca y, de acuerdo con muchos, por sus educadas maneras y su disposición a defender al campesino pobre.[8]

Debido a sus prósperas actividades económicas, empezó a sufrir la presión de las autoridades españolas quienes lo sometían al pago de prebendas, en especial por presión de los arrieros que vivían en la región de la cuenca del Río de la Plata, quienes intentaban tener el monopolio del tránsito de mineral por el Alto Perú.

A finales de la década de 1770, la apertura de Buenos Aires al comercio del Alto Perú acabó con el monopolio comercial de Lima y significó una mayor competencia para los productores del Cuzco que vendían sus mercancías en Potosí y tenían que competir con las de Buenos Aires e, incluso, los de España. Por otro lado, la extendida sobreproducción a lo largo de los Andes empujó los precios a la baja. Mas aún, en los años 1778 y 1779, un clima extremadamente frío dañó las cosechas y dificultó los viajes. En 1780, Túpac Amaru, quien también experimentó esta crisis, tenía considerables recursos pero, del mismo modo, numerosas deudas. También fue testigo del malestar económico y oyó hablar de él a diferentes autores, desde mercaderes al borde de la bancarrota hasta comunidades que no podían solventar la creciente carga fiscal.[10]

Condorcanqui vivía la situación típica de los curacas: tenía que mediar entre el corregidor y los indígenas a su cargo. Sin embargo, se vio afectado, como el resto de la población, por el establecimiento de aduanas y el alza de las alcabalas, lo que perjudicó fuertemente su negocio de mulas que transportaban mercadería entre el Perú y el Río de la Plata. Realizó reclamos sobre estos temas pidiendo también que los indígenas fueran liberados del trabajo obligatorio en las minas, reclamos dirigidos por las vías regulares a las autoridades coloniales en Tinta, Cuzco y después en Lima, obteniendo negativas o indiferencia.

Además, adopta el nombre de Túpac Amaru II, en honor de su antepasado Túpac Amaru I, el último Inca de Vilcabamba, buscando que se le reconociera su linaje real inca por lo cual siguió por años un proceso judicial en la Real Audiencia de Lima, por el reconocimiento del título de marqués de Santiago de Oropesa a la muerte de la última titular María de la Almudena Enríquez de Cabrera y Almansa en el año 1741.

Líder de la «Gran rebelión»Editar

 
Monumento actual en el Cuzco, en homenaje a José Gabriel Túpac Amaru, en la plaza del mismo nombre.

El 4 de noviembre de 1780 captura, enjuicia y ejecuta al corregidor español Antonio de Arriaga, iniciando con ello la rebelión contra la dominación colonial. Al comienzo el movimiento reconoció la autoridad de la Corona española, ya que Túpac Amaru afirmó que su intención no era ir en contra del rey sino en contra del «mal gobierno» de los corregidores. Más tarde la rebelión se radicalizó llegando a convertirse en un movimiento independentista.

Su esposa Micaela Bastidas así como familiares de ambos tuvieron una participación de primer orden en el movimiento, tanto en el reclutamiento, abastecimiento y hasta cierto punto en la toma de decisiones. Con el apoyo de otros curacas, mestizos y algunos criollos, la rebelión se extendió, llegando a tener tropas de decenas de miles de combatientes.[11]​ Entre sus ofrecimientos se hallaban la abolición tanto del reparto como de la alcabala, la aduana y la mita de Potosí.

En 1777 Túpac Amaru reclamó se le reconozca el Marquesado de Oropesa, título que venía con tierras y haciendas, pero también con la carga política de ser reconocido como heredero del trono inca; sin embargo perdió el litigio determinándose que no le correspondía, tras este suceso José Gabriel Condorcanqui Noguera se autodeclara Inca y toma el nombre de Tupac Amaru II, Señor de los Césares y Amazonas,[12]​ y jura con el siguiente bando su coronación: «... Don José Primero, por la gracia de Dios, Inca Rey del Perú, Santa Fe, Quito, Chile, Buenos Aires y Continentes de los Mares del Sur, Duque de la Superlativa, Señor de los Césares y Amazonas con dominio en el Gran Paititi, Comisario Distribuidor de la Piedad Divina, etc...».[13]

Su movimiento tuvo dos fases:

  • La primera fase o fase tupacamarista, donde destaca la hegemonía de José Gabriel Túpac Amaru, su esposa Micaela y capitanes.
  • La segunda fase o fase tupacatarista, continuación de la rebelión a cargo de Diego Cristóbal Túpac Amaru, primo de José Gabriel, y donde destaca el protagonismo de Túpac Katari.

Túpac Amaru II buscó ganarse el apoyo de la iglesia e integrar a indígenas, criollos, mestizos y libertos negros en un frente anticolonial,[14]​ pero no pudo evitar que la masificación del movimiento convirtiera el accionar independentista en una lucha racial contra españoles y criollos (en el Virreinato, los criollos no tenían en su actuar antagonismos con los españoles, siendo como mucho contrarios a las reformas borbónicas pero fieles a la corona en los demás aspectos).

Durante su máximo apogeo y, especialmente, luego de la captura y ejecución de Túpac Amaru y su familia, la rebelión se extendió de manera sumamente violenta, sin toma de prisioneros y con la práctica de asesinar a cualquier persona que hablase castellano o vistiese a la manera europea; los indígenas que se vestían con moda española también fueron atacados.[14]​ Así, la ejecución sistemática de los “puka kunka” (literalmente cuellos rojos o gringos) convirtió la rebelión en un auténtico baño de sangre en el que se estima se produjo el asesinato de entre ochenta y cien mil personas.[15]

Captura y ejecuciónEditar

 
Intento de desmembramiento de Túpac Amaru II.

Tras negarse a tomar el Cuzco sacrificando a los indígenas que los realistas ubicaban en la vanguardia y ante la llegada de un ejército de 17 000 soldados desde Lima, Túpac Amaru II ordenó la retirada de su ejército a su base militar en Tinta, mientras las fuerzas realistas mandan una expedición punitiva de casi 20 000 soldados en su contra. Fue en esta campaña en la que, tras ser derrotado en la batalla de Checacupe, Túpac Amaru II fue traicionado por dos partidarios suyos, el mestizo Francisco Santa Cruz y el español Ventura Landaeta, y es capturado en Langui el 6 de abril de 1781.

Fue llevado al Cuzco encadenado y montado en una mula, ciudad donde ingresó una semana después, «con semblante sereno», mientras las campanas de la Catedral repicaban celebrando su captura. Apresado en la capilla de San Ignacio del convento de la Compañía de Jesús, fue sucesivamente interrogado y torturado[16]​.

Cuando el visitador español José Antonio de Areche, enviado del rey de España, entró intempestivamente al calabozo para exigirle nombres a cambio de promesas, Túpac Amaru II le contestó: «Solamente tú y yo somos culpables, tú por oprimir a mi pueblo, y yo por tratar de libertarlo de semejante tiranía. Ambos merecemos la muerte».

El viernes 18 de mayo de 1781, en un acto público en la Plaza de Armas del Cuzco, se cumplió la sentencia de Túpac Amaru, sus familiares y principales capitanes quienes fueron sacados de sus celdas, custodiados por miembros fuertemente armados de la milicia de mulatos y la de Huamanga, hasta llegar a la plaza donde se habían levantado horcas, también vigiladas por mulatos armados. Los prisioneros iban vestidos con zurrones, que se usaban para traer hierba mate del Paraguay, y con las manos y los pies fuertemente atados.

Diego Verdejo; Antonio Oblitas (sirviente negro que participó del ahorcamiento de Arriaga y posiblemente dibujó un retrato de Túpac Amaru); el hermano de Micaela, Antonio Bastidas; y Antonio Castelo, fueron las primeras víctimas. Después, fueron ejecutados Francisco Túpac Amaru (tío de José Gabriel) e Hipólito (hijo mayor de Túpac Amaru y Micaela Bastidas), a quienes les cortaron la lengua antes de ser ahorcados. Al pie del cadalso, los soldados forzaron a Túpac Amaru y a Micaela a mirar. A continuación, fue ejecutada por garrote Tomasa Tito Condemayta, en algún momento llamada la favorita de Túpac Amaru.[17]

Después, Micaela Bastidas fue llevada a las horcas donde se le intentó cortar la lengua pero se afirma que los verdugos no lo lograron y solo pudieron hacerlo tras su ejecución mediante el garrote.[17]

A José Gabriel, al igual que hicieron con varios de sus lugartenientes, con su tío y su hijo mayor, le cortaron la lengua.[18]​ Intentaron descuartizarlo vivo, atando cada una de sus extremidades a caballos para que estos tirasen de aquellas y las arrancaran, pero sus intentos fracasaron debido a su contextura física.

Atáronle a las manos y pies cuatro lazos, y asidos estos a la cincha de cuatro caballos, tiraban cuatro mestizos a cuatro distintas partes: espectáculo que jamás se había visto en esta ciudad. Intentaron por mucho tiempo pero no pudieron absolutamente dividirlo después que por un largo rato lo estuvieron tironeando, de modo que lo tenían en el aire, en un estado que parecía una araña.

Frustrado por esos intentos infructuosos, Areche ordenó decapitarlo.

 
La Tumba de Túpac Amaru II, se encuentra en la Plaza de Armas del Cuzco.

Su hijo menor, Fernando, gritó al ser testigo de la agonía de su padre.[17]​ En palabras del geógrafo y viajero inglés Clements R. Markham, quien visitó el Perú numerosas veces a mediados del siglo XIX, Fernando:

Lanzó un grito desgarrador, grito que por muchos años repercutió en el corazón de todos los concurrentes, acrecentado su odio contra los opresores. Fue este grito la sentencia de muerte de la dominación española en la América del Sur.
Clement Markham

Tras su muerte, el cuerpo de Túpac Amaru fue despedazado; su cabeza fue colocada en una lanza exhibida en Cuzco y Tinta, sus brazos en Tungasuca y Carabaya, y sus piernas en Livitaca (actual provincia de Chumbivilcas) y en Santa Rosa (actual provincia de Melgar, Puno). De igual forma despedazaron los cuerpos de su familia y seguidores, y los enviaron a otros pueblos y ciudades. Todo ello descrito en el documento español Distribución de los cuerpos, o sus partes, de los nueve reos principales de la rebelión, ajusticiados en la plaza de Cuzco, el 18 de mayo de 1781.

Los científicos que han estudiado este intento de desmembramiento concluyeron que por la contextura física y resistencia de Túpac Amaru II no hubiera sido posible descuartizarlo de esa manera, sin embargo probablemente si le dislocaron brazos y piernas junto con la pelvis. Se teoriza que, aunque hubiera sobrevivido a esta ejecución, hubiera quedado prácticamente inválido.[cita requerida]

A pesar de la ejecución de Túpac Amaru II y de su familia, el gobierno virreinal no logró sofocar la rebelión, que continuó acaudillada por su primo, Diego Cristóbal Túpac Amaru, al tiempo que se extendía por el Alto Perú y la región de Jujuy. Asimismo, se comenzó a evidenciar contra los criollos mala voluntad de parte de la Corona Española, especialmente por la Causa de Oruro, y también por la demanda entablada contra Juan José Segovia, nacido en Lima y el coronel Ignacio Flores, nacido en Quito, quien había ejercido como presidente de la Real Audiencia de Charcas y había sido Gobernador Intendente de La Plata (Chuquisaca o Charcas, actual Sucre).

DescendientesEditar

Túpac Amaru II y su esposa, Micaela Bastidas, tuvieron 3 hijos legítimos: El mayor de ellos, Hipólito Túpac Amaru, fue un destacado comandante del ejército de su padre y lo acompañó durante varias campañas hasta que fue capturado y ejecutado junto con su familia en la plaza mayor del Cuzco. No se tiene información de si tuvo esposa o cuantos hijos tuvieron, de ser este el caso.

Mariano Túpac Amaru, el segundo hijo de Túpac Amaru II, fue indultado por los españoles luego que su tío, Diego Cristóbal Túpac Amaru, quien asumió el liderazgo de la rebelión, firmara un acuerdo de paz con los realistas. Mariano recibió, como salario, una pensión de 600 pesos y pudo volver a las tierras de su familia. Tuvo conflictos con las autoridades virreinales por relacionarse con María Nieves Paita, de Sicuani. Las autoridades, específicamente el corregidor Salcedo, la consideraban una zamba y una prostituta, además de dar a entender que no deseaban que el clan Tupac Amaru se reprodujera.[19]​ Por lo que Paita, quien se encontraba embarazada, presumiblemente de Mariano, fue arrestada y recluida en el convento de Santa Catalina del Cuzco, de donde fue liberada por Mariano y ocho cómplices el 19 de septiembre de 1782. Se desconoce el destino de María Paita o de su embarazo.[19]​ Posteriormente, tras una conjura donde se vio involucrado su tío, Mariano fue capturado y desterrado a España muriendo en las costas de Brasil en 1784.[20]

El menor de los hijos de Túpac Amaru, Fernando, al ser un niño de 10 años no fue ejecutado pero se le obligó a presenciar el suplicio y muerte de toda su familia y a pasar por debajo de la horca de los ejecutados, para luego ser desterrado a África con órdenes de prisión perpetua, pero el virrey Agustín de Jáuregui sugirió que no fuera enviado a África sino a España por temor a que alguna potencia enemiga lo rescatara. Frente a las costas de Peniche, Portugal, el navío zozobró pero Fernando logró sobrevivir y fue llevado a Cádiz, siendo encarcelado en dicha ciudad. Se presume que falleció en España en 1798.

Según el periodista Antonio Vergara Collazos, el noble polaco Sebastián de Berzeviczy se casó con la noble indígena Umina Atahualpa teniendo una hija llamada Umina de Berzeviczy Atahualpa, quien contrajo matrimonio con uno de los miembros de la familia de Túpac Amaru teniendo con él un hijo llamado Antonio Túpac Amaru de Berzeviczy, sobrino de Túpac Amaru II. Tras la rebelión, Antonio Túpac Amaru de Berzeviczy huyó a Polonia donde fue adoptado por Waclaw Benesz de Berzeviczy adoptando su apellido. Uno de los descendientes de Antonio fue Andrzej Benesz, político polaco y veterano en la Segunda Guerra Mundial.[21]

Mesianismo de Túpac Amaru IIEditar

 
Efigie de Túpac Amaru II en el Panteón de los Próceres en Lima.

La rebelión general del Alto y Bajo Perú en 1780, fue encabezada por José Gabriel Condorcanqui con el objetivo de liberar a sus compatriotas de las pesadas cargas a las que estaban obligados por las autoridades españolas desde hacía casi tres siglos, aunque agravadas en la década anterior por las reformas borbónicas: mitas, repartimiento de efectos, tributos, alcabalas y otros derechos; trabajos en corregimientos y obrajes; diezmos y primicias eclesiásticas, y la eliminación de las divisiones en castas. Buscaba la creación de un reino independiente de España, gobernado por una monarquía hereditaria incaica, a través de la creación de un ejército y una administración propias, introduciendo una tributación única a todos los súbditos, libertad de comercio y trabajo.

Con las masas, el Inca iba a comunicarse usando un lenguaje simbólico, de raigambre mesiánica. Ese lenguaje se manifestaba en el uso de instrumentos musicales tradicionales, en el uso de banderas, insignias y vestimentas incaicas, así como del apelativo Inca, que poseía implicaciones mesiánicas (vinculadas al mito de Inkarri), por cuanto el Inca no se mostraba solamente como rey y soberano legítimo, sino también como redentor, restaurador del mundo, salvador de los indígenas, esperándose de él un comportamiento milagroso. Se le otorgaban rasgos divinos o prodigiosos.

Al respecto, las palabras de Túpac Amaru II a su compañero de lucha, Bernardo Sucacagua, afirmando que las personas que murieran siéndole fieles tendrían su recompensa, sugieren que aquel se veía a sí mismo, en principio, como redentor. El obispo del Cuzco afirmó que Túpac Amaru II, había persuadido a los indios de que los que muriesen en su servicio resucitarían al tercer día. Sahuaraura Tito Atauchi afirmó que los indígenas se arrojaban a pelear en las batallas sin temor y ciegamente, pero aun estando mal heridos no querían invocar el nombre de Jesús, ni confesarse. Ello se debería a que Túpac Amaru II les había dicho que el que no dijese Jesús resucitaría al tercer día, y los que lo invocaban, no. Igualmente se presentaba el modelo peruano, que preveía la resurrección al quinto día.

El sistema de creencias indígenas aceptaba a Túpac Amaru como dios, redentor y liberador de los oprimidos, vale decir como una figura equivalente a la de Jesucristo. El Inca reforzaba esta creencia, al afirmar que los españoles habían impedido a los indígenas el acceso al dios verdadero, siendo él mismo quien designaría personas que les enseñaran la verdad.

El mito de Inkarri, al imaginar el regreso de un Inca para enderezar el mundo injusto, era un símbolo unificador poderoso usado para unificar poblaciones indígenas divididas por la geografía y las fronteras étnicas. Pero también era un símbolo divisionista, cuando no se reunían todas las condiciones necesarias para gobernar; tal el caso de José Gabriel Condorcanqui o Túpac Amaru II, al que muchos nobles incaicos consideraron un "advenedizo fraudulento", más que un verdadero redentor, aunque él se reivindicara como descendiente del último Incas de Vilcabamba, Felipe Túpac Amaru, o Túpac Amaru I.

Para la mayoría de los rebeldes peruanos, la fuente de sus creencias acerca del fin de la dominación española estaba en la concepción que tenían del futuro, por la cual, el Inca que regresa pone término a la dominación española y devuelve el orden al mundo. Igualmente, la muerte del Inca implicaba una destrucción del orden, del principio regente del mundo. La muerte de Túpac Amaru, al ser la muerte de un Inca, era la muerte de un hombre que reunía la tierra, el cielo y los elementos; era la muerte del hijo del sol.[22]

ReconocimientoEditar

 
Monumento de Túpac Amaru en la Plaza Libertad en El Alto, Bolivia.

La fama de Túpac Amaru II se extendió a tal punto que los indígenas sublevados en los llanos de Casanare, en la región de Nueva Granada, lo reconocieron como "Rey de América".[cita requerida]

Movimientos posteriores invocaron el nombre de Túpac Amaru II para obtener el apoyo de los indígenas, caso entre otros de Felipe Velasco Túpac Amaru Inca o Felipe Velasco Túpac Inca Yupanqui, quien pretendió levantarse en Huarochirí (Lima) en 1783. La rebelión de Túpac Amaru II marcó el inicio de la etapa emancipadora de la historia de Perú.

Esta gran rebelión produce una fuerte influencia sobre la Conspiración de los tres Antonios, indicios descubiertos en Chile el 1 de enero de 1781, en pleno desarrollo de la insurrección. Los conspiradores se animaron a actuar gracias a las noticias de los avances de Túpac Amaru II en el Virreinato del Perú.

Siglos XX y XXIEditar

 
Monumento a Túpac Amaru II en el distrito de Comas.

En Perú, el gobierno del general Juan Velasco Alvarado (1968-1975) acogió la efigie estilizada de Túpac Amaru II, diseñada por el artista Jesús Ruiz Durand, como símbolo del Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas que él encabezaba. Lo reconoció como héroe nacional en 1969, lo cual fue novedad puesto que desde la independencia la figura de Túpac Amaru II fue llevada con indiferencia u omisión por la educación e historiografía oficial peruana.[23]​. La primera mención de Túpac Amaru en el gobierno militar ocurrió el 24 de junio de 1969 cuando, en el colofón del discurso por la ley de Reforma Agraria, Velasco menciona: Campesino, el patrón no comerá más tu pobreza, la cual la atribuye al rebelde cuzqueño siendo que fue una frase inventada por sus asesores. [24]​ En su honor renombró uno de los salones principales de Palacio de Gobierno, el hasta entonces llamado salón Francisco Pizarro (que la élite de la Lima republicana creó y mantuvo los primeros dos tercios del siglo XX en su aprecio al conquistador español),[25]​ retirando además su retrato del centro superior del salón y reemplazándolo por el del rebelde indígena. Así también durante su gobierno se construyó la avenida Túpac Amaru, una de las más extensas (22 km) de la capital y que une Lima Norte (en ese entonces excluido del resto de la ciudad) con el centro de Lima.

Túpac Amaru II es considerado un precursor de la Independencia del Perú por antonomasia.[26]​ Actualmente su nombre y figura es acogida ampliamente por los movimientos indígenas andinos, así como por los movimientos de izquierda política.

En otro sentido, su nombre también fue utilizado por el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), agrupación guerrillera, posteriormente terrorista, que operó en Perú de 1985 a 1997. El MRTA se dio a conocer internacionalmente por la toma de los rehenes de la embajada de Japón (1996-1997) y fue uno de los beligerantes de la época del terrorismo en el Perú (1980-2000).

En Uruguay los Tupamaros también conocidos como Movimiento de Liberación Nacional o por sus siglas MLN-T, fue un grupo insurgente que estuvo activo entre los años de 1960 y 1970, que se denominó como tal por la admiración y respeto que según sus militantes sentían por Túpac Amaru II.[cita requerida]

En Venezuela, inspirados en la guerrilla uruguaya mencionada, el Tupamaro (Venezuela) desarrolló acciones armadas entre 1992 y 1998, para después integrarse a la política formal.

En Estados Unidos el famoso rapero Tupac Shakur (1971-1996) tuvo como nombre de nacimiento el de Túpac Amaru Shakur debido a la admiración que su madre Afeni Shakur (activista de la organización afroestadounidense Panteras Negras) tenía por Túpac Amaru II.

En Argentina el nombre de este líder rebelde fue adoptado por la Asociación Túpac Amaru, un movimiento indigenista político y social surgido en 2001 en la provincia de Jujuy que actualmente tiene presencia en 15 provincias argentinas. También pertenece a la Galería de los Patriotas Latinoamericanos,[27]​ creada en la Casa Rosada por la presidenta Cristina Fernández en 2010 (año del Bicentenario de la Revolución de Mayo).

Eduardo Galeano recogió la historia de un turista que le preguntó a un niño lustrabotas si conocía a Túpac Amaru. El niño, sin alzar la cabeza, respondió que sí y en un susurro dijo: «Viento es».[28]

AncestrosEditar

Túpac Yupanqui
Sapa Inca
Mama Ocllo
Colla
Huayna Cápac
Sapa Inca
Manco Inca
Inca de Vilcabamba
Túpac Amaru I
Inca de Vilcabamba
Felipe CondorcanquiJuana Pilcohuaco
Ñusta
Blas Condorcanqui
Curaca de Surimana, Pampamarca y Tungasuca
Francisca Torres
Sebastián Condorcanqui
Curaca de Surimana, Pampamarca y Tungasuca
Catalina Usquiconsa
Miguel Condorcanqui
Curaca de Surimana, Pampamarca y Tungasuca
Rosa Noguera Valenzuela
José Gabriel Condorcanqui
Curaca de Surimana, Pampamarca y Tungasuca
Túpac Amaru II
  • La autora María Rostworowski explica que la descendencia dentro de las panacas se hereda por la vía matrilineal, en otras palabras, uno pertenece a la panaca de la madre.[29]
  • El Diccionario Histórico-Biográfico del Perú indica que el apellido de Catalina del Camino es realmente Catalina Usquiconsa así como el de su hijo.[30]

En la ficciónEditar

MúsicaEditar

  • Túpac Amaru, poema sinfónico del compositor venezolano Alfredo del Mónaco (Premio Tomás Luis de Victoria), estrenado en 1977, ha sido interpretado en numerosos festivales internacionales.
  • Túpac Amaru, sinfonía Nº5 del compositor peruano Armando Guevara Ochoa.
  • La canción Águila de trueno (parte II) del álbum Kamikaze de Luis Alberto Spinetta está inspirada en la figura de Túpac Amaru II.
  • El grupo francés de hip-hop Canelason sacó a la luz un tema llamado "Libre", en cual narra la historia de este revolucionario y su trágica muerte.
  • El rapero Residente en su canción ‘’This Is Not America’’ menciona que el rapero afroamericano 2pac lleva su nombre debido a que su madre quiso ponerle el nombre de un revolucionario inca.


Predecesor:
Túpac Amaru I
Como Inca de Vilcabamba

 
Inca
Proclamado por el consejo de Amautas y mamacunas

26 de noviembre de 1780 - 18 de mayo de 1781
Sucesor:
Último Titular
Diego Cristóbal Túpac Amaru (Como Líder de la Rebelión)
Predecesor:
Miguel Condorcanqui

Cacique de Surimana Tungasuca, Pampamarca y Tinta

1764-1780
Sucesor:
Anexión del territorio al Corregimiento de Canas y Canchis
Predecesor:
Diego Felipe Betancourt
Reclamante al título de Márquez de Santiago de Oropesa
1777-1780
Sucesor:
Manuel Laza Ladrón de Guevara (Reclamante al Mayorazgo)

BibliografíaEditar

  • Tupac Amaru de Daniel Valcárcel.
  • Revolución de Tupac Amaru (ensayo) de Luis E. Valcárcel.
  • Historia de los incas de Zubirki, dedica un capítulo a la "Rebelión de Tupac Amaru"
  • Campbell, León G., Ideología y faccionalismo durante la gran rebelión, en Steve J. Stern (comp.), Resistencia, rebelión y conciencia campesina en los Andes - Siglos XVIII al XX, Instituto de Estudios Peruanos, Lima, 1990.
  • Lituma, Leopoldo, "El verdadero rostro de Túpac Amaru, Perú 1969-1975", Editorial Pakarina, Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Lima, 2011
  • Szeminski, Jan, La utopía tupamarista, Instituto de Estudios Peruanos, Lima, 1984.
  • Sahuaraura, Tito Atauchi, Estado del Perú, Lima, 1944.
  • Lewin, Boleslao. La rebelión de Túpac Amaru y los orígenes de la emancipación americana=1957. Buenos Aires. 
  • O’Phelan Godoy, Scarlett (1988). Un siglo de rebeliones anticoloniales, Perú y Bolivia, 1700-1783. Cuzco. 
  • Flores Galindo, Alberto (comp.) (1976). Túpac Amaru 1780. Antología. Lima: Retablo de Papel Ed. 
  • Frigerio, José Oscar (2011). La rebelión criolla de Oruro fue juzgada en Buenos Aires (1781-1801). Córdoba: Ediciones del Boulevard. ISBN 978-987-556-345-2. 

ReferenciasEditar

  1. [1] Archivado el 3 de marzo de 2016 en Wayback Machine. APU SAHUARAURA, Justo, Noticia importante para el conocimiento de la posteridad, en: Cornejo Bouroncle, Jorge Op. cit., p. 133.
  2. Usó indistintamente los dos nombres.
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