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Tauromaquia

espectáculo con toros
Taurocatapsia en la Creta minoica.

La tauromaquia (del idioma griego ταῦρος, taūros 'toro', y μάχομαι, máchomai 'luchar') se define como: «el arte de lidiar toros»,[1]​ tanto a pie como a caballo, sus antecedentes se remontan a la Edad de Bronce.[2]​ La tauromaquia reúne el concepto y las reglas que definen el arte de lidiar o toreo.[3]​ Un arte que nació en España del que se tiene constancia en el siglo XI con la celebración de festejos taurinos en Ávila y en Zamora en el siglo XIII.[4]​ La forma más conocida de tauromaquia es la corrida de toros cuya expresión más moderna surgió en el siglo XVIII.[5]​ La Tauromaquia es además el nombre que reciben las obras o libros que tratan sobre la misma y en los que se desarrollan dichas reglas del torero.[6]
La tauromaquia en sus diferentes modalidades está presente en Europa, donde se celebran corridas de toros en España, Portugal[7]​y en algunos departamentos del sur de Francia.[8][9]​ En Hispanoamérica se realizan corridas en México, Colombia, Perú, Ecuador y en Venezuela.[10][11]​ En otros países como en China, Filipinas y Estados Unidos [12][13]​ también se han celebrado corridas de toros pero en menor número. En otras partes del mundo hay otros tipos de festejos taurinos como los toros a la Tica o Fiestas de Zapote en Costa Rica,[14]​ el Jallikattu también conocido como Eruthazhuvuthal o Manju Virattu que se practica en Tamil Nadu (India).[15]

La tauromaquia incluye además de todos aquellos espectáculos relacionados o vinculados con el toro, el conjunto de tradiciones, fiestas y festejos populares con el toro como protagonista. Estas actividades abarcan desde la cría del toro de lidia por parte de las ganaderías bravas, las técnicas del toreo y aquellas actividades relacionadas directamente con el mismo como la confección de los vestidos de torear tanto de toreros como de banderilleros y picadores, muletas, capotes de brega y guarnicionería. Engloba también el diseño gráfico de los cartel taurino y otras manifestaciones culturales en torno al mundo del toro como la literatura, las artes plásticas con sus variaciones según los lugares donde se producen y que son parte de la cultura nacional.[16]

Índice

HistoriaEditar

AntigüedadEditar

 
El dios Mitra.
 
Grabado de Goya, Muerte del alcalde de Torrejón (Madrid, 1815).

Los antecedentes de los ritos con toros se remontan a la Edad de Bronce. En las culturas de la antigüedad el toro ha sido un símbolo importante como elemento identificador de ritos y sacrificios de animales cuyo fin era favorecer la fuerza de los guerreros o la fertilidad del ganado; también fue frecuente su empleo en las ofrendas, ceremonias funerarias o rituales de paso. De estas antiguas tradiciones existen vestigios procedentes de culturas como la indo-iraní, mesopotámica, egipcia y europea, entre todas ellas las referentes a la Península Ibérica tienen relevancia por su relación directa con las tradiciones taurinas que desembocaron en la tauromaquia o toreo,[17][18][19]​ tradiciones culturales que fueron más tarde llevadas a otros países como Portugal, Francia, México, Perú, Colombia, Venezuela o Ecuador.[20][21][22]

Los vestigios de Baleares muestran hallazgos de tipo argárico y de la cultura talayótica similares a los existentes en Creta en donde se dieron cultos al toro. Del periodo de la Edad del Bronce son las cabezas de toro encontradas en Costig (Palma de Mallorca).[23]

Cultura celtaEditar

Para los celtas el toro era la representación de la fuerza y la virilidad según los diferentes testimonios de la mitología como la ceremonia Tarbhfhess —también conocida como la Fiesta del Sueño del Toro— irlandesa o la ceremonia de la Recolección del Muérdago del Roble descrita por Plinio el Viejo.[24][25]

Diodoro Sículo relató como, entre el 140-139 a. C. Numancia debía pagar un tributo a Roma con el fin de mantener la paz con el imperio, entre otros bienes se incluían 3 000 pieles de bueyes procedentes de las ganaderías celtíberas.[26]​ El toro fue además un elemento importante en las ofrendas funerarias celtas y en la representación plástica, donde destacan los toros o verracos hallados junto a estelas como la de Clunia, en la que se representa una escena taurina en la que un guerrero lucha con un toro.[27][26][28]

Cultura tartésicaEditar

Los hallazgos de numerosas piezas artísticas en la Península Ibérica relacionadas con rituales y ceremonias con el toro son numerosos y se encuentran en prácticamente toda la geografía peninsular, sin embargo el más importante de todos estos hallazgos es el de la Necrópolis de Medellín (Badajoz), en concreto es una placa de marfil que perteneció a un ajuar funerario datado entre el 650-500 a.C. En la placa de estilo sirio está representada una escena de tauromaquia de la mitología fenicia, se trata del héroe Melqart que, con una rodilla genuflexa, apuntilla a un toro en la testuz. La pieza guarda relación con otras similares procedentes de otras culturas mediterráneas como la hitita, la siria o la cretense del siglo XIII a. C. La importancia del hallazgo estriba en la relación entre los cultos al toro y las diferentes civilizaciones donde estos tuvieron lugar, entre todas la de Tartessos, en el entorno de la antigua ciudad Gadir,[29]​ verificar así mismo la presencia del toro en la Península Ibérica así como la relación que estos ritos antiguos tienen con las fiestas de los toros y tauromaquia.[30]

Cultura griegaEditar

En la tradición taúrica de la cultura griega, uno de los mitos más conocido es el del rey Gerión quien, según explica José María de Cossío: «... tuvo rebaños de toros y vacas en la península ibérica...» reses que pastaron junto al río Guadalquivir, en la Bética, donde surgieron las primeras ganaderías y encastes de reses bravas andaluzas siglos más tarde.[31]​ Si bien no es el único indicio sobre ritos y celebraciones con toros en la antigua Grecia, en los hallazgos de Micenas se muestras varias escenas, en estucos, de saltos sobre toros incluidas algunas mujeres frente a toros en actitud de embestir.[32]

En las descripciones de Plinio y Seuterio se detallan los juegos de toros durante el siglo V a. C. en los que jinetes perseguían a las reses hasta alcanzarlas para luego derribarlas cogiéndolas por las astas. Juegos que se mantuvieron durante cuatro siglos.[32]​ En el Mediterráneo oriental se dieron una forma de hostigamiento de toros orientado al sacrificio, y en Atenas se realizaron los festivales de Haola, similar a la corrida de toros, para honrar a Dionisos. Fueron dichos juegos los que César importó a Roma desde Tesalia.[32]

Cultura cartaginesaEditar

Algunos indicios revelan el empleo del toros en la guerra, uno de los escasos testimonios lo narra Polibio sobre las campañas bélicas del Ager Falernus llevadas a cabo por Aníbal en Falerno. El cartaginés se sirvió de mercenarios íberos acompañados por unos dos mil toros que portaban sarmientos encendidos sobre las cornamentas para abrirse camino entre las líneas enemigas. Sobre esta estrategia Diodoro manifestó que Amílcar Barca la había empleado en el desastre de Heliké —sobre 'Heliké' los historiadores discrepan sobre la ubicación de la antigua ciudad—, donde el general falleció. Siguiendo las explicaciones de José María Cossío, estos dos testimonios se asocian con el origen de festejos como el toro embolado, que aún se celebran en fiestas de España.[31]

Cultura romanaEditar

En la antigua Roma las celebraciones de fiestas con toros fueron introducidas por Julio César a su regreso de Tesalia donde eran habituales, estas actividades aparecían representadas en las monedas romanas.[nota 1]​ Las fiestas eran anunciadas en carteles al público y se celebraban en los anfiteatros donde se podían observar a los lidiadores entre los que hubieron algunas mujeres.[34][35]

Algunas de estas fiestas se realizaron entre el siglo IV a. C. y el siglo I d. C. como parte de las celebraciones en honor a Mithra por parte de los legionarios romanos según indica el historiador Duris, bajo el nombre de Taurobolios.[36]​ Estos indicios guardan relación con los festejos taurinos y algunos ritos realizados en Hispania.[36]​ Entre los muchos antecedentes de estos rituales se hallan el Taurobolio del yacimiento arqueológico de la villa romana de Arellano conocida como Villa de las Musas,[37]​ y el de la fundación de la colonia Iulia Augusta Faventia Paterna Barcino (Barcelona) fundada en el 12 a.C. por Octavio Augusto para albergar las celebraciones rituales de los Taurobolios.[38]

Según el estudio de Pedro Sáez, se encuentran antecedentes de dichas tradiciones con toros en los damnati ad bestias en tiempos del emperador Nerón en los que se arrojaron a los cristianos durante las ejecuciones públicas efectuadas en la época de su persecución.[39][40]​ Sin embargo los espectáculos taurinos en tiempos del imperio romano también incorporaban luchas entre fieras con enfrentamientos entre toros, osos, panteras, elefantes entre otros animales salvajes. Las actividades más frecuentes fueron los saltos del toro con pértiga, mencionados en el Código de Justiniano como los Contomonobolon, al igual que la taurcatapsia o taurokathapsia, un antecedente claro del salto del toro con la garrocha, una suerte del toreo realizada en el siglo XVIII en las plazas españolas.[41][42]

Edad MediaEditar

En los inicios de la Edad Media los testimonios documentados en torno a la tauromaquia indican que las fiestas y juegos de toros ya estaban asentados en la Península ibérica procedentes de los antiguos rituales con toros en los que se practicaron diferentes formas de burlar a las reses.[43]

Las informaciones sobre tauromaquia durante el periodo visigodo y en los primeros tiempos del califato omeya son escasas, José María de Cossío en Los toros, volumen I, comentó la existencia de actividades taurinas basada en una carta datada en el año 618, publicada en el tomo VII de España Sagrada,[44]​ del rey Sisebuto al obispo de Barcelona Eusebio donde este le cuestionaba su afición a los toros.[45]​ Esta carta fue recopilada por José de Vargas Ponce en la obra Disertación sobre las corridas de toros en 1807.[46][47]

Otras referencias sobre las fiestas de toros son las celebradas en Oviedo con motivo de la convocatoria, por parte del rey asturiano Alfonso II el Casto, de las Cortes en el año 815, información recogida en la Crónica de Alfonso X.[45][48][49]​ A estas referencias se añaden las de las fiestas reales de los toros del año 1080 en Ávila, celebradas para los desposorios del infante Sancho de Estrada con doña Urraca de Flores.[50][51]​ A partir del siglo XIII hubieron fiestas en las que se corrieron toros en Castilla, León, Navarra, Aragón, Asturias y Galicia según consta entre los poemas de tema taurino más antiguos El clérigo embriagado,[52]​ incluido en la obra Los milagros de nuestra Señora de Gonzalo de Berceo, y la obra anónima Cantar de los siete infantes de Lara donde se narran las bodas de doña Llambla que se celebraron con corridas de toros.[53]​ De este periodo también son las Siete partidas del rey Alfonso X de Castilla por las que se prohibía lidiar toros por dinero a los matatoros.[54]

En 1215 según las pautas marcadas en el IV concilio de Letran se prohibió la asistencia y participación del clero en estos eventos,[55]​ sin embargo la costumbre festiva de correr los toros se continuó practicando en diferentes localidades. Costumbre que tuvo su origen por un lado en la adopción de algunos ritos asociados a la fertilidad, por lo que fue frecuente correr y lidiar toros en las celebraciones de los esponsales, un ejemplo se relata en las Cántigas de Santa Maria (1280), cántigas XXXI, XLVIII y CXLIV. En la CXLIV está representada una corrida de toros nupcial, tradición palentina del siglo XIII en la que se corría un toro por parte del novio hasta casa de la novia usando una capa para atraer la res.[56][57][58]

Por otro lado durante el siglo XIII surgieron los caballeros alanceadores a caballo que burlaban diferentes fieras como ejercicios de entrenamiento tanto para ejercitar las monturas como para la práctica de ejercicios militares. También fueron frecuentes las corridas votivas celebrabas con motivo de las promesas o favores solicitados por algunos de los participantes, se tienen datos sobre este tipo de festejos en Salamanca. La iglesia vinculó estas prácticas de las fiestas y juegos de toros a los antiguos ritos paganos de forma que dieron pie a prohibiciones posteriores.[59]​ Con estas prácticas, la mayoría eran públicas, obtenían las habilidades necesarias para las batallas durante la reconquista.[60][61]​ Realizadas por los caballeros de la nobleza dichos ejercicios consistían en torneos, juegos de cañas y sortijas, en los que se ofrecían combates con toros,[62][58]​ cuyo objetivo era dominar la bravura del mismo, un reto para caballeros nobles y monarcas participantes. Estas prácticas dieron lugar por un lado a la lidia a caballo o rejoneo, y por otro a los festejos taurinos populares: encierros y corridas de toros, bases de la tauromaquia.[63][64]

Durante la Edad Media aumentaron los festejos taurinos celebrados en las plazas públicas, adecuadas para los festejos, para agasajar a reyes y nobles en sus visitas a ciudades españolas con motivo de bodas, nacimientos y cumpleaños reales o celebraciones conmemorativas. Fueron aficionados desde Luis VII de Francia, Alfonso VI, Alfonso VII, el rey navarro García Ramírez o Pedro I.[65]​ Menos claras son las afirmaciones que realizó Nicolás Fernández de Moratín en la Carta histórica sobre el origen y progresos de las fiestas de toros en España (1777),[66]​ donde se atribuye a Rodrigo Díaz de Vivar ser el primero en lancear toros a caballo, estas afirmaciones fueron discutidas por Ramón Menéndez Pidal, que fue director de la Real Academia Española y por el conde Colombí, que fue presidente de la Unión de Biblófilos Taurinos en varias cartas recogidas por José Alameda en su obra El hilo del toreo,[67]​ donde se concluye que si bien pudo darse la información no ha podido comprobarse, mediante documentos, que el Cid alanceara toros.[65]

En 1387, durante el reinado de Juan I de Aragón, tuvo lugar la primera corrida de toros en Barcelona en la plaza del Rey, según se recoge de forma oficial en el Archivo General de la Corona de Aragón, que se encuentra en Barcelona.[68]

Edad ModernaEditar

Siglo XVEditar

Desde el siglo XV las referencias sobre la tauromaquia son más frecuentes. La celebración de los diferentes tipos de fiestas, religisas o no, tuvieron en este periodo un papel importante en la convivencia social del siglo XV, momento en el que surgieron los modelos de fiestas dentro del concepto nación surgido en los comerciantes que residían fuera del reino.[69]​ Algunas de estas celebraciones en las que participaba toda la comunidad en ocasiones resultaron perjudicales para determinados intereses, razón por la cual surgieron diferentes regulaciones locales por parte del clero.[70]​ La nobleza incluía entre las celebraciones y banquetes festivos justas, juegos y coridas de toros que se realizaban en las ciudades con el fin de dar muestras de la ostentaciónde su posición. Estas celebraciones cumplían además la función de social la de unir a la comunidad.[71]

Se tiene constancia sobre corridas de toros realizadas en Sevilla con motivo de la visita que 1405 realizó a la ciudad Enrique III; en Toledo entre 1431 y 1432 con motivo del regreso de Juan II de Castilla de de la batalla de Andalucía, se celebraron toros y justas en la plaza de Zocodeñe, conocida más tarde como Zocodover, estos fueron las primeras corridas de toros celebradas en Toledo. La visita de Enrique IV a Madrid en 1469 también fue una ocasión celebrada con toros en la Casa Real de El Pardo a la que asistieron los embajadores de Francia e Inglaterra.[65][72]

La organización de las corridas de toros que ya eran lidiadas por toreros a pie, tuvieron importantes costes ya que era necesario adecuar las calles y plazas con cercados y engalanarlas para la ocasión. De la adquisición de las reses se encargaba el consejo que imponía a los carniceros locales la reserva de las mismas. En algunas ciudades castellanas como Valladolid o Palencia la entrega de los toros era obligatoria y los carniceros debían entregarlos o tenerlos a disposición para las celebraciones festivas en cualquier momento. En 1490 la oposición a la entrega gratuita de las reses por parte de los carniceros segovianos ocasionó que la comunidad tuviese que abonar, de ahí en adelante, el coste de los toros a los carniceros. El montante de las reses llegó a suponer más de la mitad del presupuesto total de las fiestas en Sevilla entre 1453 y 1526, cada uno de los animales tenía un coste de entre 3 000 y 4 000 maravedíes. En las actas de los ayuntamientos quedaban anotadas las cuentas, los encargados de la organización, los nombres de los útiles de lidiar y las localidades donde se realizan las celebraciones.[73][74]

A partir del siglo XV, la nobleza había abandonado el rejoneo para dejar paso a los toreros a pie, que lidiaban en recintos específicos cerrados, lo cual significó un mayor riesgo para los lidiadores y un aumento de la exigencia por parte del público del valor que debían mostrar los toreros. estos cambios iniciaron el recorrido hacía la tauromaquia profesional que llegará hasta tiempos contemporáneos. En 1554 este nuevo concepto de lidiar se conoce ya como corrida de toros.[75]​ Impresionada por el riesgo que suponían los toros para los lidiadores, Isabel I de Castilla, la Católica, ordenó que las astas de los toros fuesen enfundadas en otras de forma que no pudiesen herir a los toreros, la medida no prosperó por la dificultad que suponía enfundar los toros.[76]​ En 1554 el nuevo concepto de lidiar se conoce ya como corrida de toros y aparece como tal en las publicaciones de la época.[75]

Siglo XVIEditar

A partir del siglo XVI se inició el proceso que formó la tauromaquia clásica de manos de los nuevos toreros, este proceso duró hasta el siglo XVII, para consolidarse definitivamente en la tauromaquia moderna, en el Siglo XVIII [77]Luis Zapata en su obra sobre los valores y comportamientos sociales de su época, Miscelánea (o Varia Historia) (1583-1595), menciona como le pueblo lentamente se fue haciendo con la fiesta desplazando a la nobleza hasta quitarle el protagonismo en el Siglo XVIII.[78][79]​ Zapata además escribió los tratados Excelencias de la Gineta (sic.), Uso del rejón y Advertencias sobre el método de correr cañas, de los cuales no se conservan ejemplares, salvo las referencias incluidas en Memorial Histórico Español de Pascual de Gayangos.[80]​ En el estudio de Zapata se describe al Emperador Carlos I alanceando toros en Toledo y Valladolid;[81]​ y se sabe que lanceó un toro en la celebración del nacimiento de su hijo Felipe II en 1527.[82]​ Quien fuera cortesano del emperador Pero Ponce de León, hermano del primer duque de Arcos, actuó en varias ocasiones ante la familia real en Ávila, en Medina del Campo y en Sevilla, donde rejoneó y se acompañó con pajes mulatos para asistirle durante la lidia, Ponce de León empleó la capa para burlar al toro, fue uno de los matadores de toros más conocidos de la España renacentista y un renovador de la técnica de alancear esperando al toro en un caballo con los ojos vendados, al que desviaba un par de pasos hacia la izquierda durante la embestida del toro.[83]​ Su abuelo el Marqués de Cádiz ya había organizado la lidia de varios toros delante del castillo de Rota con motivo de la visita de los Reyes Católicos. Él hizo lo propio en la plaza situada delante de su casa en lo que luego fue convento de la Encarnación en Sevilla. De su afición a las Musas dan fe la educación que proporcionó a sus hijos, el poeta Luis Ponce de León y el humanista Gonzalo Mariño de Ribera y Ponce de León, y el que Juan de Quirós, el mejor poeta sevillano de la época, le dedicara un poema en latín, del que solo conocemos los tres primeros versos copiados por su discípulo Benito Arias Montano.[84]

Otra de las informaciones que aporta Zapata en su estudio es la mención de la existencia del nombre de los toros anterior al siglo XVIII, dato de Zapata mencionado por Ignacio R. Mena Cabezas en Caballeros, toros y toreros en el siglo XVII.[80]

En la plaza mayor de Madrid se celebraban dos tipos de corridas de toros: las usuales, en las que asistía el hombre de a pie, y las reales, reservadas a selectos personajes de la Corte. Las primeras se organizaban por el Concejo de la Villa, las segundas por los encargados del protocolo y fiestas de la Corte: Mayordomía Real, y por regla general eran más lujosas. Se solían celebrar las corridas populares sin fecha fija en torno a las fechas de San Juan (junio), en Santa Ana (agosto), posteriormente las de San Isidro (mayo) y las de San Pedro y San Pablo.[cita requerida]

En Sevilla el toreo moderno surgió cuando los toros eran guiados por las calles de la ciudad hasta el matadero de la calle San Bernardo, estos se convirtieron en encierros en los que mozos corrían delante de los toros. Antes de ser los toros sacrificados, los mozos solían practicar las diferentes suertes y pases en los corrales del matadero, actividad que se realizaba al amanecer. Junto a los corrales algunos curiosos y aspirantes a toreros se reunían para ver como los valientes burlaban al toro, también está documentada la presidencia de un representante de la autoridad municipal. Con el paso del tiempo, a la práctica espontánea en los corrales se le unió de forma habitual la presencia de público, razón por lo que se le adosó un balconcito para las autoridades civiles a modo de torre o palco realizado por el arquitecto Asensio de Maeda y después, en la segunda mitad del siglo XVI se levantaron unas gradas para el público. Este primer recinto dio lugar dos siglos después, en el siglo XVIII, a la plaza de toros de la Maestranza.[85][86]

A mediados del siglo XVI los toros bravos son llevados desde Navarra hasta México por orden de Juan Rodríguez de Altamirano, propietario de la finca Atenco.[87]​ En la Quinta Carta de relación que Hernán Cortés escribió al emperador Carlos V, fechada el 3 de septiembre de 1526, el conquistador menciona que se corrieron toros y que se realizaban otras fiestas de cañas con motivo de la festividad de San Juan, antecedentes que sitúan el inicio de la tauromaquia en la Nueva España.[88][89]​ Las primeras noticias de toros en Perú datan de 1538 con las celebraciones de la victoria de la batalla de las Salinas, dato aportado por Ricardo Palma en Tradiciones peruanas, el mismo autor también menciona que la primera corrida de toros se celebró el 29 de marzo de 1540 con motivo de la consagración de los santos óleos por el obispo Vicente Valverde en la que rejoneó Francisco Pizarro.[90]

Siglo XVIIEditar

La sociedad barroca del siglo XVII fue sobre todo festiva con predilección por las corridas de toros las cuales fueron incluidas en la mayoría de las celebraciones sociales, siendo frecuente el empleo de las plazas mayores y las calles para el desarrollo de las mismas. La sociedad inmersa en la religiosidad de la época y las desigualdades entre la nobleza y el pueblo encontró en las fiestas taurinas una forma de expresión y evasión, en los que el peligro asociado al riesgo de la muerte aportaban la emoción y el espectáculo al correr los toros en los encierros, al saltarlos con la garrocha, incluso al lidiarlos. Valladolid fue uno de los centro más importantes de la tauromaquia durante el siglo XVII, al ser una de las principales urbes españolas, en ella estuvieron las Cortes de Castilla hasta 1606, el obispado de la Corte, la Universidadincluso la Inquisición y segunda Corte junto con la Real Chancillería de Castilla—Tribunal Superior de Justicia—; encontró en la tauromaquia una herramienta con la que mantener el orden y evitar los tumultos sociales al tiempo que seguían haciendo ostentación del poder en manos de la monarquía, la iglesia y algunos nobles.[91]

Tanto Felipe III como Felipe IV fueron aficionados a los toros. Algunas de las convocatorias llegaron a ser motivo de conflicto con la Inquisición por coincidir el festejo con festividades en honor a santos como san Pedro Arbúes.[91]​ El 4 de mayo de 1623 en una crónica taurina Quevedo narró en verso la actuación de Felipe IV como rejoneador en las fiestas reales de toros celebradas en la Plaza Mayor de Madrid a la que asistió el príncipe de Gales Carlos Estuardo, futuro Carlos I de Inglaterra y de Escocia, junto a su lugarteniente Lord Buckingham durante su estancia en España,[92][93][94]​ repitiendo luego la experiencia en su país, invitando a los embajadores de los reinos de Francia y España[cita requerida]

“Su majestad es tan alentado, que los más días se pone a caballo; y ni la nieve ni el granizo le retiran. En Tembleque, aquel concejo recibió a su majestad con una fiesta de toros, a dicho de alarifes de rejón, valentísimos toreadores de riesgo, y alguno acertado. Bonifaz lo miraba, y de nada se dolía. Tuvieron fuegos a propósito y bien ejecutados. Su majestad de un arcabuzazo pasó un toro que no le pudieron desjarretar...”
Francisco Quevedo[95]

La documentación que existe sobre la boda entre Carlos II y María Luisa de Orleans celebrada el 19 de noviembre 1679 en Quintanapalla (Burgos), han aportado a los investigadores taurinos importante información sobre las celebraciones de la misma y como los festejos taurinos se encontraban entre estas. La información del enlace y de la organización de los diferentes actos quedó registrada en el Libro de Actas del Ayuntamiento de Burgos por Joseph Martínez de Araujo, (sesiones del 14 de agosto al 9 de noviembre de 1679 folios: 302r-472v).[96]​ En el tercer día de celebración se organó una corrida de toros en la plaza Mayor burgalesa cuyos preparativos se iniciaron de madrugada con el encierro de treinta toros en un toril en frente al palco real elegantemente adornado, y otro en el lateral derecho del mismo. Antes del comienzo del festejo los alguaciles reales hicieron el despeje de plaza para a continuación dar inicio a la corrida en la que torearon los caballeros José de la Hoz y Melagosa junto a dieciséis toreros expertos venidos de todo el país. Se lidiaron catorce de los treinta toros en un festejo que duró tres horas; el resto de reses fueron lidiadas al día siguiente.[97][98][99]​Entre los años 1680 y 1690 los festejos taurinos habían descendido a consecuencia de los importantes problemas económicos que atraviesa el reino, causados por el importante descenso de los precios o deflación.[100]​ A los problemas económicos se le unió la insistencia del papa Inocencio XI que le recordaban al monarca las disposiciones sobre la tauromaquia de Pío V (1567) ignoradas por Felipe II.[101][102][103]​ Ante la nueva petición papal de prohibir las corridas de toros en todo el reino ante el riesgo de muerte del lidiador, el Consejo de Estado redactó un informe en el que expresa que el riesgo que corren los toreros no es grande y por tanto no se produce pecado al ser estos profesionales, sin embargo ante la presión moral, Carlos II, el 22 de junio de 1682 suspendió las corridas de toros y las comedias en todo el reino esta suspensión duró un año, ya que en 1683 se reanudaron los festejos taurinos.[100]

La forma de lidiar a caballo implicaba que los rejoneadores se apoyasen en peones y escuderos cuyas funciones consistieron en proporcionar los útiles de torear, mover y colocar al toro mientras los caballeros cambiaban de caballo cansado o herido, o para rescatarlos de una caída. Otra de las funciones, que cumplían los auxiliares fue la de distraer al toro para darle la salida al caballo tras el embroque y la de dar muerte al toro cuando el rejoneador fallaba o perdía alguno de los útiles de torear y debía hacer el empeño a pie. Con la aparición de los varilargueros en el siglo XVII en sustitución de los caballeros alanceadores y tras el abandono de la lidia de estos últimos, los peones y auxiliares fueron adquiriendo mayor responsabilidad, hasta convertirse en los lidiadores o toreros profesionales del toreo moderno. En muchas ocasiones, si el de a caballo no podía matar al toro, se delegaba la responsabilidad en los de a pie.[104][105][106]

Siglo XVIIIEditar

El siglo XVIII fue el siglo de la Ilustración, la burguesía experimentó un auge junto con el pensamiento laico, el humanismo sustituyó a la autoridad religiosa y el ideal de progreso. En España la Ilustración se inició durante el reinado de Felipe V, continuó con Fernando VII y tuvo su momento cumbre con Carlos III.[107]​ Con el reinado de Felipe V se recortaron los gastos para aliviar la presión fiscal sobre el pueblo, afectando los recortes a las festividades religiosas y a las corridas de toros, el Consejo de Castilla reivindicó la continuidad de los toros recuperando los festejos con la presencia del monarca el 14 de abril de 1701, sin embargo no fue posible realizarlos en años posteriores hasta el 28 de julio de 1704 en el que de nuevo se volvieron a celebrar con motivo para del regreso del rey de la Guerra de sucesión con Portugal. La situación sobre la negativa de Felipe V a realizar gastos extras se mantuvo durante casi veinte años, periodo en el que se continuaron realizando festejos en algunas ciudades según la importancia del acontecimiento celebrado, por ejemplo la corrida de rejones del 30 de julio de 1725 en Madrid, presidida por los reyes, donde rejoneó el caballero de Pinto, Benardino de la Canal, mencionado por Nicolás Fernández de Moratín, junto con una veintena de toreros profesionales.[108][109]

El pueblo creó su propia Fiesta Nacional al tiempo que los toreros se profesionalizaron y empiezaron a tener fama y seguidores propios.[108]​ Esta profesionalización repercutió sobre la forma de ver la tauromaquia por parte de las autoridades que trataban de proteger al pueblo de los riesgos de la lidia al considerar que un profesional ya no realizaba un acto temerario. Ante esta nueva visión del toreo surgió la necesidad de regular y supervisar las actuaciones de los nuevos lidiadores, por lo que se inició un proceso para conocer a los nuevos profesionales y la forma en la que estos torearon.[110]​ Surgieron los nombres de Francisco Romero, Lorenzo Martínez, Lorenzillo (Sic.); Melchor Calderón, Miguel Canelo o Francisco Benete.[111]

En Sevilla, dos siglos antes de la creación de la Escuela de Tauromaquia, cuando los toros eran guiados por las calles de la ciudad hasta el matadero de la calle San Bernardo, antes de ser los toros sacrificados, los mozos aspirantes a lidiadores solían congregarse y practicar las diferentes suertes y pases en los corrales del matadero, actividad que se realizaba al amanecer. Junto a estos, empezaron a reunirse algunos curiosos para ver como aquellos valientes burlaban al toro. Está documentada la presidencia de un representante de la autoridad municipal a consecuencia de los alborotos y desordenes que se producían a consecuencia de las prácticas toreras, la documentación sobre las actuaciones de las autoridades se conservan en los archivos municipales de Sevilla. Entre las medidas adoptadas con el paso del tiempo, y dada la necesidad de evitar los desórdenes, junto con la congregación habitual de público, al matadero se le adosó un balconcito para las autoridades civiles a modo de torre o palco realizado por el arquitecto Asensio de Maeda y después, en la segunda mitad del siglo XVI, se levantaron unas gradas para el público. Este primer recinto dio en el siglo XVIII, a la plaza de toros de la Maestranza.[112][113][114]

A mediados del siglo, figuras como Joaquín Rodríguez Costillares, Pedro Romero —hijo de Francisco Romero—, José Delgado, Pepe-Hillo se habían hecho un hueco en el mundo de la tauromaquia. Surgieron las primeras Tauromaquias, manuales que recogían las formas y las recomendaciones técnicas y reglas sobre la lidia, la Cartilla publicada en el siglo XVII, el tratado de García Baragaña y La tauromaquia o arte de torear publicada en Cádiz en 1796 dictada por Pepe-Hillo.[111]

Surgieron los majos y las manolas junto con sus fiestas y la tauromaquia con el toreo a pie. Entre las aportaciones reales al fomento de la cultura y el arte estuvieron la creación de las Academias de la Historia, la de la Lengua o la de la de Bellas Artes. Siguiendo esta línea, en 1754, Fernando VI donó a la Real Junta de Hospitales la primera plaza de toros construida en fábrica de ladrillo, la Plaza de toros de la Puerta de Alcalá, ésta sustituyó a la existente realizada de madera junto a la Puerta de Alcalá que había autorizado Felipe V. Además de la Escuela de Tauromaquia de Sevilla, las plazas de toros de la Real Maestranza de Sevilla (1761), el coso de Pignaltelli en Zaragoza (1764) o la plaza de la Real Maestranza de Ronda(1785).[115][108]

Hacia 1770 la suerte de varas está consolidada ante las preferencias del público por el uso de la vara de detener o larga en lugar del empleo de los rejones que era habitual en los caballeros de la nobleza. La figura del varilarguero tomó el protagonismo como núcleo de la lidia, entre los primeros picadores más conocidos lidiaron en 1736 en la maestranza de Sevilla los hermanos Merchante o José Daza quien lidió en 1740 autor de un tratado sobre el toreo tanto a caballo como a pie.[116]

Las presiones del Conde de Arana vertidas sobre Carlos III, provocaron de nuevo vetos entre 1778 y 1785, estos no afectaron a las corridas de utilidad pública, es decir aquellas cuyo fin fue benéfico, de forma que siguió siendo habitual la celebración de las mismas.[111]

Los manuales sobre la lidia a caballo ya no tienen el interés del siglo anterior, en su lugar surgieron la Cartilla en que se proponen, las reglas para torear a caballo, y para practicar este valeroso, noble ejercicio con toda destreza, conocida como la Cartilla de Osuna del autor Nicolás Rodrigo Noveli (1726),[117]​ las Reglas para torear y arte de todas las suertes atribuido a Diego de Torres Villarroel, La malicia, confundida de de Francisco Melcón (1738) o Reglas de torear a caballo de José Fernández Cadórniga. Ensayos del valor y reglas de la prudencia para el coso de Marcelo Tamariz de Carmona (1771). Junto a quienes redactaron los manuales sobre el toreo surgieron un número de autores antitaurinos como el padre Feijoo, el padre Sarmiento, Mayans o Jovellanos, quien, a pesar de no ser taurino, fue admirador de Pepe-Hillo y acudió a varias corridas de toros en Valladolid.[115][118][111]​ A estos se les unió Vargas Ponce a quien, el 13 de julio de 1792, escribió Jovellanos para proporcionarle información para incluir en la obra Disertación sobre las corridas de toros, escrita por Vargas Ponce en torno a 1807.[119]​ Frente a estos ideales, encontraron en la defensa de la tauromaquia a Nicolás Fernández de Moratín autor de Carta histórica sobre el origen y procesos de las fiestas de toros en España, (1777),[66]​ a Ramón de la Cruz, a Bayeu o a Goya aficionado taurino y novillero con las cuadrillas de Costillares y Pedro Romero.[115][120][121]​ Goya creó parte de la serie de grabados La Tauromaquia inspirado en la idea del posible origen árabe de la tauromaquia desarrollada en la citada obra de Fernández Moratín, el pintor aragonés dejó constancia de ello en las anotaciones de los grabados.[122]

 
Final del paseíllo en una corrida de toros.
 
Toro en una corrida.
 
Torero ejecutando un pase ayudado por bajo con la muleta.

Siglo XIXEditar

El siglo XIX se inició con la muerte en el ruedo de Pepe-Illo en el año 1801. Poco después  Carlos IV publicaba a través de la Real Cédula del 10 de febrero de 1805 la prohibición de realizar fiestas de toros y novillos en las que se diese muerte al toro, alegando causas morales y políticas, sin embargo autorizaba aquellas fiestas de toros de carácter benéfico. La prerrogativa real fue publicada en la Novísma recopilación de las leyes de España. [123][124][125]​ A pesar de la prohibición se concedieron algunos permisos con los que se sorteó la ley con autorizaciones para realizar los festejos muy arraigados en la tradiciones locales, como sucedió en Portugalete el 12 de septiembre de 1806 con motivo del nombramiento de Justo De Salcedo y Araujo como teniente general de la Armada, las celebraciones consistieron en tres días de corrida de toros sin que las reses fueran picadas ni estoqueadas.[125]​ La cédula de 1805 quedó derogada cuando Fernando VII ascendió al trono en 1808,[126]​ celebrando un corrida de toros en Madrid el 19 de septiembre de ese año y el 26 en la que participan José Cándido, Curro Guillén, Juan Núñez, Sentimientos, y Agustín Aroca, quienes brindaron contra la presencia de las tropas francesas. El brindis le costó a Agustín Aroca ser detenido al día siguiente y fusilado poco después en los montes de Toledo.[127][128][129]

José Bonaparte buscó ganarse el favor del pueblo fomentando los festejos taurinos, el 9 de junio de 1810 mediante un Real Decreto los prefectos de Sevilla, Córdoba, Granada, Jaén y Jérez de la Frontera buscaron los toros y las cuadrillas de toreros para que lidiaran en Madrid entre el 24 y el 28 de junio 1810 y en fechas posteriores. Entre los contratados figuraron la torera Teresa Alonso, los toreros Lorenzo Jade, Juan Núñez, Sentimientos; Luis Cornacho, Jerónimo Cándido y Curro Guillén que lidió acompañado por los garrochistas Ildefonso Pérez Naves y Jerónimo Martín, Pajarito quienes habían participado en la batalla de Bailén junto los denominados Garrochistas de Bailén, un grupo de ganaderos y picadores a las órdenes de José Cheriff.[130][131]​ Los toreros recibieron entre 3 000 y 1 000 reales de vellón y la torera 500 reales. Pedro Romero junto a su hermano Juan Romero se negaron a acudir al festejo organizado por Bonaparte. Entre las medidas adoptadas por José Bonaparte para facilitar el acceso al festejo estuvo el cambio del horario de la misa del día 1 de julio de 1810 y la creación de billetes de toros. Durante los meses de julio y septiembre se realizaron corridas de toros, y en los meses de marzo diciembre de 1811, destacando la celebrada el 25 de diciembre, víspera del anuncio del regreso a Francia de José Bonaparte tras agotar los recursos económicos del país.[131]

A mediados del siglo XIX aparecieron los primeros reglamentos taurinos para regular los festejos que se celebraban en plazas de toros cerradas. Los nuevos reglamentos permitieron que los festejos taurinos pasasen de ser celebraciones con características locales, según cada población, a realizarse con un formato similar en todas las ciudades.[132]​ En las publicaciones se articularon preceptos similares, tales como las condiciones que debían reunir los recintos, las pautas de comportamiento del público, las normas para la lidia y las condiciones de los astados inspeccionados por veterinarios; con pequeñas variaciones entre los reglamentos según la localidad, se publicaron el Reglamento de las corridas de toros en Madrid que fue aprobado por el gobernador provincial el 28 de mayo de 1868, y el Reglamento de las funciones de toros que se celebran en esta ciudad, publicado en Cádiz en 1872,[133]Reglamento para la plaza de toros de la ciudad de Salamanca publicado en 1884,[134]​ el Reglamento para la plaza de toros de Sevilla publicado en el año 1896,[135]​ el Reglamento taurino publicado en Málaga editado en 1897[136]​ o el Reglamento vigente para las corridas de toros escrito por Leopoldo Vázquez Rodríguez en 1891.[137]

Respecto al toreo, este experimentó un nuevo concepto con toreros como Paquiro, Cúchares, Lagartijo y Frascuelo, que cambiaron la forma de lidiar y el concepto de expresar la tauromaquia. Rafael Molina Lagartijo, discípulo de Antonio Carmona el Gordito, aportó la elegancia, la plasticidad artística y el toreo de línea natural o toreo natural, es decir el concepto esencial del toreo moderno que durará hasta tiempos contemporáneos. El toreo al natural se diferencia del toreo cambiado o contrario, muy empleado por Frascuelo, por la forma en la que el toro es guiado, es decir el toro pasa por el mismo lado por el que el torero tiene asida la muleta, la mano izquierda, mientras que en el toreo cambiado el toro sale de la muleta por el lado contrario al de la mano con la que el torero coge la muleta.[138][139][140]

Siglo XXEditar

Durante la primera década del siglo destacaron Antonio Fuentes, el mexicano Rodolfo Gaona que hizo univesal el toreo mexicano y español; Rafael González Madrid Machaquito o Ricardo Torres Bombita, Rafael Gómez, Gallo y Vicente Pastor que ocuparon los primeros puestos de los escalafones taurinos.[141]​ En la década de 1910 a 1920 se desarrolló la llamada Época Dorada de la tauromaquia, protagonizada por la rivalidad profesional entre Juan Belmonte y José Gómez Ortega, Joselito, también conocido como Gallito III. Ambos diestros están considerados los más importantes del toreo moderno: Belmonte, como el creador de la estética moderna («parar, templar y mandar») con el que cambió el concepto del toreo además de aportar la lidia vista como arte de torrear, cuya finalidad se basó en la belleza del conjunto más que en la lidia en sí misma; y Joselito como el torero completo, dominador de todas las suertes y de todos los aspectos de la tauromaquia, (desde la idea de construir grandes plazas de toros monumentales hasta los detalles de la selección del toro bravo), aglutinó lo mejor del toreo antiguo y anunció la técnica que habría de imponerse en el futuro de la lidia moderna.[142]

Ignacio Sánchez Mejías fue un punto y aparte, con él hay un después de las corridas de toros, es decir una vida fuera de las plazas de toros que traspasó a la sociedad intelectual del siglo XX. A través de la visión de Sánchez Mejías ganaderos, escritores y poetas se interesaron por el toreo y a los toreros con otra perspectiva, las corridas de toros pasaron de poseer una fama de tosca a tener un prestigio y un carácter atractivo para los círculos sociales más destacados. Así la presencia de Sánchez Mejías en tertulias y eventos sociales coloca a las corridas de toros como referencia para la literatura, la poética, el teatro, la danza o el ballet donde autores de la talla de Federico García Lorca centrarían el foco de sus obras. Con Sánchez Mejías la fiesta trasciende fuera de la plaza de toros hasta el punto de quedar unida a la cultura española formando un vínculo que dio como fruto las mejores logros socioculturales de la época, entre ellas la prosa y la poesía de la generación del 27.[143][144][145][146]

Posteriormente a la Guerra Civil Española se produce un resurgimiento de la tauromaquia gracias a la figura de Manolete, el torero más importante en la historia taurina; a este resurgir le siguieron figuras como Luis Miguel Dominguín, el mexicano Carlos Arruza, Pepe Luis Vázquez, Antonio Bienvenida, Pepín Martín Vázquez, Silverio Pérez, Miguel Báez El Litri, Julio Aparicio y Agustín Parra Parrita. Esta época se cierra con el fallecimiento de Manolete en la tragedia de Linares. Se inicia la etapa Dominguín y Antonio Ordóñez, grandes rivales en los ruedos.[147][148]

Ya en la década de 1950 surgen nuevos concepto del torero con el venezolano César Girón, su hermano Curro o toreros como Curro Romero, Paco Camino, El Viti, Diego Puerta, y Manolo Martínez. El torero que más revolucionó dicho concepto fue Manuel Benítez, el Cordobés con una idea poco ortodoxa pero contundente que le llevó a llenar las plazas de toda España donde introdujo el concepto de disconformidad del estatus social. El Cordobés también se desligó de las condiciones de la industria taurina junto con Palomo Linares, en lo que se conoció como el año de los guerrilleros, en el que reivindicaron controlar su vida taurina, para ello esa temporada solamente torearon en plazas de segunda y tercera categoría; de estas reivindicaciones surgió en 1968 el libro de registro de ganaderías bravas y el marcado de las reses con el guarismo del año de su nacimiento publicados en el B.O.E. el 16 de diciembre. [149][150][151][152]

La década entre 1970 y 1980 son los de mayor expansión comercial del mundo de los toros, llegando a haber corridas incluso en el Astrodome de Houston, con la participación de Manuel Benítez «el Cordobés». Las grandes figuras de esta época son: José Mari Manzanares, Pedro Gutiérrez Moya El Niño de la Capea, Dámaso González, Morenito de Maracay, Francisco Rivera «Paquirri», El Yiyo, Nimeño II, Antoñete y Juan Antonio Ruiz «Espartaco», líder de la estadística en forma consecutiva desde 1985 hasta 1991.

ActualidadEditar

De acuerdo a los datos facilitados por la Asociación Nacional de Organizadores de Espectáculos Taurinos (ANOET) en España se vienen celebrando anualmente entre 13.965 y 16.218 "Festejos" taurinos entre el 2007 al 2014.[153]

Las nuevas figuras del toreo presentan gran diversidad en su estilo y proyección; personalidades tan particulares como Enrique Ponce, y Joselito —de toreo clásico—; Julián López, el Juli, José Tomás, Manuel Jesús Cid el Cid, Miguel Ángel Perera, Pepín Liria, Morante de la Puebla, José María Manzanares, Alejandro Talavante, Luis Bolívar, Antonio Puerta, y el francés Sebastián Castella, son algunos de los toreros más célebres del siglo XXI.

EntornoEditar

Además de la corrida en sí, la tauromaquia incluye la crianza y conocimiento de los toros, llamados de lidia (denominación de los mismos de acuerdo a su pelaje, cornamenta, comportamiento, porte, etcétera). Incluye además lo concerniente a la confección de la ropa del matador y demás participantes dentro del espectáculo, así como las manifestaciones artísticas relacionadas con la actividad (confección de carteles, entre otras). Existen diversas asociaciones que promocionan la tauromaquia en los diferentes países, por ejemplo en España la Asociación Nacional de Espectáculos Taurinos (ANOET).

 
Picador.
 
Novillero ejecutando un pase con derecha con la muleta en la plaza de toros de Alcalá la Real, Jaén, España.

Corrida de torosEditar

Actualmente, la actividad más conocida de la tauromaquia es la corrida de toros. En consecuencia, con la consideración de cómo se lleve la responsabilidad de la lidia y muerte del toro (si el torero va a pie o a caballo), existen dos tipos de corridas de toros; de toreros a pie y de toreros a caballo (de rejones o rejoneadores).

Normalmente, una corrida se desarrolla en tres partes, llamadas tercios, en las cuales el toro es lidiado respectivamente por los picadores, «que, montando un caballo protegido por un peto, utilizan una vara con una puya para preparar al toro para el tercio de muleta»; los banderilleros, «quienes se encargan del auxilio al matador, bregan al toro y adornan al toro colocando pares de banderillas (generalmente son tres pares)»; y el último tercio, y el más importante, el de muerte, en el que el torero lidia al toro manejando la muleta y el «ayudado» (espada de madera o de aluminio), que sostiene con la mano derecha. El torero principalmente empieza a medir la distancia del toro, lo que se llama «terreno», para empezar a cuajar su faena, hasta empezar a meterle la cabeza en cada suerte o engaño; después coloca al burel con los cuartos delanteros parejos, para que se abra y no pinche en hueso; eso es para asegurar la estocada, y, si es correcta, a petición del presidente y el respetable, se cortan los trofeos.

El presidente es quien recompensa la actuación del torero. Al término de la lidia, el presidente enseña un pañuelo de color blanco, si el premio de la faena es para una oreja, y dos pañuelos para dos trofeos. Al principio de ella también puede enseñar un pañuelo verde si el toro no es apto para torear (cojo, cuerno mal, etc.), o uno naranja para indultarlo si el toro es de gran calidad. La opinión del público es posiblemente de más peso para los participantes: ha habido corridas en donde el público saca en hombros al torero sin que el juez haya concedido siquiera la oreja, o por el contrario: premios del presidente a pesar del descontento de los asistentes.

El presidente para el desempeño de su labor cuenta con la ayuda en el palco de un asesor taurino y un veterinario.

Participantes en una corrida de torosEditar

Festejos popularesEditar

Festejos populares en EspañaEditar

El toro de fuegoEditar

El toro de fuego es un armazón metálico, que imita la forma de un toro, sobre cuyo espinazo se coloca un bastidor con elementos pirotécnicos. Muy utilizado en festejos de pueblos de España.

Es transportado por una persona, que tras encender una mecha, corre persiguiendo a la gente asustándoles con las chispas que van soltando sus diferentes elementos.

Este mismo juego popular es utilizado también en Paraguay y es conocido como el «toro candil». Es típico de las Fiestas de San Juan.

En los pueblos de los andes peruanos, el armazón utilizado es de madera, y el juego es conocido como «vaca loca», y es típico en las vísperas al día central de las festividades patronales.

En Ecuador, el juego de la vaca loca es popular y se realiza en la noche, especialmente en las vísperas de algún santo. La vaca loca es un triángulo abierto de madera para que pueda colocarse en los hombros una o dos personas. Está adornado con papel de varios colores, y lleva a los costados fuegos artificiales, voladores, que son carrizos con pólvora que al ser encendidos salen disparados. En la parte superior tiene dos cuernos, que en varias ocasiones son de verdad; es decir, de toros o vacas. Al son de la banda de pueblo sale la vaca loca y persigue a las personas que se encuentran concentradas en el centro de una plaza tratando de sorprender a los distraídos. La gente corre y se divierte por la emoción y bulla que se produce.

De igual manera se realiza en El Salvador pero con el nombre de torito pinto, especialmente el día en que corresponde la quema de pólvora de una fiesta patronal.

El toro ensogadoEditar

 
Toro de cuerda o «ensogao» en Beas.

El preámbulo de las fiestas va aparejado con el desarrollo de los Ciclos Culturales Taurinos de San Marcos en Beas de Segura, que se vienen celebrando desde el año 1995.

  • Las Fiestas del toro enmaromado Benavente, Zamora. «Fiestas de Interés Turístico Regional» y «Festejo Taurino Tradicional», aunque se están realizando los trámites necesarios para que sea declarada de interés turístico nacional. Se celebra el día antes del corpus, donde los mozos corren agarrados a una larga maroma sujeta a las astas del toro.

Toro EmboladoEditar

El toro embolado en un festejo tradicional de España, en el que se colocan a un toro en sus astas dos bolas de fuego. No se conocen realmente sus orígenes, pero junto a otros festejos taurinos en los que no se le da muerte al animal pueden tener su origen en la civilización minoica como se recogen en muchos frescos y cerámicas. La zona de mayor actividad se encuentra en la Comunidad Valenciana. Actualmente se está intentando regular dichas actividades, acogiéndose con el calificativo de Bous al carrer. También en otras regiones existen festejos similares como el toro de ronda en Aragón.

Festa do boiEditar

A Festa do Boi de Allariz es un festejo que se celebra el día de Corpus Christi y consiste en soltar un buey que recorre las calles de esta población de Galicia. Fue recuperado en 1983 basándose en antiguas leyendas populares de origen judío.[155]

SokamuturraEditar

Los encierrosEditar

 
Encierro en la localidad de Molinicos, en la provincia de Albacete (España).

El encierro consiste en correr delante de una manada no muy numerosa de toros, vaquillas o novillos, entre los que puede haber también cabestros que dirijan a la manada. Por lo general, los mejores corredores intentan correr lo más cerca posible de los toros, pero sin llegar a tocarlos.

De fama y renombre universal son los encierros de San Fermín que se celebran en Pamplona durante la Feria del Toro en el mes de julio, del 7 al 14.

Otros encierros destacados son los encierros de Cuéllar, donde parte del recorrido se realizada por el campo hasta llegar a la ciudad.

Las capeasEditar

Festejos taurinos populares que suelen celebrarse en muchos pueblos de España. Consiste en la suelta de reses de lidia para recreo de la afición. El recinto donde tienen lugar es una plaza de toros fija o portátil y puede ser también una plaza del pueblo cerrada con carros u otras barreras provisionales. Por regla general las reses que se lidian son erales o vaquillas, pero en algunas ocasiones se han lidiado también cuatreños. Las reses se deben sacrificar después del festejo y nunca en presencia del público.[156]​ El motivo del sacrificio es que estas reses, tras la capea, aprenden y en posteriores capeas pueden ir a por la gente, más que al capote.

El sacrificio de las reses viene determinado también en función de la normativa correspondiente en cuanto al transporte de ganado.

El toreo cómicoEditar

El toreo cómico o charlotadas, aunque denostado por los puristas, fue un género taurino muy popular. Consistía en la introducción de números circenses de payasos mientras se lidiaban novillos o vaquillas. Generalmente participaban payasos toreros que realizaban recortes de forma cómica y parodiaban la lidia o simulaban estorbar a un torero serio.

Los espectáculos cómicos taurinos, en su parte seria, han sido el inicio de algunas figuras del toreo.

El Bombero Torero y Popeye Torero, son posiblemente, los dos grupos más conocidos que durante años dieron la vuelta a España con sus funciones.

Los concursos de recortesEditar

Los concursos de recortes están formados por jóvenes que se enfrentan a cuerpo limpio y por turnos a animales en puntas, con el fin de arrimarse al máximo al asta del mismo para alzarse con el primer puesto.

Festejos populares en FranciaEditar

Corrida camarguesaEditar

Las corridas camarguesas o corridas a la cocarde (en francés, course camarguaise o course libre) son festejos que tienen lugar en las plazas de toros de los pueblos de Languedoc-Rosellón. En este tipo de corridas no se mata al toro.

Corrida landesaEditar

La corrida landesa (course landaise) es un espectáculo basado en saltos y recortes en el cual las vaquillas salen emboladas. Era el divertimento tradicional de los gascones.

Festejos populares en PortugalEditar

Los forcadosEditar

Suerte típica del toreo portugués, llevada a cabo por los pegadores o mozos de forcado, quienes trabajan en cuadrillas de 8 elementos y la corrida termina cuando toman e inmovilizan al toro sin más implemento que las manos.

Festejos populares en AméricaEditar

ArgentinaEditar

El toreo de la vincha es la única fiesta taurina que existe en la República Argentina; en ella no se lastima al toro, sólo hay que quitarle una vincha; el ritual dice que quien logre quitarle la vincha al toro debe ofrendársela a la Virgen. Es herencia de la época del Virreinato del Río de La Plata que se lleva a cabo en la localidad de Casabindo, departamento Cochinoca, provincia de Jujuy. La ceremonia se lleva a cabo los 15 de agosto, para festejar de este modo la Asunción de la virgen María. La fiesta comienza el día anterior, a la tarde llegan hasta el lugar bandas de sicuris de localidades vecinas y por la noche se agrupan en una gran peña donde comparten bebidas típicas como la chicha y comidas tradicionales al sonido del erke (instrumento precolombino). Al día siguiente se realiza una misa a cargo del obispo de Humahuaca, la fiesta continúa con una procesión que atraviesa la plaza de toros con una imagen de la virgen llevada por los fieles a paso lento por toda la localidad mientras una banda de músicos imita melodías litúrgicas de la Semana Santa andaluza, luego de esto comienza el toreo.

ColombiaEditar

Las corralejasEditar

La corraleja es una fiesta popular de la Costa Caribe de Colombia, donde en una plaza se torean varios novillos sin sacrificarlos. Entre las corralejas más populares se encuentran las de Sincelejo, Cotorra, Planeta Rica y Cereté.

Temporada taurinaEditar
 
Gaonera de Castella en la Santamaría de Bogotá en 2019.

En Colombia también se lleva a cabo una temporada taurina que comenzó hacía el año 1917, sin embargo desde los años de la independencia de la corona española se celebraban algunos festejos taurinos en el Circo de Toros de San Diego en Bogotá y el Circo Taurino El Palo en Medellín. Hacía las primeras décadas del siglo XX, la tauromaquia colombiana comenzó su vida adulta, con sendos festejos taurinos que principalmente se realizaban en Bogotá y en Medellín, hasta la creación de la Feria de Manizales (1955), que abrió definitivamente a Colombia como gran centro taurino y poco después se comenzó a organizar la Feria de Cali (1957). Estos dos acontecimientos hicieron de la temporada colombiana la primera de Sudamérica. Actualmente la temporada comienza hacia finales del mes de diciembre con la Feria de Cali en la plaza Cañaveralejo, siguiendo con la Feria de Manizales en la Monumental de Manizales, de la cual se dice que es una feria en América con «duende» andaluz; y las temporadas taurinas de Medellín (Plaza de Toros La Macarena) y Bogotá (Plaza de toros de Santamaría). También hay temporada Taurina en las otras dos plazas de primera categoría en Cartagena de Indias y Bucaramanga.[157]

Costa RicaEditar

Fiesta en Costa RicaEditar

En Costa Rica los festejos con toros más populares se realizan en fin de año, entre el 24 de diciembre y 2 de enero. Generalmente se realizan en la plaza de toros de Zapote (distrito del cantón de San José) y son organizadas por la Comisión de Festejos Populares. Una de las corridas de toros más importantes y populares del país son las Fiestas de Palmares (Costa Rica) y las de Zapote. Existen distintas modalidades de toreo en Costa Rica, incluyendo el toreo tradicional sin la muerte del toro, como el toreo bufón y el toreo improvisado, consistente en un grupo numeroso de toreros aficionados esquivando en conjunto la arremetida del toro. Esta última es la modalidad más popular, conocida como «toreo a la Tica» o Fiestas de Zapote. Las reses que participan en este tipo de fiestas son diferentes a los toros bravos o de lidia.[158][159]

Cabe destacar que en Costa Rica ante la falta informativa sobre las corridas de toros tradicionales de los aficionados la relación con el espectáculo se fue desvirtuando hasta perder su forma original, esta situación provocó una modificación de la regulación existente denominada Corridas de Toros número 25, que fue publicada en La Gaceta número 176 del 6 de agosto de 1968. La última modificación realizada el 12 de mayo de 2015consistió por un lado en designar al Cantón de cada municipio como autoridad responsable de los festejos; también se procurará el bienestar de las reses, obtener todos los certificados pertinentes, garantizar la seguridad del público, las características de los ruedos y se establecen los límites de edad para el acceso a los festejos a 18 años así como la prohibición de consumir alcohol a los participantes. En dicha ley se regulan además de las corridas de toros tradicionales, las corridas de los toros a la Tica, fijando unas características concretas para estos tipos de eventos. En el artículo 15 de dicha ley se establece que no se dará muerte al toro en el festejo, los toros son vueltos a jugar un mínimo de quince o treinta días después según el espectáculo según establece el artículo 13 del mencionado decreto.[160]

EcuadorEditar

La Feria de Jesús del Gran Poder ―en Quito (Ecuador)― se festeja del 28 de noviembre al 6 de diciembre con motivo de la fundación de San Francisco de Quito. Los nueve días de corridas se celebran en «La Monumental» (nombre dado a la plaza de toros de Quito). Según algunos críticos de la tauromaquia, es una de las más importantes ferias taurinas de América y año tras año atrae a nacionales y extranjeros. Así mismo la feria tiende a tomar toda la iniciativa española, debido a que sus corridas son efectuadas de igual forma, con los tercios, hasta el despacho del bovino. Debido a su gran influencia en la cultura ecuatoriana, el toreo y el rejoneo se han sumado a las muchas aficiones del público.

La Feria de Latacunga San Isidro Labrador en Ecuador se festeja en la última semana de noviembre como programa de cierre de las fiestas de Indepencia de la ciudad. La feria de Latacunga se desarrolla en la Plaza San Isidro Labrador, se viene realizando dos o tres días de feria, el viernes, sábado y domingo de la última semana de noviembre. La feria se ejecuta al estilo español, en ella han participado los mejores toreros del escalafón mundial como El Juli, El Pirata Juan José Padilla, El Fandi, Morante de la Puebla y varios toreros nacionales de renombre.

La Feria de Riobamba Señor del Buen Suceso en Ecuador se festeja en las primeras semanas del mes de abril como inicio de las fiestas de Independencia de la ciudad, mejor conocida como «La Sultana de los Andes». Esta feria se realiza en la Plaza de toros de Riobamba, «Raúl Dávalos». De igual manera que las otras ferias realizadas en el Ecuador, la feria del Señor del Buen Suceso se ejecuta al estilo español, en ella han participado los toreros mejor ubicados en el escalafón mundial como «El Ciclón de Jerez» Juan José Padilla, El Fandi, Finito de Córdoba, Miguel Abellan, Uceda Leal, Víctor Puerto y varios toreros ecuatorianos.

La Feria de Ambato Nuestra Señora de la Merced se realiza todos los años en el mes de febrero en honor a las fiesta de la ciudad. Esta feria se realiza en la conocida Plaza de Toros Monumental de Ambato. La Feria Nuestra Señora de la Merced es la que abre la temporada taurina en Ecuador, seguida de la Feria de Riobamba Señor del Buen Suceso, La Feria de Latacunga San Isidro Labrador y terminando con La Feria Jesús del Gran Poder en Quito (Ecuador). Toreros de gran nivel como Sebastián Castella, Iván Fandiño, Diego Silveti, Joselito Adame, Manuel Escribano, Diego Urdiales, Miguel Abella, entre otros han sido testigos de esta importante Feria.

La Feria de Valencia: Una de las tradiciones que mantiene la ciudad de Valencia desde el inicio de su cantonización son las tradicionales ferias taurinas consideradas como unas de las mejores en Ecuador, que se la realiza anualmente para celebrar sus fiestas patronales de San Francisco de Asís, faena que se desarrolla los primeros días del mes de octubre de cada año.

Estados UnidosEditar

Las comunidades portuguesas asentadas en el estado de California en Estados Unidos han conservado las corridas de toros al estilo portugués aunque haciéndole algunas modificaciones. En las corridas californianas no hay derrame de sangre, por lo que son llamadas Bloodless bullfight. Por ende, no se pica, no se le clavan banderillas al lomo del animal ni se le da muerte en el ruedo. El toro lleva un velcro sobre su lomo por lo que las banderillas van adheridas allí, por lo demás son iguales a una corrida portuguesa, incluso grandes toreros europeos o americanos (mexicanos particularmente) torean anualmente en las plazas californianas.

MéxicoEditar

Plaza de Toros MéxicoEditar

Denominada la fiesta grande o Temporada Grande, donde toreros de todo el mundo (principalmente de España, México y sur de América) hacen cartel para la denominada Monumental Plaza de Toros México en la Ciudad de México Lidian a pie o caballo (en rejones o rejoneo) para cerrar la temporada de conmemoración. Toreros mexicanos que ha dejado historia en la plaza son: David Silveti, Rodolfo Gaona, Silverio Pérez, Manolo Espinosa Armillita, Eulalio López "El Zotoluco" entre otros muchos, que escriben la historia actual del toreo en México.

 
Evento de saltar toros en Huamantla, México.
El serial taurino de la Feria Nacional de San MarcosEditar

Se realiza en Aguascalientes, México y se conforma comúnmente por catorce grandes festejos taurinos, de los cuales son: una novillada y trece corridas de toros. Toda esta fiesta brava dentro de los festejos de la Feria Nacional de San Marcos se realiza a mediados del mes de abril y parte de mayo de cada año. La fiesta brava en Aguascalientes, sobre todo en su feria de San Marcos, es uno de los principales atractivos de la feria, ya que se presentan grandes figuras de toreo. Todos los festejos taurinos se realizan en la Plaza Monumental Aguascalientes, en las instalaciones de la feria.

Carnaval TaurinoEditar

Es llevado a cabo en Jalostotitlán, Jalisco, México durante diez días de festejo con tres fechas con corridas de toros en la monumental plaza de Toros Fermín Espinosa «Armillita» del municipio Jalostotitlán, en Jalisco, México. Se realiza durante el mes de febrero la mayoría de las veces, pero su fecha varía dependiendo del miércoles de ceniza, concluyendo el martes de Carnaval.

Carnaval TaurinoEditar

Se festeja en Autlán de la Grana, Jalisco, México durante diez días de festejos que incluyen cuatro fechas con corridas de toros en la Plaza de Toros Alberto Balderas del municipio de Autlán de Navarro, en Jalisco, México. Se realiza durante el mes de febrero, ajustando la fecha para concluir precisamente el martes de Carnaval; exactamente el día anterior del miércoles de ceniza.

PerúEditar

El toro y el cóndor: Yáwar FiestaEditar

Esta fiesta taurina es una costumbre importada por los españoles, pero modificada por los lugareños de la región de Ayacucho, de la provincia de Lucanas, de la ciudad de Puquio, en los Andes. El festejo, conocido como Yáwar Fiesta («Fiesta de Sangre» en quechua), tiene lugar en el mes de mayo (coincide con la celebración del Señor de la Ascensión), y se suele interpretar como una celebración de la expulsión de los conquistadores españoles por los quechuas, aun cuando no existe un consenso académico definitivo sobre su simbología y función. Para ello colocan a un cóndor salvaje en el lomo del toro de lidia o toro pucllay, previamente inmovilizado el toro con una cuerda. Una vez bien asegurado, cortan la cuerda y el toro sale furioso, dando saltos, al sentir los fuertes picotazos del cóndor. Cuando el toro queda agotado, liberan al ave, y, tras homenajearlo, lo devuelven a las montañas. Si el cóndor no sobrevive al festejo (que dura una semana), se considera de mal augurio. Esta celebración ha sido retratada por el escritor peruano José María Arguedas cuando vivió en Puquio, en una novela titulada «Yawar Fiesta».

VenezuelaEditar

En Venezuela las corridas de toros tienen importancia en el occidente del país, sobre todo en los estados centrales y andinos, según registros las ferias más antiguas datan de 1843 en un poblado merideño de la antigua parroquia de Regla de los Bailadores, hoy llamada Tovar. En la actualidad las corridas de toros han sido prohibidas en algunas localidades y estados quedando resumidas a los estados Zulia, Carabobo, Aragua, Trujillo, Guárico, Yaracuy, Barinas, Táchira y Mérida, siendo estos dos últimos los más taurinos del país.

Venezuela cuenta con importantes Plazas de Toros, unas vigentes para tal fin, otras con un nuevo uso en virtud de la prohibición de las corridas en ellas, siendo la Monumental de Valencia la más grande de Venezuela y la segunda en el mundo, la Maestranza César Girón de Maracay la de mayor prestigio taurino en el país, las Monumentales de Maracaibo, Pueblo Nuevo (San Cristóbal) y Román Eduardo Sandía (Mérida) las más regulares junto al Coliseo El Llano de Tovar, esta última, única con techo en esa nación, mientras que la Monumental de Oriente (Barcelona), el Coliseo Perla del Torbes (Táriba) y el Nuevo Circo (Caracas) ya no cuentan con eventos taurinos regularmente, especialmente el último, que ya no alberga corridas.

Los eventos taurinos en Venezuela se dividen en dos renglones: La Temporada Grande y la Temporada menor o extendida. La temporada grande llamada así por su regularidad anual, por la existencia de una localidad y recinto, la tradición, la formalidad, el prestigio, la existencia de afición así como de autoridad municipal en el área, compuesta por seis ferias llamadas "Las Grandes", Tovar, Valencia, Maracaibo, San Cristóbal, Mérida y Maracay en ese orden, lo cual suma un aproximado de 25 a 30 espectáculos. La temporada menor o extendida alberga las seis ferias ya mencionadas más otros festejos, algunos regulares realizados en plazas de segunda, y otros más entre regulares e irregulares realizadas en plazas portátiles.

Venezuela ha tenido importantes figuras del toreo como: César Girón, Antonio Bienvenida, Leonardo Benítez, José Nelo "Morenito de Maracay" y Bernardo Valencia, de gran renombre en Venezuela, México, Colombia y España; otros grandes en ascenso: Rafael Orellana, Hassan Rodríguez "El Califa de Aragua", Fabio Castañeda, César Vanegas, César Valencia, Marcos Peña "El Pino", Manolo Vanegas y Jesús Enrique Colombo, los dos últimos hasta ahora novilleros. Venezuela también posee exponentes del rejoneo, siendo Javier Rodríguez el de connotación histórica en el país, además de José Luis Rodríguez, Rafa Rodríguez y Francisco Javier Rodríguez.

PlazasEditar

Las plazas de toros, conocidas también como cosos taurinos y anteriormente como circos taurinos, son estructuras arquitectónicas cerradas, con estilos arquitectónicos diversos, de acuerdo a su antigüedad. En general, se trata de un recinto cerrado de forma circular, con tendidos y servicios que rodean un espacio central, llamado ruedo o arena, en donde se realiza el espectáculo taurino. El ruedo es un terreno de tierra batida, rodeado por una valla o barrera, y con varios burladeros, en donde se preparan y refugian los matadores y subalternos. El callejón está separado del ruedo por una estructura o pared, generalmente de madera y de aproximadamente 140 centímetros de altura, que posee estribos hacia el ruedo y en ocasiones también hacia el callejón para facilitar el acceso de los alternantes en caso de emergencia. Dispone de puertas de acceso batientes para la entrada y salida de los participantes (puerta de cuadrilla) y los toros (puerta de toriles), aunque la cantidad y disposición de estos accesos varía de un recinto a otro. La plaza de toros más grande del mundo se encuentra en México, con una capacidad aproximada de 41 000 personas sentadas, seguida por la Plaza de toros Monumental de Valencia, en Venezuela..

Situación legalEditar

La situación legal de las corridas de toros ha ido cambiando a lo largo de la historia y de los diferentes territorios, sufriendo tanto prohibiciones como reconocimientos a nivel cultural. Una de las primeras prohibiciones que tuvieron lugar fueron las dictadas por Alfonso X El Sabio siguiendo las recomendaciones en 1215 del Concilio Ecuménico de Letrán, por el que se vetó la participación del clero en fiestas de toros según recogió el Código de las Siete Partidas.[161][162]​ Los siguientes intentos de prohibir las corridas fueron en 1567 por parte del Papa Pío V que dictó una bula papal De Salute Gregis Dominici, por la que se prohibió además los duelos, sin embargo esta bula nunca entró en vigor porque Felipe II nunca llegó a promulgarla, por lo que las corridas de toros nunca llegaron a estar prohibidas.[163][164]

Situación legal en EspañaEditar

En España se recoge en la legislación la dimensión cultural de la tauromaquia desde 1991, y se declaró Patrimonio Cultural Inmaterial en 2013, de acuerdo con Ley de Patrimonio Histórico el Estado tienen la obligación de garantizar su conservación así como de promocionar la tauromaquia y facilitar el acceso a la misma como parte del conocimiento cultural de los españoles.[165][166][16][167]

CataluñaEditar

En diciembre de 2009 el Parlamento de Cataluña empezó a debatir una ley para prohibir las corridas de toros, propuesta a través de una Iniciativa Legislativa Popular (ILP) generada con 180.000 firmas de ciudadanos.[168]​ La primera votación el 18 de diciembre acabó a favor de los defensores de la abolición, con lo que la ILP pasó a las siguientes fases de su proceso, que acabará transformándola en ley si se vota otra vez a favor a mediados del 2010.[169]

El 28 de julio de 2010, el Parlamento de Cataluña aprobó con 68 votos a favor, 55 en contra y 9 abstenciones abolir las corridas de toros en Cataluña a partir del 1 de enero de 2012[170]​ posteriormente, el 20 de octubre de 2016, el Tribunal Constitucional, declaraba inconstitucional la prohibición taurina en Cataluña[171]​.

Islas BalearesEditar

En abril de 2016 el parlamento Balear aprobó una ley para prohibir a partir de junio de dicho año las corridas de toros[172]​, aunque en noviembre de 2017 el consejo de ministro aprobó recurrir la ley ante el tribunal constitucional.[173]​ Ley declarada anticostitucinal y anulada en diciembre de 2018.[174]

Situación legal en FranciaEditar

Legalmente solo se pueden matar toros en aquellos lugares donde se demuestre que son una tradición arraigada ininterrumpidamente, las plazas del sudeste y del sudoeste fundamentalmente.[cita requerida] En 2011, el Ministère de la Culture francés declaró la tauromaquia Patrimonio Cultural Inmaterial nacional,[175]​.

Situación legal en PortugalEditar

En 1836 en Portugal, durante el reinado de María II de Portugal, fue decretada la prohibición de la muerte de los toros en el ruedo, y para complemento de la lidia de los cavaleiros (rejoneadores), se comenzó a pegar el toro, lo que dio lugar a que en el siglo XIX tuviera lugar formalmente el origen de los forcados como la conocemos el día de hoy.[cita requerida] En septiembre de 2019 Portugal blinda la tauromaquia al declarar incostutucional la ley que prohibía las corridas de toros.[176]

Tauromaquia y culturaEditar

 
El Quite (1897) de Enrique Simonet.

La fiesta taurina está íntimamente ligada a su aspecto ancestral, tradicional y popular. La cultura que ha cubierto siempre el discurrir histórico de la fiesta, da idea de su relevancia: la tauromaquia ha sido plasmada por artistas tales como Goya, Picasso, Manet, Enrique Simonet, Alberto Gironella o Lucas Villaamil (entre otros muchos), así como en pasodobles del famoso compositor mexicano Agustín Lara. La tauromaquia es ejercicio de múltiple comprensión, y puede ser admirada o criticada, pero sus componentes, ya citados, le permiten perdurar en el tiempo y generar amplio debate a su alrededor. Por ejemplo, el gobierno de España, a través del Ministerio del Interior, hace referencia al aspecto cultural de las corridas de toros en su reglamentación de las escuelas taurinas: «Para fomento de la fiesta de toros, en atención a la tradición y vigencia cultural de la misma, podrán crearse escuelas taurinas para la formación de nuevos profesionales taurinos y el apoyo y promoción de su actividad.»[177]

El filósofo José Ortega y Gasset explicaba que era impensable estudiar la historia de España sin considerar las corridas de los toros.[178]​ Si muchos de los escritores y filósofos de la Generación del 98, no gustaban de las corridas de toros, era porque la culpaban del atraso de la sociedad española. Así, Unamuno explicaba que no le gustaban las corridas, no porque fuese un espectáculo cruento, sino porque se perdía mucho tiempo hablando de ella y esto explicaba la formación cultural de sus espectadores. Ortega y Gasset, en su obra La caza y los toros, se extrañaba de que el toreo, siendo un ejercicio callado diese tanto que hablar. Posteriormente, la Generación del 27 en su mayoría fue amante de la fiesta, sobre la cual escribieron, pintaron y esculpieron. Vale citar las palabras con las que Federico García Lorca manifestaba su abierto apoyo y gusto por la tauromaquia: «El toreo es probablemente la riqueza poética y vital de España, increíblemente desaprovechada por los escritores y artistas, debido principalmente a una falsa educación pedagógica que nos han dado y que hemos sido los hombres de mi generación los primeros en rechazar. Creo que los toros es la fiesta más culta que hay en el mundo».[179]

 
Cartel del festejo taurino del 15 de agosto de 1934 que se celebró en Villafranca de la Sierra (Ávila, España).

Antonio Machado deja clara su postura en su obra Juan de Mairena: «Con el toro no se juega, puesto que se le mata, sin utilidad aparte, como si dijéramos de un modo religioso, en holocausto a un dios desconocido.»

Ortega y Gasset, al igual que otros autores como el académico José María de Cossío, realizaba un paralelismo entre las corridas de toros y la historia de España:

Afirmo de la manera más taxativa que no puede comprender bien la Historia de España, desde 1650 hasta hoy, quien no se haya cimentado con rigorosa construcción la historia de las corridas de toros en el sentido estricto del término, no de la fiesta de toros que, más o menos vagamente, ha existido en la Península desde hace tres milenios, sino lo que nosotros actualmente llamamos con ese nombre. La historia de las corridas de toros revela algunos de los secretos más recónditos de la vida nacional española durante casi tres siglos. Y no se trata de vagas apreciaciones, sino que, de otro modo, no se puede definir con precisión la peculiar estructura social de nuestro pueblo durante esos siglos, estructura social que es, en muy importantes órdenes, estrictamente inversa de la normal en las otras naciones de Europa.

Otros intelectuales contemporáneos, como Enrique Tierno Galván, subrayaron, en abierta contradicción con los del 98, el carácter socialmente pedagógico de la tauromaquia: «Los toros son el acontecimiento que más ha educado social, e incluso políticamente, al pueblo español». Y abundaba en el refinamiento del gusto artístico que supone para sus aficionados:

El espectador de los toros se está continuamente ejercitando en la apreciación de lo bueno y de lo malo, de lo justo y de lo injusto, de lo bello y de lo feo. El que va a los toros es exactamente lo contrario de aquel aficionado a los espectáculos, de quien dice Platón que no tolera que le hablen de la belleza en sí, de la justicia en sí y de otras cosas semejantes. El espectador de los toros no es un mero, un simple aficionado a lo espectacular, ni tampoco exclusivamente un entusiasta de la exaltación embriagadora, es, mejor que todo esto un amante del conjunto del cual, en cuanto acontecimiento, es parte necesaria.
Los toros acontecimiento nacional, E. Tierno Galván

Una larga lista de escritores de varios países ha escrito exaltando el toreo como una parte importante del alma de sus pueblos. Entre los artistas vivos que defienden el toreo se encuentra el peruano Mario Vargas Llosa,[180]​ el escultor y pintor colombiano Fernando Botero y el escultor y pintor mexicano Humberto Peraza.

Entre los partidarios de la tauromaquia se encuentran el pintor Francisco de Goya (si bien tuvo, al parecer, una postura ambivalente con respecto a los espectáculos taurinos) y los escritores Nicolás Fernández de Moratín y Valle-Inclán. Filósofos como Fernando Savater o Enrique Tierno Galván, y artistas como Joaquín Sabina o Joan Manuel Serrat, aducen que estas críticas de los antitaurinos obedecen a la ignorancia, ya que el toro de lidia vive en libertad en su hábitat natural y, sin las corridas, no solo se extinguiría el toro bravo, sino el propio ecosistema en que se desenvuelve (las dehesas), sin embargo hay alegatos que refieren a que estas pueden ser protegidas por ley sin la necesidad de criar toros. Otros defensores del toreo, como el catedrático Andrés Amorós, argumenta que nadie ama más al toro que un buen aficionado a las corridas: «nadie admira más su belleza, nadie exige con más vehemencia su integridad y se indigna con mayor furia ante cualquier maltrato, desprecio o manipulación fraudulenta.»[181]

Las exposiciones universales de ParísEditar

En el siglo XIX Francia está a la cabeza en representación de la cultura, epicentro europeo de las corrientes artísticas como el romanticismo, el darwinismo o el positivismo, donde se dieron cita los artistas e intelectuales más destacados del periodo. Fue también momento del interés hacia la cultura española, Goya fue el representante de la tradición española, junto con las publicaciones de libros de viajes y los ejemplos de las representaciones como Carmen de Mérimée y Bizet quedaron lugar a una imagen estereotipada de la cultura y sociedad española en el que fijó la sociedad francesa. Las exposiciones universales surgieron como una forma para encontrar nuevas formas de expresión artística y con la idea mostrar los últimos avances tecnológicos, industriales y científicos.[182][183]

La idea de la España del siglo XIX, esta estuvo asociada al estereotipo flamenco y toros y así fue mostrado en varias de las exposiciones universales celebradas en Paris en 1855, donde por primera vez se incluyeron las Bellas Artes,[184]​ grupos de pintores españoles expusieron obras sobre tauromaquia (entre otros temas) como Manuel Castellano con la obra Toreros y aficionados ante una corrida de toros, Juan José Martínez Espinosa autor de Picadores ensayando con sus caballlos y Eugenio Lucas con la obra Peleas de toros en Madrid.[185][186]​ La Exposición Universal de París de 1867 fue la que causó una de las polémicas más importantes al exhibirse en el edificio español una cabeza de toro disecada junto a los útiles de torear, según citó Ángel Fernández de los Ríos.[187][188]​ En la Exposición de París de 1878, el escultor Ricardo Bellver presentó una escultura del diestro Lagartijo, El corresponsal de La Iberia citó un cuadro de Agraeil que representa toros y picadores en un corral antes de una corrida de toros y la obra de Jules Worns que retrató a un torero conversando con una manola.[189]​ La exclusión de la obra de Zuloaga Preparativos para la corrida de toros, de la Exposición Universal de 1900 causó un gran escándalo, al ser el pintor uno de los representantes más importantes de la escuela española de pintura.[190][189]

Tauromaquia y economíaEditar

EspañaEditar

Organizaciones a favor de los animales han criticado la financiación de la tauromaquia con dinero público.[191]​ Según un estudio de la Fundación Altarriba, organización a favor de los animales, las subvenciones a las corridas de toros en 2007 ascendieron a la cantidad de 564 millones de euros, unos 12 euros por cada español.[192]​ Parte de este dinero procede de los fondos europeos destinados a la ganadería, destinándose 220 euros por cabeza de ganado a los criadores de toros de lidia.[193][194][195]

Desde el sector a favor de las corridas de toros, periodistas como Paco Aguado han defendido la solvencia de las corridas de toros y contestado a las críticas hacia las subvenciones que reciben criticando los impuestos con las que se gravan, que consideran excesivos.[196]

Véase tambiénEditar

NotasEditar

  1. Thesalorum gentis inventum est, equo juxta quadrupedum cornuo intorta cervici tauros necare: primus id spectaculum dedit Romae César Dictator: plinio, lib. 8 cap. 45 pag. mihi 557(Traducción: Thesalis carrera hacia el caballo cerca de los toros de cuatro cuernos a la muerte es el primero en mostrar en Roma, César dictador: Plinio lib. 8 tapa. 45 d. a 557.).[33]

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BibliografíaEditar

Enlaces externosEditar